Capítulo 17.

12 de octubre.

No hacía mucho tiempo que el sol del nuevo día había salido, y su luz comenzaba a traspasar las suaves y delicadas cortinas del ventanal francés para intentar colarse al interior de la habitación; cuando sonó el celular de Gino, despertando a los jóvenes con el ruido.

- ¿Quieres callar esa maldita cosa?.- gruñó Salvatore, removiéndose entre las sábanas y cubriéndose la cabeza con la almohada, para seguir durmiendo.

Hernández, al escuchar el timbre de su celular, se incorporó levantando ligeramente la parte superior de su cuerpo y recargándose sobre uno de sus codos para mirar, aun adormilado, hacia la otra cama que ocupaba en ese instante Gentile, el cual ya le daba la espalda y volvía a dormir, por lo que decidió que lo mejor sería ignorar a su compañero y averiguar quién podría estarle enviando un mensaje a tan temprana hora, de manera que se sentó sobre la cama y comenzó a estirar todo su cuerpo al tiempo en que bostezaba para luego alcanzar el dispositivo que se encontraba en el buró que separaba ambas camas.

En su mente comenzó a realizar conjeturas sobre el posible destinatario, llegando a pensar que lo más lógico sería que fuera Gianluigi o en todo caso su abuelo quien le hablaba, pues considerando que en Italia serían aproximadamente las nueve de la noche, no sería algo raro. Pero al desbloquear el aparato y ver el mensaje, se llevó una gran sorpresa al darse cuenta de que era de parte de Erika.

- ¡Buenos días! Perdón por despertarte tan temprano pero tengo una sorpresa para ti.- decía el texto-. Te espero en lobby en media hora y ponte ropa cómoda, no uniforme.

Gino no pudo evitar esbozar una gran sonrisa al terminar de leer el mensaje, no tenía ni la más mínima idea de que se podría tratar la supuesta sorpresa pero eso era algo que realmente no le importaba mucho, pues para él, el solo hecho de estar con ella ya era más que suficiente como para alegrarle el día.

"Siempre sueles prepararme sorpresas para hacerme sentir mejor, ¿verdad?", pensó el joven, sonriendo.

Fue entonces cuando Gino recordó que Erika solía hacer este tipo de detalles cuando eran novios, siendo que una de las primeras sorpresas que ella le había dado fue cuando él aún estaba en París; en esa ocasión, la joven le había dicho que la acompañara sin hacer ningún tipo de pregunta al respecto pues muy pronto obtendría todas las respuestas que necesitaba, Gino entonces obedeció pacientemente la petición, siendo conducido por Erika hasta la Torre Eiffel, en donde ambos ascendieron hasta la cima de la torre; no obstante, la sorpresa vendría después ya que, gracias a ciertas circunstancias que la joven jamás quiso revelarle a él, ellos tuvieron permiso para subir más arriba de la punta, a una sección en donde los turistas ya no podían pasar y, al llegar a lugar, el italiano se sorprendió mucho más al hallarse con que la francesa ya le tenía preparado un sencillo pero elegante día de campo a solas y con la hermosa vista de la ciudad a sus pies. Al final, el almuerzo se había extendido durante horas e incluso hasta después de contemplar el atardecer, por lo que ese día había terminado siendo realmente grandioso e inolvidable para él.

Gino volvió a sonreír al recordar ese día y se dijo que cualquier cosa que a ella se le ocurriera para el día presente, seguramente sería igual de inolvidable. Hernández se levantó de la cama y silenciosamente obedeció la petición de la pasante, se duchó apresuradamente para luego arreglarse con el objetivo de estar a tiempo en el lugar indicado, y una vez que estuvo listo, tomó su tarjeta y salió de la habitación; a la hora indicada, el joven ya se encontraba llegando al lobby del hotel, en donde rápidamente localizó a Erika sentada en uno de los sillones del lugar, quien al verlo, se acercó rápidamente a su encuentro.

- ¡Buenos días!.- saludó ella, con una gran sonrisa-. ¿Estás, listo?.- le preguntó.

