La voz de mi corazón.

Capítulo 3

Por Lu de Andrew

OoOoOoOoOoO

Candy viajaba en el taxi con la mirada perdida. Tenía unas marcadas sombras oscuras bajo sus ojos, producto de una noche sin dormir. Después de hablar con Elroy, despidió a George.

Recordaba con total claridad la plática que había sostenido con la tía abuela.

***-Tía abuela, todavía quiere que me case con Albert?

-¿Cómo dices, Candy? ¿De qué hablas?

-Por favor, no me pregunte como me enteré, pero ya sé que usted fue a verme al hospital para hablarme de...de...bueno para decirme que había pensado en mí, para ayudarles y pedirme que me casara con Albert.-Elroy suspiró. Candy se puso más nerviosa, y hasta un poco avergonzada, se sentía como si que era ella fuese la que estuviera pidiendo a la tía abuela la mano de Albert. ¡Ja! Como si eso fuera posible.

-Creo que una vez más, tengo que agradecerle a George por su intervención.

-Pero tía abuela...-Candy no quería que Elroy se enterara de quien le había hablado sobre el asunto.

-No te preocupes Candy, que el único que sabía que yo viajaría hasta aquí, era él. Y si yo no te mencioné nada, fue porque al conocer a tu novio, supe que no podría ser tan egoísta, para pedirte que renunciaras a tu vida. Albert lo sabía, por eso me prohibió que ni siquiera te mencionara el asunto. Como te dije, él no está enterado de esta visita.

-Pero ahora ya lo sé. Y no puedo hacer como si no pasara nada. Albert ha sacrificado muchas cosas para llegar hasta donde está, y si yo puedo ayudarle... lo haré, no importa qué y al precio que sea- Elroy se sorprendió ante la declaración de Candy, sabía de su relación tan estrecha que mantenían, pero nunca se imaginó que ella pudiera pensar así.

-¿Estás segura? ¿Ya reparaste en lo que significa esa decisión? Tienes que renunciar a tu novio, ¿o debo decir, prometido?

-Sí, ya lo pensé bien. Yo...yo hablaré con Edward, terminaré mi relación con él. Sin embargo, eso no es lo que me preocupa.

-¿Y qué es lo que te preocupa?

-¿Está segura que desea que yo sea la futura esposa del patriarca de la familia más prestigiosa de Estados Unidos y parte de Europa?- Preguntó Candy con cierto temor ante su respuesta.

-¿Sabes, Candy? Me hubiera gustado que tuviéramos esta charla en persona, por teléfono lo siento demasiado impersonal, pero debido a las circunstancias, aprovecharé la ocasión. Sé que tu y yo no tenemos un historial de cordialidad y menos de cariño alguno, y tristemente debo reconocer que la única culpable fui yo. Desde un principio, te rechacé por tu origen y por las intrigas de los Leagan, te culpé de...varias cosas, sin darme cuenta que tu sufrías al igual que yo. Sin embargo, pude ver y he podido ver a lo largo de estos años, como quieres a William, como lo cuidaste sin importarte nada cuando tuvo amnesia. ¿Qué hubiera hecho si algo le pasaba en esos momentos? Y no me refiero a los negocios ni al nombre de la familia, sino que es mi único sobrino directo, como mi hijo. Lo quiero demasiado Candy, aunque no lo demuestre, nunca he sido buena con los sentimientos. Sin embargo, cuando regresó a casa sano y salvo, di gracias al cielo y me prometí que haría todo lo posible por verlo feliz. Y tiempo después, cuando me William me dijo todo lo que había pasado durante ese año que estuvo perdido, me di cuenta que Dios utilizó para cuidarlo, a la única persona que podía ir en contra de todos los convencionalismos que dicta la sociedad. Y eso Candy, fue más valioso para mi que cualquier otra cosa o argumento que alguien pudiera presentarme. Tú conoces mejor que nadie a William, a lo largo de estos años he observado su relación, y sé que él también te conoce mejor que nadie. Conocen cual es su comida favorita, lo que les molesta e incomoda, lo que los hace felices. Aman la naturaleza, a los animales, los dos son rebeldes, y no se dejan llevar por lo que dicen los demás, son fieles sus ideas y principios...y por si fuera poco...ya vivieron juntos,- Por como lo dijo Elroy, Candy se sonrojó- ¿qué otra prueba quieres para saber que la mejor elección para que William contraiga matrimonio eres tu? Y si eso no te es suficiente, te digo claramente, sí Candy, sé quien eres y por eso mismo te digo que tú eres la mejor elección para ser esposa de William.

