Capítulo 14.

Erika se hallaba sentada en las bancas del área de espera, a las afueras de los consultorios de Rayos X y Ultrasonido del hospital St. Luke; jugueteaba y le daba vueltas distraídamente a un teléfono celular que tenía en sus manos, muestra inequívoca del nerviosismo que la joven mostraba en ese instante, la pasante se hallaba esperando con mucha impaciencia a que el Dr. Lucchetti y Gino salieran del consultorio y por fin pudiera saber qué era lo que el joven tenía. Shanks intentaba aparentar estar en calma y mostrarse más profesional, pero era más que evidente que estaba muy preocupada por el jugador.

Unos veinte minutos atrás, cuando Salvatore salió del consultorio al lado del Dr. Lucchetti, tanto Erika como Gino los habían mirado a la expectativa de saber cómo se encontraba el defensa, aunque a juzgar por la expresión de éste, sabían que no se trataban de buenas noticias.

- ¿Y bien?.- preguntó Gino, levantándose de su lugar para ir a su encuentro. ¿Qué tan mal estás?.- preguntó, con cierta preocupación.

- No lo suficiente como para que me detenga a no jugar el próximo partido.- comentó Salvatore.

- ¡Eso está por verse!.- le refutó el médico, con mirada severa-. Dependiendo de tu evolución, veré si te dejo o no jugar en el siguiente partido; mientras tanto, nada de entrenamientos ni de esfuerzo.

Por respuesta, Salvatore bufó exasperado y se dejó caer pesadamente sobre una de las sillas de la sala, una que se encontraba sólo a dos de distancia de donde la pareja había estado sentada.

- ¡Es tu turno, vamos!.- le ordenó el médico a Gino, a lo que el portero suspiró con cierto temor.

Erika, por respuesta, le acarició suavemente el hombro dándole ánimos, cosa que el joven agradeció con la mirada, para luego irse detrás del galeno. La pasante decidió entonces regresar a su asiento para esperar nuevamente y fue cuando vio, en el lugar en donde se había estado sentado Gino, el celular del portero, el cual claramente había olvidado o se le había caído. La joven tomó el dispositivo con la intención de regresarlo a su propietario en cuanto saliera de consulta, por lo que se lo quedó en sus manos, comenzando a juguetear con él a causa de los nervios.

No había pasado mucho tiempo aún cuando, de pronto el celular de Gino comenzó a sonar, asustando a la francesa, a quien casi se le cae el dispositivo de las manos al no esperar el sonido que provenía de éste. Erika observó la pantalla del teléfono más por curiosidad que por otra cosa, sorprendiéndose al darse cuenta de que se trataba de una solicitud de videoconferencia de una persona que ella conocía muy bien: Gianluigi.

Shanks suspiró confundida, contemplando la pantalla del dispositivo, insegura de qué hacer, si debía recorrer el botón con el auricular rojo o debía responder a la llamada y decirle a Gianluigi que le hablara a Gino más tarde; la joven quedó inmersa en sus dudas por algunos segundos que bien parecieron horas, mientras el teléfono seguía resonando por el lugar.

- ¿Qué no piensas responder?.- comentó Salvatore en ese instante, harto de escuchar el sonido amplificado por la estructura del edificio.

Gentile había estado esperando al lado de Erika sin pronunciar palabra alguna, pero era obvio que la situación lo tenía demasiado tenso y el repiqueteo lo desesperaba aún más, por lo que al ver que la joven no respondía había terminado desesperándose. La pasante sólo alcanzó a mirar al jugador muy sorprendida pues había olvidado su presencia, no supo qué responderle por lo que prefirió volverse a centrar en el celular que aún seguía sonando; entonces, la joven suspiró y colocó el teléfono frente a ella para luego deslizar el botón verde y aceptar la llamada.

Salvatore, por su parte, se había girado ligeramente para que, desde la posición en donde se encontraba, pudiera ver perfectamente bien toda la escena sin perderse ni un detalle de la conversación. En la pantalla del celular apareció en ese instante un atractivo joven de unos veintiún años de edad, de cabello negro y ojos cafés claro, quién al ver a la persona del otro lado de la línea, puso una expresión de gran sorpresa.

- ¡Hey, Gigi!.- saludó Erika a su interlocutor, intentando que su voz sonara lo más despreocupada posible a pesar de su nerviosismo.

- ¿Eh?.- comenzó a articular el joven, pero no le salían las palabras.- ¡Ah…! ¿Eh?.- tartamudeaba con una expresión de sorpresa-. ¿Erika?.- dijo finalmente.

- Sí Gigi, soy yo.- le sonrió la joven-. ¿Cómo has estado?

- Ahmm.- respondió él, claramente confundido-. Este… ¿Cómo es que marqué tu número si yo quería marcarle a...?

- Es el de él.- le interrumpió la pasante, algo avergonzada-. Por el momento lo tengo yo a resguardo.- comentó aclarándole un poco más la situación a lo que él puso cara más comprensiva.