- Buenos días.- respondió él-. Listo sí, ¿pero para qué?.- le preguntó a su vez, con curiosidad.

Gino entonces miró fijamente a Erika y en sus ojos verdes pudo ver una mezcla de picardía y diversión; a él le pareció que el rostro de ella lucía tan hermoso con esa expresión tan tierna y a la vez animada, como el de una niña pequeña que está a punto de contar su más grande secreto o la travesura que está a punto de hacer, y le pareció tan dulce en ese instante que en él surgió de nuevo ese deseo de poder abrazarla, besarla y decirle cuan loco lo volvía, quería decirle que continuaba perdidamente enamorado de ella, que no la había olvidado y que temía que, como le había dicho Gianluigi, al terminar el torneo no la volviera a ver, deseaba decirle tantas cosas en ese instante pero no se atrevía a dar el paso, situación que hizo que él sintiera que se estaba sonrojando por lo que trató de desviar la mirada para que ella no lo notara.

- Creo que necesitas un poco de distracción.- respondió Erika, con una expresión divertida, interrumpiendo los pensamientos de Gino y al parecer no notando la turbación de éste -. Por lo que te llevaré a dar una vuelta.

- ¿Una vuelta? ¿A dónde?.- preguntó Hernández, sorprendiéndose y olvidando lo anterior.

- ¡Ya verás!.- respondió la pasante, para luego tomar la mano del portero y conducirlo hacia la salida.

Gino se encogió de hombros y decidió no preguntar nada más, ya averiguaría de qué se trataba la sorpresa, además de que, como se había dicho en la habitación, no era que le importara mucho hacia dónde iba, lo que le gustaba era con quién iba, por lo que se dejó conducir sin ningún reparo. Así, ambos jóvenes salieron del hotel tomados de la mano y comenzaron a andar por las calles de Tokio.

- Necesitas que te vuelva a colocar esos vendajes.- comentó Erika, luego de andar un par de metros por la ciudad-. De plano están horriblemente mal puestos.- se burló al sentir los vendajes en la mano del portero.

- ¡Oh vamos! No pueden estar tan mal.- respondió Gino, defendiéndose-. Además no me dejaste mucho tiempo para prepararme.

- Ni aunque te hubiera dejado medio día lo hubieras hecho bien.- respondió con burla la pasante-. Ya te pareces a Genzo, según dice Lily, éste se venda el codo cuando tiene la lesión en el tobillo.

Gino rio, divertido por el comentario, al imaginarse a Wakabayashi en esa situación.

- No puede ser tan malo, ¿o sí?.- preguntó con incredulidad.

- Bueno, no tanto.- admitió la joven, riendo-. Pero sí dice que los vendajes no le duran ni diez minutos.

- Eso debe ser porque aún no le han enseñado como hacerlo correctamente.- respondió Gino, defendiendo a su colega.

- Y por lo que veo a ti tampoco te han enseñado.- se volvió a burlar Erika.

- No puedo ser perfecto en todo.- respondió, encogiéndose de hombros y con sorna, para luego reír-. Y a todo esto, ¿cómo es que Lily sabe eso sobre Wakabayashi?.- preguntó Gino, cayendo en cuenta de ese detalle.

- Pues siendo su novia, lo más lógico es que conozca ese tipo de situaciones, ¿no crees?.- le respondió Erika, guiñándole un ojo a Gino.

En ese momento, la joven detuvo su marcha haciendo que Hernández se sorprendiera por el movimiento inesperado y olvidara el tema anterior; no habían andado más que unas cuantas cuadras dentro de la misma zona de la ciudad y, sin embargo, ellos ya se encontraban en su destino.

- ¡Llegamos!.- comentó la joven, alegre.

Gino miró entonces la entrada principal de la estación de trenes de Tokio y luego se giró para mirar a Erika sin comprender.

- ¿La Estación de Tokio?.- preguntó él, intrigado-. ¿A dónde se supone que vamos a ir?

- A Nagoya.- respondió ella.

