La voz de mi corazón.
Capítulo 7
Por Lu de Andrew.
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Para Candy, los últimos dos días eran un maravilloso sueño. Se sentía incapaz de despertar, sabía de la naturaleza noble de Albert, pero jamás lo imagino siendo tan romántico. Y mucho menos que besara de una manera que la hacía olvidar todo lo que estaba a su alrededor, que la hiciera sentir cosas tan profundas sin siquiera ponerle un dedo encima. No sabía cómo podía amar tanto, pero sentía que si su amor, se midiera en suspiros, podría llenar con facilidad el vasto universo.
Pero sentía que a partir de ese día, ese amor tendría "invitados" invadiendo su espacio. Ese día llegaba Archie, se moría de ganas por volver a ver a su primo, tenía años que solo se comunicaban por carta. Desde que él terminó con Annie, ya no regresó a América. Pero el problema no era su querido primo, sino la hermana de su novia, la dichosa Jordan Lincoln. En una ocasión había escuchado a la tía, que solo por educación recibiría a las hermanas en su casa, y solo por motivo de que Archie las había invitado a la fiesta de compromiso, pero después de eso, le diría a su sobrino que las sacara de su casa.
Y ahora, Albert le había pedido unos minutos para hablar antes del desayuno, pues ella y Hillary, saldrían para encontrarse con Annie en la boutique. Ese día tenía la prueba de su vestido para la fiesta, pero además, Annie estaba invitada a cenar en la mansión ese día. Así que Candy tenía que hablar con Annie respecto a Archie y su novia. No quería que su gran amiga se sintiera obligada a asistir, si ello le reportaría incomodidades.
Tan metida estaba en sus pensamientos, que ni siquiera advirtió la forma en que había llegado hasta la puerta del estudio de Albert. Tocó levemente, y escuchó una voz diciendo: "Adelante". Cuando entró, vio al motivo de sus ilusiones y ensueños, Albert estaba charlando con George por teléfono, al parecer era algo serio, pues cuando vio a Candy, le hizo señas para que tomara asiento, y tapando la bocina del teléfono, le pidió que lo esperara un momento. Pero ese tiempo de espera sirvió para que ella lo pudiera observar detenidamente. Ese día se veía más guapo de lo normal, sus ojos se veían más azules que de costumbre y tenían un brillo que podría deslumbrar a la más brillante estrella...o tal vez solo era su percepción, después de todo, tenía los ojos de una enamorada. Pero viéndolo más detenidamente, llegó a la conclusión, sí, Albert estaba más guapo cada día, y ya no sabía con qué tipo de vestimenta le gustaba más verlo. Podía haber asegurado que era con traje, pero ahora que estaba vestido casualmente, podía asegurar que era de esa forma. Y mejor ni pensar en su cuerpo, en sus fuertes brazos, que a pesar de todo, cuando la sostenían entre ellos, lo hacían con toda la delicadeza del mundo. Y ahí estaba ella, Candice White Andrew, babeando por su prometido, por el amor de su vida, frente a él. Y al parecer Albert se había dado cuenta de su escrutinio, pues cuando se volvió a verla, le guiñó un ojo y le preguntó: "¿Te gusta lo que ves?", y con esa sonrisa de medio lado que le derretía las piernas.
Ella solo meneó la cabeza y mejor se puso de pie, ocultó su sonrojo, observando hacia el jardín. Era un día soleado, aunque afuera ya se sentía un poco el aire frio del cercano invierno. Se perdió en sus pensamientos y volvió a la realidad cuando sintió que unos cálidos brazos le rodeaban por la cintura.
-Perdón por hacerte esperar-Dijo Albert cerca de su oído, en un murmullo.
-No te preocupes.-Fue lo único que pudo decir, pues sin previo aviso, Albert la giró para encontrarse frente a él, y darle el tan ansiado beso de buenos días. Así le había recibido el día anterior, Albert buscó la manera en que quedaran un tiempo a solas y la saludó con un beso cargado de amor y ternura. Y al parecer, esa seria una costumbre a la que Candy, se adaptaría con gusto.
-Buenos días-Murmuró él, cuando por fin les faltó la respiración. Tomó su rostro con ambas manos y lo acunó entre ellas. Aún sobre sus labios le dijo:
-Solo así puedo comenzar bien mi día- Y la volvió a besar. Después de una intensa sesión de besos, y declaraciones de amor, Albert la tomó de la mano y la invitó a sentarse junto a él. Cuando Candy notó que su semblante había cambiado un poco, sintió que ese momento tan romántico había llegado a su fin.
-Hoy llega Archie-Habló él viéndola a los ojos.
-Lo sé-Asintió Candy.
-Hay algo que tengo que decirte...
-¿Algo como que, conoces demasiado bien a su cuñada? -Con un nudo en el estomago, Candy se vio obligada a hacer esa pregunta. Albert emitió un fuerte suspiro y pasó sus manos sobre su cabello.
-Conocí a Jordan cuando estudiaba en el San Pablo -Comenzó él- tuvimos...se podría decir que una relación...sin compromisos. No es que hayamos sido novios, pero empezamos algo y...bueno, ninguno de los dos quiso formalizar nada. Ella siempre ha sido muy liberal, mientras estaba conmigo, salía con otros chicos, así que yo no le di importancia. El asunto se complicó cuando ella quizo obligarme a formalizar la relación. Le informó a su padre que ella y yo éramos novios formales, y de repente, se vio involucrada la tía. Su padre exigía que formalizáramos, pero él hablaba de un compromiso. La tía se negó rotundamente, pues como comprenderás, yo estaba en plena formación para tomar mi lugar en el clan, además era muy joven, y la tía sabía de la reputación de la que disfrutaba Jordan. –Él hizo una pausa esperando que Candy le dijera algo, pero ella solo estaba con los ojos muy abiertos observándolo- Yo sé que actué irresponsablemente, no medí las consecuencias de mis decisiones, pero nunca esperé que ella pudiera actuar así, lo único que quería su padre era formar una jugosa alianza matrimonial, y cuando ella le informó que estaba saliendo conmigo, los dos aprovecharon la oportunidad, aunque debo decir que era solo un capricho de parte de Jordan. Su padre pensaba que había ocurrido algo más...íntimo entre nosotros, pero no llegamos a tanto. Así que cuando la tía se enteró hasta donde había llegado nuestra relación, dio por cerrado el asunto.
