¡Entretenme!
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Quería agradecer en primer lugar los comentarios recibidos. Siempre animan mucho a seguir escribiendo.
Y luego, como advertencia, decir que hay violencia verbal hacia Hermione, y amenazas de distinta índole. Por si lo lee alguien sensible.
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Eran las siete y media y Hermione ya había elegido qué vestido se iba a poner para la cena con Bellatrix: el que tenía menos escote. No le había gustado cómo la había mirado la bruja oscura cuando se había aparecido a su lado mientras ella estaba en la bañera. A pesar de que luego la había llamado, con otras palabras, fea, sus ojos no habían dicho lo mismo.
"Era lo que me faltaba, que la loca esa quisiera acostarse conmigo… vamos, mejor me muero y ya está", pensó Hermione.
A pesar de que había escogido el que más la cubría, seguía sintiéndose semidesnuda. Recordó que Madame Lestrange le había dicho que ella misma había elegido su ropa, y resopló. Se miró sus brazos desnudos, y la cicatriz que le había quedado como recuerdo de la última vez que había pasado tiempo a solas con Bellatrix. Tuvo un escalofrío.
A la hora señalada, un elfo acudió para hacer una aparición conjunta en el saloncito donde Bellatrix la esperaba.
-Casi llegas tarde. Te has salvado por muy poco de un castigo… qué lástima –dijo Bellatrix mirándola a través de sus párpados pesados mientras esbozaba una sonrisa torcida.
-Oh, vamos, no estés triste, seguro que si te esfuerzas puedes encontrar alguna excusa para castigarme por lo que sea, -respondió Hermione antes de darse cuenta de que estaba yendo demasiado lejos.
-Lo interesante de este asunto es que no necesito ninguna excusa para hacer contigo lo que me dé la gana, no sé si te das cuenta, tan lista como te crees. Pero no vayamos por ahí. Es la hora de cenar. Siéntate y disfruta de la comida, te aseguro que no está envenenada.
Hermione miró con dudas la mesa. Aunque lujosa, aquella sala no podía ser el comedor de la Mansión Lestrange, sino más bien un espacio personal de Bellatrix. La mesa era muy pequeña, y solo tenía dos sillas cerca, una ocupada por su captora. Se acercó con dudas a la mesa, y cuando iba a tomar asiento, vio que la otra bruja se preparaba para decirle algo:
-Te sienta bien el vestido, no pareces tú. Date una vuelta para que pueda verte bien.
Hermione la miró de forma desafiante un momento, pero enseguida apartó la vista, y se giró con desgana, con el brazo cicatrizado pegado al cuerpo.
-¿Qué escondes? –Preguntó en tono amenazante Bellatrix.
-No escondo nada –respondió Hermione, dando un paso atrás.
-¡Sucia mentirosa! ¿Qué estás intentando hacer? ¡Maldita basura hija de muggles! –Exclamó de pronto Madame Lestrange, levantando la varita hacia ella de forma amenazadora.
Hermione levantó los brazos a ambos lados de su cuerpo, para que viese que no tenía nada escondido.
-Solo trataba de tapar… mi cicatriz. Me hace sentir incómoda.
-Ah, te refieres a eso, -dijo Bellatrix en un tono de voz más apagado, señalando su brazo vagamente. Bueno, eres una sangre sucia. No puedes tapar ese hecho ni aunque ocultes la marca de tu brazo. Acepta ambas cosas.
Bellatrix le indicó que se sentase sin añadir nada más, y comenzó a comer. Hermione la miró brevemente, y se dio cuenta de que la bruja oscura evitaba mirarla directamente. Comenzó a revolver su comida con el tenedor. Tenía hambre, y aquellos alimentos tenían buen aspecto y un agradable olor, pero se sentía tan incómoda estando tan cerca de la sucesora de Voldemort, que sentía el estómago cerrado. Finalmente hizo el esfuerzo de tragar un trozo de carne cubierta de una espesa salsa, para descubrir que era puré de castañas. Estaba delicioso, e intentó comer lo más rápido que pudo antes de que a Bellatrix le diese el próximo ataque de ira y decidiese estrellar los platos contra la pared o algo por el estilo.
Cuando sació su hambre se dio cuenta de que la bruja oscura la había estado mirando, divertida.
-Ten cuidado, no te vaya a sentar mal la comida por comer tan rápido. Bebe un poco de vino, solo un poco, no te emborraches.
Un elfo apareció de pronto de la nada para servir vino a Hermione, mirando en todo momento a su señora, que le indicó cuando parar. A un gesto suyo, Hermione bebió un trago. El vino le pareció demasiado fuerte para su gusto, pero no comentó nada. Bellatrix le estaba sonriendo, y se atragantó.
-Vamos niña, no te me mueras. Y menos ahora. ¿Sabes que tienes un admirador secreto?
