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En la Guerra… y en el Amor

Por Mayra Exitosa

Albertfic

En la casa de los Mackenzie un padre y un abuelo asombrados esperaban el desayuno viéndose y analizando todo lo que de un día a otro había pasado. La abuela que ya estaba arreglada y había dado instrucciones de retrasar el desayuno quince minutos, ya que estiraría el tiempo de la charla, se iba cual fresca lechuga.

- Buenos días, mi amor.

- ¡Buenos días! ¿Has hablado con Candy?

- Si, anoche pasamos horas charlando. El hijo la observaba con esa mirada brava y verdosa cuestionando,

- ¿En Florida? Junto a la hija de O`Brien.

- No, En Inglaterra, junto a los leones que la quisieron comer un día. Ella es más fuerte, hijo, sacó mis genes. Comentaba con suaves sonrisas Zoe a su único y más preciado hijo. Quien al atar la conversación con un rumbo que ya había averiguado por la bolsa de valores, se sentaba y con media sonrisa respondía,

- Así que saco tus genes, Mamá. Y supongo que tú fuiste a conquistar a mi padre, y pusiste toda tu herencia en sus pies para que te acepte. Asustada abría sus hermosos ojos y soltaba,

- ¡Insolente! Tu padre no se fijo en mi por mi herencia, él ni siquiera sabía que poseía moneda alguna, me conoció en la granja de mi abuelo, vestida de muchachito, apoyando a mi lado humilde de la familia.

- ¡Oh! Y entonces, en donde sacó tus genes mi hija, mamá… cuando fue a usar su herencia Monroy en Europa, uniéndose a los leones que se la querían comer.

- ¿Qué has dicho?

Su hijo tomaba el diario y lo colocaba en la mesa, Candy Mackenzie era socia inversionista mayoritaria de las mejores empresas Europeas, donde casualmente tenían solteros como únicos propietarios, como Andrew, Grandchester, Cornwall, Bewley entre otros. La boca de Zoe se soltaba y giraba a ver la mirada de su esposo, en espera de reprenderla, pero no fue así, este se sentaba a su lado, apretaba los labios y respondía,

- ¡Suéltalo Zoe! ¿Quieres bisnietos, mi amor?

Su hijo indignado se ponía de pie como un resorte, molesto caminaba algunos pasos hacía los ventanales que daban al jardín, y comentaba

- Yo protegiéndola, cuidándola, amándola, viendo que creciera fuerte como toda una Mackenzie, ahora sube las bolsas de valores de todos, como dama solitaria y casadera, casi anunciando que está disponible y va por el mejor postor. Y ustedes deseando ¡bisnietos! De haberlo sabido aceptaba a la señorita Dunne, y me hubiese vuelto a casar, he estado haciendo mi papel de padre amoroso y mi hija ya me hará abuelo a mi edad. Ambos padres abrieron sus ojos y fue su padre quien respondió

- Leticia Dunne no es una señorita, es una mujer de mundo, y sale con joyeros muy importantes, no te sientas hijo, pero Candy nos advirtió de ella, dijo que si es una mujer muy candente, pero que calienta varias chimeneas. Su hijo asustado soltaba las quijadas y veía entrar las charolas del desayuno. Zoe, volvía a leer la alza de valores de los Mackenzie a casi diez puntos. Ya con el café y un silencio entre ellos agregaba,

- Candy y yo planeamos esto, es verdad, no era la idea unirla a nadie, era ganar sin esperar el aviso, así como se había metido Andrew en América, ella fue a dar el paso decisivo en Europa, uno que no se animaban a dar ustedes, y que sin tocar la fortuna Mackenzie, uso su herencia Monroe, para invertir, haciéndome un plan bastante ambicioso, y que… ha dado resultado instantáneo, porque independiente a que subieran las bolsas de valores en nuestro favor, al solidificarse todas estas inversiones, veo que a tu protegido le subió seis puntos. Su hijo levantó la vista a ver a su padre, arrugando él entre cejo preguntaba

- ¡Protegido! ¿Andrew es tu protegido, Papá?

El no respondía se quedaba con el tenedor en la mano en completo shock, al enterarse de cómo opinaba su mujer y si eso era alguna estrategia comercial o una indirecta a su hijo.

- Bueno hijo, es tiempo de que te enteres que tu padre siempre ha visto a los Andrew con ojos de borrego mal parido. Su esposo soltaba el tenedor y respondía,

- ¡Zoe! Qué manera de hablar es esa, sobre todo a tu hijo. Que la habrás dicho a mi nieta al respecto.

- La verdad, amate a la abuela de ese joven inversionista, y no fuiste correspondido, pero después de eso, se convirtió en ese amor platónico que casi te provoca un infarto la muerte de su hijo.

La boca de ambos hombres era de asombro, ya sus rostros estaban más que evidenciados, pues ambos no sabían de que se trataba el tema, y querían acomodar esa conversación o una explicación clara, misma que solicitaba urgente su hijo, al ver que tenía la supuesta posibilidad de un hermano Andrew, o eso estaba tratando de insinuar su madre.