Fue después de eso que decidí, madurar a mi manera. Me fui a caminar por el mundo, para conocerme, para aprender como volar sin estrellarme, por eso decidí lanzarme al vacío. Reanudé mi vida de vagabundo, y en los lugares donde me instalaba, contaba con profesores particulares, y la ayuda de George. Y comprendí que mis responsabilidades, me impedían actuar tan egoístamente, y hasta cierto punto ser algo inmaduro. Tenía que seguir adelante por ti. Porque ya formabas parte de mi familia y quería darte lo mejor y quería que fueras feliz...lo demás, que pasó, ya lo sabes, nos encontramos en Londres, me fui a África y perdí la memoria...
-¿La volviste a ver? –Candy lo interrumpió bruscamente.
-No. Ya no...Candy, tenía que decírtelo, creí que era mejor que te lo dijera yo a que te enteraras por otra parte – Candy permanecía inmutable, Albert no podía describir la clase de mirada que ella le estaba dando.- Dime algo por favor...-Albert quiso tomarla de la mano, pero en ese instante, alguien tocó a la puerta y Candy aprovechó para apartarse de él. Sin darle tiempo de nada, Candy se paró como resorte y fue a abrir la puerta.
-Candy, William- Los llamó Hillary, el ambiente de pronto se torno pesado, Hillary se dio cuenta de ello, pero prefirió hacer caso omiso por el momento.-Lamento interrumpirlos, pero la señora Elroy, te está esperando para desayunar William. Y Candy, me pidió que te ayudara en tu arreglo y te recordara que tienes la cita con Annie.
- Gracias Hillary. No me di cuenta de la hora, pero podemos irnos de inmediato –Candy salió del lugar como si su vida dependiera de ello. Hillary solo observó como Albert se quedaba perplejo, la chica solo le dijo adiós con la mano.
Mientras tanto Albert, no supo ni lo que había pasado. De repente, no le quedó más que observar como Candy salía, lejos de él, y ni siquiera le daba una mirada o una sonrisa de despedida. Sabía que Candy no lo tomaría muy bien, pero jamás espero que reaccionara de esa manera. Ni siquiera, le dijo nada, o un reclamo. Nada, simplemente evitó todo contacto con él, y salió corriendo. Sin duda sería un día muy difícil. Solo esperaba que pudiera perdonarlo...
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Cuando Candy se despidió de Elroy, Albert aún no llegaba a desayunar. A ella se le partió el corazón salir de esa manera, pero simplemente no podía lidiar con lo que Albert le había confesado.
Ya en el automóvil, Candy iba pensativa, no había ni una pizca de la chica parlanchina y vivaz que ella conocía. Así que decidió que trataría de ayudarla un poco.
-Candy, ¿te parecería bien, si pasamos primero a tomar un café?
-Pero Annie está esperándonos.
-Estoy segura que ella comprenderá- Una vez que llegaron al lugar, Hillary empezó a hablar.
-¿Sabes Candy? Los problemas cuando son compartidos son más llevaderos.- Candy suspiró.
-Creo que fui muy obvia, ¿verdad?
-Es algo muy notorio, cuando te he visto suspirar por él, cada segundo que pasas a su lado. ¿Puedo saber qué pasó?- De esa manera, Candy empezó su relato. Hillary de inmediato comprendió la situación.
-No sé qué hacer, Hillary. Siento algo raro aquí, en mi pecho. Sé que Albert habló con honestidad, pero no puedo evitar sentir lo que siento.
-Creo que debes empezar por reconocer qué es exactamente lo que sientes.
-Tal vez, un poco...¿celosa? No puedo evitar imaginarme a Albert y... a ella...ya sabes, en ese tipo de situación. Además, ¿y si ahora que la vuelve a ver, se da cuenta que ella es más culta y refinada, una verdadera dama, a comparación de mi?
-Candy, escúchame por favor. Te puedo asegurar sin temor a equivocarme, que esa mujer no significó absolutamente nada para él. No solo por el hecho de que era muy joven, sino también porque la conoció como era realmente. Además, William la perdió de vista, pero te aseguro que si está intentando regresar a su vida, es porque le quiere sacar provecho a la situación. Esa mujer es verdaderamente una arpía.
-¿Tu la conoces?
-Lamentablemente, sí. Pero quien mejor la conoce, fue mi ex prometido.
-¿Acaso él y ella...?
-Ella fue mi mejor amiga...o eso creí yo. Tiempo después me di cuenta que envidiaba todo lo que tenía, y aunque mi relación nunca tuvo nada de envidiable, cuando vio la oportunidad, me traicionó. Y él también- La mirada de la chica se tornó de pronto cansada, como si el recordar le quitara años de vida, esto le sorprendió a Candy, pues en el poco tiempo que llevaba de conocerla, nunca se había mostrado tan vulnerable.
-Hillary, lo siento, yo...no debí preguntar.
-¡Oh vamos! Ahora no se trata de mí, sino de ti y William. Candy, si William fue honesto contigo, es porque no quiere que nada empañe su felicidad, y creo que fue lo mejor que pudo haber hecho. Entre menos armas tenga Jordan Lincoln para hacerte daño y crear conflictos en su relación, mejor. Porque te aseguro que ella utilizará todo lo que tiene con tal de ver que él y tu se distancian. Afortunadamente la conozco demasiado bien. En cuanto a tu otra preocupación, creo que sería más fácil, bailar con el viento, a que William ponga sus ojos en otra mujer que nos seas tú. Él te ama demasiado, y créeme cuando te digo que no tienes nada qué envidiarle a esa mujer... así que la pregunta es, ¿qué piensas hacer tú, respecto a ella? ¿Dejarás que un simple desliz de un joven inmaduro, sea un impedimento para que confíes en él? ¿Le darás a ella la oportunidad de acercarse a él? ¿O serás la mujer que lucha por lo que quiere?
-Creo que seré la mujer que lucha por lo que quiere.- Contestó Candy, después de un momento de reflexión.- Ahora me siento como una total estúpida, actúe de forma inmadura y lo peor es que Albert se dio cuenta. Ahora el tiempo se me hará eterno para que lleguemos a la mansión.
-Creo que entiendo tu reacción, yo hubiera actuado igual. Pero me da gusto que pienses así. Y el tiempo será de verdad eterno, si no terminas tu café y vamos con Annie- Las dos chicas rieron de buena gana, Candy sintió que un gran peso se le iba de encima, e interiormente sintió que algo dentro de ella se hacía más fuerte... Su resolución de luchar por el hombre que amaba, por Albert.
