ADVERTENCIA: Esto es algo así como Yaoi además de que está lleno de drogas, alcohol y más adelante sexo, también habrá volley claro.

Descarga de responsabilidad: HQ! no es mío, si lo fuera hubiera apresurado el encuentro carnal entre Kuroo y Oikawa SE AMAN aunque no se conozcan xD (?

Cronopios del autor: :v sé que me van a odiar allá por el capítulo 14 o 16, pero... no me importa espero y lo sigan disfrutando tanto como yo lo estoy disfrutando en este momento~ ¿hay alguna duda o cosa que no se comprenda? Pueden dejar un review y disipo dudas, menos el final. xD Gracias por acompañarme, y en especial a Rooss, fiel lectora que no se raja por más cursi o tonta que se ponga la cosa.

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Las mil plumas del cuervo

por St. Yukiona

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La luz de la farola del auto último modelo se tragaba la oscuridad que el freeway 8 del Sur de California, USA, abría delante del auto. De a poco Shoyo alcanzaba las 80 millas por hora, la velocidad requerida para estar dentro de una de las carreteras más transitadas de la región. En un principio Shoyo se había sentido morir cada vez que se enteraba de que debía subir a un auto para tomar carretera. Ahora cinco años después de su llegada a la tierra de la libertad, era un pan de cada día trasladarse de una ciudad a otra. Lo único que necesitaba saber es que el auto tenía sus llantas y frenos en buen estado y que el tanque de gasolina estaba lleno, no podía darse el lujo de quedarse botado en cualquier lugar por una llanta rota o por falta de combustible, desde que había sido encerrado en medio de una carambola de autos dos años atrás, donde no había sufrido daños graves más que una cicatriz en la frente que le valió un par de puntadas, su pareja había quedado con los nervios destrozados. Era increíble como alguien cómo él se pudiera romper tan fácilmente por cosas como esas.

Había sido horrible desde el punto de vista de verlo llegar estresado zarandeando a todos los médicos, enfermeras y personas –aunque fuesen médicos- que encontraba a su paso, hasta que sus hermosos ojos (para Shoyo los ojos de su pareja eran hermosos) se encontraron con los suyos. Hinata sonrió con debilidad y aquellos bellos orbes se habían cristalizado para escurrir a lágrima suelta. Una vez a su lado le había estrujado por completo antes de hacerle jurar que estaba bien, que no moriría y que se quedaría a su lado para siempre recibiendo todos los pases que le diera. A Hinata se le rompió el corazón y se sintió como el animal más miserable por hacer sufrir tanto a su pareja. Se besaron tanto restándole la importancia a los ojos que le regalaban curiosos las personas a su alrededor.

La parte maravillosa de vivir en USA y no en Japón es que el tabú de la homosexualidad y el homoamor se estaba superando, no existía un prejuicio como tal y ellos podían ser libres.

La ensoñación terminó cuando pasó por el letrero que anunciaba el fin de la reserva india, y Viejas Casino & Hotel se despedía de sus huéspedes pidiendo que volviera pronto. Observó el reloj del tablero y suspiró. En dos minutos su teléfono sonaría y la contestadora del auto iba a responder por él entonces la cabina del Audi TT iba a llenarse con la voz de con quien compartía cada noche sin excepción desde que se habían encontrado en aquel lugar. Para variar en el reproductor Aselin Debison le empieza a hacer compañía.

I fall in love with you

Shoyo sólo sabe secundarla pues la canción le trae recuerdos graciosos más que románticos. Desde hace tres años que comenzó con su noviazgo en toda regla, la vida de Hinata Shoyo no ha conocido un solo día gris.

Apenas va el segundo estribillo cuando el celular empieza a sonar, el teléfono por inercia contesta y antes de que alguien hable por el comunicador la cantarina pero ronca voz de Hinata resuena. A la persona que escucha del otro lado le suena a ángeles cantando. No puede evitar sonreír mientras lo imagina aferrado al volante y haciendo la cabeza para atrás.

—Un minuto tarde, señor…

—Oh~ ¿Esperabas mi llamada?

—Siempre que vengo al casino me llamas a las 12.50 en punto que es la hora en que termina tu programa… voy en camino…

—¿Quieres que te haga compañía mientras llegas?

—No, son dos horas… si hay trafico serán tres horas, puedes ser un buen novio —novio…—, he ir por un par de chesseburgers al McDonalds del campus...

