ADVERTENCIA: Esto es un AU así que la situación que se plantea obviamente no es real, ni siquiera se acerca al canon, aunque en algunas partes si lo hará así que advierto "spoilers" del manga más adelante. Posiblemente la clasificación suba en los siguientes capítulos así que no se rasguen las vestiduras.
Descarga de responsabilidad: HQ! no es mío, si lo fuera hubiera apresurado el encuentro carnal entre Kuroo y Oikawa SE AMAN aunque no se conozcan xD (?
Cronopios del autor: Es el sexto capítulo de esta bella historia que cada día amo más pero al mismo tiempo me confunde bastante. Se supone que hoy debía de actualizar: "El circo de las rarezas" pero... el día domingo mi computadora enfermó y borró todo TODO lo que tenía escrito de mis fics. No obstante, estoy trabajando arduo para rescatar de mi disco duro mental todas esas escenas que conforman mis bobitas historias. Este capítulo pues... como siempre, salió gracias a la increíble presión que Rooss ejerce en mí con sus maravillosos comentarios que capítulo a capítulo me lanza llenos de ideas, comentarios, dudas y sugerencia. La adoro. También agradezco mucho a todos los lectores que dan "favs" y "follow", me hacen increíblemente feliz. Gracias por seguir acompañándome.
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Las mil plumas del cuervo
por St. Yukiona
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6.- Oh what a world by Rufus Wainwright.
Men reading fashion magazines
Oh what a world
It seems we live in
Straight man
Oh what a world
We live in
Why am I always on a plane or a fast train
Oh what a world my parents gave me
Always
Travelin' but not in love
Still I think I'm doin' fine
Wouldn't it be a lovely headline
Life is
Beautiful on a New York Times
…
De Tokio a Kyoto, de Kyoto a Los Ángeles, en Los Ángeles procuraba no estar más de dos días, y cuando pasaba regresaba a Japón, oh, pero en Italia será el Grand Prix ese año y es momento de reservar de una vez, no puedes ir con el equipo porque tienes asuntos que atender antes, por lo cual te toca viajar solo. Solo. Y piensas en Hinata y en lo maravilloso que hubiera sido poder seguir con él, seguir con él aunque las cosas de ante mano ya sabías que iban a acabar mal. Aunque por si mismas ya estaban mal.
En un avión, en un tren bala, pero nunca enamorado.
…
Sus ojos se abrieron cuando su cuerpo se sintió un nudo de desesperación y tristeza. Había despertado con el rostro mojado y la boca con sabor a hiel. El subconsciente lo había traicionado mostrándole el peor escenario posible para final de aquella odisea que estaba por decidir tomarse como suya, como propia. Lo peor fue cuando se dio cuenta que esa posibilidad era la más real y sus manos trataban torpemente en recoger sus lagrimas que no querían parar. Dejó de luchar y se dedicó a hundirse así mismo en esa desesperación que había empezado a crecer y crecer. Abrazándose por el vientre y sintiendo miserable, Hinata como sea iba a morir pero él se iba a quedar ahí con el dolor de la ausencia.
¿Exactamente qué estaba pasando con él?
—Tobio.
Los ojos del menor se abrieron nuevamente, estaba despierto desde hacía dos horas pero apenas estaba viendo bien el mundo, y veía que ya estaba desayunando, vestido y peinado.
—Mande.
—Te pregunté: ¿Qué está pasando contigo?
—Nada, lo lamento… mala noche.
—Eso lo sé… estás pálido y tienes ojeras hasta las mejillas ¿Seguro que no quieres descansar?
—No puedo, hoy hay practica… en dos días nos vamos a Tokio —anunció con voz suave antes de volver a comer. Su padre para esa hora ya no estaba en casa, de hecho a Tobio se le había olvidado los rasgos particulares de su progenitor y ahora sólo recordaba que era un hombre de traje. Era triste, pero en realidad no le importaba al hijo único. Después de todo podía comprender la pasión que su padre sentía por su trabajo pues era similar a la que él sentía por el voleibol.
—De acuerdo, sólo ten cuidado… ¿quieres?
Su madre. Su dulce madre. Los ojos azules se fijaron en la sonrisa grande y hermosa de su progenitora, ocasionando un leve asentimiento por su parte, jamás se llenaría o se cansaría de esa sonrisa, y aunque por algún tiempo pensó que ocurría igual que con la sonrisa de Hinata, se dio cuenta en ese momento que en realidad eran distintos los lugares que llenaba la sonrisa de su madre y los que llenaba la de Hinata. Una vez listo partió rumbo al entrenamiento.
Entró a la escuela y directo al salón del club, ahí se encontraba Suga que parecía apresurado en ir al gimnasio, sin embargo aún era muy temprano como para que fueran reprendidos por llegar tarde, pero Kageyama se vio contagiado por la prisa del contrario y pronto se encontró embutiéndose en el pants. Después de colgar su uniforme en su área habitual bajó de dos en dos los escalones, se supone que Hinata estaría en cama después de la descompensación que había sufrido hacía unos días, y no haciendo un extraño calentamiento alrededor de la red. Por tal motivo el corazón se le paró al setter que ingresó tropezando por ponerse los tenis.
—Oe, Hinata —llamó.
Los ojos de Daichi y Ukai que supervisaban el entrenamiento del menor y los del aludido se giraron hacia el que recién llegaba.
—¡Kageyama! Buenos días —saludó sonriendo el sol de Karasuno.
