Capítulo 19.
Tokio, Japón. 14 de Octubre.
Campo de Enteramiento de la Selección Juvenil Italiana.
La selección juvenil de Italia se encontraba en esos momentos realizando su último entrenamiento previo al enfrentamiento que tendrían al día siguiente contra su homóloga mexicana; dicha práctica parecía llevarse a cabo con relativa normalidad, salvo algunos detalles menores. El entrenador Santoro se encontraba en el límite de la cancha, dándoles instrucciones a los jugadores en un intento de mejorar la coordinación del equipo, mientras que Gino realizaba algunos ejercicios de estiramiento al lado de los dos porteros suplentes, mostrándoles además cuales podrían ser las mejores técnicas para defender la portería así como dándoles consejos de cómo desplegar correctamente la defensa en su beneficio. Hernández aún no sabía si estaría dentro del cuadro inicial para el partido, por lo que tenía que confiar, de ser necesario, en que su suplente cubriría bien su puesto.
Por su parte, Salvatore había sido separado del resto de los jugadores, manteniéndolo con ejercicios de bajo impacto para su rodilla, lo que lo tenía de mal humor pues deseaba entrenar con los demás; esto, aunado al hecho de que ya se había hartado de los ejercicios que le habían impuesto, hizo que se decidiera cambiar la situación y se acercó al ras de la cancha, en donde escasos minutos atrás había visto al Dr. Lucchetti al lado de Erika observando a los jugadores y haciendo algún tipo de anotaciones al respecto, con la firme intención de convencer al médico de que le permitiera entrar al entrenamiento de lleno. Sin embargo, al llegar al lugar, se encontró con que el galeno ya no se hallaba en su sitio debido a que había ido a conversar con el entrenador Santoro, previo a que el último tomara la decisión sobre la alineación final del encuentro, mientras que la pasante miraba con mucha atención a Gino.
- ¿Se te ofrece algo?.- preguntó Erika, curiosa de ver al defensor parado en el lugar, una vez que se percató de su presencia.
- No, no es nada, sólo buscaba al Dr. Lucchetti.- respondió Salvatore, tratando de no darle explicaciones a la joven.
- ¿Necesitas algo?.- pregunto Erika, con cierta preocupación-. ¿Es acaso que te duele tu pierna?
- ¡Que no!.- respondió Gentile, con más rudeza de la necesaria, para luego darse media vuelta, dispuesto a salir de ahí.
Salvatore se sentía muy frustrado porque, una vez más, sus planes no habían salido como él quería, y ese desesperado deseo de volver a jugar lo estaba volviendo loco; tenía que jugar a cualquier costa y no sabía cómo lograrlo, por lo que bufó irritado antes de retirarse de ahí. Pero justo cuando había dado los primeros pasos retirándose derrotado, algo en su interior le hizo aventurarse a regresar; no sabía bien qué lo había movido a tomar esa decisión pero lo que sea que hubiera sido, lo impulsó a volver para pedirle la ayuda que necesitaba a Erika, esperando no arrepentirse después.
- Necesito de tu ayuda.- comentó, fríamente, Salvatore, una vez que estuvo de nuevo frente a Erika.
La joven entonces lo miró con cierta desconfianza, pues le extrañó mucho que fuera precisamente él quien le pidiera ayuda.
- ¿Qué es lo que necesitas?.- respondió la joven, intentando sonar lo más profesional posible.
- Necesito volver al entrenamiento, ya no puedo estar con esas idioteces que me pusieron a hacer.- comentó Salvatore, exasperado.- Necesito que me ayudes a que juegue el día de mañana.
- Esa no es decisión mía.- respondió la pasante, regresando a la labor que había estado haciendo antes de que el jugador llegara.
- ¿Y no hay nada que puedas hacer para que pueda volver a jugar? ¿No se supone que eres muy buena?.- cuestionó Gentile, molesto por no obtener lo que deseaba-. ¿No por eso estás aquí?
- Los médicos no son magos que puedan curar una lesión con una varita mágica.- le respondió Erika, mirándolo severamente a los ojos-. Tampoco podemos hacer que si te da un infarto en medio del campo de juego, se te reviva y que a los cinco minutos ya estés jugando de nuevo como si nada, las cosas no funcionan de ese modo.
- ¿Quién es su sano juicio moriría en el campo y enseguida querría volver a jugar como si nada?.- se burló Salvatore.
- ¿En serio tú no lo harías?.- cuestionó la pasante, incrédula.
