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En la Guerra… y en el Amor

Por Mayra Exitosa

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Para todos los miembros de la reunión saber que Candy era la socia con mayor cantidad de acciones daba demasiada seguridad, más porque sabían que la bolsa de valores y las acciones de la empresa había subido gracias a ella y sus inversiones múltiples, no solo eso, Terrance al anunciar que su padre ya estaba separado del corporativo, dejándolo a él como único inversor, daba aun mayor seguridad. Para los demás accionistas minoritarios, que estaban al pie de saber los progresos de la empresa. Albert los observaba y no mencionaba su parte de acciones, pero se quedaba analizando que no llamaba mucho la atención gracias a George por haberlas comprado con anterioridad.

Al salir, el trabajo llamaba, Candy ya no podía ir a ver el edificio ni las oficinas, fueron horas de reunión y lo único era salir por tantas horas enfrascados en una situación por lo que ya era tarde y así Albert y ella se iban a cenar, para no llamar la atención, sin embargo, se desparecían al ir juntos en el automóvil, siendo así un caballero quien llevaba a Candy a su hogar donde quiera que estuviera, pues ya no estaba en un hotel y por lo cual ya no la encontraban con facilidad desde que su padre había llegado recientemente.

- Por fin solos. Comentaba un rubio bastante agotado con cara romántica, deseando tenerla en sus brazos. Mostraba su departamento cercano ahí en la gran ciudad, con estacionamiento privado y muy discreto, al no contar con personal en lo que caminaban del auto al interior.

- Es hermoso, tienes razón, muy discreto, ¿desde cuándo lo tienes? Albert un poco molesto recordaba una situación incómoda y la difundía sin mucho interés,

- Desde que llegan personas a mí a casa con parejas y pueden a uno mal interpretarlo, hasta hace poco di la orden, de no recibir a nadie, pero mi sobrino puede llegar en cualquier momento, y ya no quisiera llevarte allá o que supiera de nuestra relación, si aún no lo has decidido que lo sepan los demás. Candy lo escuchaba, pero estaba embebecida en la decoración del lugar que no le ponía tanto interés,

- Me gustaría hacer un análisis de los pros y contras que pudiéramos tener, pero hoy no, te parece mañana. Candy colocaba su mano dentro de su saco, dando una caricia mustia que él interpretaba claramente, con lo que ambos ansiaban, definitivamente el día que la conoció no se equivocó, era su contraparte, apasionada, efusiva y en eso estaban ambos sincronizados, él le respondía con pequeños besos, dejándola avanzar en lo que deseara hacerle, era suyo por tiempo indefinido, respondiendo

- Cuando lo desees, sabes que no tenemos prisa, además estoy más que feliz de tenerte conmigo. Albert besaba con intensidad introduciendo su lengua probando la boca seductora que lo traía eufórico y anhelando estar a solas con ella, con tal de estar tranquilo al día siguiente porque aún ella estaba satisfecha de seguir así en forma clandestina y oculta, temiendo por su reputación y no queriendo lastimar ningún movimiento financiero de su propiedad.

Las caricias iniciaron y no vieron final inmediato, ambos estaban conociéndose y dando más de sí mismos, pareciera querer probar más de sus cuerpos en cada ocasión y algunas formas diferentes de atenderse de esa manera que ambos estaban gozando en cada que podían estar juntos, posiciones nuevas, pasión desencadenada, anhelo por más y deseo que no tenía final.

- ¡Te amo!

- También te amo, mi amor, te amo mucho, Albert. Él sonreía satisfecho, era la primera vez que se lo decía, pero cada vez más lo había sentido en su confianza, en su trato y sobre todo en la comunicación que había para con él.

