Capítulo 12.
Hotel De Angelis. Tokio, Japón.
El equipo italiano se encontraba cenando tranquilamente en uno de los restaurantes del hotel en el que se estaba hospedando. Gentile estaba sentado solo, en una de las mesas más alejadas y en un rincón, pues no tenía la menor intención de interactuar con los demás, consideraba que sus compañeros se estaban comportando como una bola de niñitas quejumbrosas y lloronas, pues varios de ellos, no habían perdido la oportunidad de hacerle saber sus molestias y descontento. El equipo en general estaba molesto por todo lo que había sucedido, tanto durante la cena de bienvenida, como en el estadio y, para acabar, también por lo ocurrido durante el entrenamiento, por lo que habían decidido ignorarlo en conjunto por el resto del día, situación que a Salvatore le importaba muy poco.
- Mañana no quedará más remedio que hablarle debido al partido.- había comentado Franco, sumamente molesto-. Pero, por lo menos esta noche, tengamos un poco de paz y tranquilidad.
Así pues, el equipo platicaba alegremente en las mesas del lado opuesto del salón, cuando por fin, alguno de ellos, notó la ausencia de su capitán, preguntándose todos de inmediato en donde podría estar, ya que el portero no había bajado a cenar y nadie lo había visto desde que se había metido a las duchas, al tiempo en que ellos salían para vestirse. Valentino se dijo que muy en contra de su voluntad, tendría que ir a preguntarle a Salvatore si es que él sabía en donde podría esta Gino, pues Gentile había sido la última persona que lo había visto.
"Quizás tenga una idea de dónde anda", pensó el mediocampista.
Con un gran y exagerado suspiro, que arrancó las risas generales, Valentino se encaminó al extremo opuesto del salón, rumbo a la mesa en donde se hallaba Gentile.
- ¡Hey, Gentile!.- saludó Valentino amistosamente, a lo que Salvatore levantó la mirada con hastío-. ¿Sabes de casualidad en dónde anda Gino?.- preguntó, sin rodeos, pues no deseaba entablar una conversación innecesaria.
- ¿Y por qué tendría yo que saberlo?.- respondió Salvatore, con otra pregunta.
- ¿Quizás porque son compañeros de habitación?.- respondió el mediocampista, con burla-. Y podría ser que él te hubiera comentado qué es lo que iba a hacer.
- El hecho de que compartamos la habitación no me convierte en su niñera.- respondió Gentile, de mal modo y bajando la mirada para continuar cenando como si su compañero no se encontrara parado frente a él-. Como no me importa saber qué hace con su maldita vida perfecta, no estoy interesado en andar preguntándole si va a ir a cenar a algún restaurante exclusivo en el quinceavo piso o si sólo es que no se le antoja convivir con idiotas como ustedes.
- ¿Qué?.- preguntó Valentino, claramente confundido por el hilo de los pensamientos del defensor-. Ah, ¿entonces no está en su habitación?.- preguntó con cierta duda-. ¿Por lo menos sabes si llegó después del entrenamiento?
- Yo que voy a saber, no estoy allá, ¿cierto?.- gruñó Salvatore, haciendo una mueca de desesperación-. Si tanto te interesa, ve tú a buscarlo y déjame terminar de cenar en paz.- respondió, malhumorado.- ¿Yo por qué tendría que preocuparme de saber qué le pasa a ése?.- bufó, después de una pequeña pausa, tras lo cual se quedó inmerso en sus pensamientos.
Gentile se había ensañado particularmente con Gino pues odiaba lo que a su parecer era su vida perfecta, en donde todo le salía bien, y que todos le respetaban y se preocupaban por él; incluso las chicas lo preferían más a él, pues más de una de ellas había expresado su deseo de salir con el portero por encima del defensor, aun cuando Hernández no les mostrara interés alguno al respecto. Salvatore tenía la plena creencia de que la vida de Gino era absolutamente perfecta y el saber que también era parte de una familia tan acaudalada como lo eran los De Angelis, lo ponía más furioso aún. Para él, la noticia era el colmo de su perfección, ahora resultaba que también era un niño rico y mimado, con miles de euros para derrochar y que su abuelo regalaba estadías en hoteles de lujo sólo para que su niñito consentido no se quedara en un hotel de mediana o baja clase, como en los que el mismo Salvatore había tenido que dormir ya en muchas ocasiones, siendo niño.
- ¿Qué demonios te pasa?.- preguntó Valentino, sacándolo de sus pensamientos, sorprendiéndose al ver las distintas muecas que el líbero hacía.
- ¡Nada!.- respondió Gentile, secamente, sin atreverse a decirle todo lo que pensaba en este momento-. Así soy yo, ya deberías conocerme.