—¿Ah? ¿A nuestro bebé se le antojo comida chatarra?

—Para nada, me he topado acá al entrenador y ni siquiera pude comer más que ensalada… estuvo detrás de mi espalda viéndome, cuando intenté coger un filete del buffet de carnes me observó como si quisiera cortarme la cabeza… no es "un día de casino" si no puedo por lo menos hacer el simulacro de arterías llenas de colesterol… —se quejó.

—Ya… ya… entonces voy a ello cuando estés entrando a Sunset Blvd.

—Vale, vale… ¿Tu día estuvo bien?

—Horrible como de costumbre… me ha marcado Sawamura.

—¿Daichi-san?

—Sí, me ha dicho que la selección japonesa viene a jugar contra la selección americana, algo así me habían dicho los chicos…

—Ya veo —hubo un incomodo silencio y el ronroneo del auto era lo único que se alcanzaba a distinguir, Shoyo chasqueó la lengua—. ¿Cuándo van a venir?

—El jueves de la siguiente semana arriban y jugaran el sábado…

—¿Vamos a ir?

—Los entrenamientos se van a suspender porque cuatro de los titulares están jugando para la selección así que…

—Vale.

—Por cierto… revisando las últimas cajas de la mudanza encontré unas viejas poleas. Preguntó Max que si puede tomarlas prestadas.

—¿Polainas?

—Sí, son de un kilo para cada pie…

5.- Las polainas de un kilo para cada pie.

Desconocido 20.50

Tengo cáncer de faringe, en segundo estadio, si pasó al tercer estadio posiblemente muera.

Desconocido 20.50

Vaya lo siento, quién eres?

Desconocido 20.52

Hinata del Karasuno, me diste tu número hoy.

Setter americano 20.55

Ya shoyo!

Wooo ese tipo de cosas no se dice por teléfono.

Menos por mensaje de texto.

Te sientes bien?

Shoyo 21.05

Sí, estoy tomando medicamento y todo voy cada dos semanas a Tokio

Setter americano 21.15

Sí, pero tú te sientes bien?

Escribiendo…

Los ojos del bloqueador central se posaron sobre la pequeña leyenda que aparecía en la pantalla de su móvil, un sofisticado equipo color azul que sus padres le habían regalado hacía cuatro meses por haber aprobado todas sus materias, y creían que realmente había sido cuestión de suerte pues en la cabeza de su hijo no cabía nada más que el volley, si no fuera por sus compañeros los señores Hinata estaban seguros que su nene hubiera olvidado su propio cumpleaños.

Setter americano 21.20

Escribiendo…

De pronto dejó de escribir y Shoyo suspiró, había tomado la decisión de explicarle a aquel chico lo que pasaba con él, sobre todo por el regalo que le había llegado a la escuela ese día por la tarde y el cual había evitado apenas por los pelos rescatar de que Kageyama lo tirara por la ventana, no porque quisiera quedarse con el dichoso obsequio si no porque estaba convencido de que la imprudencia de Kageyama un día iba matar a algún pobre diablo, y más si éste fuese pasando por ahí.

El teléfono empezó a sonar entre sus manos de forma insistente con Spell de Lama. Saltó y enseguida contestó, normalmente no recibía llamadas, salvo de su pequeña hermana que le marcaba cada vez que su madre se descuidaba y cogía el teléfono cuando Shoyo se tardaba en regresar a casa. Pero esa no era Natsu, porque Natsu estaba durmiendo en su cama, la escuchaba roncar desde la silla del escritorio donde él hacía tareas.

—¿Sí? —su voz estrangulada sonó grave por la impresión.

—¿Shoyo? —preguntaron del otro lado y el aludido reconoció casi de inmediato la voz de quien hablaba, sólo se despegó por un momento el teléfono de la oreja para constatar que fuera él. Han, el Setter americano. "USA".

—¿USA-san?

—¡Sí! Oye… espero no interrumpir nada.

—No… sólo estaba terminando mi tarea —masculló quedamente mientras alcanzaba su té que se había enfriado. Frunció el ceño y enfundó sus pies en sus pantunflas calentitos.

