Si ser idiota es un crimen, que nos maten a todos
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N/A: Hay algo de sexo, pero sobre todo movidas entre la Orden y Neville.
Gracias por los comentarios que me dejáis, aunque no estoy muy de acuerdo con alguno de ellos. No creo que Bellatrix esté tratando especialmente mal a Hermione: teniendo en cuenta cómo se las gasta Madame Lestrange, pienso que está siendo bastante amable. El rescate va a tardar, como podréis ver (en la Orden están un poco perdidos).
He metido de nuevo a Brovis porque sé que le gusta a bellatrix996, pero es un trozo cortito. En otro capítulo hasta podemos hacer el ship definitivo con Brovis / Nagini, si Tonks cuenta la historia. Qué pena que la página no me soporte los emoticonos: pondría dos serpientes con un corazón verde en medio. Por cierto, yo esto lo digo completamente en serio, pero tranquilos, no habrá sexo en esa historia, solo amor casto y puro. No quiero perturbaros.
Todos los comentarios (siempre que sean respetuosos), son muy bienvenidos, ¡no quiero que parezca que me he disgustado!
Bueno, no me enrollo más y ¡al turrón!
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-No abras, George, vamos a hacer como que no estamos hasta que se canse y se vaya -susurró Tonks, gesticulando con las manos y negando también con la cabeza.
-¿Por qué? ¿Temes que pueda ser una trampa? ¿Que no sea él en realidad?
-No, temo que sí que sea Neville y nos tenga entretenidos con sus mierdas hasta las cinco de la tarde. ¡Es mi hora de cagar, si no es ahora ya hasta mañana nada, y voy a estar jodida todo el puto día!
Angelina puso los ojos en blanco. En esas salió Fred del baño, situado en la primera puerta al lado de la entrada, y sin darse cuenta de los desesperados gestos de Tonks, abrió la puerta a Neville Longbottom.
-Gracias por nada, Fred, -murmuró la metamorfomaga.
-Buenos días, compañeros. En primer lugar, quería agradeceos el haberme brindado la oportunidad de dialogar esta mañana. Bien sé que estáis ocupados y que vuestro tiempo es valioso, -dijo Neville en cuanto se sentó en el salón con una taza de té entre las manos, tras las comprobaciones de rigor para confirmar que realmente era él y no un intruso.
Tonks lanzó un débil y casi imperceptible suspiro, pero le dirigió a Neville una pequeña sonrisa, como animándolo a continuar. George no fue tan paciente.
-Tú lo que quieres es que te firmemos los papeles, -dijo el pelirrojo con cierta impaciencia.
-¡Venga, Ron, pregunta qué papeles son esos! –Aprovechó Fred.
-¡Qué te folle un pez! –Le respondió su hermano con acritud.
-¿Podemos centrarnos un momento? –Preguntó Angelina, acerba.
-Considero que es de suma importancia que todos nosotros podamos ser capaces de ceder en aras del bien común, pues no es pequeño el asunto que traemos entre manos…
-Aquí el único asunto es que nos pones condiciones para luchar con nosotros contra Lestrange. ¡Y que me cago en tus muertos, en las barbas de Merlín, en la puta madre de Morgana, y en el primer mago que cogió una varita, joder! –Explotó de repente Ron.
-¡No te consiento estas faltas de respeto! –Exclamó indignado Neville.
-No le hagas caso, Longbottom. Ron lo está pasando muy mal con lo de Hermione. Para él todo esto es muy personal: está así con todos nosotros. –Dijo Tonks, intentando quitarle hierro a los exabruptos de su compañero.
-Con todos vosotros no, solo contigo, que pasas de negociar la libertad de Hermione porque estás muy ocupada follándote a la guarra de Pansy, -la increpó Ron, mirándola de forma retadora.