- ¿A Nagoya?.- repitió el arquero, sin comprender aún-. ¿Y para qué?

- Como te dije antes, necesitas relajarte y distraerte un poco.- respondió, tranquilamente, la pasante-. El día de hoy olvídate de todo, de la selección y de los problemas, hoy sólo serás un turista más en Japón.

- ¿Y también me olvido que el entrenador me matará en cuanto sepa que me salí de la concentración?.- preguntó Gino, enarcando una ceja, dudoso.

- ¡Oh vamos!.- sonrió la joven-. Si Karl Heinz Schneider se salió de su concentración para ir al encuentro de Japón contra México, nosotros también podremos ausentarnos un rato.

- Sí, pero, Schneider tiene como entrenador a su padre y yo no.- debatió Gino-. Así que no es lo mismo.

- ¿Quieres confiar en mí?.- inquirió Erika, mirándolo directamente a los ojos, con mucha confianza-. Tengo todo arreglado.- agregó, al tiempo en que comenzaba a contarle lo sucedido.

Erika había planeado la salida durante la noche anterior, tomando en consideración todas las posibilidades y eventualidades que pudieran existir, le había platicado sus planes tanto a Alessio como a Fabio, quienes estuvieron de acuerdo y gustosos en ayudar en todo lo que pudieran y así entre los tres pasantes convencieron al Dr. Lucchetti para que los apoyara en el plan de la joven; al final, el médico había aceptado que cuando el entrenador preguntara por Gino, durante el entrenamiento del día, éste le diría que lo había enviado a una sesión de rehabilitación en una clínica muy buena y cercana al hotel, y que Erika lo había acompañado para que el resto del cuerpo médico se quedara en la práctica y de ese modo no se desatendiera al resto del equipo.

Bendetto Lucchetti era un médico de edad avanzada que había servido por largos años a las selecciones italianas, desde ramas infantiles y juveniles hasta la mayor, por lo que solía ser muy empático con los jugadores, a quienes solía tratar de manera muy paternal y en más de una ocasión se prestaba a solaparlos para que no tuvieran problemas con los entrenadores; sin embargo, a la hora de ser profesional y en cuanto a enfermedades y lesiones se trataba, era un hombre estricto que no daba su mano a torcer, siempre por el bien del jugador; por lo que no había sido muy difícil convencerlo de que los ayudara, con la única condición de que Gino no se excediera con sus lesiones, lo que Erika había prometido que no sucedería.

- ¿Por qué no me sorprende que el Dr. Lucchetti se prestara para esto?.- rio Gino de buena gana, en cuanto terminó de escuchar el relato.

Erika respondió riendo de igual manera y, luego de una pausa, Hernández miró a la joven, suspirando para luego continuar.

- Ok, soy todo tuyo.- comentó, extendiendo los brazos.

- Bien, andando entonces.- respondió ella, sonriéndole de nuevo y tomando su mano para dirigirse al interior de la estación.

Una vez que los jóvenes tuvieron los pases de abordar en sus manos se dirigieron hacia los andenes, en donde rápidamente localizaron el tren bala que los llevaría a su destino, abordando el lujoso vagón que partiría en cuestión de minutos; ya en el interior, ellos buscaron un par de asientos en donde acomodarse, quedando ligeramente apartados del resto de los pasajeros pues la cabina no iba llena a la totalidad de su cupo; finalmente, a la hora indicada en el tablero, el tren partió con la exactitud que lo caracterizaba.

Minutos después de que habían salido de la estación, Erika iba mirando distraídamente el paisaje del exterior a través del cristal de la ventana que tenía a su lado, cuando a Gino le comenzó a molestar nuevamente las lesiones de sus manos, pero sobre todo la de la izquierda, por lo que comenzó a mover sus dedos en un intento de aliviar un poco su dolor, flexionándolos y estirándolos de manera lenta pero rítmica.

- ¿Te duele mucho?.- preguntó Erika, con cierta preocupación al girarse a verlo.

- Gino se sorprendió con la pregunta, pues creyó que ella no le estaba prestando atención; quedándose sin saber qué responder, bajó la mirada hacia sus manos heridas y vendadas, reflexionando sobre ellas.