—Menos mal… me sentí terrible después de leerte lo del cáncer después de todo el cáncer mata… ¿pero ya te prohibieron jugar? —cuestionó al otro lado de la línea y Hinata se quedó plantado en medio de su habitación con la taza de cerámica de un dibujo de un cuervo en la mano.

—Bueno… eso es nuevo…

—¿El qué?

—Escuchar que alguien es sincero —espetó mientras volvía a caminar.

—Pues es terrible… me moriría si eso me pasa… aunque bueno, técnicamente te vas a morir… bueno, todos…

Ambos soltaron una pequeña risa, la broma macabra le había resultado divertida a Hinata, nunca había tenido un humor especialmente oscuro pero desde que aquello estaba contaminando su cuerpo sin duda alguna muchas cosas en él se habían ido oscureciendo poco a poco. Se expandía sin control, cerró sus ojos, lo único que podía detener esa contaminación eran los pases que Kageyama alzaba para él, sentirse libre en el aire y rematar a voluntad, ver desde la cima el terreno enemigo dominado por él: Un pequeño gigante. ¿Cómo serían otros dominios de gigantes aún más grandes a los que ya había enfrentado?

Negó, esos dominios estaban negados ya para él.

—Sí… lo mismo pensé —afirmó.

—¿Te gustaron las polainas? Me ha costado la mitad de mi semana enviarlas hasta tu escuela… espero que si te hayan llegado y no se haya equivocado el mensajero… hubiera querido irlas a entregar yo… but the school and his stupid homework destroy my strategic of go with you today again.

Shoyo volvió a reír ahora ya estaba bajando las escaleras.

—No te entiendo nada, USA-san… —espetó con voz temblorosa el japonés.

—Oh… sorry… lo que decía es que iba a volver a ir pero encargan mucha tarea… así que envié a Yuuji… por cierto… ¿ayer tuviste problemas con tu novio?

La sonrisa se le desdibujó a Shoyo y se quedó serio, miró a su madre que iba pasando y le había regalado un vistazo curioso, seguramente estaba escuchando al otro lado de la puerta para entrar a la sala donde se había metido de improviso.

—Si te refieres a Kageyama-kun… él no es mi novio…

—Porque no —había empezado a tartamudear.

—¿Te parece asqueroso salir con tu setter o con un chico?

La conversación murió segundos después cuando la madre de Shoyo le llamó para ir a tomar su medicamento que le ayudaba a respirar mejor. Sin embargo, la idea de salir con un chico no salió por completo de su sistema al igual que aquella formula recetada por el médico; ni siquiera cuando estuvo en la escuela y miraba sus zapatillas suspendidas en el aire, había pasado sus piernas por en medio de los barrotes de las escaleras traseras del laboratorio donde acudía poca gente, ahí encontraba un poco de paz y se abstenía para no salir corriendo a buscar alguien que le diera pases. Salir con un chico, no, no era salir con cualquier persona, era salir con Kageyama, por ejemplo. La idea de pronto le pareció la peor del mundo pero no pudo dejar pasar por alto el imaginarse cómo sería eso, si a caso cogerse de las manos, salir los fines de semana y enviarse un montón de mensajes cursis, sin contar que en los recesos seguramente iba buscar estar con él para hablar de cosas banales, al menos es lo que sabía de ver a sus compañeros salir.

—Idiota… ¿Dónde te metiste? —gruñeron detrás del bloqueador que lanzó la cabeza hacia atrás sólo para recibir la parte inferior de una botella fría en la frente. Kageyama empujaba suavemente la botella contra la piel del mayor haciéndole saber que estaba enfadado—. Toma…

—Aww… eso duele, Kageyama-kun —bufó el de cabellos naranjas y tomó la botella, la destapó y la bebió sin fijarse que era—. ¿Té?

—Mi mamá dijo que el té blanco ayuda a refrescar las llagas de tu garganta… —explicó escueto tomando lugar a un costado de él. Sacó de una bolsa una pequeña caja de leche y comenzó con el ritual del popote. Hinata observó en sus manos el té y volvió a dar varios sorbos, raspaba y dolía como el resto de los alimentos y bebidas, pero ciertamente, lo frío era un tremendo alivio, cerró sus ojos un momento y se recargó de los barrotes.

—Kageyama… ¿puedo hacerte una pregunta?

—¿Qué quieres? —gruñó.

—¿Tú… saldrías con alguien?

—¿Ah? ¿Qué clase de preguntas es esa idiota?

