Capítulo 18.
Nagoya, prefectura de Aichi. Japón.
Estación de Trenes.
Aproximadamente dos horas después de que el tren bala había partido de la estación de Tokio, éste ya se encontraba arribando puntualmente en los andenes de la estación de Nagoya y sus pasajeros descendían ordenadamente del mismo. Gino y Erika fueron de los últimos en bajar pues no traían prisa como el resto de las personas, y una vez que se encontraron en los pasillos que conducían a la salida de la estación, la joven le preguntó al portero sobre lo que deseaba hacer a continuación.
- ¿Qué te parece si buscamos algún restaurante para desayunar?.- sugirió Erika, analizando las opciones-. Según la guía que leí anoche en el hotel, en la ciudad ofrecen un servicio matinal de chuletas miso elaboradas con miso rojo y cafés, en donde podemos pedir además una bebida tradicional con el desayuno.- agregó entretenida, con tono de presentadora gourmet.
- ¿No crees que es muy temprano para beber?.- rio Gino, divertido, pues sabía de antemano que ella se encontraba bromeando.
- Bueno, aquí sólo tú eres el deportista y quien no debe beber ni una gota de alcohol.-respondió, bromeando, la pasante-. Pero en mi caso no es así, yo sí puedo probarlo.- agregó, guiñando un ojo.
- Seguramente ése sería un gran inconveniente que podrá detener a todos los jugadores del torneo para que no beban, ¿verdad?.- se burló él, de igual manera.
- Exactamente, eso mismo pensé.- respondió Erika, con sorna-. Sobre todo a Karl, quien se tomó un litro de cerveza cuando estábamos en el estadio Kashima o a Salvatore que bueno ya sabemos cómo terminó en la fiesta de Bienvenida.- respondió ella, divertida-. Bueno, ¿entonces qué te parece un salmón a la plancha?
- Paso, es demasiado como para un desayuno.- respondió él, entre risas-. ¿Qué te parece algo más ligero?
- Ok, entonces busquemos algo más tradicional.- rio ella.- "Un morning service" de pan tostado y café.
Así pues, la pareja se fue en busca de un lugar en donde poder desayunar para luego comenzar a deambular por la ciudad, llegando en primer lugar al Castillo de Nagoya, el cual era un histórico edificio del año 1612 y que tenía una peculiar estructura vertical de siete pisos, con múltiples tejados con formas triangulares y en color verde seco pero sobre todo con una impresionante decoración de Shachihoko o peces mitológicos dorados que coronaban la cima de los tejados del castillo. Los jóvenes no perdieron la oportunidad de subir al mirador que se encontraba en el séptimo piso del castillo para admirar desde ahí la hermosa vista panorámica de la ciudad, en donde también aprovecharon para tomarse una foto juntos.
Luego de su salida del castillo, Gino y Erika decidieron ir a visitar el Jardín Japonés Teien de Shirotori, el cual se situaba en el interior del parque del mismo nombre, y que contaba con un hermoso lago tradicional japonés en su interior, con peces koi, múltiples senderos que te conducían alrededor del lago y puentes de madera en color rojo, mostrando además, la hermosa vista de las hojas otoñales que eran en ese momento de una belleza singular, convirtiéndose éstas en una infinita variedad de bellas tonalidades que iban entre el rojo, rosa, amarillo, verde y ocre. De igual manera, Gino no perdió oportunidad de tomarse cuantas fotos pudo al lado de Erika, con los hermosos paisajes de fondo.
Finalmente los jóvenes decidieron regresar a la estación de trenes para dirigirse a la ciudad de Toyota en donde se encontraba localizado el estadio, por lo que comenzaron a andar de regreso, atravesando el Jardín Noritake que se encontraba a su paso y muy cerca ya de la estación de trenes de Nagoya, en donde sus andadores se localizaban entre grandes muros de ladrillo de lo que fuera antes una compañía fabricante de cerámicas, teniendo en su paso exposiciones artísticas y tiendas comerciales para curiosear. Al final, no sólo había sido Gino sino también Erika quien había aprovechado su paseo por la ciudad para tomarse fotos al lado del joven en todos los monumentos, parques y sitios tradicionales japoneses que pudieron ver.
