Fairy Tail no es de mi propiedad, pertenece a su respectivo autor.

uzuky12: lo lamentamos, pero ese sera el harem, solo esas tres.

Este fic contiene/contendrá violencia, palabrotas, lemon mas o menos fuerte y demás cosas. Leedlo bajo vuestra responsabilidad, que yo ya lo he puesto en categoría M.

Yo hago esto por simple diversión, sin ánimo de lucro.

—comentarios normales—

—"pensamientos"—

—*comunicación por holograma, comunicador, etc.*—


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Capítulo 8:

REUNIONES FAMILIARES — PARTE 01


Todos los grupos, una vez acabada la misión de destruir las Torres, volvieron a la base secreta de [S.H.I.E.L.D.]. En el avión del grupo de Jellal, el peli azul se encontraba sentado en uno de los asientos del jet en el cual volvían a casa. Más precisamente en un asiento junto a la ventana. Desde que había acabado la misión no había vuelto a abrir la boca. El encuentro con su hermano gemelo era algo que no esperaba. No. Se mentía a sí mismo al siquiera pensarlo. En realidad no era una idea disparatada. Desde que eran pequeños, su hermano mostró demasiado interés por la magia oscura. Poco después de cumplir los diecisiete, ambos tuvieron su primer enfrentamiento, en el cual Siegrain desapareció, jurando acabar con su vida. Y casi lo consigue. Bueno, ambos podían haber matado al otro, pero no llegó el momento.

—¿Jellal?

El peli azul salió de sus pensamientos al observar a la hermosa mujer pelirroja a su lado.

—… —no dijo nada, solo le sonrió.

—¿Qué te ocurre? Cuéntame, por favor. — le murmuró mientras le cogía suavemente de la mano — ¡Uh! — cuando se dio cuenta de su acción se sonrojó y apartó la mano rápidamente.

Jellal se sonrojo y sonrió levemente. Observó a su alrededor, confirmando que sus amigos y compañeros estuvieron a lo suyo. Entonces volvió a centrar su mirada en la hermosa pelirroja.

—Me he encontrado con mi hermano.

—¡Oh! ¡¿Siegrain?! ¡P—pero…!

—Al parecer está metido en todo este asunto. — le contó donde se habían encontrado y el combate — Entonces cayó al abismo, pero no sé si su cuerpo llegó a chocar contra el suelo. Pero, conociéndole, no estará muerto. Supongo que es nuestra maldición. Encontrarnos hasta nuestra muerte, sin poder matar el uno al otro.

—Yo no lo creo. — el peli azul alzó una ceja ante las palabras de la descendiente de William Wallace — Si bien es cierto que tú no sabes si podrás matarlo, yo no dudo en que él lo intentara cada vez que os encontréis.

Jellal suspiró.

—Si. Creo que en eso tienes razón.

—¡¿Que qué?! — escucharon un grito por parte de Sting — ¡No me jodas!

—¿Y ahora qué les pasa? — se preguntó Erza.

Ambos dejaron su charla para prestar atención a la que tenía el resto del grupo.

—Que ovarios que tiene la vampiresa. — apuntó Minerva con burla.

—Es interesante. — murmuró Rogue.

—No me puedo creer que haya abandonado Rumania para ir a esa Torre. Demasiadas coincidencias. — murmuró Yukino.

—¿Qué nos hemos perdido? — curioseó Jellal.

—Resulta que la prometida chupasangre del desnudista nº 1 de nuestro grupo ha aparecido en la Torre, queriendo llevarse a Gray de vuelta a Rumania. — explicó Gajeel con una sonrisa socarrona.

—¡¿Qué?!

—¿Y cómo ha sido eso? — interrogó Erza con gran interés.

—Pues no lo sé. No sé ni cómo me ha podido encontrar. — masculló enojado Gray.

—Tranquilo. Juvia ya la ha enviado de vuelta a su casita. — sonrió la sirena.

—No sé por qué, pero me creo que haya sido capaz de matarla lentamente. — se rió Sting.

PAM

Minerva no tuvo misericordia en darle una buena colleja al dragón oriental blanco.

—Sting, haz el favor de hablar antes de pensar.

—Lo siento. — sollozó el rubio.

Rogue y Yukino negaron divertidos.

—Al parecer mi padre quiere que vuelva a casa y ocupe el lugar que me corresponde, según él. — masculló Gray, observando por la ventana del avión.

