Capítulo 25.

18 de octubre.

La luz del nuevo día había levantado a Salvatore a muy temprana hora de la mañana y en este momento se encontraba ya saliendo de la ducha, dispuesto a prepararse para otro aburrido día de entrenamiento sin poder participar en él, cuando su atención fue captada por el hecho de que Gino aún continuaba durmiendo, hecho que le sorprendió mucho al defensor debido a que eso era algo demasiado raro en el portero. Hernández solía ser siempre quien se levantaba primero y mucho antes que el defensor, estando listo con anterioridad y con bastante tiempo de anticipación con respecto a su compañero por lo que era quien a diario lo apresuraba para bajar dentro de los horarios establecidos; sin embargo, parecía ser que esta vez Gino no tenía prisa por levantarse pues seguía cómodamente envuelto entre las sábanas y sin hacer el menor intento de cambiar esa situación. Salvatore entonces tomó una de las almohadas que tenía en su cama para con ésta despertar de un golpe a su compañero de habitación.

- ¡Despiértate de una buena vez!.- le gritó Salvatore a Gino, quién saltó por la sorpresa, para luego mirar muy serio al defensor-. Mienten terriblemente los que dicen que tienes buen aspecto, supongo que jamás te han visto cuando te despiertas.- se burló el defensor.

- Lamento decirte que jamás pedí tu opinión, pero gracias de todos modos.- rezongó Gino, fulminándolo con la mirada-. ¿Se puede saber por qué me despiertas? Y peor aún, ¿por qué carajos lo haces de ese modo?

- Mmm, no lo sé.- respondió Gentile, encogiéndose de hombros al tiempo en que hacía una mueca, fingiendo que lo pensaba detenidamente-. ¡¿Quizás sea porque ya es muy tarde?! ¿Qué no piensas ir al entrenamiento?

- ¡No!.- confesó Gino, bajando la mirada-. ¿Para qué?

- ¡Oh, vamos! Esas no son palabras adecuadas para Capitán Perfecto, tú eres el primero que suele estar en el campo de entrenamiento.- comentó Salvatore-. Si tuviera cerradura ya te habrían dado las llaves.

- ¡Ajá! ¿Y si no quiero ir hoy, qué?.- Gino alegó, girándose en la cama para volverse a acomodar-. De todos modos, no haré ninguna diferencia para el equipo.

- No comiences con eso tan temprano.- dijo Gentile, suspirando e intentando ser paciente-. ¡Anda, levántate!.- le exigió, mientras jalaba de las sábanas-. O le diré a Erika que venga a levantarte de la cama sino quieres hacerlo y seguro que se llevara una espantosa sorpresa de ver cuán horrendo eres.

Por respuesta, Gino se giró para lanzarle a su compañero una mirada asesina durante algunos segundos que parecieron eternos.

- Definitivamente tú no me vas a dejar seguir durmiendo, ¿cierto?.- comentó Gino, de malas-. Está bien, tú ganas, ya me levanto si con eso dejas de joderme la existencia.

- Perfecto.- sonrió Salvatore, triunfante-. Es todo lo que quería en este momento de la vida.- comentó con burla.

Gino entonces se levantó de la cama y se dispuso a irse a la ducha, pero cuando ya estaba a punto de entrar al baño, Salvatore lo detuvo; Hernández entonces se giró para mirarlo, esperando que saliera con otra de sus tonterías pero sólo se encontró con una expresión muy seria en el rostro de Gentile.

- Uhm, Gino….- comenzó diciendo Salvatore, con duda en la voz-. Yo sólo quiero disculparme por la actitud tan idiota que he tenido en los últimos días, sé que me he ganado el odio y el fastidio de los demás.- comentó con mucha seriedad-. Y también sé que me pasé con el comentario que te hice…

Gino quedó muy sorprendido por las palabras de Salvatore, pues éste era una persona que jamás solía disculparse por lo que hacía, siempre alegando que eran los demás los que sobreactuaban con sus acciones y que él no hacía nada malo.

- ¿Es acaso que me estoy muriendo?.- comentó Gino, realmente sorprendido y levantando una ceja-. No puedo creer lo que estoy escuchando, ¿Salvatore Gentile disculpándose por algo?

- No te acostumbres que eso no volverá a pasar.- rezongó Gentile, sumamente avergonzado.

- Sí, ése si eres más tu.- comentó Hernández, con una ligera mueca burlona.

- Ya, en serio.- continuó Gentile con sus disculpas-. Sé que me pase…

- No tienes nada de qué disculparte.- lo interrumpió Gino-. Creo que yo también exageré demasiado en mi respuesta.- agregó, avergonzado.