—Sí… ya sabes, ser novio de alguien… ¿lo serías?

—No necesito de nadie si tengo el voleibol, las relaciones de pareja absorben mucho tiempo, las chicas son lindas pero ellas no pueden suplir mi necesidad de jugar volley o hacer entrenamientos.

—¿Aún cuando ella juegue volley? —murmuró por el atrevimiento más que por la propia enfermedad.

—Hmp… sí ella también juega el volley supongo que también va a estar ocupada, no sacrificaría horas preciosas de entrenamiento o condicionamiento por alguien más… además, si la persona que me gusta está metida en el volley entonces tampoco va querer desperidiciar tiempo conmigo.

—Kageyama-kun suena como un viejo amargado —retó el mayor riendo despacito.

—¡No soy un viejo, idiota! —gruñó otra vez Kageyama antes de jalar el cabello anaranjado a lo que Hinata se deshizo a carcajadas.

La riña infantil siguió varios minutos hasta que ambos quedaron satisfechos y empezaron a platicar sobre trivialidades como el entrenamiento que harían antes de ir a Tokio, el cómo los padres de Kageyama habían contribuido con una buena suma de dinero para el viaje a Tokio y como los padres de Yamaguchi habían ido a hablar con el director para comprender por qué era tan importante el club. Discutieron un poco sobre eso último y los compararon con la actitud del resto de los padres. La campana sonó y Hinata se incorporó, Kageyama tardó un poco más pues su zapato se había atorado entre los barrotes, discutieron que los pies de Hinata eran pequeños y delgaditos como los de una "mujercita", volvieron a reñir pero acabaron cuando Daichi los pilló en la entrada del corredor, los apremió y los dos corrieron al área de primero, iban a tiempo. Sin embargo Kageyama recorrió con la mirada de pies a cabeza a Hinata quien se había adelantado tras ver a Yachi apurada también. El moreno torció el gesto y se acercó de tres zancadas para levantar sin previo aviso la mano de Hinata, la mano donde sostenía el paquete del bento.

—¿Qué es esto, Shoyo? —preguntó Tobio cuando arrebató el bento al mayor y lo agitó sin soltarle la muñeca. Yachi ladeó el rostro un poco preocupada por el tono grave y molesto que el colocador del Karasuno.

—¿Qué es qué? —Hinata intentó zafar su mano y alcanzar su paquete, pero sólo logró que el agarre de Kageyama se volviera más fuerte, duro, al punto que el pulso le tembló al genio del balón.

—¡¿Acaso no comiste, idiota?! —rugió empujando al otro hacia la pared, Yachi se cubrió los labios con manos trémulas, volvía a ocurrir lo de la vez pasada en el gimnasio, ese tipo de situaciones le aterraban.

—¡No es asunto tuyo, Kageyama!

—¿Qué no es asunto mío? ¿Me estás tomando el pelo, maldita sea? —se acercó a él mientras que apretaba con más desesperó la bonita tela roja con gatitos negros y mini-torres con la que el bento estaba envuelto—. ¡¿Me estás tomando el pelo, idiota?! —rugió.

—¡Chicos! —trató de intervenir Yachi consciente de que si llamaban más la atención de lo que habían hecho hasta ese momento iban a tener graves problemas, estaban a semanas de ir a Tokio y no podía permitirse, como futura manager, de que dos de los titulares terminaran por ser suspendidos sin la oportunidad de conseguir al equipo una victoria, sin contar, que no quería que Hinata y Kageyama volvieran a estar peleados como hacía un par de meses, no en esos momentos en que… bueno, en esos momentos no era adecuado.

—No es asunto tuyo, Kageyama… ahora dame eso y hazte a un maldito lado —espetó el más bajito pero Kageyama sintió que fuego le recorría las venas sólo para evaporarse y salir como vapor por cada uno de sus poros, calor amenazante con hacerlo estallar desde adentro. Implosión.

—Tienes razón… no es asunto mío… —farfulló empujando el bento contra el pecho de Hinata que jadeó al golpe, abrazó con sus manos el paquete—. No es asunto mío nada relacionado contigo… ¿qué más da si enfermas peor? ¿Ah? Qué más da si no estás ahí para recibir "humildemente" mis colocaciones. Cualquier otro puede sustituir a Hinata Shoyo… así que no es asunto mío… tienes razón… por mí puedes ir y morirte de una maldita vez para que toda esta mierda termine… —sentenció antes de apartarse empujando a su paso a un par de curiosos que se habían detenido a ver el pleito, que desilucionados vieron que no había llegado a golpes como hubieran deseado.