-Muchas gracias Hillary, no sé qué hubiera hecho sin tus consejos- Le dijo Candy, después de salir de la cafetería.
-No me agradezcas nada. Solo no permitas que nadie arruine lo que tienes, en especial ella.
Candy asintió. Y comenzaron a caminar por la calle. La boutique de Annie, no quedaba tan lejos, así que, después de decirle a Walter que caminarían hasta ella, iniciaron su camino, sin imaginar que no muy lejos de ahí, tenía lugar una pequeña discusión...
-No, no podemos. Ella es mi amiga, y sería una traidora si le hiciera algo como eso.
-¿Traidora? Pero si ella y yo solo somos amigos, además ella se casará pronto. ¿No será acaso que no has dejado de ser "la tímida"?
-Terry, esto no tiene nada que ver con timidez. Tiene que ver con lealtad, nunca debes iniciar una relación con quien fue novio de tu amiga, es un código no escrito de amistad.
-Tu me gustas Annie Britter, y sé que yo a ti también. Me lo acabas de demostrar.
-¡Fuiste tu quien me besó!
-¡Y tu me correspondiste! Así que no vengas ahora con que quieres ser solo mi amiga, porque no te creo.
-Terry...por favor, no hagas esto más difícil. Si quieres que nos sigamos viendo, será solamente como amigos, si no, será mejor que te olvides de mí.
-¿Eso es lo que quieres? Pues bien, no estoy acostumbrado a rogarle a nadie, será como tu digas, señorita tímida - Terry tomó su abrigo y salió muy enojado de la oficina de Annie, había decidido intentar algo con ella, le había abierto su corazón y dejó que ella conociera parte de su vida y de las razones que tenía para ser como era. ¿Y todo para qué? Para ser rechazado muy educadamente. No es que estuviera enamorado, pero se sentía tan bien con ella, que se preguntó: ¿Por qué no? Con un encogimiento de hombros, caminó por las calles, con una sola idea en la cabeza...nunca comprendería a las mujeres...
Candy y Hillary lo vieron de lejos. Ellas estaban por llegar al lugar y aunque Candy le llamó a Terry, parecía que él iba muy metido en sus pensamientos. Ni siquiera volteó a verla y siguió su camino.
-Parece que Terry va muy enojado- observó Candy – tenía años que no lo veía así.
-Dime una cosa Candy, ¿te molestaría que entre Annie y Terry, existiera algo más que una simple amistad? – Candy observó a Hillary con detenimiento, como sopesando sus palabras y dándoles una forma en su cabeza. Nunca había pensado que entre sus mejores amigos pudiera haber algo más.
- Creo que no lo había pensado, pero ahora que lo mencionas...creo que sería algo estupendo, ¿te imaginas? Annie y Terry, mis mejores amigos, juntos. Nada mea legraría más, que verlos felices, se lo merecen .
- Entonces, creo que será mejor que se lo digas a Annie. Tal vez a ella no le parezca tan emocionante la idea, después de que Terry y tu, fueron novios. Tal vez sentiría que estaría traicionando a su amiga –
- ¿Por qué no lo había pensado? Creo que tienes razón, si ella no sabe lo que pienso, puede rechazar a Terry y... - Candy abrió enormemente sus ojos, de pronto una idea le vino a la cabeza - ¿Crees que por eso él salió tan molesto?
-Es lo que creo, Candy. Y creo además que las dejaré solas para que hables con ella, mi mamá está cerca comprando unas telas para la fiesta. Yo le haré compañía mientras ustedes se ponen al corriente, vuelvo en una hora, ¿Está bien?
-Que sean dos.
-Está bien, solo recuerda que tu primo llega al mediodía y la señora Elroy te quiere a tiempo. Además, necesitaras hablar con William, ¿no es así?
-Sí así es.
-Bien, entonces me voy.
-¿Hillary?
-Dime.
-Gracias. Por todo. ¿Cómo puedes ser tan perceptiva?
-No es percepción Candy. He pasado demasiado tiempo observando de lejos al ser humano, para comprender y aprender un poco sus reacciones, la soledad a veces es muy buena compañera y consejera. Ahora será mejor que entres o no tendrás tiempo de hablar con tu amiga.
Hillary se aseguró que Candy entrara al local y partió. Candy la observó de lejos y comprendió que tal vez era momento de añadir una amiga más a su lista. Hillary O'Neil, era una mujer, un poco extraña, nunca hablaba de ella misma. Hasta esa mañana que habló solo un poco de su pasado, y descubrió que Hillay tenía un dolor que a pesar de todo, no había sanado. No porque siguiera enamorada de su prometido, sino porque había veces que era mejor compartir el dolor y sufrimiento para dejarlo ir. Y ella conseguiría que su nueva amiga, así lo hiciera.
Con esa determinación, entró buscando a Annie y la guiaron hasta su oficina. Encontró a una Annie, decaída y ofuscada, hasta llorosa, y se dio cuenta que Hillary tenía razón y ella también en sus conclusiones. Así que diciéndole que lo de su vestido podía esperar un día más, se dispuso a charlar con ella.
-Lo único que quiero es que sean felices, y no me importaría que Terry y tu, iniciaran una relación, Annie. Y no pongas excusas, sé lo que piensas sobre nuestra amistad y los ex novios, pero a mi, que soy la implicada, no me importa. Deja esa lucha moral que tienes, y date una oportunidad. Te lo mereces.
-¿De verdad no te importaría?
-¿Por qué habría de hacerlo? Estoy profundamente enamorada de Albert, lo mio con Terry quedó en la prehistoria, ahora, el presente son él y tu. Y quiero que lo aproveches.
-Pues creo que aunque quisiera, ya no podrá ser. Esta mañana Terry salió muy enojado, y creo que ya no volverá – Dijo cabizbaja Annie.
-De Terry, me encargó yo – Sonriendo Candy le guiñó un ojo – Déjalo por mi cuenta, tu no te preocupes.
Fueron interrumpidas por la llegada de un telegrama de Francia. Annie se disculpó con Candy unos momentos y cuando regresó, le dijo que tendrían que charlar después, al parecer, una tela enviada desde Francia, estaba perdida en la estación de trenes, y ella tendría que salir para coordinar la búsqueda.