Cuando Elroy terminó, Candy ya estaba bañada en lágrimas. Las palabras de la tía abuela le habían llegado al corazón. Y más aún porque nunca se esperó a que Elroy le hablara así.

-Candy, di algo niña, por Dios.

-Lo siento tía abuela, es que nunca esperé que usted...

-Oh vamos, dejémonos de sentimentalismos- "Sí, era cierto, Elroy Andrew no era buena a la hora de manejar los sentimientos", pensó Candy.

-Tiene razón.

-Entonces, si ya pensaste bien las cosas, será mejor que nos veamos para hablar del tema. Porque si tú tenías dudas en cuanto a mi decisión de escogerte, yo también tengo que preguntarte si ya pensaste en lo que significa ser la esposa de William Albert Andrew. Y ahora ya es muy noche Candy, te espero mañana por la tarde para tomar en té, en la mansión, ¿te parece bien?

- De acuerdo, entonces allí estaré. Buenas noches tía abuela.

-Buenas noches Candy.***

La plática con la tía abuela la había mantenido en un estado de vigilia nocturna, dormitando durante toda la noche. No pudo apartar de su mente las palabras de Elroy: "Tú eres la mejor elección para ser la esposa de William". ¿Sería verdad?

A primera hora, Candy fue directo al hospital, pidió una licencia para ausentarse algunos días, pensando que, tal vez tendría que viajar a Chicago. Al salir fue directamente a donde Annie, su gran amiga la estaba esperando desde la tarde anterior, y ni siquiera le había avisado que no asistiría. Afortunadamente, Annie era la encargada de la lujosa casa de modas que una diseñadora francesa había decidido abrir en América. Candy no recordaba el nombre de la francesa, ¿Acaso era Chantal? Esperaba que así fuera, sino Annie la retaría porque siempre le tenía que estar recordando su nombre. Aunque como le había explicado su amiga, si no fuese así, no sería Candy White.

El taxista le indicó que ya estaban frente al lugar, sacándola de sus pensamientos. Sin demasiada prisa, salió del vehículo y se dirigió a la parte trasera. Era por donde siempre entraba, Annie la retaba por no entrar por la puerta principal y Candy siempre le decía que prefería eso a toparse con las señoras de sociedad que no hacían otra cosa más que ver a los demás con aires de superioridad.

Al entrar al lugar, los empleados la reconocieron inmediatamente y le indicaron el lugar donde se encontraba Annie. Candy caminó entre los pasillos y llegó a la oficina de Annie, tocó y le dio el pase. Encontró a Annie hablando con algunas chicas, de seguro modelos, pensó Candy. Cuando Annie se percató de su presencia, las despidió y se dirigió a Candy.

-¡Candy!-exclamó emocionada- benditos los ojos que te ven, ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos vimos?-preguntó abrazándola con emoción.

-Oh Annie! -Candy se dio cuenta inmediatamente que ha pesar de ya no ser las mismas niñas de antes, y ser unas mujeres profesionistas, no dejaban de extrañarse y comportarse como si nada hubiera pasado entre ellas. Y le daba gracias al cielo por ello.

-Pero dime porque me dejaste plantada ayer-dijo con emoción Annie, la invitó a tomar asiento-te estuve esperando parte de la tarde, con un exquisito pastel de chocolate.

-¡Mi favorito! ¿Y no sobró un poquito?- Candy se imaginó comiendo una rebanada de pastel del que Annie hablaba.

- Los empleados lo devoraron en cuanto yo salí de aquí. Pero si tienes tiempo, puedo pedir a uno de los muchachos que vaya a la pastelería.

-Claro que sí Annie, tengo licencia en el hospital

-¿Tú?. A ver explícame una cosa, ¡Candice White Andrew, no asistió a la cita que tenía ayer, no llamó para avisar que no venía, son las ocho de la mañana y tal parece que llevas horas despierta. Ya fuiste al hospital y lo más increíble fue que pediste una licencia! Tú, nunca haces eso, ¿me vas a decir que está pasando?

-Precisamente a eso he venido.

