Capítulo 11.

Los fans japoneses, lenta y ordenadamente, comenzaban a abandonar el estadio en medio de vítores para los Samurái Blues. Había sido un gran encuentro para Japón, que había conseguido su primera victoria y sus respectivos tres puntos; por lo que todos los aclamaban como si de héroes se tratasen, y bueno, quizás para ellos sí lo eran. Muy cerca del mar de gente que salía por las múltiples puertas del estadio, se encontraba Gino, quien estaba parado en el punto, que con anterioridad había establecido junto con sus compañeros, como lugar de reunión; intentando reconcentrar a todo su equipo, para regresar lo antes posible al hotel, tal y como lo había indicado el entrenador Santoro.

Varios de los jugadores italianos ya se encontraban reunidos en el lugar indicado, conversando sobre las diferentes acciones que el partido había tenido, pero aún faltaban algunos cuantos más, que se habían retrasado por diferentes razones; entre las personas que faltaban por llegar se encontraba Salvatore, quien después de haber salido furioso de la zona de gradas, no se le había vuelto a ver por ningún lado. Gino estaba tentado a irse y dejarlo ahí, que regresara como pudiera, pero su deber como capitán fue mucho más fuerte y se comenzó a decir que, si su mejor defensor se perdía, seguramente el entrenador no estaría muy contento que digamos, sin contar con el hecho de que se requería de su habilidad para el partido del día siguiente. Hernández le preguntó a todo jugador que llegaba al punto de reunión, si había visto en su camino a Gentile, a lo que todos le respondían de igual manera que no, por lo que el portero, no tuvo más remedio que aceptar que debía ir a buscarlo.

"¡Maldita sea! Voy a tener que ir a buscarlo", pensó Gino, no de muy buena gana.

- Ahora vuelvo.- le comentó a Valentino-. Te encargo por favor que concentres al resto.

- ¡No hay problema, capitán!.- respondió el mediocampista, haciendo un saludo militar con la mano.

En el interior del estadio, Gentile caminaba por los pasillos, claramente enojado por la situación que acababa de suceder; estaba demasiado molesto pues Gino le había impedido que le callara la boca a Aoi, como él creía que se lo merecía. Y luego, para acabarla, a la salida de las gradas varios de sus compañeros le habían mirado bastante molestos, reclamándole el por qué no podía mantener la boca cerrada ni por un minuto y porque al parecer no había tenido suficiente con el hecho de que, por su culpa, los habían terminado regañado injustificadamente, todo lo cual acabó de irritar aún más al defensor.

- Yo hago lo que se me viene en gana hacer.- comentó Salvatore, como respuesta tardía a los reclamos de sus compañeros.

El líbero, iba tan molesto que no le importaba empujar a cuanto pobre ser se le atravesaba en su camino, quería sacar ese enojo y andaba a la búsqueda de quién se la pagara. Por su parte, Erika, quien había estado viendo la segunda mitad del partido al lado de su hermana y amigos, una vez que terminó el encuentro se despidió de los otros tres para luego dirigirse al sanitario más cercano y después buscar a Alessio y a Fabio para regresar al autobús antes de que éste partiera sin ellos. Salvatore vio a Erika a través de las personas que circulaban por la zona, quien miraba distraídamente hacia todos lados en busca de los fisioterapeutas y decidió que descargaría con ella toda la furia que traía contenida.

"Si Gino no me deja desquitarme con Aoi, entonces será su linda amante quién pagará las consecuencias", pensó Gentile.

Salvatore entonces se acercó con paso firme hacia Erika, la cual en ese momento se encontraba de espaldas a él; y cuando estuvo a punto de llegar a su lado, se escuchó a una voz, muy conocida para ambos, gritar con fuerza.

- ¡Ni se te ocurra, Salvo!.- exclamó Gino, con voz molesta.

Tanto Erika como Salvatore saltaron al escucharlo, pues ninguno se esperaba que el portero estuviera cerca.

- ¡Déjala en paz!.- le volvió a exigir Gino a Salvatore, una vez que el primero llegó al lado del segundo.

- Y San Gino, protector de los becarios hace su aparición.- replicó Salvatore, burlón, girándose para encararlo de frente-. ¿Qué harás si no quiero detenerme?

- Si quieres averiguarlo, continúa y verás.- respondió Hernández, con actitud seria.

