¡Bellatrix, no!

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N/A: Hay sexo dudosamente consentido, pero es dentro de un sueño.

Y bueno, de nuevo gracias por las reseñas, aunque sean una carita feliz me encantan y me alegran el día.


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Bellatrix dormía con un sueño intranquilo cuando fue despertada por unos gemidos. Por un momento se quedó extrañada, hasta que se acordó de la estúpida sangre sucia que descansaba en el sofá. Pensó simplemente en ignorarla y se dio la vuelta en la cama, pero los sonidos no cesaban, y se dijo que más valía levantarse y ver qué demonios le pasaba, que no ser molestada cada diez minutos.

Encendiendo solo una pequeña lámpara de noche, se acercó hasta donde descansaba la muchacha, que tenía el rizado cabello desparramado por el sofá. Apretó un poco los ojos al notar la luz, y giró la cabeza. No parecía encontrarse físicamente mal, pero al parecer tenía pesadillas. Por un momento pensó en despertarla, aunque cambió de idea: sería mucho más divertido ver qué estaba soñando. Y ella ni siquiera lo sabría.

No necesitaba pronunciar el hechizo para llevarlo a cabo, y con facilidad se vio de repente dentro de la mente de Hermione.

Con sorpresa se vio a sí misma con la chica en los jardines de la casa, aunque dentro del mundo onírico de Maia, como había decidido llamarla, estos eran distintos. Aun así, pudo reconocerlos: el lago bajo la luna llena, con el camino entre los árboles y la vetusta casa al fondo. Pero en el sueño de Maia, todo era mucho más siniestro: las flores estaban marchitas, las hojas secas y podridas alfombraban el suelo, y el agua del estanque estaba sucia, con peces muertos flotando en las quietas aguas.

De pronto la Bellatrix del sueño empujó a la sangre sucia sobre un lecho de hojas secas, y la Bellatrix real casi se asustó por la brusquedad del gesto, pero enseguida sonrió encantada: al parecer iba a tener un inesperado espectáculo gratis.

Sabía que algo así podía pasarle a la joven, era un efecto de la droga que la había hecho beber, y muchos magos y brujas la tomaban buscando que estimulase su libido. ¡Lo que no esperaba en absoluto es que soñase con ella!

Notaba la angustia de Maia dormida, mientras sacudía la cabeza a un lado y a otro, con sus pequeños pechos elevándose y hundiéndose siguiendo el ritmo irregular de su respiración, pero no quería despertarla y perderse la diversión.

-¡Bellatrix, no! – Empezó a gimotear la sangre sucia, mientras hacía otro tanto en su sueño.

-¿Por qué dices Bellatrix, no? ¿Te estoy haciendo algo malo? –Dijo la Bellatrix onírica sentada a horcajadas encima de Maia mientras la sujetaba por el cuello, apretándole tan fuerte la garganta que casi le cortaba la respiración.

La chica dijo algo ininteligible, mirándola con cara de miedo.

-¿Quieres que afloje? ¿Vas a ser razonable si lo hago?

La Maia onírica hizo un gesto de asentimiento con la cabeza. La pobre niña diría lo que fuese con tal de que dejase de apretarle el cuello, pensó divertida Bellatrix, contemplando la escena recostada contra una pared.

Al mismo tiempo, la pequeña sangre sucia se revolvía en el sofá, respirando de manera agitada, y pateando la manta que la cubría. Era tan patética que tenía algo que inspiraba su ternura.

Bellatrix siguió contemplando cómo en su sueño ella le mordía el cuello a la sangre sucia. Sus manos habían pasado del cuello a sus muñecas, y la sujetaba contra el suelo. ¡Qué brutal y qué estúpido!, pensó Bellatrix. Ella usaría un Imperius, o un Incarcerous, pero la pobrecita hija de muggles no podía dejar de ser la sangre sucia que era, y sus sueños la traicionaban.

El contemplarse a sí misma abusando de la chica empezaba a excitarla. La Bellatrix del sueño bajaba de su cuello a su busto, atacando sus pechos por encima de la ropa, mientras metía una rodilla entre sus piernas aprovechando un descuido de Maia.