Nadie había comprendido las palabras de Kageyama, nadie a excepción de Yachi que parecía querer llorar y Shoyo que por primera vez en toda su vida no tuvo tiempo de reaccionar pues las palabras del colocador se habían adherido a su corazón como un anzuelo de caña y ahora tiraban fuerza, Kageyama tiraba y jalaba, no arrancaba el corazón, sólo tiraba para hacerlo morir de dolor.

El entrenamiento por la tarde fue horrible.

Pues el chivato de Kageyama fue con la información a Ukai y a Daichi quienes se encargaron de reprender a Hinata hasta la muerte después de eso, lo despacharon a su casa. La peor parte fue ver de lejos a todos jugar y espiar la situación por el rabillo del ojo, ellos iban a poder jugar hasta las ocho mientras que él tenía que volver a casa para encerrarse y asumir su papel de enfermo. Se sentía devastado y débil. Tuvo que pasar por la tienda del entrenador Ukai para comprar un bollo de carne. Se lo comió sentado en la acera mientras que veía otra vez hacia sus zapatos. Las hormiguitas volvían a trabajar con ímpetu. Dejó caer sin querer unas migas y notó como se hacía el desastre en ese momento en la colonia de insectos. Bufó y siguió comiendo pero dejó de hacerlo cuando volvió a bajar la mirada y notó como entre todas las hormigas comenzaban a remover la migaja. Frunció sus labios y sintió rabia, aplasto con la suela de su zapato las hormigas, al alzarlo había un par de ellas que habían quedado untadas en el cemento y otras más que apenas se movían, el resto se habían puesto locas. Su boca se volvió a mover y reflexionó que su cáncer tal vez era el resultado de un dios caprichoso que había dejado caer la migaja sobre la colonia y él había sido el único herido. Nuevamente observó como las hormigas parecían dar auxilio a las otras hormigas y entonces recordó a Kageyama.

—… maldición —susurró tras medio segundo de contemplación a su bento intacto y se incorporó sólo para sufrir una descompensación.

Decir que su cuerpo quedó untado contra el pavimento como el cadáver de aquellas pobres hormigas es mucho, aunque si se puede afirmar que quedó tendido sobre un camino de hormigas que se congregaron alrededor del bollo de carne que quedó a su merced después de que Hinata Shoyo no despertara. La dependienta que cubría a Ukai lo encontró sólo dos minutos después tras acomodar el jabón de baño en su repisa.

La ambulancia tardó en llegar apenas diez minutos y Hinata despertó casi tres horas después. Había suero intravenoso conectado a él, su boca se sentía extraña y el rostro le dolía: había aterrizado sobre él. Cerró nuevamente sus ojos. El lugar donde la aguja rompía la carne y el líquido pasaba directo a sus venas dolía un mar, pero más dolía perder un partido. Comparó la situación como la vez que habían perdido contra Aoba un año atrás.

—¿Shoyo? —una voz llorosa y copiosa. Hinata abrió los ojos con pesadez nuevamente, sólo para cerrarlos.

—Está débil… no creo que pueda responder o despertar a todas luces en este momento —explicó con calma una voz madura que no reconoció. Un médico, pensó Shoyo sin oponerse al cansancio que experimentaba—. Temía que esto pasara… estamos frente a un cuadro típico de pacientes que sufren cáncer, experimentan una falta de apetito, muchas veces ni siquiera ellos mismos saben que no han comido pues el estomago puede enviar señales al cerebro indicándole que está satisfecho.

—Escuché que cuando esto pasa significa que el cáncer está avanzado, usted nos dijo que estábamos en el segundo estadio y todo estaba bien —acusó la voz de la madre de Shoyo.

—Es cierto que un cáncer avanzado provoca falta de hambre pero hay otras causas como acumulación de líquidos o agrandamiento del bazo que empuja el estomago y lo hace creer que está lleno o quizás sea el cambio en el metabolismo… he mandado hacer las radiografías y análisis de sangre para descartar las teorías, en todo caso la siguiente semana comenzaremos Megace que es una hormona progesterona que ayudan a mejorar el apetito y pequeñas dosis de marinol, un cannabinoide producido en laboratorio que estimula el apetito…

—No quiero a mi hijo consumiendo cannabis, él es deportista.

