Capítulo 26.
Gino se encontraba recargado en el balcón de su habitación, como ya se le había hecho costumbre, mirando hacia el horizonte y sintiendo en su rostro el frío aire de las noches de otoño de la ciudad. Con un largo suspiro, sacó todo el aire que habían estado conteniendo sus pulmones, mostrándose claramente desmoralizado; en el fondo, había deseado que a última hora el entrenador lo hubiera puesto en la lista de los titulares del partido del día siguiente pero al final, como era de esperarse, no fue así. Hernández había considerado por un breve instante el suplicarle al entrenador que lo incluyera en el partido, pero antes de atreverse siquiera a hacerlo, el técnico ya se le había adelantado aclarándole nuevamente que no jugaría en el siguiente encuentro.
- No todas las batallas se tienen que librar en el campo de juego y la tuya está afuera de la cancha, apoyando a tus compañeros.- le había dicho Santoro, con expresión muy seria.
- Eso lo sé.- respondió Gino-. Pero en serio que ya no sé qué hacer para motivarlos.- agregó, con un tono de voz ligeramente desesperado.
- Hay ocasiones en las que considero que eres demasiado bueno para estar en este equipo.- comentó de pronto Santoro, suspirando con pesar-. No sólo parece que juegas a otro nivel sino también pienso que tus compañeros están aún muy lejos de poder alcanzarte, creo que el único que te puede seguir el paso es Gentile y con sólo dos jugadores no se puede formar un buen equipo.
A Gino le sorprendieron mucho las palabras del entrenador pues él no se consideraba de ningún modo por encima de los demás y tampoco creía que el resto de sus compañeros fueran tan mediocres como lo había dado a entender el técnico; el portero confiaba y creía en el talento que podía tener su equipo y sabía bien de lo que sus compañeros eran capaces de hacer, sólo que en ese momento parecía que ellos lo habían olvidado por completo.
- Mañana es nuestro último juego en el torneo y todo se habrá acabado para nosotros.- comentó el entrenador, con firmeza-. Ni tú ni Gentile están en condiciones de jugar por lo que no tiene ningún sentido que terminen agravando sus lesiones sólo por un partido cuyo resultado ya no es de ningún modo importante, nada cambiara la situación en la que estamos.- repitió por enésima vez el entrenador, con tono duro-. Sé bien que tu único deseo es estar presente en este encuentro pero lo siento, no puedo permitirlo; aunque al final se me critique por esto, no puedo simplemente arriesgar tu futuro de esa manera, tienes un brillante camino por delante y no debes arruinarlo de este modo.- continuó diciendo-. Estoy consciente de que mis acciones generarán repercusiones, muchos me criticaran por no alinearte y seguramente surgirán comentarios negativos por nuestro desempeño y por las decisiones que he tomado, pero al final de cuentas seré yo quien tome esa responsabilidad, de lo que la gente y la prensa digan y sobre si Salvatore y tú pudieron o no hacer una diferencia, así que lo siento pero no puedo permitirles jugar ya que aquí el entrenador soy yo y es mi responsabilidad y no la de los demás el que su seguridad esté ante cualquier otra cosa, por lo que no pienso arriesgarlos por mucho que ustedes me pidan que los deje jugar.
Luego de escuchar las palabras de su entrenador, Gino terminó sintiendo que había perdido absolutamente todo y que ya ni siquiera se sentía con el derecho de considerarse digno de ser llamado capitán del equipo; al final y sin quererlo, Santoro había terminado por acabar con los pocos ánimos que Hernández aún tenía y lo había desmoralizado por completo. Y ahora que Gino recordaba la conversación que había tenido con su entrenador horas antes, el portero sentía que incluso el técnico había perdido el deseo de luchar como el resto de sus compañeros y que sólo esperaba que todo el sufrimiento que la selección había tenido en ese torneo finalmente terminara, por lo que Hernández suspiró apesadumbrado mientras miraba el cielo de Tokio.
"En definitiva las cosas en este campeonato no le han salido para nada bien a Italia", pensó el portero, con pesar.