-Mira Ron, ¡me vas a comer el coño un rato, colega! ¿Qué se supone que tengo que hacer? ¿Entregarle a Pansy a la psicópata de Bellatrix para que la haga picadillo? Nunca haría nada tan cobarde como eso, ni con Pansy ni con cualquiera de vosotros… ¡Pero es que hacerlo ni siquiera nos garantizaría nada! ¿Crees que ella cumpliría su palabra? ¿Tan ingenuo eres?
-Esta conversación ya la hemos tenido, -comentó suspirando Angelina.
-Compañeros, nos estamos desviando del tema. Tiene razón Angelina: este tema ya lo hemos discutido largamente. No se puede hacer nada, lo que la asesina esa pide es irrazonable, y ella lo sabe. No es más que otra de sus estrategias para dividirnos. La cuestión que queda pendiente no es otra sino discutir entre nosotros qué clase de comunidad mágica queremos cuando ganemos la guerra. Aquí traigo unos documentos que he estado preparando por si queréis leerlo y darme vuestra opinión, y sobre esta base poder llegar a un acuerdo.
-¡Sabía que tarde o temprano iban a salir los papeles! –Comentó Fred.
-El problema, Longbottom, es que tú quieres que los sangre pura conserven algunos privilegios. Eso va por completo en contra de lo que nosotros opinamos… aunque entiendo tu punto de vista: debe ser duro renunciar a lo que siempre has dado por sentado. –Dijo Tonks, deseando que la discusión acabase.
-Nymphadora, creo que es un error que veamos esto de un modo personal. Tú piensas que yo quiero que los sangre pura conserven privilegios porque soy un sangre pura. Yo podría pensar que tú ni siquiera quieres molestarte en leer los documentos que te presento porque tus prejuicios contra mí son superiores a tu raciocinio. Con respecto a tu afirmación, debo decirte que nada más lejos de la realidad: yo no abogo por los privilegios de un grupo de magos y brujas en detrimento de otros. Lo que pretendo es reforzar a la comunidad mágica con respecto al mundo muggle. ¡Que los muggles son más y que pueden ser un peligro si no tomamos ciertas precauciones es una realidad!
-Te escucho hablar y es como si escuchase a mis tías. ¡Nunca creí que un compañero diría nada parecido! ¡Y que precisamente tú opines cosas así, con todo lo que perdiste por culpa de…! –Tonks no siguió la frase, pero movió la cabeza con tristeza.
-Soy un hombre pragmático. Por supuesto que para Madame Lestrange no deseo otra cosa que el beso del dementor, pero sobre todo, lo que quiero es ganar la guerra. Y luego poder vivir en un mundo seguro para los muggles, qué duda cabe, pero sobre todo, seguro para nosotros.
-¡Me aburro! –Exclamó Fred.
-Lo mismo por aquí, hermano, -dijo George, abúlico.
Angelina los fulminó con la mirada, antes de preguntarle a Neville por la opinión de McGonagall acerca del tema.
-La profesora McGonagall no está del todo de acuerdo conmigo, si bien ve que tengo razón en muchos puntos. Ha decidido abstenerse de opinar, para no influirnos y que podamos resolver así más rápidamente nuestras diferencias.
Tonks levantó una ceja. Eso sonaba a que McGonagall no aguantaba más a Neville y había huido de él por un tejado convertida en una linda gatita.
-¿Y por qué no hacemos una asamblea? –Preguntó Pansy con candor. A ella no le habían parecido nada irrazonables las palabras de Neville.
Tonks le lanzó una mirada asesina, pero ya era demasiado tarde. La idea había calado.
-¡No me mires así, Dora, ni que hubiese dicho una monstruosidad! ¡Hacemos asambleas para todo, para decidir quién cocina, quién limpia los platos, a quién le toca ducharse primero! ¿Qué tiene de malo hacer una para algo importante de verdad?
-Yo sí que te voy a dar luego algo importante, -murmuró entre dientes la metamorfomaga, lanzándole una mirada torva.
-Pues no me parece mal lo que dice Pansy, -dijo George.
-Vamos, George… ¿en serio, tío? –Le reprochó Tonks.
