Descarga de responsabilidad: Ni Shoyo bebé, ni papúh Kageyama ni nadie más me pertenece.

Advertencia: c: Si no quieres sufrir por amors mejor no leas. Es YAOI y uno de los protas tiene cáncer.

Cronopios del autor: No me maten, YAMETE~, desde hace tres semanas he tenido viaje semanal por parte del trabajo y ha sido de locos, tenía la mitad del capítulo listo pero faltaban puntos verdaderamente importantes que redactar, hoy lo acabé, así que a partir de esta semana me pongo al corriente con las otras historias y subiré dos one-shots que se me han ocurrido. Hahaha, soy la ficker más estresante del fandom ¿verdad?. ESTOY SÚPER EMOCIONADA nos acercamos a uno de los clímax de la historia, y dios, que sí que sí narrador la cosa se pondrá HARD mierda HAAARD, nada de sexo a la vista, tranquilos pero habrá mucha acción (?. Debo hacer la aclaración que investigue cómo es que son los torneos, y me estoy basando en la forma americana, obviamente no seguirá la línea del manga a partir de aquí, pues en el manga ni Shoyo tiene cáncer y no existe alguien llamado Hanzel que se vuelva un jodelón. Así que no se me alteren por la cuestión que los cuartos de final, la final y la semifinal son en tanto tiempo de diferencia. Al mismo tiempo, los datos sobre el torneo que se menciona aquí es totalmente ficticio sé que hay un torneo a nivel mundial que se celebra en Europa pero desconozco como es la selección de los chicos. En fin, sólo era eso~ disfruten la lectura y gracias por leerme.

Pd. Un agradecimiento especial a los follows, x3 ya son 22 -muere de felicidad-, a los favs y a las personitas que han dejado review, ya mismos los contesto. Por otro lado quiero agradecer con toda mi alma y corazón a Rooss que es una bella por seguir promocionando esta baba de historia, hace hermosas portadas de mis historias y sobre todo sus historias del fandom son hermosas, las amo con desesperación, y claro que sí, también agradezco a la página de fb: Recomiendo fanfics donde encontrarán lo mejorcito del fandom para leer, bueno está mi historia :,D qué más decir. Gracias por todo el apoyo, y ya los dejo con el capítulo.

Pd2. ¿Les gusta el IwaOi? Lean Confeti rosa de Janet Cab, la autora es un mazapán de amor y la historia está súper hermosa.

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Las mil plumas del cuervo

por St. Yukiona

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7.- Cuervo perdido.

El peloteo más largo durante el partido de práctica fue gracias a las recepciones que Hanzel lograba hacer y por el modo en que Hinata acertaba con su bloqueo suave, en más de una ocasión había tenido serias intensiones para bloquear a nivel Kill el balón pero las polainas lo jalaban al piso evitándole saltar más allá de sus propias capacidades. Las manos le ardían debido al constante ataque de la escuadra enemiga que no se contenían, había pasado un tiempo desde que sudaba tanto y se sentía con la fibra así de estimulada, en casa todos lo trataban como siempre pero con un increíble cuidado para no hacerlo forzarse. Estaba mejorando y eso hasta él podía sentirlo, aunque cada vez que tenía oportunidad daba aspiraciones del aerosol que llevaba en el bolsillo de su short para refrescar las llagas en la garganta pues cuando se secaban por la respiración desbocada era cuando venían los excesos de tos y la sangre, era aparatoso e impresionante pero en realidad era una condición que podía prevenir, antes no lo sabía pero ahora había cuidados extras que le posibilitaban seguir jugando, un detalle que en Karasuno no querían aceptar.

—¡Un toque! —la frase raspó en la garganta del menor que se preparó alejándose de la red. Hanzel se había movido tan rápido, casi como una rapsodia en medio de un ballet ruso sólo para flexionarse y alzar el balón desde abajo.

El peloteo llegó a su fin cuando Bokuto hizo uno de sus imparables remates rectos. Los del Horizon habían estado logrando contener al búho pero al final el intercambio los había dejado bastante agotados y Hanzel había logrado debilitar a su propia escuadra desde el otro lado de la red.

—Serán diez repeticiones de boleo, aplauso, bajo, aplauso y remate —ordenó el capitán mientras que el equipo perdedor secaba el sudor de su frente y se preparaba en binas para hacer el intercambio de balón señalado antes como castigo por haber periddo.

El equipo ganador compuesto por el capitán del Horizon –Hanzel Senikov-, los dos foráneos y otros tres del equipo anfitrión se dedicaron a descansar. Aunque Hinata quiso ignorar el dolor que le causaba pasar el aire por la garganta ahora que la adrenalina no corría por su cuerpo no pudo más que tirarse contra la pared mientras que veía a Bokuto fijamente recordando la explicación dada media hora antes:

—¿Qué haces aquí, Chibi-chan?

—¡¿Tú qué haces aquí?! ¡¿No deberías estar jugando en el auditorio con tu equipo?!

Bokuto había movido la mano como haciéndolo callar.

—Mi equipo juega mañana y Akaashi dijo que debería descansar en vez de seguir entrenando, además de que nadie quiso seguirme a entrenar, porque estoy ¡Super emocionado! Y si me pongo a descansar sólo logro desesperarme más.

—¿Y por eso viniste aquí? —Hinata ladeó el rostro. Eso no explicaba como de todos los lugares el capitán de una de las escuelas más fuertes de Tokio había terminado precisamente en el Horizon con un grupo de extranjeros que apenas se hablaban entre ellos.

—Mi hermano trabaja aquí como maestro de educación física y entrenador del equipo de tenis —contó—. No todos los Bokuto somos perfectos ¿qué se le va hacer? —bromeó alzando las manos después rió dejando sus manos sobre sus caderas—. Gracias a mi hermano conocí a los chicos de acá… tienen un nivel temible para jugar así que cuando tengo ganas de probar cosas diferentes vengo para cogerles el ritmito… ellos me dejan entrenar mientras les ayude con la limpieza del gimnasio después de la practica.

—¡Oh! ¡Genial, Bokuto-san! ¡Cómo era de esperarse del capitán! —dijo maravillado el del cabello naranja haciendo que el aludido se sonrojara, no terminaba de acostumbrarse de las alabanzas tan espontaneas y naturales del cuervo.

—Lo sé, lo sé… pero lo que realmente no se espera es ver a un cuervo tan lejos de la parvada… ¿no sé supone que debas estar con tu equipo? Hoy juegan ¿no? Si bajan mucho la guardia —la sonrisa del mayor se torció formándose una expresión sombría en su rostro— podrían caer ante sus siguientes oponentes, Hinata-chan…

El menor en cualquier otro momento se pudo haber asustado ante tal expresión, pero la verdad fuera dicha aquello sólo le provocó un hormigueo en todo el cuerpo, un arrebato violento que le hizo apretar los labios con cierta soberbia. Quería jugar, dios quería jugar tanto y sólo debía de abstener con mirar desde las gradas. Se abstenía sólo con mirar. Se relamió los labios y fue él quien sonrió bien grande, bajando el mentón para verle de modo predador. Casi como si el mayor fuera una presa. El espíritu carroñero se expandió desde el vientre del cuervo y Bokuto tuvo que apartar un segundo la mirada apresurando la botella de agua casi vacía a su boca. Los del Karasuno daban miedo, eran particularmente diferente a cualquier otra escuadra.