Justo en ese momento, la puerta de cristal que daba acceso a la habitación se abrió y Salvatore salió a la terraza, interrumpiendo los pensamientos de Gino.
- ¿Qué piensas dormir aquí afuera?.- se quejó Salvatore.
- ¿No crees que aún es demasiado temprano para decir eso?.- se defendió Gino.
- Pero mañana hay un partido importante, por lo que no puedes quedarte hasta altas horas de la madrugada como acostumbras a hacer a diario.- contraatacó Gentile.
- ¿Por qué habría de preocuparme por irme a dormir temprano, si ya todo terminó y el entrenador me dejó muy en claro que ya no le soy de utilidad y que no piensa usarme en el partido?.- comentó Hernández, decaído.
- ¡Uhm!.- exclamó Salvatore, fastidiado, intentando no comenzar con sus comentarios ácidos pues recordó que el entrenador Santoro le había dicho a él algo parecido-. Por lo que veo, todo lo que pueda decir sobre eso está de más con la actitud que traes.- le dijo Salvatore a Gino-. En fin, quizás esto sí te pueda animar un poco más.- comentó, para después sacar de su bolsillo el reloj que había encontrado y se lo mostró al portero.
Gino se sorprendió mucho de ver a Salvatore sosteniendo entre sus manos el reloj Cavalli que había sido de su padre, por lo que no pudo evitar sonreír con verdadera felicidad.
- ¿En dónde lo encontraste?.- preguntó Gino, al tiempo en que tomaba el reloj.
- Tirado en los vestidores y atrapado entre dos de los casilleros, seguramente se te ha de haber caído de la maleta y terminó ahí.- explicó Salvatore, encogiéndose de hombros para restarle importancia al hecho-. Valentino fue quien me ayudó a sacarlo, bien dicen que eres muy despistado y que todo pierdes.- se burló el defensor.
- Eso no es cierto.- se defendió Gino, apenado-. Pero gracias por encontrarlo.- agregó, sinceramente feliz.
- Lo siento, en verdad.- comentó de pronto Gentile.
- ¿Y ahora por qué?.- inquirió Hernández, sin comprender.
- Porque no tenía idea de cuán importante es esto para ti.- respondió el líbero señalando el objeto.
- No había forma de que tú lo supieras.- negó el portero con la cabeza, intentando restarle importancia-. Soy yo quien te debe ofrecer una disculpa por perder los estribos en el vestidor.
- Como te dije, estabas en tu derecho.- respondió Gentile, sinceramente, tomando asiento en una de las sillas que se encontraban en la terraza-. Además ya te dije que eso te hace más humano, "Androide del Soccer".- completó, burlándose.
- En verdad que no sé cuál de todos tus apodos es el peor.- respondió Gino, divertido -. Eres pésimo inventándolos.
- Lo que sucede en realidad es que tienes envidia de mi ingenio y creatividad.- se defendió Salvatore, con tono bromista.
- ¡Ajá, sí!.- rio Hernández, divertido-. Seguramente eso sucede.- agregó, con sarcasmo.
Luego de una pausa, Gino recordó cierta conversación que había tenido la noche anterior con Erika y pensó en averiguar más al respecto.
- Por cierto, ¿solucionaste tus problemas familiares?.- preguntó Hernández, sentándose en la otra de las sillas que se encontraban en la terraza-. Erika me contó que habías tenido algún tipo de inconveniente con algún familiar tuyo y que eso te inquietaba, ¿es cierto eso?
Salvatore se sorprendió mucho por la pregunta pues en ese momento su mente no podía hacer las conexiones necesarias como para entender sobre qué tema era de lo que Gino le preguntaba y cómo es que Erika se había enterado sobre eso, hasta que una neurona solitaria finalmente hizo conexión y le recordó cierto evento ocurrido el día del primer partido, mientras cenaba en el comedor del hotel.
"Ah, se refiere a la llamada de Lucio", pensó Salvatore.
