La voz de mi corazón

Capítulo 16

Por Lu de Andrew

OoOoOoOoOoO

Habían pasado tres meses desde aquella idílica salida y Candy sentía que de nueva cuenta debían tomarse un día libre. La clínica, a pesar de ser su sueño hecho realidad, le absorbía demasiado tiempo. Había veces en que casi no veía a Albert más que solo unos cuantos minutos al día. Y Albert, últimamente estaba actuando muy extraño. Ella sabía que tenía un problema en algún negocio, pero cuando se lo preguntaba, él le decía que no era nada importante. Aunque después se comportaba de la manera de siempre, a ella no le agradaba que tuviera tantas preocupaciones y no las compartiera con ella. Sin embargo, trataban de sacar provecho de sus momentos juntos y solos, amándose como es debido y olvidando las preocupaciones que los aquejaban, disfrutaban de su intimidad perdiéndose en el mundo donde solo existían ellos dos.

Por otro lado, un par de meses antes, la tía Elroy le había ayudado a organizar la cena con los socios más jóvenes de Albert y había sido un éxito. Las esposas, con ideas más frescas y modernas, se comprometieron a ayudarla en su nueva idea de crear un refugio para madres solteras. En el, no solo tendrían la oportunidad de vivir mientras daban a luz, sino que, además, durante su estadía les enseñarían algún oficio con el cual mantenerse por si decidían conservar a su bebé. En caso de no quererlo, tenían la oportunidad de darlo en adopción, sin necesidad de abandonarlos a su suerte como sucedía en muchos casos convirtiéndolos en niños de la calle. La cena les había abierto las puertas para nuevos negocios en el caso de Albert, y a ella, para seguir adelante con sus planes.

En esos momentos ambos se preparaban para salir de viaje. Pero no lo harían juntos, él viajaría hasta Washington para arreglar la adhesión de George como nuevo socio a ese negocio, del que por cierto ella no sabía de qué se trataba, y ella se disponía a viajar hacia el hogar de Pony para la revisión mensual del embarazo de Elisa, quien ya contaba con cinco meses de gestación.

Era un viaje que por lo regular siempre disfrutaba, pero es esa ocasión, sentía una inquietud en su pecho que no la dejaba estar tranquila. El doctor Martin la acompañaría, pues además tendrían jornada de salud, así que les esperaba unos días llenos de, consultas y pacientes desesperados, pues ofrecían servicio gratuito a la comunidad adyacente.

-Regresaré en dos semanas, amor - interrumpió Albert los pensamientos de su esposa.

-Yo solo me tomaré una semana, tengo que regresar para iniciar la vacunación a los trabajadores y sus familias - contestó ella dándole la espalda mientras colocaba las últimas prendas de ropa en su maleta.

Albert la tomó delicadamente de los hombros y le dio la vuelta para mirarla a los ojos.

-¿Estás segura que no puedes acompañarme? -Ella lo abrazó por la cintura y recargó su cabeza en el pecho de su esposo.

-Podría dejar al doctor Martin a cargo, pero tengo que revisar a Elisa personalmente. Sabes que no se siente cómoda con un médico doctor.

-Hay veces que no sé por qué nos tomamos tantas molestias con ella. Nunca cambiará.

-Dice la señorita Pony que, aunque le ha costado mucho trabajo adaptarse al hogar y al trabajo estos tres últimos meses, su actitud no es tan...pedante como podríamos esperar.

-Te voy a extrañar demasiado.

Candy sonrió y lo miró a los ojos, Albert siempre procuraba no hablar mucho de Elisa, no quería perder el tiempo hablando de la familia Leagan. Además, no quería preocupar a Candy contándole los problemas que tenía con la separación de bienes del concejo. La demanda que Ethan Campbell había interpuesto en contra de su abuelo, estaba generando que las autoridades se interesaran e investigaran a todos los miembros. Cabía la posibilidad de ser acusados de sobornos, lavado de dinero, y cosas similares. Y aunque él no temía nada, pues sus negocios siempre fueron lícitos, habían congelado las cuentas principales de la familia mientras durara la investigación. Una situación extrema y muy preocupante, pues si sus socios se enteraban, corría la posibilidad que truncaran sus negocios. Y la bancarrota.