- Mmm, no lo sé.-respondió Gentile, pensativo-. Quizás si se tratara de un partido importante, sí lo haría.
- ¿Por qué no me sorprende? Idiota tenías que ser.- bufó la joven-. Y de seguro también eres de los tarados que se meterían en frente de un tiro muy potente para que los maten en el proceso.
- Si con eso evito el gol.-comentó Salvatore como si nada.
- ¡Y por eso estamos justamente aquí!.-comentó Erika, gesticulando con las manos y señalando la rodilla del jugador-. Tu lesión lo que necesita es reposo para recuperarse, jugarás cuando te encuentres en las condiciones necesarias para hacerlo y si no me crees, puedes preguntárselo directamente al Dr. Lucchetti en cuanto regrese.
- Pero yo necesito estar listo para mañana.- bufó Salvatore, sentándose en el pasto, pues su pierna se lo pedía a gritos-. A diferencia de otros que vinieron a pasear yo estoy aquí únicamente para derrotar al estúpido mono de Aoi Shingo y no lo voy a conseguir estando en la banca.
Erika entonces recordó que Gino le había comentado que cuando regresaron al hotel, aquella noche de su viaje a Nagoya, el joven encontró en su habitación a un Salvatore claramente de muy mal humor, el cual le había reclamado por largas horas su ausencia debido a que el entrenador Santoro se había desquitado en cierto modo con él por las fallas que el resto de los jugadores tenían, por lo que el defensor al final del día le reclamó al portero que la responsabilidad de soportar a Santoro cuando se ponía insoportable no era suya, sino del capitán del equipo.
- ¿Sólo a eso viniste, a una tonta disputa contra un solo jugador?.- cuestionó la francesa, ácidamente.
- No, también a limpiar el honor de Italia que tu novio arruinó hace cuatro años.- respondió, en el mismo tono, Gentile.
Erika frunció el ceño e iba a responderle como se merecía, cuando en ese instante recibió una llamada telefónica, lo que hizo que sólo enviara al Salvatore al carajo mentalmente. La joven entonces tomó la llamada y como seguía con las manos ocupadas utilizó el altavoz de nuevo.
- ¿Qué hay, petite?.- comentó Erika, intentando sonar lo más relajada posible.
- ¿Mucho trabajo? Te escuchas algo estresada, si quieres te llamo más tarde.- comentó la menor de las hermanas Shanks.
- ¡No! Está bien.- negó la pasante-. No es nada de qué preocuparse, sólo es un fastidioso y muy molesto bicho, al cual no hay que darle importancia.- comentó, mirando de reojo a Gentile, quien fingía que se entretenía mirando a sus compañeros en el campo.
- Ok, en ese caso seré breve.- comentó Elieth-. Sólo llamaba para preguntar cómo estaban, ¿no tuvieron ningún problema al regresar?
- No, todo estuvo muy tranquilo.- respondió la hermana mayor.
- ¿Cómo sigue Hernández, podrá jugar el día de mañana?.- se escuchó de pronto a una voz masculina preguntar, la cual no era otra que la de Schneider.
- ¡Ah, hola Karl!.- saludó Erika, algo sorprendida de escucharlo-. No sabía que estaban juntos de nuevo.- comentó con sorna.
- No fue a propósito, nos topamos con él por casualidad.- respondió rápidamente Elieth, a lo que se oyó la risa burlona de Lily en el fondo.
- Si por casualidad te refieres al hecho de que vinimos exclusivamente al estadio para verlo en su entrenamiento, pues sí fue por mera casualidad.- se burló Lily, delatando a su amiga y ocasionando la risa en los demás.
- ¡Ajá! Y ayer estuvimos todo el día con Genzo.- refutó la francesa-. Y ahí si no te quejaste para nada.- contraatacó.
- Eso es diferente.- comentó Lily.
- ¿Y bien? ¿Hernández se encuentra mejor como para poder jugar mañana?.- preguntó de nuevo Karl, tomando el control del dispositivo mientras se escuchaban al fondo a la francesa y a la mexicana reclamándose mutuamente.
- Pues el Dr. Lucchetti está justamente en este momento conversando sobre ese tema con el entrenador, en la tarde darán las alineaciones definitivas para mañana y ahí será cuando sabremos si jugará o no.- le respondió Erika.
- Ya veo.- respondió Schneider-. Esperemos que lo incluyan, sería una pena que Italia perdiera a su mejor jugador, mucha suerte para mañana, estaremos apoyándolos desde la tribuna.