—No se preocupe, Bokuto-san… —habló por fin Shoyo a lo que el mayor sólo le observó de reojo—… los cuervos nos adaptamos fácilmente al entorno donde nos toque luchar…

Sus compañeros con él o sin él, estaban listos para sacar las garras y volcar a cualquiera que fuese su oponente, aunque fuese un enorme oso o un insignificante gusano, la parvada era más fuerte cuando estaba unida y habían tenido que atravesar demasiadas cosas, tanto sufrimiento, como para caer en las primeras batallas. Dejarían sudor, sangre y lágrimas de ser necesario. Dolor y sufrimiento porque la victoria no se obtenía sobre rosas y eso todos los del Karasuno lo sabían, ellos no iban a tener compasión, iban a ganar.

A ganar.

—Y no me dijiste qué haces acá en Horizon, chibi-chan… me es extraño verte lejos de tu setter y los otros… —las palabras sacaron de golpe al menor de sus pensamientos provocando que mordisqueara el tapón de su termo de agua.

—Oh… bueno… circunstancias —murmuró tímidamente el bloqueador central—. Circunstancias, Bokuto-san.

Kotaro era bueno en muchas cosas: jugar voleibol, liderar, hundir y hundirse, además de subir el animo a su alrededor por su manera espontanea de ser, era un don natural con el cual había nacido y que inconscientemente él ignoraba, pues estaba tan arraigado en sí mismo que lo veía tan natural como respirar, acostumbrado que todos a su alrededor bailaran a su alegre paso se sentía extraño cuando alguien tenía ese gesto perturbado y tristón como el que Hinata estaba colocando. Animar a propósito a alguien era algo para lo que Bokuto no estaba del todo preparado ni mentalizado. Así que lo único que se le ocurrió fue invitarlo a pegarle a la pelota contra la pared mientras el resto del equipo seguía con su castigo.

El balón botó y Hinata recibió, fue lanzada hacia la pared y Bokuto remató hacia el mismo sitio, la secuencia se repitió y se extendió por varios segundos, en cada golpe Bokuto podía sentir la frustración del menor pues éste remataba con la palma abierta cada vez más y más fuerte, era como si ahí ahogara un grito como el amante en la piel del otro amante, como la sangre que supuraba de una herida abierta, roja, grande y furiosa. Los remates de Hinata no sólo eran un ejercicio de fuerza sino un ejercicio de ira contenida, pero esa ira no iba con el gesto descompuesto que el menor había dejado tras aquellas "Circunstancias" aludidas por él. Hasta que Kotaro no lo soportó y decidió parar la actividad que él mismo había iniciado. Se giró a Shoyo ladeando el rostro.

¿Qué rayos te pasa?

—No… no puedo jugar por ciertos motivos.

—¿Eh?

—Sí… no puedo jugar por varios motivos… de salud y…

—Bueno, si es el caso entonces ni te estreses —Bokuto tiró el balón hacia el cielo y empezó a jugar con él—. Debes recuperarte para poder jugar otra vez —comentó—. Una vez que estés fuerte puedes volver y cobrar venganza por todos esos minutos preciosos que no jugaste… es lo que siempre me dice Akaashi cuando me resfrío y quiero jugar pero no puedo… y Akaashi siempre tiene razón así que le hago caso, tu equipo se encargará de ganar y podrás volver…

Tenía bastante sentido aquella lógica, al menos a Shoyo le pareció así, sólo que en su caso no era un resfrío que desapareciera con un poco antibióticos y dormir hasta tarde. Era algo más profundo en lo que no quería pensar. Apretó los labios Hinata, y aunque se quedará en casa recuperándose, no era lo mismo. El destello de negatividad que de vez en cuando partía la boca del enfermo parecía querer atacar a aquel argumento tan sólido, inocente y positivo, era algo instintivo como cuando vio el caminito de hormigas.

—En caso de que me recuperara —porque nada era seguro, mierda, nada era seguro y posiblemente se iba a morir para ser alimento para gusando que iban hacer festín con su cuerpo putrefacto y maloliente—, si ellos ganan, si yo no juego… si yo no juego y ellos ganan…

—"Si no juego no se siente como mi victoria" —terminó de decir el jugador más intenso de Tokio—. ¿Es eso no?

Hinata tomó el balón cuando se dirigió hacia él y giró sus ojos al bicolor, la mirada ensombrecida por el odio a las amables palabras de aliento había sido increpada con una sonrisa suave por parte del contrario. Bokuto dejó sus dos manos sobre sus caderas ladeando el rostro esperando palabra por parte del menor.

—Sí.

—Pero son un equipo ¿no? Hay ocasiones que un soldado no tiene que ir a la guerra y tiene que esperar en casa hasta que se recupera de alguna lesión de guerra pero… sigue siendo un soldado del ejército… es como el dicho de esta escuela: "Un jugador gana puntos, pero un equipo gana partidos"… o algo así… creo que esa victoria que no juegues tú es tan de ellos que jugaron hoy en la cancha como tú que jugó partido tras partido para que ellos llegaran hasta este momento —indicó señalando al menor—. Pierdes el día en que empiezas a creer que ellos están mejor sin ti… o que tú estás mejor sin que ellos te necesiten, porque un equipo siempre necesita de los elementos más fuertes y tú, chibi-chan, eres necesario… no eres el as o el joven lentes bloqueos locos pero… eres la pieza de un rompecabeza de dos que hace un bonito juego con el resto de los raritos de tu equipo… ¿Me explico, verdad, chibi-chan?

—No sabía que fueras tan profundo, Bokuto-san —habló una vez que hizo resonar en toda la sala. El teñido se giró con su aire autosuficiente de siempre.

—¡Eh! ¡Hey! ¡Hey! ¡Hey! ¡Hanzel! ¡La Sabandija rusa! —saludó mientras se acercaba el setter americano del Horizon. Ambos adolescentes chocaron sus puños y rieron entretenidos, no habían tenido tiempo de saludarse como el dios de los idiotas mandaba (por más astuto y serio que fuera Hanzel en la cancha un grado de idiotez poseía, ¿quién viajaba durante cuatro horas después de clase para ir hasta otra prefectura sólo para preguntarle a un chico que acabas de conocer: "¿A qué equipo te unirás cuando seas más grande?" o peor, quién le envía a ese mismo chico unas polainas? Sólo un amigo de Bokuto) sobre todo después de señora victoria—. ¿Así que intentas robarte a chibi-chan de Karasuno, eh? —señaló golpeando suavemente el hombro del moreno quien rió.

—Para nada, sólo le he invitado a venir, su equipo juega hasta más tarde otra vez y al parecer van a entrenar en el gimnasio del colegio metropolitano… es mucha tortura que viaje hasta allá sólo para que se quede sentado en la banca viendo como los otros juegan, ¿cierto Hinata? —preguntó Senikov con una sonrisa suave.

El de cabello naranja afirmó con un asentimiento de cabeza, aún con la mente revuelta y seducida por las palabras del búho quien le observaba con gesto astuto.