Y a eso le sumaban la llegada de la querida "prima" de Elroy, y su hija. Alice y Millicent McDonald, y su interminable discurso sobre la procreación del, o los herederos. En una ocasión, Albert había tenido que ser bastante grosero para que dejaran el tema en paz. Y es que Albert se había dado cuenta que cada vez que tocaban el tema, Candy se incomodaba demasiado. Y él no quería que su esposa sufriera por nada en absoluto, ni que pasara angustias ni preocupaciones.

-Yo más, te lo aseguro -respondió ella dándose cuenta que su esposo se había perdido en sus pensamientos. Quiso interrogarle, que le dijera qué le pasaba, pero lamentablemente, no tenían tiempo, el servicio llegaría pronto para bajar su equipaje, así prefirió aprovechar el tiempo y despedirse de él.

Albert deslizó los dedos alrededor de su cara, acariciando el rostro amado. Se inclinó levemente y con suavidad puso sus labios sobre los de ella. Esto hizo que a ella se le escapara un suspiro y correspondiera el beso con ansia, cerrando los ojos para saborear el cálido aliento en su propia boca. Cuando sus lenguas se encontraron, ella se acercó más a él. Él profundizó el beso y le acarició con delicadeza los contornos de su cadera, a tal grado que sus respiraciones se hicieron cada vez más agitadas...hasta que unos golpes en la puerta los obligaron a separarse. Se miraron con picardía y ella, al estar sonrojada, corrió hasta su cama para recoger su bolso de mano y que los sirvientes se dieran cuenta de su estado.

Así salieron de la casa, mientras todos los demás, dormían en la comodidad de su habitación. Una vez en la estación ferrocarriles se despidieron en un cálido abrazo y una sonrisa llena de amor y anhelo, aun no se separaban y ya se extrañaban. Ambos partieron a diferentes rumbos deseando que el tiempo pasara lo suficientemente rápido para volverse a encontrar.

El viaje fue cómodo y tranquilo, el doctor Martin era una excelente compañía, y más en esa ocasión en que recordaron la ocasión en que Candy hizo el boceto del retrato de Albert, después de que abandonara el departamento en Magnolia. Las risas no faltaron y Candy se relajó visiblemente. Faltaba poco para llegar al hogar de Pony, y mientras Tom que había ido a recogerlos, y el doctor platicaban animadamente, ella disfrutaba del paisaje. Hacía mucho frío y al parecer iba a volver a nevar, pero el espectáculo blanco y mullido que se presentaba ante ella, le daba ánimos y buenos recuerdos de cuando era niña.

El recibimiento de parte de los habitantes del lugar no fue el mismo de siempre. Varios niños estaban corriendo hacia ella, pero sus caras reflejaban preocupación. Tom aceleró la marcha y en cuanto llegó a las puertas, un coro de voces descolocó a los recién llegados. Todos hablaban al mismo tiempo y nadie entendía nada. Hasta que, la hermana María salió apresuradamente haciendo callar a los congregados, mandándoles a sus respectivas tareas.

-¡Candy, doctor Martin! Sean bienvenidos nuevamente -les sonrió cariñosamente, pero al mismo tiempo tomó a Candy del brazo obligándola a seguir su paso.

-¿Qué pasa, hermana María?

-Es Elisa, Candy. Tiene fuertes dolores en la parte baja del estómago, tememos que pueda perder al niño. - Candy abrió los ojos sorprendida y miró al doctor Martin, quien asintió en su dirección. Si Elisa perdía al niño, necesitaría toda la ayuda posible. Aunque ni siquiera quería pensar en esa posibilidad.

Cuando llegaron a la habitación, Elisa se encontraba recostada en su cama. Estaba muy pálida y se aferraba a la mano de la señorita Pony. En cuanto vio a los recién llegados, la señorita Pony les dio un rápido recibimiento y se apresuró a abandonar la habitación, llevándose a su paso a Johnny, el niño que parecía siempre estar siguiendo a la pelirroja, a uno que otro curioso y a Tom, que estaba observándola con demasiada seriedad, sin comprender el significado de todo eso.

-¿Voy a perder al bebé? - fue lo primero que dijo Elisa permitiendo a Candy darse cuenta que estaba llorando.

-No lo sé, Elisa. Tenemos que hacerte un reconocimiento. - Ella no protestó cuando el doctor Martin empezó a hacerle las preguntas pertinentes. Después de lavarse las manos, Candy comenzó a preparar todo para realizarle una revisión exhaustiva, mientras Elisa contestaba con dificultad, tratando de hablar con claridad, a través del mar de lágrimas que caían de sus ojos.