Allí iban sus manos, dejando libres los brazos de la chica, pero en vez de arañarle la cara sus brazos rodearon a la otra bruja, para sorpresa y regocijo de Bellatrix.

-¿Así que era esto lo que querías? ¡No tenías nada más que pedirlo! ¡Te lo hubiese dado mucho antes! -Susurró la bruja oscura en su oído, mientras la verdadera Bellatrix pensaba algo parecido al contemplar la escena.

La chica empezó a debatirse más mientras en su sueño la bruja oscura metía los dedos bajo sus bragas, pero los gemidos que emitía ya no parecían de angustia, y una sonrisa se dibujaba en los labios de la durmiente.

Bellatrix ahogó una risita al contemplar a la chica, que seguía soñando con ella. "Qué descarada", pensó. "Ni que yo estuviese deseando hacerle un favor y librarla de su ridícula virginidad. ¡Debería ser ella la que me suplicara que la follara como me diera la gana, con tal de tener un hueco en mi cama!

Se quedó contemplando a la chica, que suspiraba con suavidad. Tenía los labios entreabiertos, y su respiración era mucho más regular. Salió de su mente. Ya había visto la parte más interesante.

-¿Así que me deseas? –Murmuró la bruja, alzando la mano para acariciarle la cara. Pasó un dedo por sus mejillas que acabó rozando sus labios. Hermione volvió a suspirar al notar entre sueños el contacto, y de pronto Bellatrix retiró la mano, avergonzada. Una cosa era que la sangre sucia la deseara, y otra que ella correspondiese a su deseo. Maia no se había ganado eso. Todavía.

Volvió con sigilo a su lecho, arropándose bien. La cama se había quedado fría, y tardó unos minutos en sentirse cómoda. Pero antes de dormir, no pudo evitar volver a tener el fugaz pensamiento de que la chica había soñado con ella. No con la odiosa Nymphadora, ni con el estúpido Weasley. Con ella. Y no cualquier sueño, sino un sueño erótico bastante explícito. La mano de Bellatrix levantó con cuidado su camisón, y empezó a frotar su sexo, primero con suavidad, y luego más bruscamente, centrándose en la zona del clítoris, mientras recordaba el sueño de Hermione.

Enseguida tuvo un orgasmo, y se sintió relajada y a la vez un poco culpable. No era apropiado del todo haber sentido eso hacia una sangre sucia. Y además, en el sueño de Hermione, ella complacía a la chica sin obtener nada a cambio, salvo gimoteos y quejas, para variar. No sería así si alguna vez la metía en su cama, pensó Bellatrix mientras empezaba imaginar cómo le gustaría hacerlo a ella. La mano de Bellatrix bajó otra vez, y mientras imaginaba a Hermione tendida en la cama y ella sentada a horcajadas sobre su rostro, moviéndose encima de su preciosa boquita, tuvo su segundo orgasmo. "Podría ser divertido corromperla", pensó justo antes de quedarse dormida. No era la primera vez que tenía este pensamiento, ni sería la última.

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A la mañana siguiente, un elfo le trajo a Hermione el desayuno con una nota de la Dama Oscura.

Querida Maia:

Cuando hayas desayunado, uno de mis elfos te llevará de nuevo a tu alcoba. Espero que estés mejor y no te duela el brazo, recuerda que no puedes moverlo demasiado. He ordenado que te corten la comida en trozos pequeños para que no tengas dificultad al comerla con un solo brazo. No obstante, si necesitas ayuda, pídesela a mis elfos.

Ahora estoy bastante ocupada, pero pasaré en cuanto pueda para ver cómo estás. Por cierto, recuerda que esta tarde nos vamos de aquí. Creo que podrían gustarte los jardines de la próxima casa en la que nos alojaremos.

Cuídate y no des problemas.

Bellatrix Lestrange.

Hermione tenía la sensación de que olvidaba algo importante mientras masticaba trocitos de salchichas y huevos duros cortados en rodajas. Cuando hubo acabado con ellos, pasó a atacar las gachas, y se quedó de repente congelada con un trocito de plátano entre los labios al recordarlo todo: había tenido un sueño erótico con la loca de Bellatrix, en la que ella se comportaba de una manera vil y violenta. Pero a pesar de todo, lo recordaba con excitación.