—Además… —agregó el del Horizon llamando la atención de Kotaro—, jamás estará de sobra mostrarle a que puede ostentar si borra cosas de esa mente suya como convertirse en alguien más… alguien como un "Pequeño gigante".

Bokuto rió sin saber a qué se refería Hanzel. El ruso que no era ruso sino americano decía cosas muy graciosas y sin sentido que hacían reír al japonés.

—Por cierto, qué tal van con los preparativos para el Holandés —preguntó Bokuto a Hanzel que se sentaba con ellos. El americano pasó a Hinata y a Bokuto unos cilindros con agua que su manager les llevaba para refrescarse, la temperatura había subido gracias a la calefacción interna de la escuela, errores de cálculo pues a la larga el cambio de temperatura produciría secuelas en la salud de los deportistas, ninguna escuela era perfecta.

—Vamos bien —señaló con una sonrisita suave Hanzel—. Aunque tenemos una pequeña y diminuta complicación —confesó bebiendo por fin de su agua.

—Oh… —meditó Bokuto mientras jugueteaba con la tapadera del cilindr. El chillido del tenis contra la duela era un ruido que hacía todo más real.

La mirada castaña del de Karasuno saltaba de Bokuto a Hanzel, no sabía a lo que se refería con aquello de "holandés", pero algo tenía que ver con el voleibol, y era por regla que todo aquello que fuera relacionado al deporte le interesaba. La duda se reflejo en su rostro y a punto de abrir la boca, Hanzel interrumpió su conversación.

—El "holandés" es un torneo que se hace a nivel internacional, Hinata, creo que no lo sabías ¿cierto?

—No.

—Es normal… no cualquiera sabe sobre él a pesar que es un torneo internacional —agregó Kotaro sacando su móvil, había recibido un mensaje de Akaashi preguntando dónde mierda se había metido—. ¡¿Ah?! Akaashi es del tipo que es un santo en persona pero por mensaje y en privado es un tirano —gruñó con un puchero contestando. Hinata y Hanzel sonrieron para después ignorar al búho mientras arreglaba sus problemas maritales con su setter.

—El holandés es también conocido como "El Gran prix sub 17", es un torneo que se hace a nivel mundial para chicos menores de 18 años y se celebra cada año en Brujas, Holanda… es como la oportunidad y alternativa para convertirte en profesional sin tener que esperar a ser llamado por la selección de tu país… o en todo caso, para lograr un lugar por si tu país no tiene una selección como tal.

—¿Alternativa? —Preguntó confundido el menor de los tres—. ¿Y hay países que no tienen selección? —de pronto todo le parecía una revelación de esas que te marcan la vida. Tipo la profecía del No nacido en Harry Potter o el Elegido en Naruto.

A Hanzel le ocasionó una miga de gracia ver la inocencia que Hinata presentaba en ese momento, sobre todo porque él estaba empapado hasta el tuétano con información del volley, el sueño del setter del Horizon, a diferencia de casi todos, no era jugar a nivel profesional sino en convertirse en entrenador o director técnico de un equipo profesional, si se podía de una selección oficial de algún país potencia como Italia, Brasil, USA o Japón, pues mucho mejor, pero de momento debía de hacerse notar. Parte de esa hambre de futuro le dejaba la responsabilidad de informarse sobre todo, no sólo entrenar su cuerpo hasta el cansancio, sino saber más y más que cualquier otro; no le sorprendía que Shoyo no supiera sobre aquel torneo pues había muchos jugadores ávidos de victoria que sólo tenían en la cabeza: jugar volley, quizás por ello se había sentido tan atraído hacia el menor cuando vio aquel vídeo donde parecía volar por sobre la red rematando sin cuidado y con soberbia. Parte era el colocador, parte era el rematador, pero ese porte, ese garbo y esa arrogancia era única de Shoyo. De ahí la motivación para llevarlo hacia el Horizon, justo para ese preciso momento que ahora vivía.

No pudo evitar sonreír con cierta sorna mal sana.

—Hay muchos países que tienen muy buenos jugadores pero el deporte no es tomado tan enserio como en Brasil o aquí en Japón, por ejemplo México… tiene jugadores tremendos pero los deportistas se financian por si mismo, y la asignatura de voleibol sólo es una opción, no existen clubes como tales… hay unos cuantos pero los torneos y encuentros no son tan grandes como aquí en Japón… en USA se comienza a tomar en serio a partir de preparatoria y sólo un par de universidades lo aceptan para la beca deportiva… por eso estoy aquí… —contó—. Soy originario de Los Ángeles y la UCLA, o Universidad de Los Angeles California acepta por merito a beca a aquellos estudiantes que sean sobresalientes en voleibol, su equipo es de los más fuertes aunque de unos años para acá a decaído bastante… vine a Japón para hacerme más fuerte, hacer registro y ser aceptado en la UCLA, después la llevaré a la cima y todos querrán tenerme en su equipo.

La saliva paso con esfuerzo por la garganta de Shoyo, estaba impresionado. Desde que había hablado por primera vez con el setter americano, Hanzel, le había dejado un mar de interrogantes, pequeñas semillas que habían germinado en su cabeza en preguntas sobre su futuro aunque en realidad nunca había pensado en ir más allá. El único momento en que pensó a un futuro lejano fue cuando vio al Pequeño Gigante en la pantalla de aquella televisión rumbo a la cancha de beisbol, en ese momento había decidido ir a Karasuno, luchando durante los siguientes tres años de forma ardua para lograr su meta. Pero una vez lograda su meta algo en él había muerto, algo que no fue perceptible para él hasta que se cruzó con Hanzel y su ejército aplastante de pensamiento a futuro. Una parte dentro de sí le decía que era idiota dejarse llevar por sueños banales y utópicos, pero otra le decía que seguro Hanzel lo lograba, ese extranjero estaba dentro de la misma liga que Kageyama y Oikawa, una liga reservada a la realeza, y cuando esa parte en su cerebro ganaba había intenciones de dejarse llevar, soñar bien lejos e imaginarse con el uniforme de la selección de Japón, sin embargo había una única frase aplastante que terminaba por exterminar todo: "Tienes cáncer".

Quería dejar de pensar que tenía cáncer.

—Bueno… —siguió Hanzel—. El caso es que el Grand Prix Internacional sub 17, o el holandés es algo oficial pero no tanto… por ejemplo: tú te armas con tus compañeros del barrio, supongamos, y hacen un equipo: Bokuto, el chico amarguetas de tu equipo, Yuuji, Tetsuro-san, tú y yo… y un líbero que encontramos en la calle y lo metimos porque nos faltaba un líbero nos inscribimos y ya está… Todos vamos a escuelas diferentes, es lo que vas a decir, sin embargo en el Grand Prix sub 17 los requisitos básicos son simples: No jugar en ligas profesionales, tener menos de 18 pero más de 15 y ser estudiante de cualquier preparatoria… así que damos de alta nuestro equipo con los chicos que ya mencioné… así que en vez de ir al torneo nacional, vamos a la eliminatorio para el Grand Prix sub-17… obviamente, cada país envía a su propia selección pero además… si logras vencer a todos los equipos que se inscriben en esta eliminatoria te vas al Grand Prix… este Horizon ya machacó a quince equipos de todo Japón y estamos seleccionados junto con la selección sub 17… así que podríamos decir que estamos ranqueados hasta este momento como uno de los 32 mejores equipos de todo el mundo que participará en Holanda—dijo conmocionado con el tono de voz al borde ser chillón—. Whatever… —movió la mano sobre sus ojos buscando controlar el llanto de felicidad que siempre salía cuando contaba la hazaña del último año.