Gentile no había esperado que Shanks le hubiera contado sobre esa llamada a Hernández por lo que no supo bien qué responder, tardando más de lo normal en decir algo.
- Si te incomoda no es necesario que me contestes.- comentó el portero, al ver el silencio de su compañero.
- Eso es algo que no tiene solución.- respondió finalmente el líbero, para luego suspirar antes de decidirse a sincerarse con el portero.
Salvatore le contó a Gino sobre cuán fastidiosa era su familia, de los problemas que tenían sus padres, de la intolerancia de sus hermanos, de las constantes peleas que tenían entre ellos, de cómo toda su familia en general no lo bajaban de ser un bueno para nada pero sobre todo de cómo su hermano Lucio siempre lo molestaba menospreciando todo aquello que el defensor le apasionaba, como lo era el futbol soccer. Luego le contó sobre la amante que tenía su padre y de la ferviente y ciega fe de su madre, que a su parecer ya rallaba en lo obsesivo, cosa que también desesperaba a Salvatore.
- Oh vamos, no creo que sea tan malo como lo pones.- comentó Gino, cuando Salvatore finalmente terminó con su relato.
- ¿Qué no?.- respondió Gentile, desesperado-. ¿Tú crees que sea normal que mi madre le diga a mi primo Sandro: "¿Ya hiciste popó? ¡Bendito sea dios!"?.- comentó con ironía, e imitando la voz de su madre-. ¡Eso es de lo más estúpido!
- ¿En serio dice ese tipo de cosas?.- preguntó Gino, incrédulo.
- Sí, y el mocoso tiene ya diez años.- respondió Gentile, gesticulando-. Además de que a diario mi tía y mi madre lo trauman con frases como: "Dios te está viendo no hagas esto o aquello" o "Dios se va a enojar contigo por esto".
- ¿Y a ti también te lo hicieron?.- preguntó Hernández, algo divertido por imaginárselo.
- No hablemos de eso, por favor.- bufó Salvatore-. Además, si mi madre conoce a alguien que profese otra religión diferente a la suya, ya lo está queriendo cambiar a sus ideologías pues considera como algo negativo las propias de otra la persona; en general, siempre que alguien no tiene su misma ideología la que está mal es la otra parte y no ella, siempre eres tú el que estará mal.- suspiró con resignación, pues él se encontraba en ese apartado-. Pero eso sí, le aguanta la amante a mi padre e incluso se la pasa hablando mal de ella en vez de hacer algo de una buena vez como sería separarse de él o mandarlo al carajo y no continuar viviendo en la misma casa como si nada pasara.- gruñó el joven, exasperado.
- A veces, las familias no son lo que uno espera de ellos y quizás en algún momento puedan llegar a desesperarnos un poco.- comentó Gino, con sinceridad-. Pero debes apreciar el hecho de que por lo menos tienes una familia a tu lado, aunque tengan sus problemas, tienes aún a tu papá y a tu mamá y tienes también hermanos que en su muy particular modo de ser te quieren. Y puedo asegurarte que el día en que ya no los tengas cerca de ti, verás que los extrañarás por cosas tan insignificantes como lo puede ser una frase o una expresión que te los recuerden.- comentó Gino, mostrando cierta melancolía en la voz-. Creo que lo que deberías hacer es hablar con tu hermano y exponerle las cosas de frente, comentarle lo que te incomoda y pedirle que deje de presionarte a hacer algo que no deseas.- agregó, con mucha más serenidad.
- Para ti es fácil decirlo.- rezongó Salvatore-. Tú tienes el apoyo de toda tu familia.
Nuevamente la expresión del portero cambió a una mucho más melancólica.
- Se podría decir que sí.- respondió Hernández, mirando hacia el horizonte y sonriendo con cierta tristeza.
Ambos jóvenes se quedaron mirando en silencio hacia las luces que se extendían por el horizonte de la ciudad, pensando en lo que acababan de escuchar y sacando sus propias conclusiones al respecto, luego de unos minutos Salvatore fue el primero en continuar.
