Cicatriz

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N/A: Siento haber tardado tanto en actualizar, pero tengo un nuevo trabajo (que me encanta), y además he viajado para ver a mi familia. El caso es que no me ha sobrado tiempo, entre unas cosas y otras. Espero en el futuro poder sacar más ratos para escribir.


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La habitación donde dormía la líder de los mortífagos podría haber sido lujosa cien años antes, pero en la actualidad estaba lo mismo de anticuada que la de Hermione, aunque era más amplia y mejor amueblada. Estaba claro que lo mejor de aquella casa era el jardín.

Una cama con dosel, dos mesitas de noche, un mueble tocador con espejo, una cómoda y un sifonier, un pesado armario, y en un rincón, un sofá y dos sillones. Todo estaba recubierto de tapices, pesados cortinajes y gruesas alfombras, pero Hermione se fijó en que algunos cuadros, seguramente retratos mágicos, habían sido retirados de la pared, y habían dejado la marca de haber estado colgados allí en el desgastado papel verde que cubría los muros. La paranoia de Bellatrix llegaba al punto de haberlos mandado quitar, pues podían avisar de quién se alojaba en ese cuarto, vaya usted a saber quién. "Muy lista, la zorra", pensó Hermione.

-Siéntate ahí, Maia, -dijo Bellatrix, indicándole un sillón, tras agitar su varita y hacer que la pesada lámpara de araña de cristal de roca se encendiera, iluminando de un modo muy hermoso la habitación.

Bellatrix llamó a un elfo, y le encargó que trajese un vino determinado y una copa. Antes de que Hermione tuviese tiempo de preguntarle para qué quería ese vino, ya estaba allí en una bandeja, junto con una copa de cristal tallado. La bruja oscura la llenó hasta el borde, y se la puso en la mano.

-Bebe, -le dijo simplemente.

-No quiero beber ahora. ¿No ibas a quitarme la cicatriz? –Preguntó Hermione con desconfianza.

-¡Eres la criatura más estúpida y desagradecida que he conocido nunca! ¿No te dije que iba a doler? ¡Encima de que intento ahorrarte sufrimientos, me lo pagas llevándome la contraria y desconfiando de mí!

Hermione alargó la mano y bebió la copa, sintiéndose aún desconfiada. Sin embargo, no quería provocar a la bruja, y que decidiese no solo no borrarle su cicatriz sino hacerle otra igual en el otro brazo.

-Puede que te sientas un poco rara en un rato. No te preocupes, este vino no deja resaca. Mañana estarás bien, le dijo Bellatrix mientras bebía, mirándola con un brillo de diversión en los ojos que no hizo que Hermione se sintiese más confiada.

-¿En qué sentido un poco rara?

-Ya lo verás. No te preocupes, no será desagradable. Remángate, extiende el brazo, y no lo retires aunque te sientas incómoda, -dijo Bellatrix, de un modo autoritario.

Hermione no tardó en obedecerla, mirándola un poco asustada. Empezó a arrepentirse de haber accedido a que le curase el brazo. No tenía ningún motivo para confiar en aquella mujer. Al mismo tiempo, notaba como se le entumecían los dedos. Era una sensación incómoda.

-Estate quieta ahora y no quites el brazo. Voy a comprobar si te está haciendo efecto lo que te he dado.

Con un rápido movimiento, Bellatrix sacó un pequeño estilete, apenas una aguja larga, con un mango labrado en plata, en el que una serpiente se enroscaba en una pulida esfera, y de golpe intentó clavar la afilada punta en el brazo de Hermione, que asustada, retiró el brazo, en contra de lo que le habían ordenado.

-¡Te he dicho que no retires el brazo! ¡Es una orden muy sencilla! ¿Tan difícil es obedecer para ti? –Gritó la dama oscura, acercando su rostro al de Hermione de forma intimidante, mientras sujetaba con la otra mano su brazo, para que no lo pudiese quitar.

Hermione se quedó sin aliento, y la miró aterrada, al borde de las lágrimas. Se sentía mareada, y cualquier estímulo la afectaba mucho más que normalmente. Noto una leve presión en su brazo, antes de que Bellatrix dejase de apretar su mano.

-Dime si duele. Con lo que te he dado, no debería doler.