- Como digas.- aceptó Valentino, encogiéndose de hombros, para luego retirarse.
- o - o - o - o - o -
Luego de la pelea que Gino había tenido con Salvatore, el portero había decidido ignorar por completo al defensor, por lo que tomó sus pertenencias del casillero y se dirigió rumbo a las duchas; por su parte, Gentile, continuó sentado en la banca frente del casillero del otro y miró con odio concentrado a su compañero cuando éste pasó a su lado, aunque al final, el líbero prefirió dejar que su capitán se alejara sin decir nada más. Gino pasó al lado de Marco y Franco quienes venían saliendo de las regaderas, y a pesar de que éstos le saludaron como siempre lo hacían, el joven pareció no verlos pues siguió su camino de largo, con expresión seria.
- ¿Y ahora?.- preguntó Franco, claramente sorprendido por la actitud de su capitán.
- Ni idea.- respondió Marco, encogiéndose de hombros.
Pero sus preguntas fueron pronto resueltas al ver a Salvatore y su expresión, dándoles a entender que algo más había sucedido en su ausencia.
- De seguro hizo otra de las suyas.- bufó Franco, claramente molesto, a lo que Marco estuvo más que de acuerdo.
Gino deseaba que el agua fresca enfriara su humor y de paso le diera un respiro a su cuerpo agarrotado, sentía sus músculos aún muy tensos por la confrontación y el hombro le escocía cada vez más, por lo que decidió tardarse mucho más de lo habitual, y que por primera vez lo que sucediera detrás de esas paredes no le importara en lo absoluto. Al final, había tardado el tiempo suficiente como para que los demás terminaran de vestirse y, cansados de esperar, se retiraran del campo para irse al hotel. Gino no deseaba que su innata incapacidad para mentir le jugara en contra y terminara contándoles a los demás lo sucedido, ya que eso podía fragmentar aún más la ya de por sí fina línea de la relación entre Salvatore y el equipo.
Una vez que salió de las duchas, Hernández agradeció que ya no hubiese alguien en el sitio para vestirse con calma y regresar caminando al hotel, evadiendo, en cuanto ingresó al edificio, a sus compañeros, y como no deseaba ver a Gentile en lo que restaba del día, prefirió pedir asilo en el lugar en el que menos se imaginarían podría estar, en el caso de que se le buscara. Gino subió entonces al piso en cuestión y tocó a la puerta de la habitación, esperando que la persona que había ido a buscar se encontrara en el lugar y no hubiera decidido salir a dar una vuelta, pero cuando ella al fin abrió la puerta, él sonrió sumamente agradecido.
En un principio, a Erika le sorprendió mucho el mirar a Gino parado en la puerta de su habitación, pues era obvio para la joven que él claramente venía llegando del entrenamiento, a pesar de lo tarde que era, debido a que aún traía consigo su maleta deportiva al hombro.
- ¿Te quedaste afuera?.- preguntó ella, aunque sospechaba que no era el caso.
- No.- respondió el joven, sacando de la bolsa de su pantalón deportivo la tarjeta magnética de su habitación-. Es sólo que en este momento no deseo estar cerca de él.- agregó, señalando con la cabeza hacia la recamara de enfrente.
- ¡Uhm!.- suspiró la joven, al entender perfectamente de quién hablaba-. ¿Qué fue lo que sucedió ahora?
Gino, antes de responder, le preguntó a Erika que si podía entrar, pues no deseaba permanecer más tiempo en el pasillo, por temor a que alguno de sus compañeros lo viera y le llamara, a lo que la pasante aceptó en seguida, haciéndose a un lado para que él finalmente entrara a la habitación, y una vez que éste se sentó en una de las sillas que había muy cerca de la ventana de estilo francés, la joven lo interrogó después de cerrar la puerta tras de sí.
- ¿Y bien?.- preguntó Erika, sentándose en la cama lo más cercanamente posible a él-. ¿Me vas a decir qué fue lo que sucedió?
Gino suspiró, al mismo tiempo en que miró su maleta, la cual se encontraba a sus pies, para después comenzar a contarle lo sucedido dentro de los vestidores, Erika conforme iba avanzando el relato, se fue indignando cada vez más.
- ¿En serio qué es lo que le pasa?.- cuestionó la joven, con incredulidad, al finalizar el relato-. Parece como si todo lo que tuviera que ver contigo le molestara de alguna manera, ¿qué no tiene vida propia, que solo anda molestando a su prójimo?
- Desconozco la verdadera razón por la cual Salvo actuó de ese modo, pero de seguro tendrá una muy buena justificación para hacerlo.- comentó Gino, intentado instintivamente defender de nuevo a Salvatore.