-Soy toda oídos- Se produjo un largo silencio, Annie esperaba a que Candy empezara a hablar y Candy no sabía como empezar.-Sigo esperando, Candy.-Le dijo Annie después de varios minutos.

-Annie, ¿qué pensarías si te dijera que me... sería probable que me... case con...Albert?-Annie ni siquiera se inmutó como esperaba Candy que hiciera. Solo la observó un momento y de pronto se puso de pie, se acercó a Candy y le dio una bella sonrisa. Tomándola de las manos, le dijo:

-¡Felicidades! Mira que ya se habían tardado. Pero dime, ¿Cómo pasó? Porque hasta donde sabía, seguías saliendo con el simple de Edward.- Candy no daba crédito a lo que Annie le acababa de decir. ¿Cómo que "ya se habían tardado"?

-¿Cómo que ya nos habíamos tardado? Annie, no es lo que tu piensas.

-Pues si me dices que Albert y tú se podrían casar, qué quieres que piense. Explícate. Además, ustedes dos hacen una excelente pareja-Guiñándole el ojo

-¡Annie!

-Jajaja, Candy, no pongas esa cara, es la verdad. Pero no pierdas más el tiempo con sonrojos innecesarios y cuéntame.

-Está bien.

-Sonrójate cuando tengas al guapetón de Albert, frente a ti-sonriendo pícaramente

-¡Annie!

-Está bien, está bien. Pero hay que ser ciega para no darse cuenta de semejante ejemplar de hombre que es William Andrew. Fuerte, varonil, vigoroso, tiene una sonrisa que te aseguro hubiera bastado para desarmar a todos en la gran guerra. Es como los mejores vinos, entre más maduro...

-¡Annie Britter! ¿Desde...desde cuando ves a Albert de esa manera?-Preguntó Candy más sonrojada que un tomate. Annie solo se encogió de hombros con una mirada divertida.

-El que estuviera con Archivald, no impedía que reconociera a un hombre guapo. Y menos ahora, mi querida Candy, que estoy soltera y sin compromiso.

-Dime qué hiciste con mi amiga Annie Britter, la recatada y tímida, ¡que nunca se hubiera atrevido a pensar de esa forma!

-Esa Annie, Candy, murió hace cuatro años-La mirada desolada de Annie, hizo ver a Candy que su amiga todavía recordaba el triste episodio de su vida, donde perdió al hombre que amaba, a Archie, cuando rompió su compromiso.-Mejor platícame, ¿Cuál es la probabilidad de que te conviertas en la señora Andrew?

Fue así como como Candy empezó a relatar todo lo sucedido en los últimos días. Le relató todo con lujo de detalles. Se centró en demasía en los eventos ocurridos el día anterior, cuando terminó su relato, Annie estaba emocionada. Siempre había pensado que Candy y Albert terminarían juntos como pareja pero, al parecer los dos estaban tan ciegos que no distinguían lo que tenían ante ellos. Y Annie pensó que era una estupenda forma en que Candy por fin pudiera ser feliz.

-Y bien, ¿dime que piensas?-preguntó Candy ansiosa.

-Que tienes que hacer todo lo posible por convencer a Albert de que su matrimonio es la única forma de salvar su trabajo de tantos años. No es justo que alguien llegue así como así y quiera arrebatarle todo lo que ha hecho.

-Es lo mismo que yo pienso, pero, ¿cómo le hago para convencerlo?

-Tendrás que convencerlo de que no lo harás como un sacrificio más en tu vida y que mucho menos lo haces por la familia.

-¿Qué no lo hago por la familia?

-Claro, o dime una cosa, ¿si Albert siguiera siendo el Albert con el que viviste, y otro ocupara su lugar en la presidencia de los Andrew, accederías tan fácilmente en casarte con ese otro? ¿Inclusive si la señora Elroy te tratara de obligar?

-¡Pero por supuesto que no! No podría hacerlo.

-Entonces admites que lo haces por Albert- Candy inevitablemente se ruborizó ante su inesperada confesión.

-Pues...sí.

-Entonces se lo tienes que decir a Albert.

-Pero... pero, me va a dar vergüenza.

-Candy tu solo dilo, me dices que por la tarde hablaras con la señora Elroy-Candy asintió-estoy segura que ella te ayudará a idear una manera de hablar con Albert y hacerlo entrar en razón.