La joven bruja se miró el brazo. Bellatrix ya había retirado el arma de su piel, y ahora tenía una pequeña herida, cuya sangre le chorreaba en el vestido hasta el suelo. No había sentido ni el corte en su piel.

-No te dejes asustar por un poco de sangre. No es nada. ¿Duele?

-No, -dijo Hermione, mirando la sangre que le estaba manchando la ropa.

Con un rápido movimiento de su varita, Bellatrix hizo que la herida desapareciese. Ni siquiera le había quedado una señal, lo único que atestiguaba lo que allí había pasado, era la sangre que ensuciaba su vestido.

-Perfecto. Ya estás lista. Extiende de nuevo el brazo. Esto sí va a doler. No lo retires, ¡confío en que demuestres más valor que antes!

Hermione extendió el brazo tembloroso, mientras volvía la mirada para otra parte. Bellatrix, aunque brusca, parecía tener buenas intenciones. Empezó a notar calor. Al cabo de un rato, el calor la estaba quemando. No quería mirar el brazo aún, tenía la sensación de si que la veía haciéndole lo que fuese que le estuviese haciendo, no sería capaz de mantenerse quieta. Respiró profundo, intentando no llorar ni gritar, mientras escuchaba a Bellatrix repetir una salmodia en latín en voz baja, como para ella misma.

-¡Me duele mucho! –Exclamó la joven un rato más tarde, sintiendo una quemazón insoportable, y aún sin mirar su brazo.

Sin detenerse ni dejar de murmurar, Bellatrix tomó su mano, sujetándola con fuerza con la suya, en un gesto que era a la vez dominante y reconfortante.

-Ya hemos acabado, pequeña. Ya está. Mantén el brazo quieto, voy a ponerte ungüento y a vendártelo, -dijo Bellatrix cogiéndole la mandíbula con suavidad, para hacerla volver la cara. Hermione notó que el dolor era menos intenso, y se encontró cara a cara con la líder de los mortífagos, que ahora la miraba casi con dulzura. Miró por fin su brazo, y gimió. Lo tenía en carne viva.

-¿Qué me has hecho? –Preguntó asustada la joven.

-No es nada, Maia. No tengas miedo. Cuando te lo termine de curar, tu piel estará tan tersa como la de tu rostro. ¡Será como si nunca te hubiese pasado nada!

Bellatrix le estaba sonriendo. No era una sonrisa cruel, más bien parecía intentar animarla. Hermione intentó devolvérsela, pero se sentía muy confusa, y se echó a llorar, restregándose la cara con el otro brazo. La morena volvió a apretar su mano, impidiéndole mover el brazo herido. La miró un momento con duda. No era culpa de la pequeña sangre sucia montar un espectáculo como lo estaba haciendo: estaba drogada. Había tenido que hacerlo, si no le hubiese sido imposible aplicar el hechizo mientras ella aullaba retorciéndose de dolor, pero sabía que podía pasar esto. Ahora iba a ser por un rato bastante difícil de manejar. Aunque, por otra parte, no sería capaz de acordarse por la mañana de nada de lo que estaba sucediendo. Podía mostrarse blanda sin perder autoridad, solo por esa noche.

-Hermione. Mírame, -dijo la bruja oscura, cogiendo su mentón para obligarla a prestarle atención. –Estás asustada. Es normal, pero no pasa nada. No pasa nada, de verdad.

La bruja oscura cogió un pañuelo, y le limpió las lágrimas y la nariz. Hermione lo cogió, avergonzada, y siguió haciéndolo ella misma.

-Voy a por el ungüento. Estate quieta un momento, -dijo Bellatrix acariciando su pelo, para retirar enseguida la mano, como extrañada por su propia reacción.

Cuando volvió con el ungüento y las vendas tras haberse lavado las manos, la chica no se había movido, ni había hecho nada estúpido. Aplicó con suaves toques la medicina en la herida abierta, y luego la vendó para protegerla de infecciones y roces. La sangre sucia seguía hipando y llorando en voz baja. Normalmente, eso le hubiese resultado muy molesto en cualquier otra persona, pero en ella le pareció… enternecedor. Había sido fría y hostil todo el tiempo, parecía casi otra persona distinta de la joven a la que había torturado no hacía tanto tiempo: la guerra y una vida a salto de mata en la resistencia la habían cambiado y endurecido. Ahora la veía sin su coraza, y parecía casi una niña.