Fue así como relató que después de llegar los nuevos libros para la biblioteca de la escuela, ella y otros niños se habían ofrecido para catalogarlos y así estar en su lugar pertinente en los estantes. Pero había cajas demasiado pesadas al fondo del pasillo, si querían acceder a ellas de forma rápida, tendrían que cargarlas todo ese pasillo y finalmente al salón, por lo que Tom les prohibió hacerlo prometiéndoles que a su regreso lo haría. Había pasado dos días sin aparecer en el hogar, así que decidieron tomar cartas en el sunto.

Pero ella no quiso esperar. Secretamente, y muy dentro de ella, quería demostrarle a Tom que no era la inútil, buena para nada, que suponía era. Así que le pidió al inseparable Johnny que le ayudara a llevar las cajas. Todo iba muy bien hasta que el peso cedió del lado del pequeño y, para que el enorme bulto no aplastara al pequeño, Elisa sostuvo todo el peso contra su vientre antes de volcarse al suelo estrepitosamente junto con la caja. Eso había pasado alrededor de las seis de la tarde del día anterior. Y en el presente, ya casi anochecía.

-Tranquila, no debes preocuparte demasiado - contestó el doctor lamentándose de que el médico del pueblo fuera reacio a atender a los habitantes del hogar de Pony por estar demasiado lejos -. Dime, ¿tuviste sangrado, o algún tipo de dolor? - Ella asintió llorosa.

-Al principio como si tuviera calambres en el estómago y, bueno tuve...problemas estomacales. La señorita Pony me dijo que guardara cama inmediatamente y así lo hice. Por la mañana comencé a perder lo que parecía...

-¿Fluido acuoso, sanguinolento o mucoso? - intervino el doctor viendo que ella no encontraba las palabras adecuadas.

-Acuoso. Y ahora tengo dolor en la espalda baja, y como si sufriera los cólicos del mes. Es mi culpa - dijo después de una larga pausa. - Si muere mi bebé será mi culpa por necia. ¿Por qué no esperé a Tom?

Solo se escuchaban los sollozos de la madre angustiada antes de que el doctor Martin se acercara a ella para consolarla, recordando que para Elisa era más cómodo ser examinada por una mujer que por él permitiendo a Candy seguir con su labor, algo que al parecer funcionó porque cuando Candy terminó, Elisa estaba visiblemente más tranquila. El doctor la miró esperando su diagnóstico.

-Por el momento no hay sangrado vaginal - dijo inicialmente -. O pérdida de algún otro tipo de fluido, los cólicos que sientes son contracciones uterinas. Es decir, tu cuerpo está reaccionando como si estuviera listo para traer al bebé. Afortunadamente la dilatación solo llega a dos centímetros lo que indica que, a pesar del hecho de casi haber pasado un día en ese estado, no avanza a más.

-¿Eso qué significa?

-Tengo que ser franca, Elisa. Tienes veinte semanas de gestación, eso significa que estás en el límite para que tu embarazo sea pretérmino, a partir de la semana veintiuno puede producirse un parto prematuro, lo que significa que no abortarás al bebé. Pero de ser así, el bebé puede tener múltiples complicaciones. Puede tener problemas respiratorios porque sus pulmones no están lo suficientemente maduros, y está más expuesto a las infecciones. Además, puede tener problemas de alimentación.

-¿Y podrá sobrevivir? - Candy temió que le preguntara eso.

-No lo sé a ciencia cierta, aunque existe una estación infantil prematura, se le conoce como incubadora. Este aparato lo que hace es crear un ambiente con la humedad y temperatura adecuados para el crecimiento de los bebés pretérminos, o prematuros, eso junto a los cuidados adecuados podrían ayudar al bebé a terminar su crecimiento adecuadamente. Sin embargo, yo espero no llegar a esos extremos, si te cuidas bien, y sigues mis indicaciones al pie de la letra, es probable que llegue a su fin - concluyó Candy omitiendo que antes de las veintiuna semanas de gestación sería un aborto inevitable.

-¿Qué tengo que hacer?

-Reposo absoluto. Solo podrás ponerte de pie para atender tus necesidades, y de vez en cuando salir a tomar el aire sin esforzarte mucho, pero eso será hasta que lo estimemos conveniente. Por lo pronto, deberás alimentarte bien y nosotros comprobaremos si se han producido cambios en el cuello del útero y la dilatación.

