Duda y remordimientos
oOo
N/A: He visto que en otros fics contestan las reseñas por aquí, y mira, no me parece mala idea, así que la voy a copiar con descaro. Hasta ahora iba contestando a las reseñas (si había algo que contestar) por privado. Eso era con las que estaban firmadas... las otras se quedaban ahí, ignoradas en apariencia, pero muy apreciadas en realidad.
En respuesta a Mayalen: espero que este episodio resuelva tus dudas. Siento mucho que los personajes, tal y como yo los veo, te hayan parecido desagradables. No creo que mejoren mucho, esa forma de hablarse que tienen es mi sentido del humor. Pero me alegro que en otros aspectos el fic te haya gustado.
Al Guest misterioso le digo más o menos lo mismo: espero que con este capítulo salgas de dudas.
A bellatrix996 no hace falta que le diga mucho por aquí, salvo que gracias una vez más por leer, comentar siempre, y darme tu opinión.
Y bueno, como en este capítulo tampoco hay sexo ni sangre, podemos proceder sin más advertencias ni historias. Espero que os guste.
oOo
Cuando Hermione se despertó no recordaba lo que había ocurrido la noche anterior, hasta que se dio cuenta de que estaba de nuevo en el cuarto de la mortífaga. Cuando recordó a la Dama Oscura besándola cayó de golpe del sofá, golpeándose su brazo lastimado. Comprobó con sorpresa que el golpe apenas le había dolido, a pesar de haberse dado en la herida.
Tirada en el suelo, comenzó a arrepentirse de todo. Todo estaba mal en la situación. Ellas dos se habían besado, y no sabía lo que sentía hacia ella, pero daba igual: fuese lo que fuese estaba mal, estaba equivocado. Estaba mal haberse besado con la sucesora de Voldemort, y estaba muy mal estar siguiendo las instrucciones de Narcissa; haberse prestado a ser un peón en su tablero de ajedrez. Eso estaba definitivamente mal.
Cuando se dio cuenta de la endiablada situación en la que estaba quiso llorar de la angustia, pero no pudo. El pensamiento de que en el fondo nada de aquello era su culpa rondaba su cabeza, pero algo le decía que no era suficiente excusa. Por otra parte, también estaba el asunto de sus amigos: habían tenido tiempo, podrían haberla rescatado ya. Pero un día sucedía al anterior y ellos no llegaban.
Los imaginó por un momento, sumidos en inacabables discusiones acerca de cualquier nimiedad. Los recordó entre la nostalgia y la rabia: desde la muerte de Harry, y a diferencia de lo que había pasado en el otro bando, el caos y la desorganización reinaban entre los que tendrían que salvar al mundo mágico.
También había sentido rabia por otros temas, bastante más personales. Su mente volvió hacia alguna noche algunos meses atrás: Ron y ella habían discutido y él había vuelto a irse, despechado y hosco, como acostumbraba a hacer en cuanto algo no le cuadraba. Tonks y Angelina estaban en el sofá, mientras la primera, botella de cerveza en mano, contaba innecesarios detalles sobre el pene de alguien con quien se había acostado hacía tiempo. Estaba un poco borracha, pero seguía siendo divertida. Hermione se sentó a su lado en el sofá, Tonks le pasó un brazo por los hombros, y ella se recostó contra ella. Cuando los demás se fueron a acostar, ellas dos se quedaron hablando, hasta que la metamorfomaga le acarició el pelo, casi de forma casual. Y Hermione se había ido a su cuarto, pretextando estar muy cansada. Escuchó como la puerta del piso se cerró un poco más tarde: Tonks acababa de salir a las doce de la noche. Apenas dos semanas más tarde, les contó que esa noche se había reencontrado en un bar con una conocida, que estaba enamorada, y que tenían que aceptar a Pansy Parkinson en la Orden o se iba ella. Tan madura y reflexiva como siempre, había pensado Hermione.
Era curioso, pero lo que hacía poco tanto le había importado, ahora le parecía lejano e irrelevante, como si le hubiese pasado mucho tiempo atrás a otra persona. El persistente olor a jazmines de la Dama Oscura inundaba la habitación, como un recordatorio del problema que la acuciaba.
Escuchó pasos delante de la puerta, y no tuvo tiempo de subirse de nuevo al sofá antes de que Bellatrix apareciese en el umbral.
-¿Qué haces en el suelo? ¿Estás todavía mareada?
-Me he caído…
-Sí, eso ya lo veo. ¿Puedes levantarte sola, o tengo que llamar a mis elfos para que te ayuden?