Así pues, luego de algunas horas de distracción y esparcimiento por la ciudad de Nagoya, Gino y Erika finalmente abordaron el transporte que los llevaría a su destino final: la pequeña ciudad de Toyota, sitio en donde se encontraba ubicado el Estadio del mismo nombre y en donde se enfrentarían la selección juvenil de Alemania contra su similar de Estados Unidos; y una vez estando allá, ellos se trasladaron al estadio, llegando finalmente a escasos minutos de que diera inicio el encuentro.
Una vez estando a las afueras del estadio, Erika le envió un mensaje de texto a Elieth para preguntarle en dónde se localizaban ella y Lily, para luego ingresar junto con Gino a las instalaciones, encontrando a las jóvenes sentadas en las tribunas bajas, muy cerca de la banca alemana.
- ¡Por acá!.- saludó Elieth, al ver a los recién llegados-. Creímos que no llegarían a tiempo.
- Perdón tardamos un poco más de lo previsto en los transbordos.- respondió Erika, llegando al lado de su hermana, saludándola para luego hacer lo mismo con Lily.
Gino entonces procedió a saludar a ambas chicas, quienes le correspondieron afectuosamente.
- Hacía mucho tiempo que no las veía.- comentó Gino.
- Eso es lo mismo que decimos.- respondió Elieth, con sonrisa pícara-. Esperamos verte más seguido a partir de ahora y cuando quieras puedes ir a visitarnos a Alemania junto con Erika.- canturreó.
Por respuesta, la pasante se puso roja de la pena, queriendo asesinar a su hermana menor en ese instante. Fue entonces cuando las otras jóvenes se percataron de las lesiones de Gino, mirando sorprendidas las manos de éste y justo cuando Elieth estaba a punto de hacer un comentario, la mayor de las hermanas Shanks disimuladamente le hizo señas para que no comentara nada e indicándole que luego le explicaría, a lo que la otra obedeció.
Los cuatro jóvenes tomaron sus asientos justo al tiempo en que los jugadores saltaban a la cancha, escuchándose en todo el lugar un estruendoso grito por parte de la afición, quienes mayoritariamente eran partidarios del equipo teutón. Tanto Lily como Elieth portaban playeras de Alemania con el número 11 en su dorsal, prueba inequívoca de a quién se encontraban apoyando ese día.
- Nos hubieras traído playeras para nosotros también.- se burló Erika, señalando la camiseta de su hermana.
- No, ustedes ya tienen sus uniformes oficiales italianos.- respondió Elieth, mostrándole la lengua a su hermana.
- ¿Y tú, Lily, cuál es tu justificación para tu playera?.- preguntó Gino.
- Karl es mi mejor amigo, por lo que hay que apoyarlo.- respondió Lily, con una sonrisa.
En la cancha, Karl Heinz Schneider se encontraba saludando a los árbitros del partido para luego estrechar manos con el capitán del equipo de los Estados Unidos, en una muestra de deportivismo y juego limpio, a pesar de que el estadounidense tenía una actitud arrogante; luego de los saludos reglamentarios, el réferi procedió entonces a realizar el volado y a designar las porterías para finalmente dar inicio al encuentro. El equipo alemán tenía la posesión del balón y bajo los pies de su jugador estrella se lanzó con todo al ataque desde el primer minuto del partido.
- Comienza el encuentro.- comentó Gino, poniendo toda la atención al mismo.
Karl Heinz Schneider pronto demostró por qué era conocido como el Ace Killer de Alemania, haciendo gala de su excelente estilo de juego y anotando en el minuto diez el primer gol del encuentro, para abrir así el marcador. La jugada del gol había sido originada desde su propia área, en donde Herman Kaltz con una magnifica barrida había logrado recuperar el balón de los pies del adversario para luego lanzar un largo despeje que llegaría a Manfred Margus, quien hábilmente se llevaría a los últimos defensores antes de lanzarle un pase a Schneider, quien con un magnifico tiro de volea marcó el primer tanto.
- ¡Gooool!.- gritaron Elieth y Lily, saltando al mismo tiempo de sus asientos.