—¿Qué se supone que haces? ¡¿Qué se supone que hace?! —preguntó desesperado al que saltaba queriendo alcanzar el borde superior de la red. Los ojos del moreno recorrieron el cuerpo de su compañero tratando de encontrar alguna malformación, algún daño, algún deterioro pero sólo encontró el mismo cuerpo menudo que había seguido durante tanto tiempo para acompasar su ritmo al de él.
—Kageyama —habló Daichi con voz seria como tratando de calmar al genio pues parecía una bomba molotov a punto de esparcir la destrucción después de detonar.
—Hinata me ha llamado para avisarme que el doctor le ha dado permiso de entrenar dos horas al día… —y no era una mentira, el doctor tras ver sus resultados después de haberle dadod e alta había autorizado dos horas de entrenamiento al día: una por la mañana y otra por la tarde—. Así que decidimos Sawamura y yo que sería mejor si era antes del entrenamiento con el resto de los chicos.
—Pero ¿cómo vamos a coordinar para las nacionales? —cuestionó agitado Tobio.
—Kageyama —llamó Ukai sin dejar de ver a Hinata que parecía aferrado en alcanzar con un solo salto la línea blanca de la red que temblaba cada vez que era rozada—. Hinata no tiene permitido jugar más de 15 minutos por el esfuerzo en el ritmo de su respiración… sería un problema para la escuela si algo le llegase a pasar a Hinata por negligencia nuestra… —explicó el hombre con tranquilidad.
El aterrizaje de Shoyo y sus tenis chillar contra la duela hicieron reaccionar a Kageyama que observó a su rematador favorito seguir con sus ejercicios. Amarrado a sus tobillos se encontraban aquellas polainas que el tipo del Horizon le había obsequiado. No había tiempo para enojarse por ese motivo. Ahora lo que importaba es que Shoyo quizás no estaría en el frente de guerra pero por lo menos pelearía desde su trinchera.
—Necesitamos alguien que sirva para Hinata… Suga y yo vamos a bloquear y después le tocará a Hinata bloquear mis remates —explicó Daichi—. ¿Te gustaría ayudarnos, Kageyama?
¿Qué no era obvia la respuesta?
Kageyama se sacó la sudadera junto con los nervios que le abrazaban en ese momento. El estruendo de la multitud en las butacas hacían un eco sonoro en su cabeza y en su estomago. Hinata de haber estado ahí se habría vomitado encima como casi siempre pasaba. Pero seguramente estaría en una de las gradas con la frustración al tope, al no poder pararse en ese enorme escenario donde el Karasuno ahora plantaba sus garras. Frente a ellos, una preparatoria de Kansai, la mejor de su prefectura.
En gradas Hinata observaba con ojos serios y gesto plano a sus compañeros en las canchas a su lado Yachi y el resto de la porra de Karasuno, aunque hubiera deseado no se le permitió ni siquiera estar en la banca pues conociendo al menor iba terminar convenciendo a Ukai de meterlo por lo menos cinco minutos, gracias a los cielos y los dioses, el entrenador era un hombre responsable que anteponía la salud de sus jugadores antes que sus pasiones y deseos, y había enviado a Hinata lejos, lo más lejos que se había resistido a ir.
—¡Vamos, vamos Karasuno! ¡Vuela, vuela Karasuno! ¡Vamos, Vuela, Karasuno! —era la porra que se habían rescatado del álbum de los recuerdos los maestros que habían estado presentes cuando el Karasuno había sido potencia en los tiempos del Pequeño Gigante y ahora se la habían enseñado a los jóvenes para que fuera cantada para animar a sus héroes. Los estudiantes asistentes habían sido escusados de sus clases y es que si bien sólo se trataba de una final más de voleibol, era la primera vez en años que un club de aquella preparatoria representaba a la prefectura a nivel nacional.
—¿Por qué Kageyama comenzará en la banca, Hinata? —cuestionó Yachi, el de cabellos naranja se recargó del barandal mirando el lugar que él estaría ocupando de haber estado sano.
—Es una estrategia, buscaran medir la fuerza y neutralizar con el saque de Suga al tipo rematador del otro equipo —explicó con simpleza—. Hemos estado viendo los vídeos de los partidos de ese equipo, es la cuarta vez consecutiva que logra llegar a las nacionales y Kageyama junto con Daichi creyeron que ya tenían un modo muy sólido de jugar así que… fue tiempo que nos pusiéramos serios.
A Yachi le pareció la explicación de un experto profesional, fue inevitable que su corazón hiciera "doki doki". La personalidad explosiva de Hinata, y la personalidad apasionada de Hinata. En combinación era un chico increíble y digno de ser admirado. Se preguntaba por qué no era más popular entre las chicas y la respuesta le llegó casi de inmediato cuando su mirada siguió el objeto de atención de Shoyo, aquel punto que no le dejaba ir: El balón de voleibol que iba y venía por encima de la red. Uno y dos puntos, directos gracias a Suga, el rematador del otro equipo con tal de no tocarlo y confiando que algún otro compañero iba a defender ese punto se alejaba del punto de impacto y el balón acababa por estrellarse contra la duela. El primer punto para el equipo contrario fue un error técnico del Karasuno donde Noya no había servido bien a Tanka. Pero siguieron adelante con firmeza. Yachi se relajó, de algún modo era reconfortante tener a Hinata con ella en ese lado de la visión, aunque gran parte de su pensamiento estaba en predecir que hubiera hecho Hinata en tal o cual situación dentro de la cancha.
