FIC
En la Guerra… y en el Amor
Por Mayra Exitosa
Albertfic
- ¡Hola!
- ¡Terrance!
El se acercaba y ella caminaba segura alejándose para mantener su espacio, caminaba de regreso al hotel.
- ¿Te gustaron las rosas que te envíe?
- Mucho, que amable de tu parte.
- Te parece si vamos a cenar o… tomar una copa.
- Me encantaría pero… tengo planes. Candy había revivido unas noches antes lo que había pasado con él, si lo había idealizado tanto, que aun cuando se acercaba todavía recordaba la emoción de las veces que lo veía porque era el hombre más atractivo, apuesto y el indicado. Ahora estaba un poco cambiado, pero todo le hacía ver mejor, no podía expresar odio, ya todo había quedado en el pasado.
- Candy, debemos hablar pecosa.
- Lo siento Terry, ya no es lo mismo, nosotros hemos cambiado, espero no te haya afectado con la inversión que hice.
- Por el contrario, has mejorado en todo nuestras finanzas, deberíamos hablar y… ver cuál es tu estrategia, ya sabes, son negocios.
- Lo sé, tal vez en otro momento, te dije que… tengo planes. En ese momento ya estaban de nuevo frente al hotel, al alzar su rostro lo vio a él bajando de un auto, traía un leve bronceado de Florida, se veía muy bien y la miraba bastante serio. Suponiendo que era por el acompañante y socio que en esos momentos la acompañaba, pensaba en cómo salir de esa situación y sin querer hizo una sonrisa de oportunidad. - ¡William! Que puntual eres, - Terrance, fue un gusto que me sorprendieras, pero como te dije, tengo planes y… mi cita ya está aquí, con permiso.
Grandchester miraba con cierta rivalidad a Andrew, se conocían de otras inversiones, ahora estaban frente a una socia de ambos y al parecer, uno si tenía cita con ella. Siendo que Candy le había dicho que en otro momento, aprovechaba y se atravesaba para despedirse,
- Pasare mañana al medio día por ti. Cuídate mucho. Le daba un beso en la mano y se alejaba con una sonrisa sin esperar respuesta,
William, analizaba lo que había dicho, el no tenía cita, pero ella lo había utilizado para quitarse de encima el sorpresivo encuentro de Grandchester. Ambos se vieron, ya no con un filo en la mirada como había pasado la última vez, esta ocasión era distinta la forma en que lo veía y él lo notaba. Ella apenada, bajaba el rostro, sabía que había engañado a su amiga y él había ido a Florida, a visitarla, ahora eran socios, debía hacer o decir algo, pero no sabía como iniciar, si disculpándose o simplemente saludando por la acertada inversión a su corporativo. Para variar, lo acababa de utilizar para deshacerse de un socio que no era precisamente con quien deseaba charlar. Al quedarse ambos en pausa, el aprovechaba su posición y sin mencionar lo que ya había sucedido, afirmaba lo que ella había iniciado,
- Creo que ya va a obscurecer, no es bueno que estés sola en este lugar, me permites invitarte a cenar.
- Me encantaría, llevo varios días en el hotel y pensaba salir a conocer Inglaterra.
- Si me lo permites, puedo ser tu guía.
- Conoces mucho este lugar.
- Creo que si, tal vez muchos más lugares. Además, hoy ya no sé cómo voy a celebrar, si descorchando un buen vino, champagne o whisky, puesto que el intento de celebrar que somos socios, se ha multiplicado, gracias a ti.
- Entonces la que debe invitar, soy yo.
- Eso jamás, no, si está en mis manos, Candy. Ella sonreía viendo de distinta manera, misma que él notaba, las otras ocasiones siempre escabulléndose, esta vez, algo había cambiado, no sabía que, si su estrategia o su modo de pensar, analizaba William. Ella por su parte pensaba que él se había jugado todo por ella, y no lo había tratado bien, ahora que trato de vengase, salió con una estrategia que no había analizado, pero tenía que aceptar, que era un caballero y que por fin, la había encontrado.
Pasando su brazo por su espalda, la acompañaba, el aire fresco enfriaba y ella agradecía su abrazo, al llegar a su auto, el le abría la puerta, veía que era deportivo, con pena y sin saber cómo iniciar la conversación se dejaba llevar a algún lugar, algo retirado, pues iba por lugares de Londres que se encendían en la obscuridad, viéndose imponentes y hermosos.