La mayor parte de lo hablado por Candy, Elisa no lo entendía. Solo sabía que lo más importante era cuidar al bebé y así lo haría. Un poco más tranquila, cerró los ojos y se durmió inmediatamente. El doctor Martin y Candy recogieron todo y salieron en silencio. Una vez en el pasillo, Candy se recostó en la pared y cerró los ojos. No había comido bien durante el día pues había estado con el estómago revuelto todo el viaje, y el olor a café no contribuía mucho.

-Candy, ¿te sientes bien? - preguntó el doctor. La señorita Pony, la hermana María y Tom, esperaban fuera, así que también se acercaron a ella preocupados.

-Tranquilos - sonrió conciliadoramente -. Debe ser el cansancio, anoche no dormí bien y hoy madrugué, así que eso debe ser - comentó apenada y sonriente al recordar el por qué no había dormido bien, culpa de Albert y su larga despedida.

-Te voy a auscultar - ordenó el doctor sin lugar a dudas tomándola del brazo. Desde la mañana la había visto algo desmejorada y algo sospechaba.

-Pero, ¿puede ser después de comer algo? Mi estómago muere por un emparedado de queso.

Mientras cenaban, ella les explicó la condición de Elisa. Era grave, pero siguiendo las indicaciones, ella y su bebé podrían salir adelante. Tom la observaba seriamente, ni siquiera comió, solo escuchaba en silencio, y cuando terminó la cena, Candy decidió hablar con él.

-¿Qué te pasa, Tom?

-Candy, no estoy de humor para hablar, además, el doctor Martin te espera para tu revisión.

-Ya hablé con él y le dije que me esperara -al ver que ella no desistiría, decidió decirle su preocupación.

-¿Por qué rayos no me dijiste que ella estaba aquí porque estaba embarazada? ¿Sabes que hubo ocasiones en que trabajaba demasiado? -Ella parpadeo incrédula, jamás pensó que Elisa le ocultara su estado.

-No me correspondía a mí hablar de su condición. Fui yo quien la trajo, pero desde el primer instante en que le hice una revisión, fui su médico personal. Y como tal, mi ética profesional me impide hablar de su condición como mi paciente, sin excepción alguna -ante tal aseveración, él comprendió que su amiga tenía completa razón. Con impaciencia se restregó el rostro.

-Es que me siento un idiota.

-¿Por qué?

-Candy, ha estado aquí tres meses y no me di cuenta que estaba embarazada. ¿Qué clase de estúpido no lo nota?

-No eres estúpido, estoy segura que si ella misma no te habló de su condición fue porque no quería que lo supieras. No te sientas mal.

-Te aseguro que hasta Johnny ya sabía.

Candy reprimió una risa, porque era cierto, todos sabían que Elisa Leagan estaba embarazada, y no podía creer que su hermano lo ignorara. Pero tal vez lo hiciera porque no quería prestarle la suficiente atención, o simplemente era muy despistado. Tom correspondió su sonrisa y la abrazó despidiéndose de ella para que el doctor la atendiera. Lo cierto era que él también estaba preocupado por la condición de su hermana, porque, aunque había afirmado que moría de hambre, el emparedado apenas lo tocó, y ni hablar de tomar café o chocolate.

Mientras ella se dirigía al consultorio donde la esperaba el doctor Martin, Tom se dirigió al cuarto de Elisa. Tocó levemente la puerta esperando que ella estuviera dormida, pero escuchó cuando dijo que podía pasar. El cuarto estaba levemente iluminado, y notó que su mirada sobre él, demasiado asombrada.

-Hola -dijo un poco cohibido. A pesar del tiempo que habían pasado juntos, él había hecho todo lo posible por no estrechar ningún tipo de relación con ella. Cuando la tenía cerca lo perturbaba demasiado y odiaba cuando no dejaba de pensar en la vulnerabilidad que a veces demostraba -. ¿Cómo estás?

-Bien. Candy dice que, si guardo reposo, mi...bebé podrá sobrevivir.

-¿Por qué nunca me dijiste que estaba esperando un hijo?

-No creí que fuera importante.

-¿Nunca pensaste que algunos trabajos que realizabas era demasiado pesados para alguien en tu condición? Me siento culpable de tu accidente...