-¿Yo? ¿Qué me estás contando?
-Parece que a uno de mis mortífagos le resultas muy atractiva, pero no te diré quién es ¡tienes que adivinarlo!
-No tengo ni la más remota idea de quién puede ser, siento no poder jugar a las adivinanzas contigo –respondió Hermione, aún resentida por la escena anterior.
-¿Por qué tienes que ser tan aburrida? ¿No puedes ni alegrarte de resultarle atractiva a alguien? Podría ser bueno para ti…
-¿Qué quieres decir con eso?
-¿Qué crees que quiero decir? Podría enviarte con él, bajo su custodia, no como su prisionera, sino como su amante. ¿Qué te parecería eso?
-¡No por favor! ¡No me hagas eso! –Exclamó Hermione, casi con lágrimas en los ojos.
-Verás, es un trato que me conviene. Me aseguro su fidelidad, y él me debe un favor.
-¡Por favor! ¡No quiero esa vida! ¡Preferiría volver a la mazmorra de la que me has sacado!
-¿Qué me das tú a cambio? Recuerda que nada en esta vida es gratis, querida sangre sucia…
-¿Qué quieres de mí? –Preguntó Hermione con temor. No sabía que podría ser peor, si acabar convertida en la esclava sexual de un mortífago, o que Bellatrix le pidiese algo a cambio de evitarle ese trance.
Bellatrix reaccionó con una sincera carcajada que hizo temblar sus hombros. Estaba disfrutando con aquello.
-No temas, no quiero lo mismo que él. Verás, me siento un poco sola tras la muerte en la guerra primero de mi Maestro y luego de mi marido. Muertes que son obra de los tuyos. Espero que estés orgullosa del daño que habéis causado…
-También han muerto muchos de los nuestros…
-¿Cómo te atreves a interrumpirme? ¿Crees que me importan las bajas en tu bando? ¡Ojalá os murieseis todos los sangre sucia y los asquerosos traidores, y nos dejaseis a los demás en paz! –Gritó Bellatrix fuera de sí por un momento, para tranquilizarse enseguida, y mirarla, como esperando algo.
Hermione no entendía qué quería, y la miró como pidiendo que fuese más clara.
-Pídeme perdón por interrumpirme, -dijo la bruja oscura resoplando y poniendo un momento los ojos en blanco, como lamentando tener que explicar algo tan obvio.
-Siento haberte interrumpido, -dijo Hermione con un hilo de voz.
La líder de los mortífagos la miró un momento a los ojos, como evaluando si su arrepentimiento era o no sincero, pero al parecer se dio por satisfecha.
-Como te iba diciendo –dijo tras tomar aire Bellatrix –me siento un poco sola, y francamente, es aburrido. Había pensado en darle un pequeño escarmiento a esa golfilla de tres al cuarto de Pansy, pero a decir verdad, creo que he cambiado de idea. Que se la queden en la Orden, pronto se hartarán de ella. Te prefiero a ti. Pero no te tendré aquí lloriqueando: quiero que me supliques quedarte, y que te esfuerces en complacerme.
Hermione estuvo a punto de gritar que ella no le había hecho nada como para merecer ningún escarmiento, pero recordó la reprimenda anterior, y cerró sus labios.
-Puedes hablar. Pero ten cuidado.
-¿Por qué quieres que te haga compañía? Es decir, claro que prefiero quedarme aquí como tu prisionera que convertirme en la puta de alguno de tus mortífagos, pero ¿por qué? ¡Está claro que no te soy precisamente simpática!
-Por venganza, tonta. ¿Se te olvida que Potter mató a mi Maestro? ¿No te da la cabeza para recordar eso? Sí, ya sé que me dirás que tú no eres Potter, pero fuiste su mejor amiga, y sé que te alegraste cuando eso sucedió. Ahora vas a desear que no hubiese ocurrido. Pero no te preocupes: te dije que no te iba a torturar, y mantengo mi palabra.
Hermione no dijo nada, pero Bellatrix la miró como animándola a hablar. De nuevo se dio la misma situación incómoda de antes: ella no sabía qué esperaba la otra de ella, y por su parte, la bruja oscura opinaba que era muy obvio lo que la joven debía decir.
-Pídeme por favor quedarte aquí conmigo. Y prométeme que serás una buena compañía. Prométemelo por tu madre. Por cierto ¿en serio pensabas que mandarlos a Australia los protegería para siempre de mí? Luego querrás que no te diga tonta…
Hermione se quedó con la boca abierta. De repente sintió como sus manos se quedaban heladas.
-Cierra la boca niña. Tus padres están bien… de momento. Siguen en Australia sin recordar que tienen una hija. Hiciste un buen trabajo con eso, pequeña. Te felicito. Pero el caso es que yo sí que me acuerdo de que ellos existen, y da la casualidad de que un pajarito me dijo dónde vivían.