La miró con dudas, pero volvió a recordar que la joven no sería capaz de acordarse de nada a la mañana siguiente, y la abrazó. Hermione respondió a su abrazo, en ese momento no le parecía nada raro abrazar a la líder de los mortífagos. Ni siquiera se acordaba claramente de quiénes eran los mortífagos, solo echaba de menos a su madre.

El llanto fue cesando, mientras Bellatrix la acunaba entre sus brazos. Volvió a alegrarse de haber quitado los retratos de las paredes: nunca hubiese hecho algo así si hubiesen estado ellos mirando.

-Levántate. Voy a llevarte a tu cuarto. Necesitas dormir, -dijo la morena, intentando ayudar a la joven a ponerse en pie, pero no fue buena idea. Estaba muy drogada, y se tambaleó a punto de caer en cuanto dio dos pasos. No parecía buena idea moverla en ese estado, ni siquiera hacerla aparecer en su cuarto.

-Hermione, vas a dormir aquí. Solo por esta noche.

Con un movimiento de varita y un rápido hechizo, la hizo levitar hasta acostarla en el sofá. Metió un par de cojines bajo su cabeza, y quedó satisfecha: parecía relativamente cómoda. Pero tenía la ropa manchada de sangre: repugnante.

Se dirigió a uno de sus cajones, y sacó un camisón, uno de los que menos le gustaban. Con otro movimiento de varita, la desnudó, dejándole solo su ropa interior, y no sin cierta dificultad (la sangre sucia no colaboraba mucho) le puso el camisón. La arropó, y se dio por satisfecha. La pequeña mascota parecía cómoda.

-Bellatrix…-Llamó con suavidad la chica, cuando la bruja estaba volviéndose de espaldas para irse.

-Dime, -contestó la morena, alzando un poco una ceja.

-¿Es verdad lo que cuentan de Nagini?

-¿Qué es lo que quieres saber de Nagini? La pobre criatura ya está muerta, gracias a tu amiguito el traidor ese de Neville… más valdría que dejásemos su recuerdo en paz, ¿no crees?

-¿Es verdad que Voldemort la hacía meterse por el culo de aquellos a los que quería castigar?* –Dijo la chica, como si no hubiese escuchado su advertencia.

Bellatrix no supo cómo reaccionar. No era la primera vez que escuchaba aquella estupidez: formaba parte de la leyenda negra del Señor Tenebroso. Normalmente hubiese castigado con dureza a quien la repitiese, pero nunca imaginó que alguien se lo llegaría a preguntar a ella misma. Finalmente, explotó en una carcajada. No cabía duda de que lo que le había hecho beber había afectado mucho a la pequeña sangre sucia. Por la mañana se lo repetiría, fingiendo severidad, solo para gastarle una pequeña broma.

-Una chica tan lista como tú no debería creerse todas las mentiras que los enemigos de mi Maestro cuentan acerca de él. No te niego que mi Maestro era duro en sus castigos, pero él nunca hubiese tratado así a su querida Nagini. ¿Quién te ha contado esa tontería?

-Me lo dijo Tonks. Ella estaba muy segura.

La sonrisa se borró de su rostro al escuchar el apellido de su odiada sobrina.

-Debí haberlo imaginado. Una historia tan zafia y vulgar solo se le hubiese podido ocurrir a ella. No es verdad: ¡es sucia propaganda contra nosotros, los legítimos herederos de la magia! Y ahora cierra los ojos y duérmete. Voy a poner unos cuantos hechizos en las puertas y ventanas para evitarte la tentación de intentar huir, aunque no creo que estés como para escapar, de cualquier forma. Estaré durmiendo cerca, en la cama con dosel de ahí –dijo la bruja oscura, señalándola- pero no me molestes a menos que te estés muriendo.

-¿Estás enfadada? Preguntó Hermione, al notar el súbito cambio de actitud.

