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En la Guerra… y en el Amor

Por Mayra Exitosa

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La pasión cobraba vida, Walter se encontraba fascinado porque Erin lo había aceptado y era tan hermosa, no creía merecerla, sin embargo ella le demostraba cuan afines podían ser, no quería dejarla, quería quedarse a su lado, eran adultos y si su hija llegaba tarde, no se levantaría temprano y quizás, solo quizás no se diera cuenta de que se había quedado con ella, ahora solo deseaba volverlo hacer, y ella parecía quererlo de igual manera, metía su pierna entre las suyas y su rostro en su pecho, abrazándolo como si deseara que no se fuera de su cama y el deseaba volver a comenzar, aun con el cansancio del viaje solo deseaba poseerla de nuevo y parecían ambos desear lo mismo, porque ahora volvía a besarlo y tomar las tetillas de él por su cuenta, excitándolo más como si hiciera falta, el no tardaba en acomodarse de nuevo y jugaba con ella, tentándola emocionándola y sintiendo que ella lo quería y se estaba molestando por la espera de no hacerlo enseguida, así que sin aviso ingresaba hasta tomar su espalda y desde ahí sus hombros para anclarse y realizar con más ahínco cada embate a su cuerpo. - ¿Así? - ¡Si! ¡Si! ¡Si! El vaivén iniciaba lento pero muy anhelado para cobrar vuelo e incrementar su velocidad, hasta que ella culminaba gritando y siendo ella ahora la que tomaba el mando y lo montaba deseosa de más.

Cuando la notaba agotada, volvía él para darle más placer y que sintiera que tenían todo el tiempo que ella deseara, no se iría se quedaría hasta que se quedará dormida en sus brazos. Pasarían las noches juntos, no eran un par de niños y su hija tenía su habitación lejana a ellos, lo mejor era que Erin temía que él la dejara, lo notaba cuando lo abrazaba y suspiraba al tenerlo, eso le daba la sensación que tanto había deseado, una mujer que lo quisiera todo el tiempo con ella, que no se cansara de sentirlo y que si ambos deseaban hacerlo estuvieran juntos para contemplar la idea, Erin era muy dócil y accesible, besaba con delicadeza y estaban conociéndose, sus manos tan suaves y rosando su piel lo hacían sentir increíblemente bien. Sin esperar más y agotados se dejaron caer cubriéndose con las colchas rellenas de plumas y la suave tela que los abrazaba unidos sin saber que pasaba alrededor.

En la mansión Andrew, los besos fueron un incentivo valorado, las caricias se tornaban candentes y pasaban a ser invitadoras, a lo que el deseaba asegurarse de si ella no se estaba dejando llevar sin pensar.

- Me gustas mucho, Candy y deseo que pasemos muchas noches unidos, pero no quiero forzarte a nada.

- No lo estas haciendo, es solo que, me gustas, te deseo y no sé como hacer esto, nunca he estado así, con alguien, a solas, sintiendo ganas de abrazarte y que me abraces, que pase algo y que no sea mentira, que realmente me quieras.

- Puedo hacer lo que desees, continuar o esperar, deseo tenerte conmigo así por mucho tiempo, no solo por una aventura, quiero a la mujer que tengo en mis brazos, la deseo con locura, estoy muy a punto de enloquecer aún más si te llevo conmigo y tu por la mañana te arrepientas.

- No, no me arrepiento, me gustas mucho y quiero que continuemos nuestra relación, advertido estas que, no ha habido antes nadie, solamente eso quería aclararte.

- Aun así, ¿deseas que continuemos? porque si lo hago, no hay marcha atrás, no quiero que te sientas acorralada solo por el deseo y dejarte llevar, sino que mi corazón esta aquí, contigo y expuesto, desde que te vi la primera vez, ¿realmente quieres hacerlo?

- ¡Si! Solo si… también lo quieres.

Sin más preámbulos, Albert la tomo como si se tratara de una pluma, besándola, mirándola y haciendo todo por llevarla en sus brazos, la elevaba cual ligera, pero sin dejar de darle pequeños besos por todo el camino que pasaba rumbo a su habitación. Ella acariciaba su barbilla le daba besos al ver que giraba al frente y rozaba su pequeña nariz en su oído, provocándolo aún más sin saberlo, solo iba admirando que era tan alto y fuerte, para llevarla en brazos sin un solo jadeo ni queja, ni esfuerzo siquiera. Al entrar a la habitación había luces suaves por todo el lugar, se fue directo hasta colocarla en su cama, con total sutileza. Poco a poco fue colmándola de besos y caricias húmedas, probando cada parte de su piel, de su cuerpo que se iba desvelando en sus retiros de prenda por prenda, sus jadeos y gemidos, estaban provocando que más se sintiera enardecido, pero trataba de controlarse al verla temerosa de pronto y en ocasiones valiente al atreverse a ayudarlo a despojarlo de sus pantalones. Poco a poco finalizaban desnudos, tocándose, sintiéndose, meditando lo que ambos ya se habían dicho, fue ver su mirada curiosa, y su boca suelta observándolo minuciosamente, sabiendo que estaba así pro ella, tan duro y exaltado solo por ella. Pronto termino por bajar sus caricias al sentir que se ponía nerviosa y se acurrucaba a su cuerpo, como evitando que la observara, él la preparaba con delicadeza y pronto se vio premiado por ser quien recibiera de ella los besos más feroces y ardientes, despertando en ella un ser apasionado, desesperado y ansioso por algo que desconocía y se veía tan radiante, tan única, y solo sería suya si el la tocaba, ella que anhelaba sus atenciones más que nunca sentidas.