—¿Y qué vas a hacer? Si ya te han encontrado una vez… — le preguntó Levy.

—Pse. No sé cómo me ha encontrado, pero dudo que sea capaz de encontrarme una segunda vez. Pero, si se llega a dar el caso, entonces tendré que hablar con mi viejo y esa panda de idiotas retrasados.

—Y Juvia se encargará de ella si se atreve a acercarse. — susurró Juvia mientras sonreía de un modo que asustó a la gran mayoría.


Base secreta

Los líderes se habían marchado a sus respectivos lugares. Gildarts, sonriente, se había ido una ciudad cercana a la base para cogerse una buena cogorza y encontrar a alguna o algunas mujeres para celebrar. Por su parte, los demás miembros también celebran alegres el triunfo sobre las Torres del Sistema R.

Makarov caminaba por la base, alegre, contento, feliz de la vida. Habían conseguido su objetivo. Ya habían pasado varias horas desde ese momento. Durante las primeras horas se habían mantenido serios por las muertes de los miembros fallecidos. Pero no estaban tristes. Para la gente del grupo, para los agentes de [S.H.I.E.L.D.], la muerte solo era el paso a otra vida. Si, incluso las criaturas sobrenaturales y monstruos tenían el pensamiento de la otra vida. De algo más allá. ¿El qué? No todos los sabían.

Pero, cuando todos estuvieran reunidos, celebrarían el luto y entierro de sus camaradas y luego la fiesta por ellos y por la victoria. Es lo que todos querrían. Que no estuvieran tristes. Que celebraran.

—"Pero la tristeza siempre estará presente" — suspiró el pobre anciano — "Pero a vida continua" — entonces se quedó parado frente a una puerta, la cual daba acceso a la habitación de los gatos — "Creo que estaré un rato con los gatos. Ese pequeño Happy es muy gracioso" — pensó alegre.

Pero nada lo tenía preparado para lo que vio adentro.

Cierto dragón occidental y cierta princesa elfa se encontraban en una posición bastante comprometedora.

Lucy estaba sentada sobre la mesa, con las piernas entrelazadas por la cintura de Natsu. Su túnica estaba colgando por los brazos, los cuales tenía cruzados sobre el cuello del pelirrosa, agarrándole con fuerza el cabello, apretándose contra ella. Su camisa estaba abierta, dejando dicha parte de su cuerpo a la vista. Su cara estaba sonrojada, sus ojos cerrados y los gemidos salían de su boca.

Natsu estaba sin camisa y con el cinturón del pantalón así como su primer botón desabrochados. Con su mano derecha agarraba el pecho izquierdo de la elfa mientras que con la izquierda acariciaba la suave piel de la rubia. Mientras, con su boca, atendía al otro pecho. Lo que se oía de su parte eran los gruñidos de satisfacción.

Si alguno se pregunta cómo se llegó a tal cosa, pues bueno, hay que aclarar que fue distinto a como fue con Jenny, aunque el resultado fuera parecido.

(Flashback)

Desde que todos los grupos se habían marchado de la base, Natsu y Lucy habían estado juntos, charlando, conociéndose, pasándoselo bien, e incluso aprendiendo alguna que otra cosa por parte del pelirrosa.

Luego de terminar de comer, ambos empezaron a dar vueltas por la base. El ambiente entre ambos era muy agradable y tranquilo. De lo que no se dieron cuenta era de que, en algún momento, los gatos les seguían a todas partes.

Al final el pequeño Happy acabó adelantándose junto a Frosch y Lector, yendo a la sala de los gatos.

El dúo siguió a los mininos entre risas. Al llegar a la sala cada minino se fue a su lugar para dormir. Pero Happy se quedó dando vueltas, restregándose contra la pierna de la rubia, pidiendo atención.

Lucy, sonriente y mirando de forma tierna al gatito azul, lo cogió entre sus brazos, empezando a acariciarle suavemente, ante la atenta y celosa mirada del dragón.

—"Gato tramposo" — pensó enojado.

A pesar de ser un gato, los celos y sentimientos posesivos dragontinos empezaron a funcionar.