Hermione se levantó sin demasiado trabajo.
-¿Cómo tienes el brazo? ¿Te duele?
-Creo que lo tengo mucho mejor. Muchas gracias por curármelo… fuiste muy… amable.
-De nada, Maia, -dijo Bellatrix, maravillándose de que su mascota estuviese aprendiendo modales. –Luego te lo miraré de nuevo, a ver si es verdad que está mejor. Y ahora, si eres tan amable, vístete y baja: hoy vas a desayunar con nosotros. Dame tu mano: te llevaré a tu alcoba.
Hermione no preguntó a qué se debía que no la hicieran desayunar sola en su cuarto, ni por qué no había mandado a su elfo como solía hacer. Simplemente alargó su mano a la bruja, y se aparecieron juntas. Bellatrix se disponía a retirarse, cuando Hermione le cogió el brazo. Ella la miró casi sorprendida, pero enseguida se relajó.
-Bellatrix… no recuerdo bien qué pasó anoche ¿Me lo podrías contar, por favor?
-¿No te acuerdas de que tuvimos sexo salvaje toda la noche? ¡Me sorprendiste! ¡No me imaginaba que una empollona como tú gritara tanto en la cama!
Hermione la miró boquiabierta.
-No… eso… no puede ser. No puede ser…
-¿Por qué no puede ser, ratita? –Preguntó burlona Bellatrix.
-¡Te lo estás inventando! Recuerdo que nos besamos, pero no lo otro…
-¿Y si te acuerdas, para qué me preguntas? –Replicó Bellatrix con fastidio. -Sí, te estaba gastando una broma. Nos besamos. No estuvo mal. Y luego te arropé y me fui a mi cama. Seguro que en la Orden cuentan que soy una depredadora sexual y cosas así, pero no suelo acostarme con chicas que están bajo los efectos de pociones. Con un beso me conformo.
Bellatrix le guiñó un ojo, mientras le lanzaba una sonrisa torcida y socarrona, apoyándose con el codo en el marco de la puerta. Le recordó un poco a Tonks: solo le faltaba tener un cigarro entre los dedos o estar masticando chicle con la boca abierta.
-No me compares con esa, ¿quieres? ¡Eso que estás pensando es muy ofensivo! –Dijo la bruja oscura, tras hacer un gesto extraño con la cara.
-¡Si no me hicieses legilimancia cada vez que te da la gana, no te llevarías disgustos! –Respondió Hermione, también burlona.
-Oh, entiendo. La ignorancia es la clave para la felicidad, según tú. Bueno, no te lo discuto. Tal vez tengas razón. Para ti es más fácil que para mí, por desgracia.
-¡Sangre sucia y filósofa! Soy todo lo que una mortífaga no querría tener cerca…
-Déjame a mí decidir lo que quiero o no quiero tener. De momento, lo que quiero es desayunar. Te espero abajo, no tardes. Si necesitas ayuda para vestirte, llama a mis elfos.
Durante el desayuno ambas hermanas debatieron sobre los últimos sucesos de la guerra: al parecer la Orden había torturado y a una familia de mortífagos para sacarle información al padre. Luego los habían asesinado a todos. Hermione estaba a punto de gritar que la Orden no trataba así a sus víctimas, cuando se encontró con la fría mirada de Narcissa, posándose sobre ella con un aire casual.
A la bruja más brillante de su generación no le hizo falta saber legilimancia para entenderlo todo de golpe. Se maravilló de que la rubia pudiese mantener su pose delante de su hermana. Era repugnante pero a la vez muy valiente, tuvo que reconocer la chica.
-¿Te pasa algo, Hermione? ¿Se te ha atragantado el desayuno? –Preguntó Draco, con sorna, mientras su madre hacía un chasquido con la lengua, como dando a entender que debía dejar en paz a la pobre sangre sucia.
-¿De qué te extrañas? ¿Pensabas erais mejores que nosotros? –Preguntó a su vez Bellatrix. –Al parecer han pasado algunas cosas desde que no estás allí… Y por cierto, Draco, ahora se llama Maia. Te agradecería que dejases de llamarla por su feo nombre muggle.
Hermione siguió comiendo en silencio. No quería pensar qué pasaría si la Dama Oscura decidía entrar en su mente una vez más. Pero decidió que definitivamente no quería saber nada de los sucios juegos de Narcissa. Se lo diría en la primera ocasión que tuviese.