—¿Osea que ustedes…

—Sí, nosotros somos geniales… —torció la sonrisa—. Por otro lado, el Grand Prix también es conocido como un pase para que examinadores de todas partes del mundo te logren ver… Alemania, Brasil, Italia, Francia, Rusia, Japón, USA, todos los examinadores están ahí para verte… no es sólo un concurso para "amigos de barrio aficionados" —admitió Hanzel—. Lo hice sonar muy fácil… —gruñó con cierto orgullo—. El Grand Prix es la opción para todos aquellos estudiantes soberbios que están en un equipo no tan bueno como para llegar a las nacionales pero que tienen deseos de ser profesionales… se juntan diez de estos jugadores excelsos y se van a donde los ojos del mundo están…

—…

—Nosotros como extranjeros —prosiguió Hanzel—, apuntar a un campeonato nacional es una falta de respeto a pesar que seamos un colegio japonés, podríamos hacerlo, competir contra las escuelas de la prefectura y todo pero… sólo Yuuji es japonés y no está en la cancha todo el tiempo… así que… preferimos apuntar hacia una meta más segura… esa es el Grand Prix sub 17… todos aquí —señaló a su equipo—. Somos de diferentes nacionalidades pero todos tenemos el deseo de ser convocados… en nuestro país no encontramos esa oportunidad así que decidimos volar y buscar nuestro propio camino… regresar a nuestro país o no es opcional, perdernos en el camino y quedar como fracasados no es una opción viable…

A Hinata le pareció que las palabras que Hanzel susurraba eran una especie de hiedra venenosa que emanaba de su boca, envolviéndolo lentamente, y vertiendo en él una ponzoña difícil de extraer. Sentía todos los músculos tensos y los ojos desorbitados. El escenario descrito hacía ver a las nacionales como un mero juego de niños. Se tocó el pecho. ¿Cuántas murallas habría ahí? ¿Cuántos reyes comandando ejércitos? ¿Cómo sería la visión al otro lado de una red fuera de casa?

—Pero… ¿hay más requerimientos? —mordió sus labios ansioso el de Karasuno.

—Además de lo que mencioné… —pensó Hanzel—. No, no la hay… bueno hay una regla no escrita: si estás en un equipo que está jugando en las nacionales entonces no puedes ostentar el Grand Prix sub-17…

—¿Por qué no? —quiso saber de inmediato Shoyo.

—Porque el día de la final de las nacionales… coincide con el primer día de partido del Grand Prix y tendrías que dejar a tu equipo para seguir tu propio sueño en caso de que llegara tu equipo a las finales, claro, y en caso de que lleguen tendrías que decidir entre irte a Holanda o quedarte… quedarte sería desperdiciar una oportunidad porque aquí sólo hay siete lugares para formar parte de la selección, allá pues hay más de seis lugares —contestó Hanzel.

—Pero irte sería egoísta —resolvió Bokuto interviniendo sin más. Se formó un silencio en el trío antes de que el búho chocara sus palmas contra sus mejillas, haciendo que Shoyo se sobresaltara por el ruido sordo—. ¡Hey hey hey! ¡Vamos a una reta! ¡Vamos chibi-chan! ¡Acabemos con estos niños estirados! Capitán, préstame uno de tus setters —exigió el bicolor mientras que Hinata lo veía cómo se incorporaba de un salto para acercarse a los jugadores que descansaban del otro lado del gimnasio y empezaban a discutir quién se iría con el intenso capitán invitado para jugar un partido improvisado.

Hanzel observó con detenimiento el gesto pensativo del menor, parecía reflexionar sobre una cuestión delicada. Sonrió dejando una mano sobre la espalda del menor.

—¿Cómo está tu salud?

—Bien, gracias —respondió Hinata sin mucho titubeo—. Pero escuché que en dos meses tendré que dejar el equipo…

—Hmp, ya veo… —Hanzel y Hinata observaron idos el vaivén de las caderas y el cuerpo de Bokuto que se reía a cada comentario malintencionado de alguno de los extranjeros. Ambos resuelven sin hablar que Bokuto es una masa capaz de tomar la forma superficial de cualquier cosa. Su personalidad es aplastante y atrayente, es difícil odiarlo a menos que lo tengas en la cancha frente a ti—. En medio mes nos iremos para Holanda pero nuestro número 4 no podrá ir… —expresó sin dejar de ver el cotoneo de caderas de Bokuto que seducía a los chicos cansados para que jugaran con él.

Hanzel piensa si se dará cuenta de sus propios movimientos el búho o sólo lo está provocando a él.

Akaashi podría matar al Bokuto si se enterara de aquello. Hanzel, no era bueno mintiendo y tampoco ocultando cosas así que decidió sacar su teléfono y tomar vídeo del modo sutil en que Bokuto se mueve, desde la posición donde Hanzel y Shoyo se encontraban el trasero de Bokuto se veía atractivo para los ojos de aquellos que tuvieran otra preferencia, sin contar que era seductor el poco de piel del muslo que se adivinaba entre la rodillera alta y el short.

Hinata no quiso exigirle más a su cuerpo a pesar de que estaba seguro podía aguantar más, pero el doctor había sido muy claro, así que no hacía amago por ir a jugar, pero en realidad su cabeza se distraía en ese pensamiento de no querer jugar por estar cansado para no hundirse en un deseo infantil como ir a Holanda. Un deseo infantil y egoísta.

—Lamento lo de tu chico —murmuró por fin Shoyo tras notar que ambos se habían quedado embaucados en el silencio tras la partida de Bokuto..

—Entonces ocupa su lugar —ofreció Hanzel sin mucha ceremonia enviando "send" al mensaje.

A los dos segundos Hinata viró su cabeza hacia el americano que ya se ponía de pie y al mismo tiempo el teléfono de Bokuto comenzaba a sonar con una violenta insistencia. Hanzel Senikov había provocado dos revoluciones al mismo tiempo con dos medios de comunicación distinto, era la magia de ser un colocador no sólo en la cancha: El rostro de Shoyo no tuvo precio ni punto de comparación mientras que los gritos del siempre tranquilo Akaashi se escuchan hasta donde estaban sentados.

—Vamos a jugar… les hace falta un setter…

Hinata había caído en una especie de shock mientras que la danza de jugadores empezaba a mecerse ante sus ojos.

Abandonar a tu equipo y seguir un sueño egoísta.

—¿Tú abandonarías a tu equipo para seguir un sueño egoísta?

—¿Qué? —Kageyama viró lentamente su cabeza hacia el de cabello naranja que a su lado comía una de las crepas que se promocionaban en los menús de una bonita cafetería por la cual habían pasado de casualidad rumbo a la tienda Nike, el destino final de aquella pequeña excursión al centro del distrito donde se hospedaban. Debido al horario del partido y los entrenamientos el equipo general no tenía mucha oportunidad para hacerlas de turistas. Ukai-sensei había prometido que si ganaban el torneo irían una semana completa a Tokio para sacar fotos y comprar en Akibahara.