La rubia sonrió hermosamente mientras acariciaba al minino azul. La ternura estaba plasmada en sus ojos. Natsu se quedó embobado. Se acercó lentamente hasta ella, quedándose parado a varios centímetros. Al notar la cercanía del dragón, la elfa dejó de mirar al gato para sobresaltarse levemente, sonrojándose por la cercanía y la mirada rasgada del pelirrosa.

Happy, al dejar de ser acariciado, abrió los ojos para ver a ambos y luego se bajó de los brazos de la elfa, yendo a su cesta, donde se durmió.

El ambiente en la sala empezó a encenderse. El corazón de la elfa empezó a acelerarse al notar como la distancia entre ambos se iba haciendo más corta. Entre sus cuerpos apenas había milímetros de distancia. Era capaz de notar el calor del cuerpo de Natsu, así como su respiración empezaba a agitarse.

A pesar de querer separarse, su cuerpo no obedecía sus órdenes. Su mismo cuerpo la traicionaba, pues no quería irse. Justo todo lo contrario.

—¡Ah...!

Los ojos casi se salen de sus cuencas al notar como el pelirrosa la besaba. No era su primer beso, pues ese se lo habían robado hace bastante. Pero, a pesar de ello, sintió la chispa nada más se rozaron. Sin quererlo ni poder evitarlo cerró los ojos, devolviendo el beso.

Al principio era suave y lento, pero conforme pasaban los segundos se volvía más rápido y fogoso. Al final, después de estar varios minutos besándose, acabaron como estaban.

Los gatos, por suerte para ambos, estaban dormidos.

(Fin flashback)

—¡Ah..!

Cuando el olor del anciano llegó a las fosas nasales del dragón, este dejó su agradable y delicioso que hacer para gritar con fuerza, mostrándole los colmillos y unos ojos amenazantes.

Makarov tuvo un sobresalto ante tan aterrador gruñido. Lucy salió de su remolino de placer para fijar su vista en el anciano. Entonces cayó en cuenta de lo que estaba haciendo. Dio un grito, tapándose de la vergüenza, apretándose inconscientemente al dragón para evitar que el anciano viejo verde viera de más.

—Bien hecho mocoso. — sonrió picado Makarov mientras se limpiaba la sangre de la nariz — Buen trabajo. — cerró la puerta — Y parecía tonto. — se carcajeó, alejándose del lugar.

Por su parte, una vez que humano—enano abandonó el lugar, el dragón pudo aclarar su mente lo suficiente para darse cuenta de lo que estaba a punto de hacer. Sonrojándose y abriendo las cuencas de sus ojos a lo máximo, su vista viajó hacia la rubia. Esta tenía la cara baja, tapándose con fuerza su pecho.

—Lucy… — susurró.

Entonces la rubia se bajó y salió corriendo de la sala, dejando al pelirrosa con el brazo extendido. Se apoyó en la mesa, cruzando los brazos, gruñendo enojado.

—Es la segunda vez que me interrumpen. — masculló, echando humo por la nariz, sin pensar bien en sus palabras.

—Miau. — escuchó el maulló de su felino amigo.

El minino azul entró en la sala junto a los otros cuatro gatos. Cada uno se fue a su zona de dormir.

—Lo se Happy. Voy a acabar matando a alguien. — se miró la entrepierna — ¿Y qué hago contigo ahora? — se fue directo a las duchas, después de dejar la comida y bebida preparada para los gatos — Ya van dos, ahora falta Kana. — comentó a la nada con sarcasmo — Seguramente si acabe matando al tercero.

XXXXX

Lucy corría hacia su cuarto con toda la rapidez de la cual había sido dotada por su especie. Una vez llegó cerró la puerta con un portazo, apoyando su espalda, respirando entrecortadamente. Aun sentía su cuerpo caliente por lo ocurrido hacía escasos momentos.

Se dejó caer hasta sentarse en el suelo, aclarando sus pensamientos.

—"¡¿Qué acabo de hacer?! ¡¿Qué he estado a punto de hacer?! ¡Bravo Heartfilia! ¡Casi te acuestas con tu amigo! ¡Muy bien hecho, sí señor!" — pensó con sarcasmo — "Pero, eso ha sido tan…" — empezó a recordar lo ocurrido, sonrojándose de nuevo, agitando su cabeza para dejar de pensar en ello.