Pasado en el marcado seis para Karasuno, el silbato del árbitro sonó y el esperado cambio se dio. El número diez del Karasuno ingresó por fin a la cancha y la porra del Karasuno resonó animado a su colocador que iba a sacar, Suga y Kageyama chocaron palmas con mirada fiera y decidida. Ese sería su año. Debía de ser su maldito año. En honor a lo que habían sufrido. En honor a los que habían perdido. En honor a aquellos que se estaban privando su derecho divino de pisar esa cancha: Oikawa, Iwaizumi, Aone, Takeru, Terashima.
Hinata.
Su mirada se alzó buscando hacia las butacas donde se encontraba la porra del Karasuno. El del cabello naranja se había precipitado al borde sólo para observar cómo es que el otro ingresaba por lo cual estuvo en la posición perfecta para intercambiar miradas. Duró apenas un segundo. Pues pronto el balón Mikasa le fue colocado en las manos y él tuvo que hacerlo girar para después rebotarlo.
Al momento en que el balón se elevó Karasuno empezó hacer mucho ruido que se calló de golpe cuando la palma de Kageyama se estrelló contra la bola de piel y volvieron a rugir cuando ésta cruzó la red. Era una forma de animar bastante extraña, nada organizada y más bien salvaje, pero aún con todo eso, la porra iba exactamente perfecta con el equipo más extraño de la prefectura. La visión de unos cuervos carroñeros que buscaban desgarrar la carne del oso que tenían al frente. La muralla había cedido ante ellos, los lobos habían muerto, del águila sólo quedaba el recuerdo de que una vez había volado. Los cuervos, los malditos cuervos estaban dominando los cielos, y es que en los terrenos más hostiles habían aprendido a expandir sus dóminos.
Oh, qué mundo era ese.
Como siempre, el servicio con salto de Kageyama fue brutal, lo había estado entrenando las últimas semanas y ahora parecía que lo dominaba con una buena precisión, aún no era tan devastador como el de Oikawa, pero iba para ese rumbo, perfilándose para batir cualquier reto, justo como se esperaba del prodigio. De seguir empollando el ataque con dedicación y esfuerzo como hasta ese momento había estado haciendo terminaría por aplastar contundentemente al exarmardor del Seijoh que seguramente debía estar viendo la transmisión del partido de forma obsesiva desde la habitación de su mejor amigo.
—Hmp… Chibi-chan no está en la alineación —susurraría Oikawa mientras que revisa el programa del partido desde su teléfono.
Iwaizumi a su lado gruñiría. No es como que le interesara aunque llama la atención el detalle del tiro que Oikawa se perdería por seguir divagando en el móvil.
—¿Veremos el juego o seguirás enviando tus estupideces por teléfono, Burrikawa?
—Lo siento, Iwa-chan… no creí que te fueras a poner celoso, Iwa… Ah… ah… duele Iwa-chan…
El primer remate hizo que Hinata contuviera el aliento. Las piernas le dolieron ante la tensión general de su cuerpo, él deseaba estar allá abajo y no viendo lo genial que era Kageyama, al contrario, anhelaba ser genial con él. Pidiendo el siguiente pase y rematando con todas sus fuerzas para hacerse acreedor de un momento de gloria con su colocador. Apretó los labios frustrado y dolido. Se acarició el pecho. Subió la mascarilla blanca que le había pedido el médico que usara y se sentó por fin en las gradas aún sin perder detalle del duelo. Yachi ocupó lugar junto a él.
— ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo?
—Sólo me maree un poco, pero estoy bien —inquirió sonriendo, pero sus puños apretados y tensos decían otra cosa. Al igual que su mirada seria y analítica, en algunos momentos tenía ciertos ademanes cómo si quisiera él mismo saltar a rematar. Desde su asiento, silencioso refugio, podía ver las jugadas y predecir el movimiento por la forma en que sus compañeros se movían. Las señales ocultas y los puntos muertos.
—Yachi… ¿traes tu libreta? —murmuró con las mejillas sonrojadas. Se había quedado un instante sin aire pero lo había sabido sobre llevar perfectamente sin llamar la atención. Luchando para no morir segundo tras segundo. La rubia le pasó lo deseado y con garabatos que aseguraban ser la caligrafía de un alumno de preparatoria redacto sobre lo que estaba viendo. Puntos ciegos, errores que podían ser corregidos. Momentos e ideas para un ataque en conjunto.
¿Debía agradecer por algo en su vida?
Sí, no haber sido llamado a la concentración para adolescentes sobresalientes, como a él le gustaba llamar a esos campamentos donde Tsukishima y Kageyama habían parecido cambiar, él también había cambiado y evolucionado, apenas nada, pero lo había hecho. Veía los partidos desde otros ojos, no los mismos ingenuos que adoraban a una figura difusa como el Pequeño Gigante, sino un par de ojos que miraban hacia la victoria aunque la muerte le respirara al oído.
¿A qué equipo estás aspirando, Shoyo?, había preguntado el armador del Horizon la tarde en que había ido hasta Karasuno para confrontarlo. En ese momento el de cabello naranja no había tenido una respuesta, pero ahora, tras una exhaustiva meditación –los enfermos aunque no pareciera tienen mucho tiempo para meditar su miseria—encontró la respuesta: El equipo al que aspiraba era uno donde pudiera seguir jugando. Seguir jugando hasta que los pies se le cayeran, en la cancha o fuera de ella. Él quería seguir ahí. Vivo. Ganando.
