La voz de mi corazón

Capítulo 18

Por Lu de Andrew

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LOS HOMBRES SÍ LLORAN

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"…La oscuridad absorbe cada resquicio diminuto de esperanza

Que hubiera podido acoger en lo más profundo de mis emociones

Un eco lejano resuena en las paredes de mis pensamientos

Donde la razón se ha desvanecido ya…"

Un firmamento sin estrellas.

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-¿Cómo está?

-Los doctores han salido hace un momento y está inconsciente.

Annie se encontraba junto con Terry en el hospital. Había avisado a Elroy, quien llegó acompañada de Alice y Millicent, la matriarca de la familia Andrew se veía angustiada, no era para menos, hasta donde Elroy sabía, Candy estaba en el hogar de Pony cuidando a Elisa. Ahora Annie tendría que explicarle no solo su presencia en la ciudad, sino también en el hospital, el tema más difícil de tratar.

-¿Qué pasó, Annie?

-Candy regresó del hogar de Pony para viajar directamente a Washington a encontrarse con Albert –dijo Annie con lágrimas en los ojos – al parecer quería darle una sorpresa, ella estaba, estaba…

Reprimió su sollozo en el amplio pecho de Terry, sentía un dolor insoportable el saber por lo que estaba pasando su querida amiga. Y más por haber sido testigo de algo tan doloroso.

-Candy estaba embarazada –. Continuó Terry mientras consolaba a su novia –. Cuando la trajimos al hospital ella estaba sangrando mucho… no pudieron hacer nada por el bebé. Ella ha perdido demasiada sangre y está inconsciente, los médicos han hecho todo lo posible, ahora solo queda esperar.

Elroy se quedó sin habla, al igual que sus acompañantes. Tuvo que sentarse porque la impresión por poco hace que se desvanezca. Estuvo sentada varios minutos tratando de asimilar la noticia, no se le hacía justo que Candy estuviera pasando por todo eso, y William…

-¡William! Tengo que avisarle. –Trató de ponerse pie, pero estaba demasiado débil. Millicent se ofreció a hacerlo por ella.

-No te preocupes. Me tomé la libertad de enviarle un telegrama. No le expliqué nada, excepto que Candy está hospitalizada. –Dijo Annie reponiéndose rápidamente, aún tenía los ojos rojos e inflamados, no había parado de llorar desde que Candy entró al hospital. Annie no confiaba en las dos invitadas de Elroy, y menos de la querida prima, que no dejaba de presionar a Albert y Candy con el tema del heredero.

Elroy asintió. Mil pensamientos se agolparon en su mente. ¿Qué había pasado? ¿Cómo se habían retorcido tanto las cosas? ¿Candy embarazada? Y ahora, ¿qué pasaría? ¿Y William? Por Dios, Candy era la luz de sus ojos, cuando supiera la causa… por un momento se sintió mareada, pero tendría que ser fuerte para cuando llegara su sobrino, tenía que estar para él y después para Candy.

-¿En verdad perdió el bebé? –preguntó Millicent verdaderamente preocupada. Elroy solo asintió, ¿qué creía, que era una broma? En realidad, esperaba que el médico apareciera y le explicara con claridad.

-¿Cómo es posible que alguien tan joven pueda perder a su hijo? Es inconcebible, seguramente esa jovencita hizo algo mal.

-Mamá, de verdad no creo que ese tipo de comentarios ayuden en algo ahora – dijo Millicent un poco molesta, Elroy estuvo de acuerdo con ella.

-En realidad, Alice, tiene razón. Ahora lo único que importa es que Candy se recupere. ¿Por qué no regresan a casa y en cuanto haya noticias yo les hablo por teléfono?

Millicent asintió y sin esperar más, tomó a su madre del brazo. Elroy se sintió más tranquila en cuanto salieron, la presencia de su prima que era una persona llena de prejuicios y chapada a la antigua, aún más que ella misma; le estaba poniendo los nervios de punta. Suficiente tenía con los nervios y preocupación por Candy y su sobrino.

Las horas fueron pasando con suma lentitud. El medico encargado le explicó brevemente la situación a Elroy, en realidad a quien esperaban era al esposo de la paciente. Annie y Terry no se separaron de ella y, lo que agradeció enormemente, pues a pesar de la animadversión que últimamente le mostraba a la chica, demostró qué clase de persona era.