-¡Tonks, respeta la libertad de expresión! ¡Venga, votemos! ¡Total, ni que tuviésemos otra cosa que hacer! –Dijo Fred.
-Pues yo quería cagar, por ejemplo. Lo creas o no, Fred, las princesas como yo también cagamos. Pero ya nada, por lo que se ve.
-¡Que se pare el mundo, que aquí la amiga quiere cagar! –Dijo con malicia Ron.
Tonks le dedicó una amplia sonrisa mientras le hacía un gesto vulgar con su dedo corazón.
-Yo también quiero que votemos. Y que le dediquemos tiempo, porque es un asunto importante, -se vengó Ron.
-Pues venga, votemos. ¿Cómo lo hacemos, en secreto, o alzando la mano? -Preguntó Angelina.
-Propongo votar primero eso: si el voto debe ser secreto o público. Después podemos votar si Pansy puede votar o no. –Siguió diciendo Ron, mientras miraba de reojo a Tonks con una malévola sonrisa.
-Hasta el coño me tienes, pelirrojo de los cojones. ¡Claro que Pansy puede votar! ¡Es miembro de pleno derecho! –Se indignó la metamorfomaga.
-Y una cuestión importante: la votación para saber si tenemos que votar en secreto o no ¿la hacemos en secreto? –Quiso saber Angelina.
-Me estáis tomando el pelo, ¿verdad? –Preguntó Tonks, con cara de pocos amigos.
-Te lo merecerías, por todas las veces que hemos tenido que aguantar tus bromas. Pero no, esto va en serio. –Respondió Angelina.
-Nunca votamos en secreto. ¿A cuento de qué viene esa mierda ahora? –Protestó Tonks, cuyo pelo se estaba volviendo poco a poco de un color rojo fuego.
-Para que luego después no haya represalias que puedan impedir el libre voto. Me parece una buena idea, -afirmó Neville.
-Nunca hay represalias. ¡El que solo pienses eso es horrible! –Exclamó Tonks, cada vez más indignada.
-Antes me has dicho que ya me ibas a dar luego… -aprovechó Pansy.
-Sí, ¡de lo que te gusta, tonta! –Se defendió la otra con una mentirijilla. Pensaba hacerle algún que otro reproche cuando estuviesen a solas. Pero no era necesario que se enterase nadie más.
-¡Callad, por favor! ¡Soy demasiado joven e inocente para escuchar esta conversación! –Dijo Fred en broma tapándose los oídos.
-Bueno, votamos ¿o qué? –Se impacientó Angelina. –Y por cierto, Tonks, ¿Podrías ser tan amable de dejar de masticar chicle con la boca abierta? Me estás poniendo muy nerviosa.
-¡Joder, mierda, joder! ¡Me acabo de morder el labio! ¡Esto es por tu culpa, si no me hubieses dicho nada no hubiese pasado! –Dijo la metamorfomaga un segundo antes de cogerse el labio inferior y separárselo un poco, para enseñarle el mordisco de donde manaba un hilillo de sangre.
-No sé qué he hecho en otra vida para tener que aguantarte, pero debe haber sido algo muy malo, -comentó la esposa de George.
-Yo voy a ir votando ya, si a las señoras no les importa. Opino que el voto debe ser levantando la mano, como siempre.
Menos Neville y Pansy, todos estuvieron de acuerdo con él.
-Y ahora lo gordo. Venga, que levanten la mano los valientes que piensen que es buena idea aceptar negociar con el ED, -dijo Fred.
Ron, Pansy y Neville alzaron la mano. Tonks resopló mirando a su novia, pero se veía notablemente aliviada al ver que la votación había salido favorable a sus ideas.
-¡Esta votación no es vinculante! ¡Faltan otros miembros de la Orden que tal vez piensen de manera diferente!
-Bueno, pues eso ya otro día, -dijo Tonks. –Por hoy ya hemos terminado. Vamos Neville, que te acompaño hasta la puerta para que no te pierdas por el camino.