-Creo que tienes razón. Y lo más seguro es que viajemos a Chicago, Annie, ¿Te puedo pedir un favor enorme? Pero si no quieres lo aceptaré. Pero es que necesito a alguien a mi lado-Annie se imaginaba lo que su amiga le pediría.

-¿Qué es?- Annie se imaginaba lo que su amiga le pediría.

-¿Me podrías acompañar a Chicago? Sé lo que eso significa para ti, pero...

-No es necesario que me convenzas, Candy, eres como mi hermana y no me importa. Además, Gabrielle, me pidió estar a cargo de la boutique que se abrirá en Chicago. Ya tengo todo listo, para eso te había citado, para decirte que salgo en dos días. Y ahora que tu estarás allá, pues qué mejor. La empresa me ha alquilado un departamento, pero no te preocupes, estaré contigo cuando me necesites.

-Annie, perdóname. Te prometo que no te molestaré mucho.

-Si quieres decir que no me pedirás entrar en la mansión Andrew, no creo que sea posible. Además, cuando prometí jamás volver a pisar ninguna casa Andrew fue en un arranque de locura, o algo así, y por ti, que has hecho tanto por mí, lo haré. No te preocupes. Pero creo que la que tiene que estar preocupada eres tú.

-¿Yo, por qué?.

-¿Ya se te olvido que apenas ayer te comprometiste con Edward?

-¡Oh por Dios! Es cierto.

-Nunca entendí que le viste.

-Es un hombre muy atractivo.

-Claro, pero un frech poodle también es atractivo y no por eso te casas con él.

-Jajaja-las dos chicas rieron con ganas- Annie será mejor que, me marche, ahora que me recordaste a Edward tengo que hablar con él.

-Está bien. Cuídate y me mantienes al tanto de lo que pase. Y desde ahora, ya no saldrás por la puerta trasera.

-Pero Annie-

-Nada. Como la futura señora Andrew, tienes que actuar como tal. Y de ahora en adelante, yo me aseguraré de que así sea.

Annie acompañó a su amiga a la salida. Candy no podía dejar de sorprenderse cada vez más con el cambio tan maduro que Annie demostraba. Ya no era la misma chica tímida de antes, y mucho menos insegura. Se había enfrentado a sus padres, en especial con su madre, pues no le parecía que alguien de su posición social terminara trabajando en una casa de modas y mucho menos si suponía vivir en otro lugar del país y sola. Todo el sufrimiento por el que tuvo que pasar contribuyó sin duda a ese cambio. Candy se imaginó que si Archie la volviera a ver, no pensaría lo mismo que cuando terminó con ella.

-Mi chofer te llevará al hospital, ¿quieres que te espere para llevarte con la señora Elroy?-La voz de Annie la trajo de nuevo a la realidad.

-No Annie, gracias. La tía abuela me dijo que enviaría a su chofer por mi. Ahora, amiga, me voy, espero que Edward me pueda perdonar, pero todo esto sirvió para darme cuenta que no lo amo lo suficiente.

-Espero que te vaya bien, y me da gusto que no hayas cometido el peor error de tu vida.

Las chicas se despidieron y Candy partió con rumbo al hospital. No sabía ni siquiera cómo decirle a Edward que no se casaría, no quería lastimarlo pero era necesario.

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.

-Pues para tener menos de veinticuatro horas de estar comprometido con la doctora Andrew, tienes una cara de pocos amigos, Ed.-Edward acababa de salir de una operación, y junto con un colega amigo suyo, estaba en el área de descanso del hospital. Si bien era cierto que había amanecido con un agradable humor, este se había esfumado al llegar al hospital y enterarse que su prometida, había estado allí a primera hora para pedir un permiso indefinido. La llamó a su departamento peor nadie respondió, ¿Dónde se había metido Candy? ¿Por qué rayos ni siquiera le avisó que pediría permiso de ausentarse? ¿Por qué ni siquiera lo había esperado?

-¿Y? ¿Cómo quieres que esté Arthur? ¿Feliz de saber que mi prometida ni siquiera me avisó que no estaría hoy aquí? Y por favor, no la vuelvas a llamar Andrew, ella es Candice White, y punto. Y yo me aseguraré que cuando sea Sullivan, ni siquiera recuerde ese estúpido apellido.