Annie le preguntó si debía avisar a los amigos y conocidos de la pareja, pero ella decidió que era preferible mantenerlo todo en secreto. En realidad, estaba pensando más en darle privacidad y tiempo para superar su dolor a la pareja, sabía que en cuanto alguien más se enterara de lo ocurrido la atención mediática caería ante ellos como una avalancha y quería evitarlo a como diera lugar. Así se mantuvieron los tres, sumidos cada uno en sus pensamientos.

Un revuelo en la recepción del piso los sacó de su ensimismamiento, Albert estaba de espaldas a ellos exigiendo que le dijeran donde estaba su esposa.

-¡William! – gritó sin pudor Elroy corriendo hacia él. No era propio de ella actuar así, pero la situación le superaba.

-¡Tía! – Albert se apresuró a llegar hacia ella.

Su tía lo observó y se sorprendió al ver su apariencia. Llevaba la gabardina y el saco colgando del brazo, en mangas de camisa, su corbata colgaba floja sobre su arrugada camisa, pero su rostro… su rostro mostraba la más terrible ansiedad y preocupación. Estaba ojeroso y por su pelo parecía que había pasado constantemente su mano sobre el.

-¿Dónde está Candy? ¿Qué rayos pasó? Se supone que ella estaba en el hogar de Pony. ¡¿Dónde fregados está el doctor?! – Gritó Albert a todos y a nadie en particular.

Estaba desesperado. Acababa de llegar al hotel después de una larga reunión con los socios en Washington, solo pensaba descansar y terminar lo más pronto posible para regresar con su esposa, hasta pensaba darle una sorpresa llegando al hogar de Pony y pasar un par de días con ella, solo Dios sabía cuánto lo necesitaban.

Y fue cuando recibió el mensaje que media hora antes había dejado Annie: Candy está hospitalizada. Es urgente que regreses a Chicago. A continuación, solo el nombre del hospital en donde se encontraba, dejándolo lleno de incertidumbre y miedo. Ni siquiera entró por su equipaje, le explicó a George lo que sucedía y él le aseguró que se encargaría de la situación ahí. Afortunadamente encontró el último viaje a Chicago de ese día y hasta viajó en segunda clase. Se hubiera ido hasta en el tren de carga con tal de llegar lo más pronto posible con Candy.

-Albert, cálmate, hijo. Por favor – lo llamó su tía muy angustiada. – Tienes que mantener la calma, la enfermera ya fue en busca del doctor que está atendiendo a Candy para que te explique su estado actual.

-¿Qué pasó, tía? – Suplicó Albert, su voz, quebrándose.

-Albert – Annie llegó seguida de Terry y comenzó a explicarle lo sucedido desde que Candy regresó inesperadamente a la ciudad. – Ella tenía el boleto de tren para reunirse contigo, ella…ella quería darte una sorpresa.

Annie guardó silencio y miró a Elroy quien le devolvió una mirada empática, comprendiendo que la pobre chica no sería capaz de explicarle a Albert la pérdida del bebé.

-¿Qué sorpresa? – Inquirió Albert cada vez más desesperado. Solo querían que le dijeran qué había llevado al amor de su vida al hospital y punto.

-William, Candy estaba…ella estaba… embarazada. El señor Grandchester y Annie la trajeron inmediatamente al percatarse de su situación – dijo Elroy dándole tiempo a su sobrino a sopesar sus palabras.

Albert abrió los ojos al comprender la información y le fallaron las rodillas. Terry que se había mantenido un poco aparte, corrió a su lado y lo sostuvo un minuto en lo que se reponía. Era tal la angustia en el rostro de su amigo al comprender lo que implicaba la palabra "estaba", que tuvo que reprimir las lágrimas que estaban a punto de brotar de sus ojos. Albert, al contrario, lloraba silenciosamente, se había alejado hasta poder sentarse en el sillón de espera, y solo podían notar cómo se sacudía su espalda. Elroy se acercó a él para tratar de consolarla, era tan raro verlo así, él, siempre seguro de sí mismo, ahora estaba devastado y no sabía cómo actuar a su alrededor.

Pero, así como sucumbió, se recompuso. Ya había comprendido que Candy había perdido a su bebé y era sumamente doloroso. Pero ahora, ¿qué pasaba con Candy? ¿Estaba bien?

-¿Candy cómo está?

En ese preciso momento el medico salió a informarles el estado de salud de Candy.