—Qué sí tú abandonarías a tu equipo para seguir un sueño —repitió Hinata a su compañero que parecía totalmente estresado debido a la actitud con el que el mayor había regresado: distraída y lejana, como si sólo su cuerpo hubiera cogido el tren de regreso al hotel y su cabeza se hubiera quedado allá al misterioso lugar a donde había ido.

—No, siempre y cuando el equipo tuviera el mismo sueño que yo tengo.

El rostro de Hinata se descompuso y únicamente le quedó afirmar con un suave: "oh", dio otra pequeña mordida a su crepa y después una más grande deliberando que le había gustado mucho y que le diría a Kageyama que se comprara él una.

—Oi.

—¿Hmp?

—¿Planeas dejar Karasuno?

—No, quiero ganar y seguir jugando… además, si me voy Kageyama se quedaría solo.

La respuesta había sido franca y sin filtros. Terebintos y azucenas naciendo salvajemente en el pecho del armador que sólo pudo correr para alcanzar a Hinata que se había adelantado varios pasos. Y no sólo de forma literal, sino que cada vez que Kageyama y Hinata se dejaban de ver, parecía que el mayor de los crecía más y más. En cualquier momento Kageyama iba a ser el único que se ganará el apodo de "idiota" pues Shoyo parecía que de a poco aprendía a reconocer el hilo negro de la vida.

—Maldito seas, Hinata idiota —externo sin saber qué más contestar ante su imprudente pensamiento.

—¡Ah! ¿Te estás mediento conmigo? ¿Quieres pelea? —interrogó a la defensiva pero antes de que Kageyama pudiera decir nada la crema batida de la crepa que comía el bloqueador central manchó la nariz del setter que al verse atacado tardó apenas dos segundos antes de echar a correr mientras que la risa ronca pero aún cantarina del de cabellos naranjas se confundía con los ruidos de Tokio.

¿Cuánto tiempo más durarían esos días de crema batida y días soleados?

—¿Crees que acepte? —interrogó curioso Bokuto, a su lado Hanzel jugaba con su celular y torcía el gesto. Revisaba los resultados del segundo día de enfrentamientos en las nacionales de preparatoria, también se efectuaban las de secundaria. Su novia jugaba al día siguiente.

—Posiblemente… Hinata es un sol —jugó Hanzel con el significado de la escritura en el nombre del adolescente—. Los planetas orbitan alrededor de los soles… pero cuando un sol es demasiado potente comienza a consumir todo a su paso, sin importar que tan grande esté el planeta, o que tan lejano se encuentre, si el sol quiere, se lo puede engullir… acabar… hacer erupción y dejar todo en cenizas… —guardó su móvil y metió sus manos en los bolsillos de su pantalón caqui del uniforme del Horizon—. Hinata no puede luchar de forma directa con el cáncer —soltó sin más y Bokuto se detuvo estupefacto—. ¿No lo sabías?

—¿El qué…

—Hinata está sufriendo de cáncer, y al parecer está en una especie de tregua pues no le ha avanzado más, los vi tan cercano que pensé que sabrías eso… lo siento, por favor no lo comentes con nadie —pidió Hanzel uniendo sus palmas antes de suspirar—. El punto es que yo sé lo que es vivir con cáncer y hay dos opciones: dejarte morir o pelear con tus armas aunque no sea un médico, las armas de Hinata es su pasión por el volley, el cariño de sus padres y ese estúpido amor que no se define.

—¿Amor? —cada segundo que pasaba con Hanzel hablando sobre el pequeño cuervo parecía ser más irreal que el anterior—. ¿Hi-Hinata tiene novia?

—Hmp… —Hanzel se meció sobre sus talones mirando el cielo raso de una tienda—. Diremos que está enamorado de alguien y ese alguien le corresponde pero ninguno de los dos lo sabe —externo—. Y es un poco estresante pero… así son esas cosas… mientras tenga eso: pasión, amor y deseos de vivir la enfermedad por más avanzada que se encuentre puede desaparecer —Hanzel Senikov pensó en su madre y suspiró amargamente—. Cómo sea… espero que acepte… si lo hace, pues… te mandaré postales desde Holanda, Bo-chan —canturreó el americano volviendo a andar.

Petrificado desde su lugar observó como Hanzel se empezaba a alejar. Sencillamente Bokuto no sabía que era más perturbador: Que Hinata tuviera cáncer o que Hinata tuviera "novia" y un amor correspondido.

—¡Akaashi! —gritó mientras marcaba el teléfono de su armador. Necesitaba respuestas y las necesitaba ¡ya!

No iba perder en el amor contra Hinata, no señor.

La pequeña batalla en pro de la venganza a la nariz manchada de Kageyama se extendió a una persecución de dos cuadras hasta que alcanzaron un parque que tenía como atractivo un bonito y pequeño santuario, habían leído sobre él en las sugerencias de la guía para el turista que el hotel les había dado, y que si bien en primer lugar no había sonado para nada atractivo, ahora que corrían desesperados uno tratando de escapar del otro, parecía el mejor lugar del mundo. Con los altos y desnudos árboles cubriéndolos en su infantil juego, apenas un par de brotes se dejaban vislumbrar pues sus pocas hojas que el invierno les había perdonado ya yacían bajo las pisadas copiosas del par que jugaba cual niños de parvulario. Cuando Kageyama le dio alcance a Hinata lo había cogido de la cintura sólo para cargarlo mientras que éste pataleaba en el aire. Shoyo gimió de forma tonta mientras intentaba engullir toda la crepa a sabiendas que Kaegayama intentaría algo.

—¡Dame eso maldito! —gritó Kageyama y Hinata sólo se desbarataba en felices carcajadas que sonaron roncas y entrecortadas, rotas pero alegres. Doblándose y retorciéndose mientras que la crepa desaparecía a bocados gigantes.

—¡Nunca! ¡Compra la tuya, Kageyama-san! —contestó con la boca llena.

Al rey de la corte no le quedó más que derribar a su amigo y así ambos rodaron colina abajo, llenando su uniforme de hierba, lodo y felicidad. El cuerpo de Hinata chocó contra el de Kageyama mientras ambos seguían riendo sofocados. Con las narices rojas y las mejillas igual, el vaho saliendo de sus bocas en pequeñas bocanadas que daban muestra de que estaban vivos. Sus alientos mezclándose con el olor a húmedo y natural. Los pechos subiendo y bajando descontrolados. En la espalda del más alto se encajaba la punta de uno de sus tenis para jugar que llevaba dentro de su mochila, pero al girar a ver a Hinata supo que había tenido mucha suerte pues el menor tenía embarrado por todo el rostro, cuello y camisa lo que antes había sido una deliciosa crepa. No pudo evitar que sus ojos brillaran y poco después estallara a carcajada limpia. Hinara se ofendió removiéndose con violencia para estirar la mano manchada de crema para atacar a Kageyama el cual se revolvió para evitar que aquello ocurriera. Y nuevamente, se revolcaban contra la hierba y el lodo de aquel parque.