-¡Lo que en realidad os da miedo es tener que tomar decisiones contando con la opinión de otras personas fuera de la Orden! ¡La Orden lleva demasiado tiempo creyendo que lideran la lucha contra la magia oscura, y en realidad os estáis convirtiendo en un grupo endogámico, nepotista, y egocéntrico!
-Si alguien sabe lo que Neville ha querido decir, que lo traduzca, -dijo Ron.
-Básicamente dice que somos unos capullos que nos miramos el ombligo. –Explicó Fred.
-Y que sois unos mafiosos, también. –Añadió Neville.
-Gracias Neville, por traducir tus pensamientos para que la chusma mestiza te pueda entender, -dijo Tonks, sarcástica.
-Habla por ti, querida. Tú eres la única mestiza. Todos los demás somos de sangre pura. Bueno, tal vez Angelina no, pero ese es el menor de sus problemas, -señaló Pansy.
-De hoy no va a pasar que te maldiga, y luego irás llorando a que te defienda tu novia, -amenazó Angelina.
-Os dejo que resolváis vuestros problemas. Espero que penséis en lo que he dicho, y que os mostréis más razonables la próxima vez.
-¿Eh? ¿Va a haber próxima vez? Desde luego, nadie te podrá negar que eres persistente… -comentó Tonks mientras se levantaba y le indicaba por señas a Neville que le acompañase hasta la puerta.
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Al caer la noche, el mismo silencio hostil que había habido entre la metamorfomaga y la slytherin durante todo el día, reinaba en la habitación que compartían.
Tonks había cambiado de opinión y ya no quería reprocharle nada a Pansy, prefería hacer como si no existiese. Había aprendido a hacer eso de Andrómeda. Aquella mujer bien sabía que era mucho más ofensivo ignorar a alguien que insultarlo cien veces. A ella esa actitud la había herido también en su infancia, pero no obstante, a veces la dejaba salir. Ni siquiera la miró antes de apagar la luz y quedarse quieta mirando al techo, esperando a que el sueño viniese, y escuchándola respirar a su lado. Notó el roce de unos pies helados en su pierna, y no dijo nada. Tampoco estaba segura de que hubiese sido intencionado. Pero cuando la sintió acercarse y besar su cuello, ya no le cupo ninguna duda.
-Hoy no quiero, Pansy. Estoy muy cansada y me duelen la cabeza y el cuello. Déjame dormir, por favor.
-¿Te duele otra vez el cuello? –Preguntó Pansy, fingiendo que no se daba cuenta de la hostilidad de su novia, y empezando a acariciar su nuca con la mano metida entre la cabeza y la almohada.
Los dedos masajeaban con habilidad, y no hubo más negaciones ni protestas por parte de Tonks, quien se puso de lado para facilitar el acceso a su cuello. Pansy volvió a besárselo, pero de repente paró y se apartó.
-¿Qué pasa? ¿Por qué has parado?
-¿Quieres más?
-Ya que has empezado, sigue un rato.
-No. No hasta que me digas que no estás enfadada conmigo.
-¿Te das cuenta de que eso que haces no está bien? Me estás haciendo chantaje. O soborno, no sé bien cuál de las dos cosas. Pero en cualquier caso está mal. Te lo digo porque a lo mejor no te das cuenta…
-Gracias por educarme. Soy una despreciable slytherin, y no sé distinguir el bien del mal, no como tú que eres tan buena…
-Vete un rato a mamarla, anda. –Dijo Tonks. Pero ya no estaba tan enfadada, ni se sentía tan fría. –Sigue con lo del cuello, despreciable slytherin.
Su tono ya no era hostil, sino que estaba bromeando. Pansy acarició su cuello ligeramente, con las yemas de los dedos, y cuando Tonks cerró los ojos suspirando de placer, la caricia cesó.
-Por favor, -dijo Pansy.
-Por favor, -repitió a regañadientes Tonks.
-¿Y qué más?
-No estoy enfadada.
