Sueño raro de Hermione
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N/A: Se me ocurrió esta idea para un sueño de Hermione, y tras pensarlo un poco, he decidido incluirla. El sueño está inconcluso para no ser cansina con el tema, pero si os gusta podría seguir con la historia en un fic corto o algo así (tiene que ser corto porque sería un fic muy raro). En este ya no va a haber más de esta historia, porque se extiende mucho, y quiero seguir desarrollando la trama de la guerra en ambos bandos y las intrigas de Narcissa.
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Cuando tras la velada llegó la hora de dormir, Bellatrix anunció su deseo de ocuparse de nuevo del brazo de Hermione, y después de que la Dama Oscura volviese a darle de beber la misma pócima que la noche anterior, la joven volvió a tener extraños sueños.
Bellatrix había vuelto a acostarla en el sofá de su cuarto con la excusa de que estaba demasiado débil tras las curas que le había practicado. Por supuesto, lo que en realidad quería era no perderse el segundo capítulo de "los sueños de la sangre sucia". Aquello era mejor que el sexo: más higiénico y mucho más divertido. Así que en cuanto escuchó los primeros gemidos se levantó con sigilo de la cama, y se sentó en un sillón al lado de la durmiente, lo bastante cerca como para poder practicarle legilimancia de forma cómoda, y lo suficientemente lejos como para que ella no pudiese despertarse al sentir su presencia entre sueños.
La bruja no tuvo ni que pronunciar el hechizo para verse de repente dentro del sueño de la joven, y aunque había esperado ver otra versión de la casa en la que se encontraban o quizás de Hogwarts, no reconoció el lugar. Pronto se sintió llena de ira al reconocer a una de las personas que más despreciaba dentro del sueño de la pequeña sangre sucia: allí estaba Nymphadora Tonks, aunque vestida de un modo mucho más estrafalario del habitual en ella. Quedó más sorprendida aún al darse cuenta de que todas en el lugar vestían de la misma forma: un amplio y nada favorecedor vestido negro con una especie de delantal blanco de cuerpo entero, y algo parecido a una horrible capucha negra, con un pico de viuda hasta la mitad de la frente.
De pronto Bellatrix recordó haber visto algún cuadro muggle parecido alguna vez: era algo sobre mujeres que se encerraban entre cuatro paredes para adorar a sus dioses. Por supuesto, la bruja no le había prestado mucha atención: ¿qué más le daban a ella las extrañas costumbres muggles, y menos si encima se referían a un tiempo ya pasado? Al parecer alguien había estado leyendo demasiadas novelas muggles… y aquí estaban las consecuencias. Este no era el tipo de sueño que la bruja había esperado, y se impacientó un poco, esperando a que la cosa mejorase.
Escuchó una tosecilla a sus espaldas. "Oh, no ¿también está aquí esa mestiza con aires de grandeza?" Pensó Bellatrix. Se giró y en efecto, Dolores Umbridge también estaba vestida de aquella horrible forma, aunque a ella el cambio casi le sentaba bien. Por lo menos ahora llevaba unos colores decentes.
-Ejem ejem…
-¿Qué desea su merced? –Dijo la Bellatrix onírica.
-Me permito recordarle a la madre superiora que las dos novicias que se incorporan hoy a esta nuestra santa casa, aguardan en el pasillo a que su merced las haga pasar, para instruirlas acerca de la regla de nuestra santa congregación. Y con todos mis respetos, os aconsejaría, si a su merced le place, y a riesgo de ser impertinente, ser rápida, porque el padre Snape debe estar al llegar, y su merced debería concretar con él el asunto del coro.
"Qué ganas tengo de echarle un par de crucios a la tipa esta", pensó Bellatrix "si es que hasta en los sueños de la sangre sucia es igual de insoportable que en la realidad".
-Hágalas pasar, hermana Dolores de Todos los Tormentos.