- ¿A poco tú también vendrás al partido de mañana?.- preguntó la pasante, sorprendida.
- ¡Mmm, no!.- respondió Karl con sinceridad-. Mi padre ya me amenazó que si vuelvo a dejar la concentración me dejará el resto del torneo en la banca.- rio el joven-. Pero te mando a Eli y a Lily en mi representación.
- Hasta el Káiser de Alemania tiene reglas, ¿no?.- comentó Erika, muy divertida-. Ok, ellas son una excelente representación y serán más que bienvenidas.
- Ellas asistirán primero al partido de Japón contra Uruguay.- continuó diciendo Schneider-. Lily le prometió a Wakabayashi encontrarse con él en cuanto termine su encuentro, así que quizás él también esté en las tribunas apoyándolos para su partido.
- Eso sería fabuloso, me dará mucho gusto verlo.- respondió Shanks.
- Bien, te dejo, debo volver a la práctica.- comentó Karl-. Nos vemos después y suerte para su partido.
- Muchas Gracias, Karl.- respondió Erika-. Suerte también para ti en tu próximo encuentro.
- Gracias.- rio el alemán, y comentó con confianza-. Verás que ganaremos el siguiente juego también y pasaremos como primeros de grupo.
- No me cabe la menor duda.- respondió Erika, con una gran sonrisa.
Luego la joven intercambio rápidamente algunas palabras más con las otras dos chicas, para algunos minutos después despedirse de ellas y una vez que Erika terminó la llamada, el defensor la miró fijamente.
- ¿Acaso ese fue Karl Heinz Schneider?.- cuestionó Salvatore, sorprendido.
- Sí, ¿por qué? No tiene nada de raro-. Respondió la joven, restándole importancia al asunto-. Creo que ya alguna vez te había comentado que anda con mi hermana, por si se te olvidó.
- Y supongo que también conoce al Capitán Perfecto, como para preguntar por él.- comentó, con sorna, Gentile.
- Pues sí.- le respondió la pasante, considerando que era lo más normal del mundo-. Se podría decir que son amigos, ellos se conocen desde hace ya algunos años atrás, al igual que como Gino también conoce a Genzo Wakabayashi.- agregó, encogiéndose de hombros-. No veo cuál sea la novedad.
- ¿A quién no conocen ustedes?.- bufó Gentile.
Bueno, en primer lugar, "la generación dorada" como les suelen llamar a todos ustedes, llevan enfrentándose entre sí desde hace ya algunos años, es lógico que los que han jugado desde entonces se comiencen a conocer y respetar.- respondió Erika, tranquilamente-. Y si agregas que cuando eres una persona tan agradable y amistosa como lo es Gino, es normal que tengas grandes amigos que se preocupen por ti cuando estás lesionado. Por el contrario, si eres un arrogante, amargado y majadero, pues no habrá ni quien recuerde tu nombre.- completó la joven.
Salvatore hizo una mueca de molestia pues no le pasó desapercibido que esa última parte era una clara indirecta para él pero tuvo que admitir una cosa y era que quizás ella tenía algo de razón al respecto.
"Puede que ésa sea esa la razón por la que a Hernández siempre le apoyan tantas personas, incluso los rivales", pensó con amargura.
Hotel de Angelis.
La noche aún era muy joven cuando el equipo italiano ya se encontraba encerrado en sus respectivas habitaciones, los jóvenes habían cenado rápidamente y habían llegado a un silencioso pero unánime acuerdo de que lo mejor era retirarse a descansar con miras a estar listos para su encuentro del día siguiente; pero lo cierto era que todos ellos estaban claramente nerviosos por lo que pasaría en este partido, el cual consideraban decisivo para su permanencia en el torneo, por lo que no habían tenido el más mínimo deseo de charlar prefiriendo mejor irse a encerrar en donde sólo tendrían que ver a un compañero y no a veintitrés.
Gino se encontraba en esos momentos sentado en la terraza de su habitación, pues a pesar de haber aceptado también la sugerencia de subir a la recámara, él no podía mantenerse quieto ni un instante como para estar acostado en su cama, mucho menos dormir. Hernández había intentado tranquilizar los ánimos de los demás, asegurándoles que lograrían la victoria por lo que no había razón para preocuparse pero lo cierto era que el portero se encontraba sumamente nervioso por el resultado del encuentro, quizás mucho más que el resto del equipo, pues sabía de antemano que era imperioso ganar a como diera lugar si deseaban continuar y así tener alguna esperanza de pasar a la siguiente ronda, por lo que había salido a tomar aire fresco al balcón, para intentar tranquilizarse. Fue entonces cuando él recibió una llamada a su celular.