- ¡Estás loco, hijo! Tu padre no es padre de un hombre Europeo, solo amo a la esposa de su socio y por eso se separaron. Este molesto respondió,

- ¡Estas mal! Ella era mi prima, la única familia que me quedaba, pero me sorprendió que se casara con mi amigo, y ambos no me dijeran nada, yo… si la ame, siempre, pero era lo único que me quedaba de familia, estaba solo, me sentí más solo, hasta que te conocí, Zoe.

- ¡tu prima!

- Si, la hija de la hermana de mi padre. Pero ella se dejo ir cual corderito y se olvido de mi, yo era quien la protegía, la cuidaba y ella se caso con mi mejor amigo, sin avisarme, sin considerarme. Su hijo asombrado comentaba,

- Esos son nuestros genes, Papá, cuidamos, protegemos, y mira como nos paga mi mamá, llevándose a mi hija sin aviso, al matadero. Que le costaba tomarnos en cuenta, ahora fue y se puso en la boca del lobo, mira más del cincuenta por ciento de Andrew y Grandchester, con quien la vas a casar, todos se preguntan lo mismo, tuvimos un desacuerdo muy fuerte con los Grandchester y esto… ¿es una venganza? O simplemente, ¿es estrategia, mamá?

Zoe ya no respondía, trataba de acariciar la mano de su esposo, ahora sabía otra parte que desconocía, el se había enamorado de su prima, y no le habían dicho nada para casarse, eso lo ignoraba, y Candy también. Se podía decir que eran primos lejanos y que por los apellidos estaban tan separados que ya no eran fáciles de notar. Después de todo su hijo también tenía aire europeo, si su genes eran de su padre y ella, solo estaba haciendo mal las cosas.

- Bueno, yo… solo deseaba festejar el incremento de la bolsa de valores, hecho exclusivo por mi nieta, y sin aviso tal y como se lo hicieron a ella, no era ninguna venganza, es estrategia hijo. Y por cierto, si la Dunne no es adecuada por ser encendida, ve fijándote en alguien que venga a acompañarte seriamente a vivir aquí, debido a que nosotros nos iremos a nuestra casa del Caribe, mi nieta estará visitándonos ahí, y posiblemente desde ahí maneje sus inversiones, esperando a que no seamos un estorbo para que re hagas tu vida.

El desayuno ya fue más reconciliador, los abuelos se la pasaban beso y beso, al aclarar que no era un amor platónico, sino un amor limpio y que si, era su familia lejana, pero Zoe siempre estaba en primer lugar.

Su hijo por su parte, no dejaría fácilmente la pelea, ahora aunque sus padres eran unos viejitos chonchos que deseaban bisnietos, el no iba a poner a su hija en el asador, iba a apoyarla y estaría con ella, por lo tato, mientras decidían cambiarse dejaba a su padre encargado de sus negocios, y él se marchaba a apoyar a quien debía a su primogénita y única pequeña, no estaba con leones, estaba entre manadas y su padre no iba dejar que se fuera con el primer hijo de vecina que se encontrara.

En Inglaterra, Candy ya se vestía como siempre, ya no usaba sus lentes ni su cabello recogido, ahora después de la tormenta, le sobrarían lugares desde los cuales podía tener su propia oficina, pero lo más conveniente era ponerla en un punto de incertidumbre, si usaba sus fuerzas en sus inversiones podía ponerse dentro de sus nuevas adquisiciones, pero estaría muy cerca de los socios mayoritarios, no podía ponerse en riesgo. Contestaba el sonido de la llamada de su padre,

- ¡Candy!

- ¡Papito!

- Voy en camino, Felicidades mi amor, una inversión muy acertada. Tengo oficinas en Manchester, en cuanto te vean te darán mi oficina, es privada y no pertenece a ningún consorcio, la adquirí cuando vine como punto central.

- Que bueno que me dices, estoy en Londres de momento, pensaba invertir en una nueva oficina al tener dos corporativos importantes aquí,

- Si, ero es más conveniente estar por ahora a la distancia, subimos diez puntos los Mackenzie, esa incertidumbre de no saber cuál es el postor ni el punto por el que adquiriste tantas acciones sobre todo en donde sus propietarios son solteros, les hace dar de que hablar.

- ¡Papá!

- No estoy molesto hija, según tu abuela es… estrategia

- Bueno, y… tenemos casa en Cambridge.

- Perfecto, será mejor para dejar el hotel.

- No lo hagas hasta que llegue contigo, apenas me traslado para allá, tengo algunas dudas que consultarte.

- ¿Dudas a consultarme? ¡Imposible! Siempre he sido yo la que pregunta y consulta,

- Si, pero sobre Dunne, ignoraba por que la odiabas y… eso de calentar chimeneas no era precisamente lo mejor que me imaginaba.

- Lo siento Papá, realmente la vi con el dueño de la joyería…

- Ni lo digas, te creo, pero imagina las especulaciones que se dieron con tu inversión y ahora con esos puntos… somos más ricos, creo que… debes cuidarme más hija.

- ¡Papá!

- ¡Mi pequeña! Ya voy a tu lado, no quiero que los leones te coman, mantente alejada de todo.

Los dos soltaban risas efusivas y sus sonidos en el celular eran música para ambos, ellos se apreciaban y el era muy joven, pero al final era su padre.


A solicitud de una lectora y tratando de cumplir con el seguimiento de esta bonita historia, deseando sea de su agrado,

Un Abrazo a la Distancia

Mayra Exitosa