- ¡Así se hace, Karl!.- completó Elieth, eufórica.
- Magnífica jugada.- comentó a su vez Gino-. Probablemente ni yo hubiera podido detener ese tiro.
A partir de ese punto, Alemania continuó dominando en todas las acciones que surgían tanto en su área como frente a la portería rival, y en un pase alto lanzado por su compañero del Werder Bremen, Franz Schester, Margus logró anotar el segundo tanto del encuentro con un remate de cabeza al minuto treinta y cinco de la primera mitad, ocasionando una gran ovación por parte de los aficionados, incluyendo tanto a la francesa como a la mexicana que estaban muy pendientes de cada jugada.
- No sólo Schneider es un magnifico jugador y goleador, el número diez también es excelente oponente.- comentó Gino, sorprendido.
- Alemania es un equipo muy fuerte.- respondió Erika-. Tendremos que tener mucho cuidado con ellos.
- Así es.- Gino se giró a verla y le sonrió-. Me gustará mucho el poder enfrentarlos.
El juego continuó del mismo modo y pese a que Estados Unidos hacía todo lo posible por llegar a la portería alemana, era fácilmente vencido por la defensa teutona, ocasionando una gran frustración en el capitán estadounidense; el partido se encontraba claramente dominado por Alemania, quienes jugaban en su mayoría en el área americana y sin permitir el más mínimo error de su parte. Fue entonces cuando Erika desvió su mirada de la cancha para ver por un instante a Gino, quien se encontraba muy concentrado en el juego, analizando, como era su costumbre, cada una de las acciones, y gritando y gesticulando con las manos en cada una de ellas, claramente emocionado por el encuentro.
"Creo que después de todo, sí fue buena idea el venir a este partido", pensó Erika, al tiempo en que sonreía.
Las acciones continuaron del mismo modo hasta que el árbitro dio por finalizada la primera parte del encuentro y ambas escuadras se retiraron a los vestidores con un marcador d en favor del equipo europeo. Fue entonces cuando Gino se levantó de su asiento para estirarse y se ofreció caballerosamente a ser él quien fuera a buscar algún tipo de bebida para los cuatro.
- ¿Y bien?.- preguntó Elieth, una vez que Gino se había alejado lo suficiente como para no escuchar la conversación-. ¿Vas a contarnos qué demonios fue lo que sucedió?.- preguntó con preocupación.
Erika suspiró entonces con gran aprensión antes de responder.
- Es una larga historia.- contestó finalmente-. La verdad no nos fue muy bien en el primer partido.- comenzó a decir.
Entonces la joven les detalló a las otras dos lo que había sucedido en el encuentro de Italia contra Uruguay y de cómo en el último minuto habían salido lesionados tanto Gino como Salvatore debido al tiro de Ryoma Hino, perdiendo el partido en la misma jugada.
- Tanto Karl como Genzo deben cuidarse mucho de los disparos de este jugador.- sentenció Erika, con severidad.
- Se lo comentaremos a los dos para que estén prevenidos.- comentó Lily, con la misma seriedad, a lo que la pasante asintió de conformidad.
Luego de eso, Erika les contó sobre el tipo de lesiones que ambos jugadores tenían y sobre las indicaciones que el Dr. Lucchetti había dado al respecto, a lo que las otras dos jóvenes se preocuparon mucho.
- Así que aún no sabemos si Gino y Salvatore jugarán en el próximo partido.- comentó la mayor de las Shanks-. Es por eso que quise distraer a Gino un rato con algo que pensé le gustaría, además de que sería buena idea venir a verlos.
Tanto Elieth como Lily se quedaron sin palabras por los acontecimientos, Hernández era un buen amigo de ellas y lo menos que deseaban para él era que saliera lastimado por un jugador que aparentemente no tenía la menor consideración con los demás.
- En cierto modo me recordó a Kojiro Hyuga en sus inicios.- comentó Elieth pensativa-. Genzo alguna vez me comentó que, cuando estaban en la primaria, a Hyuga no le interesaba mucho la seguridad de sus contrincantes y por lo que dices este tal Hino es exactamente igual.