- ¡Qué hay, Gigi!.- comentó Gino al responder.
- ¡Hey, Gino!.- comentó su interlocutor-. ¿Y bien?.- preguntó.
- ¿Y bien qué?.- preguntó Gino, distraído, mirando hacia la ciudad.
- ¿Ha pasado algo?.- cuestionó Gigi, con sorna-. Porque no he visto ningún cambio en tus redes sociales.
- ¿Qué?.- preguntó el portero, sin comprender-. ¿A qué te refieres con cambios?
- A que no hay un cambio en tu estatus sentimental de soltero amargado por toda la eternidad a por fin se apiadó de mí y me dijo que sí.- se burló el joven mayor.
- ¡No seas idiota!.- le respondió el guardameta, quien involuntariamente se había puesto rojo pero, por fortuna para él, su hermano no podía verle.
- Tic tac, el tiempo se te agota.- continuó, mofándose, el mayor de los jóvenes-. Y no veo que tú estés haciendo algo al respecto.
- Cállate de una buena vez y deja de molestar.- le exigió Gino a su interlocutor-. Lo bueno es que con aventar el celular por el balcón es más que suficiente para no continuar escuchándote.- agregó, divertido.
- ¡Ajá! ¿Y qué harás en cuanto regresen a Italia en unos cuantos días más?.- continuó molestando Gianluigi-. ¿La despedirás en el aeropuerto y la dejaras ir así nada más?
- Eso no es de tu incumbencia.- respondió Gino.
- ¡Por supuesto que lo es!.- contradijo el otro-. Si eres tan despistado como para no poder hacer algo para recuperar a la chica que amas, es mi responsabilidad como tu hermano mayor darte el empujón que necesitas, por lo que ahora que regresen voy a decirle directamente a Erika lo que sientes por ella.
- Ni te atrevas.- amenazó Gino.
- ¿Y qué harás al respecto para impedírmelo?.- le retó Gigi, divertido.
- Te daré una paliza en cuanto te vea.- le respondió Gino en el mismo tono.
- ¿Me estás diciendo que piensas golpearme en un recinto federal como lo es un aeropuerto internacional?.- respondió burlonamente Gianluigi.
- Ni se te ocurra venir por mí al aeropuerto.- amenazó Gino-. Ni mucho menos ir a buscar a Erika.
- Está bien, no iré.- respondió Gigi, tranquilamente-. Pues es casi seguro que Nicco sea quien quiera ir en persona, ahora que sabe que Erika está contigo en Japón, lo más seguro es que vaya para asegurarse de que no se vuelva a escapar en cuanto toque tierras italianas.- se burló Gigi.
- ¡No puedes dejarlo ir!.- exigió el portero, claramente avergonzado de sólo pensar en la escena que haría su abuelo y escuchando cómo Gianluigi reía con ganas a su vez, imaginándosela también.
- ¿Te vas a atrever a decirle a Nicco que no vaya a recibir a su adorado nieto?.- continuó diciendo Gigi, con sorna.
- No, yo no seré quien se lo diga.- respondió Gino, con malicia-. Eso será algo que harás tú, así que haz tu trabajo y consigue que no vaya.
- ¿Y qué me darás a cambio?.- preguntó el joven mayor.
- ¡Gianluigi Carigniani, más te vale que dejes de estar jodiendo la paciencia!.- rezongó Gino.
- ¡Está bien, tú ganas! Por el momento ya no te diré nada más.- Gianluigi rio de nuevo-. Por cierto y hablando ya en serio.- continuó diciendo luego de una pausa y con un tono de voz más tranquilo y empático-. Suerte en el partido de mañana, desde aquí todos te estaremos apoyando y estaremos al pendiente del resultado.
- Gracias.- respondió Gino, sonriendo más alegre-. Da gusto saber que aún hay quien cree en nosotros.
- Pase lo que pase, sabes que siempre estaremos apoyándote.- agregó Gianluigi.
Hernández sonrió al darse cuenta una vez más de que siempre contaría con gente a su alrededor para apoyarlo y sacarle una sonrisa cuando más lo necesitaba, llegando a la conclusión de que a pesar de que Gianluigi podía ser en algunas ocasiones una verdadera molestia y un tremendo dolor de cabeza, también era un gran hermano para él y se alegraba mucho de tenerlo cerca.
