Capítulo 2: Bajas expectativas
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Quería haber dedicado el primer capítulo de este fic a bellatrix976, ya que se me ocurrió durante una conversación con ella, pero como soy un desastre, se me olvidó, y solo me acordé cuando ella ya lo había leído y comentado.
Más vale tarde que nunca. Espero que te guste.
Y que os guste a todos los demás, por supuesto. Volveré a actualizar tan pronto como pueda (no es por falta de ideas, sino de tiempo, para mi desgracia).
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-Eres una sangre sucia desagradecida ¡deberías apreciar que a pesar de lo ocupada que estoy, todos los días saque un rato para venir a verte y hacerte compañía! –Dijo Bellatrix en un tono cantarín e infantil.
Hermione resopló y miró hacia otro lado. Otra vez estaba allí esa condenada mujer.
-¿No dices nada? ¡Qué aburrida eres!
-¿Qué quieres que te diga? Tampoco tenemos tantas cosas en común para ponernos a charlar…
-En eso desde luego tienes toda la razón. Está bien, hablaré yo y tú escucharás.
-Venga, dispara. Quieres decirme algo horrible, ¡no te quedes con las ganas!
-¿Dispara? ¿Qué quieres decir con eso? ¿Por qué voy a dispararte si puedo lanzarte un Avada Kedavra?
-Es una expresión muggle. No te estoy pidiendo que me pegues un tiro. Déjalo anda…
-Oye niña, ten cuidado con la forma en que me hablas, mugrosa hija de muggles ¡te estás jugando que te corte la lengua! –Exclamó Bellatrix mientras en un súbito ataque de ira, pateaba en su dirección un bebedero de perro donde se supone que había debido beber Hermione, salpicándola.
-No has comido ni bebido nada ¿por qué no lo has hecho? ¿Qué se supone que estás tramando, zorra? –Le gritó Bellatrix, al darse cuenta de repente de que la chica no había tocado la comida ni el agua.
Hermione se encogió asustada, pegándose contra la pared. No había querido alimentarse ni beber por las condiciones higiénicas del agua y la comida que le habían presentado. No pensó que a Bellatrix le fuese a importar, pero antes de poder pestañear, la bruja oscura la había agarrado del pelo y la estaba obligando a mirarla a los ojos. Antes de que Hermione reaccionara cerrando con fuerza los párpados, ella ya había visto muchas cosas.
-Cómete la comida ahora mismo. Y bebe el agua, -dijo mientras rellenaba el bebedero lanzando un Aguamenti con su varita.
Hermione se levantó pegándose a las paredes del calabozo, alcanzó el plato de gachas resecas y poco apetitosas y la cuchara, y comenzó a comer, a pesar de que el asco casi le provocaba nauseas.
-Bebe –dijo Bellatrix acercándole el bebedero.
Hermione lo cogió con ambas manos para beber por un lado, pero un temblor que hasta entonces no había notado hizo que el cuenco resbalase de su agarre, dejándola empapada.
-¡Qué niña más estúpida! ¡Mira cómo te has puesto! ¿Y si ahora te enfrías y te pones enferma?
-¿Qué más te da lo que me pase? –Replicó Hermione.
-No me apetece cuidar de ti, prefiero que no caigas enferma. ¡Y muerta no me sirves para nada, idiota!
-De cualquier forma no duraré mucho así, replicó Hermione desafiante, a pesar de su miedo. -No puedo dormir por el frío, y la comida está en malas condiciones. ¿Qué más te da antes que después? ¡No van a negociar nada contigo!
-No, precisamente a eso venía. Al parecer tus amigos prefieren la compañía de Pansy que la tuya. Bueno, no me extraña. Al menos ella es guapa y elegante… ¿Crees que si te corto un dedo o una oreja y se lo enviamos estarían más dispuestos a ayudarte? ¿Qué prefieres, perder un dedo o una oreja? –Preguntó Bellatrix, avanzando hacia ella mientras desenfundaba un puñal.