Se levantó, caminando hacia el cuarto de baño. Necesitaba enfriar su cuerpo y su mente. Una vez dentro se despojó de sus ropas, aunque le causó gracia recordar que las de cintura para arriba ya estaba desabrochadas. Entonces se fijó en el espejo de cuerpo entero que tenía al lado de su cama. Dejó el baño y se observó. El sonrojo volvió a su cuerpo. Sus labios estaban hinchados, tenía marcas de chupetones y mordiscos en su cuello y hombros y tenía leves marcas en sus pechos, ahí donde se los había masajeado, chupeteado, lamido y mordido.

—"Mierda. Necesito hablar con mamá." — pensó en un suspiro mientras dejaba de mirarse y entraba en la ducha, aseándose antes de irse a dormir.

Su madre y su padre estaban en la batalla de las Torres, pero su hermana Michelle seguía en Alfheim, así que podría esperarlo allí. Pero tendría que ir después de la más que posible fiesta que organizaría Makarov.


Al día siguiente

Desde lo ocurrido en la sala de los gatos, ninguno de los dos se había vuelto a cruzar. Se mantenían a distancia.

La rubia seguía avergonzada por el comportamiento que tuvo, y sobre todo por ser pillada por el pervertido anciano enano. Por su parte, Natsu también se mantenía alejado, por pura precaución.

Esa noche todos los grupos estarían de nuevo en la base, por lo que se celebraría la fiesta por la victoria y por la honra de los caídos en combate.

Los primeros en llegar fueron los miembros de Blue Pegasus, siendo seguidos por el grupo de Laxus, luego el de Jellal y por último el de Mermaid Heels.

—Hola chicos, ¿qué tal ha ido todo? — preguntó la elfa mientras abrazaba a la pequeña hada.

—Ha ido bien, aunque han pasado cosas muy interesantes. — le contestó con una mirada seria — Y algunas no son buenas.

—Vaya. Luego me cuentas.

—¿Y aquí ha pasado algo?

Lucy se sonrojo ante la pregunta, pues solo se le vino a la mente lo ocurrido el día anterior.

—N—nada. N—nada de nada. Jejejeje. — se rio claramente nerviosa.

Levy entrecerró los ojos, sonriendo divertida.

—Algo ha pasado… y me lo vas a contar.

La rubia tragó saliva. Cuando su pequeña amiga hada quería algo… siempre lo conseguía.

XXXXX

En el despacho de Makarov se encontraban el nombrado, Gildarts, que estaba con resaca, Laxus, Jellal, Bob, Kagura y los demás líderes de los demás grupos.

—¿Y bien? — fueron las únicas palabras del anciano.

—Me he encontrado con Siegrain. — dijo Jellal con tono serio — Parece ser que está involucrado con la Alianza Balam.

—Ya veo.

—Parece ser que Juvia y Gray se encontraron con una vampiresa.

—¿Y eso que tiene de raro?

—Que resulta ser la prometida de Gray. — sonrió levemente.

—¡Eh!

El asombro de todos los presentes fue algo que no se pudo ocultar.

—No jodas. — susurró divertido Laxus — ¡Jajajaja! ¡Esto es divertido! — se carcajeó.

—Seguro que a él no le ha hecho gracia alguna. — expuso Kagura mientras se cruzaba de brazos, seria.

—¿Y qué ha hecho Juvia? ¿La ha asesinado? — indagó Bob, llevándose una mano a la mejilla.

—…

Toda la sala se quedó en completo silencio. Conociendo a la sirena, no les sería extraño que haya ahogado a la vampiresa. Esa mujer… cuando alguna se metía con Gray… podía llegar a ser realmente aterradora. Que se lo digan a chicas como Lucy, Kana, Lissana, etc. Ellas y muchas otras chicas de la base habían sufrido tormento por parte de la sirena. La mayoría ni siquiera sabía qué demonios le pasaba y sufrieron sin motivo. Ello acarreó un castigo por parte de Erza. Desde entonces la peli azul se controlaba… por lo menos con las mujeres de la base solteras.

—No. No la ha matado… o eso ha dicho ella. — respondió Jellal, sonriendo nervioso.

—¿Sabes que tiene pensado hacer Gray ahora? — preguntó Gildarts.

—Según nos ha dicho, parece ser que va a tener que ir a su casa para hablar con su padre.

Makarov entrelazo sus dedos, apoyando su barbilla en ellos.

—Esto es extraño. ¿Cómo es que esa vampiresa ha sabido exactamente dónde estaba Gray?