- ¿Y qué hay de ti?.- comentó Gentile, con cierta curiosidad por conocer más sobre su amigo.
- Bueno, a mi punto de vista mi abuelo Nicco suele consentirme más de la cuenta y por más que le digo que no es necesario que lo haga, no quiere dejar de hacerlo pero sinceramente considero que eso es algo que no debería ser….- comentó Gino, algo distraído en sus pensamientos-. Por supuesto, él sí me apoya incondicionalmente en mi carrera como futbolista profesional y en ese sentido puedo decir que no tengo problemas al respecto.
- Yo más bien me refería a que….- comenzó a decir el defensor aunque se detuvo, dudando en como continuar y exteriorizar más adecuadamente la pregunta que en verdad le inquietaba saber, suspirando para darse el valor de seguir-. ¿Qué hay con tu familia y que fue lo que sucedió en París que fue tan difícil para ti?
Gino se giró para mirar a Salvatore con una expresión de auténtica confusión.
- ¿En París?.- preguntó el portero, sin comprender.-. ¿A qué te refieres?
- El otro día en que tu hermano y Erika hablaban hicieron referencia a algún tipo de acontecimiento que sucedió en París.- respondió Salvatore, tratando de explicarse mejor-. Cuando yo le pregunté a ella sobre de qué trataba ese comentario, me respondió que eso era algo que sólo tú podrías decirme, siempre y cuando así lo desearas hacer, por supuesto. ¿Me podrías contar qué fue lo que paso?
Gino se quedó meditándolo por unos instantes, como buscando en su memoria ese punto del cual podrían haber estado conversando hasta que finalmente lo encontró.
- Ya veo.- comentó Hernández, con expresión seria y desviando de nuevo su mirada-. Creo saber a qué se referían.
El portero suspiró y se quedó callado durante algunos segundos en donde parecía que intentaba ordenar sus pensamientos antes de continuar, finalmente dejó la mirada perdida en el horizonte y suspiró nuevamente antes de comenzar con el relato.
- En realidad eso no sucedió en París sino en Italia y para ser más precisos fue en la Toscana; hace siete años, luego de que el año inició y todas las celebraciones habían pasado; mis padres, aprovechando que aún tenían algunos días libres, decidieron ir a Sienna para visitar al abuelo Nicco.- comenzó a relatar Gino-. Era un viaje rutinario, lo habíamos hecho miles de veces por lo que no representaba algo fuera de lo normal para mí, pero ese día las cosas cambiaron para siempre.- comentó, para nuevamente perderse en sus pensamientos.
Salvatore esperó pacientemente a que Hernández se animara a continuar con el relato, mirando cómo el rostro del portero comenzaba a mostrar un semblante melancólico y de dolor.
- El tren de alta velocidad en el que viajábamos chocó y terminó descarrilándose, muriendo muchas personas en el proceso, incluidos mis padres.- continuó diciendo Gino, para luego volver a hacer una pausa pues se notaba que le estaba costando trabajo el continuar hablando-. Ellos, al ver el inminente accidente que se desataba sobre nosotros, decidieron protegerme a costa de sus propias vidas, recibiendo la mayor parte del impacto que iba destinada a mí.- agregó.
Salvatore había notado que Gino hacía un gran esfuerzo por controlarse, su expresión lo delataba además de que su voz amenazaba con quebrarse si continuaba, por lo que éste tuvo que hacer una nueva pausa antes de seguir con el relato.
- No voy a decir que salí ileso del accidente pero si no hubiera sido por ellos seguramente yo también estaría muerto.- comentó finalmente.
Gentile quedó muy sorprendido por el relato, si sus cálculos no le fallaban ellos habían sido muy jóvenes en ese entonces por lo que el defensor no recordaba el incidente en cuestión, pero sí podía imaginar lo horrendo que pudo haber sido estar en él, lo que lo hizo sentirse mal por su capitán.
- Creo que tu padres hicieron lo que consideraron lo más adecuado, es más que obvio pensar que te protegerían sin importarles su propia seguridad.- comentó Salvatore, en un intento de reconfortar a su compañero.