A guardó cinco, diez minutos, y siguió anotando, quizás en ese momento sólo eran frases, pero esas frases le ayudarían a relacionar el momento del partido con la idea que había tenido, o quizás al final del día sólo serían palabras sin sentido alguno. Aún trabajaba duro en su concentración, pero seguro que estar ahí. Fuera de la cancha, libre de presión aparente debía tener algún tipo de beneficio. No podía sentarse y pensar que todo era una maldita pesadilla. Si empezaba a caer en la desesperación iba a ser consumido por el profundo hoyo negro que el doctor le había advertido: Todos los pacientes en algún momento dejan de luchar y es cuando la enfermedad aprovecha para empezar a matarlos. Él no dejaría de luchar, porque Karasuno lucha hasta el final. Vuela hasta el final.
—¿Te sientes mejor? —cuestionó la futura manager acomodando un mechón detrás de su oreja y el de cabello naranja afirmó, sonreía detrás de la máscara.
—Mejor, gracias… —respondió. Sólo ese segundo de distracción fue suficiente para haber perdido de vista el cómo el balón entraba de lleno al rostro de Kageyama y éste era despachado al piso de espaldas.
Había sido un golpe directo desde la posición frontal del rematador a la cara del setter que había ido a bloquear, la distancia había sido mínima y la fuerza del remate brutal. Takeda-sensei ni siquiera tuvo que pedir tiempo fuera pues el mismo árbitro había detenido momentáneamente el partido. No era la primera vez que Kageyama recibía un golpe y sangraba, sólo que en ese momento Hinata se había dado cuenta que la intensión del otro rematador había sido esa: dañar a su compañero. Eso había sido bajo y vil.
— ¡Kageyama! —gritó desgarrando los hilos de su voz mientras se apresuraba al barandal.
En la cancha Daichi se acercaba junto con Shimizu y Ukai. Sólo era sangrado no había caído desvanecido como Sawamura en su momento contra el equipo de Takeru en las eliminatorias de la prefectura. No obstante por el gesto confundido de Kageyama se podía apreciar que el golpe le había dañado en algún nivel. Le tuvieron que retirar y en su lugar entró Suga. Por suerte el del lunar había estado en compas constante con el equipo en general desde que se supo que Hinata quizás no iba a poder jugar debido a su enfermedad. Así que no fue una atajada directa para Karasuno, por el contrario, habían encendido su interruptor y ahora buscarían venganza, ¿cómo harían esa venganza? Arrancando uno a uno los puntos necesarios para aplastarlos y finalmente pasar a la siguiente ronda. Pues todos habían visto las negras intenciones del equipo contrario, querían jugar sucio con los cuervos, mala idea.
Tadashi y Shimizu acompañaron a Kageyama a la enfermería, Tadashi soportaba el pecho ajeno mientras que Shimizu se apresuraba en darle pañuelos para parar la hemorragia, Kageyama se maldijo por no haber leído el impacto, había estado tan ávido de manterse en el juego que había olvidado que los seres humanos son de naturalezas crueles que podían arrastrarse a sus más bajos instintos para obtener sus deseos, en este caso, el deseo de ambos equipos eran los mismos pero mientras Karasuno iba por ello trabajando en equipo y explotando sus habilidades, el otro al parecer, hacía uso de artimañas bajas y ruines.
Antes de poder cruzar más allá del pasillo los brazos golpeados de Hinata se aferraron por la espalda del lesionado que trastabilló ante el repentino contacto. Éste se detuvo en seco y viró su cabeza, al ver la cómo la cabellera naranja se restregaba contra él se separó sólo para abrazar con una mano al mayor, la otra sostenía el pañuelo contra la nariz.
—Estoy bien —murmuró Kageyama con voz nasal y aguda. De no ser por la situación cualquiera hubiera reído, pues de por si la voz de adolescente comenzaba a sufrir de la pubertad y sus cambios.
—¿Seguro que estás bien? —insistió Hinata apenas separándose y mirarle con ojos acuosos que amenazaban con empezar una lluvia intermitente—. Lo hizo a propósito, quería golpearte, están jugando sucio… ¡no es justo! —aulló—. De haber estado ahí…
—Quizás tú hubieras salido lastimado por ser Hinata Idiota —comentó Kageyama cogiendo de la cabeza al menor para sacudirlo.
—¡Oi! —se quejó el mayor al tiempo que el corazón se le detenía por unos momentos debido a la suave sonrisa que adornaba el hinchado rostro del colocador. Mojó sus labios y sintió ahora sus costillas doler, iban a romperse pues de estar inerte su músculo vital había empezado a latir de forma desesperada.
—Hinata, debemos de llevar a que revisen a Kageyama —anunció Shimizu.
—Oh… —apretó los labios y se separó un poco para permitir que siguiera caminando. Kageyama le regaló una última mirada y jaló la nariz ajena. Tadashi y Shimizu eran quizás los más tranquilos del club, siempre cuando el primero no se encontrara con Tsukki, podría decirse que eran también los más observadores, así que no fue misterio ni sorpresa aquel gesto cercano que el moreno tenía con su rematador. Después de todo, Shimizu siempre había creído en secreto que la forma en que el otro levantaba para el de cabello naranja tenía más connotaciones que sólo las que implicaba la de armar una jugada. De haber estado Tanaka o Nishinoya aquello hubiera terminado en burlas, e inclusive de haber estado Daichi hubiera preguntado a Kageyama si estaba bien, jamás era tan "amable" con Hinata. Pero tanto Shimizu como Tadashi veían más allá que sólo lo que se estaba plantando frente a sus ojos. Sobre todo cuando Kageyama había tenido un amago para reanudar su caminata hacia la enfermería y Hinata se había adelantado para cogerle de la mano y agregar un preocupado: — Vuelve pronto.