—Según me ha explicado Juvia, al parecer Valerie, que es el nombre de la vampiresa, llegó por pura casualidad. Pero, en mi opinión, esa es demasiada casualidad. — Jellal se cruzó de brazos, serio.

—Coincido contigo. Lo mejor será que investiguemos sobre este asunto mientras Gray no vaya a Rumania.

Cada miembro explicó detalladamente lo ocurrido en la misión. Hora de llegada, hora de batalla, la forma en que llegaron y se fueron, las bajas, etc. Como siempre que se hacía luego de una misión, le entregaron unos dossiers al anciano. Papeleo hay en todas partes.

—Entonces me encontré con ese idiota. Pse, se creía un Dios por poder controlar la electricidad. Menudo imbécil. — comentó con gran disgusto Laxus mientras explicaba su batalla contra la mala copia de Enel.

—Y tú eres bastante olvidadizo. — le dijo Bob sonriente, provocando que el rubio alzó una ceja — ¿Acaso te has olvidado de Zeus? Thor no es el único Dios que controla el rayo.

—… se me olvido. No es para tanto. — se encogió de hombros.

Los demás se rieron disimuladamente. Pocas veces ese hombre aceptaba sus errores.

XXXXX

Esa misma noche, en la sala principal de la base, aquella donde se habían reunido todos los agentes cuando fueron asignados a la misión para derribar las Torres. La música estaba alta, una bola de discoteca en el techo, había varias barras llenas hasta arriba de comida y bebida. Todos celebraran tanto la victoria como los fallecimientos de sus compañeros, amigos y camaradas.

Nadie imaginaria que momentos antes Makarov y Gildarts habían dado un hermoso discurso. Todos se habían mantenido en un completo silencio. Ni siquiera se escuchó una mosca. Lo único que se escuchó además de las voces de ambos líderes de la organización fueron los sollozos de los compañeros.

Y por eso mismo celebraran. Porque así era la organización. Siempre celebrando. En las buenas y en las malas. El no celebrar sería un insulto a la memoria de los agentes fallecidos.

—¡Y ahora, para honrar la memoria de nuestros amigos, hermanos, compañeros, celebremos! — exclamó Makarov, alzando una botella de boca.

—¡Si! — gritaron los demás, alzando también sus vasos.

Al principio la cosa empezó bastante bien. La gente estaba calmada, la música no estaba alta y todo estaba bien organizado. Pero, como suele ocurrir, unas dos o tres horas después, aquello era una completa locura, un desmadre.

Los distintos agentes bailaban, bebían, comían y más de uno se daba el lote. Se podía notar como la mayoría estaban borrachos. Y no era para menos. Había de la mejor comida y bebida, incluyendo vino del Dios Griego Dioniso.

Pero solo había dos personas con cara de leve disgusto… o muy disgustado.

Lucy observaba desde la distancia a sus compañeros. La mayoría, al estar borracho, no eran muy capaces de tener una conversación como se debía. Ella, al ser elfa, no le afectaba el alcohol, ni siquiera el de Dioniso.

Natsu, por otra parte, gruñía disgustado. Al igual que la rubia, el alcohol no le estaba haciendo efecto debido a su constitución dragontina. Además, gracias a sus súper desarrollados sentidos, la música le hacía daño en los oídos. Además, su nariz empezaba a molestarle. El olor del lugar se estaba volviendo demasiado fuerte. Alcohol, tabaco, sudor, lujuria…

Con un último gruñido salió rápidamente de la sala, saliendo a la superficie para poder respirar aire puro. Lucy observó como Natsu frunció el gesto y salía raudo de la sala. Una parte de ella quería ir con él afuera pero, recordando lo que pasó la última vez, prefirió quedarse. Aunque no tardó mucho en irse. Sobre todo al ver cómo las distintas parejas empezaban a realizar acciones no apta para jóvenes… aunque Wendy y Romeo tampoco se quedaban atrás.

Sonriendo divertida buscó a Jellal entre la multitud, encontrando al peli azul con su lengua metida hasta la garganta de cierta pelirroja. En parte daba gracias, pues no sabía que hubiera pasado si estuviera en sus cinco sentidos. Después de todo, Wendy era su pequeña hermana adoptiva.

Negando divertida con la cabeza, echó un último vistazo y fue rumbo su habitación para luego ir a la sala de tele transporte mágico.