La puerta se abrió y dos tímidas y calladas novicias entraron. Allí estaban Pansy y Maia, asustadas y cabizbajas.
-Buenos días nos dé Dios. Tomen asiento vuesas mercedes.
Pansy y Maia se miraron durante un segundo, y tomaron asiento al siguiente, de forma nerviosa y torpe.
-Mucho me equivocaría si la hermana Dolores no hubiese instruido a vuesas mercedes sobre los pormenores de nuestra regla. Pero en realidad todo es mucho más sencillo.
Las dos novicias se miraron entre ellas para mirar luego a la superiora. No parecían nada convencidas ante la aparente amabilidad de la Bellatrix onírica.
-¿Se ha comido un gato la lengua de vuesas mercedes? ¿No van a decir nada?
-Me alegro de que todo sea más fácil. Me estaba empezando a angustiar con tantas normas, -comentó Pansy, mientras Maia la miraba con los ojos muy abiertos y como intentando mandarle señales discretas para que se callase y no mordiese el anzuelo.
"Chica lista", pensó Bellatrix, que estaba fascinada por la capacidad fabuladora de la sangre sucia.
-Todo es muchísimo más fácil. En esta santa casa, en realidad solo hay una norma: hacer mi voluntad, que es siempre la de Su Excelencia Reverendísima Don Antonio de Valdemoro, nuestro santo arzobispo, del que yo soy su más leal servidora. Cumplidla, y no tendréis quejas de mí. Y ahora retiraos. Debo entregarme a mis oraciones. Pero antes decidle a la hermana Nymphadora que venga. Tengo un asunto que tratar con ella, -dijo la madre superiora, abriendo un cajón de su escritorio del que sacó una fusta.
A la Bellatrix real no le gustó nada que en el sueño de Hermione Voldemort quedase convertido en "Don Antonio de Valdemoro", nombre además de extrañísimo, del todo inapropiado para el más grande y mejor mago de todos los tiempos. Tomó nota de que en adelante, las novelas muggles quedaban totalmente prohibidas para Maia, aunque de igual forma era muy poco probable que las encontrase en las mansiones de mortífagos en las que se iban a alojar. Con respecto al castigo a "la hermana Nymphadora", Bellatrix no tuvo nada que objetar. Seguro que había hecho méritos para merecerlo. Solo lamentó no poder verlo, porque en el sueño de la chica de repente se hizo la oscuridad y solo sintió lo que ella sentía: una sensación opresiva, como si algo malo estuviese a punto de pasar.
Hubo un salto temporal, y lo siguiente que aparecía en el sueño de Maia eran Bellatrix, Alecto, y Dolores Umbridge registrando una por una las celdas de las monjas.
-¡Dónde está! ¡No puede haberse escapado! ¿Cómo lo ha hecho? –Gritaba la madre Bellatrix, fuera de sí, con la toca ladeada al haber hecho varios movimientos bruscos con la cabeza. Su mirada se posó en las monjas una por una, y pareció escoger a una de ellas.
Bellatrix la reconoció. Era la hija de Lovegood, tan loca como su padre, a la que habían tenido prisionera hacía algún tiempo en la mansión Malfoy.
La agarró con violencia de un brazo y comenzó a sacudirla.
-Tú sabes dónde está, ella y tú erais muy amiguitas ¿no es así, sierva de Satanás? ¡No me mires con esa cara de estúpida, y dime, te lo exijo, dónde está la bastarda mal parida de mi sobrina!
La rubia la miró con sus ojos azules llenos de lágrimas por el miedo, pero no dijo una palabra. Bellatrix le marcó la cara con un bofetón al interpretar su mirada como un desafío.
-¡Cualquiera que conozca algo de esa maldita, que nos ha abandonado para entregarse a la mala vida, y no me lo diga, hará muy mal en callárselo! ¡Como las hermanas Alecto, Dolores, o yo misma encontremos en las celdas de vuesas mercedes alguna prueba de que la habéis ayudado o encubierto, la desgraciada infractora lo va a lamentar el resto de su triste y corta vida! ¡Decidlo ahora que podéis: sabré ser compasiva!