Se sintió avergonzada al recordar esto, solo esperaba no haber gemido de noche. No tenía mucha idea de cómo sería exactamente tener sexo con una mujer, pues con Tonks nunca había llegado a tanto en los tiempos en los que la llamaba Dora. Recordaba que después la había escuchado muchas noches tener sexo con Pansy durante largas horas, estando ella en la habitación contigua. Hermione sospechaba por algunos trozos de conversación escuchados, que Tonks podría estar usando sus poderes de metamorfomaga, lo que no le parecía del todo bien, sin poder explicar muy bien por qué.

También había rechazado sexualmente a Ron. Lo quería, o eso había pensado siempre, pero nunca veía el momento adecuado para tener sexo con él.

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El resto del día fue muy aburrido para Hermione. Estando de nuevo encerrada en la alcoba que la Dama Oscura le había destinado, se encontraba aburrida y frustrada. Le dolía el brazo, pero no quería molestar a los elfos, que seguro que estaban ya de por sí muy ocupados, y se revolvía incómoda en la cama, sin saber en qué postura ponerse para no rozarse el brazo herido. Se sorprendió a sí misma deseando que apareciese Bellatrix, y así al menos poder discutir con ella, pero las sombras se alargaban, la noche caía, y no tenía ninguna noticia de su captora.

De pronto empezó a invadirla el miedo. Tal vez le había pasado algo. Tal vez se había hartado de ella, y había decidido abandonarla en esa casa. Seguramente los mortífagos la torturarían al no estar ya bajo su "protección"… o tal vez decidiesen dejarla morir de hambre. Se sintió a la vez culpable y estúpida: si Bellatrix se cansaba de ella, sería en parte su culpa. La verdad era que no había dejado de hacerle desplantes y ser impertinente con ella. En esos momentos, la compañía de la bruja era lo que Hermione más hubiese deseado. "Que ironía", pensó.

Se quedó dormida mientras esperaba, hasta que fue despertada por una elfina: Madame Lestrange acababa de llegar, y la señora solicitaba su presencia en el salón. Madame había dado órdenes de que la ayudase a vestirse y peinarse correctamente, pues no quería que sus invitados pensasen que no la estaba tratando bien.

-Ha habido un cambio de planes a última hora, y aún no nos mudamos. Supongo que recordarás a mi hermana y a mi sobrino, no creo que necesiten ser presentados, -dijo Bellatrix cuando Hermione apareció en el salón, ataviada con un vestido de seda verde con la cintura demasiado apretada, una falda con tanto vuelo que le hacía difícil caminar sin tropezarse, unas mangas de farol que le ocultaban el vendaje, y un escote mucho más generoso del que ella hubiese llevado jamás por voluntad propia.

Narcissa y Draco le sonrieron, pero mientras el chico lo hizo con la sorna que ella esperaba, su madre la miró de un modo extraño que la hizo por un momento pensar que deseaba transmitirle algo. Pero luego la mirada de Bellatrix se posó sobre su hermana, y el gesto de la rubia volvió a ser la mirada fría y desdeñosa que Hermione bien conocía.

-Y bien, Maia. ¿Cómo está tu brazo? ¿Te duele?

-Un poco. No demasiado, -mintió Hermione, que no quería reconocer en público que le dolía bastante.

-¿Y cómo has dormido? ¿Has podido descansar? ¿Tuviste sueños agradables? –Preguntó la bruja oscura con sorna, buscando la mirada cómplice de su hermana. Ambas se rieron como dos adolescentes que comparten un secreto, mientras Draco las miraba sin entender cuál era el chiste. Hermione sintió que la odiaba.

"Lo sabe. Debo haber soñado en voz alta anoche, y lo ha ido contando por ahí. Y ha tenido además que humillarme delante de su hermana y de Draco", pensó Hermione, que sintió cómo la rabia le subía, borrando de un plumazo esos débiles sentimientos de apego hacia ella que habían empezado a surgir en su interior mientras esperaba a Madame Lestrange.