Kageyama aferró sus ideales a esas manos que le sostenían, no sólo sus ideales sino también los sentimientos que iban firmemente ligados a su hambre de victoria, de victoria junto a Hinata. Afirmó decidido prometiendo volver tan rápido como se lo permitieran. Un día, Kageyama sabía, volverían a jugar juntos. Se plantarían a la par, hombro con hombro, en una cancha y demolerían cualquier tipo de muralla, barda, pared o fortaleza con sus manos y corazón.
Porque ya empezando a dejar sólo un oni y su mazo, ahora eran dos onis que juntos no necesitaban un mazo pues se tenían el uno al otro, su fuerza en unión era envidiable.
El partido finalizó como se esperaba: Karasuno ganador y pasando a la siguiente ronda.
La primera parte del torneo duraría tres días, después pasarían dos semanas y volverían para jugar los cuartos de final, la semifinal y por último la final. Porque obviamente iban a ganar ese torneo y regresarían a Miyagi como vencedores absolutos, aunque parte de esa victoria tenía cierto sabor amargo que ninguno de los jugadores se permitía pronunciar en voz alta. Ni siquiera cuando estaban todos reunidos entorno de la barra de un bonito puesto de ramen de la capital del país. Comían en silencio, sólo el romper de los palillos contra la cerámica de los tazones y el sorber de las bocas cuando comían los fideos. Algún comentario al azar que hacía reír por segundos a los chicos pero después volvían a callar. Era como una especie de rictus donde se debía la actitud solemne, Ukai hubiera querido intervenir pero no sabía de antemano que tendrían que aprender a lidiar con ese luto, pues si pasaba lo peor iba a ser un duro golpe emocional para todos. Crecer y volverse adulto era doloroso así que prefería que pasaran todo el proceso por sí mismos. No tenía caso endulzarles la vida si estaban viendo la realidad de primera mano.
Kageyama había pasado la mitad del partido en la banca debido al golpe, la otra mitad había colocado de forma tan temeraria a rematadores peligrosos que habían tomado con sus propias manos la victoria. Había sido un partido excelente y delicioso, no lo podían negar, parte del silencio era gracias al cansancio, la otra parte se la atribuían a la ausencia.
—¿Y Hinata? —preguntó con voz suave Ennoshita a Kageyama, se había atrevido a romper el tabú. La mitad del equipo fingió no escuchar pero puso atención, la otra mitad puso sus ojos en Kageyama esperando la respuesta de la gran incógnita.
—Hmp… se sentía mareado desde el inicio del partido así que decidió adelantarse al hotel… mañana tiene revisión con el doctor —recitó tranquilamente el armador tomando los palillos para empezar a comer.
El equipo guardó silencio, después Tanaka observó a Suga y Suga a Daichi, quien aclaró la garganta llamando la atención de todos en el equipo.
—El día de mañana tenemos partido contra uno de los equipos más fuertes de…
Las palabras del capitán se fueron difuminando en los oídos de Kageyama. Repetía el partido en su cabeza, al llegar al hotel lo vería en su teléfono para observar sus errores y tomar nota de ello. De primera mano sabía que el principal error había sido bajar su guardía. El día de mañana no importaba que se enfrentaran contra un equipo que tuviera tres Oikawa y tres Ushijima, él armaría para esos jugadores que estaban en torno a esa barra. Jugaría para que ganaran y así dejarle el escenario listo a Hinata.
—¡Sí! —respondieron al unisono a las indicaciones de Daichi.
—La victoria de hoy ha sido contundente y ha demostrado al resto de los equipos de lo que se vale el Karasuno, hoy no tuvimos que echar mano de todos los recursos así que aún podemos sorprender ante una visión que los otros equipos no han visto de nosotros aunque tampoco hay que confiarnos… —Ukai siguió hablando firme y responsable como solía hablar cuando se trataba de entrar en cintura a sus polluelos, la intervención de Ennoshita había sido como siempre muy acertada y después la de Daichi había sido la cereza en el pastel. Ahora todos parecían realmente motivados.
Han setter 18.27
Vi el partido, fue brutal –se agregan emoticones de corazones.
Shoyo 18.29
Lo sé, estuve ahí.
Han setter 18.29
Me lo imagino, ¿todo bien?
Shoyo 18.30
Hmp… sí, más o menos, ya sabes lo de siempre estuve ahí pero no pude poner pie en la cancha.
Han setter 18.40
Fui a lavarme los dientes, lol
Bueno, pero estás en Tokio ¿no?
Shoyo 18.41
No te preocupes
Sí, estoy en un hotel cerca del gimnasio
Han setter 18.41
Mañana Karasuno juega hasta en la tarde, ¿no?
Shoyo 18.45
En la noche
Han setter 18.50
¿Tienes planes?
Shoyo 18.51
Pues entrenaremos por la mañana y por la tarde iremos hacer un poco de turismo
Azumane-san quiere ir a un templo y Kageyama quiere ir a la Nike
Han setter 18.53
¿Por qué no vienes mañana temprano?