- Debes ser muy especial para tener siempre al valeroso Hernández de tu lado.- le comentó Gentile con sarcasmo a Erika, quien miraba a ambos muy sorprendida pues no comprendía bien lo que sucedía.

- Muy gracioso, Salvo.- comentó Gino, con actitud de pocos amigos-. ¡Ya es suficiente!

- ¿Y si no quiero?.- Gentile, encaró a su capitán-. ¿Por qué habría de detenerme? ¿Sólo por qué tú lo dices?

- El hecho de que estés molesto, no te da derecho a desquitarte con la primera persona que encuentres en tu camino.- reclamó Gino.

- Y menos si se trata de tu "amiga", ¿cierto?.- respondió Salvatore, con tono burlón-. ¡Confiésalo! No la defiendes sólo porque eres el santo protector de los desvalidos, la proteges porque sientes algo por ella, ¿no?.- el defensa disfrutaba la escena a lo grande, veía como Gino se contenía apretando la mandíbula y tensando los músculos de sus brazos por la fuerza con que apretaba sus puños intentando no lanzarle un golpe a su compañero-. O mejor aún, la defiendes porque te estás revolcando con ella cada que puedes, por eso la trajiste, porque es tu amante ¿cierto?.- finalizó el defensor, con sorna.

Salvatore no se vio venir el puñetazo que recibió directo en la cara, haciendo que perdiera el equilibrio y terminara tirado en el suelo.

- Buen golpe, Hernández.- sonrió Salvatore, burlón, al tiempo en que se sobaba el área del rostro donde había recibido el impacto y se limpiaba un fino hilo de sangre de la comisura del labio-. Por lo menos sí sabes cómo golpear.- sonrió.

- Te había dejado muy en claro que si te volvías a meterte con ella, lo pagarías.- le respondió Gino, colérico y mirándolo fijamente.

Gentile entonces miró a su alrededor, la gente que aún se encontraba en el interior del estadio comenzó a acumularse alrededor de los involucrados, por lo que Salvatore, por una extraña razón, prefirió desistir y se levantó del suelo para encarar a Gino.

- Arreglaremos esto en otro lugar, con menos metiches.- comentó el defensa, mirando a su alrededor-. Ya tendré tiempo de regresarte la cortesía, capitán.- agregó, para luego caminar rumbo a la salida.

- Lo siento.- comentó Gino una vez que el defensor se retiró, acercándose aún más a Erika.

- No tienes que disculparte.- le respondió Erika, al tiempo en que tomaba la mano del portero y comenzaba a acariciarla-. No fuiste tú quien comenzó y la verdad, él se lo merecía.

- ¡Pero soy el capitán! Por lo que no puedo perder el control tan fácilmente.- respondió Gino, quien de inmediato comenzó a experimentar mucho remordimiento al respecto-. Además, tú sabes que no soy precisamente partidario de resolver las cosas a golpes, por mucho que desee matar al imbécil de Gentile, debo mantener la cabeza serena.

- ¡Eso lo sé!.- le dijo Erika, tratando de consolarlo-. Pero a veces las circunstancias te llevan a sólo poder resolverlo de ése modo, él no va a entender de otra forma.

- Pero es mi responsabilidad que no sea así.- se culpó el portero.

- ¡No!.- respondió ella, enérgica-. Ésa no es tu responsabilidad. Sé que te presionan mucho para que pienses que todo es tu deber pero no es así, debes aprender a ver cuándo tu papel como capitán termina.

Gino suspiró y se mordió el labio inferior, debía admitir que Erika tenía razón, había cosas que él no podía evitar por más que se esforzara, sobre todo con Salvatore, quien parecía gozar haciendo todo lo posible por desesperarlo a él y al resto del equipo.

o

Tokio, Japón.

Campo de Entrenamiento de la Selección Italiana.

La selección italiana regresó al hotel sin ningún otro contratiempo y horas más tarde había terminado su entrenamiento previo a su próximo encuentro; luego de que el entrenador diera la alineación titular para el mismo, había dado por concluidas las actividades del día, por lo que el equipo se encontraba en este momento en los vestidores del campo, que les habían asignado para sus prácticas. Salvatore continuaba con un humor insoportable ya que aún recordaba el golpe dado por Gino y durante el entrenamiento, había hecho uso de una fuerza innecesaria en varias de las jugadas, hasta que el entrenador tuvo que detenerlo por el temor a que lesionara a algún compañero.