-¿Sigues con lo mismo? ¿No esperarás que ella renuncie de la noche a la mañana a la que, durante toda su vida, a considerado su familia? No creo que sea tan malagradecida.

-No, yo sé que ella no es así. Pero no puedo permitir que, una maldita familia como los Andrew, lleguen a opacar mi felicidad con ella. Ellos son capaces de todo, sabes bien que por culpa de ellos, mi abuelo murió.

-Sabes bien que no pienso lo mismo que tú, las circunstancias fueron las que...

-Olvídalo, efectivamente, ya sé lo que piensas y si no estás de acuerdo conmigo, entonces no quiero hablar de ello.

-Está bien-Dijo el joven médico, Arthur Fox. Aunque Edward era su amigo, no tenía la misma opinión respecto la muerte de su abuelo. Y había veces que se preguntaba, ¿qué le había visto Candy White? Su amigo podía llegar a ser odioso si se lo proponía.-Sin embargo debo llamar a tu cordura, y quiero que pienses en el hecho de que ellos ni siquiera se han metido en tu relación con Candy. ¿O sí?

-Directamente no. Pero al tal William lo traigo atravesado en el hígado. No soporto su relación con Candy, tal parece que está enamorado de ella.

-Pero debes estar tranquilo, ella se casará contigo. ¿O tienes alguna razón para pensar que Candy siente algo por él?

-Ninguna, claro-respondió sarcástico- a no ser su absurdo interés y preocupación por él. Te aseguró que si ayer cuando estaba conmigo, se hubiese enterado de que su gran amigo Albert, estaba en problemas, me hubiera dejado abandonado y hubiera salido corriendo para ver en qué podía ayudarlo- contestó muy molesto.

Candy caminaba por los pasillos del hospital, se había demorado más de lo que esperaba en su departamento, buscando el dichoso anillo que le había dado Edward. Era curioso como, pasando los minutos, se sentía más tranquila y sobre todo más segura de su decisión. En especial la de no casarse con Edward. Tan solo recordaba la manera en que le entregó el anillo de compromiso, y se decepcionaba. Ella esperaba una entrega más romántica, se suponía que se amaban, ¿no? Y la reacción, tanto la de él, como la de ella, no era la de unos jóvenes enamorados. Así que, con eso en mente estaba completamente segura que Edward la entendería.

Él por su parte, seguía molesto, si es que se podía más. Arthur estaba a punto de retirarse, pero en eso vio que Candy estaba parada en la entrada del lugar. se sonrieron y Arthur le señaló a su amigo quien estaba en la sala. Con paso decidido, salió del lugar, después de saludar a Candy.

-¡Candy!-Le habló Edward. Por un momento se tranquilizó, y como si supiera lo que ocurriría a continuación, desvió su mirada hacia la mano izquierda de Candy. Supo que algo muy malo estaba por ocurrir.-¿Por qué pediste la licencia, por qué no me avisaste?-con el cejo fruncido, le exigió una respuesta-apenas ayer aceptaste ser mi esposa, y ahora ya te manejas como si no tuvieras un compromiso- el tono de su voz no le estaba agradando a Candy, se notaba molesto, y ¿por qué le exigía una explicación? Todavía no estaban casados y, ¿acaso la trataría como si fuese su dueño?

-¿Acaso te tengo que pedir permiso para tomar decisiones? Si así es ahora, ¿qué sería si hubiésemos llegado a casarnos?- Para el doctor, no paso desapercibida la alusión de Candy, al hablar de su boda como algo que no pasaría.-No eres mi dueño, Edward, el que ayer te dijera que sí me casaba contigo, no significa que lo seas o que lo llegues a ser. Siempre he sido libre e independiente, nunca le he pedido permiso a nadie para tomar decisiones. Todos los que me conocen lo saben, pero tal vez...

-¿Tal vez yo no?

-No dije eso.

-¡Pero lo pensaste!-Él estaba ya muy alterado, con los puños cerrados golpeo la mesa donde unos minutos antes, estuviera tomando café. Candy se sobresaltó, y sintió un poco de temor, nunca lo había visto tan molesto-¿Qué piensas, Candy? ¿Edward no me conoce lo suficiente? ¿No me conoce tan bien como "mi gran amigo Albert"?

-Albert no tiene nada que ver en esto.