- Puede ser, pero en ese momento yo no lo entendí de ese modo.- respondió Gino, mirándolo con una triste sonrisa.
- Sabía que tu padre estaba muerto.- comentó de pronto Gentile, intentando tener tacto al hablar-. Pero no sabía que también tu madre lo estaba.
- ¿Cómo sabías eso?.- preguntó Hernández, realmente sorprendido y mirándolo con mucha curiosidad.
- Mmm.- tartamudeó el líbero, pensando en si había cometido una indiscreción-. Lo que sucede es que Erika me lo contó cuando le estuve preguntando la razón de por qué ese reloj era tan importante para ti.
Gino miró entonces el aparato que aún tenía en su mano izquierda.
- Este reloj era de él.- comentó Gino-. Me lo dio un día antes del viaje, él siempre solía traerlo puesto y a mí se me olvidó en mi habitación antes de viajar, de no haber pasado eso seguramente tampoco lo tendría.
- Piensa entonces que de algo sirve que seas a veces tan despistado.- comentó Gentile, divertido, a lo que Gino no pudo evitar sonreír por el comentario.
- ¡No soy despistado! De seguro eso lo escuchaste de Gianluigi.- se defendió Hernández.
- Puede ser.- respondió Salvatore, encogiéndose de hombros-. ¿Y qué sucedió después?.- volvió a preguntar, intrigado por la historia.
- Debido a mis lesiones permanecí algún tiempo en el hospital.- continuó diciendo Gino, perdiéndose de nuevo en sus recuerdos-. Al principio creía que mis padres no me iban a visitar ni estaban conmigo debido a que ellos también debían estar lesionados al igual que yo, y como nadie tuvo el valor para desengañarme, eso fue algo que creí durante todo el tiempo que estuve hospitalizado, pero cuando por fin me dieron de alta y sólo fue Nicco quien estaba ahí esperando por mí, supe que a partir de ese instante él era lo único que me quedaba.- sonrió tristemente al recordarlo-. Cuando finalmente me contó lo sucedido, yo no podía soportar el pensar que mis padres habían sacrificado su vida para que yo siguiera vivo y debo admitir con cierta vergüenza que terminé culpándome por haber sobrevivido y no morir con ellos.- agregó un tanto avergonzado, para luego suspirar y continuar.- Después de eso, me fui a vivir con mi abuelo y como él tenía que estar en París debido a que en ese tiempo estaba tratando de afianzar uno de sus más importantes y novedosos hoteles, yo también me mudé con él a Francia.
- Y es por eso que dijeron que fue en París aunque en realidad todo sucedió en Italia.- aseguró Salvatore.
- Así es.- respondió Hernández-. Y como podrás suponer, en esos días no era precisamente ni muy sociable ni mucho menos amigable, en resumidas cuentas no era para nada parecido a quien suelo ser hoy en día.
"Ahora comprendo muchas de las cosas que dijeron tanto Erika como el otro", pensó Gentile.
- Eso quiere decir que tú conoces a Erika desde aquel entonces, ¿cierto?.- comentó el líbero con curiosidad, mientras hilaba sus pensamientos.
- ¡Sí!.- afirmó el portero-. Fue precisamente durante la inauguración de ese hotel en París cuando yo la conocí y, después de eso por azares del destino terminé siendo su compañero de clase en la misma escuela en la que ella asistía y al final terminamos siendo muy amigos; durante el tiempo que viví en Francia, ella me ayudó en todo lo que pudo y poco a poco pude superar mi duelo, entendí que las cosas pasan por una razón, que hay cosas que no están en tus manos el poder evitarlas o que sean de otro modo y que por más que yo me culpara por la muerte de mis padres, jamás cambiaría el hecho de que ellos decidieron morir porque prefirieron darme una segunda oportunidad.- continuó relatando-. Con el tiempo salí de mi remordimiento y se me fue quitando ese sentimiento de que yo no debía estar vivo.- agregó, con una sonrisa-. Erika me ayudó a volver a sonreír y no dejó jamás de luchar para que yo no me perdiera en la depresión en la que me hundía; me hizo comprender que en vez de culparme por estar vivo debía agradecerles su sacrificio y continuar viviendo también por ellos, para honrar su memoria debía continuar con mi vida, ser cada día mejor y esforzarme en todo lo que hiciera; mis padres me dieron una segunda oportunidad y no puedo desperdiciarla amargándome y a partir de entonces trato de ver la vida de un modo muy diferente, como te dije hay muchas cosas peores en este mundo por lo que debemos superar los obstáculos que se nos presenten y continuar sin importar cuántas veces tengamos que caer y volvernos a levantar.