¿Papá?, Hinata ahora quería abrir los ojos y ver de primer mano a su padre. ¿Acaso había hecho todo el viaje desde Sendai sólo por él?

—Señor, habíamos hablado que en uno o dos meses si la cosa no cambiaba iba a tener que dejar el equipo escolar.

—Usted no lo entiende… mi hijo se marchita todos los días… quitarle el volley sería como darle el tiro de gracia.

—Estamos hablando que si se sigue esforzando nos estaremos viendo más seguido en esta situación, es momento de decidir que es importante para ustedes, no para él.

Hubo un silencio que perturbo la atmosfera y Shoyo luchó con abrir los ojos pero no pudo hacerlo. Sólo un rato después, o quizás mucho tiempo después, podía escuchar un ruido que reconocía perfectamente.

"Pum, pum, pum, pum".

Abrió sus ojos casi de golpe, y los tuvo que entrecerrar debido a que la oscuridad densa le confundía. Vislumbró una luz tenue a un costado y más ruido, el olor a cloro que conocía de los hospitales. Cloro, medicina y enfermedad. Saboreó su boca y la sintió seca. El "pum, pum" se detuvo y en cambio unas pisadas se acercaron. Sus ojos cansados entonces se encontraron con el perfil de Kageyama que con el gesto serio servía agua en un bonito vaso de cristal. La única parte "buena" de tener cáncer es que el hospital especializado en oncología de la prefectura estaba en Tohoku y estaba recién inaugurado, así que todo era equipo de primera. Los largos y hábiles dedos de Kageyama sostenían a la altura de su rostro el vaso de agua y Hinata no tenía fuerza suficiente para alzar la mano, ni siquiera para seguir respirando, de hecho. Tobio sin decir nada se sentó en la cama y alzó la cabeza de Hinata para acercar el vaso de agua a él.

Se sintió mejor que cualquier cosa. El rubor por la escena en general no tuvo tiempo de aparecer pues estaba seguro que su sangre estaba circulando a una velocidad mínima, era consciente que su corazón palpitaba con lentitud y que el agua que escurría por su garganta, provocando un horrible escozor, no iba directo a su estomago, no, iba a todos lados, desparramándose y bañando pulmones, páncreas, bazo y costillas. Cerró los ojos con el vaso aún contra sus labios. Kageyama dejó cabeza naranja sobre la almohada y se quedó sentado en la cama.

Su madre lo había llevado al hospital tan pronto como él se enteró por medio del chat que compartían todos los del Karasuno. Ukai sensei lo había comentado y Tobio había incitado a su madre a llevarlo aunque eran las nueve de la noche. Por suerte, al llegar al hospital la madre de Hinata estaba entrando con un vaso de té al ascensor y Kageyama la había reconocido, detuvo las puertas del elevador y la señora agradeció, por dentro, de ver ahí a un niño de 15 años asustado, aterrado, con las rodillas temblando.

"Recuerda que mañana tienes entrenamiento y escuela, Shoyo-kun debe descansar, así que no lo despiertes", fue lo que dijo su madre, tenía diez minutos o quizás veinte, veinticinco si fingía demencia, y treinta en caso de que a la enfermera se le pasara la hora para cambiar la medicina de Shoyo.

—Mañana van a venir a verte —dijo muy bajito dándole parcialmente la espalda. El de cabello naranja podía ver perfectamente el perfil de su setter.

—¿Vas a venir tú? —susurró Hinata.

—… —gruñó una especie de sí.

—Kageyama…

—Hinata.

La voz sonó fuerte y clara, no era la típica voz bajita y culposa, apenada y enferma que se susurraba en los hospitales. El 10 del Karasuno se quedó en espera de lo que el otro iba a decir.

—Me preguntaste si saldría con alguien hoy… ¿cierto? —miró de reojo al que estaba en cama a lo que este afirmó—. Si te hubiera contestado "Sí saldría con alguien" y te hubiera contestado: "contigo", ¿entonces el que no comieras sería "mi asunto"? —preguntó pero ahora no lo veía observaba con la misma cara rígida y entrecejo fruncido el balón de volley que había encontrado en una esquina de la habitación. Al parecer el padre de Hinata lo había llevado al cuarto para animar a su hijo un poco, Kageyama había estado sentado tirándolo hacia el techo mientras esperaba a que su tiempo con el mayor muriera para poderse retirar. Sin embargo, se había dado la oportunidad, y era momento de sacar de su cabeza aquel pensamiento que le asechara desde la discusión con su compañero.