- Puede que tengas razón.- comentó Erika, pensativa-. Aunque creo que este tipo es mucho peor, ya que ya no es un niño como para andar haciendo ese tipo de cosas.
- Y eso que no han visto a los peores.- comentó Lily, igual de enojada que las otras dos-. Recuerden al tal Stefan Levin de Suecia, que lesionó a Genzo en la Bundesliga, o a Brian Cryufford que también lo lesionó en un partido amistoso.
- Mmm, cierto, ese Levin también es otro al que no le interesa la seguridad de los demás, creo que este torneo tiene demasiado idiotas en los equipos.- comentó Elieth, molesta.
Y tanto Erika como Lily no pudieron más que estar de acuerdo con la aseveración.
- En cuanto a Cryufford, no sé qué pensar, quizás fue sólo un accidente, lo conocemos y sabemos que no es del tipo de personas que les valga la seguridad de los demás.- agregó Erika, a lo que Elieth asintió.
- No estoy tan segura de eso.- rezongó Lily, no muy convencida.
- Por cierto.- comentó Elieth después de una pausa, en donde pareció meditar el asunto y decidió cambiar el tema por otro tema menos importante, pero quizás más divertido-. ¿Tienes una cita con Gino en un partido de soccer?.- se burló Elieth, después de digerir las noticias desalentadoras y tratando de mejorar el ánimo.
- ¿Quién dijo que era una cita?.- respondió Erika, toda apenada-. Esto no es una cita.
- Yo diría que sí lo es.- se burló Lily, a su vez.
- ¡Oigan, lo vieron!.- se defendió la pasante-. ¿Vieron la cara de felicidad que tenía al mirar el partido? Yo sólo deseaba que se desestresara un poco.
- En ese caso, lo que tú debiste haber hecho es llevártelo a tener sexo desenfrenado y no a un partido de fútbol.- comentó Elieth, con sorna-. Ahí si se hubiera desestresado y estaría feliz de la vida en este momento.- completó burlona la francesa, siendo secundada por la mexicana quien no pudo evitar reírse con ganas.
- ¡Lily!.- exclamó Erika, avergonzada.- ¿Tú también?
- ¿Qué te puedo decir? .- respondió la aludida-. El sexo es un buen desestresante, comprobado.- comentó, para luego reírse de nuevo.
- Par de tontas.- se defendió Erika-. Ya les dije que sólo deseaba hacerlo sentir mejor.
- Por eso.- volvió a atacar su hermana-. Con eso lo hubieras puesto de un excelente humor, tenlo por seguro.
Justo en ese momento, Gino apareció por las escalinatas y las jóvenes decidieron dar por terminado el tema. Hernández entonces entregó a cada una de las jóvenes un vaso de fría y espumosa cerveza, al tiempo en que se volvía a sentar en su lugar.
- ¿Qué te dije de no beber?.- se burló Erika.- ¿No se suponía que no querías? O eso fue lo que dijiste hace un rato.
- Uhm.- respondió Gino, encogiéndose de hombros y dándole un trago a su cerveza-. No es cerveza italiana pero no está mal.- comentó antes de responderle a Erika-. Pues como bien dijiste hace rato, si Schneider puede tomarse una cerveza, ¿por qué yo no?.- le sonrió divertido a la pasante, a lo que ella le devolvió el gesto.
Las jóvenes entonces se acomodaron nuevamente en su sitio pues en cualquier momento daría inicio la segunda parte del encuentro.
Por cierto, Lily.- preguntó Gino-. ¿No piensas ir a apoyar a la selección japonesa en su próximo partido?
- Aún no lo sé.- respondió Lily-. Es cierto que deseo ver jugar a Genzo, pero es poco probable que él juegue en el siguiente encuentro pues sus manos aún no se recuperan del todo, así que en todo caso iría a verle después del partido.
- Así que es cierto que son pareja.- comentó Gino-. No tenía idea de que tú y Wakabayashi se conocieran, mucho menos que estuvieran saliendo.