- ¿Y qué hay con tu hermano?.- preguntó Salvatore, recordando a Gianluigi-. ¿Cómo tomó lo sucedido?
Gino sonrió y esta vez su expresión fue mucho más divertida.
- Gianluigi no es realmente mi hermano.- explicó Gino-. Por lo menos no lo es biológicamente, sino que fue adoptado por mi abuelo Nicco, llegó a formar parte de mi vida cuando mis padres murieron y yo me fui con mi abuelo. Desde entonces, Gigi ha crecido a mi lado y no puedo negar que también fue un gran e incondicional apoyo para mí.- agregó e hizo una pausa-. Para mí, él es mi hermano mayor, siempre está ahí apoyándome cuando lo necesito y también jodiendo la paciencia cuando no tiene nada mejor que hacer.
- Pues es mucho mejor hermano que el mío.- comentó Gentile, haciendo una mueca-. Y eso que él sí es de mi misma sangre.
- Dicen que no se puede escoger a la familia que te toca.- respondió Gino-. Pero en mi caso yo diría que sí.- sonrió sinceramente-. Pero como te dije, lo que tú debes hacer es hablar con tu hermano y tratar de limar asperezas.
- Lucio cambiará el día en que el Inter derrote a la Juventus.- se burló Salvatore-. Así que supondrás que eso jamás sucederá.
- No estés tan seguro.- rio Hernández, divertido-. Ya ha sucedido con anterioridad y los sabes.- agregó, haciendo alusión a su último encuentro, cuando Gino le ganó a Salvatore y a la Juventus.
- Eso fue mera suerte.- bufó Salvatore-. La próxima vez, nosotros venceremos.
- Sí, claro, Salvo.- comentó Gino, divertido -. En fin, creo que ya me extendí demasiado con la charla y como dijiste no me puedo quedar aquí afuera toda la noche porque mañana hay un partido muy importante por jugar.- comentó intentando terminar con el tema y levantándose de su asiento-. Gracias por recuperar el reloj.- le agradeció de nuevo a su compañero.
- Sabes que en realidad no hice nada importante.- comentó Salvatore, encogiéndose de hombros y tratando de restarle importancia al asunto.
- Para mí sí lo fue.- respondió Hernández para, luego entrar a la habitación.
Fue cuando Gentile se quedó a solas que comenzó a meditar un poco sobre el asunto y se dio cuenta en ese instante de que no era que Gino hubiera tenido la vida perfecta que él había creído que tenía en un principio, era simplemente que el portero había decidido dejar atrás todo el dolor y el sufrimiento que había experimentado, sin permitir que las cosas malas que había vivido en el pasado le continuaran afectando en el presente, dejando atrás la amargura y sin dejarse vencer por lo sucedido.
"Creo que debería de comenzar a seguir su ejemplo", pensó Gentile, suspirando apesadumbrado y avergonzado pues su caso era mucho más sencillo.
Después de eso, Salvatore analizó con detenimiento su comportamiento y se dio cuenta de que todo lo que había estado haciendo en el pasado era una manera muy estúpida e infantil de lidiar con sus problemas y pensó que indirectamente quizás él también había sido parte fundamental de la desintegración de la moral colectiva de la selección.
"Eres un grandísimo idiota y lo sabes", pensó Gentile levantándose de su asiento para también entrar a la habitación.