Shoyo 18.54
¿a dónde?
Han setter 18.55
A la escuela, al Horizon… ¿o tú también tienes que entrenar?
Era obvio que no le iban a dejar entrenar, no podía aunque quisiera, los titulares que no estaban enfermos (Hinata) debían de concentrarse en sus ataques y en afinar detalles de movilidad. La repetición del partido que Kageyama había conseguido le había servido en gran medida para observar el ritmo con el que se había estado jugando. Sin contar que además había conseguido un vídeo del próximo equipo contra quienes le tocaban jugar. Ese mismo día irían contra dos si es que lograban ganar el primero. Lo más agotador es que sería uno tras otro en cuanto el las canchas auxiliares estuvieran libres. Así que debían estar concentrados. Hinata sólo podría observarlos.
—Ukai-sensei —llamó el de cabello naranja al teñido, llevaba su mochila de deporte consigo un pants oscuro, zapatillas deportivas y una camisa negra con letras blancas que dictaba: "No hay obstáculos, sólo pruebas", la había comprado el día anterior.
—¿Hmp, Hinata?
—Le quería entregar esto —deshizo un puño de papeles que llevaba en uno de los bolsillos de su pantalón y se los entregó al teñido, planchándolo en el entre tanto para que fuera legible—. Ayer que estuve en las bancas pude notar un par de cosas… se lo quería entregar… quizás sean idioteces o quizás… son obvias y yo muy tonto como para apenas darme cuenta pero…
—Nos será de mucha ayuda, Hinata —dijo Ukai serio—. Un comentario visto desde la cancha y una jugada armada en la cancha valen igual si nos sirven para ganar, Hinata —el mayor llevó su mano al cabello revuelto del menor y lo agitó—. ¿Llegaras a tiempo para el descanso?
—Sí, mi mamá ya me está esperando en el hospital, así que saliendo iré a ver a un amigo y de ahí quedé con Kageyama de vernos en un templo, después regresaré con todos para apoyarlos… —las palabras de Ukai-sensei le habían subido los ánimos de forma inmejorable, ciertamente, no estaba en la cancha, pero estaba fuera de ella y aprovecharía cada valioso segundo de su vida para apoyar a que el Karasuno llegara a lo más alto.
Cada instante que pasaba sentía como su plumaje cedía a la gravedad, quizás en un punto iba quedar sin una sola pluma, pero ya tendría tiempo de volver y recogerlas todas. De momento, seguiría volando por detrás de sus compañeros para darles impulso, recordarles que todo estaba bien y siempre era bueno seguir luchando.
Un estandarte. Una esperanza.
La verdad fuera dicha, Hinata había salido bastante optimista del doctor quien había señalado que las llagas habían dejado de crecer en su garganta, pero que tampoco parecían desaparecer. Estaban ahí, inertes, inmóviles. Iban a esperar dos semanas más para ver el progreso. Habían enviado hacer más análisis que servirían de referente. Sobre todo por la descompensación que el menor había sufrido semanas atrás. Y mientras el doctor y su madre comenzaban a hablar sobre temas más serios como quimioterapias y exfoliaciones de laringe, la cabeza del menor estaba llena de Kageyama y su expresión confundida y molesta horas antes cuando le había informado que iba a hacer un par de pendientes.
—¿Qué clase de asuntos tendrías tú, idiota, en Tokio? —le había dicho evidenciando su enojo. Hinata apenas se había salvado por los pelos de seguir siendo cuestionado pues una llamada de su madre había entrado a su celular. Había dejado a Tobio furioso y al resto del equipo especulando sobre esos "asuntos" que tendría que atender.
Shoyo 10.00 am
Ya salí del médico. Dijo que no me voy a morir en otras dos semanas
Tobio 10.00 am
¿Qué más te dijo?
Shoyo 10.01 am
xD ¿No deberías estar entrenando?
Tobio 10.01 am
Suga-senpai está entranando en estos momentos
¿qué más te dijo?
Shoyo 10.05 am
¿Entranando? Ahora entiendo porque reprobaste literatura japonesa
Kageyama maldijo sin poder evitar soltar una sonrisa interna al darse cuenta que estaba lo suficiente alterado como para no concentrarse en algo tan básico como lo es la escritura.
Shoyo 10.06 am
Dijo que las llagas están ahí no han crecido pero tampoco parecen ceder… algo le dijo a mi mamá que la ha dejado muy triste pero… para mí está bien
Tobio 10.06 am
Hmp, vale ¿hablamos cuando regreses? ¿ya vienes en camino?
Shoyo 10.08 am
Kageyama parece novio acosador hahaha no pensé que tuviera esos gustos
Qué miedo Kageyama
Tobio 10.08 am
¡Ya verás cuando llegues, Hinata idiota!
Shoyo 10.10 am
No debes preocuparte, Kageyama, estoy bien
Más tarde te mando mensaje… voy a subir al tren~
Kageyama suspiró al ver la fotografía que Hinata había adjuntado al mensaje. No le gustaba la combinación Tren+Tokio+Hinata solo+factor sorpresa. Suficientes elementos para que algo saliera catastróficamente mal. Sin embargo, poco se podía hacer. Lo único en lo que debía pensar en ese momento era en eso, justamente en lo que tenía delante suyo. El volley. El volley.
"Una más Kageyama"
Lo cual comenzaba a ser dolorosamente difícil pues pensar en el juego le llevaba directamente a pensar en Hinata. Dolorosamente difícil.