-Ella está fuera de peligro, solo que debido a la pérdida de sangre su cuerpo necesita recuperarse por lo que está sedada, no debe despertar hasta en unas horas. En cuanto a la pérdida lamentable del bebé no se debía a algo más que a un aborto espontaneo. El feto simplemente no se desarrolló normalmente. Las actividades normales, como en el caso de Candy que es doctora, o incluso tener actividad sexual, no influyen para nada en el caso. Esto, simplemente, ocurrió al azar de manera que no se pudiera evitar ni provocar. No tendrá repercusiones en el futuro, me refiero a que podrá embarazarse sin ningún problema. Ahora solo resta que los dos puedan hablar de lo sucedido y tratar de superar el evento, no creo que sea un mayor problema, pero conociendo a Candy seguramente podría culparse de algo que hizo durante el día.

Albert lo observó tratando de comprender las palabras que el amigo de Candy le estaba diciendo, ¿por qué ella podría culparse de algo?

-¿Qué quieres decir Mathew? – Afortunadamente Albert también conocía al colega de Candy y se sentía confiado y seguro de que hablaría con la verdad.

-Cuando llegó y la estábamos atendiendo, solo suplicaba que salváramos a su bebé. Y luego solo decía que era su culpa. Lamentablemente la urgencia por estabilizarla imposibilitó el hecho de averiguar porqué decía tal cosa. La conozco y creo que esa idea va a estar sobre su cabeza, o tal vez no, pero solo quería informarte, por si acaso.

-Pero, ¿ella está bien? Físicamente, quiero decir.

-Sí, fue algo un poco traumático, pero es joven y fuerte y se repondrá rápido. No hay de qué preocuparse.

-¿Puedo verla?

-Por supuesto. La enfermera te guiará hasta su habitación, yo me despido, debo continuar con mi ronda.

-Muchas gracias, Mathew – dijo Albert dándole un apretón de manos. El médico se despidió de los demás y Albert se dirigió a su tía y amigos. – Gracias Annie, Terry, por estar ahí para Candy, y gracias tía por estar aquí. Ahora si me disculpan, voy a ver a Candy.

Albert siguió a la enfermera hasta una habitación que estaba levemente iluminada, cuando se acercó hasta la cama, su corazón lloró al ver a su hermosa, vivaracha y maravillosa esposa ahí, inmóvil, tan pálida que casi se confundía con las blancas sábanas sobre las que se hallaba recostada. Odió verla así, y odió la horrible y dolorosa crueldad de la vida.

Tomó con delicadeza su mano laxa y la sostuvo casi con reverencia mientras se acercaba al rostro amado para robarle un casto beso. Pegó su frente a la de ella y un sollozó se escapó de su garganta. Lloró imaginándose a su pequeña, haciendo planes, sumamente feliz, al querer compartir el milagro de la vida en ella, seguramente ni siquiera le había dado tiempo de hacerse a la idea, y él, ni siquiera tuvo la oportunidad de disfrutar la felicidad de pensar que sería padre.

Y lloró por la pequeña vida perdida. Un niño o una niña, rubia sin lugar a dudas y con los mismos genes intrépidos y aventureros de sus padres. ¿Cómo superarían eso? Lo harían juntos, sin lugar a dudas, y él lloraría con ella, no creía que fuera menos hombre por hacerlo, sufriría con ella, y se recuperaría con ella.

Pero le preocupaba más lo último que había compartido el médico. ¿De qué se culparía Candy? Tendría que sacarle esa estúpida idea de la cabeza, y se aseguraría que no se sintiera culpable. Solo esperaba que ella así lo viera.

Con lágrimas aún en los ojos dejó por un momento la mano que tanto amaba para acercar un sillón a la cama para sostenerla, aunque solo fuera su pequeña mano. No quería soltarla, no se alejaría de ella para nada.

Y así se quedó, lágrimas silenciosas, sin perder de vista el rostro de Candy, fue cayendo en el sopor del cansancio físico y emocional cerró sus ojos sumiéndose en un sueño intermitente. Sabía que así descansaría un poco, pero no descansaría el dolor que existía en su corazón.

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CONTINUARÁ...

Hola, hola. Ya sé que está chiquito, pero quise que lo pudieran leer para que, por fin sepan cómo siguen nuestros rubios.

Gracias por la espera. De a poco, seguiré escribiendo.

Muchas gracias por todo.

Hasta la próxima.