-Lo que pasó fue mi culpa, si te hubiera esperado no estaría en esta situación.

Él asintió y se encaminó a la ventana dándole la espalda. Ella lo contemplo y volvió a corroborar lo que últimamente no abandonaba su mente: Thomas Stevens era un hombre en toda la extensión de la palabra. Él nunca abandonaría a la mujer que le diera un hijo. Aunque estaba segura que nunca expondría a una mujer a la deshonra, era alguien demasiado honorable. Y sería afortunada la mujer que él eligiera para ser su esposa.

-Entonces nada más estás aquí mientras das a luz, ¿no es así? -dijo de pronto rompiendo el silencio.

-Sí.

-Y, ¿vivirán con tu familia o con los Andrew?

-No...no, será así. Yo...lo daré en adopción en cuanto nazca. -La certeza de su declaración hizo que girara rápidamente para mirarla a la cara. Nunca le había pasado por la cabeza que estuviera considerando esa posibilidad. Ella notó que su mirada se endureció.

-No sé por qué no me extraña. Es algo típico de las de tu clase, se acuestan con el primero que le habla bonito y cuando salen embarazadas, en lo primero que piensan es en deshacerse de su hijo. Menos mal que lo abandonarás inmediatamente, no tendrá tiempo de encariñarse contigo. Pero de quien te pido que te alejes es de Johnny, el pequeño te ha llegado a tomar cariño y sufrirá mucho cuando tengas que irte. Y lo que menos quiero para él, es que sufra. Por una vez en tu vida, deja de lado tus caprichos y piensa en los demás.

Sin darle tiempo a responder, salió dando un portazo que a ella la hizo brincar. Sus ojos inmediatamente se llenaron de y sintió que el vacío que se adueñaba de ella cada vez que pensaba en dejar a su hijo, crecía hasta abarcar su pecho. Se había encariñado con su bebé, el sentir sus movimientos había sido todo un descubrimiento, y cada vez se sentía más insegura de querer entregarlo. Pero su madre no la recibiría de nuevo si llegaba con el bebé, y ella era muy cobarde para luchar sola. Así que no tenía más remedio. Pero al recordar lo que Tom pensaba de ella, lloró con más fuerza, y ni siquiera sabía por qué le afectaba tanto.

-Muy bien jovencita, dices que no tienes nauseas matutinas, ni has sufrido mareos, pero no soportas el olor de ciertos alimentos y cuando quieres comer te abandona el apetito, además de tu constante cansancio - enumero el doctor Martin después de su revisión ginecológica. Ya sabía lo que aquejaba a la excelente doctora, pero no la creía tan despistada como para no haberse dado cuenta ella misma. Y más siendo doctora.

-Sí, doctor. Hay veces en que no quiero ni levantarme de la cama. Albert me dice que descanse, pero con la clínica me es imposible. Yo creo que solo es cansancio, ¿verdad? - El médico soltó una sonora carcajada. Ella frunció el ceño, claramente contrariada.

-¿Por qué se ríe? - preguntó molesta.

-Candy, ¿de verdad no te has dado cuenta?

-¿De qué?

-¿Cuándo fue la última vez que tuviste tu periodo menstrual?

-Fue hace... - ella fue abriendo más y más los ojos al comprender lo que eso significaba. ¿Cómo no se había dado cuenta de ello?

-¿Siete semanas?

-Sí. ¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios! Doctor Martin, ¡estoy embarazada!

CONTINUARÁ...

¡Jelouuuuuuu! De nuevo yo. Y sí, ¡Nuevo capítulo! Les prometí que escribiría de poco a poquito, considerando la situación que estoy viviendo en casa, que cada vez es más difícil...y no me pondré sentimental porque esta actualización de LVDMC, es harto especial y hasta para celebrar, después de meses y meses sin hacerlo.

Ta gueno, yo estoy celebrando interiormente porque me verían como para el manicomio si lo hago por acá delante de los que me rodean. Y, bueno, lo tuve desde ayer como algunas saben, pero me fue imposible actualizar hasta hoy.

¿Les pareció chiquito?

Sip, a mí también, pero es que el siguiente es algo difícil, y no quería hacerlo tan largo o tardarme más.

Gracias por aguantar, y estar al pie del cañón, esperando por esta historia. Un abrazo del tamaño de Texas.

¡Nos seguimos leyendo y hasta la próxima!