La ocasión que estaba esperando llegó casi antes de que estuviese preparada. Mientras intentaba alejar de su mente el oscuro pensamiento de que tal vez cuando la rescatasen echase de menos a Bellatrix, Narcissa apareció en el saloncito donde ella estaba a solas.
-Veo que ya no te encierran en tu cuarto…
-¿Para qué? Su hermana ya me dejó bien claro que era inútil que intentase escapar de aquí.
-Niña, siempre viendo el lado negativo de las cosas… yo diría que es un avance importante. Y puede que haya habido más avances ¿me equivoco?
-¿No se lo ha contado su hermana? ¿Por qué me lo pregunta, si ya lo sabe?
-No me ha contado nada nuevo. ¿Hay algo que debería saber?
-Use la legilimancia. Las dos lo hacen cuando les da la gana, ¡qué más da una vez más!
-Podría hacerlo. Pero prefiero que me lo digas tú, -dijo Narcissa sonriendo.
Hermione suspiró. No iba a darle más información a Narcissa.
-No quiero tener que ver con sus historias. No quiero saber nada de lo que usted se trae entre manos. No cuente conmigo para sus planes.
-¿Te has acostado con ella, verdad? ¿Y crees que eso cambia algo? ¿Crees que ella no te desechará cuando se aburra de ti? Incluso podría ser que se divirtiera asesinándote. No seas estúpida, niña. ¡Yo soy la única posibilidad que tienes de volver viva con los tuyos!
-Hay cosas que no se deben hacer. Y no las haré. No quiero convertirme en ese tipo de persona.
-Ya es un poco tarde para andarte con melindres, querida… ¡estás metida en esto hasta el cuello!
Hermione no la miró y se dispuso a salir de la habitación, pero notó como Narcissa la agarraba del brazo, clavándole sus largas uñas. Era bastante más fuerte de lo que la chica hubiese sospechado nunca. Sin volverse, escuchó su amenaza:
-Haces mal en darme la espalda. Quiero que sepas que si no estás conmigo, vas a tenerme en tu contra, y en esto no estoy yo sola: hay gente muy influyente metida. Y como se te ocurra delatarme ante mi hermana o pedirle que use la legilimancia contigo, yo caeré, pero tus amigos de la Orden caerán conmigo.
-Por favor, Narcissa… ¿qué les va usted a hacer que no haya intentado hacer ya su hermana? –Dijo Hermione, girándose a medias. Su sonrisa sardónica se congeló al ver la dura expresión de la rubia.
-Me he pasado toda la vida saliéndome con la mía a pesar primero de mis padres y luego de mi hermana y mi marido. Todos me han intentado someter, pero yo he logrado siempre hacer mi voluntad, haciéndoles pensar a ellos que ganaban todas las batallas. No juegues conmigo, niña. Si te amenazo es porque puedo, -dijo la bruja sonriendo y en voz baja.
-Lo tendré en cuenta, -dijo Hermione, intentando darle a su voz un tono irónico. En realidad estaba aterrada.
-No dejes que te haga legilimancia. Por tu bien te lo digo, y por el de los tuyos.
-¿Cree que a mí me encanta que me lo haga?
-¿Es que tengo que decírtelo yo todo? –Preguntó Narcissa, poniendo los ojos en blanco. –Niña, por Merlín y Morgana: ¡pídeselo!
-¿Se cree que no se lo he pedido?
-Pídeselo de buenas maneras. Sé… cariñosa con ella. Ya verás que funciona. No me hagas ser más explícita, niña.
-Eso es asqueroso. ¡No lo haré! –Exclamó Hermione, pensando por un momento si la rubia sabría por experiencia propia que ser "cariñosa" funcionaba con la Dama Oscura.
-¡Claro que lo harás! A no ser que quieras recibir la cabeza de Ron Weasley como regalo dentro de una caja, -siseó Narcissa, mientras agarraba con fuerza a Hermione por el pelo para obligarla a mirarla a los ojos.
Hermione se encontraba como hipnotizada por aquellos fríos ojos azules. Era como mirar a una serpiente, sin poder huir aun sabiendo lo que acontecería luego. Pero unos pasos por el corredor hicieron que Narcissa soltase su mano y ensayase su sonrisa más dulce, mientras Hermione secaba las incipientes lágrimas que asomaban a sus ojos. Era Draco. Se quedó un poco parado al ver la cara de espanto de Hermione, pero ella no le dio tiempo a preguntar, sino que echó a correr hasta llegar a su cuarto.
-¿Qué le pasa a la sangre sucia, madre?
-Nada, hijo. Al parecer echa de menos a los pelafustanes de la Orden.
