Sobre excepciones y reglas
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N/A: Quería comentar que me han hecho mucha gracia las reseñas (y valoro mucho las cosas que me hacen reír). Y que espero que os guste el capítulo. Aquí no hay sexo, pero se empiezan a poner las cosas "interesantes". Ya me contaréis qué os parece Narcissa :P
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Angelina no se había levantado con muy buen pie aquella mañana. Las idas y venidas de Pansy, Fred y Tonks le habían impedido dormir bien, y mientras se tomaba un ibuprofeno a palo seco murmuraba por lo bajo cosas sobre putas de Slytherin y tontas Hufflepuff.
Pansy decidió sabiamente quitarse de en medio, y un cuarto de hora más tarde, ya estaba recuperando en el sofá el sueño que había perdido durante la noche. Tonks decidió que era buena idea imitarla y desaparecer de la cocina, para así dejar a Angelina libertad para seguir llamándola estúpida, pero sin tener que escucharlo ella.
Tras arropar a Pansy con una manta que colgaba del respaldo del sofá, abrió la ventana del salón para fumar mientras se terminaba de beber el café mirando la calleja, desierta a esa hora. El día era tan brumoso que apenas se podía ver detrás de la niebla. Tuvo un escalofrío: odiaba la humedad.
De pronto dio un respingo: alguien le estaba golpeando el hombro para que se girase. Era Angelina.
-Te dije que no fumases, Tonks.
-¡Tía, tengo la ventana abierta, con el puto frío que hace! ¿Qué más quieres?
-Que la cierres y apagues el cigarro. Nos estás fastidiando a todos con tus mierdas, para variar.
-No hables tan alto: Pansy está durmiendo ahí, -dijo señalando vagamente el sofá.
-¡Pues que se despierte! ¡Y si no, que hubiese dormido de noche en vez de estar primero jodiendo con sus gemidos y luego entrando y saliendo de la casa! Por cierto ¿no te resulta un poco raro eso?
-¿Qué te pasa, Angelina? Pareces un poco amargada…
-A mí no me pasa nada. ¿Qué te pasa a ti? ¿Cuándo vas a dejar de ser tan idiota? ¿Cuándo vas a dejar de pensar con el coño, o con el rabo, o con lo que sea, y te vas a dar cuenta de que la slytherin no es de fiar?
Tonks se quedó boquiabierta ante tal falta de respeto. Su pelo se puso blanco antes de tornarse rojo, y cuando le contestó lo hizo con voz fría, intentando mantener la calma. Pansy mientras tanto se había despertado, y miraba de forma hostil y venenosa a la gryffindor.
-No te consiento que me hables así. Se aceptó en asamblea que Pansy formase parte de la Orden. Si no te gusta, ya sabes dónde está la puerta. Y lo referente a mis genitales está de más en esta discusión, por cierto.
-¡No con mi voto! ¡Yo nunca estuve de acuerdo con esa gilipollez! ¡Ahora parece una mosquita muerta, pero si la hubieses conocido en Hogwarts como la conocimos nosotros, sabrías a lo que atenerte! Pero te pido disculpas por lo otro: tienes razón, me he pasado.
-Has sido una gilipollas. Y lo sigues siendo.
-¿Y tú cómo te has enterado de eso? De lo del rabo, digo. –Preguntó Pansy.
-Se lo ha contado Fred a George esta mañana, y él a mí. Pero eso es lo de menos. No he debido decir eso, tienes razón en que he sido una gilipollas, pero estoy en lo cierto con lo otro. ¡Nos estás poniendo en peligro a todos porque te has liado con una slytherin, y nos la has metido en casa! ¡Y no con cualquier slytherin, con Pansy Parkinson nada menos!
- Te lo dije, Dora. Lo de Fred. No digas que no te lo dije. Mira lo que ha tardado en ir por ahí haciendo chistes sobre ti. ¡Menos mal que sois tan buenos amigos! –Reprochó Pansy, aprovechando la ocasión para meter cizaña.
-¡Él no me lo ha contado como un chiste, arpía! ¡Simplemente le llamó la atención y se lo contó a su gemelo! ¡No intentes hacer como si él fuera ahora el malo de esta historia!
-Ya hablaré con Fred luego. Y de lo que me has dicho de que Pansy es slytherin ¿qué tiene eso que ver? Mi madre es slytherin. Y una Black nada menos: la hermana de Bellatrix por más señas. ¿Es sospechosa para ti de sernos desleal, Angelina?
-Tu madre es la excepción que confirma la regla. Pansy es la regla.
-¿Qué os pasa, chicas? ¿Por qué discutís? –Preguntó George, que había venido al salón desde la cocina atraído por las altas voces.
-Aquí la pelo limpio está insinuando algo así como que yo soy una espía. –Dijo Pansy.
-¿Qué me has llamado?
-Pelo limpio. ¿No te gusta? ¡No te estoy diciendo nada malo, deberías agradecérmelo, de hecho! Creo que es lo más bonito que alguien haya podido decir nunca de tu pelo.