Para este momento, Hinata había muerto y vuelto a revivir, había vivido una feliz vida y volvía a estar donde comenzó. Ni siquiera se había cuestionado sobre una posible homosexualidad, no tenía sentido cuestionarse su propia heterosexualidad si el que preguntaba aquello era Kageyama quien era más o menos tan idiota como él, y decir que él era idiota era decir mucho. Hasta donde el de cabello anaranjado sabía jamás había besado a una chica y si mal no recordaba jamás había entrado al juego de ver con qué pants se veía mejor Shimizu-san, es más, para Kageyama la manager era otro, OTRO, compañero más del Karasuno sólo que con senos, ella tenía tanta fuerza como Azamune y era inmutable. Ella no le desagradaba a Tobio y hasta ahí. Básicamente, el interés sexual de Kageyama por el género opuesto era igual a Cero.

—¡Contéstame con un demonio! —gritó exasperado Kageyama sólo para cubrirse la boca con ambas manos y ver como en Hinata se formaba una sonrisa que lentamente iba tomando más y más camino hasta convertirse en una cosa enorme, radiante y que taladró las manos del menor.

—Te van a venir a sacar, Kageyama idiota —masculló.

—Tú tienes la culpa por quedarte como estúpido y no decir nada…

La puerta se abrió, la enfermera acompañó a Kageyama a la salida y lo entregó con su madre. Había desertado a todos los enfermos del pabellón de descanso. Los Kageyama y la señora Hinata se disculparon, ambas madres se despidieron afectuosamente prometiendo una reunión con prontitud nada más Hinata estuviera dado de alta, a Kageyama le importó nada. En el auto amarró el cinturón de seguridad frustrado y espero con paciencia llegar a casa para tratar de dormir, o ahogarse en la almohada hasta morir, después iba a convertirse en fantasma sólo para joder por el resto de la vida a Hinata. A medio camino del estacionamiento, en medio del cotilleo de su madre que parecía extasiada por la amabilidad y "todo lo demás" que tenía la señora Hinata, el teléfono del hijo vibró.

Al leer el mensaje los ojos le brillaron al moreno como si hubiera destruido la defensa de un equipo poderoso sólo con una jugada, pegó la pantalla a su abdomen. Miró a su madre, después la carretera y cerró los ojos sintiendo como la fuerza de gravedad cambiaba su curso y le obligara regresar a ese hospital para obligar a Hinata, aunque fuera necesario el uso de la fuerza, a decir lo mismo pero con su vibrante y ronca voz adquirida por la enfermedad.

Estúpido Hinata, estúpido Shoyo.

La ida al hospital se canceló pues Hinata había sido dado de alta esa misma mañana y ahora estaba en casa, sólo necesitaba descansar más pero no iría lo que restaba de la semana y la siguiente semana. Faltaba menos de un mes para la nacional y si Hinata ya estaba en casa es que estaba bien así que ellos necesitaban ganar y adecuarse sin una pieza fundamental. Nada les aseguraba que el número diez pudiese jugar los partidos completos.

Lo que no pudieron evitar fue ver como el setter estaba más brillante que nunca. Era como si todos esos días en que había estado sufriendo de un estrés y dando pases que rayaban muchas veces en lo mediocre fueran sólo una forma de acumular fuerzas para después hacer lo que había hecho en el entrenamiento: Pases limpios, fuertes y condenadamente precisos. Daba más miedo que de costumbre la exactitud de Kageyama y se preguntaban si tenía algo que ver con que Hinata había salido del hospital. Desde luego, él no había dicho absolutamente nada sobre su visita y dudaba que les fuera a hacer siquiera una mención.

—Tomen diez minutos —concedió Ukai después del entrenamiento de saque. Posterior a ello Kageyama se acercó hacia donde su sudadera se encontraba y con bote de agua en mano se dispuso a releer el mensaje de texto. No era un adicto a la tecnología como Kenma del Nekomata o el propio Tsukishima pero había una razón poderosa para haber desacatado la orden de Ukai de no llevar teléfono al entrenamiento.