XXXXX

Vistiéndose con su tradicional ropa élfica, Lucy fue a la sala de tele transporte mágico. Dicha sala se usaba para el tele transporte a través de círculos mágicos. Pero no se usaban para ir a distintas partes de la Tierra, salvo en casos de extrema urgencia. No. Esa sala funcionaba como el Bifröst de Asgard. Un círculo mágico que les permitía ir a distintos mundos y Reinos.

En la sala no había nadie, pues todos estaban aún en la súper fiesta. Caminó hasta un panel. Colocó su mano y apareció un teclado táctil. Introdujo su número de agente y su nombre. Un panel apareció, el cual tenía forma de mano, para analizar la huella dactilar.

Una vez que quedó bien identificada, un gran círculo mágico apareció en medio de la sala. Tecleó el lugar a donde quería ir y el círculo empezó a brillar. Dejó a un lado el panel, desactivandolo, para luego ponerse en medio del círculo mágico, tele transportándose a su hogar, en los bosques del Reino de Alfheim.

XXXXX

Natsu salió afuera de la base, inspirando profundamente, dejando que el aire fresco del bosque llenara sus pulmones. Gruñó de satisfacción. La luna estaba en su fase menguante, por lo que la luz plateada iluminaba poco, lo suficiente como para que el pelirrosa pudiera dejar libre a su dragón interior.

Sonrió colmilluda mente para después cubrirse de fuego, pasando de su forma humana a su forma dragón. Prefirió no rugir, pues no quería jorobar la fiesta al resto. Al menos esta vez podía controlarse al estar tranquilo. Extendió sus grandes alas, se incorporó sobre sus patas traseras, dando un salto y luego un aleteo, elevándose en el aire, empezando a volar, disfrutando enormemente, manteniéndose alejado de la civilización humana.

Era la primera vez que volaba solo, pues siempre lo hacía con Sting, Rogue o Wendy. Además, tenía muchas cosas en las que pensar.


Reino de Alfheim

Lo primero que vio Lucy al abrir los ojos fue la bella ciudad de Rivendel, su hogar. La capital élfica del Reino de Alfheim, la cual se encontraba sobre un valle.

Este valle, al que se conocía como Imladris, se encontraba en las laderas orientales de las montañas Hithaeglir. En realidad es una profunda grieta de escarpadas paredes, con numerosos riscos y salientes de roca. Bajo sus piedras fluye un acuífero que afloraba por numerosos puntos, dando lugar a espectaculares cascadas y saltos que dotaban al lugar de una sobrecogedora belleza; esto, unido a la armonía y gracia con la que los elfos edifican sus estancias, convertía a Imladris en uno de los rincones más bonitos del mundo conocido, no solo de ese Reino, sino de todos.

La senda principal, la que venía desde los Vados del Bruinen, era un camino bien trazado y no demasiado complicado de transitar; salvaba una peña por medio de unas escaleras labradas sobre la piedra, y luego descendía hasta el puente sobre el Sonorona, cruzando sobre unas cascadas y dando acceso a la ciudad.

En la ciudad existen hermosos jardines al este y al sur de la casa del Rey, y un sendero paralelo al río que conducía un sitial en el este. La ciudad constaba de la casa del Rey, una torre—campanario, una Torre del Homenaje y numerosas viviendas de gran tamaño o unifamiliares. A pesar de ser la capital, las ciudades élficas no eran demasiado grandes.

Respecto a la casa del Rey, en la fachada este se construyó un porsche que conducía a dos grandes salones de trescientos metros cuadrados cada uno; al norte estaba la Sala del Fuego, sostenida por pilares y donde, evidentemente, se cuidaba de una hoguera que ardía todo el tiempo, y al sur la Sala del Rey, lugar de la vida cotidiana de los nobles de Rivendel. Más allá se encontraban diversas estancias no especificadas y el porche posterior, que daba a los jardines del este. También tienen establos y la fragua donde se forjaron las armas de los Antiguos Elfos, las cuales aún seguían existiendo y donde son reparadas.

Lucy inhaló con fuerza, sonriendo ante el olor de la ciudad. Le encantaba. Era una mezcla del olor de la naturaleza junto al olor de su civilización. Caminó a través de las anchas calles, recibiendo saludos de los elfos transeúntes, a los cuales ella devolvía la sonrisa. Su objetivo era su casa, la Casa del Rey. Allí deberían estar sus padres, o por lo menos su hermana.