Gino había conocido a Lily Del Valle algunos años atrás cuando estuvo en París y la joven había ido a pasar sus vacaciones con los Shanks; fue gracias a ellos que él conoció a la mexicana y en ellos había surgido una buena amistad pero después de terminar con Erika, se había alejado un poco de los demás, a pesar de tratar de continuar en contacto, siendo que a estas alturas él consideraba que desconocía muchas cosas sobre ellos, como el hecho de que Lily conociera a Wakabayashi.
- Ah, bueno, sí.- Lily se ruborizó de inmediato-. Genzo y yo nos conocimos cuando yo llegué a vivir a Múnich, de ahí las cosas se fueron dando solas y bueno ahora estamos juntos.
- Y llevan una relación mucho más estable que otros que conozco.- comentó Erika, burlándose de su hermana.
- No te vayas a morder la lengua, hay otros que por más que se tienen enfrente el uno de la otra nomás no hacen nada por dar el siguiente paso.- refutó Elieth, haciendo sonrojar a su hermana y de paso a Gino también.
Justo en ese momento, los jugadores volvieron a saltar a la cancha y tanto Erika como Gino aprovecharon el momento para desviar el tema.
- Ya va a reiniciar el partido.- comentó Erika.
En ese instante, el árbitro pitó el nuevo inicio de las acciones, teniendo esta vez la posesión del balón la escuadra americana; en las alineaciones no se había hecho ningún cambio, por lo que los veintidós jugadores iniciales continuaban en el campo. El capitán estadounidense se lanzó con todo al ataque en un esfuerzo de recuperar esos dos tantos que llevaban de desventaja; sin embargo eso ocasionó que descuidara un poco su retaguardia.
El equipo alemán aprovechó esas brechas que sus oponentes les habían dejado y en un rápido contraataque iniciado desde su propia cancha, lograron el tercer tanto a los siete minutos de comenzada la segunda mitad. La jugada la había iniciado Kaltz al recuperar el balón de los pies del capitán estadounidense, para luego lanzar un tiro de larga distancia que atraparía Franz Schester en el medio campo, quien corrió veloz por la banda izquierda y dribleó a cuanto jugador se le atravesó en el camino, luego lanzó un centro justo en frente de la portería rival para que Karl Heinz Schneider rematara con una chilena, incrustando el balón en las redes rivales.
- ¡Gooool!.- gritaron al unísono los cuatro jóvenes, secundados por miles de fanáticos más.
- ¡Así se hace, Mein Káiser!.- gritó Elieth, muy emocionada.
- Segundo gol del partido.- comentó, a su vez, Lily-. ¡Bien hecho, Karl!
- Hay que admitir que Schneider es un excelente jugador.- comentó Gino-. Prácticamente cualquier balón que toma lo convierte en gol, por algo Alemania es una de las favoritas a ganar el campeonato.
- Ustedes también son considerados favoritos, podrían enfrentarse en la final contra Alemania.- comentó Lily, a lo que Gino le sonrió agradeciéndole sinceramente por sus palabras.
"Primero esperemos pasar a la siguiente fase antes de pensar en llegar a la final", pensó Gino, muy a su pesar.
El partido se reanudó y los alemanes tomaron rápidamente de nuevo el control del encuentro, dominando cada una de las acciones que se desarrollaban en campo de juego americano; pronto se hizo más que evidente la supremacía teutona sobre los estadounidenses y el cuarto gol no tardó en llegar. Karl se había llevado a todos sus contrincantes desde el medio campo, haciendo gala de su destreza y fuerza, llegando fácilmente al área chica de la portería enemiga en donde realizó un hermoso Fire shot, logrando su tercer tanto del encuentro.
- ¡Gooooool!.- volvieron a canturrear los jóvenes.
- ¡Sí, un hat-trick!.-comentó Lily, feliz.
- ¡Alemania está aplastando con todo a Estados Unidos!.- comentó Elieth.
- Estados Unidos no se debe sentir mal por este resultado.-comentó Gino-. Alemania es un equipo muy fuerte y consolidado, no sólo tiene a Schneider como su máximo goleador sino además tiene grandes figuras en el campo de juego como lo son Margus y Schester en el ataque, o Kaltz y Müller en la defensa, y sin menospreciar el talento del equipo americano, creo que sí podría ser difícil para ellos vencer a la Mannschaft.