La posesión y el acomodo daba inicio, a una calma y ella apretaba las quijadas aguardando la tensión recibida, para luego ir premiándola con besos y probando sus labios deteniendo su intensa pasión a la adaptación de sus cuerpos.

- ¡Te amo, Candy! te amo tanto, quiero que sientas que esto es solo el principio de algo muy serio e importante para nosotros. Me gustas mucho por ser tú, no por algo más.

- A mi también me gustas mucho, Albert. Más de lo que hubiera imaginado, me gusta que sea algo serio, no quiero nada menos que eso, quiero pensar que esto es mucho más que sexo.

- Lo es. No lo dudes, esto es hacer el amor, con la persona que más te importa en el mundo. Es hacerlo con nuestro consentimiento y que después de esto habrá muchas ocasiones en que podamos disfrutarlo plenamente y continuo, solo si seguimos deseándolo, ansiándolo como lo hago ahora. ¿te gusta?

- Si. Ella hizo un movimiento y el comenzó a salir lento para volver a ingresar a su cuerpo, también despacio, luego iniciar una danza armoniosa entre sus cuerpos, una que ambos anhelaban tener, que con promesas se daban una y otra vez, asegurándose que ambos estaban con quien debían y querían estar. La pasión cobro todo lo que esperaban, un deseo multiplicado y una arrolladora explosión para culminar ambos abrazados, mucho más estrechados entre sí, ella besaba su hombro, él la cuidaba de no alejarla de su cuerpo, aun con sumo cuidado haberse entregado a él, quien ahora se sentía poseedor de una mujer que lo apreciaba realmente.

A pesar de las altas horas de la madrugada ambos continuaban despiertos mirándose inquietos por saberse bien y ella se lo hacía sentir, acariciando su rostro dejándose abrazar como si de las cobijas se tratara. Muy interesado en saber que pasaba por su cabecita, que solo lo tocaba y acariciaba tiernamente, al fin le preguntaba en esa obscuridad que la luna iluminaba por la entrada de la cortina que aun no había cerrado completamente,

- ¿Te sientes bien? ¿No te lastime?

- Me siento en el cielo, y si no me sueltas, ahí me quiero quedar. Es como si hubiera volado y aun no quiero que termine.

- No te soltaré nunca, solo temía que te hubiera lastimado. Pero te ves preciosa y no pudo contenerme tanto, deseaba hacerlo con mayor ímpetu, pero temía hacerte daño.

- No, no lo hiciste, me gustó mucho. Y gracias por hacerlo así, nunca lo imagine, no sabía que se sentiría ni como…

- A mí también me gustas mucho. Aun me sigue gustando más el tenerte en mis brazos, no sé cómo voy a poder dejarte ir, quisiera detener el tiempo en estas horas, y que nos quedáramos aquí, abrazados en una pausa del reloj sin continuar.

- No me dejes ir, diremos que me quede en algún lugar, no deseaba interrumpir a mi padre y su pareja.

- ¿Su pareja?

- Si, ella es muy joven, es viuda y tiene un hijo.

-¿Bewley?

-¿La conoces?

- No personalmente, su hermano estaba negociando y querían casarla con Grandchester, para que formara parte de una inversión.

-¿Grandchester?

- Si, por ser tan joven se pensaba que era la hija de Bewley, pero la realidad es su viuda, el padre de ella, la caso en una negociación y la joven ha sufrido todo lo que su familia ha querido. Su marido la respetaba, pero su familia no.

- Erin ya vendió todo, por ella es que mi padre tomo la decisión de que era mejor vender que continuar ahí, donde no le era grato a ella.

- Es increíble, sabes que cuando tu compraste las acciones de Grandchester, parecía que le ayudabas a que no se casara con él.

- No lo sabía, pero me alegro, mi padre aprecia a Erin y a su hijo, cuando mi papá se casó con mi mami, era muy joven en un matrimonio arreglado, de ahí provine yo, pero mi padre siempre me decía que la amaba demasiado y me lo decía muchas veces. Hoy por fin se da la oportunidad de conocer a una mujer también le lleva unos años, más no tantos como le llevaba su esposo anterior y creo que se agradan. Lo noté como ella lo miraba cada que podía, pero no iba a decirlo, no soy quien se inmiscuya donde no te llaman, por eso no quería regresar, pensaba que me llevarías a un hotel y me quedaría ahí sola, hasta mañana. El besaba su hombro meditando todo lo que ella contaba, la cubría al sentir que se estaba enfriando su piel y ella se acercaba mucho a él como deseando conservar así el calor entre ambos.

- Sabes si se agradan la quinta parte de lo que nos gustamos nosotros, es probable que ellos estén mejor sin ti ahora. Porque estoy más que feliz que te encuentres aquí conmigo, en mi cama, sin tener que soñarte solamente, así poder besarte. En esos instantes comenzaba un juego de palabras y caricias, mismas que volvían a iniciar en un largo y delicioso comienzo a lo que acababan de hacer, esta vez al finalizar rendidos se quedaban abrazados, unidos en una variedad brazos y piernas, que confirmaban que deseaban seguir así más tiempo.

Por la mañana, el sol se filtraba por la ventana y él la cubría para no despertar a su novia, porque ella era su novia, la mujer que se entregó a él cual deseosa de ser amada. Se había bañado y ya estaba cambiándose mientras que ella continuaba descansando, él no podía quitar su mirada de su hermoso rostro, era preciosa despierta dormida y ahora suya, era increíble, estaba con él y no deseaba ni salir, ni despertarla, pero tenía que hacerlo.

Continuará...


Continuamos avanzando en todos y cada uno de las historias, hoy toco turno a esta hermosa historia gracias a sus votaciones

deseando sea de su agrado y poderle dar un final adecuado, muchas gracias por comentar

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Mayra Exitosa