-No estoy enfadada, aunque no me gusta escuchar tonterías. Pero no estoy enfadada contigo, -replicó Bellatrix, enterneciéndose un poco. Era la primera vez que a la chica parecían importarle algo sus sentimientos. Se acercó a ella e intentó pasarle la mano por los ojos, pero ella se echó a un lado, sobresaltada.

-No iba a hacerte nada malo, Maia. Buenas noches, -dijo Bellatrix, con un aire de decepción mientras se volvía de espaldas para empezar la tarea de poner hechizos protectores antes de irse a dormir.

-No voy a poder dormir. Me duele el brazo…

-Te estás comportando como una niña, ¿quieres que te trate como a una niña? -Preguntó la bruja oscura, en un tono vagamente amenazante.

Hermione no dijo nada, simplemente la miró con sus ojos castaños. A la dama oscura le pareció ver una mirada aprensiva en ellos.

-Veo que te han contado muchas historias. ¿Quieres que te cuente yo un cuento para dormir?

-¿Te sabes cuentos para dormir? –Preguntó extrañada la gryffindor.

-¡Claro que sí! Esta incluso me la inventé yo. Una vez, tuve una hija. Todas las historias que conocía me parecían cursis y estúpidas, y yo no quería que mi hija fuera cursi ni estúpida, sino una guerrera, como yo, así que me inventaba cuentos para ella.

-¿Y dónde está ella ahora?

-Ella murió.

-¡Lo siento! –Exclamó Hermione, que no había esperado esa respuesta. Pese a sentirse mareada, sintió claramente un ramalazo de empatía hacia ella.

-No pasa nada, Maia. Ya no me importa. Es una tontería vivir en el pasado ¿no crees? Venga, cierra los ojos, que voy a empezar. Esta es la historia de la pequeña bruja que buscaba a su madre y Brovis, la serpiente legilimente.

"Había una vez una niña, bruja de sangre pura, llamada Ravena. Por desgracia, era muda, pero su madre podía comunicarse con ella con la mirada, y ambas sabían lo que la otra quería. Además de su madre, tenía una serpiente llamada Brovis. ¡Pero no era una serpiente cualquiera, era un ofidio legilimente!"

-No pega que fuese una serpiente. Quedaría mucho mejor un cuervo en tu historia, -opinó la joven bruja.

-Era una maldita serpiente. Cállate para que pueda seguir con el cuento ¡y cierra los ojos! Se supone que tienes que relajarte con esto…

-Vale, ya me callo.

"Pero un día unos magos traidores, al servicio de los muggles, atacaron la pacífica aldea en la que la madre y su hija vivían. Los magos y las brujas del pueblo se unieron contra el ataque, pero fueron superados en número y vencidos. La madre de Ravena fue hecha prisionera, y se la llevaron lejos. La niña juró que la rescataría, pero ¿qué podía hacer ella, siendo solo una niña muda?"

-¿Por qué tienen que haber secuestrado a su madre? ¿No era suficiente con que fuese muda?

-Porque la vida es dura. Una vez más te lo digo: ¡Haz el favor de callarte!

-No se respeta mi libertad de expresión. Pero claro… -dijo Hermione, dejando deliberadamente el resto de la frase en el aire.

-¿Cómo que claro? ¿Qué quieres decir con claro?

-No quiero decir nada: sigue con el cuento.

-No cumplo órdenes de mocosas de sangre sucia…

-¿Puedes seguir con la historia, querida Bellatrix?

-No sé en qué momento te he dado permiso para llamarme querida Bellatrix, pero te lo pasaré por esta vez, solo porque esta noche estás más atontada de lo que es normal en ti.

"Así que Ravena y Brovis se pusieron en marcha, y recorrieron muchas millas buscando a la infortunada bruja, pero por más que lo intentaban, no pudieron dar con ella. Ravena no podía comunicarse con nadie, pero de todas formas, los muggles recelaban de ella cuando la veían con Brovis: se daban cuenta de que no era como ellos, y la odiaban por ello. Por suerte, Brovis la acompañaba, y hablándole en pársel, le aconsejaba cómo encontrar agua y comida, y dónde guarecerse de los animales salvajes y las inclemencias del tiempo. Afortunadamente, Ravena era ducha en magia no verbal, y gracias a su habilidad, podía improvisar el resto de cosas que necesitaban para sobrevivir. Pero el tiempo pasaba, las estaciones se sucedían, y por más que andaban y recorrían pueblos y ciudades, no podían encontrar a su madre. De noche, Brovis se estiraba al lado de Ravena, para dormir las dos juntitas, dándose calor".