Ninguna de las monjas habló, y todas bajaron la cabeza, amedrentadas.
Bellatrix se impacientó. Si este sueño iba a ir sobre lo mucho que odiaba a Nymphadora, no tenía ningún aliciente para ella. Ella había esperado algo como lo de la noche anterior, no este aburrimiento deprimente y gris. No tenía pensado hacerlo, pero las circunstancias la obligaban, así que cogió su varita y murmuró un hechizo sobre la durmiente: eso mejoraría las cosas, esperaba.
Hubo otro fundido en negro, y cuando volvió la acción, tanto Maia como ella estaban en su despacho, con paredes de piedra decoradas con tapices y cuadros de tema religioso. La ventana detrás de la chica daba a un hermoso y cuidado patio con una fuente en medio, rodeada de macetas.
-Diga, hermana Hermione, ¿qué sabe vuesa merced de Sirius "el negro"? –Preguntó la Bellatrix onírica.
Bellatrix puso los ojos en blanco. Primero Nymphadora y ahora Sirius. Iban a peor.
-Sé que era un noble que mató en duelo a un amigo suyo, por motivos no del todo claros. Huyó de la justicia, y ahora, junto con otros proscritos, como Remus "el lobo" y George "el desorejado" viven en las montañas como bandoleros, asaltando diligencias y carruajes. Se hacen llamar "la Orden del Fénix", y son muy queridos por el pueblo, ya que reparten lo que roban entre los más pobres.
-¿Y nada más? –Preguntó la Bellatrix superiora, levantándose de su asiento de forma vagamente amenazadora.
-Nada más, reverenda madre.
"Ojalá me hablases con el mismo respeto en la vida real, niña," pensó Bellatrix mientras contemplaba el sueño.
-Mejor así, -dijo la madre Bellatrix acercándose a donde ella estaba.
-¿Tiene esto algo que ver con la fuga de la hermana Nymphadora?
-Vuesa merced es muy bonita para ser tan impertinente. No hable si no se le pregunta, -dijo la Bellatrix monjil amonestándola con un dedo, para a continuación sonreír acariciando con suavidad su mejilla, para levantar luego su mentón, obligándola así a mirarla a los ojos.
-Verás, hermana Hermione… no te importa que te apee el tratamiento de vuesa merced, ¿verdad? Pues como iba a comentarte, pequeña Hermione, la hermana Nymphadora era una monjita muy desobediente. Muy mala, y una gran pecadora. Estoy segura de que será muy infeliz fuera de los muros de este convento, y que cuando muera, el mismo Lucifer la estará esperando para atormentarla. Pero tú no eras como ella ¿no es cierto? Tú eres una niña buena. Muy buena. Y obediente. Sé que harás todo lo que se te pida. Sé que tú no me vas a decepcionar…
Mientras iba diciendo esto, la Bellatrix onírica acariciaba el rostro de Hermione, y sus dedos se detenían en sus labios. La joven novicia la miró boquiabierta, lo que la perversa monja aprovechó para besarla en la boca buscando su lengua. Tras un momento de sorpresa, la chica correspondió las atenciones de la superiora, y colocó ambas manos sobre los hombros de la madre Bellatrix para besarla apasionadamente, mordiendo con suavidad su labio inferior.
Bellatrix contemplaba la escena fascinada, pero había algo que no le había gustado: al parecer, la sangre sucia pensaba que ella podría llegar a desear carnalmente a Nymphadora. Solo con acordarse, la bruja tuvo un escalofrío de asco. "Si ella supiera que en realidad ese engendro, esa vergüenza para mi familia, es mi hija," pensó durante un instante. No lo sabía, no podía culparla de eso, ni tampoco de nada de lo que ocurriese durante un sueño. Decidió no pensar más en ese desagradable asunto, y contemplarse a sí misma mientras sus manos apretaban los pechos de la joven, sin dejar de besarla.