- ¡Vamos! Estabas en tu derecho de molestarte.- respondió Salvatore-. Eso te hace humano, ya comenzaba a pensar que eras una especie de androide diseñado exclusivamente para jugar al soccer y te pensaba apodar "El Androide del Soccer", ¿qué te parece?.- bromeó, a lo que el portero no pudo evitar una ligera sonrisa pues le había causado risa el comentario tan estúpido de su compañero.

- Pésimo apodo.- comentó Gino, divertido-. Pero ya en serio, dejemos de lado tu actitud tan idiota de los días anteriores y todos en paz.- comentó finalmente, con actitud amistosa.

Hernández ya se marchaba rumbo al baño cuando Gentile continuó, en un tono más burlón.

- Y quizás también debería de disculparme por casi matarte con el sake del otro día.- agregó, para cortar la seriedad del momento-. No sabía que no soportabas ni una gota de alcohol.- se burló.

- Eso no fue tu culpa.- respondió Gino, volviendo en sus pasos-. Y sabes bien que si tolero el alcohol pero quizás no tanto como tú, ya hemos ido a beber antes, pero según me dijo Erika no fue como tal que me hubiera pasado con éste sino que fue un efecto secundario por los medicamentos o eso entendí; de todos modos, fue una estupidez de mi parte el haber aceptado ir en primer lugar.

- Pero sabes bien que me comporté como un imbécil, como lo había estado haciendo desde que llegamos.- Gentile intentó disculparse, regresando al tema anterior y que era el que consideraba importante.

- ¿Quieres dejarlo ya?.- le respondió Gino, dándole una sonrisa sincera.- Como te dije, sólo intenta ser menos imbécil a partir de ahora.- agregó antes de, ahora sí, meterse al baño.

Gentile comprendió entonces que ésa era la manera de Gino para decirle que todo estaba bien, por lo que ya no volvió a insistir.

Rato después, la selección italiana se encontraba de nuevo en el campo de entrenamiento, los jugadores intentaban inútilmente realizar una serie de pases y técnicas para el próximo encuentro pero una vez más se veían completamente descoordinados y perdidos en la cancha. Gino se encontraba en ese momento sentado sobre el césped a las afueras del campo, mirando con tristeza y melancolía al equipo; ese día había decidido mantenerse al margen del entrenamiento y sólo realizó algunos ejercicios con los porteros a petición de éstos, sentía que ya no era requerido en el equipo y no deseaba molestarlos más, pero en el fondo él se encontraba desesperado de ver cómo ellos, frente a sus ojos, lentamente se desmoronaban como selección, sin poder hacer algo para impedirlo.

Al verlos jugar de ese modo, Hernández sabía que el equipo se había perdido por completo y él se lamentaba pues sentía que no había podido evitarlo a pesar de sus múltiples esfuerzos por evitarlo, lo que le desesperaba aún más la situación. Gino creía firmemente que desde el momento en que tanto él como Salvatore salieron lesionados en el primer encuentro, el equipo se había lanzado a un enorme precipicio de donde jamás pudieron salir, por lo que la desesperación por querer jugar en el siguiente partido era cada vez peor; él deseaba ayudar a sus compañeros en el campo de juego y organizarlos para que volvieran a ser los de antes, pero el portero sabía de antemano que tanto el entrenador Santoro como el Dr. Lucchetti no le dejarían jugar ni de broma en el tercer partido, lo que lo hacía sentir que les había fallado a todos.

Sentada en las gradas, muy cerca de donde se encontraba Hernández, se hallaba Erika mirando con tristeza a Gino y sintiendo igual impotencia que él, pero en el caso de ella, esa impotencia era por no poder hacer algo más para ayudar al portero. En ese instante, Salvatore llegó al lado de la pasante y se sentó a su lado y a pesar de que la joven lo miró de reojo cuando se acercó, ésta prefirió fingir que no se encontraba él ahí pues no sabía qué decirle. Por su parte, Gentile, una vez sentado, prefirió mirar hacia el campo buscando el valor para hablar.

- En el tiempo en que llevo de conocerlo jamás lo había visto tan abatido.- comentó de pronto Salvatore, con sincera preocupación, señalando a Hernández.

- Yo sí.- respondió la pasante con tristeza, sin dejar de mirar al portero-. Hace ya algunos años atrás.

- Supongo que te refieres a eso que dices que pasó en París y que es lo que no me puedes contar.- comentó Gentile, mirándola por primera vez.