- Y ahí vas de nuevo.- lo reprendió la pasante, pero esta vez con una expresión más serena en el rostro-. Jamás se te va a quitar esa manía tuya de siempre tratar de sacar lo mejor de todos, ¿verdad?
- No lo creo.- sonrió Gino, algo avergonzado-. Eso es algo que aprendí de ti, ¿recuerdas?
- No.- contradijo ella, en un tono dulce-. Ésa es una virtud que tú ya tenías desde el día en que te conocí y que, a pesar de todo, tú seguiste conservando, y se podría decir que es una gran cualidad tuya, al igual que ser un soñador.
- ¿Soñador, yo?.- rio Gino, de buena gana-. ¿Por qué dices eso?
- Porque jamás has abandonado tus sueños de convertirte en el mejor portero de Europa y del Mundo.- le respondió la pasante, con mucho orgullo en la voz-. A pesar de los tropiezos que puedas tener, nunca te das por vencido y te levantas una y otra vez como un ave fénix, aprendiendo de los errores y siendo cada día mejor.
Erika sonrió avergonzada, pues había detectado ese orgullo en su voz, aunque no podía evitarlo, ella estaba en verdad muy orgullosa de Gino porque a pesar de haber tenido un mal torneo hace cuatro años, él había levantado la cabeza, aceptando como un grande la derrota y las habilidades del contrincante, pero no se había dejado vencer, se siguió esforzado cada día por ser un mejor portero y ahora quería demostrarlo. Gino por su parte, se sintió muy agradecido con las palabras que Erika le daba, ella era una de las pocas personas en el mundo que lo conocía tan bien que podía leerlo como un libro abierto, por lo que terminó riendo de manera más natural al pensarlo.
Al verlo reír tan relajado, Erika pensó en cuánto amaba escuchar el sonido de su risa y de su voz, la cual era suave y tranquila pero que también podía ser tan segura de sí en el campo de juego, que sintió que se ponía roja por lo que trató de buscar otra cosa con la cual distraerse. Fue entonces cuando ella se percató de que Gino movía contantemente su hombro hacia atrás, como si quisiera liberar algún tipo de presión.
- ¿Qué es lo que sucede con tu hombro?.- preguntó Erika, curiosa y un poco preocupada.
- No es nada.- respondió Gino, intentado restarle importancia-. Sólo es un ligero calambre, nada grave, pero quizás lo mejor sería que me fuera a mi habitación a descansar.- comentó, tratando de desviar el tema, tras lo cual se levantó de su asiento y tomó su maleta, esperando que Erika lo dejara pasar, pero no le iba a resultar tan fácil tratándose de una estudiante de medicina.
- ¡Déjame ver! ¡Ven aquí!.- comentó Shanks, levantándose de la cama e indicándole que se sentara en su lugar para examinarle el hombro-. Fabio y Alessio me han estado enseñando cómo hacer correctamente algunos masajes para liberar tensión y relajar los músculos.
Gino al no encontrar una excusa válida, no le quedó más remedio que obedecer, se sentó en la cama y dejó que Erika intentara hacer el masaje en cuestión; sin embargo, apenas la pasante tocó el área sensible del hombro del italiano, éste saltó e hizo una mueca de dolor, a lo que la francesa reaccionó, mirándolo severamente.
- ¡Quítate la camisa!.- le ordenó.
- ¿Qué?.- cuestionó Gino, sorprendido.
- Ya me oíste.- respondió Erika, con naturalidad-. Que te quites la camisa para ver qué escondes.
- No escondo nada.- contestó Hernández, finalmente-. Es solo un raspón que me hice en el entrenamiento de hace rato.- mintió.
- Con mayor razón.- insistió Shanks-. Déjame ver.
El portero, obedientemente, se quitó entonces la camisa, dejando su torso al descubierto para que Erika le examinara el hombro, encontrando la laceración que tenía en éste, con lo que la pasante frunció el ceño.
- Voy a llamar al Dr. Lucchetti, para que nos diga qué hacer.- comentó Erika, una vez que examinó la herida-. No parece ser nada grave pero de todos modos debo informarle.
- ¿No podríamos evitar que el Dr. Lucchetti se entere?.- preguntó Gino, más como una súplica que como una exigencia-. La verdad es que no deseo decirle, pues si éste se entera podría decírselo al entrenador y se podrían crear problemas innecesarios.
Ella suspiró, pues en cierto modo comprendía el por qué él no deseaba decirle nada al entrenador; después del regaño que le dio a Gino en la mañana y por la manera en que le había gritado a Gentile durante la tarde, parecía que el entrenador Santoro andaba un poco irascible en estos momentos y quién sabe cómo se tomaría esta nueva noticia.
- Siempre es lo mismo contigo, Gino Hernández, nunca quieres preocupar a los demás.- respondió Erika, suspirando derrotada-. Pero, ¿y si esto hubiera sido algo más importante?