-No olvides la cena de esta noche – Le recordó Candy – sé que será un poco difícil, pero se lo prometiste a la tía.
-Cierto, llega Archie. Lo había olvidado, pero ahí estaré.
Después de despedirse de un abrazo, Annie partió y Candy se quedó pensativa, esa noche su hermana, no estaría sola. Invitaría a "alguien" para que le hiciera compañía. Con una amplia sonrisa en los labios, Candy se dio cuenta que apenas había pasado una hora. Hillary no le había dicho donde estaría, así que decidió ir a visitar al doctor Martin. Le pidió a Walter que la llevara. La clínica del doctor Martin había sido mejorada, gracias a la ayuda de su benefactor...Albert. Así que ahora tenía otro aspecto y gozaba de amplia aceptación.
Cuando llegaron, Candy le pidió a Walter que regresara por Hillary, a esperarla. El chofer no quería dejarla sola, pero finalmente, este aceptó, ante el don de convencimiento de Candy y la seguridad que le dio ella de que en la clínica de su amigo, no le pasaría nada.
Después de unos minutos, y de charlar amenamente, mientras le ayudaba al doctor con algunas consultas, la clínica se quedó vacía. Candy se ofreció a limpiar el instrumental que habían ocupado, cuando de pronto, escuchó un estruendo en la sala de espera.
Cuando llegó al lugar, vio que dos hombres estaban hablando con el doctor Martin, pero uno de ellos estaba herido. Cuando el doctor la vio, le dijo que se quedará donde estaba, fue cuando ella se dio cuenta que el doctor estaba siendo amenazado con un arma de fuego, el hombre exigía que atendieran a su compañero que había sido herido de bala, tras cometer un asalto.
-Tranquilícese amigo – Dijo el doctor – ayudaremos a su compañero, pero no es necesario que nos amenace, puede guardar su arma, nosotros no diremos nada.
-¡¿Y cree que soy imbécil, y no querrán dar aviso a la policía?! ¡Apresúrese a atenderlo que está desangrándose! – Espetó con molestia el hombre.
-No creo que tenga una hemorragia – Intervino Candy quien ya estaba revisando al herido – la herida no es tan grave.
-¿Y esa quien es? – Gritó el otro hombre.
-Ella es la enfermera – se apresuró a decir el doctor. A pesar de que Candy no era tan conocida como Albert, algunos sabían quien era, al menos de nombre. El doctor, no quiso arriesgarse a que esos hombres la reconocieran y quisieran sacarle provecho al asunto – por favor señorita, vaya por unos vendajes – El hombre armado la acompañó hasta donde guardaba las vendas y regresó con ella, eso sin dejarla de ver y reconocer que la enfermera era muy linda, tal vez sacaría algo más de todo eso.
El doctor Martin, se apresuro en curar la herida. Afortunadamente, la herida había sido limpia, pues la bala salió sin provocar más daño.
-Ya está listo amigo. Ya pueden irse, su compañero puede caminar, a paso lento pero puede hacerlo. Será mejor que salgan de aquí, antes que alguien más llegue.
-¿Qué quiere decir viejo?
-Quiero decir que esta es una clínica, y en cualquier momento puede entrar una persona que se daría cuenta de la situación, y ahí no le aseguro que no llame a la policía – El doctor lo único que quería era que esos hombres salieran de ahí, se había dado cuenta como el hombre sano, había estado observando a Candy todo el tiempo, y temía por su seguridad. Su corazón descansó, cuando el hombre asintió.
-Tal vez tenga razón, viejo. Nos iremos de aquí – el hombre ayudó a poner a su amigo de pie, ye este aunque débil, logró incorporarse, pero lo que hizo el hombre a continuación nadie se lo esperaba. – Pero no me iré solo – acotó, jalando a Candy de su muñeca, tan fuerte, que logró lastimarla. Mientras ella gritaba y se retorcía, los dos hombres amenazaron al doctor con las armas. Era increíble como un mal hombre podía reponerse tan pronto de una herida, pensó el doctor. Se sentía impotente, y más al ver que poco a poco, caminaban hacia la puerta, el doctor supo que saliendo de ahí, sería difícil dar con ellos y con Candy. En un acto reflejo, el doctor quiso abalanzarse sobre ellos pero el hombre que llevaba a Candy disparó.
-¡Doctor! – Fue lo que gritó la chica, con lágrimas en los ojos. Sin darse cuenta, sintió como el hombre era jalado de su lado, mientras el herido yacía en el suelo inconsciente, alguien lo había golpeado. Mientras ella corría a auxiliar ala doctor Martin, pudo ver que un hombre alto y fornido, había desarmado al ladrón, ahora era una lucha cuerpo a cuerpo, pero también vio como el ladrón sacaba de entre sus pantalones un cuchillo. El otro hombre, siguió luchando con él, y en un movimiento, vio como era herido en un costado por el rufián. Pero al parecer esto no le importó al hombre, pues al poco tiempo lo desarmó de igual manera, noqueándolo y dejándolo tirado en el suelo.
Afortunadamente, el doctor Martin, solo recibió un rozón y no pasó a mayores. Ahora era al hombre que los había salvado, a quien Candy se acercó para examinarlo, seguía tirado en el suelo, se notaba exhausto por la pelea.
-No sé cómo agradecerle que entrara y nos defendiera – dijo ella mientras rasgaba su camisa para examinarle la herida – fue muy arriesgado – el hombre no emitía palabra alguna, solo la observaba e inhalaba su exquisito aroma. Candy lo ayudó a ponerse en pie y lo llevó hasta la camilla.
-Necesitará unas puntadas – le dijo sonriente – pero estará bien. Dígame, ¿cómo fue que se dio cuenta? – El hombre finalmente, se aclaró la garganta y habló.
-Yo...solo pasaba por el parque y escuché la detonación. Entre y los vi de espaldas así que lo único que se me ocurrió fue desarmarlos.
-Eso fue un acto muy valiente, joven... - Intervino el doctor Martin.
-Pueden llamarme Ethan Campbell. Y no fue valentía doctor, solo un acto impulsivo – mientras los dos seguían platicando, Candy escudriñó el torso del joven, tenía varias cicatrices, ahora le puso más atención a él mismo. Era casi de la misma altura que Albert, de tez blanca y pelo castaño oscuro, sus ojos eran tan negros como la noche y su cuerpo estaba bien formado...y no dejaba de verla, aunque estuviera platicando con el doctor.