-¿Y qué más? Se te olvida algo.
- ¿Qué? ¡Yo no voy a disculparme! ¡No te he hecho nada!
-No era eso.
-¿Te quiero mucho? ¿Eres la chica más guapa que he conocido nunca? ¿Algo así?
-Y también la más buena, inteligente y encantadora.
-Bueno, si tú lo dices… hoy no has sido muy inteligente, pero OK a todo.
-¡Serás zorra! –dijo Pansy, también de broma, dándole un azote en el trasero.
-¡Oye, eso ha dolido!
-Perdona, de verdad que no quería. Solo era jugando.
Pansy encendió una lámpara y bajó los pantalones del pijama de Tonks. Allí estaba la marca de su mano. Besó y acarició la zona enrojecida, espiando de reojo la cara de placer de su compañera.
-¿Te duele aún?
-Ya no.
Pansy metió la mano entre las piernas de Tonks, buscando su clítoris mientras volvía a besar su cuello.
-¿Sigues sin tener ganas?
-Creo que he cambiado de opinión. Pero te tienes que encargar tú…
-Tranquila, yo lo hago todo. Tú solo disfruta.
Pansy le dio la vuelta a la metamorfomaga para situarse encima de su cuerpo, y así poder mirar sus ojos. Tonks echó la cabeza hacia un lado para que Pansy volviese a besar su cuello, pero esta vez, ella decidió ser más dura, y marcó el cuello de su novia con varios chupetones. Sus dedos se abrieron camino entre su húmedo sexo hasta su interior, una y otra vez, hasta que Pansy sintió su brazo acalambrado, y comenzó a moverlo de manera más irregular.
-¡Sigue, Merlín, no pares ahora! –Exclamó Tonks.
-Se me cansa el brazo ¿no podrías metamorfosearte?
-Se te cansa porque no estás acostumbrada. Pero está bien. Por suerte he comprado condones esta tarde.
Tonks se dio la vuelta. Nunca había tenido ningún problema con que los demás vieran cómo se metamorfoseaba, pero tratándose de sus genitales sentía pudor, incluso de Pansy. Estando excitada como estaba, el pene apareció en plena erección. Tonks lo miró con aprobación: no le había quedado nada mal, en tamaño, grosor, ni forma. Se sacó la parte de arriba del pijama y contempló el conjunto: un par de buenas tetas, su liso abdomen y un pollón impresionante. Sonrió satisfecha para sí misma.
Buscó un condón en el cajón de la mesilla y se lo puso, para después girarse e indicarle a Pansy que se subiera encima: le había gustado cómo lo habían estado haciendo antes. La otra miró su miembro, un poco impresionada, y le pidió el bote de lubricante.
-¿En serio te hace falta eso? –Preguntó la metamorfomaga.
-Es muy grande. Te lo haces cada vez más grande…
-¿Y desde cuando es eso un problema? ¡Pensé que te gustaba así! –Protestó Tonks, mientras le pasaba el bote.
Tras usar el lubricante, Pansy se acercó al pene erecto y procedió a cabalgarlo, sin poder evitar hacer un breve gesto de dolor.
-¿De qué te ríes, perra? –Preguntó la slytherin, viendo cómo una sonrisa torcida se dibujaba en los labios de su amante.
-De nada. Bueno, me ha hecho gracia la cara que has puesto. ¡Ahora muévete, fóllame!
Pansy obedeció, moviéndose primero con lentitud y luego más rápido, según su cuerpo se lo iba pidiendo. Sus largas uñas se clavaban sin piedad en los desnudos hombros de Tonks, pero no había quejas por su parte, solo breves y guturales gemidos. Las manos de la metamorfomaga se apoyaron en la cintura de Pansy, rodeándola, y sus ojos se encontraron. Tonks lanzó un beso a su novia, que fue respondido con una coqueta sonrisa. Ya no había rastro de ninguna desavenencia entre ambas. Pansy se inclinó para besarla, y terminaron abrazadas y besándose. Un rato más tarde seguían abrazadas frente con frente y arropadas, mientras recuperaban sus ritmos de respiración normales. Pansy fue la primera en romper el silencio.