- Pero no lo es.- refutó Hernández-. Por favor, no lo comentes.
- ¡Está bien, no lo haré!.- prometió ella, alejándose por un momento de él para acercarse al clóset-. Siempre y cuando me prometas que a mí sí me dirás si te pasa algo de nuevo, ¿quedamos?
- Lo prometo.- respondió Gino, con una gran sonrisa.
Ella entonces tomó el botiquín que había llevado a la práctica de la tarde y regreso con él, sentándose al lado de Gino para limpiarle la laceración.
- Por cierto, quería preguntarte algo.- comentó Gino, cambiando el tema después de unos minutos de silencio en los que ella trabajó meticulosamente en su hombro-. ¿Hace cuánto que estás en Italia?.- preguntó finalmente, después de un momento de duda.
- Llegué hace poco más de un año.- contestó ella, después de tardar un poco en responder y mirando fijamente el hombro del portero, el cual estaba terminando de curar-. Cuando me enteré de que sí había sido aceptada en la universidad.
- ¿Y por qué no...?.- suspiró él, quien no se atrevía a terminar de formular la pregunta que tanto le atormentaba.
A pesar de que ella había buscado una universidad precisamente en Italia, para ser más concretos en Milán, con el deseo oculto de algún día poder reencontrarse con él; lo cierto era que Erika no se había atrevido a buscarlo, ni siquiera ir a verlo a un partido, pues pensaba, y también temía, que quizás él ya había continuado con su vida y eso era algo que ella no podría soportar, por lo que había optado por el camino más fácil que era evadir la realidad.
Erika miraba fijamente la piel desnuda de Gino e inconscientemente comenzó a acariciarle el hombro y bajó después por su brazo; el sentir su piel en sus manos la hacía estremecer, no podía negar que aún sentía algo muy fuerte por él y tenerlo sentado tan cerca de ella, pudiendo acariciar su suave piel y aspirando su aroma, la estaba llevando a comportarse fuera de lo que se podría considerar como correcto, pero en este momento sus instintos más primarios estaban ganando y amenazaban con hacerla perder la razón, le hubiera gustado mucho decirle lo que aún sentía por él, pero nuevamente, los temores eran aún más grandes por lo que desistió, forzándose a detenerse pues temía que al final Gino le dijera que ya no sentía lo mismo por ella.
Gino, a su vez, en cuanto sintió que Erika había dejado de mover sus manos, se giró para mirarla directamente a los ojos; al igual que ella, él también había experimentado muchas sensaciones poderosas con el contacto que habían tenido y tampoco podía negar los fuertes sentimientos que aún experimentaba por ella. Al tener a Erika tan cerca suyo y sentir sus manos sobre su piel, había despertado el deseo dormido en el joven, quería abrazarla y decirle cuánto la había extrañado en esos años. De pronto y sin previo aviso, Gino, no aguantó más su deseo contenido y se abalanzó sobre Erika, presionando suavemente sus labios contra los de ella, sorprendiéndola al principio pero siendo bien recibidos a continuación.
Aunque el beso comenzó lentamente, pronto toda la pasión de un deseo contenido se apoderó de Gino y el beso comenzó a incrementar de intensidad, en cuestión de segundos sus labios ya no le eran suficientes y deseaba sentir más, por lo que abrió camino con su lengua para introducirse en la boca de la joven y explorar cada rincón de ésta, al tiempo en que la tomaba por detrás del cuello para acercar su cuerpo aún más al de él. Gino deseaba saborear sus labios pero también deseaba sentir el sabor de su piel, deseaba tenerla cada vez más y más cerca, quería acariciarla y llegar a la piel que se encontraba por debajo de su ropa, quería sentir todo su cuerpo y fusionarse de una buena vez con ella, sus manos comenzaron a responder a ese deseo y la que sostenía el cuello de ella comenzó a bajar lentamente por la espalda intentado atravesar la barrera que la blusa le ponía y con su otra mano comenzó a acariciar el muslo de la joven, pretendiendo llegar lentamente más arriba. Si continuaba de este modo, Gino terminaría perdiendo el control y muy seguramente que…
"¡No! No es el momento… Debo controlarme y detenerme antes de que sea demasiado tarde… No debe ser de este modo… No quiero que piense que estoy jugando con ella pues no es un juego para mí, es todo lo contrario, para mí, tú eres la indicada…", pensó Gino, obligándose a detenerse.
Con mucho esfuerzo, Gino se separó de Erika y se levantó de su asiento, tomando su maleta del suelo.
- Lo siento, creo que es mejor que me vaya.- se disculpó Gino, con voz ronca, saliendo de la habitación a toda prisa y dejando a una Erika muy confundida.