Hermione se pegó a la pared de nuevo e intentó correr en círculo, pero no había mucho sitio donde huir, y tras una pequeña vuelta, la bruja oscura la cogió del brazo y la sacudió con violencia hasta hacerla caer al suelo. Las lágrimas de Hermione brotaron contra su voluntad, mientras Bellatrix aproximaba el cuchillo a su mano, y la joven cerró los ojos con fuerza al sentir el frío del metal sobre su piel.
-Abre los ojos, niña. Mírame… ¡Te estoy hablando, mírame! –Le gritó Madame Lestrange, perdiendo la poca paciencia que tenía. Hermione abrió un poco los ojos entre lágrimas, y la miró aterrorizada.
-Así está mejor. No voy a cortarte nada, tonta. ¡Era una broma! ¡Era solo una broma! ¿No te ha hecho gracia? –Preguntó entre risas Bellatrix.
Hermione no sabía que responder. Se sentía aliviada de que solo hubiese sido una broma fruto del cruel sentido del humor de Bellatrix, pero intuía que cualquier cosa podía enfurecerla, y lo que había empezado en broma, bien podía acabar siendo en serio.
-Me has asustado, -respondió Hermione, optando por decir la verdad. No era buena idea intentar engañar a una bruja como Bellatrix, que además era tan docta en legilimancia.
-No tienes por qué asustarte, tonta. Te he dicho que no te iba a torturar ¿no ha sido así? –Preguntó mirando a Hermione, buscando su asentimiento, que llegó enseguida.
-Así que al parecer, no voy a poder canjearte por Pansy, al menos de momento, porque a las hijas de muggles no las quieren ni en esa panda de sucios brujos de medio pelo que es la Orden… ¿Cómo te hace sentir eso? ¡Después de tantas cosas como has compartido con el joven Weasley… y con mi sobrina! -Preguntó Bellatrix con una sonrisa maliciosa-. Hermione no dijo nada, y bajó la cabeza.
-No es una pregunta retórica ni nada de eso. Responde. ¿Cómo te hace sentir eso? Y mírame a los ojos mientras lo haces. No te recomiendo mentirme, por cierto.
-Me hace sentir triste. Pero lo entiendo. ¡No van a darte a Pansy para que la mates! –Respondió Hermione-. El enfado la hacía olvidar el miedo. Bellatrix no la estaba cruciando, pero no era verdad que no la estuviese torturando.
-Así que piensas que soy cruel…
-Yo no he dicho eso.
-No ha hecho falta que lo digas, pequeña sangre sucia. Más te vale que empieces a comportarte, porque parece que vamos a pasar juntas mucho, mucho, mucho tiempo. Tal vez no lo pases tan mal después de todo si cuidas tus modales, -dijo Bellatrix con una voz suave.
Hermione la miró asustada. Si ya era malo que Bellatrix le gritase, ese tono de voz suave no podía presagiar nada bueno.
-¡No me mires así! –Exclamó Bellatrix con furia repentina.
-No te estaba mirando de ninguna forma, -dijo Hermione, apartando sus ojos de ella.
-Vamos a llevarnos bien, sangre sucia. Entiende esto: tú no hablas a menos que te pregunte, me hablas con respeto, recordando tu posición y la mía, y no me discutes ¿verdad que no es difícil?
-No, no es difícil, -respondió Hermione, ahogando un suspiro.
-Así está mucho mejor. En fin, parece que no te gusta mucho tu alcoba. Para que no se diga de la hospitalidad de Madame Lestrange, voy a ofrecerte otra. Levántate y dame la mano, porque vamos a aparecernos. Por cierto, no intentes hacer ninguna tontería, te lo advierto –dijo Bellatrix amonestando con el índice.
Hermione obedeció con temor. Bellatrix era inestable e imprevisible, no era recomendable llevarle la contraria, pero tampoco sabía qué pretendía con todo esto. Su mano estaba fría, y notó como se apretaba en torno a la suya.