- ¡Exactamente, eso!.- respondió Erika, con seriedad, para luego callarse unos instantes antes de continuar-. Gino es del tipo de personas que siempre suelen ser muy optimistas y alegres, de los que apoyan incondicionalmente y que suelen creer en todos, incluso en ti.- agregó, mirando al defensor-. Es el tipo de personas que siempre ven el lado positivo de los demás y que no se da por vencido ante las dificultades, pero también es un ser humano y cuando una persona como él se deprime es realmente duro.

Gentile sólo la escuchó con atención y luego miró de nuevo a Gino, llegando a la conclusión de que a pesar de lo idiota que solía ser con el portero, éste siempre lo había tratado de apoyar cuando lo necesitaba y quizás en este instante Hernández era el único al que podía considerar como un verdadero amigo.

- ¿Te puedo hacer una pregunta?.- le preguntó Salvatore a Erika, después de un momento en silencio.

- Adelante.- le respondió ella.

- ¿Por qué razón Gino hace tanto drama por un simple reloj perdido?.- inquirió Gentile, con verdadera curiosidad-. Si es tan rico como se supone que lo es, el comprarse otro Cavalli no representaría ningún inconveniente para él.

Erika miró a Salvatore con mucha seriedad antes de decidirse a responderle.

- Eso es porque no es un simple reloj como cualquier otro, debido a que su importancia no radica en su valor monetario sino en algo mucho más grande; bien podría ser uno de esos relojes de plástico que usan los niños pequeños y para él valdría mucho más que un Cavalli.- explicó Shanks-. El valor e importancia que este reloj tiene radica en que se lo dio su padre unos días antes de que éste muriera, es por eso que es tan importante para él, es una especie de amuleto que siempre lleva consigo porque es además una manera de tenerlo presente.

Salvatore, que no se esperaba ese tipo de respuesta, se sorprendió mucho al conocer la historia que se escondía detrás de dicho reloj por lo que ya no supo qué decir, sintiéndose nuevamente como un imbécil al haberse burlado del portero el día anterior sin conocer la verdadera causa de su preocupación.

"Ahora comprendo que tenía toda la razón para molestarse", pensó, algo avergonzado.

Horas después, el equipo italiano se encontraba reunido en los vestidores y a la espera de que el entrenador Santoro finalmente diera la alineación oficial para el último encuentro que disputarían en el torneo; una vez que el técnico ingresó al lugar, fue directo al grano.

- Bien, daré la alineación para mañana, respondan al escuchar su nombre.- comentó el entrenador, con actitud adusta-. Como delanteros estarán Luciano y Marco.

- ¡Sí!.- respondieron los aludidos al unísono.

- Los mediocampistas serán Alonzo, Piero, Santino y Valentino.- continuó diciendo el técnico.

- ¡Sí!.- respondieron a su vez los nombrados.

- Defensas: Fabrizzio, Geronimo, Giovanni y Adriano.- Santoro continuó con la alineación.

- ¡Sí!.- fue el turno de responder de los penúltimos escogidos.

- Y por último, el portero será Franco.- sentenció el entrenador, tajantemente.

- ¡Sí!.- respondió éste.

Como era de esperarse, los nombres de Gino y de Salvatore no figuraron en la lista titular del encuentro, lo que desalentó mucho al defensor que aún había guardado una mínima esperanza de ser seleccionado. Una vez que el entrenador Santoro anunció la alineación, éste comenzó a darles algunas palabras de reprimenda a sus jugadores por el bajo desempeño que habían estado teniendo en los últimos entrenamientos, lo que ocasionó que los jugadores se desmoralizaran aún más y bajaran su mirada al suelo. El entrenador se veía realmente molesto y decepcionado, y quizás en cierto modo también preocupado, pues al salir de Italia había creído traer en su equipo a un grupo de jóvenes fuertes, maduros y capaces de poder enfrentar cualquier adversidad que se les pusiera enfrente; ingenuamente había pensado que estos jóvenes podían unirse y formar un equipo sólido que lograría ser invencible, pero al final sólo fueron un grupo de chicos inexpertos que no pudieron superar el primer obstáculo que se les atravesó.

"¡Claro! Existen algunas excepciones, pero no se puede contar con ellos en este momento", pensó el entrenador, con cierta desazón.

Luego de que la reunión terminó y una vez que el entrenador finalmente salió de los vestidores, los jugadores rápidamente se dispersaron para ducharse y cambiarse, intentando ser más rápidos que los demás al tomar sus cosas para ganar un lugar y así refugiarse en las regaderas para no tener que encararse entre sí.