- Piensa en lo que haces Gentile.- le había dicho el entrenador, sumamente molesto-. Si alguien sale lesionado el día de hoy, arruinará nuestro esquema de juego para mañana.

El líbero entonces, tuvo que desistir de desahogarse de ese modo, por lo que prefirió molestar a todo el que estaba a su alcance con comentarios mordaces y sin sentido, tratando de buscar pelea con el primero que se dejara y empujando todo lo que estuviera a su alcance.

- ¡Quítense de mi camino!.- exclamó Gentile, en ese momento, empujando a Marco y a Franco y tirando las cosas que los jugadores habían colocado en la banca, pues se disponían a ducharse.

- ¡Vete al infierno!.- exclamó Franco claramente molesto, recogiendo sus pertenencias-. ¿Por qué no dejas de joder de una buena vez?

- ¿Y si no quiero?.- le retó, el defensor-. Aquí no está el entrenador, ¿qué harás para que me calme?

- ¡No estará el entrenador pero estoy yo!.- respondió Gino; una vez que Franco y Marco se fueron a las duchas, el portero había presenciado en silencio la escena anterior pues se encontraba en el otro lado de los vestidores, en donde actualmente estaba parado mirando hacia el interior de uno de los casilleros y ordenando sus cosas-. Si no tuviste suficiente con lo de hace rato, podemos solucionarlo ahora.- agregó.

Gentile terminó por explotar y de dos zancadas atravesó los vestidores, llegado al lado de Gino, el cual continuaba distraído guardando algunas cosas que tenía colgadas en el interior del casillero; Salvatore entonces agarró por uno de los hombros a Hernández, obligándolo a darse la vuelta y azotándolo contra el casillero, sorprendiéndolo con la acción.

- ¿Te crees muy superior al resto de nosotros?.- preguntó furioso Salvatore, tomándolo por el cuello de la camisa del uniforme y azotándolo de nuevo contra el casillero con cada pregunta que le hacía-. ¿Crees estar por encima de los demás y por eso nos tienes que dar lecciones de moral?

- No tendría por qué estarlo.- respondió Gino, mirando a Salvatore fijamente y con severidad; así como no le gustaba usar los puños, también odiaba que otras personas fueran tan cobardes como para hacer uso de la violencia para hacerse escuchar-. Y te agradecería, que me quitaras las manos de encima de una buena vez, Salvo.- continuó mirándolo sin un rastro de miedo y con el cuerpo tenso.

La mirada de Gino, parecía decir que, a pesar de que Gentile lo tenía acorralado contra el casillero, era él quien en verdad tenía control de la situación en sus manos, y esto hacía enfurecer aún más al defensor.

"El siempre perfecto, Gino Hernández, quien jamás perdía el control", pensó Salvatore. ¡Cómo deseaba con toda su alma, verlo por lo menos una vez perdiendo el control, desesperado, con miedo, o simplemente no siendo perfecto!

- Entonces dime una cosa, ¿por qué tendrías tú que tener una suite y los demás no?.- preguntó Salvatore, acosando al portero-. ¿Sólo por ser el capitán-yo-lo-hago-todo-bien? No creas que te puedes sentir más que los demás.- comentó Gentile, apretando aún más los puños, y volviendo a azotar a Gino contra el casillero.

Gino suspiró y dejó de tensar su cuerpo, dejando caer su cabeza hacia atrás, chocando con la puerta metálica del casillero y cerrando los ojos por un instante, para respirar profundamente en un intento de mantener el control; si lo que Gentile quería era pelear, estaba muy cerca de conseguirlo.

- ¿De dónde sacaste eso?.- respondió Gino, con voz un poco más tranquila pero conservando la seriedad.

- Lo escuché ayer.- respondió Salvatore, vagamente-. ¡Respóndeme! ¿Por qué tú deberías de estar en una suite y yo no? ¿Qué te hace tan diferente al resto de los demás?.- volvió a preguntar, empujando de nuevo a Gino contra el casillero.

- ¡Suéltame!.- repitió el portero, esta vez con severidad.