Porque eso era divertido, porque eso era natural. Porque si Kageyama pensaba en que debía estar con alguien, ese alguien debía ser Hinata: con él podía ser Kageyama Tobio. Con cada una de sus facetas Shoyo las aceptaba sin chistar desde el rey autoritario y cruel pasando por el compañero capaz de todo, el entusiasta, el idiota que reprobaba los exámenes hasta el simple adolescente de quince años que era tras todas las otras capas. Con Hinata podía ser sin tener que aparentar. Shoyo le comprendía, sólo le bastaba una pequeña ranura al mayor para atravesarlo con su luz natural. El número diez de Karasuno, ese que su admiración por el Pequeño Gigante rayaba en adoración, había llenado cada una de las grietas en el pecho de Tobio, y quizás no había reparado nada pues esas heridas las debía de reparar por sí solo el jugador, pero por lo menos ahí dentro no se sentía tan frío, ahora había un cálido sentimiento que le acompañaba cada vez que estaban juntos.

Una vez más ambos quedaron sin aire y Kageyama quiso ir por un contraataque pero Hinata estaba a su lado, sofocado en su propio éxtasis con una mano sobre su pecho y la otra rozando sus dedos. Mirando el cielo de Tokio a horas de pisar otra vez la cancha en la final de primavera. A Tobio sólo le quedó enredar sus dedos con los de su bloqueador y visualizar un futuro donde más días como esos fueran lo común, lo natural. Apretó la mano y fue tiempo de Hinata de rezar a los dioses porque le brindaran más tiempo. Sólo un poco más de tiempo.

Acercó su enferma humanidad hacia la de Kageyama, recargándose de él.

La tienda Nike podía esperar un par de minutos.

Durante el partido esa misma noche la cosa pinta peor que en el partido anterior, pero el grupo logra salir adelante. Con esfuerzos logran hacerlo. Ganan la confronta tras perder el primer set, de no haber sido por Daichi la moral del equipo se hubiera venido abajo y entonces todo habría estado perdido. Fue trabajo en conjunto: Tanaka y sus remates, habían logrado desconcertar un poco al otro equipo debido a que rugía con furia cada vez mandaba la pelota hasta el fondo, Azumane y su fuerza deliberada para hacer entender por qué era aún la estrella indiscutible, la pasión pasiva de Tsukki y sus estrategias que en manos de Kageyama se habían vuelto el infierno para los adversarios. Había sido un enfrentamiento complicado, claro que sí, pero bastante divertido.

El juego lo podían catalogar como el peor desde que habían ido contra Aoba y Oikawa, jamás nadie ni siquiera Ushiwaka daría tanto miedo como el Gran Rey, y lo catalogaban de aquel modo pues habían quedado hechos polvos pero nadie entendía porque se sentían como si hubiera sido la final y ahora fuesen los indiscutibles campeones, era extraño si lo pensaban desde el punto de vista externo, pero ellos que vivían la victoria como parte de su piel, como una capa extra de dermis, esa que estaba pegajosa y olorosa por la transpiración, era lo mejor del mundo.

Jugaron el segundo partido y después de haberle ganado a aquellos de Kansai se sentían tan poderosos que se les hizo poca cosa, no obstante, no subestimaron a sus enemigos y cogieron enserio cada uno de sus puntos, porque esos puntos no se anotaban solo, porque esos puntos en algún momento los hicieron dudar sobre su capacidad. Ese segundo equipo era bastante más simple y básico, sin jugadas llamativas o jugadores excepcionales, pero era la consolidación que tenían para jugar en conjunto lo que había hecho que Karasuno se exigiera más. Habían llegado a cuartos de final en años anteriores pero este año no estaban con sus jugadores de tercero y Karasuno estaba demasiado alzado como para impedir que se les fuera de las manos.

El calor de las dos victorias había provocado un extraño furor que no se controló ni siquiera cuando estuvieron en las habitaciones. Hinata había formado parte de la celebración pues por más atormentado que se encontrara era inevitable no gozar y regocijarse sobre la dicha de saber que estaban en cuartos de final, en los malditos cuartos, y ahora esperaban que Nekoma hiciera picadillo a su dos oponentes al día siguiente para poder llevar a cabo esa promesa. Fue en la habitación de Daichi donde los doce jugadores se reunió con permiso del entrenador para conversar, comer y desvelarse, sí, desvelarse al día siguiente se iban a quedar sólo para conocer sus contrincantes, y sobre todo para descansar el cuerpo. Ukai estaba seguro que al día siguiente el esfuerzo de ese día les iba a pasar factura a todos. Hasta Hinata que no había parado de gritar durante todo el encuentro.

La cosa en realidad había estado bastante animada, sobre todo cuando Tanaka sacó de su mochila de dormir una botella de sake mediana. Justo calzaba para una copa para cada uno de los doce estudiantes. Tsukki se negó en un principio, y claro que no era del tipo que cediera a la presión social, sin embargo, tras pensarlo un solo segundo y ver la cara de duda/suplica/haré lo mismo que hagas pero no me robes mi adolescencia descarriada de Yamaguchi accedió. Kageyama también estuvo por negarse pero al ver que Daichi había aceptado compartir con todos un trago de sake, sólo uno, supuso que no estaba "mal" el asunto. Además en los torneos escolares no hacían antidoping ni nada por el estilo, nadie sabría de la pequeña travesura cometida en la habitación 305 del hotle Biz en Tokio.

—¿Todos tienen vaso? —cuestionó Ennoshita mientras empezaba a escanciar en los aludidos de todos sus compañeros.

—Sí, todos tenemos vaso —dijo desganado Tsukki, sólo quería acabar para poder irse a dormir, a él no le iban las pijamadas, y se estaba esperando para que Tadashi socializara y lo arrastrara hacia la habitación donde ambos dormirían, el único motivo por el cual esperaba a su amigo era para que no fuera arrastrado a situaciones extrañas que lo terminaran por desvelar hasta altas horas de la noche, mismas a las que llegaría a la habitación donde él, Kei, iba a estar durmiendo y por consiguiente despertándose tras el alboroto de alguien entrando.

—Entonces ¡kampai! ¡Por la conquista del cielo de Tokio! —dijo Sawamura mientras alzaba su vaso de plástico con el contenido rosa. Los doces alzaron el vacio hacia donde el capitán dictaba, y después bebieron.

Noya y Tanaka se lo bebieron soltando exclamaciones de gusto, Suga se rió ante el sabor y la cara de asco de Azumane, Tsukki sonrió al ver un gesto muy similar en Kageyama.

—¿Qué sucede? ¿El sake de supermercado es muy corriente para el rey? —azuzó terminando su trago y tirando el vaso a un costado.

—No, creo que mi vaso tenía un bicho —indicó con el ceño fruncido.

—¿De verdad Kageyama-kun? —cuestionó Hinata para subir a la cama y ver el contenido del vaso blanco del aludido.

Kageyama se quejó al tener recargado a Hinata de su hombro, percibe el sutil aroma del sake que emanaba de la boca del menor que se quejaba por los gritos pegados por él mismo.

—Deja de gritar, ten… toma el mío… igual no me gusto.

—¿Ah? ¿Eres un niño? —molestó Kageyama haciéndose el conocedor de bebidas sólo para hacer enfadar a Hinata que se dejaba caer a la cama, el setter no despego la mirada del otro cogiendo el vaso del menor dejando de lado su propio vaso en la mesita de noche y dando un sorbo largo. Frunció el ceño al sabor amargo de la bebida—. Sabe horrible —espetó.

