Cuando acabe la guerra
oOo
N/A: Quería agradecer los comentarios que me hacéis. De verdad que me encantan. Y nada, ¡espero que os guste el capítulo!
oOo
Mientras que Tonks se había quedado dormida enseguida, Pansy solo había fingido dormirse. Tenía algo que hacer esa noche, y no podía posponerlo. Se quitó con cuidado uno de los brazos de la metamorfomaga de encima, que en su profundo sueño, solo suspiró, y cogiendo a puñados su ropa, salió con sigilo del cuarto para vestirse en el baño, y desde allí aparecerse en un oscuro callejón de Londres, donde la esperaban dos brujas, una castaña y otra rubia.
-Llegas tarde, -dijo Narcissa Malfoy, mientras su hermana Andrómeda hacía un mohín de disgusto.
-No he podido llegar antes. No sin levantar sospechas, –afirmó Pansy.
-¿Tienes alguna información nueva que darnos?
-Nada que valga la pena. ¡Por favor, no puedo seguir haciendo esto más! ¡Narcissa, deja que me vaya! ¡Nunca implicaré a nadie, solo quiero desaparecer!
-¿Tan difícil te resulta? Pensaba que se te estaba dando bien manipular a mi sobrina…
Pansy le dirigió una mirada de odio, aunque pronto desvió la vista. Sentía cierta parte bastante privada de su cuerpo dolorida, pero no era una sensación que le desagradara. Pensar en Tonks la hizo sentirse aún más miserable.
-Ya es un poco tarde como para que te andes con melindres, querida. ¡Tenías que haber pensado en lo que implicaba ser nuestra espía en la Orden antes de aceptar mi ayuda para librar a tu hermano de un consejo de guerra por corrupto y traidor!
-¡El no quiso traicionar a nadie! ¡Todo fue un malentendido! ¡Lo engañaron para sacarle información!
-Cuéntale eso a Dolores Umbridge, querida.
-De verdad que no puedo seguir con esto. Prefiero morir. Prefiero que me matéis ahora mismo, –dijo Pansy temblando como una hoja.
-No será tan fácil. El que pagará por tu cobardía será tu hermano, –replicó Narcissa con frialdad.
Pansy ahogó un gemido y bajó la cabeza, completamente vencida y resignada.
-Sigue con tu misión solo un tiempo más. Estamos muy contentas contigo, lo estás haciendo muy bien. Necesitamos que esta pesadilla acabe, y no va a ser pidiéndoles ni a la Orden ni a Bellatrix que dejen de pelearse ¿verdad? –Dijo Narcissa, levantándole el mentón en un gesto casi cariñoso.
-Todos sospechan de mí. La única que no piensa que sea una infiltrada… es Dora. El asunto del secuestro de Hermione, y la oferta que hizo Bellatrix de intercambiarnos, tampoco ha contribuido a mejorar las cosas, precisamente.
Narcissa asintió, mientras Andrómeda meneaba la cabeza suspirando.
-Solo un poco más. No tenemos pensado que esto vaya a durar mucho más, Pansy. Después podréis iros tu hermano y tú, con los bolsillos llenos de galeones, y olvidarlo todo, en otro país y con otras identidades.
-¿Qué pasará con ellos cuando deis el golpe?
-¿Te importan, Pansy? –Preguntó Narcissa con un gesto irónico.
-¿Qué pasará con Dora? No quiero que le pase nada a ella. No lo merece.
-¿Crees que voy a dejar que le pase algo a mi propia hija? –Preguntó con frialdad Andrómeda.
-Si ni siquiera es tu hija… -dijo Pansy con voz desapasionada. Sabía que no era adecuado decir eso, pero se sentía tan agotada mentalmente, después de meses viviendo en tensión, que solo quería acabar con aquello. Aunque fuese de la peor manera.
-Como si lo fuese. La adopté cuando era muy pequeña. No conoce otra madre que no sea yo. Por cierto ¿Te ha contado eso ella?
-Sí. Ya os dije que ella confía en mí. Y tú estás conspirando a sus espaldas contra ella, –respondió Pansy, acusadora.