Al momento sintió todo el malestar propio de la aparición, y cuando los contornos se volvieron de nuevo nítidos, se hallaba en una anticuada habitación con papel de pared verde oscuro, un enorme armario cuyo espejo se había oscurecido con el paso del tiempo, una estrecha cama pegada a una pared, y una mesita de noche con una pequeña lámpara. Aparte de una vieja alfombra en el suelo y cortinas del mismo color que la pared, que ocultaban por completo la ventana, no había más muebles. Bellatrix señaló con su varita una puerta en uno de los lados de la habitación.
-Ahí está el baño, espero que le des buen uso a la bañera. No es por ofender, pero hueles mal. Ya es bastante malo tener la sangre sucia, no necesitas estar tú también cubierta de mugre ¿no es verdad?
A Bellatrix al parecer le había hecho gracia lo que había dicho, pues se estaba riendo. Hermione se preguntó cómo olería ella cuando estuvo en Azkaban. No quería saberlo, a decir verdad.
-Necesitaré ropa limpia. Si me pongo la misma ropa interior después de bañarme, va a ser un asco.
-Querida sangre sucia: pensé que nos estábamos entendiendo –dijo Bellatrix con voz dulce, alzando un poco una ceja. "Peligro", pensó Hermione.
-¿Qué pasa? ¿Qué te ha molestado? ¡Solo he pedido ropa interior!
-¡Te dije que no hablases a menos que se te pregunte! –Le gritó la otra a dos centímetros de su cara, tras volverse de repente.
-Yo… lo siento. No pretendía… no pensé…
-Está bien, ya está. Simplemente no lo vuelvas a hacer, -replicó Bellatrix, sintiéndose magnánima. Ahora que era la líder de los mortífagos, podía permitirse el lujo de ser generosa de vez en cuando. –Ordenaré que los elfos te traigan ropa limpia, y también que te hagan la cama, ahora mismo creo que no tiene sábanas, solo el cubrecamas. No quieres pasar frío de noche, ¿verdad?
Hermione se preguntó a sí misma si ahora sí se esperaba que hablase, e intentó decir que no, pero no le salió la voz, y optó por sacudir enérgicamente la cabeza, lo que hizo mucha gracia a la bruja oscura, que la comparó con un perro sacudiéndose el agua.
Cuando al fin se fue, Hermione se sentó de golpe en la cama, para levantarse al instante. Era cierto que estaba sucia tras haber estado en el calabozo, y no quería manchar nada ni hacer algo que le fuese a ocasionar problemas más tarde.
Dio una vuelta por la habitación. No era especialmente grande ni estaba bien amueblada, pero con todo era mucho mejor que una mazmorra. Abrió las cortinas para ver qué había detrás, pero solo halló una pequeña ventana enrejada, con vistas a un oscuro y estrecho patio interior. Miró hacia arriba, intentando encontrar un pedazo de cielo sobre su cabeza, pero desde donde le permitían la visión las rejas, solo pudo ver muros y ventanas cerradas en todas direcciones.
Decepcionada, volvió sus espaldas a la ventana, y miró la puerta, dándose cuenta por primera vez de que no había pomo. Venció su temor a tocarla, pues esperaba en parte algún hechizo que la tirase de espaldas (o quizás algo peor) al intentarlo. No pasó nada, pero no pudo abrirla. Al parecer Bellatrix la había cerrado tras de sí.
Estaba en otra celda, tal vez no tan horrible como de la que había salido, pero seguía estando en las manos del enemigo, sin ninguna posibilidad de huida. Por ahora, se dijo Hermione.
Mientras estaba ensimismada en sus pensamientos, escuchó un fuerte crack a su espalda, y un elfo marchito y avejentado apareció, llevando en un brazo mantas, sábanas, toallas, y fundas de almohadas, y en el otro un par de vestidos, ropa interior, calzado, un cepillo de pelo y un camisón. La ropa no podía ser menos del gusto de Hermione, pero al parecer no tenía derecho a opinar sobre ese tema. El elfo se fue sin responder a ninguna de sus preguntas, y suspirando, Hermione cogió una toalla y se metió en el baño.