- He tenido días mejores.- respondió él, en un susurro luego de una pausa-. Aunque también puedo decir que he tenido días peores.- agregó, completando sus pensamientos en voz alta.

Hernández entonces cerró sus ojos y recargó su cabeza sobre el mullido respaldo de su asiento, respirando profundamente como intentando controlar el dolor que sentía. Por su parte, Erika se quedó contemplando por unos instantes las vendas en las manos de él y la piel que sobresalía debajo de ellas, para luego seguir con la vista la línea de la mano, ascendiendo por el brazo, el hombro y llegando a la curvatura que hacía su cuello hasta llegar a su mentón y luego el resto de su rostro, en el cual contempló cada una de sus facciones como queriendo grabarlas en su memoria; luego de eso, tomó la mano del portero más próxima a ella, haciendo que él se sorprendiera por el contacto y abriera los ojos.

- Creo que te podría ayudar a disminuir un poco el dolor si te rehago correctamente estos horribles vendajes.- le dijo Erika, riendo y acariciando suavemente la mano de él.

- Ok, ya entendí, hazlo correctamente.- rio él, dejando que la joven comenzara a hacer su trabajo.

Mientras Erika se entretenía desenrollando la venda, Gino no pudo evitar bostezar, lo cierto es que no había podido dormir casi nada durante la noche pues, después de la plática con Salvatore y la llamada de su hermano, el portero había tenido muchas cosas en mente como para poder conciliar el sueño.

- Te ves cansado.- comentó Erika, al verle.

- Lo siento.- respondió Gino, volviendo a bostezar y restregándose los ojos con la otra mano-. Es sólo que me despertaste muy temprano y de sorpresa.

- ¿Y por qué no duermes un poco?.- le sugirió Erika.

- No, estoy bien.- respondió Gino, con una ligera sonrisa.- Mejor cuéntame, ¿cómo están Leo y Eli? ¿En dónde están ahora?

Erika sonrió al recordar que Gino conocía y se llevaba muy bien con sus hermanos.

- Leo se fue a estudiar la universidad a Alemania, lamentablemente debido a sus actividades escolares él no pudo venir con Lily y Eli a Japón.- respondió Erika para luego sonreír-. ¿Sabes? Leo también está estudiando medicina.

- ¿En serio?.- Gino en verdad se sorprendió-. ¿Y por qué razón no te fuiste a estudiar a Alemania con él?.- preguntó, realmente curioso por saber-. Digo, si Leo también estudia medicina lo más lógico sería que hubieran entrado a la misma universidad, así estarían juntos.

Erika lo miró un instante antes de responder, buscando la mejor respuesta para darle, pues durante los años en que estuvieron separados, ella sólo había tenido una idea en mente y nada la había hecho cambiar de opinión: había decidido que en cuanto tuviera la edad suficiente como para poder independizarse, volvería a Italia pues quería estar de nuevo al lado de Gino y, aunque al final no se hubiera atrevido a acercársele en cuanto llegó a Milán, no pensaba irse de ahí.

- ¡No! Yo ya había tomado mi decisión de a dónde me iría a estudiar desde mucho antes que Leo lo hiciera.- respondió la pasante-. Además, me gusta más Italia para radicar.- agregó, tratando de sonar convincente.

Gino estaba a punto de preguntarle qué había querido decir con eso cuando Erika se le adelantó y continuó con la charla, como adivinando sus pensamientos.

- En cuanto a Eli, pues también está viviendo en Alemania.- siguió la joven-. Acaba de ingresar a la universidad y eligió radicar en Múnich.- rio divertida-. Y creo que es para estar más cerca de su adorado Káiser.

- ¿Pero acabas de decir que estaba en Japón, no?.- cuestionó Hernández, curioso.

- Sí, pero Lily y Elieth sólo vinieron de paseo a Japón, por el Campeonato Sub-19.- respondió Shanks-. Y básicamente, fue Eli quien arrastró a Lily para venir a ver a Genzo y a Karl en el torneo.