-El condón estaba bien ¿verdad? No había pinchazos ¿cierto?
-Estaba perfectamente. No vas a ser madre por ahora, tranquila.
-Ni por ahora ni nunca. Ya te he dicho que no quiero ser madre.
Tonks guardó silencio, acariciando la nariz de su novia.
-No quiero tener hijos. Siempre me sacas el tema. Y te he dicho que no. –Insistió Pansy.
-¿Estás buscando pelea? ¡Yo no te he sacado ningún tema, ha sido justo al revés!
-Solo quiero que te quede claro.
-Me queda perfectamente claro. No quieres tener hijos. –Dijo Tonks ligeramente picada, mientras se preguntaba si no quería tener hijos con ella o no quería tener hijos en general.
-Cuando acabe la guerra, quiero ir a San Mungo y que me hagan el hechizo ese de finalis fecunditas, -dijo Pansy, en tono algo desafiante.
Tonks no dijo nada, pero no pudo evitar que se escapase un suspiro de sus labios. Definitivamente, Pansy estaba buscando que discutieran.
-Es tu cuerpo. Si crees que eso es lo que debes hacer, adelante.
-Qué mal mientes, Dora. No puedes disimular que no te parece bien…
-Si te digo que esa es una decisión de la que te puedes arrepentir más tarde, te vas a enfadar, y si te digo que hagas lo que quieras, me dices que miento mal. Dime: ¿qué hago entonces?
-No me arrepentiré. No traeré más criaturas a este horrible mundo. Si lo hiciese, sí que me arrepentiría luego, cuando fuese demasiado tarde.
-Yo no me arrepiento de haber tenido a Teddy. Aunque no pueda estar con él.
-Pero tú eres una buena persona. Yo no lo soy.
-¿Quién ha dicho que no eres una buena persona? –Dijo Tonks, juntando de nuevo su frente con la de Pansy.
-Tú insinuaste algo parecido hace un rato.
-No ha sido mi intención. Siento si mis palabras no han sido adecuadas. -Dijo la metamorfomaga intentando elegir muy bien qué decir y qué no. Sentía que estaba pisando una capa muy fina de hielo.
-Ahora hablas como Longbottom…
-Escucha, Pansy. Da igual lo que haya dicho. No he pretendido dar a entender eso en ningún momento. Nunca, nunca, he pensado que seas mala persona. Y si alguien te ha dicho alguna vez algo parecido, era un gilipollas.
-No importa lo que me hayan dicho. Yo también pienso así. No soy buena persona. Ni valiente. Ni leal. No tengo nada bueno dentro.
Tonks levantó su mentón para buscar su mirada huidiza. Vio que sus ojos estaban húmedos, y limpió con delicadeza sus lágrimas.
-¿Sabes? Muchas veces he pensado que me gustaría coger al hijo de puta o la gilipollas que te ha hecho tanto daño como para que pienses así, y arrancarle la piel a tiras.
-Nadie me ha hecho daño. No busques ninguna sórdida historia de abuso familiar ni nada parecido, porque no la hay. No soy buena, es así de fácil.
-Pansy, no quiero irritarte, pero no tienes ni veinte años. No has tenido tiempo de haber sido mala. Ni siquiera te conoces a ti misma. Estás juzgándote de un modo muy duro y haciéndote una falsa idea sobre ti misma. ¿Y todo por qué? ¿Porque te metiste con Hermione y con Angelina en Hogwarts? ¿Porque quisiste entregar a Harry para evitar, a tu juicio, males mayores? No es que yo piense que aquello estuviese bien, pero entiendo por qué lo hiciste. No hubo maldad ahí. Solo fuiste una idiota. Pero si ser idiota es un crimen, que nos maten a todos. En cualquier caso, ahora lo estás arreglando. Todo se va a solucionar, solo ten un poco de paciencia. Y de optimismo, también.