-¡Y como siempre, defendiéndolo!- De pronto, recordó el anillo-¿Y el anillo de compromiso? ¿Por qué no lo traes puesto?

-Cálmate, por favor Edward. Estás muy alterado-Candy tragó saliva. Se sintió como la niña vulnerable que en su momento, había consolado y defendido Anthony, Terry y Albert. Sobre todo, Albert. Solo que, en está ocasión, él no estaba allí para ayudarla.-Pero tenemos que hablar.

-Hablar-repitió Edward, tranquilizándose un poco- ¿De qué?

-Precisamente de nuestro compromiso-Candy supo entonces, que no podía seguir dándole más vueltas al asunto, iría al grano y saldría de ahí lo más pronto posible-creo que me apresuré al darte mi respuesta-suspiró y lo vio directamente a los ojos-perdóname, no puedo casarme contigo.

La reacción pasiva de Edward, en lugar de tranquilizarla la preocupo más. Pero dispuesta a salir de esa absurda situación, en donde ella misma se había colocado, colocó una bolsita de terciopelo en donde había metido el anillo, sobre la mesa. La mirada de Edward, viajaba dela cara de Candy al anillo.

-No-la voz vacilante del joven galeno retumbó en la habitación-no, puedes dejarme, no lo voy a permitir.-Con paso decidido, se acercó hasta la rubia y la tomó fuertemente de los hombros causándole un poco de daño-eres mía, mi novia y mi futura esposa. No te vas a deshacer de mi así como así.-Los ojos de Candy se cristalizaron, dándole paso a unas lágrimas, no solo de dolor si no de decepción y frustración.

-Suéltame, por favor-le suplicó-me estás haciendo daño-La voz llorosa de Candy lo regresó a la realidad. No quería verla así, no quería hacerle daño. Lo único que quería era ser feliz con ella, olvidar la promesa que le hizo a su padre antes de morir, olvidar el rencor hacia los Andrew, que había sido alimentado por su abuelo y su padre. Olvidar a William Andrew, y amar a Candy libremente. Pero no podía.

-Perdóname, pero, ¿es que no comprendes que te amo? No puedo imaginarme la vida sin ti. Y no acepto un, no; por respuesta.

-¿Entonces pretendes obligarme? El simple hecho que nos llevemos bien, que tengamos la misma profesión y sintamos una mutua atracción, no significa que nos amemos. Piénsalo por favor, tal vez sea solo costumbre...

-No Candy. Piénsalo bien tú, cásate conmigo por favor-tomándola de las manos, intentó acercarse a ella para besarla. Pero ella lo hizo a un lado y se alejó de él, muy cerca de la puerta.

-No, lo siento mucho. Y menos después de lo que me has demostrado hoy aquí. De lo que eres capaz si las cosas no te salen como tú quieres.

-Eso es lo que piensas ahora, yo te amo.

-No, no es cierto- y las lágrimas volvieron a fluir. Candy no esperó más y salió del lugar. Con la mirada baja escondiendo las lágrimas, no quería que el personal se diera cuenta del estado en que se encontraba. Escuchaba que Edward la llamaba, pero no quiso detenerse. ¿En qué momento Edward se convirtió en esa persona cruel, en alguien que la quería obligar a hacer algo que ella no quería?

Afortunadamente antes de salir de su departamento, había llamado a la tía abuela, para decirle que llegaría un poco antes a la mansión. Elroy casi la obligó a que despidiera al chofer de su amiga y esperara a Walter, el chofer personal de Elroy. Él la había llevado al hospital y la estaba esperando a la salida.

-Señorita Candy, ¿se encuentra bien?-Preguntó el chofer, al verla llorando. Inmediatamente le abrió la puerta.

-Sí Walter, no te preocupes, solo sácame de aquí, por favor.

El hombre asintió y dirigiéndose al volante, oyó que llamaban a Candy. Cuando volteó a ver quien era, pudo distinguir al novio de la señorita. Lo conocía de las veces que Elroy le había mandado por ella al hospital. Se giró para buscar indicaciones de parte de Candy.

-Vámonos por favor-Le pidió Candy, con los ojos aún llorosos. El hombre asintió y puso en marcha el automóvil, al alejarse, vio por el espejo retrovisor la figura de Edward observándolos a distancia.