-Seguro que sí, -dijo Draco riendo. -Incluso yo preferiría acostarme con Ron Weasley o con la zorra de la hija de Andrómeda antes que con mi querida tía.
Narcissa miró con fingido reproche a su hijo, chasqueando la lengua de nuevo. Pero al momento una sonrisa asomó a sus labios, y madre e hijo se unieron en una carcajada.
oOo
La Dama Oscura se impacientaba. Últimamente tenía más preocupaciones de lo normal, lo cual significaba bastante. No había tenido pruebas hasta esa misma mañana, cuando le había hecho legilimancia una vez más a la sangre sucia y había visto la conversación con su hermana de la noche anterior, pero sospechaba desde hacía tiempo que su hermana favorita estaba jugándole bastante sucio.
Había meditado largamente acerca de ese asunto, pero no sabía bien qué podría ser lo mejor: si atajar cuanto antes lo que fuese que estuviese tramando, o intentar averiguar más sobre ese sórdido asunto. Era obvio que su hermana no se habría metido en algo así sola. Con un poco de paciencia, podría atraparlos a todos juntos.
Y ahora el elfo le decía que la chica se negaba a venir a su alcoba, como ella le había ordenado, pretextando un dolor de cabeza.
-Dile que más le vale venir ahora mismo, si no quiere que vaya yo en persona y sea peor. No aceptes un no por respuesta ni vuelvas sin ella.
Estaba rodeada de traidores, se dijo. Siempre había sido así. "Espero que no se haya aliado con Andrómeda. No podría perdonarle eso. No después de la forma en la que ha maleducado a mi hija y la ha vuelto contra mí".
La sangre sucia y el elfo se aparecieron. La chica parecía completamente abatida, y miraba hacia el suelo. No tenía buen aspecto.
-Puedes retirarte, Mirrik.
-Siéntate Maia. Y dime qué te pasa. No tengo que usar la legilimancia para ver que no estás bien.
La chica se sentó frente a ella, se encogió de hombros y suspiró, sin levantar la cabeza ni una sola vez.
-No voy a hacerte legilimancia. Dime qué te pasa.
La joven levantó la cara. Tenía los ojos enrojecidos de haber estado llorando.
-Todo esto… ¿es por mí? ¿Estás así por lo que pasó anoche?
Hermione denegó con la cabeza, sin despegar los labios.
-Acerca más tu sillón. Voy a mirarte el brazo.
Bellatrix retiró los vendajes con cuidado. Hermione sintió un escalofrío cuando notó sus dedos rozándola, pero por primera vez no sentía su presencia como algo desagradable o intimidante. La bruja oscura terminó de retirar las vendas. La piel de su brazo estaba de un ligero color rosado, pero lisa y suave. La chica se tocó con la otra mano: la piel estaba completamente sana, si acaso demasiado sensible al roce.
-Es piel nueva. En unos días estará igual que la del otro brazo. Ya no necesitas llevar venda. ¿Estás contenta?
Hermione asintió. Se sentía agradecida y a la vez culpable. Bellatrix había sido amable con ella, y ella había estado a punto de pagarle conspirando con su horrible hermana.
-Voy a ponerte un poco de ungüento. Puede que lo sientas un poco extraño, pero no debería dolerte.
Bellatrix untó con cuidado el brazo de la joven con el pegajoso ungüento. Hermione no fue capaz de mirarla. Las cosquillas la recorrían, y no eran la única sensación extraña que sentía.
-Bueno, Maia. Ahora me vas a contar por qué estás así.
La chica la miró. Parecía como si quisiera decirle algo, pero se arrepintió y volvió a bajar la mirada.
-¿Te gustó que nos besáramos? ¿Estás incómoda por eso?
-No es eso, -dijo Hermione.
-¿Tiene que ver con mi hermana, entonces?
La joven alzó la cabeza, mirándola boquiabierta. Parecía a punto de protestar, cuando Bellatrix la interrumpió.
-No digas nada. Y no, no te he hecho legilimancia. Ha intentado ponerte en mi contra ¿verdad?
Ella volvió a callar.
-Eso es un sí, -dijo la Dama Oscura suspirando. –Maia, voy a usar la legilimancia ahora. ¿Hay algo que quieras contarme antes?
La chica la miró con ojos llorosos. Abrió los labios y los volvió a cerrar, pero al fin se decidió y habló.
-El beso. Te besé porque quise. Fue una tontería, y si no hubieses insistido no lo hubiese hecho. Pero fue porque yo quise, y sí que me gustó.