-Pues por su vestimenta, puedo decir que es rico, y no es fácil ver a alguien de su clase, teniendo los conocimientos para defenderse así – Resaltó el doctor.
-No permita que lo engañen las apariencias doctor. Me formé en la calle y aprendí lo suficiente como saber defenderme – respondió el joven.
-Yo sé de alguien que también sabe defenderse muy bien, y tiene dinero – Comentó sin dudar Candy, al escuchar hablar a ese hombre así y recordar la manera en que se defendió, no pudo menos que evocar a Albert, y su mirada así como su rostro se envolvieron en una ensoñación. Esto no pasó inadvertido para el doctor, quien solo asintió, pues sabía a quien se refería.
Candy seguía atendiendo al hombre después de unos minutos. El doctor Martin, ya había llamado a la policía, y se habían llevado a los asaltantes. Walter y Hillary llegaron a la clínica, el buen doctor les contó lo odisea y como habían sido rescatados por un misterioso joven, así que ella entró sobresaltada al lugar. Pero cuando entró, solo vio a Candy, dándole unas puntadas a un hombre, bastante bien parecido, guapo, fuerte y alto. "Justo como me lo recetó el doctor", pensó ella. Pero cuando vio que ese monumento de hombre solo observaba a Candy con una sonrisa tonta en los labios, comprendió que al hombre le gustaba la rubia.
-Pero qué tenemos aquí – Llamó en voz alta. El hombre ni siquiera volteó a verla, su interés estaba centrado en Candy.
-¡Hillary! ¿Ya te contó el doctor? – Dijo Candy mientras terminaba la curación. – Listo – se dirigió a Ethan – le aseguro que cuando cicatrice no se notará, soy muy buena en esto.
-Eso no lo dudo. Estoy seguro que en la escuela de medicina, era de las primeras en su clase.
-¿Y quien le dijo que era doctora? – inquirió Hillary. Ahora todo se volvía no sabía por qué, pero de pronto empezó a desconfiar de ese hombre. Ante esa pregunta, el hombre posó su vista en la joven, y no pasó desapercibido el tono que había utilizado para hablarle. Pero tampoco pasó por alto, la belleza de la joven, tenía el pelo castaño claro unas facciones muy finas, ojos color miel y un cuerpo que estaba bien formado.
-Solo lo supuse, por la manera de atenderme – contestó, sin darle más importancia, poniéndose su camisa de nuevo. – Muchas gracias por la atención doctora White – el hombre tomó las manos de Candy entre las suyas y las llevó a su boca para depositar un casto beso.
-No es nada, señor Campbell – contestó Candy apenada, retirando sus manos del hombre.
-¿Por qué no invitas al señor a la mansión a cenar, Candy? – preguntó Hillary. Ahora estaba segura, no podía confiar en ese hombre, si no conocía a Candy, ¿cómo sabía su apellido? – estoy segura que a tu prometido le gustará darle las gracias personalmente – Hillary, observó la reacción del hombre, que ante la mención, prometido, volteó a verla con confusión pintada en el rostro. – Es más, lo puedes invitar el sábado, para tu fiesta de compromiso – La chica tenía una expresión divertida en su rostro, pues el hombre no podía ocultar que la noticia le era desagradable. De lo cual él se dio cuenta.
-Es cierto – dijo Candy emocionada – estoy segura que a Albert le gustará conocerlo. Puede venir el sábado, como dice Hillary, y ahí lo conocerá.
-Le agradezco mucho, pero tengo compromisos que atender. Tal vez sea en otra ocasión – Masculló el hombre entre dientes. Todas sus ilusiones se habían venido abajo con esa noticia. Y la chica que se lo informó, muy cortésmente, parecía divertida con la situación. ¿Cómo pudo pensar que era atractiva? Era una chismosa, metiche que se estaba divirtiendo a sus costillas...
El doctor Martin, les informó que sería necesaria su presencia para hacer una declaración. Así que sin más se dirigieron a la jefatura de policía. Después de tener que dar una declaración de los hechos, todos salieron del precinto policial. Ya pasaba de la una de la tarde, Candy estaba ofuscada y sumamente nerviosa, ¡la tía Elroy se la comería viva, por ese retraso tan grande! Y lo peor de todo era que no había llegado antes, para aclarar todo con Albert. Salió disparada del lugar, ya sin despedirse de nadie. Hillary y Walter corrieron tras ella. Ya en el automóvil, la rubia solo se despidió de su amigo el doctor, con un movimiento de mano.
El doctor invitó al joven a su lado, muy amablemente a tomar una copa, de pronto el galeno se sintió algo incómodo al como el automóvil donde viajaba su amiga, no dejaba de ser observado por el moreno, pero el joven se rehusó, así excusándose y despidiéndose del galeno, comenzó a caminar por la amplia calle.
-Qué joven tan extraño – murmuró el doctor para sí. Se encaminó de vuelta a su consultorio, sin dejar de pensar en todo lo ocurrido, pero más aún en como ese extraño, había llegado justo en el momento preciso, como si estuviera cuidándolos. – Ya estoy viejo – volvió a hablar para sí mismo – veo cosas que no son – no muy convencido de su conclusión, decidió no darle más vueltas al asunto y dejar de pensar en eso...
- ¿Ethan Campbell? ¿No crees que ya llegaste demasiado lejos? Es un riesgo que te acerques a Candice White, ¿en qué rayos pensabas? Si me hubieras dicho que ese era el motivo principal para regresar con tanta premura, habría tratado de convencerte.
- Cállate Christian, yo sé lo que hago.
- Pues eso lo veremos...pero, ¿Ethan Campbell?
-¿Y qué querías? ¿Que le dijera quien soy? Estoy seguro que ha oído hablar de mí, además soy un Campbell, no se te olvide.
- Eso lo sé, pero...
-¿Sabías que está comprometida? Eso definitivamente no estaba en los informes.
- Tal vez sea, porque no estaba comprometida en ese entonces. Sir William Albert Andrew, se llevará una verdadera belleza. Debo reconocer Arnold, que no tienes mal gusto. Y debo reconocer que los Andrew son demasiado inteligentes, mira que comprometerse con ella, para que la fortuna no saliera de la familia... – Arnold Fergusson, miró a su acompañante, quiso fulminarlo con la mirada, la noticia le cayó como balde de agua fría.