Angelina no dijo nada, sino que sacó la varita, apuntando a Pansy. Al momento, la varita de Tonks la apuntaba a ella.
-Chicas ¡por favor! Bajad las varitas. ¡Es ridículo que discutamos y nos amenacemos entre nosotros! Tonks, por favor, ¿Podrías dejar de apuntar a mi esposa con tu varita?
-Que deje ella de apuntar a Pansy primero.
-Yo la bajo si ella deja de apuntarme, -dijo Angelina.
-Bajadla las dos a la vez. Y os dais un abrazo después.
-¡No, George! ¡No vamos a darnos un abrazo porque tú nos lo pidas! ¿Pero qué te has creído? ¿Que esto es un jardín de infancia y tú eres nuestro cuidador? –Repuso indignada Tonks.
En esto unos golpes sonaron en la puerta, y todos dieron un respingo. Angelina y Tonks dejaron al instante de amenazarse, dirigieron sus varitas en dirección al pasillo, y George y Pansy no tardaron en ir a buscar las suyas.
Los golpes se repitieron, y una voz sonó tras la puerta: "Abridme, ¡soy Neville! He venido a hablar.
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Aquella noche Hermione cenó otra vez con Bellatrix, esta vez junto a Narcissa y Draco. Madame Lestrange le ordenó estar callada y sonreír durante la comida, a pesar de que no hubiese extraños con ellos. Los dueños de la casa tampoco estaban esa noche, razón por la que la sangre sucia tenía permitido sentarse a la mesa, aunque ella hubiese preferido cenar en la tranquilidad de su cuarto, se dijo tras sorprenderse pensando que en realidad eran los Malfoy quienes le molestaban. A Bellatrix ya se estaba acostumbrando, si bien estaba enfadada con ella por haberle contado a su hermana que la noche pasada ella había tenido sueños húmedos.
-Así que la pequeña sangre sucia preferiría cenar a solas conmigo, -dijo Bellatrix tan solo un instante después de que sus miradas se cruzaran.
-Bella, deja a la pobre chica comer en paz, -la reconvino su hermana riendo. A Hermione le resultó más molesto su tono condescendiente que el insulto hacia su estatus de sangre y la legilimancia de la Dama Oscura.
Draco la miró como si quisiera preguntarle algo, pero al momento cambió de idea y desvió sus ojos grises. Hermione volvió a concentrarse en su entrecot muy poco hecho, tan poco hecho que al clavar el cuchillo sangraba. La carne estaba deliciosa, pero a la chica le resultaba repugnante ver la sangre salir mientras la cortaba.
-Maia, si no te gusta así le puedes pedir a los elfos que te lo pasen. En mi opinión es desperdiciar una carne de primera calidad, pero si lo prefieres más hecho, solo tienes que pedirlo. –Dijo Bellatrix tras percatarse de cómo miraba el ensangrentado filete.
Y sin esperar su respuesta, llamó a un elfo y le ordenó que le retirasen el plato, volviesen a pasar por el fuego la comida de Miss Granger, y se la devolviesen cortada en trozos pequeños, para que ella no tuviese que hacer ese esfuerzo con su brazo lastimado.
"Solo tienes que pedirlo" ¿Dónde había escuchado eso antes? Se preguntó Hermione, y al recordarlo, sintió cómo se sonrojaba violentamente. Intentó disimular mientras el elfo le devolvía su entrecot cortado en trocitos, que ahora tenían el aspecto de estar casi demasiado cocinados. Quería hacer cualquier pregunta que desviase la atención de las hermanas sobre su persona, pero le habían dicho que callase, y no se atrevía a desobedecer, y más estando Narcissa delante. Algo le decía que Bellatrix se tomaría mucho más a pecho cualquier desobediencia que cometiese frente a su hermana menor, a la que siempre había tenido completamente dominada.
-¿Quieres preguntar algo, Maia? Adelante, puedes hacerlo, -dijo Bellatrix, sintiéndose magnánima.
-¿Estos elfos trabajan todos para ti? ¿O están al servicio de los dueños de esta casa?
Draco puso por un momento los ojos en blanco. La sangre sucia había sido famosa en Hogwarts entre otras cosas por lo pesada que era con el tema de los elfos domésticos.
-Algunos pertenecen a los dueños de esta casa, pero la mayoría trabaja para mí. Viajo con mi propio servicio. Me parece más seguro y desde luego mucho más conveniente. ¿Hay algo más que pueda hacer para saciar tu ansia de saber, querida Maia?
-No, ya no tengo más que preguntar por ahora, -dijo Hermione, incómoda con el tono burlón de la Dama Oscura.
-Muchas gracias, Bellatrix, -canturreó Madame Lestrange, recordándole el tipo de modales que esperaba de ella.
-Muchas gracias, Bellatrix, -dijo Hermione intentando disimular la rabia.
-De nada. Es un placer satisfacer tu curiosidad, -respondió con sorna la bruja.