- Supongo que, para variar, lo dejó olvidado o perdido en algún sitio.- respondió, con ironía, el joven-. Suele ser su costumbre cuando de entrenamientos, partidos o soccer en general se trata, pierde la cabeza por completo.- rio de buena gana.

- No creo que sea para tanto.- rio ella, a su vez-. Por lo que sé, es bastante ordenado y responsable con sus pertenencias.

- ¡Ajá!.-respondió Gianluigi, divertido-. ¿Es por eso que siempre me anda reclamando que yo perdí sus cosas cuando en realidad fue él? No me sorprende para nada que haya dejado olvidado su celular por ahí.

"Algo así, aunque se podría decir que esta vez más bien no pudo llevárselo consigo", pensó Erika.

- Lo siento, la verdad es que no esperaba….- comentó, de pronto Gianluigi, después de un suspiro, interrumpiendo los pensamientos de Erika.

- ¿No esperabas verme, oírme o qué?.- preguntó Erika, en broma.

- Pues, ¿ambas?.- le respondió el joven, con sinceridad-. A decir verdad, sí es un poco...

- Lo sé.- sonrió la francesa, avergonzada, interrumpiéndolo de nuevo y disculpándose-. Lo siento, no debí responder.

- Más bien, me sorprende mucho el verte.- aclaró el italiano-. Sobre todo porque no tenía idea de que estuvieras viviendo en Japón.

- No lo estoy.- contradijo de inmediato la joven-. De hecho estoy con el equipo italiano.- mostrándole el logo de la chamarra que en ese momento usaba y que era la del uniforme de la selección.

- ¿Ah?.- exclamó el joven, sorprendido de nuevo-. Ok, esto es mucho más sorprendente y curioso aún, ahora mi duda va por el hecho de que no sabía que se habían vuelto a ver.

- Larga historia.- sonrió ella-. Si quieres algún día escucharla, con gusto te la contaré pero tendrás que llamar a mi número la próxima vez.

- Con mucho gusto lo haré si me lo pasas.- reclamó él-. El último que tenía al parecer quedó fuera de servicio o por lo menos eso me dijo las últimas veces que intenté llamar.

- Lo siento.- rio Erika, visiblemente avergonzada-. Un accidente tecnológico que cobró la vida de mi celular, llevándose consigo muchos de mis contactos que ya no pude recuperar.

- ¿Y cuándo volviste a Italia?.- le preguntó Gianluigi, con expresión seria.

- Hace un año, más o menos.- respondió la pasante, con voz queda.

- ¿Y por qué no te contactaste con nosotros en cuanto llegaste?.- cuestionó él, sin miramientos.

Erika entonces evadió la mirada que su amigo le lanzaba en ese instante a través de la pantalla, concentrándose en ver hacia la puerta del consultorio en donde se encontraba Gino y pensando que todas las justificaciones que ella le podía dar a Gianluigi sobre por qué no los había contactado, podrían ser consideradas por su amigo como excusas de lo más estúpidas. Por su parte Salvatore se mantenía callado en su lugar, deseando que ella no recordara que él se encontraba ahí, presenciando una conversación que no debía y poniendo atención a cada uno de los detalles de la misma.

- Por idioteces.- respondió ella, al fin, luego suspiró y agregó en un susurro-. Y por muchos temores.

- Mmm.- gruñó él, esbozando una mueca ya que esa respuesta no le había gustado para nada.

- Pero no nos desviemos del tema.- comentó Erika, para cambiar el giro de la conversación-. Lo andabas buscando a él, ¿no? A Gino.

- Pues sí.- respondió Gianluigi, cayendo en la trampa y desviando su interés hacia este tema-. Lamentablemente no pude ver el partido, pero le hablaba para ver cómo estaba pues me dijo Nicco que no les fue muy bien y que podría necesitar ánimos.

- Perdimos.- respondió la pasante, después de un triste suspiro.

- ¡Oh! Lo siento mucho.- respondió el joven, con empatía-. Pero bueno, ánimo que apenas es el primer encuentro, aún tienen dos más por delante y muchas más oportunidades de ganar, aún pueden pasar a la siguiente ronda, así que no se desanimen y traigan el trofeo a casa, que ya tenemos la repisa para él.- comentó Gianluigi en un tono mucho más optimista, que alegró a la muchacha y sorprendió un poco a Salvatore.

Mientras Gianluigi se entretenía dando apoyo e intentando levantarle la moral a Erika, Gentile se quedó analizando el comportamiento del joven que hablaba con ella y no pudo evitar compararlo con el de Gino, ambos parecían ser personas demasiado alegres y optimistas, y que parecían tener todo a su favor; a su mente vinieron preguntas que podrían ser estúpidas y sin sentido, pero la que más sonaba en su mente era que, si este personaje se trataba de algún familiar del portero, ¿cómo es que Erika parecía conocerlo tan bien? Luego, de manera automática, Salvatore comenzó a comparar a Gianluigi con otras personas que eran cercanas al defensor y que eran tan diametralmente opuestas en personalidad que esto terminó molestándole.