- Sir William Albert...¡Albert! – Recordó lo dicho por Candy: "Estoy segura que a Albert le gustará conocerlo" – no creo que ella se haya prestado a eso – contestó meditabundo el joven.
- Entonces, si es así, debe ser que están enamorados.
- No sabes lo que dices, Christian – la mirada del joven se tornó confusa, pero pasado un momento, esbozó una sonrisa en su atractivo rostro – Me invitó a su fiesta de compromiso.
- No estarás pensando ir, ¿qué pasará si te ve Andrew?
- No le veo nada de malo, además, creo que ya es tiempo que "Sir William Andrew" y yo, nos conozcamos. Además, estoy seguro que su compromiso solo es para no perder la presidencia de las empresas. El domingo por la mañana, le haré una propuesta que William Andrew, no rechazará, te lo aseguro - Christian, solo observó a su amigo, sintió que estaba jugando con fuego y podía quemarse. Al contrario de su amigo, él no pensaba que ese matrimonio se celebraría por conveniencia. – Por cierto, ¿sabes quien es la joven que acompaña a Candice? – La pregunta de su amigo, lo sacó de sus pensamientos.
- Creo que es su dama de compañía, o algo así. ¿Por qué preguntas?
- Por nada – Arnold Fergusson, quedó sumido en sus pensamientos, y no sabía por qué, de pronto la imagen de una joven que no era Candice White, lo había turbado y no se explicaba por qué de pronto, quería saber más de ella...
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Albert caminaba de un lado a otro sin el más mínimo recato. Su sobrino y su adorable novia, junto con su "maravillosa" familia, tenían casi dos horas de haber llegado. Para colmo de males, Archie, había llegado acompañado de uno de los socios de la familia en Europa. Por ese motivo, Elroy se mostraba hasta cierto punto tolerante hacia la familia Lincoln, pues aún no olvidaba lo que habían deseado hacer con William hace años. "Como puede tener este hombre tan poca vergüenza, y presentarse como si nada en su propia casa", pensaba Elroy, ahora se arrepentía no haber advertido a Archivald, sobre esa familia. Con la educación que la caracterizaba, Elroy trataba de mantener relajada la conversación tan vana que mantenía la señora Lincoln. El señor Douglas y su esposa, estaban absortos en la misma plática. Archie y su novia estaban de pie observando el amplio jardín, desde el balcón del salón de té. Junto a ellos, estaba la hermosa Jordan Lincoln, aparentemente interesada en la plática que mantenían los jóvenes novios, pero para Elroy, no pasó desapercibido que no despegaba sus ojos de Albert, quien no dejaba de ver el reloj de la pared, y era totalmente ajeno a lo que acontecía a su alrededor.
Albert lo estaba pasando muy mal, la tardanza de Candy, junto con la manera en que salió esa mañana; lo tenían demasiado preocupado. Estaba tan desesperado, que ya estaba empezando a pensar si ella no hubiera aplicado una de sus fabulosas huidas. Pero no podía ser, con ella estaban Hillary y Walter...a no ser que a estas alturas ya la estuvieran buscando. Sus pensamientos no tenían ni pies ni cabeza, tuvo que admitir, mientras sentía que todo lo que pasaba a su alrededor era una horrible pesadilla... y una vez más, volvió a ver hacia el reloj... eran ya casi las tres de la tarde. Y una vez más su mente empezó a trabajar...
-William – lo llamó una voz – William – Él regresó a la realidad para encontrarse a Elroy de frente, al parecer tenía tiempo llamándolo – Hijo, pasemos al comedor, la comida está lista. Candice ya no debe de tardar. – "Evidentemente estaba siendo muy obvio", pensó Albert.
-Está bien tía, pero creo que también debe admitir que está preocupada por ella.
-Tienes razón, hijo, pero no podemos hacer nada. Ya llamé a la boutique y ni Annie se encuentra ahí.
-Solo esperaré hasta después de la comida tía, si no llega, saldré yo mismo a buscarla...
Candy estaba tan nerviosa que no supo ni como habían llegado a la mansión. Cuando Walter aparcó en la entrada, salió corriendo por enésima vez en ese día. El mayordomo le informó, que todos se encontraban en el comedor, quiso llegar pero Hillary se lo impidió.
-Candy, no estarás pensando entrar así-
-Pero Hillary, ya es tarde.
-Lo sé, pero unos minutos no harán la diferencia. Vamos a tu recamara y te ayudaré a cambiarte y arreglarte un poco el cabello – Candy pensó que su amiga estaba exagerando, pero cuando se miró en el amplio espejo que había en su habitación; se dio cuenta que estaba hecha un verdadero desastre. No era para menos, después del forcejeo que mantuvo con los asaltantes. Se dio cuenta que por la premura con que ocurrió todo y la desesperación de llegar a tiempo a la mansión, ni siquiera se había puesto a pensar en el terrible susto que pasó. Dejó que Hillary la ayudará, le cambió el vestido y le arregló el cabello.
-Listo. Ahora sí, estás lista para conocer a los Lincoln. Y recibir a tu primo. Y hablar con William. Y...
-Y, ¿no crees que ya son muchos "Y"? – Candy quiso sonreír, pero unas lágrimas la traicionaron.
-Tranquila linda – le dijo Hillary, secándole los ojos – todo se arreglará.
-No, solo es por Albert, Hillary. Creo que apenas pude asimilar todo lo que pasó por la mañana.
-Tienes razón, no tuviste tiempo de reponerte de semejante susto. ¿Quieres que les pida que te excusen durante el resto del día?
-No. Debo conocerlos algún día – suspirando profundamente, Candy caminó hasta la puerta – estoy lista...
En el comedor, el ambiente ya se había relajado un poco. Todos estaban disfrutando de la comida, todos, menos Albert.
-¿Y bien William? ¿Acaso tu prometida no quiere que la conozcamos? Tal vez esté creando expectación – Jordan estaba empleando cierto sarcasmo, en su comentario que hizo que Albert pasara de la preocupación al enfado. No podía olvidar como a su llegada, lo que hizo fue darle un abrazo y un sonoro beso cerca de los labios, a lo que él muy educadamente, tuvo que prácticamente empujarla como si de una sanguijuela se tratara. Por eso deseaba que Candy estuviera junto a él, para que la "señorita" Lincoln, no se tomara esas atribuciones. Pero al parecer, Candy había decidido castigarlo por su confesión. Sus emociones a estas alturas cambiaban tan fácilmente como un camaleón. Iba a contestarle a esa chica, como se lo merecía, pero antes de siquiera abrir la boca; oyó la voz causante de sus tribulaciones.