Tras la cena, Bellatrix anunció que quería tomar un baño, y a ella se le dio a elegir entre subir a su dormitorio o esperarla haciendo vida social con Draco y Narcissa en un saloncito de abajo. Hermione estaba a punto de escoger lo primero, pero Mrs. Malfoy insistió en que se quedase con ellos, y la gryffindor no vio prudente contrariarla.
Al ver a su tía fuera de escena, Draco preguntó a Hermione lo que sin duda llevaba toda la cena deseando saber: si Pansy estaba bien. Narcissa puso los ojos en blanco durante medio segundo, antes de recuperar la compostura, y Hermione lo miró extrañada: hasta donde ella sabía, Draco estaba muy disgustado con ella por haberlo abandonado por su prima la mestiza traidora de sangre.
-Por supuesto, no quiero volver a verla nunca más en mi vida, pero no le deseo el mal. -Dijo el chico mirando de reojo a su madre.
-No está mal. La verdad es que yo procuro hablar lo menos posible con Tonks y con ella, pero la última vez que la vi, parecía contenta, -repuso Hermione, mirando a Draco con inseguridad. A pesar de no llevarse bien con el rubio, no quería herirlo contándole que todos en la Orden estaban hartos de escucharlas fornicando día y noche.
Draco guardó silencio, y su madre le lanzó una mirada de advertencia. –No entiendo por qué hizo eso, -dijo al final.
Su mirada decía mucho más, pero seguramente no quería o no podía hablar delante de su madre.
-Yo tampoco lo entiendo, Draco. Nunca pensé que ellas dos pudiesen tener algo en común, -comentó Hermione, con cierta tristeza. Había habido un momento en el que había pensado en abandonar a Ron, con el que apenas se entendía, y pedirle a Tonks una segunda oportunidad. Pero apareció Pansy para destruir sus ilusiones. Nadie se había alegrado menos que ella de tenerla allí.
-Con tu permiso me retiro, madre. Tengo que escribirle unas líneas a Astoria. Buenas noches a ambas, que tengáis felices sueños, -dijo Draco con un deje de amargura.
-Claro, querido. Buenas noches, y que descanses. Manda un saludo a Astoria de mi parte.
Cuando Draco hubo salido, Narcissa suspiró, y se sentó en el sofá con Hermione.
-No es que me encante Astoria, pero si hace feliz a mi hijo, la recibiré con los brazos abiertos. Eso es lo que una madre quiere, ver felices a sus hijos ¿no es así?
-Supongo que sí, -dijo Hermione pensando con melancolía en su madre, que en otro país muy lejos de allí ni siquiera podía recordar que alguna vez tuvo una hija.
-Así que ahora te llamas Maia ¿cierto?
-No me llamo Maia. Mi nombre sigue siendo Hermione.
-Parece que no estás muy satisfecha con el estado de las cosas…
Hermione la miró como diciendo ¿tú que crees?
-Veo que no. Sin embargo, puede que no estés viendo el cuadro completo. ¿Cómo era aquello del árbol que te impedía ver el bosque?
-No sé de qué me habla usted, Narcissa. Soy una prisionera de guerra. No hay ningún maldito bosque por aquí que ver.
-Pensé que a la bruja más brillante de su generación no se le pasaría por alto…
-¿Qué es lo que se supone que he pasado por alto? No hable con metáforas ni me venga con misterios: diga ya lo que sea que quiera decirme.
-A ella le gustas, Hermione. O Maia. Lo mismo da. Ella te quiere meter en su cama, y por lo que me ha parecido, no creo que a ti te resultase tan desagradable complacerla, después de todo.
-¿Eso se lo ha dicho ella? –Dijo Hermione, notando algo extraño en el estómago a la vez que un sudor frío.
-Sí, me lo ha comentado. Pero no hubiese hecho falta. Es algo que se ve. Y ahora, piensa un poco en lo que significa eso.
-¿Que me considera un juguete sexual? Porque no creo que me vaya usted a decir que se ha enamorado de mí.
Narcissa soltó una carcajada, para luego sonreír a Hermione.
-Por supuesto que no. Pero aun así, Hermione. Porque imagino que prefieres que te llame así. Cuando ella no esté delante, te puedo llamar por tu verdadero nombre. En fin, Hermione. Solo conque fueses un poco más amable con ella, podrías conseguir… cosas.
-¡No quiero nada! ¡Lo único que quiero es que me dejen en libertad!
-¿Cuánto quieres tu libertad? –Dijo Narcissa mirándola a los ojos.
-¿Me ayudaría usted a librarme de ella? –Preguntó Hermione, dubitativa.
-Tal vez podría ayudarte. Si tú me ayudas a mí con un pequeño asunto que traigo entre manos, por decirlo así. Pero no podemos hablar más sobre esto, es muy peligroso. No hasta que no aprendas Oclumancia, querida. Y puedes hablarme de tú si quieres. Creo que a partir de ahora vamos a ser algo parecido a buenas amigas, pequeña.