Pansy sonrió levemente y sin convencimiento, y movió un poco la cabeza. Tonks acarició su pelo, y colocó su mentón sobre la cabeza de la slytherin, apretándola contra el hueco de su cuello. Volvió a notar humedad.
-Cierra los ojos, Pansy. Voy a contarte una historia, para que te quedes dormida más rápido. Me la contaba mi madre a mí.
-¿Qué madre? ¿Andrómeda?
-Claro. ¿Te imaginas a la otra contándome cuentos?
-Supongo que hay que tener mucha más imaginación de la que yo tengo para eso…
-Me da grima nada más que de pensarlo. En fin, escucha la historia. Va sobre lo malos que han sido siempre los muggles con nosotros. Qué sorprendente viniendo de una Black ¿verdad?
-Pensé que a Andrómeda no le iban esas cosas. La antipatía hacia los muggles, quiero decir.
-Nunca ha dejado de ser una sangre pura. Puedes enamorarte de un muggle, pero eso no cambia lo que eres. Muchas veces he pensado si ella no se llegó a arrepentir de una decisión tomada cuando era adolescente. Bueno, voy con la historia. Ya verás, es una puta locura. Te va a encantar.
"Había una vez una niña de sangre pura llamada Ravena, que vivía con su madre y Brovis, una serpiente legilimente, en un bucólico pueblo de magos. Pero un día, unos sucios traidores entregaron a los magos y brujas que allí moraban a los muggles, que se llevaron prisionera a su madre. Ravena se prometió a sí misma que la liberaría, así tuviese que buscarla en los confines de la tierra. A todo esto, se me ha olvidado contarte que Ravena era muda, pero se comunicaba con Brovis, ya sabes, con la legilimancia. No me acuerdo que desgracia le pasa a la pobre niña, que al final acababa también muda. Pero allí tenía a su buena serpiente que la ayudaba con su magia".
-Un cuento precioso para una niña… -dijo la slytherin.
-Encantador. ¿Quieres que siga?
-Sigue un poquito.
-Vale, pero cierra los ojos. ¿Te gusta esto? –Preguntó Tonks, mientras masajeaba sus sienes.
Pansy asintió con la cabeza. Su respiración se iba haciendo más suave y acompasada.
"Una noche Ravena y Brovis llegaron a un bosque. Era un bosque oscuro, con un angosto camino por recorrer. Rápidamente se internaron dentro, porque estaban siendo perseguidas por unas águilas enormes. -No me preguntes por qué las águilas son malas en esta historia-. Bueno, tras librarse de la amenaza, siguieron el estrecho camino con cuidado de no perderse. Por suerte para Ravena, Brovis conocía muy bien aquél bosque. Y al final del camino vieron una extraña torre, que parecía muy antigua. La luna llena aparecía amenazadora iluminando el paisaje, y escucharon aullar a los hombres lobo. El viento también aullaba, y hacía frío. Por las estrechas ventanitas de la torre, se veían algunas luces brillar. La niña y la serpiente decidieron tocar en la puerta, iluminada con un candil, y pedir pasar la noche allí. La puerta rechinó, y un encapuchado las recibió, con un cabo de vela en la mano diciendo: pasad en buena hora a nuestra humilde morada, joven señora".
Tonks se detuvo. Pansy ya no estaba escuchando, sino que parecía dormida. La metamorfomaga acarició sus pómulos, para comprobar si eso era así. La chica solo hizo un gesto reaccionando a las cosquillas y siguió durmiendo.
-Buenas noches, Pansy, -murmuró Tonks antes de arroparla y apagar la lamparita.
A lo lejos escuchó a Angelina y George discutir. Por lo visto George se había dejado la tapa del inodoro levantada y sus platos sin fregar, o algo así. Últimamente discutían demasiado. "Menos mal que a nosotras no nos duran tanto los enfados", pensó antes de que el sueño le llegase también a ella.