-Mi hija, por desgracia, hace tiempo que está fuera de control. Se ha vuelto una fanática, y no atiende a razones. Lo que ella y los Weasley pretenden es irrazonable, y a la larga sería dañino para todos nosotros, no solo para los sangre pura. Están demasiado dolidos por las muertes de sus seres queridos, y solo piensan en vengarse. ¡No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras entre mi hermana y ellos nos llevan a la destrucción! Sé que lo que estás haciendo no es precisamente por ideales, pero eres importante, Pansy. Y estás haciendo un bien. Duerme tranquila: estás en el bando adecuado, luchas por la causa correcta, y Merlín está contigo.
oOo
Un poco temprano para salir a dar un paseo ¿no Pansy? –Preguntó Fred cuando la vio avanzar por el destartalado y oscuro pasillo del piso.
-No sabía que tuviese toque de queda. He ido a estirar las piernas porque no podía dormir.
-Claro, Pansy. Una vueltecita a las cinco de la mañana sienta bien a cualquiera.
-¿Y tú qué haces acechándome?
-Qué presumida. No te estaba acechando. Venía del baño y te escuché aparecerte. Por cierto, Tonks está en el salón. Ella también se ha despertado, y al parecer se ha preocupado bastante cuando se ha dado cuenta de que te habías ido…
Sin seguir escuchando al pelirrojo, Pansy avanzó hacia el salón, la espaciosa habitación en la que terminaba el pasillo. Allí estaba Tonks, que se había incorporado del sofá al escuchar los murmullos de su conversación con Fred, aún con la manta con la que había estado cubierta colgándole del hombro, mientras se ajustaba la bata. Al verla, corrió a abrazarla.
-No puedes hacer estas cosas. No puedes irte en medio de la noche sin avisarnos. ¡Te podría haber pasado algo!
-Necesitaba salir y despejarme. Tú estabas dormida y no quise despertarte, pero estaba desesperada dando vueltas en la cama.
Tonks acarició su pelo, apretándola más contra su cuerpo. Era solo un poco más alta que Pansy, y buscó sus ojos mientras le daba un breve y suave beso en la boca.
-No lo hagas más. La gente habla. –Dijo la metamorfomaga bajando la voz.
Sus manos se metieron bajo su blusa. Pansy había salido a la calle no demasiado abrigada, y el frío de la madrugada la había dejado helada. La slytherin se estremeció un momento cuando notó el calor de las manos de su novia sobre su piel fría.
-¡Estás helada! Ven, vamos a la cama, voy a hacer que entres en calor, –dijo Tonks, guiñándole un ojo mientras le sonreía con picardía.
Más tarde, arropada en la cama y entre los brazos de Tonks, Pansy sintió otra vez el mismo nudo en la garganta y el mismo picor en los ojos que anunciaba un inminente llanto. Pero no podía hacerlo de nuevo, simplemente no podía. Tonks no había bromeado cuando había dicho que si fuese una filo – mortífago la mataría con sus propias manos. Bueno, no era exactamente eso, pero sí que era una infiltrada, y sí que estaba conspirando contra ellos. No podía dejar que la metamorfomaga lo sospechase, así que respiró hondo para tranquilizarse. El sentir sus caricias y sus besos en el cuello no ayudó. Enamorarse de ella no había entrado nunca en sus planes, ¿por qué tenía que ser tan dulce, la condenada?
-Pansy, te noto muy triste. Sabes que puedes contar conmigo. De verdad, para lo que sea…
-Estoy bien. Es que todo esto de la guerra me supera. No soy una persona especialmente valiente ¿sabes?
-Lo sé –dijo Tonks riendo un poco-.Y no pasa nada. Ser valiente está muy sobrevalorado. Tú tienes otras cosas que valen más la pena. La guerra no durará para siempre. Cuando ganemos podrás dedicarte a pintar acuarelas, cultivar jardines, perseguir unicornios, y todas esas cosas bonitas y agradables que te gustan.
-Y también está lo de mi hermano…
-Te preocupas demasiado por ese tema. Ha quedado libre de sospecha. No le va a pasar nada –dijo Tonks.
-Dolores Umbridge lo tiene bajo arresto domiciliario. No confían del todo en su inocencia.
"Tienen motivos para no confiar del todo en su inocencia", pensó Tonks. Ella sabía que el hermano de su novia no era en absoluto inocente: había vendido a su propio bando por dinero. Tonks lo sabía bien, porque ella era una de las personas que habían negociado con el joven y ambicioso Barney Parkinson. Sin embargo, no creía que saber ese detalle fuera a hacer feliz a Pansy.