- ¡Cierto!.- comentó Elieth-. Alemania es un equipo muy fuerte que ha logrado vencer a grandes rivales.
- Así es.- respondió Gino-. El año pasado Italia se enfrentó a Alemania en la final de la Euro Sub-19 y tuvimos que conformarnos con el segundo lugar pues Schneider no nos permitió hacernos con la victoria, es cierto que el marcador quedó sól pero aun así fue él quien se llevó la copa de esa edición.
- Ya la ganarán la próxima vez.- comentó Erika, alentando a Gino, a lo que él le sonrió.
En la cancha, el partido nuevamente se reinició, continuando con el dominio alemán en cada una de las jugadas y por más que el equipo estadounidense hizo todo lo posible por variar la situación, lo cierto fue que al final, se fueron desmoronando cada vez más, perdiendo la concentración y cometiendo cada vez más errores en el campo, facilitándole de este modo al equipo alemán su quinto tanto del encuentro, el cual fue un magnifico remate por parte de Franz Schester. Cuando el árbitro pitó el final del encuentro, el marcador qued favor de los alemanes.
En las gradas, todos los aficionados celebraban el triunfo de la Mannschaft y los jóvenes no fueron la excepción, tanto Elieth como Lily se veían realmente felices por la victoria e incluso Erika y Gino festejaban el resultado.
- ¿Qué tal, si para celebrar la victoria de Alemania, vamos a comer un Yakitori?.- comentó Elieth, no pudiendo contener su alegría, a lo que los otros tres aceptaron la sugerencia-. Le mandaré un mensaje a Karl para ver si nos puede acompañar.- comentó la francesa, sacando su celular.
Luego de un rato en que los jóvenes esperaron a las afueras del estadio a que Schneider terminara de arreglarse, éste por fin hizo acto de presencia. Elieth entonces corrió a su encuentro a lo que Karl la recibió con los brazos abiertos.
- Muchas felicidades Mi Emperador.- le comentó Elieth, dándole un beso en los labios al alemán.
- Si me sigues dando este tipo de recompensas con cada victoria que obtenga, prometo ganar todos los encuentros hasta la final.- sonrió Karl, abrazando a su novia.
Después, la pareja se acercó a los otros jóvenes que los esperaban a cierta distancia y entonces Schneider procedió a saludar tanto a Lily como a Erika, quienes de igual manera le felicitaron por su triunfo, para luego mirar al italiano.
- Felicidades por tu hat-trick.- comentó Gino, al darle la mano al alemán.
- Muchas gracias, Hernández, un gusto verte por acá.- respondió Karl, notando en ese instante los vendajes que el portero traía-. ¿Qué sucedió?.- preguntó, con genuino interés.
- Ah, no es nada importante, estaré al cien para el siguiente partido.- mintió Gino, a lo que Erika lo miró con el ceño fruncido.
Los jóvenes entonces partieron para buscar un buen sitio en donde comer, conversando alegremente por horas, y mucho rato después, Gino y Erika comentaron que era hora de regresar a Tokio, por lo que se despidieron de los demás.
- Suerte en tu próximo partido.- comentó Schneider, estrechando sus manos.
- Muchas gracias.- respondió Hernández-. Ojalá y nos toque enfrentarnos en alguna de las siguientes rondas del torneo.
- Eso me encantaría, aunque por supuesto ten por seguro que si sucede, seré yo quien gane.-respondió el alemán, con actitud seria-. Pero mientras tanto, cuida esas lesiones.- agregó, en tono más amistoso.
Gino sólo atinó a reír como respuesta al comentario de Schneider, le había causado mucha gracia el darse cuenta de que era más que obvio que ellos jamás cambiarían pues sólo pensaban en vencer. Después de eso, Elieth les comentó que tanto ella como Lily viajarían para el próximo encuentro de Japón y que muy seguramente ahí los volverían a ver.
- ¿Ahora si irán a apoyarnos a nuestro partido?.- preguntó Erika-. ¿O nos dejarán solos como la última vez?.- se quejó.
- Esta vez los animaremos en su siguiente encuentro.- respondió Elieth-. Lo prometo.