Tiempo después en américa, la boda de Walter y Erin fue hermosa, privada, elegante y Candy fue su dama de honor, Albert la acompañaba y muchos socios de Walter se enteraban de que William Andrew tenía un enlace familiar con los McKenzie, esto por su abuelo que se la pasaba presentándolo como si fuera su nieto favorito, eso no pasaba desapercibido para Candy y Zoe, quien ahora lo comprendían al escucharlo las explicaciones que daba y que tenían absorto a William ante cosas que desconocía y que a las damas de la familia jamás les fueron explicadas como lo hacía a él,

- Mi prima y yo fuimos los únicos que sobrevivimos de la familia, no era bien visto que ella viajara sola o viviera sola, así que todo el tiempo estuvo cerca de mí, contrate una dama de compañía, para que jamás se manchara su reputación, era como mi hermana, una mujer ejemplar, murieron sus padres y ella quedo solita, pero nunca decayó, era fuerte y mi amigo William y socio en aquel tiempo, se la robo como si no fuera una dama, el muy sin vergüenza ni me pidió su mano, ni le dio una boda como Dios manda, simplemente se la llevó, eso me molesto mucho, ella era la única familia que me quedaba, y él mi mejor amigo, muchos años después me enteré que lo había juzgado mal, que él se vio obligado a casarse para proteger a mi prima de un desgraciado que quería comprometerla, Rosemary no quería que se batiera en duelo, o que la defendiera de la ofensa, ni que perdiera la vida por un sin vergüenza, pero eso no me lo dijo, porque me habría molestado y como su única familia, tenía el deber de responder por ella. El rostro de Walter era de pena, porque había juzgado la situación al ignorar todos los detalles, que salieron mucho tiempo después, arrepentido por años, cuido de la familia de su prima y amigo a la distancia, tratando de que nadie se diera cuenta, que su conciencia lo reclamaba, pero eso fue solo su manera de pagar por haber juzgado sin juicio formal a su única familia.

Zoe y Candy se miraban una a la otra, mientras Albert escuchaba cabizbajo la situación por la que su abuelo se había casado con su abuela y que nunca le dijeron a Walter, siendo este su único familiar con vida. Luego agregaba

- La hermana de este joven, era muy parecida a mi prima, su mirada verde olivo, su piel nívea y su sonrisa siempre iluminaba el lugar donde estuviese, y le pusieron su nombre, Rosemary, su madre Pauna era una mujer intachable, que cuando murieron, junto a su marido, fue devastador, pero perder a su hijita ya grande toda una mujer, lo fue mucho para mí, el único que queda es este joven, al que bien dicen que los genes lo beneficiaron, pues su parecido no solo a su abuela, sino casualmente también a su hermosa madre de mirada azul, era muy guapa la señora Andrew, tal vez por eso, salieron buenos sus hijos, mi sobrino… eligió a una mujer tan hermosa como su madre. Toda la generación Andrew, nació de ahí, de mi prima. Walter hijo llegaba con su esposa Erin y comentaba

- Deja de hablar cosas tristes, mira que, si no te pones listo, también resulta ese joven como tu amigo y nos roba a tu nieta, los he visto muy juntos ahora que son socios.

- Que puedo decir, es mal de familia. Si la roba, al menos sé que mi nieta sabe el camino a casa. - ¿Cierto mi pequeña? Todos reían y Albert se ruborizaba, claro que la había estado robando, muchas veces, pero al parecer el abuelo tenía preferencia con él y ahora sabía a lo que se refería Candy, cuando decía que era su favorito. Del que no lo sería, era Walter, el padre de Candy que por más que se acercaba a su novia, el aparecía vigilándolo como si fuera a descubrir algo extra de su noviazgo oculto. Y ahí estaba cerca de Candy, de nuevo. Albert se iba con ella y escuchaba el comentario de su padre,

- Candy hija, Erin me dice que, si podríamos dejarte a Robert Bewley, mientras estas aquí en américa.

- Por supuesto que sí, aunque mi abuelita Zoe, me llevará a la isla de la familia, podríamos verlos allá, porque me iré con mis abuelos, llevaré a Bobby conmigo. Giraba a ver al pequeño que la admiraba por cómo le hablaba con tanto cariño, - ¿Cierto hermanito? El niño le sonreía radiante Candy agregaba, - ¡Lo ves! Ya se parece a la familia, al menos sonríe como yo.

La abuela Zoe, estaba muy feliz con Erin como esposa de Walter, era una joven muy tranquila y todo el tiempo se preocupaba por su hijo, quien era un niño feliz, juguetón y que ya simpatizaba con los miembros de la casa desde que había sido presentado, asegurando que era su abuelita y Candy su hermana.