Edward sintió que la perdía. Quiso detenerla, convencerla, que se quedara con él. ¿Qué había hecho mal? ¿Cómo se le había salido la situación de las manos? Con desesperación, observó el auto que Candy había abordado y le dolió aún más reconocer el emblema...tenía que ser el auto de Andrew.

Cuando llegaron a la mansión, Candy le pidió a Walter que la disculpara con la tía abuela, y fue hacia el tocador. El chofer fue a encontrarse con Elroy, quien estaba en la biblioteca dando algunas instrucciones al ama de llaves de la mansión.

-Disculpe señora.

-¿Dime Walter?

-Le informo que la señorita Candice ya se encuentra en la mansión. Me pidió que la disculpara, se encuentra en el servicio.

-Gracias Walter- Elroy notó que el hombre a pesar de que ya no tenía nada qué hacer allí no se retiraba.

-Muy bien, Sharon, es todo puedes retirarte.

-Con su permiso señora.

-¿Y bien Walter? ¿Qué pasa?

-Es la señorita Candy, señora.

-¿Qué pasa con Candice?-preguntó preocupada Elroy.

-Debo informarle que tal vez fue al tocador para serenarse un poco. Salió muy angustiada del hospital, llorando, para ser exactos. Y el doctor Edward salió tras ella, ella no quiso hablar con él y me pidió que saliéramos del lugar.

-¿Llorando? ¿Crees que el doctor, haya tratado de hacerle daño?

-No lo podría asegurar, pero la señorita se encontraba muy mal.

-Si algo le hizo a Candy...-No pudo continuar, porque alguien la interrumpió.

-¿Qué le pasa a Candy?-La fuerte y firme voz, retumbó no solo en la habitación sino también en los oídos de Elroy. Se giró y ahí vio la figura imponente de...

-¡William! ¿Qué haces aquí?-Elroy se quedó paralizada, nunca se imaginó ver a Albert en Nueva York. En especial, cuando se suponía que él pensaba que tanto ella como George estaban en Lakewood. Y lo peor de todo... se veía molesto. No. Estaba molesto. Albert caminó hasta el escritorio, para sentarse en el sillón de piel, y con un gesto adusto se dirigió de nuevo a su tía.

-Creo que le hice una pregunta, así que por favor, contésteme-Albert trataba de modular el tono de su voz. No quería demostrar lo molesto que estaba, sobre todo ahora que sabía que Candy estaba en la mansión.

-Walter fue por ella al hospital, y me dijo que salió llorando del lugar. Ella se encuentra en el tocador, tal vez no quiera que la vea así.-Contestó algo cohibida Elroy.

-Quiero suponer, que usted no pasó por alto la decisión que tomé, cuando le dije que no quería que Candy se enterara de la situación que estamos pasando. No me decepcione tía.

-¿Cómo supiste que estaba aquí?

-¿Más preguntas? Está bien, se me hizo muy extraño que después de lo sucedido, usted se fuera tranquilamente a Lakewood. Así que investigué, y eme aquí. Ahora dígame usted, qué le dijo a Candy.

-Pues creo que te voy a decepcionar. –Contestó Elroy-Candy sabe toda la historia, y también sabe acerca de mi idea, y al parecer...

-¡No quiero saber nada más! ¿Cómo es posible que haya ignorado lo que decidí? Yo estoy viendo cuál es la mejor solución...

-Y mientras tanto, te estás acabando. ¡Mírate! En solo una semana has bajado de peso, y estás ojeroso y demacrado. Casi no duermes y no comes, y lo peor de todo es que no puedes hacer nada. ¿Hasta cuando lo vas a comprender?

Elroy salió a toda prisa, no quiso que su sobrino la viera a punto de llorar. Pero al llegar al umbral de la puerta, llegó una llorosa Candy. Ya estaba mejor de ánimo, y sus ojos verdes estaban oscurecidos por el llanto. Al verla, Elroy, sintió tristeza por su estado.

-Candy, ¿Qué ha pasado?-Preguntó preocupada.

-Tía, no es nada. Lo que pasó fue que, bueno, no acabé en los mejores términos con Edward.

-Oh, hija, lo siento mucho-Y sin que lo esperara ninguna de las dos, Elroy la estrechó entre sus brazos y Candy se refugió en ella. Albert veía sorprendido la escena, pero no pudo odiar el hecho de que Candy había estado llorando, y si algo no le gustaba, era verla llorar. Por lo que, con toda la ternura del mundo la llamó.