Caminó hasta el porche, donde se encontró con otra elfa. Su hermana Michelle. Era rubia como ella, pero tenía los ojos azules de su padre. Se encontraba sentada, con la espalda recta, leyendo un libro, bien concentrada.

Al contrario de lo que muchos pensaban, Michelle y ella eran hermanas gemelas, pero de distinto óvulo. Sus nacimientos fueron de lo más extraño para toda la raza.

Los elfos tenían un índice de natalidad relativamente bajo, y que nacieron gemelos era aún más raro.

—El código Da Vinci. Es un buen libro. — dijo con una sonrisa mientras leía la portada que su hermana gemela se encontraba leyendo.

Al escuchar la voz de su hermana, Michelle dejó de leer, incorporándose de golpe, abrazando a la otra rubia con una gran sonrisa.

—¡Hermana! ¡Has vuelto! ¡Cuánto me alegro! — gritó con gran alegría para luego separarse, haciendo un adorable puchero — Hace meses que no me visitas. ¡Eres mala!

—Jajajaja. Lo lamento Michelle. Hemos estado ocupados.

—Buuu. Siempre estáis ocupados. — entonces se dio cuenta de algo — ¿Qué haces aquí? Es muy raro verte. Por lo que sé, ayer tuvisteis una dura batalla, según me han contado padre y madre. Pero, ahora que caigo, tú no fuiste. — entrecerró los ojos — Ha pasado algo. — no preguntó, afirmó — Hay hermana. ¿Qué ha pasado tan importante para que estés aquí y no celebrando con tus amigos?

Lucy se puso levemente nerviosa, observando a todos lados.

—¿Esta madre aquí?

—Si. Está junto a padre y los nobles. ¿Vamos? Seguro que le encantara verte. Y a padre también.

—No deberíamos interrumpirlos.

—Bah. La reunión la pueden tener luego. ¡¿Cuántas veces viene la Princesa a casa?! — exclamó sonriente.

Lucy también le sonrió, dejándose arrastrar.

XXXXX

Atravesaron la Sala del Rey hacia el sur, donde sus padres estarían reunidos con los nobles. Una vez llegaron, las vistas de todos fueron al dúo. Layla y Jude sonrieron al ver a su hija mayor, por media hora, en casa. Hacia demasiado tiempo que no volvía a casa.

—Un momento. — les detuvo Jude para ir junto a sus hijas.

Layla fue la primera en llegar, abrazando a su hija mayor.

—¡Oh, hija mía! Cuánto me alegro de volver a verte.

—Yo también madre. — sonrió mientras respondía al abrazo.

Una vez que ambas se separaron repitió la acción con su padre.

—¿A qué se debe esta visita? — indagó el elfo con gran curiosidad.

La mirada de Lucy fue intercambiando entre Michelle y su madre.

—B-bueno…

—Es un tema de mujeres, padre. — respondió Michelle sonriente.

—Oh. — Jude no necesitó más — En ese caso, os dejo. Hablamos luego, cariño. — le dio un beso en la frente y el trío de rubias se marcharon — Bien, podemos continuar.

XXXXX

Las tres rubias acabaron yendo a uno de los observadores de la ciudad, cerca de un saliente. Desde dicho lugar podía observarse toda la ciudad y el horizonte.

—Bien hija mía, ¿qué te tiene tan preocupada? — preguntó Layla, sentándose en una banca.

—B—bueno… pues veras… esto…

—¡Vamos hermana! ¡Dilo de una vez! — exclamó Michelle.

La hermana menor tenía poca paciencia. Era algo que la caracterizaba.

—Michelle. — le advirtió su madre, pero esta hizo oídos sordos.

Layla suspiró. Llevaba casi doscientos años intentando cambiar el carácter de sus hijas, pero le era imposible. No eran elfas normales. Eran especiales.

Michelle se caracterizaba por ser una mujer enérgica, positiva y con poca paciencia. Casi siempre estaba fuera de la ciudad, explorando o yendo a otras ciudades. Y, cuando no lo hacía, solía leer libros humanos, pues le enganchaban.

Lucy, por su parte, era una aventurera. No se daba por vencida. Era una luchadora nata, pero no le gustaba matar. Si era posible lo evitaba. Solía ponerse en peligro desde que tenía memoria. Por ese motivo se unió a [S.H.I.E.L.D.] desde que era muy joven. No se acordaba ya ni cuando fue aquello.