- Más les vale.- sonrió Erika, para luego abrazar a su hermana, a su amiga y a su futuro cuñado.
Y luego de las despedidas, tanto Erika como Gino se retiraron del lugar para tomar el autobús que los llevaría de regreso a la estación de trenes y, tiempo después, ambos jóvenes por fin abordaban nuevamente el lujoso vagón del tren bala que los conduciría de regreso a la capital.
La pareja una vez más quedó separada del resto de los pasajeros debido a la poca afluencia de personas en el tren, por lo que podían conversar tranquilamente sin ser interrumpidos por nadie más. Fue entonces cuando la joven sacó de su bolso una pequeña bolsa de papel en donde traía un pequeño pastelillo que había comprado antes de abordar el tren, para luego dárselo al portero.
- ¿Y esto?.- preguntó Hernández, tomando el bocadillo.
- Sólo el postre.- sonrió, sacando otro igual para ella.
Al ver el panecillo, Gino sonrió al recordar aquella ocasión, estando ya en Italia, que Erika lo había sorprendido apareciendo en el entrenamiento, después de una dura semana para él, llevándole una enorme caja de chocolates que ella misma había preparado y diciéndole que eran sólo como recompensa por un difícil día.
- Gracias por todo.- comentó Hernández, después de una pausa y mirando aún el postre-. De alguna manera, tú siempre logras hacerme sentir bien con tus sorpresas.- agregó, levantando la mirada para ver a la joven.
- Ésa es la intención.- sonrió Erika, mirándole fijamente con dulzura.
En ese instante la joven pudo notar el cansancio que se comenzaba a acumular en el rostro del italiano.
- No dormiste anoche.- le aseguró la joven.
- ¿Por qué dices eso?.- preguntó Gino, sorprendido por el comentario.
- Se te nota a leguas.- respondió Erika-. Y de seguro fue por el estrés que acumulas por preocuparte por todos.
- Como te dije, es parte de ser el capitán.- respondió Hernández, desviando la mirada-. Debo velar por el bienestar del equipo.
- Tú sostienes en tus hombros a todo el equipo pero, ¿quién te sostiene a ti?.- comentó Erika, tocando con suavidad el rostro de Gino con su mano para hacer que él la mirara directamente-. Eso no es justo, tú también mereces un hombro en quien apoyarte, y ese hombro puedo ser yo si tú lo quieres.- agregó, algo tímida.
Gino por respuesta, sonrió y recargó, durante unos segundos, su rostro en la mano de la joven para luego acercarse y esconderlo entre el hombro y el cuello de ella, aspirando su aroma el cual le reconfortó al instante.
- Hueles muy rico.- le comentó él, en un susurro.
Erika entonces sonrió y pasó su brazo a través de la espalda, abrazándolo.
- ¿A estas horas?.- respondió ella, sonriendo divertida-. Yo lo dudaría y mucho.
- Siempre lo haces.- comentó Gino-. Tú jamás pierdes esa deliciosa fragancia, ese agradable olor que en donde quiera que lo llegue a percibir siempre me recuerda inmediatamente a ti.
- Por favor, ya no digas nada más y mejor duérmete.- sonrió Erika, sumamente apenada.
Erika movió a Gino para que se acomodara y que éste quedara recostado sobre su regazo, colocándole su abrigo como almohada para que estuviera más cómodo, abrazando su pecho con uno de sus brazos y acariciando su cabello con la otra mano. Hernández entonces se acurrucó, saboreando el tan anhelado y codiciado momento de intimidad entre ellos, disfrutando la cercanía con ella, que parecía que el destino quería regalarle como la cereza del pastel de un gran día a su lado.
Gino no sabía aún qué pasaría al terminar el campeonato, pero se dijo que sería algo que tendría que enfrentar a su debido momento, el cual probablemente sería en el vuelo de regreso a Italia, y pensó que si bien estos momentos de intimidad al lado de ella no podrían eliminar del todo sus preocupaciones, frustraciones y sufrimiento, casi podría decir que estaban muy cerca de conseguirlo. Y luego de un rato, Hernández por fin cayó profundamente dormido en los brazos de Erika, quien suavemente acariciaba el cabello de él.