—¡Te dije! —gruñó Hinata que recibió de regreso su vaso vacío en la cara, Tobio se lo había arrojado—. ¿Quieres pelea?

El equipo se había quedado en silencio un par de segundos para después reír, nadie se atrevería a hacer la referencia de que habían bebido de la misma "copa" de sake, al menos esa era la idea hasta que Yamaguchi abrió la boca.

—Si esto fuera una celebración por boda, Kageyama y Hinata habrían sido los novios… han unido sus futuros y aceptado la voluntad de compartir los problemas venideros —advirtió el de pecas, a lo que ambos adolescentes se miraron entre sí.

Está de más decir que sus rostros se colorearon dándose cuenta de aquella atroz realidad pues aunque a ellos les iba bien la ceremonia que los comprometía aún más lo que se vino enseguida fue una broma que no terminaron de gastar en todo lo que duro el día y el viaje de regreso a Karasuno por parte de Tanaka, Tsukki y Noya. El dúo involucrado, el feliz matrimonio, se sintieron aliviados cuando escucharon que Daichi anunció dos días de descanso para retomar actividades nada más regresaran a clases.

Hinata y Kageyama no se vieron en esos dos días. Se comunicaban por medio de mensajes, sin embargo, fue el segundo día pasada la mañana que los mensajes de Shoyo se volvieron extraños, erráticos y hasta cierto punto cortante. En un principio pensó que estaba molesto por las publicaciones en son de burla de Tanaka en Facebook y secundadas –compartidas por todos los grupos escolares—por Tsukki. Pero de haber sido así se habría molestado con ellos y no con él. Tuvo serias intenciones de hacer su carrera matutina hasta la colina donde vivía el de cabellos naranja y preguntarles de frente qué era lo que ocurría pero temía alterarlo más.

Sin embargo recordó que Daichi le había dicho que no acosara al sol de Karasuno con preguntas innecesarias sobre el doctor, pues el menor del dúo de raros dedujo que quizás se trataba de aquello y eso lo ponía más ansioso. El capitán como casi la mayoría de aquellos que están mínima interesados por la salud del de cabellos naranjas se había tomado la molestia de colocar en el buscador de google: "cáncer" "mi amigo tiene cáncer" "cómo curar el cáncer" "cáncer y noviazgo". La bola siempre botaba hacia la comprensión del paciente: oídos, brazos y corazón abiertos hacia él. Sentirse cómodo y no como un ente distinto, enfermo. Nada de cuestionamientos que le remitieran a su condición ni mucho menos a que existía una posibilidad plausible de que dejará de ver la preciosa formación de nubes que les regalaba ocasionalmente el cielo de fin de invierno. Así que Kageyama tendría que acostumbrarse a ser paciente y que Hinata se acercará a él cuando estuviera listo.

Ciertamente para Hinata la que vivía ahora era una extraña realidad a la cual no se iba poder acostumbrar jamás. Mantener tanto tiempo los pies quietos en la tierra empezaba a causarle cierto escozor no sólo en su pecho sino en su pensamiento. En más de una ocasión durante el día su cabeza volaba hacia los días donde había visto el mundo desde su punto más alto gracias a los balones que siempre se elevaban para él. Poco a poco dichos recuerdos parecían ser ensoñaciones que sólo se sentían reales cuando podía escaparse de su miseria y rasgar con garras débiles un poco las paredes, botar un balón y rematarlo antes de que su tiempo muerto terminara y tuviera que volver a la horrible rutina impuesta por hombres en batas. Sólo dios –o los dioses—sabían cuánto tiempo iba a permanecer con vida pero más importante, cuánto tiempo iba a permanecer soportando esa tortura constante.

Esa misma realidad lo había eclipsado, haciéndole saber que no podía ir más allá. Pero algo curioso había pasado ese día, justamente dos cosas. Detalle que no había pasado por alto a sus padres. Ese día por la mañana el señor Hinata había viajado desde Sendai hasta su hogar para sentarse con su esposa y explicarle a su hijo que ya era tiempo de preparar su retirada del volley, sin embargo, tras decirles aquellas palabras que habían destrozado a Hinata el cartero había llevado lo que parecía una indicación divina. Una orden enviada por seres superiores. Ni Hinata Misaki, ni Hinata Aki, los padres del cuervo, sabían nada de medicina, o de voleibol, o de resistencia física, pero tras el rostro de su hijo que se debatía entre tirarse a al angustia, depresión o felicidad, alegría, supieron que no podían tomar una decisión ellos solos.

Si Shoyo lo quería, Shoyo debía luchar por ello.

Por su sueño.

Y sus padres lo iban a apoyar y detenerlo cuando su cuerpo realmente lo pidiera.

Quizás era por eso que se había animado en primer lugar en extender la invitación oficial de parte del Horizon para participar en el Grand Prix Sub-17 en Holanda como escolar invitado hacia Ukai sensei que confundido había leído todo con ojos primero inconscientes y después releer con ojos confundidos. Esa fría mañana de enero Hinata se había hecho un destello de valentía, decidido a que Ukai debía de recibir la carta antes de que la amargura y el desprecio por sí mismo acabaran por obligarlo a destruir el oficio. Porque él quería un futuro, uno propio, y hablar de él con la misma ilusión y determinación con la que Hanzel hablaba de su propio futuro.

—¿Qué es esto, Hinata? —preguntó el entrenador observando el papel entre sus manos. La boca se volvió ceniza a la que le apetecía un cigarrillo—. ¿De dónde sacaste esto, Hinata? —la voz dura y firme del entrenador hicieron que la mirada de algunos de los compañeros del menor que entrenaban los saques en la cercanía giraran su mirada hacia el par que hablaban.

Más allá Kageyama había depositado su mirada sobre el pequeño enano que le había estado evitando por Line la noche anterior.

—Me llegó ayer, mis padres han pedido que Ukai-san decida si soy apto para ello —hizo una reverencia—. Por favor, considérelo, Ukai-sensei.

Ukai se acarició el cuello serio observaba la hoja que Hinata le había llevado. Era cierto que Hinata era un jugador excepcional pero no comprendía que estaban viendo en él los del Horizon como para hacer semejante solicitud. Ahora que si lo ponía todo fríamente sobre el tablero, si Hinata estaba en condiciones de jugar pues lo mejor es que jugara para Karasuno, pero estaba el asunto que la inscripción al torneo se había omitido el nombre de Hinata debido a su condición y no figuraba dentro de la selección oficial, no era un problema pues se agregaba y ya, el detalle caía en precisamente la condición de Hinata.

—El doctor dijo que podía jugar con los cuidados que me han indicado… he estado entrenando y creo que puedo hacerlo, Ukai-sensei —a este punto el gimnasio se había quedado en silencio pues la voz del pelirrojo rompía el ruido del entrenamiento.

—¿Tú qué quieres hacer Hinata? —preguntó con toda la seriedad y entereza del mundo el teñido sin dejar de ver el documento.

—Quiero jugar para el Karasuno, Ukai-sensei.