-Debo darles una enorme disculpa por la tardanza, pero ciertos inconvenientes, nos hicieron imposible llegar a tiempo. – Candy estaba de pie en la entrada del comedor, mirando a todos los presentes. Su vista se detuvo en Albert y se dio cuenta que este no la veía deliberadamente. Archie fue quien se levantó de su asiento, junto a todos los hombres presentes, mostrando su educación para con la recién llegada, pero él corrió hasta donde se encontraba su prima.
-¡Candy! ¡Qué alegría me da volver a verte! – La tomó en brazos y la levantó del suelo, girando junto con ella. Una vez que se detuvo, la miró detenidamente - ¡Pero mírate, estás hecha una belleza! – Candy le dio una de sus acostumbradas sonrisas, y lo abrazó fuertemente.
-Tu estás hecho todo un hombre, buen mozo y... ¡te cortaste el pelo!- Comentó la rubia una vez que se separó de él.
-Debía hacerlo, un hombre de negocios debe dar una buena impresión. Debe transmitir confianza y hasta cierto grado, buen gusto. – un carraspeo, los hizo salir de su mundo que habían creado, olvidándose de todos los presentes.
-Archivald, no es un buen momento de ese tipo de expresiones de cariño – lo retó la tía – estamos a punto de tomar los alimentos.
-Claro tía, - contestó apenado – me dejé llevar por la emoción y los recuerdos que vinieron a mi mente – le ofreció a Candy su brazo, y con voz solemne, hizo las presentaciones.
-Señor y señora Douglas, familia Lincoln, tengo el honor de presentarles a mi querida prima, Candice White Andrew, y futura esposa de mi tío Albert... ¡Ah! Y lo olvidaba, es también una excelente doctora – Los presentes quedaron maravillados con la jovencita que tenían ante ellos. Solo Jordan, ni siquiera emitió una sola palabra, mientras Candy, ya en su lugar en el comedor, al lado derecho de Albert; platicaba amenamente con los invitados.
Su vista era todo menos, amigable y ni siquiera probó alimento. En su cerrada mente, pensó que lo del compromiso de William era solo una estrategia de Archie para regresar a Estados Unidos. Por eso había estado tan segura de sí misma, mientras esperaban a Candy, pensó tontamente, que esa prometida no existía. Pero existía y estaba ahí, presumiendo sus logros, y todos los demás, haciéndole reverencias por algo tan insignificante. No sabía que le había visto Albert, ella se veía tan insignificante como su propia plática. Pero al parecer, los demás, no pensaban así, pues estaban maravillados con ella. Así que ni siquiera pudo comer.
Algún tiempo después, estaban tomando el postre, cuando el mayordomo se acercó a Albert y le habló al oído. Él inmediatamente se disculpó y salió rumbo a su estudio. Y Candy sintió unas enormes ganas de llorar cuando vio que él se alejaba y ni siquiera una mirada le dirigía. Afortunadamente, recordaba las palabras de la tía: "Aunque te estés muriendo por dentro, recuerda que debes mantener el porte y una sonrisa en el rostro. Nadie además de ti, debe saber lo que estás pensando. Actúa con inteligencia Candice, serás la señora Andrew y nadie debe conocer tus debilidades". Un gran consejo sin duda, y trataría de seguirlo mientras estuviera frente a esa mujer, que estaba viéndola de una manera poco educada. Y era hermosa, tenía que admitirlo, pero eso no cambiaba el hecho de que, Albert no le había respondido las veces que ella había intentado entablar una conversación con él. Albert se mostraba molesto con Candy, pero a Jordan Lincoln, simplemente la ignoró. Algún tiempo después, la chica se disculpó y salió del lugar. Candy hubiera dado todo cuanto poseía, por saber a donde se dirigía.
-William, sé que estás en una difícil situación, pero los inversionistas, piden tu presencia la próxima semana. Se filtró información acerca del negocio que estamos haciendo con ellos, a la competencia. Si no hubiera venido, en estos momentos, tal vez estarían acusándote por incumplimiento de contrato. Pensaban que habías actuado deshonestamente y querías sacar provecho del interés que mostraba la otra parte. Mi presencia los ha calmado un poco, pero exigen verte. Yo les informé de tus compromisos, por eso, aceptaron esperarte hasta el próximo Jueves.
-Por Dios George. No pensé que así estuviera la situación, te aseguro que si pudiera viajar en estos instantes, lo haría.
-¿Por qué William? ¿Pasa algo en casa?
-Por supuesto que pasa algo. ¡Pasa todo! – contestó impaciente – pero no te abrumaré con los problemas que tengo qué lidiar. Por favor, informa a los inversionistas; que el jueves estaré en Washington. Será más fácil viajar, ahora con Archie aquí – Dijo meditabundo – tu no te preocupes.
-Está bien, se hará como tú dices. Yo me quedaré a esperarte, por cierto, los reportes de la investigación más detallada que pediste del doctor Sullivan, están listos. Tal vez mañana estén en tus manos. Espero que podamos averiguar algo más, y que eso nos ayude a comprender sus acciones.
-Los estaré esperando George. Gracias por todo.
-Te estaré esperando William.
-Nos vemos George – Después de colgar el auricular, un preocupado Albert, meditaba acerca de lo que pudo haber llevado a Edward Sullivan a hacer algo como eso. ¿Qué sacaba filtrando información, acerca de un negocio que ni siquiera le interesaba? Pero de pronto sus cavilaciones fueron interrumpidas, por sus recuerdos y la manera en que Candy había estado solo unas horas antes en sus brazos. Y con todo el vendaval de emociones en su interior, se imaginó a Candy, en la misma situación, solo que siendo Edward Sullivan quien la sostuviera en sus brazos. Se paró se súbito, y caminó hasta el ventanal, sintió que el viento le daba de lleno en su rostro, y deseó que eso pudiera ayudarlo a calmar sus sentimientos tan encontrados que mantenía en su interior. Pero una voz a sus espaldas, le hizo revivirlos aún más.
-¿Albert? ¿Puedo hablar contigo? No me has hablado desde que llegué – Era Candy, su hermosa y adorada Candy. Solo que ahora no tenía ánimos de decírselo.