Para Albert saber que se iría con los abuelos lo entristecía, pero no podía hacer nada, a menos que ella lo invitara, eso no había surgido y el trabajo estaba creciendo ahora con las acciones en Europa y américa, más que antes, el trabajo era abundante y cada detalle estaba siendo muy agotador, por lo que comprendía porque su padre no había estado haciendo diferentes continentes, tenía que encontrar la forma de tener más apoyo y se le ocurría llamar a su sobrino Anthony, a quien había estado esperando su regreso, que continuaba en Australia y que a la fecha no había vuelto de su año sabático, tenía que traerlo para que lo ayudara, si no pronto se vería en problemas, mientras que los McKenzie eran tres e incluso la abuela se notaba que también participaba en los negocios, se notaba que la brillantez de su novia era genética de esa pequeña dama que parecía estar en todo con su mirada y sus sonrisas, mientras que él estaba solo con Johnson, ya que Stear y Archie, parecían querer jugar a casarse antes el uno o el otro. Candy lo notaba pensativo y se iba con él, haciéndole platica

- ¿Te gustan los niños?

- ¿Lo dices por Robert Bewley?

- ¿Por quién más?

- Ya sabes que Archie y Stear son mis sobrinos, te falta conocer al más allegado a mí, Anthony.

- ¿Tienes otro sobrino?

- Si, deja te muestro una foto de él, se quedó en Australia con su padre cuando falleció mi hermana, pero mi cuñado falleció tiempo después y él tiene tiempo que no ha vuelto. Albert mostraba su fotografía, un joven muy parecido a su novio, Candy tomaba la imagen y preguntaba

- ¿Es el hijo de tu hermana?

- Si, ella me llevaba muchos años y se casó muy joven. También la perdí muy joven, pero Anthony es mi sobrino directo. Candy con el celular de Albert giraba buscando a su abuelo, contenta por tener a alguien más,

- ¿Abuelo? Candy emocionada lo llamaba y este se acercaba con Robert de la mano,

- ¿Dime hija?

- ¿Vas a tener otro favorito? Mira, es el hijo de la hermana de William. Walter lo miraba y con los ojos llorosos, acariciaba la imagen,

- ¡Oh hija!, no sabía que había dejado un hijo, tu hermana. William respondía,

- Se quedo con su padre en Australia, pero ha estado cerca de mi mucho tiempo, supongo que ahora que regrese, le agradará conocer a la familia por parte de su bisabuela Rosemary, tiene un tío bisabuelo que sin conocernos ya nos aprecia. Emocionado buscaba a su mujer, sin soltar al niño que continuaba yendo de un lado a otro tomado de su abuelito,

- Zoe querida, ven mira, este es mi sobrino bisnieto Anthony, hay otro de mi familia, lo ves. Robert le estiraba el saco y agregaba

- ¿Y yo?

- Por supuesto y tu Robert, eres mi nieto. Candy emocionada notaba que para él su prima era una hermana y haberla perdido había sido muy triste, saber que nunca lo hicieron por lastimarlo, sino por protegerlo, era algo que tal vez le provoco ese infarto, junto a la impactante muerte de los padres de William. Rosemary fue una prima, pero la cuido como una hermana y la vio como tal, el quererla era por ser la última familiar con vida que tenía, saber que había descendientes de él, al menos en los Andrew, muy lejanos ahora, pero era el recuerdo de que no solo Walter y Candy eran ahora su familia, sino que Rosemary le había dejado también familia y seguían ahí, con él, aun con la vejez, el cariño le fortalecía, Candy lo notaba con el amor que mostraba, ahora hasta la abuela Zoe, sentía lo mucho que él había apreciado sus lazos familiares.

Para Albert, ver emocionada a Candy, con la familia de él que directamente era muy poca por parte de su abuela, pero por parte de su padre, había una gran familia que Candy aun desconocía y seguiría así hasta que ella deseara que la presentará como su novia, tenía que buscar el momento de hablarlo, tenía muy poco de estar como pareja, pero no sería siempre escondidos y que afrontarían para poder presentarse, sin lastimar las acciones de los negocios, especular en que afectaría al unirse a él.

Continuará...


Continuamos cada capítulo de las historias, gracias por sus comentarios

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