—Sí, lo sé… pero entonces ¿por qué me trajiste esto? ¿Es por ir a conocer un país extranjero? ¿Es como una especie de reproche porque no estás jugando? O…

—No es eso, Ukai-sensei —dijo rápidamente—. En realidad… —se removió incomodo incorporándose y mirando el piso con las mejillas adquiriendo un tono rosado—. No tiene nada que ver conmigo o con Karasuno o con usted… —Ukai parecía no comprender—. Verá… —sus ojos aterrizaron en la alta médica que estaba en sus manos y no había entregado aún a Ukai, ese permiso que había conseguido el día anterior con el doctor tras el acoso inesperado del chico y tras un chequeo—. Aunque ahora mismo me metiera al equipo, sería apresurado… ellos están llevando su ritmo, pero no puedo sencillamente quedarme en la banda y observar… hago mis anotaciones.

—Y son muy útiles —interrumpió Ukai.

—Sí… pero no es tan útil como yo jugando en una cancha… rematando y… eso —jugó con sus dedos—. Quiero jugar con Karasuno y… también quiero representar a Japón, quizás no de la forma oficial como lo hará Ushijima y los otros pero si a mi manera, demostrar que no es por Karasuno, que no es por Kageyama o por alguien más que hago esto y aquello… sino por mí mismo y que el cáncer no es un freno… —alzó la mirada a su maestro—. Hay una semana de diferencia entre la final de Tokio y el primer partido en Brujas —ciudad donde serían los primeros partidos del Grand Prix—. Es un mes entero y… regresaría a mediados de las vacaciones de verano para alistarme y entrar al segundo año… yo quiero jugar con Karasuno y ganar con los de senpais y todos los demás pero… también quiero volverme más fuerte pues para segundo año, los senpais ya no estarán y será responsabilidad de nosotros volver a las nacionales y hacer de Karasuno una potencia… con lo que aprenda ahí… con lo que vea ahí sé que puedo volverme más fuerte, Ukai-sensei, por favor —la reverencia se hizo firme sin titubeos.

Keishi volvió a acariciar su nuca esa noche mientras meditaba sobre lo que iba a hacer. Cierto es que el médico había dado una autorización para que jugara pero se preguntaba cuánto es lo que realmente iba a soportar el cuerpo de Hinata antes de eclosionar. El chico tenía una resistencia absolutamente alta, mayor a la que había visto jamás, pero una enfermedad tan cruel como lo era el cáncer no era algo que se pudiera tomar a la ligera. Meditó sus opciones y pensó en Kageyama y Tsukki, la oportunidad que se les había brindado al poder ir a entrenamientos y concentraciones especiales, aptas para sus habilidades, Hinata se había hecho una oportunidad a la fuerza obteniendo resultados a media. Ahora no era ni una concentración ni un entrenamiento, era una competencia, a nivel internacional. No era ir a jugar con la asociación de vecinos, era algo grande y gordo. Además… recordaba la forma de juego tan sólida del Horizon, una forma de juego que no iba para nada con los del Karasuno, mucho menos para un alma tan libre como lo era Hinata.

Un jugador como Oikawa o como Aone sería más apto para aquel papel y ni siquiera estaban considerados dentro del torneo nacional así que no habría mucho apuro con pedirles que se unieran a ellos. Sin embargo, ellos habían elegido a Hinata. ¿Dejarlo ir a su suerte? ¿Y si fracasaba miserablemente? Pero… ¿y si triunfaba? No se trataba del cáncer o de sí Shoyo podía jugar, se trataba de la capacidad del muchacho. Era una decisión que él no podía tomar, se sentía cobarde buscando excusas para negarle a Shoyo la ida pues de algo estaba seguro y es que si ocurría cualquier cosa se iba a sentir culpable de por vida.

Decisiones, decisiones, en esos momentos se daba cuenta que aún era un mocoso y no podía tomar el toro por los cuernos.

—Qué vaya.

—¿Qué?

—Si lo dejas aquí lo estarías privando de una oportunidad de oro… quizás no gane y se vuelva un lastre para el otro equipo que tiene su propio ritmo… pero, un entrenador no se dejaría llevar por mero capricho al ver algo tan exótico como Hinata, Keiishi, y mucho menos un entrenador como Frank Jeffery que ha estado en torneos internacionales… —el abuelo del teñido dio una larga calada de humo a su cigarrillo. Ambos estaban sentados en el borde del pasillo exterior de la casa del mayor frente a la cancha de volley—. Si ese entrenador a decidido reclutar al enano es porque hay algo para él, y si sólo es para rellenar la banca pues… será un viaje por el mundo gratis, aunque conociéndolo… con sólo ponerlo de frente a un partido apuesto de que de algo se va a apropiar —dio otra calada—. Pero si realmente lo quiere para algo, y ese algo funciona… —sonrió el anciano mientras se incorporaba lentamente—. Te van a regresar a Hinata Shoyo más experimentado… este año se van los de tercero… y deberás rellenar con algo ese hueco gigante, Keiishi…

—Pero Hinata y su condi…

Una patada en la espalda lo hizo callar.

—No te atrevas a hablar sobre "condiciones y salud" frente a mí… así que cierra la maldita boca, firma el permiso y deja que el chico vaya… ahora que si no quieres mandar a un lastimero cuervo… déjalo jugar en los partidos de las nacionales… servirán de calentamiento… —bromeó Ukai empezando a caminar hacia el interior de la casa—. Aunque al final, es tu decisión, Keiishi… es tu equipo, tú sabes qué hacer con él…

En primer lugar si supiera qué hacer con su equipo, en específico con Hinata y la situación no estaría pidiendo ayuda, para empezar, y para terminar, no era sólo su equipo. Y si lo meditaba no sólo era su equipo., era el de todos: el de Daichi, Sugawara, Asahi, Nishinoya, todos… todos. Incluso el de Shoyo.

Y fue en ese momento en que la respuesta le llegó.

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Review:

Yukie: Hahahaha, tu review me hizo el día, cada vez que lo leo me alegro un poquito más. Y bueno, sí, esta historia es el mar de triste por el simple hecho del argumento principal, se me dan muy bien hacer sufrir a los personajes según me dicen conocidos. Muchas gracias por tu apoyo, y bueno, te diré que no todo el fic será KageHina -super spoiler- y es todo lo que diré, en lo personal el KageHina me gusta mucho y casi no hay historias sobre ellos, por otro lado, leer que lees la historia a pesar de que no es de tu total agrado la pareja principal, o la que se supone debe de serlo, me infla el ego hasta más allá de las nubes. Por la virgen de la macarena que lo hace. Por desgracia, como dije, a partir de este punto pues nos divorciamos del manga y seguimos nuestro propio "au", no obstante trato de remitir casi todo al manga pues sí, en el anime se roban partes importantes, apenas el fin de semana he hecho rabia por el capítulo de Haikyuu! del viernes, me robaron un diálogo súper importante d eUkai-sensei, pero ni qué hacer. Y bueno, quedó resuelto el misterio de Bokuto hahaha, aunque creo que ya se resolvieron muchos misterios. Y seguirán resolviéndose en el futuro donde espero aún te encuentres.

Gracias por tu apoyo nuevamente y nos leemos pronto. c:

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Gracias por leer.

St. Yukionna.

Quien los ama de corazón, costilla y pulmón.