-No era para darle calor. Se la quería comer, -afirmó Hermione.

-¿Qué ocurrencia es esa de que se la quería comer? ¡No se la quería comer!

-Leí en "El Quisquilloso" que eso hacen las serpientes, acostarse al lado de sus dueños, para medirlos, a ver si se los pueden zampar. Seguro que Nagini hacía eso con Voldemort.

-¿Eso lo dice "El Quisquilloso", o lo dices tú?

-Creo que lo leí en alguna parte, pero no fue en ese periódico, -contestó de manera evasiva Hermione, evitando mirar a los ojos a la bruja oscura.

Bellatrix se dio cuenta de que mentía, pero ella también evitó mirarla a los ojos, o ambas serían conscientes de que había descubierto mintiendo a la joven, y se vería obligada a castigarla, cosa que no le apetecía. Decidió seguir con el cuento.

"Todo seguía igual, hasta que un día, tras un encuentro con unos magos traidores, Ravena se quedó ciega".

-¿Cómo que se quedó ciega? ¿No era suficiente que fuese muda?

-Eso le da más interés a la historia, -afirmó Bellatrix.

-¡Eso hace aún más horrible la historia! ¡Además, me la estás contando mal! ¡Tienes que narrarme el encuentro con los magos traidores!

-¡Es mi historia y la cuento como me da la gana, faltaría más!

Ambas se miraron, ceñudas.

-¡Eres imposible! –Exclamó la bruja oscura, haciendo ademán de levantarse. -¡Mira que he intentado contarte un cuento para que te durmieses, pero es que no hay manera!

-No te enfades, -dijo Hermione, cogiéndole la mano, para evitar que se fuese. Bellatrix se la quedó mirando, confusa, pero cuando la bruja se volvió a sentar, la joven no retiró la mano.

-Es una historia muy bonita, ¡me está gustando mucho! -volvió a mentir Hermione, sin soltarle la mano.

Bellatrix apretó su mano entre las suyas, y notó cómo la joven bruja se relajaba un poco.

-¿Qué pasa al final con la historia? ¿Acaba bien? –Preguntó Hermione, mientras intentaba reprimir un bostezo.

-No te lo voy a contar. Seguiremos otra noche, porque si te lo cuento ahora, ya no tendremos ocasión de hacerlo. Nadie quiere escuchar una historia de la que ya sabe el final.

-Podemos seguir hoy. ¡Te prometo que estaré callada!

-Ya me has dicho eso varias veces en un rato, y has seguido interrumpiéndome. Estás cansada y bostezando: cierra los ojos, y duerme.

Hermione no quería que se fuese. Empezaba a encontrar divertido discutir con ella… pero había algo más. Intentó pensar qué podía ser, pero estaba demasiado aturdida como para concentrarse: de un pensamiento pasaba rápidamente a otro, sin que le diese tiempo a profundizar en ellos. Nunca le había pasado algo así, y lo encontró casi desagradable, pero a la vez empezaba a sentirse, como había afirmado la bruja oscura, muy cansada. Sin soltar su mano, cerró los ojos y respiró hondo. Mucho antes de lo que había pensado, ya estaba dormida, y Bellatrix retiró la mano, con cuidado de no despertarla.

Se metió en la cama pensando que tal vez en otra ocasión le pudiese hacer un hueco a la sangre sucia. Era verdad que su estatus de sangre era lamentable, pero ella no le pensaba ofrecer un anillo ni nada parecido. Solo sería un revolcón.

Por un momento sintió una punzada de algo parecido a la compasión hacia Maia, o Hermione, o como se llamase la sangre sucia. Pero fue un momento breve. No había nada que le impidiese hacer lo que le diera la gana con ella. ¡Para eso era su prisionera!


*Por lo visto hay fics por ahí en los que pasa eso. No he leído ninguno, pero bellatrix976 me asegura que sí que existen. Me ha parecido maravilloso, y he tenido que incluir ese detalle en mi historia. No ha habido más remedio, el universo conspiró para que así ocurriese.