- ¿Entonces Lily también está en Alemania? ¿Ya no vive en México?.- cuestionó el arquero-. Ahora entiendo cómo es que terminó siendo la novia de Wakabayashi, supongo que se conocieron allá.

- Sí, se conocieron en Alemania, Eli los presentó pues viven juntas, Lily también acaba de ingresar a estudiar medicina.- respondió la pasante.

- ¿Qué acaso todos quieren ser médicos?.- se burló Gino, divertido.

- ¡No! Otros tantos más quieren ser futbolistas profesionales, algunos cuantos porteros.- contraatacó Erika, con sorna-. Y son ellos los que más van a necesitar de los médicos.

- Ahí si me atrapaste.- respondió Hernández, riendo de buena gana.

- De hecho nos vamos a ver con ellas en Nagoya.- comentó Shanks-. Estuve con ellas el día del partido inaugural y Karl también estaba ahí.

- ¿En serio? ¡Qué lástima!.- comentó el portero-. Me hubiera gustado saludarlo, ¿por qué no me comentaste que estaba con ustedes?

- Estabas demasiado entretenido comentando el partido con Salvatore.- la pasante hizo una mueca al mencionar al defensor-. No quería llegar a interrumpir con algo tan insignificante como que "El Joven Emperador de Alemania" te quería saludar y que "El Prodigio del Catenanccio" se molestara y me saliera con algún tipo de grosería.- comentó con sorna-. Pero ya al rato lo saludarás.

- Vamos, Salvo no es tan malo como parece.- comentó Gino, intentando defender a su compañero.

- Eso sólo lo dices tú.- respondió Erika, con un suspiro-. En fin, que no quiero hablar de él en este momento.

- Ok, entonces dime, ¿qué hacía Schneider en Kashima si a él le toca jugar en la región de Chubu?.- preguntó Hernández.

- Fue a analizar al equipo japonés como lo hicimos nosotros.- respondió Shanks, restándole importancia al asunto-. Sabes perfectamente bien que en este mundo no hay jugador más poderoso que Tsubasa Ozora y que todos quieren vencerle a toda costa.- agregó, irónica, a lo que Gino soltó la carcajada.

- Y de paso ver a Elieth, supongo.- agregó el portero.

- ¡Exactamente, así fue!.- sonrió la pasante-. Ya sabes cómo son esos dos y no han cambiado para nada en su forma de actuar, par de necios que son; siempre andan un tiempo, se pelean por una idiotez y al rato ya están llorando porque están separados; luego de eso, se reconcilian y son felices de nuevo y se vuelve a repetir todo el ciclo. Por mucho que Eli lo niegue, tanto ella como los demás, sabemos perfectamente bien que son el uno para la otra, aunque al pobre de Karl le tocó la chica más mula de todas.

- Pues sí, pero en el amor no se manda.- rio Gino, ya que conocía de sobra la relación de esos dos, al verla visto en persona-. La verdad es que yo tuve mucha suerte con eso, ¿cierto?

Erika, por respuesta se sonrojó y casi se le cae la venda que estaba enrollándole a Gino en la mano, pues no se esperaba ese comentario.

- Es verdad.- respondió la joven, apenada y bajando la vista-. A ti no te costó nada conquistar a una Shanks.

- Como dije, eso fue porque tuve mucha suerte.- él la miró fijamente, esperando una señal para continuar-. Espero aún tenerla.

Erika no supo que responder, se había avergonzado mucho y prefirió no verle directamente para mejor mirar atentamente la mano que ya había terminado de vendar y que así él no notara su turbación.

- ¡Listo! Ya están bien vendadas.- comentó Erika, cambiando el tema, a lo que Gino solo suspiró y sonrió al agradecerle.

Después de una ligera pausa, ambos jóvenes suspiraron nuevamente antes de dirigir sus miradas cada uno a un punto diferente, reprochándose mentalmente por no tener el valor suficiente para decirse de una buena vez todo aquello que en verdad deseaban decirse.