La parte más complicada quizás para Kageyama no era el hecho de que no pudiera concentrarse en el deporte que tanto amaba y por el cual muchas personas cercanas y externas le habían dicho que estaba sacrificando cosas valiosas e irrepetibles, lo que más podía con la cordura del armador era darse cuenta como poco a poco iba cayendo en un paralelismo: pensar en voleibol era pensar en Hinata, pero pensar en Hinata no era precisamente pensar en él como su rematador o herramienta esencial para ganar, era pensar en Hinata como la trémula persona que se había aferrado a él durante aquella noche en que le había dado la metáfora más dolorosa la vida:
"Soy un balón y estoy cayendo"
"Eres un balón por el cual siempre salvaría"
¿Esas palabras qué tanto tenían que ver con el deporte, su dedicación y su determinación de superar a Oikawa volviéndose el mejor del mundo? Durante la escuela media había llegado a pensar que todos aquellos que no seguían su ritmo eran innecesarios, reemplazables, y durante un tiempo Hinata había formado de esa larga lista de "no aptos", pero después se había convertido en una pieza imprescindible para conseguir victoria tras victoria, ahora, sí ponía todo en perspectiva fría de antaño, Hinata volvía a ser un lastre, ¿entonces por qué estaba ahí temblando como una gelatina sin forma ni relleno ante la idea de que ese lastre molesto y ruidoso no volviera para complicarle la vida con sus preguntas inoportunas y sus comportamientos idiotas? Incluso se daba cuenta de lo idiota que él había sido días anteriores cuando sin tapujos le había dicho al resto del equipo que se volvería pareja de Hinata para supervisar sus comidas y así él pudiera regresar a jugar, porque él quería poder hacerse cargo de los cuidados del de cabellos naranja para que regresara a jugar ¿cierto? Nada tenía que ver las arritmias que le atacaban cada vez que el menor sonreía de forma intensa haciéndolo cegar, ni mucho menos el calor que sentía cuando sus cuerpos se rozaban durante los entrenamientos o el palpitar en su cabeza que más noche se convertía en insomnio en los días en que Hinata se abrazaba a él sin motivo aparente. No, nada de eso tenía que ver con el porqué quería volverse su pareja. Pues aunque nunca en la vida se había planteado la idea de estar unido a alguien más allá de su familia directa o compañeros de equipo (mientras que durara su estadía en el equipo) sí era Hinata del que se hablaba para estar unido, a él parecía no importarle, incluso si ambos eran hombres o si ambos eran idiotas.
"Una vez más, Kageyama"
Las instalaciones de la academia Horizon eran realmente impresionantes. Desde los edificios frontales que parecían haber sido extraídos de su entorno natural en las orbes occidentales, no había rejas y bardas como en Karasuno, por el contrario era un enorme edificio con las letras doradas incrustadas en la pared blanca. Había personas entrando y saliendo, usaban pantalones color beige con camisas negras y casacas color vino quemado, una extraña combinación para el uniforme pero a Hinata le pareció increíble. Un corte muy moderno, además de que los alumnos que ingresaban y salían todos eran extranjeros, o al menos la mayoría. Inclusive pudo adivinar debajo del nombre del instituto el mismo nombre pero en inglés. Todo tan sofisticado.
—¿Estás perdido, cariño? —preguntó alguien con un extraño acento a un costado del bloqueador de Karasuno, al momento de girar se encontró con una mujer de cabellera rubia que rallaba en lo blanco. Era tan alta como el propio Tsukishima y delgada, y bonita—. Un niño de primaria no debería andar solo… ¿recuerdas donde vives?
Hinata frunció el ceño. ¿Cómo se atrevía a decirle que era un niño de primaria? ¿Qué no veía que había crecido cinco centímetros en los últimos dos meses? Sintió un poco de rabia pero al final suspiró cansado. Los siguientes diez minutos se dedicó a explicarle a la mujer con lujo de detalle quién era él y qué estaba haciendo en el instituto Horizon. La mujer apenas entendió un par de oraciones de todo la verborrea que el menor sacaba, después de todo el japonés hablaba muy rápido y sumado a los ademanes intensos para remarcar las acciones no se daba a explicar del todo para una no nativa, se le sumaba las expresiones como: Bam, splash, bumbum…
—¿Oi, Shoyo?
Esa voz. El menor dejó de explicarle a la mujer rubia y se giró, sonrió enorme cuando sus ojos reconocieron al que hasta ese momento había sido su amigo de correspondencia. Saludó emocionado.
—¡Ese es el americano! —señaló Hinata al chico que estaba a unos metros de ellos y se acercaba con paso relajado.
—Oh… Han… ¿él es tu amigo? —cuestionó la mujer.
—Sí, él es mi amigo —indicó emocionado Shoyo al darse cuenta que iba a poder encontrarse con el otro, si antes hubo resentimiento eso era cosa del pasado, había de reconocer que había hecho muy buenas migas con el americano, y aunque sólo se habían visto dos veces sentía que podían llegar a ser grandes compinches, sobre todo por un detalle.
—¿Estás listo para entrenar?