-¡No por favor, no les hagas daño! ¡Por favor! ¡Ellos no tienen culpa de nada! –Exclamó Hermione, ya llorando sin disimulo.
-De ti depende. –Repitió Bellatrix con frialdad.
-¡Por favor, quiero quedarme aquí contigo!
-Ahora tienes que prometerme que serás una buena compañía para mí. Por la salud de tu madre.
-Si me dejas quedarme, te prometo que seré una buena compañía para ti.
-¿Qué estás dispuesta a hacer por mí?
-Puedo… leerte en voz alta –dijo tímidamente Hermione.
-Sé leer sola, gracias. ¿Qué más?
Hermione se sintió aún más nerviosa al ver que Bellatrix tamborileaba los dedos sobre el mantel. Estaba empezando a impacientarse.
-Puedo salir a pasear contigo, peinarte…
-No tengo tiempo para paseos, y lo siento, pero dudo mucho puedas peinarme ¡si no sabes peinarte a ti misma, criatura!
-Puedo… puedo intentar ayudarte si alguna vez necesitas un hechizo, o si necesitas otra opinión sobre una decisión difícil…
-¡Eso es interesante! Obviamente no necesito tus hechizos, soy mucho mejor bruja de lo que tú lo vas a ser jamás, y ni mucho menos te voy a consultar mis decisiones políticas, pero ¡acabas de decirme que estás dispuesta a traicionar a la Orden con tal de mantener a tus padres vivos!
-¡Yo no he dicho eso!
-¡Vamos! ¡Claro que lo has dicho! Todos tenemos un precio, y el tuyo es ese. Harías cualquier cosa por mamá ¿verdad?
-¡Te odio! –Exclamó Hermione sin poder contenerse.
Hermione se esperaba un Crucio, o al menos un bofetón, un empujón, o una retahíla de insultos y amenazas, pero Bellatrix respondió con una carcajada, uniendo sus manos y poniéndolas a un lado de su cara, como si estuviese viendo a un cachorrito jugar.
-¡Me encanta! ¡La buena y pura sangre sucia va a traicionar a sus amigos! –Exclamó Bellatrix canturreando.
-No los voy a traicionar. Puedo ayudarte sin traicionarlos.
-Eso lo dices ahora. Si te traigo a tu mamá y te digo que la voy a cruciar, serías capaz hasta de lamerme las botas si te lo pido.
-Me dijiste que no me ibas a torturar ¡Pero lo estás haciendo! ¡Esto es tortura! –Volvió a exclamar llorando Hermione.
-¿Esto es tortura? –Preguntó con ironía Bellatrix alzando una ceja. Pues te advierto de que todavía no he empezado. Tal vez deberías reconsiderar mi oferta de ofrecerte a Amycus Carrow. ¡Uy, vaya, he dicho su nombre, he desvelado el misterio! El caso es que sigue en pie. ¿Quieres ir con Carrow?
-No, prefiero seguir aquí, -dijo Hermione azorada, bajando los ojos al darse cuenta de que Bellatrix la miraba.
-A ver, ven aquí. Levántate y ven aquí. Mírame.
Hermione notó sus manos frías agarrándola cuando vino a su lado, para impedir que se retirase.
-¡Mírame!
Los recuerdos danzaron por la mente de Hermione mientras Bellatrix los escudriñaba de nuevo. Al final, por su cara, no parecía haber hallado lo que buscaba.
-Te has asustado mucho cuando te he dicho que te iba a regalar a Carrow, y no he podido encontrar recuerdos sexuales en tu mente. ¿Eres virgen, pequeña sangre sucia?
Hermione no dijo nada, y retiró de nuevo la vista.
-¡Eres virgen! ¡Qué divertido! ¿Estás segura de que no quieres irte con Carrow? ¡Es tu oportunidad para dejar de serlo!
-No quiero ser la zorra de nadie, -dijo Hermione con enfado, mientras tironeaba de sus manos para soltarlas del agarre de Bellatrix.
-Prefieres ser una traidora que una zorra, aunque supongo que también preferirías ser una zorra que ver cómo le hacen daño a mami por tu culpa. ¡Cuántas cosas estamos descubriendo hoy!
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Tras la cena, Hermione se había acostado llorando. Casi hubiese preferido una sesión de Crucios que la tortura psicológica a la que la había sometido la bruja oscura. Pero tras muchas noches de no poder descansar, el estar en una cama caliente y relativamente cómoda, hizo que finalmente se durmiese.
Estaba soñando con un verano en el que había estado en Francia con sus padres, cuando de pronto notó que la sacudían por el hombro, y se despertó sobresaltada.
-No puedo dormir. He pensado que podías entretenerme un rato, -dijo Bellatrix.
Hermione se despertó de golpe. No sabía cómo quería Bellatrix que la entretuviese, pero de pronto se le había pasado todo el sueño.