—Por favor, no se lo contéis a nadie. — pidió en un susurró, poniéndose frente a ambas rubias. Estas asintieron. Respiró profundamente antes de hablar — ¿Recordáis que os dije que teníamos un nuevo compañero?

—Así es. Hará como un poco más de un mes. — asintió Layla.

—Como ya te dije, me había hecho amiga suya.

—Lucy siendo amiga de un hombre. Que extraño. — se burló Michelle — Que nos dirás ahora, ¿que te lo has tirado?

—Michelle. — le llamó su madre — Creo que voy a dejar de traerte libros humanos. No me gusta cómo te expresas.

—¡No mami no! ¡No me quites mis libros! — gritó alarmada, arrodillándose frente a su madre, poniendo ojitos — Te juro que no hablaré así… delante de ti.

—…

Ambas se miraron fijamente a los ojos, hasta que ambas cayeron en que Lucy no había dicho nada. Lentamente dejaron de mirarse para mirarla a ella. Esta tenía el rostro sonrojado, la vista desviada al suelo y jugaba con sus dedos.

—Oh, porras. ¡Te lo has tirado!

—¡Michelle!

—¡Ahora no madre! ¡Tu hija tiene un problema muy serio! — le dijo a su madre para luego mirar alarmada a su hermana mayor — No estarás embarazada, ¿verdad?

—¡Michelle! — exclamó Lucy aún más roja — ¡No lo estoy! ¡Y no me he acostado con él! Casi…

—Lucy. — la llamó su madre, dando unos golpecitos a su lado. Entendió la indirecta, sentándose a su lado — Quiero que me cuentes detalladamente todo lo que pasó con Natsu. — le pidió con una sonrisa.

—Así que mi futuro cuñado se llama Natsu, ¿eh? — sonrió picara Michelle.

Ambas la miraron severamente, pero esta solo se encogió de hombros.

Soltando un suspiro, Lucy le explicó a su madre, e indirectamente a su hermana, lo ocurrido con el pelirrosa, tanto en la sala de los gatos como su relación durante el último mes. Al acabar el sonrojo aún no abandonaba su cara, Michelle tenía una gran sonrisa y Layla la miraba con su sonrisa maternal.

—Ya veo. Eso tiene una respuesta muy fácil, cariño. Estas enamorada.

—¿¡Eh!? —no creía lo que oía —¡Imposible! ¡Eso es completamente imposible! ¡No han pasado ni dos meses!

—¿Y eso que importa? No hace falta que pase mucho tiempo para que te enamores de alguien. Además, por lo que me has contado, es tu mejor amigo, ¿no? Os divertís juntos, pasáis mucho tiempo junto…

—Vale, vale, entiendo. Pero… — su mirada se volvió triste.

—¿Qué ocurre?

—Es un dragón, mama. Ese es el problema.

—Yo no veo ningún problema. — Michelle se encogió de hombros — ¿Qué va a tener más mujeres? Tampoco es para tanto, en este caso.

—¡¿Tu como sabes…?!

—He estudiado la historia de los dragones occidentales. Hermana, no tienes que tener miedo de que te rechace o te deje en el futuro, por lo que tengo entendido.

—¿Has entrado en la zona prohibida de la biblioteca? — le preguntó Layla, negando con la cabeza.

—Jejejeje — Michelle se rió nerviosa — B—bueno, vamos a lo que estamos. ¿Cuántas sois? Porque está claro que tú eres una de ellas.

—No lo sé.

—No tienes que preocuparte por nada hija. Siendo sincera, me alegra que hayas encontrado a alguien, después de doscientos años.

—Pero madre, él sigue siendo mortal… mientras que yo…

—Sabes lo que tienes que hacer para ello, pero no debes hacer nada alocado. No tendría marcha atrás. Solo date tiempo, ¿vale? Ya verás como todo se soluciona.

El trío siguió charlando durante largo tiempo, siendo el tema principal el problema con el dragón, claro que también hablaron de otras cosas. Ya que Lucy había vuelto a casa después de tanto tiempo, Layla quería aprovechar ese descanso con sus dos hijas.


Erendir: y otro pal saco.

Giuly De Giuseppe: y como el jefe, otro pal saco.