Se sentía como si traicionara a Kageyama al recibir tan animadamente la propuesta de otro colocador que no fuese él, pero en esos momentos Tobio debía tener toda su concentración en aquellos rematadores que sí podían hacer ganar el equipo, de momento, Hinata iba a asumir la responsabilidad de su propio entrenamiento, echando mano de todo lo que se le presentara. Bien se lo había dicho Hanzel durante una de sus conversaciones por Line: "No todos los setters somos tu armador genio". Lo mismo le había dicho el viejo Ukai, y Suga-senpai se lo recordaba cada vez que se aferraba a cometer errores que inconscientemente Tobio le pasaba por alto. Fuse como fuese ahora estaba más que seguro que todo ese entrenamiento iba a servir para seguir parado en la misma cancha que Kageyama.
—Cierra la boca, Hinata —rió Hanzel con su peculiar acento cantarín. Sus manos dentro de sus bolsillos. El americano se veía igual que la última vez. Quizás usaba el cabello un poco más corto, el uniforme puesto como todo los demás estudiantes. Shoyo sobresalía pero nadie parecía fijarse directamente en él.
—Lo siento es que todo es tan grande y nuevo…
—Bueno, el Instituto Horizon es particular y siempre le están dando mantenimiento… alberga estudiantes de otras partes del mundo aunque eso ya lo sabías ¿no?
—¿Ya lo sabía? —ladeó el rostro el bloqueador central.
—Deberías de saberlo… ¿al menos notaste que en mi cuadrilla nada más Yuuji era japonés?
—¿Yuuji? —ladeó para el otro lado el rostro Hinata. Hanzel extendió la mano para jalarle de los cabellos a lo que Hinata soltó una suave carcajada.
—¡Igual que Kageyama! —señaló.
—Kageyama —repitió Hanzel despeinando a Hinata—. ¿Y ya se aclararon?
—¿Aclararse?
—La última vez que os vi parecía como si de pronto te fuera a arrastrar hasta un callejón oscuro para "darte" y hacerte entender que eras de él… dio mucho miedo~ —fingió un escalofrío.
Hinata reflexionó al respecto recordando que esa noche habían dormido en la misma cama en casa de Kageyama. A Hanzel el silencio le pareció sospechoso, revelador. No quiso entrometerse más. Sus pasos los guiaron por los amplios pasillos de loseta color caramelo y paredes opacas pintadas de un sobrio blanco. Cada ciertos metros había una puerta con inscripciones en tres idiomas distintos: Japonés, inglés y mandarín. Hanzel empezaba a explicarle a Hinata que las practicas que ellos tenían eran rutinarias y un poco diferentes a lo que él estaba acostumbrado.
—¿No se van a molestar los otros chicos?
—¿Quiénes? ¿el equipo? —se la pensó Hanzel antes de negar—. Suelen ser buenos con los invitados, aunque a decir verdad serías el primero… segundo externo que viene a nuestra practica y cómo sea ya los vencimos… —dijo regodeándose a lo que Hinata le hizo bufar.
—La siguiente vez no será así.
—¿La siguiente vez? Así que ya has meditado lo último que te dije ¿no?
—Algo así… jugar y luchar hasta que dure…
—Suena trágico y demasiado poético para un simplón como tú pero… creo que tienes razón.
—¡Oye! —ambos adolescentes rieron.
A los segundos llegaron hasta el gimnasio, aún no había nadie. Hanzel señaló la cancha y los balones, le pidió a Hinata que fuera calentando los brazos, él estaría de regreso en un momento mientras iba a los probadores a cambiarse el uniforme diario. Hinata, quién ya iba con ropa deportiva afirmó. El lugar era enorme. Había dos canchas de volley, era el doble de grande del gimnasio del Karasuno, de pronto recordó a las instalaciones del Shiratorizawa y del Seijoh. Sí, esas escuelas eran de alto calibre.
Sobre su cabeza había un tablero eléctrico para basquetbol y más allá un tablero eléctrico para volley. Un techo alto y butacas por un costado. Más allá las puertas a los cambiadores que debían de tener la misma función que el salón del club. Pero no sólo eso, había un letrero por encima de la puerta que rezaba: "Baños, vestidores y gimnasio", ¿tenían otro gimnasio?". Todo era demasiado excitante que no cabía en sus ojos. Cogió un balón y comenzó a hacer levantadas para sí mismo. En una de las paredes había círculos rotulados en una línea horizontal. Entonces dedujo que eran para entrenar la trayectoria del balón, un trabajo que sonaba sencillo pero de pronto podía ser un pequeño infierno. Primero, segundo, tercer intento, el balón parecía desviarse centímetros pegando a un costado de donde la marca se encontraba.
Un poco frustrado cogió un balón. Es difícil rematar sin un pase cómodo, incluso se sintió un poco estúpido al estar sólo haciendo rebotar el balón tratando de que cayera en uno de los rótulos ahí dibujados. El siguiente tiro que hizo provocó un fuerte estruendo y mando el balón disparado hacia el otro extremo del gimnasio. Hinata jadeó asustado temiendo haber roto algo a pesar que en el gimnasio no había nada que romper. Nada… al punto que el balón en vez de haberse perdido en el vacío del auditorio retornó de forma precisa hacia donde estaba Hinata, por mero instinto el menor de había virado y alcanzado a quitar antes que el Mikasa se le estrellara en la cabeza. Asustado e indignado aspiró por la nariz.
—¡Por poco me das! —gritó exasperado.
—¡Tú la enviaste en primer lugar y por poco me golpeas! —contestó la persona que había rematador el balón.
—¿Ah? ¡Bokuto-san!/¡Hinata-chibi-chan! ¡¿Qué haces aquí?!
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Gracias por leer.
St. Yukionna.
Quien los ama de corazón, costilla y pulmón.