-Candy- Ella escuchó esa voz, la voz que tantas ganas había tenido de escuchar en los últimos días. Se separó de Elroy y levantó la vista. Y lo vio. Sintió unas ganas inmensas de correr hacia él. Y así lo hizo en cuanto vio que Albert abría sus brazos para recibirla entre ellos.

-¡Albert!-Lo abrazó por la cintura, y se sintió en su refugio, como secretamente lo llamaba. Albert empezó a tranquilizarla, pues ella había empezado a llorar de nuevo. Solo que ahora no sabía si lloraba por lo sucedido con Edward o de felicidad por tener a Albert con ella. Para Albert era curioso ver que la excelente doctora Candice White, continuara siendo la misma llorona de siempre.

-Tranquila pequeña, ¿acaso no recuerdas que eres más linda cuando ríes que cuando lloras?- El llanto de Candy paró como por arte de magia. Albert había dicho las palabras mágicas, y recordó la primera vez que lo vio en la colina de Pony. Y casi por instinto, empezó a sonreír. Pero Albert, no lo notó, estaba demasiado angustiado, que por su culpa Candy volviera a sufrir.

-¿Has terminado por Edward por lo que te dijo mi tía? ¿Por eso estás llorando?- Candy se separó un poco de él para verlo a los ojos.

-No, no es por lo que tu piensas.-

-Candy...no quiero verte sufrir por amor una vez más. Y menos si es por mi culpa, no quiero que...

-No. No entiendes, si lloré, fue porque cuando llegué al hospital para hablar con Edward, estaba muy molesto y empezamos a discutir. Él se molestó aún más y... bueno yo...me asusté un poco. Nunca lo había visto así. Pero de una vez te digo que, aunque sí consideré casarme con él, pero gracias a Dios me di cuenta que no lo amaba como pasar mi vida entera con él. Además, esa parte que mostro de él está tarde, me dijo que no estoy equivocada, creo que no lo conozco lo suficiente.

-¿Te hizo daño?-De todo lo que Candy le había dicho, lo único que le importó a Albert era saber qué le había hecho Edward para que se asustara.

-No, nada, solo me asusté por su manera de actuar.

-Candy, escúchame, de todas formas no voy a permitir que hagas un absurdo sacrificio por...

-No. Escúchame tu. Creo que la idea de la tía es lo mejor que puedes hacer para no perder todo por lo que has trabajado, y para tu bienestar personal. No es ningún sacrificio para mi el hacerlo, Albert, son mi familia. Tu, me diste una familia, no, tu eres mi familia y te voy a apoyar y ayudar en lo que más pueda. Y si es preciso que lo hagamos de esa manera, pues lo haremos, y de una vez te digo, que nada ni nadie hará que cambie de opinión, ¿lo entiendes? Ya tomé una decisión, y aquí estoy para que juntos salgamos adelante, y no me digas que tratarás de arreglarlo antes del mes, porque no soy tonta y sé muy bien que para que te separes completamente del consejo, tomará más de un año. ¿O acaso quieres que te ruegue para que...te cases conmigo?

Albert estaba sorprendidamente asombrado. Candy, literalmente, le había cerrado la boca. No sabía si enojarse, molestarse, reírse o darle la razón a la diatriba que le había lanzado Candy. Ahora estaba consciente que si decía algo para tratar de convencerla de lo contrario, Candy tal vez lo tomaría a mal. Así, tomándola de las manos, la vio directo a los ojos y le preguntó:

-¿Estás completamente segura?

-Sí.

-No quiero que algún día me llegues a odiar o pienses que te obligué a todo esto.

-No, tu no me estás obligando y nunca, nunca te odiaría- Albert no le contestó. En seguida llamó al mayordomo.

-Morgan, ¿puedes decirle a mi tía que la necesito aquí, por favor?

-Sí señor, en seguida.

Candy solo lo seguía con la vista. Preguntándose para qué Albert había mandado traer a Elroy. Albert adivino su pensamiento e invitándola a sentarse, le dijo:

-Creo que alguien nos tiene que ayudar con el anuncio de nuestro compromiso...

CONTINUARÁ...

Hasta la próxima!