El agua estaba deliciosamente caliente. Hermione puso el tapón y se frotó con una pastilla de jabón perfumado tras quitarle el papel que la envolvía. El olor a jazmines era suave y agradable. Apoyó la cabeza contra el borde de la bañera, abrió las piernas dejando que el agua espumosa la recorriera, y cerró los ojos. Era la primera vez que se sentía tan cómoda desde que había sido capturada.
-Lávate también el pelo, lo tienes hecho un asco –escuchó de pronto Hermione, tras un "crack". Era la voz de Bellatrix.
De golpe cerró las piernas y abrió los ojos, e intentando incorporarse resbaló y cayó al fondo de la bañera, tragando agua sin querer, y tosiendo luego.
-¡Tranquila, niña! –Exclamó Bellatrix levantando las manos, como en un gesto tranquilizador. -¡Tan preocupada que estabas de que yo te fuese a hacer daño, y te vas a matar tú sola!
-Me has dado un susto de muerte –le reprochó Hermione mirándola con enfado.
-No ha sido mi intención. Solo quería asegurarme de que esos inútiles elfos que tengo te habían traído lo necesario. ¡Solo me preocupo por tu bienestar, como ves!
-No me pienso poner esa ropa que me ha traído tu elfo. Puede que a ti te guste ir vestida de novia de Drácula y apretada como una morcilla, pero no es mi estilo.
-¿De qué me estás hablando? ¡Qué raros sois los muggles! No vamos a discutir sobre este tema, pequeña sangre sucia. Si no te gustan los vestidos que yo misma he elegido para ti, puedes ir desnuda, pero al menos arréglate el pelo. Es el mayor desastre que he visto en mi vida. Y una vez más: recuerda hablarme con respeto, a no ser que quieras volver a la mazmorra ¿es eso lo que quieres?
Hermione volvió a guardar silencio, manteniendo los brazos cruzados en torno a sus pechos para que la bruja no se los viera, y agradeciendo que el agua tuviese suficiente espuma como para taparle lo demás. También pensó en lo irónico de que precisamente Bellatrix Lestrange le regañase por no arreglarse el pelo. "Habló de putas La Tacones", pensó Hermione, alegrándose de tener la mirada baja en ese momento. No sabía si Bellatrix la cruciaría antes por la expresión vulgar o por considerar que le estaba volviendo a faltar al respeto, aun en su pensamiento.
-¿Por qué te tapas? ¡Si ya te he visto! Además, ni que fuese a abusar de ti, más quisiera una sangre sucia como tú. ¡Si ni siquiera eres guapa!
-Me gustaría poder seguir bañándome sin tenerte aquí dándome opiniones no pedidas sobre mi belleza, si se me permite decir eso, ¡oh respetable Dama Oscura, líder suprema e indiscutible de los mortífagos, cuya estirpe se remonta a los tiempos de Merlín!
-En realidad se remonta a tiempos muy anteriores. Es muy gracioso escucharte, pero ten cuidado, no te pases de lista conmigo. Yo no soy como la estúpida golfa de mi sobrina ni el inútil de Sirius, recuérdalo. Y otra cosa. Te espero a las ocho en punto para cenar. Un elfo te llevará al saloncito donde comeremos. Sé puntual… y ten la decencia de ir vestida de forma apropiada. En tu cuarto, por supuesto, eres libre de ir tal y como viniste a este mundo, si de verdad así lo quieres.
-¿Vamos a cenar juntas? –Preguntó sorprendida la joven bruja.
-¿Por qué no? ¡Eres mi huésped! Además, si te soy franca, estoy sola esta noche, y odio cenar sola. Otros días cenarás en tu alcoba, pero esta noche puedes comer conmigo. No te preocupes, no espero que sepas manejar los cubiertos. Me contentaré con que te limpies en la servilleta y no te duermas encima de la mesa tras emborracharte con el vino.
Tras decir esto, desapareció tan de repente como había venido. Hermione tardó un poco aún en quitarse las manos del pecho. No estaba muy segura de qué estaba pasando, o de si había salido ganando o perdiendo con el cambio de situación, pero desde luego cenar con la líder de los mortífagos no era su idea de una velada agradable.