- Se supone que están aquí representando a su país y si juegan como lo han estado haciendo hasta este instante, sin lugar a dudas serán una verdadera vergüenza para todos.- comentó de pronto Gentile, con actitud mordaz, lo que sorprendió a más de uno-. No veo cómo podrán estar orgullosos después de eso.- continuó diciendo, sentándose en la banca frente a su casillero, en donde estuvo parado escuchando todo.

Sus compañeros no tenían el valor de responder a las palabras del defensor pues en el fondo sabían bien que él tenía toda la razón de decirles aquello y que se merecían cada palabra. Valentino, quien se encontraba más cerca de Salvatore, se dejó caer en la banca muy cerca de éste, traía las manos metidas en los bolsillos de la chamarra y una actitud desalentadora al tiempo en que observaba el suelo del lugar. En ese momento el mediocampista deseaba que Gino hubiera estado presente en la reunión para poder sentarse junto a él y pedirle el consejo que tanto necesitaba, como lo hacía cada vez que lo requería pues sentía que el llevar la banda de capitán en el partido era una carga demasiado pesada por soportar.

Conti estaba plenamente consciente de que no estaba al mismo nivel de Gino y sentía que como sustituto sólo era una mala imitación; sabía bien que no contaba con la suficiente capacidad, que Gino sí tenía, para liderar al equipo y necesitaba a su capitán para que pudiera decirle algo alentador y que lo motivara, en verdad que deseaba verlo y platicar con él pues siempre había sido bueno transmitiéndole firmeza y seguridad cuando más lo necesitaba y, en ese instante, el mediocampista lo que más deseaba era deshacerse de sus inseguridades y sólo Gino le podía ayudar con este problema.

Valentino suspiró pensando que quizás si Gino y Salvatore no se hubieran lesionado en el primer encuentro, en ese momento la situación sería completamente diferente, sabía perfectamente bien que no era un problema táctico lo que le sucedía al equipo sino más bien un problema anímico, el problema era que él no sabía bien cómo batallar con esto y hacer que los demás salieran de su decaimiento pues ni el mismo sabía cómo lidiar con sus propios problemas.

- ¿Y Gino?.- preguntó Alonzo, dándose cuenta de la ausencia de su capitán.

- De seguro se quedó nuevamente en el campo.- respondió Marco, encogiéndose de hombros.

- O está con Erika.- comentó con cierta malicia Santino.

Franco negó con la cabeza, suspirando apesadumbrado y recordando que en los últimos días y en cada entrenamiento que habían tenido, Gino se había dedicado completamente a ayudarle poniéndose prácticamente al servicio de él, le había dado un adiestramiento completamente personalizado y especializado para que el portero pudiera mejorar lo más que pudiera en tan corto tiempo; además, su capitán lo había alentado a cada momento, apoyándolo para mejorar en cada una de las tácticas y aspectos técnicos. El italiano sabía bien que Hernández siempre daba lo mejor de sí y que siempre estaba dispuesto a ayudarle en lo que necesitara, por lo que no podía hacer menos que sentir mucho respeto hacia su capitán y pensó que, si de él dependiera, con mucho gusto cedería su puesto para que Gino pudiera jugar.

Los rostros de la mayoría de los jugadores mostraban que pensaban prácticamente lo mismo pero sin querer externarlo abiertamente, todos se sentirían mucho mejor si Hernández pudiera defender la portería y no era que Franco fuera malo en su labor, era sólo que Gino no por nada era el Perfect Keeper, éste no solo aportaba confianza al equipo sino también seguridad y los llenaba de un deseo de pelea, por lo que cuando él no estaba en el campo se resentía demasiado su ausencia. Salvatore suspiró al ver las caras desanimadas de todos y prefirió ponerse a guardar sus cosas en su equipaje para no pensar más en el asunto, al final de cuentas él ya no podía hacer nada más al respecto.

- En verdad que no sería malo tenerte también a ti en el partido de mañana.- comentó Valentino, levantándose de su asiento y dándole una palmada en el hombro a Gentile como muestra de apoyo, lo cual sorprendió mucho al defensor.

- Sí, sería bueno tenerte mañana en el campo de juego.- agregó Marco a su vez, desde su posición-. Fue una verdadera lástima que tú también salieras lesionado.

El resto de los jugadores comenzaron a confirmar las palabras de Valentino, mostrándole su apoyo a Salvatore con palabras de aliento, lo que en verdad conmovió mucho a Gentile a pesar de querer disimularlo, pues jamás pensó en recibir tales muestras de afecto por parte de sus compañeros.