-No sé de qué quieres que te hable. Después de todo, en la mañana, que quería hacerlo, saliste como si no estuviéramos hablando de nada importante – Señaló él, molesto.
-Yo... lo siento. No quise salir así, pero compréndeme, yo... - Él la interrumpió.
-Por favor Candy. Ya me demostraste lo enojada que estabas conmigo llegando tan tarde, pensé que tratándose de Archie llegarías a la hora acordada.
-Lo que pasa, es que fui a...
-No por favor, no sigas. No quiero oír excusas. Suficiente fue tener que recibir a todos, disculpando a mi prometida por su tardanza. Creo que después de todo sigues siendo una chiquilla.
-¡Cómo te atreves! Pues si no quieres a una chiquilla a tu lado, lo hubieras pensado mejor, y me hubieras rechazado. Tal vez te convenga alguien con más educación y refinamiento que una tonta huérfana, a la que le hicieron el favor de adoptar, solo para complacer a tres jovencitos que Sí la querían – Haciendo hincapié en el "Sí", Candy le gritó todo eso a Albert, y salió de la habitación para refugiarse en su habitación para llorar y llorar y llorar.
-¡Candy! ¿Qué pasa? – Hillary llegó a su lado, al verla salir del lugar. ella había decidido, no enfrentarse a Jordan durante la comida y fue hacia la cocina. Pero ahora Elroy le había pedido que buscara a Albert y Candy para que atendieran a los invitados. Por eso, al saber donde estaban, les dio la privacidad de siempre, pero solo vio salir a Candy de ahí, echa un mar de llanto. Candy se incorporó, pues estaba recostada sobre su cama, y poco a poco, le fue relatando lo sucedido con Albert. La chica solo le limpió las lágrimas y le dijo que informaría a la señora Elroy que por el momento estaba indispuesta. Pero al salir, hizo todo lo contrario, y fue directo al estudio de Albert.
-William, ¿puedo hablar contigo? – le pidió una vez dentro del lugar. Se dio cuenta que Albert no la estaba pasando mejor que Candy.
-¿Qué pasa Hillary? La verdad no tengo ánimos para charlar.
-Solo quería preguntarte si Candy te habló acerca de lo que nos entretuvo por la mañana.
-No. No quise oír excusas – Fue su parca respuesta.
-Ah, bueno. Entonces creo que no te interesa saber que esta mañana Candy casi fue secuestrada y como la rescató, un hombre sumamente atractivo. Se llevó una herida en su costado, que Candy suturó con suma destreza, pero al hombre no le importó. Solo tenía ojos para ella – Hillary, que no había abandonado su lugar cerca de la puerta, dio media vuelta para salir, pero fue detenida por Albert. Estaba consternado, lo podía ver la chica, y su semblante era una de preocupación.
-¿De qué estás hablando?
Prácticamente la jaló del brazo, obligándola a entrar. De esa forma, Hillary, feliz de haber logrado su objetivo, empezó a relatarle a Albert todo lo sucedido. Omitiendo, obviamente, la parte de su visita al café. La chica, fue testigo de como las facciones de Albert iban cambiando. Desde la comprensión hasta el enojo, dándole paso posterior a la culpa y arrepentimiento. Pero lo que más le sorprendió, fue cuando Albert le explicó los motivos de su enojo, y lo comprendió un poco. Ya le habían contado como Candy tenía la costumbre de huir, desaparecer sin dejar rastro. Por eso pudo comprender un poco el temor de Albert, que Candy se fuera para siempre y no volverla a ver.
-Pues creo que a quien se lo tienes que decir es a ella, y no a mí. Habla con ella William, hablando se entiende la gente. Pero te prevengo de lo encontrarás, a una chica llorosa, sacando todos los sentimientos reprimidos, el miedo y la zozobra, que no tuvo tiempo de catalizar; por la preocupación de no llegar a tiempo con su prometido. Mientras un completo extraño, arriesgó su vida por ella.
-No creo que quiera escucharme, la traté mal. Soy un estúpido, ¿por qué simplemente no la escuché? Debe estar deshecha, y yo tuve que ver en eso, es lo peor.
-Pues verás...aquí no se desmiente a nadie – dijo ella con una sonrisa en el rostro, haciendo referencia a lo de "estúpido". Albert sonrió un poco – pero si quieres dejar de serlo, ve a su habitación, y habla con ella. Dile lo que siente tu corazón y no salgas de ahí, hasta que no te perdone.
-Gracias Hillary. – Albert se encaminó a la puerta, no sin antes preguntarle - ¿de verdad el tipo que la ayudó era atractivo?
-Mucho.
¿Y no le quitaba la vista de encima?
-No. Y ya mejor no preguntes, no pierdas tiempo.
Albert salió apresurado a la habitación de Candy. No tocó, afortunadamente no tenía seguro. Cuando entró, ella no se percató de su presencia. Estaba de espaldas, viendo hacia el jardín, abrazándose a ella misma, mientras las lágrimas surcaban su rostro. No había dejado de llorar y eso le destrozó el corazón a Albert.
-Candy – la llamó quedamente - ¿podemos hablar?
-No Albert – contestó entre sollozos – no quiero hablar contigo, será mejor que te vayas – sin volverse siquiera, salió al balcón.
-Candy, por favor – rogó él.
-No. No hay nada de qué hablar, lo dejaste muy claro hace un momento – Bueno, "después de todo, no era extraña su actitud", reconoció él. Por eso, se acercó hasta ella, y tomándola por los hombros, la giró, para que quedara frente a él. Su rostro levemente rosado por las lágrimas y sus ojos hinchados y rojos de tanto llorar, hicieron que solo quisiera abrazarla y pedirle perdón de rodillas. Pero no lo haría así, ella ya sabía que la amaba, pero tenía que saber desde cuando, y por qué se alejó de ella. Abriría su corazón completamente, solo para demostrarle que nunca existió nadie más que ella. En una ocasión Candy le quiso preguntar como se había enamorado de Joss, pero el evitó el tema, no quería que sus sentimientos quedaran al descubierto. Pero si quería que Candy confiara en él, tendría que hablar de absolutamente todo.
-Tienes que escucharme. Y no te lo estoy pidiendo, si quieres no digas nada, solo escúchame.
Candy no le contestó, pero tampoco se negó a escucharlo. De pronto, los dos se vieron envueltos en un ambiente de incertidumbre...
CONTINUARÁ...