Echó un muslo por encima del de la morena, para aferrarla más en su abrazo, y rozó sus pies con los de Pansy. Ya no estaban fríos, pero ella seguía sin estar tranquila. "Tal vez sería más feliz luchando en la retaguardia, Pansy no sirve para esta vida", pensó por un momento. Pero al momento siguiente se dijo que de una forma egoísta la quería a su lado. Se consoló a sí misma pensando que también era por el bien de Pansy: si estuviese lejos, ella no podría cuidarla, ni saber en todo momento que estaba bien.
-Podemos proteger a tu hermano. Lo podemos traer con nosotros ¿te gustaría eso?
-No. Él está completamente convencido de la supremacía de la sangre pura. Sería como secuestrarlo, –dijo Pansy, pensando que si se hacían con su hermano, ella ya nunca podría escapar, hasta que llegase el momento en el que todo se descubriese y le hiciesen un consejo de guerra en la Orden. No sabía qué le dolería más, si la propia muerte, o ver la decepción y el odio en el rostro de su novia.
-Como quieras, Pansy. Solo te doy opciones. No quiero verte tan triste y preocupada.
-Ya se me está pasando. Tienes razón en que ha sido una tontería salir sola de madrugada. No lo volveré a hacer ¿vale? Siento si Fred te ha molestado por mi culpa.
-Me importa una mierda lo que pueda decir Fred. No quiero perderte. Hay carteles con nuestras caras empapelando las calles de Londres. Ya es peligroso que salgamos todos juntos, pero que salgas sola es una locura.
-Tienes razón, no quería preocuparte. Lo siento.
-No pasa nada. Lo importante es que ahora estás aquí, calentita y conmigo. ¿Ves? ¡La vida no es siempre tan mala! Y respecto a lo de tu hermano, si no puedes hacer nada por él, no gastes energía pensando en lo que podría salir mal. Sé que es más fácil de decir que de hacer, pero tienes que intentarlo.
-Lo intentaré, -dijo Pansy, apretando su mano. Normalmente, cuando acababa el sexo, no disfrutaba gran cosa del contacto físico, pero esa noche se sentía especialmente sola y frágil.
Se quedaron en silencio un rato, mientras Pansy escuchaba sus respiraciones acompasadas. La pierna de Tonks encima de la suya y su apretado abrazo empezaban a resultarle incómodos, pero no se quejó. Sin saber ni cómo, empezó a recordar el día en el que se había metido en todo este lío, el día en el que se enteró de que Dolores Umbridge había mandado apresar a su hermano bajo una gravísima acusación, que le supondría sin duda alguna el beso del dementor.
Desesperada, había corrido a ver a Narcissa, la madre de su ex novio, por si podía ayudarla en este asunto. Ellas dos conservaban una buena relación, a pesar de la reciente ruptura de su relación con Draco. Entonces fue cuando le prometió su ayuda, a cambio de que se infiltrase en la Orden y los vigilase de cerca.
No le costó mucho trabajo: un par de años atrás, le había dado por espiar a Hermione y Tonks cuando estaban juntas. Tanteó su suerte yendo a uno de los bares que sabía que frecuentaban, y allí estaba Tonks, sola, bastante borracha, con el pelo sucio y la mirada vidriosa. A pesar de que estaba metamorfoseada y sus facciones eran algo distintas, la reconoció fácilmente por su estilo y sus gestos desmañados. La otra, por el contrario, ni siquiera parecía recordarla, solo cuando Pansy se sentó a su lado y la invitó a otra copa, pareció reparar en que su rostro le era familiar.
-Hola, yo te conozco, -dijo Pansy-. Estás cambiada, pero sé quién eres. Eres prima de Draco Malfoy, y trabajabas como aurora para el Ministerio. Nos conocimos en Hogwarts, aunque no tuvimos mucha relación. Tú estabas trabajando, claro.
-¿Tú eres aquella chiquilla odiosa que se magreaba con mi primo por los pasillos de Hogwarts, verdad? Os pillé follando una vez, pero me hice la loca y lo dejé pasar. Ni siquiera quise cortaros el rollo. No era de las peores cosas que podíais estar haciendo, -le espetó.
-Yo también te pillé a ti, empotrando contra una pared a la Granger. Teniendo en cuenta que ella era una alumna, tú una aurora, y además le llevabas siete u ocho años, tiene más mérito el que yo me callase. Te hubiesen echado a la calle al momento.
Tonks se había quedado boquiabierta, quitándose el oscuro pelo de la cara con torpeza.