Su rostro se mostró con determinación, lo más parecido a una sonrisa de felicidad.

Sí te dije eso, fue porque tú dijiste primero lo otro —leyó por sobre su hombro Tsukishima—. ¿Qué clase de mensaje es eso, rey?

—¡No espíes a los demás! —vociferó Kageyama totalmente fuera de sí, normalmente no caía en las provocaciones del rubio pero aquello había sido el colmo. Para Kageyama ese mensaje era algo mucho más importante que su propia existencia, en una lista de importancia ese mensaje estaba en el número "dos" debajo del volley.

—Oh, el rey está avergonzado.

—Con un demonio, no estoy avergonzado —espetó otra vez fuerte.

—¿qué ocurre, Tsukishima, Kageyama? —habló Daichi.

—Oh… el rey está leyendo sus mensajes de amor pero la chica con la que sale es incapaz de hilar dos palabras con sentido —inquirió alejándose, había cucado demasiado al moreno que parecía iba a explotar de lo rojo que estaba, quizás era por la ira, o quizás por la vergüenza. Quería morirse, ser tragado por la tierra y salir en algún paraje desolado donde comenzaría su vida de cero, inventaría el volley y enseñaría a los nativos que vivieran en la zona a jugar. Sí, sonaba a un buen plan.

—¿Un mensaje de amor?

—Kageyama, como tu senpai te instruiré sobre cómo tratar a una chica.

Las bromas no se dejaron esperar y pronto el Karasuno completo parecía interesado. Lo instigaron tanto hasta que les mostró el mensaje, pero así como a Tsukishima le había parecido algo sin sentido, el resto del equipo lo vio justamente igual. Claro, a diferencia de Noya y Tanaka que abrieron sus ojos enormes y sonrieron al borde de las lagrimas.

—¡Nuestro querido armador está listo para aventurarse a las senderas confusas del amor! —exclamó el primero.

—Mucha suerte, Kageyama, mucha suerte… si tú tuviste suerte, entonces… aún hay esperanza para nosotros.

Noya y Tanaka se miraron con intensidad para girarse y revolotear alrededor de Shizumi que los ignoró olímpicamente mientras que empezaba a recoger los botes de agua.

—Kageyama, pensé que estabas saliendo con Hinata —soltó sin mucha ceremonia Ennoshita.

—No, aún no salimos por eso él me grito que no era mi asunto —informó Kageyama como si todos entendieran el contexto—. Pero ayer le pregunté que sí salíamos entonces ese se convertiría en mi asunto. Al parecer dijo que sí, así que lo más probable —se quedó pensando un momento—. Quizás comience a salir con Hinata para que sea mi asunto, se deje de idioteces y vuelva a comer, de ese modo pueda regresar pronto y pueda jugar en las nacionales.

Había dos teorías al respecto del modo de maquinar de Kageyama.

La primera: Que era un denso para las relaciones humanas.

La segunda: Que en su cabeza no cabía nada más que sólo volley.

Y había una tercera que normalmente no era bien vista por Daichi porque era ofensiva, después de todo se hablaba de Tsukishima como el autor de dicha teoría, pero que ahora parecía total sentido.

Esa tercera dictaba que Kageyama, realmente era un idiota.

Ese día por la tarde, Hinata se levantó de la cama. Estaba cansado de estar enfermo. Quería ir a jugar volley y poder compartir con sus compañeros, retomar su vida de donde la había dejado. Y hacerle entender a Kageyama que él estaba bien. Por algún motivo la situación lo de "salir con alguien" y "no es tu asunto" lo tenían totalmente intranquilo, y la única forma de tranquilizar ese "doki doki" que su corazón hacía era jugando volley.

Todos estaban avanzando y él estaba desperdiciando tiempo.

No más.

Sacó de debajo de su cama la caja de Nike, y sacó las polainas.

Shoyo 5.50 pm

¿Cómo se usan estas cosas?

Setter americano 5.55 pm

Las pones en tus pies y saltas.

Luchas contra ellas para poder saltar.

Cuando te las quites, saltar una altura mayor no será problema.

Podrás volar más alto.

Volar más alto, eso es lo que quería hacer.

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St. Yukionna.

Quien los ama de corazón, costilla y pulmón.