- ¡Eres un excelente guía, William!
- Puedes llamarme Albert, me alegro que te guste el paseo, estaba deseando que se abriera tu apetito,
- Gracias, ¿A dónde me vas a llevar a cenar?
- A un lugar que no llamemos mucho la atención, mañana seriamos comentario internacional.
- Te apena que te vean conmigo.
- Para nada. Es para no comprometerte, eso lo hace un caballero. Pero nada me gustaría más que… sus especulaciones tuvieran algo de verdad.
- ¿En serio?
- Solo que, así como me entere que tengo una cita esta noche, también tienes una cita mañana a comer.
- Bueno, fue algo comprometedor, pero, qué más da, mi padre estará aquí, sería bueno saber con qué Mackenzie se topara Grandchester.
En esos momentos el hizo una sonrisa muda, ella giraba a ver su reacción y ambos sonreían por lo dicho y por solo imaginar lo que ella comentaba,
- Apuesto a que este lugar será muy agradable y… discreto.
- No te preocupes, no es necesario ser discretos, con eso podemos subir… los puntos de los negocios, hasta podríamos…
En ese instante sonrió y en vez de detener el coche, aprovechaba sus palabras y se iba al centro de Inglaterra, esta vez al mejor restaurant, al llegar varios hombres recibían abriendo las puertas y tomando las llaves, al reconocer al propietario del auto, pero al ver a Candy, las murmuraciones no se hicieron esperar y ella tomaba aire y soltaba de manera tranquila, iba a ser una cena algo especial, de la que podría enviar alguna foto de recuerdo a sus abuelitos.
Caballerosamente, tomo su brazo y al final paso a abrazarla para introducirse al restaurant, ella dijo que no importaba, pues lo haría en grande, ya se vería si aprovechaban bien los Paparazzi, las toma fotográfica, o no. Si algo siempre tenía Andrew, era que lo perseguían por donde estuviera, notaba con cierta tristeza que no estaban los que lo seguían, y aunque no le importaba si era extraño, tomando en cuenta que siempre los evadía y cuando por fin, no lo hacía, sobre todo ahora que le encantaría guardar una toma de ese instante, no estaban ahí.
- ¿Te parece buena elección?
- Si, se ve muy hermosa la vista, y acogedor para el fresco que está haciendo.
- Te abrigaste poco, para salir con Grandchester.
- No salí con él, me encontró caminando, pero habría que ver que, es mi socio ahora.
- Yo también y… esta vez suena irónico pero, me agrada saber que, tienes más acciones conmigo.
- Cierto, pude negociar con Johnson más de lo que esperaba,
- ¿Negociaste directamente?
- Por supuesto, tus técnicas de camuflaje fueron muy buenas, pero… las mías fueron mucho mejores.
- ¡Me alegro!
La carta llegaba y con ello, un derroche de exquisitos platillos, mismos que no había podido saborear desde su llegada a Inglaterra, tras la presión que había sentido al haberse visto sorprendida, precisamente por quien ahora estaba acompañándola.
- ¿Deseas postre?
- Por favor, sigue eligiendo los platillos, han sido muy de mi agrado a pesar de no ser yo quien los pida,
- Solo pedí lo mejor para… la mejor.
- No quisiera imaginar el postre.
- Eso desearía superarlo, pero he sido un tonto al conocerte y… esta vez, quisiera recompensar mi comportamiento cuando nos conocimos.
- Bueno, la verdad, todo lo que hacías hablaba demasiado mal de ti.
- Lo sé. Y no quería causarte esa impresión, fue una estupidez tras otra, creo que nunca me había comportado tan… inapropiado
- Es bueno saberlo, debió ser por el duende que teníamos al frente, tampoco fui muy gentil contigo.
- ¡El duende! Una sonora carcajada hizo que ella sonriera efusiva también, al ver la ocurrencia de comparación del señor Allen. A cierta distancia, las tomas eran perfectas, no uno varios reporteros tomaban con discreción desde puntos importantes, haciéndose ver como parte del servicio, esta vez, aprendían la lección al nunca poder atrapar a William Andrew.
Deseando sea de su agrado y continuando a espacios extras,
Un Abrazo a la Distancia
Mayra Exitosa