Gino tomó entonces las muñecas de Salvatore entre sus manos, para forzarlo a que lo soltara de una buena vez, pero la furia de Gentile era mucho más fuerte por lo que éste ni se inmutó. El borde metálico que sobresalía de la puerta, para colocar el candado en el casillero; comenzaba a enterrársele al portero en la espalda, muy cerca del omóplato, con cada ocasión que el defensor lo azotaba, dejándole ya una laceración en la piel.

- ¿Quién te contó eso?.- repitió Gino su pregunta, con dureza.

- Ya te lo dije, lo escuché por casualidad cuando hablabas con tu mujer.- respondió Salvatore, enfatizando la última palabra de modo mordaz.

Gino perdió la paciencia con el último comentario de Gentile, en verdad le molestaba mucho la forma tan despectiva en cómo llegaba a referirse de Erika y era algo que no le pensaba tolerar; ya había tenido suficiente y se lo había advertido, no quería seguirlo escuchando por lo que lo haría entender de mala manera. Hernández volvió a apretar las muñecas de Salvatore, ésta vez con mucha más fuerza que la anterior, haciendo que el defensor comenzara a sentir dolor y terminara por aflojar el agarre que le estaba haciendo, situación que aprovechó el portero para empujarlo bruscamente y con más fuerza de la necesaria.

Salvatore trastabilló, sorprendido con esta acción, lo que aprovechó Hernández para, con una hábil finta, esquivar a Gentile y moverse del aprisionamiento en el que se encontraba; Gino no era partidario de la fuerza bruta pero si debía usarla, lo haría sin duda alguna, como lo acababa de hacer, demostrándole una vez más al líbero que no era tan novato como todos creían que lo era en cuanto a pelear se trataba.

Sin embargo, Hernández no contempló que el defensor era mucho más rápido en cuestiones de marcaje, por lo que éste lo tomó rápidamente por la cintura y lo lanzó de nuevo hacia el casillero, en donde se volvió a estrellar. Con el nuevo golpe, el borde del casillero terminó por abrirle aún más la laceración, ocasionándole un gran ardor en la piel al tiempo en que experimentaba una punzada de dolor, pero el enojo de Gino era mucho más grande que éste, ocasionando que ignorara su herida para encarar muy molesto a Gentile y lanzarle un puñetazo directo a la mandíbula, que dejó al muchacho tirado sobre la banca.

- Te recuerdo que anoche te dije claramente que no volvieras a molestar a Erika, y eso incluye esa manera tan despectiva en la que te refieres a ella, es la segunda vez en el día de hoy que lo haces y no pienso tolerarlo más.- comentó Gino, mirándolo con furia.

Gentile miró atentamente el rostro de su compañero, el cual no dejaba pie para dudar de sus palabras: si él continuaba expresándose de ese modo, Gino era capaz de responder a golpes.

- Segundo aviso.- continuó diciendo Hernández.- Al tercero, dudo mucho que te puedas levantar por tu propio pie.

- ¡Está bien!.- sonrió Gentile, feliz de por fin verlo perder el control y limpiándose un hilo de sangre de la boca-. Dejaré de llamarla de ese modo si me respondes. ¿Por qué ella dijo eso? ¡Anda, contesta!

Una vez que la adrenalina del momento disminuyó un poco, Gino volvió a sentir el ardor y dolor de la herida, por lo que trató de pararse lo más recto que pudo para ver si desaparecían o por lo menos disminuían sus malestares, al tiempo que trató de acomodarse la playera para que si alguien entraba en ese instante no notara lo que había sucedido y luego de respirar profundo para calmarse, por fin le respondió a Salvatore.

- Niccolo De Angelis es mi abuelo materno.- respondió Gino, finalmente-. Es por eso que ella bromeó conmigo sobre eso, no es nada que sea importante.

- ¿El mismo De Angelis, que es dueño de la cadena de hoteles De Angelis, con cientos de hoteles alrededor del mundo y en donde nos estamos hospedando en este momento?.- preguntó Salvatore, sorprendido.

Gino no contestó al cuestionamiento, pero ni falta que hacía; Salvatore se quedó muy sorprendido, había hecho muchas conjeturas al respecto pero jamás esperó que ésa fuera la razón; y él pensó con amargura, que había ocasiones en las que en verdad podía llegar a odiar a Hernández, mucho más de lo que se podía imaginar.