-Ejem, ejem.
-¿Y ahora qué quiere vuesa merced? ¿No ve que estábamos orando? –Increpó la superiora a la hermana Dolores.
-No lo dudo, no lo dudo. Solo venía a advertir a su reverencia de que su primo está haciendo cosas extrañas… de nuevo. –Dijo Dolores con voz aguda y almibarada, mientras sonreía ampliamente.
-¡Maldita sea la estirpe de ese Sirius Black! –Explotó la madre Bellatrix, antes de darse cuenta por una parte de que ese no era el lenguaje apropiado en una religiosa, y de que por otra estaba maldiciendo a su propia familia.
-Ese primo no, reverenda madre… el otro primo. Su hermano…
-¿Y que ha hecho ahora ese monje estúpido de Regulus?
-Se está fustigando en mitad de la plaza del pueblo, y ha congregado una multitud que lo imita, pues los ha convencido de que la penitencia y la disciplina son la mejor manera de alcanzar la gloria. Si su reverencia aguza el oído, podrá escuchar las voces que está dando el gentío. ¡Es una vergüenza, una verdadera vergüenza! ¡Todos esos mugrientos zarrapastrosos están descuidando los deberes que les corresponden por su nacimiento! Si todos quieren ser santos, ¿quién arará la tierra? ¿Quién picará en las minas?
-¿Pero no estaba orando en una ermita, para regocijo y descanso de los frailes de su convento?
-Se ve que los días de paz de su prior han acabado... –comentó con malicia la hermana Dolores.
-Y los míos también. Tendré que escribir de nuevo a Su Excelencia, a ver si él puede hacer que la Inquisición meta mano en este asunto, y nos libre de una vez por todas de esta grandísima molestia.
Aprovechando la conversación entre las dos arpías, la joven se había escabullido, ya había llegado a donde Pansy bordaba un primoroso mantel, con flores y mariposas multicolores.
-Pansy, atiéndeme, haz el favor: tengo que decirte algo importante.
-¿Desde cuándo algo de lo que tú puedas decir es importante?
-¡Tenemos que irnos de este convento! ¡Podemos intentar hablar con el padre Snape, él nos ayudará, sé que nos ayudará!
-¿Pero qué te pasa? ¿Te ha dado el sol en la cabeza? ¿Se te olvidan los sagrados hábitos que vestimos? ¿Se te olvida que nuestros padres han pagado una gran dote para que estemos aquí? ¡Y no solo eso! ¡Hemos hecho votos! ¡Cómo se nota que tu sangre no es limpia! ¡No crees en nada de esto!
-Eres imposible. Está bien, quédate. Yo he tratado de advertirte, y no me has querido escuchar. Bien sabe el cielo que lo he intentado.
-Bien sabe el cielo que estás loca de atar. Vete a paseo, majadera, y no vuelvas a molestarme, si eres tan amable.
Tras otro fundido en negro, la Bellatrix real pudo ver a Maia/ Hermione intentando buscar un medio para escapar del convento, pero era descubierta por la hermana Alecto, quien la llevaba a rastras al despacho de la superiora.
-Así que… ¿tú también querías escaparte?
La chica no dijo nada, y miró al suelo.
-Date la vuelta. Y apóyate en este reclinatorio. Esto me va a doler más a mí que a ti…
La superiora sacó la fusta del cajón de su escritorio, y levantándole el hábito a la novicia, comenzó a azotar sus nalgas y muslos, mientas la joven se mordía los labios intentando no gritar ni llorar, sin conseguirlo.
Aunque la escena le resultaba muy excitante y divertida a la auténtica Bellatrix, esta se percató por sus gemidos de que la pequeña sangre sucia estaba sufriendo, pues se movía y murmuraba como si de verdad estuviese sintiendo dolor.
-Maia, Maia, ¡abre los ojos! Maia, es una pesadilla: ¡despierta!