Una vez que la mayoría de los jugadores guardaron sus pertenencias y comenzaron a retirarse del lugar, a Salvatore le llamó la atención algo que parecía brillar bajo uno de los casilleros cercanos a él, lo cual lo intrigó mucho, acercándose al sitio en cuestión para averiguar de qué se trataba; el objeto parecía estar atorado detrás del casillero, como si se hubiera caído del mismo y hubiera sido ocultado entre éste y el contiguo, por lo que Gentile intentó desatorarlo pero no lo lograba debido al aprisionamiento en el que se encontraba.

- ¿Qué sucede?.- preguntó Valentino, acercándose a donde el defensor se encontraba batallando.

- Hay algo aquí pero no sé qué es.- comentó Salvatore en cuanto vio a su compañero.

Valentino hizo también el intento por zafar el objeto y al obtener el mismo resultado negativo que Gentile, se les ocurrió el mover el casillero entre los dos para poder sacar la cosa que tanto les daba curiosidad y, al final, el objeto resultó ser un reloj negro con extensible de acero. Al tenerlo en sus manos, Salvatore pensó de inmediato que ése era el reloj que tanto buscaba Gino por lo que en el fondo se alegró mucho de haberlo encontrado ahora que ya sabía cuál era el significado de éste.

- ¿Qué no es ése el reloj que Gino buscaba ayer?.- preguntó Valentino, con curiosidad al observar la lujosa joya.

- Creo que sí.- respondió vagamente Gentile, mirando el reloj con detenimiento.- Le preguntaré al rato.

Una vez que salió de los vestidores, Salvatore se fue directamente a buscar al entrenador Santoro para hacer un último intento y pedirle que lo dejara jugar en el partido contra Japón, sabía bien lo que le respondería el entrenador pero no podía dejar de intentarlo pues aun quería jugar a toda costa y necesitaba hacer el esfuerzo para no quedarse con la sensación de no haberlo intentado hasta el final. Sin embargo, el entrenador fue tajante al responderle que no lo utilizaría en el partido.

- Por última vez, Salvatore, no te incluiré en el partido de mañana.- comentó Santoro, cansado-. Aún cuando tu rodilla esté mejor no lo haré, no tiene caso que te arriesgues de nuevo sólo por el resultado de un partido que ya no tiene importancia, lo mejor es que ya no te esfuerces para que tu pierna se pueda recuperar lo más pronto posible y así regreses a tus obligaciones con tu club en el menor tiempo posible.

- Pero entrenador….- comenzó a decir Salvatore, a lo que el técnico lo interrumpió.

- Como ya le dije a Hernández hace unos minutos atrás.- continuó diciéndole-. La presencia de ustedes en el partido no cambiara la situación.

- Eso es lo que usted cree.- refutó Salvatore-. Lo cierto es que nosotros sí podemos hacer que la situación cambie en el equipo pues no sólo podemos apoyarlos en el plano deportivo sino también en muchas otras cosas más.

- Puede que tengas razón al respecto, Salvatore.- comentó Santoro, pensativo-. Pero mi opinión no cambiará, tú y Gino no jugarán en este partido de mañana y punto.

El entrenador miró fijamente a Gentile, quien tenía una clara expresión de decepción en el rostro.

- El equipo debe aprender a asumir sus responsabilidades y si no pueden ganar sin ustedes será su culpa y de nadie más.- agregó el técnico con cierto enojo.

- Por lo menos déjeme jugar medio tiempo entrenador, por favor.- le suplicó Salvatore, muy a su pesar.

- ¿Crees acaso que si juegas en este partido serás capaz de hacer una marcada diferencia en él?.- le cuestionó el técnico, con cierta curiosidad.

- ¡Por supuesto que lo creo!.- respondió rápidamente Gentile, con mucha seguridad-. Por lo menos yo sé que sí pelearía hasta el final del encuentro, no como los demás que ya están más que resignados a la derrota, quizás el resultado no cambie la situación en el torneo pero no puedo sentirme a gusto con la manera tan mediocre en que están jugando los demás.

Santoro miró a su jugador detenidamente pensando que en verdad quizás las cosas hubieran sido de otro modo si esos dos chicos no se hubieran lesionado desde el primer encuentro, pero no estaba dispuesto a arriesgarlos de nuevo, ya habían pasado demasiadas desgracias con ellos en cada partido jugado.

- Lo siento, Gentile, pero no sucederá.- finalizó el entrenador, dando por terminada la conversación y alejándose del lugar.

Salvatore se quedó durante algunos minutos más mirando fijamente el sitio por donde el entrenador había desaparecido maldiciendo una vez más su mala suerte.