"¿Por qué carajos ustedes no pueden ser así?", pensó Gentile, molesto, refiriéndose a las personas que él conocía.

En ese momento se escucharon los llantos y gritos de un niño pequeño que llegaba a la sala, lo que llamó mucho la atención del italiano que se encontraba del otro lado de la llamada.

- ¿Por qué se escuchan esos llantos?.- preguntó Gianluigi, bastante confundido-. ¿En dónde te encuentras?

- ¡Oh!.- se sorprendió la joven, pues también se distrajo con el niño-. Lo que pasa es que estamos en el hospital.- respondió, girando la pantalla para que su interlocutor mirara lo que había a su alrededor.

- ¿En el hospital?.- preguntó él, con un tono de voz que comenzaba a sonar inquieto-. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Gino está bien?.- insistió, imaginándose lo peor.

- Más o menos.- respondió, Erika-. En el partido de hoy sufrió un fuerte golpe debido a un tiro muy poderoso del oponente, lesionándose en el proceso; además, otro de nuestros jugadores resultó herido también, o sea que en resumidas cuentas tuvimos un mal día.

- ¿Qué tan malo es?.- preguntó Gianluigi, ya abiertamente preocupado.

- No lo sabremos hasta que se le realicen los exámenes necesarios.- confesó Erika, con sinceridad-. Por eso estamos aquí, esperando a que salgan.

- Ya veo; por favor, mándame un mensaje desde tu número telefónico.- le rogó el joven-. Para que te pueda enviar mensaje más al rato y me digas como están en verdad las cosas, pues es casi seguro que Gino no me lo dirá y minimizará la situación.

La joven aceptó la petición y en ese mismo instante mando el mensaje que le pidió su interlocutor, el cual agradeció sinceramente por el apoyo que ella le daba.

- Ya que estás en Italia, a ver qué día vienes a vernos.- comentó Gianluigi, de pronto-. A Nicco le va a agradar mucho saber de ti y estoy seguro de que le encantaría verte.

Erika sonrió sinceramente ante la sola mención del abuelo de Gino, éste era un hombre muy agradable, al cual ella llegó a apreciar mucho. Luego de algunas palabras más, la comunicación finalmente terminó y ella se quedó mirando la pantalla negra del celular con una expresión de tristeza y añoranza.

"Claro que me encantaría volver a verte Nicco, pero me da miedo pensar que ya no formo parte de tu familia", pensó Erika, con cierta tristeza.

En ese instante, la puerta marcada con el número dos se abrió y el Dr. Lucchetti y Gino finalmente salieron del consultorio. El portero traía vendajes en ambas manos y una muñequera inmovilizadora en la mano izquierda; además, venía cabizbajo pero al recordar que los otros dos, estaban afuera y lo mirarían atentamente al salir, levantó la cabeza y puso su mejor cara.

- ¿Y bien?.- preguntó Erika, saltando de su asiento, mirando la muñequera primero y luego levantando su vista hacia él.

- Nada de qué preocuparse.- sonrió Gino, tratando de restarle importancia al asunto-. Es sólo un esguince menor.

Erika miró fijamente el rostro de Hernández, quien intentaba poner una expresión de tranquilidad y despreocupación total; sin embargo, la joven sabía que las cosas no eran tan sencillas como él aparentaba, lo podía ver claramente en sus ojos, por más que él se esforzara por no preocupar a los demás.

"A mí no me vas a engañar Gino Hernández, te conozco demasiado bien", pensó la joven, suspirando.

Después, Erika interrogó con la mirada a su jefe para que éste corroborara o desestimara las palabras de Gino.

- Efectivamente, como dijo Hernández, tiene un esguince menor, de primer grado, pero sólo en la mano derecha.- comenzó a decir el médico-. En la mano izquierda tiene uno de segundo grado.- corrigió, regañando al joven con la mirada-. Por eso deberá portar la muñequera en todo momento, nada de que te la quites para entrenar, y al igual que Salvatore, seré yo quien decidirá cuán serio o no es el asunto y si deben o no continuar jugando, ¿entendido?

- Entendido.- respondió Gino, con la cabeza baja.

Finalmente, los tres jóvenes comenzaron a andar lentamente al lado del médico, emprendiendo el regreso al hotel; al llegar ahí, habría que dar muchas noticias y explicaciones de interés para el equipo.

- ¿Y quién será el que le diga al entrenador?.- preguntó Salvatore, burlón, caminando con cierta dificultad pues no entendía muy bien cómo usar las muletas.

- ¿Qué tal si le dejamos ese honor al Dr. Lucchetti?.- respondió Gino, con una sonrisa, esperando a su compañero.

- Perfecto.- respondieron los otros dos jóvenes, a lo que el galeno los miró con expresión de "me dejan lo peor a mí".

Las miradas de Gino y Erika se cruzaron en ese momento y ambos se preguntaron ¿de qué manera se tomaría el entrenador las lesiones? Como habían dicho ya, el Dr. Lucchetti se haría cargo de comentárselo, pero aun así ellos pensaron que ésta sería una larga noche, sin lugar a dudas.