-Nunca hicimos nada más allá de besarnos y acariciarnos por encima de la ropa. Ella no parecía desear nada más, y yo no quise presionarla. Y de todos modos, al final me acabaron despidiendo, no por nada que hubiese hecho yo, sino porque Thicknesse así lo decidió. Nos echó a todos los que no éramos filo – mortífagos. De todas formas, gracias por no decir nada. A mí me hubieses complicado la vida, y creo que a Hermione le hubiese dado bastante vergüenza.
-Brindemos entonces por la conveniencia y la importancia de saber tener la boca cerrada, –había dicho Pansy, levantando su copa.
Esa misma noche habían acabado liándose en los baños del bar. Pansy ocultó el detalle de que ya no era la novia de su primo: juzgó (y juzgó bien), que tendría más posibilidades de conseguir sus objetivos si hacía creer a aquella mestiza hija de una Black desheredada que estaba haciéndole una jugada a su primo el mortífago. Había pensado en aquella mujer como en una Black, y había acertado: era igual de perra que todos en esa familia. De algo le tenía que valer haberlos conocido.
Pese a que era la primera vez que tenía sexo con una mujer, Pansy se sorprendió de que fuese tan fácil y placentero. Tuvo que reconocer que probablemente la mujer en cuestión tenía algo que ver con aquello. Cuando le tocó el turno a ella, la metamorfomaga, al darse cuenta de su inexperiencia, había sonreído y cogido su mano, enseñándole sin palabras lo que tenía que hacer. Al parecer estaba bastante necesitada de sexo, pues duró muy poco, y terminó entre suspiros y risas, apoyándose contra su hombro después. Su pelo se había vuelto de color rosa, y sus ojos parecían mucho más alegres y brillantes.
Cuando llegó el momento de la despedida, quedaron en verse en aquel mismo bar dentro de una semana. Pansy había estado nerviosa todo aquél tiempo: no quería que la misión fracasara, pero también había algo más, un sentimiento inconveniente que ella trataba de empujar dentro.
Pero cuando Pansy llegó ya estaba ella allí, sentada en la barra de aquél sucio bar muggle, charlando animadamente con el camarero. A pesar de estar de espaldas, la reconoció por su voz y sus botas de cuero negro, y antes de que le tocase en el hombro para avisarla de su llegada, Tonks se giró sobre sí misma, como si ya supiese que estaba ella allí, y le sonrió ampliamente, guiñándole un ojo y señalándole un taburete a su lado en la barra.
Aquél día era pelirroja y tenía el pelo rizado y los ojos azules, pero seguía siendo ella, siempre era ella. Hablaron de estupideces durante un rato, hasta que sin previo aviso, Tonks se le acercó y la besó en la boca.
Después de aquello, todo fue más fácil, y a los pocos meses ya la había convencido de que se había replanteado toda su vida y ahora era leal a la Orden y partidaria de la igualdad entre todos los magos, ya fuesen sangre pura, mestizos, o nacidos de muggles.
Lástima que en ese tiempo Pansy hubiese empezado a llamarla Dora, a quedarse dormida entre sus brazos, y a fantasear con una vida en común donde todo sería color de rosa, cuando la guerra acabase, siempre cuando la guerra acabase. Por desgracia, los reclamos de Narcissa para que la informara de lo que ocurría dentro de la Orden, no tardaban en devolverla a la realidad.
De pronto la suave respiración de Tonks se interrumpió, y se incorporó de golpe, respirando de forma acelerada.
-¿Una pesadilla?
-Sí, la de siempre. He vuelto a soñar con la muerte de Remus. Y luego con mi madre intentando matarme. Y con Hermione. ¿Crees que Mione estará bien?
-Seguro que está bien. Es una chica lista, fuerte, y mucho más valiente que yo.
-Sí, pero está en poder de… de Bellatrix.
-No podemos hacer nada por cambiar eso. Tú misma me lo has dicho antes con lo de mi hermano.
-¿Y tú no duermes? Mañana vas a estar hecha polvo.
-Estaba acordándome de cuando nos conocimos. No en Hogwarts, quiero decir más tarde, cuando nos encontramos en aquél bar.
-Cuando follamos en aquél baño. Sí, yo también me acuerdo muy bien.
-Te quiero, Dora. De verdad que te quiero.
-Y yo también a ti, ya lo sabes. Vamos a intentar dormir un rato, todavía creo que podemos aprovechar una hora.
Y tras besarla en la mejilla, la arropó y se echó a su lado sin rozarla. A veces Pansy se quejaba de que la aplastaba abrazándola, o invadía su lado de la cama, pero esta noche estaba muy rara. Por si acaso, sería mejor dejarle un poco de espacio, pensó Tonks.