La Dama Oscura zarandeó un poco el hombro correspondiente a su brazo sano, y la chica se despertó de golpe, gritando al notar las sacudidas, y más asustada que antes.
-Tranquila, ¡no pasa nada! Voy a tocarte ¿vale? No te asustes.
Bellatrix apretó las manos de Hermione. Las tenía frías y sudadas.
-Me he despertado al escucharte llorar, y he usado legilimancia para ver qué te pasaba. Ya está, tranquila. Solo era un sueño.
-¿Por qué has hecho eso? –Preguntó Hermione avergonzada.
-¿Y por qué no? ¡Puedo hacer lo que quiera! ¡Deberías agradecer que te haya despertado, en vez de hacerme reproches! Además… ¿en serio era tan malo lo que estabas soñando? Quiero decir, antes de que yo te castigase.
-¿A qué te refieres?
Bellatrix la miró a los ojos, y Hermione retiró la mirada con rapidez.
-No voy a volver a hacerte legilimancia. Al menos no por ahora. Mírame.
Hermione volvió la mirada hacia su captora con inseguridad.
-Así está mucho mejor ¿verdad?
Como en el sueño, la bruja acarició con suavidad las mejillas de Hermione, la punta de su dedo índice deslizándose con suavidad por sus cejas y su nariz, hasta detenerse en su boca. La chica se estremeció, un poco con miedo, pero también con placer.
-¿Te gusta esto? Puedo darte más. Pero no quiero que después intentes huir. Es entretenido discutir contigo: eres una buena mascota, -dijo riendo Bellatrix.
-No soy ninguna maldita mascota, -dijo Hermione en tono frío.
-Lo sé. No eres una mascota. Eres una ratita asustada.
-¿De qué se supone que estoy asustada? ¿De ti? –Preguntó Hermione, desafiante.
-No, ratita. Eso sería lo normal, pero tú no eres del todo normal. Estás asustada de ti misma.
-No estoy asustada. No dices nada más que tonterías, -dijo Hermione, un poco enfadada porque precisamente Bellatrix Lestrange la hubiese llamado rara, e intentando convencerse a sí misma de sus palabras.
-Pruébamelo entonces. Haz algo para que me crea que no tienes miedo, -susurró Bellatrix, muy cerca de su rostro.
-¿Qué quieres que haga?
-Podrías hacer muchas cosas.
-No se me ocurre nada.
-Mentirosa… -dijo risueña la bruja oscura, jugando con un rizo de la gryffindor.
Por un momento los recuerdos de Hermione volaron años atrás. Había tenido una conversación muy parecida con Tonks en un lavabo. Ella la había retado a dar una calada a un cigarro, y después la había besado por sorpresa. Le resultaba raro acordarse de eso en esas circunstancias, pero así era. También había una sensación parecida en su pecho a la que tuvo entonces, mitad miedo, mitad deseo. Había tenido la precaución de apartar la mirada, por si acaso, pero se volvió riendo cuando Bellatrix le hizo cosquillas en la nariz con su propio pelo.
La Dama Oscura se aproximó de manera lenta a ella, y le besó la mejilla. Sus labios eran suaves y cálidos.
-¿Por qué tengo que ser yo la que lo haga? –Preguntó Hermione.
-Para que no puedas echarme la culpa de tus propios errores, -le respondió, cínica, la bruja.
-¿Así que asumes que voy a cometer un error?
-Hagas lo que hagas va a ser un error y pagarás por él, así que haz lo que te apetezca.
Hermione la besó, apoyando las manos sobre sus hombros, como en el sueño. Primero de un modo breve y superficial, apenas un roce de sus bocas, y a continuación pasó la lengua por sus labios para abrírselos. Bellatrix ronroneó de placer y rodeó su cintura con las manos mientras le devolvía el beso. Su pelo largo y negro, con algunas hebras plateadas, caía como una cortina cubriéndolas a las dos.
