Descarga de responsabilidad: Haikyuu! no me pertenece, sólo la historia y los oc que aparecen en ella.
Advertencia:Yaoi. Enfermedad. Hurt. Ocs.
Cronopios del autor: Vamos por el capítulo ocho y no me la creo que es la primera vez que avanzo tanto en una historia, y me alegra avisarles que tengo hasta el capítulo doce escrito -yehi-, sin embargo, deduzco que muchas me van a odiar más y más a partir del siguiente. Pero... NO ME IMPORTA porque yo las amo con todo y su odio. De verdad que trato escribir cosas hermosas y románticas y provida pero... no me sale, mi vena angst-drama-hurt es más fuerte y eso me da tristeza. Lo lamento chicos, prometo que mi siguiente proyecto será más feliz. Otra cosa, la semana pasada no actualicé "Circo de las rarezas" ni "Reyes de la montaña", estoy esperando tenerlas un poquito avanzadas para poder publicar con tranquilidad. Yo creo que entre esta semana y la siguiente estaré actualizando. Tranquilas que no abandonaré ningún proyecto. Muchas gracias por los follows, los favs y los reviews del capítulo pasado, son lo más c:
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Las mil plumas del cuervo
por St. Yukiona
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Cuando los medicamentos fallan, y las esperanzas flaquean sólo había una persona a la que Shoyo solía llamar. Una única persona que le podía dar aliento sin sentirse patético. El cuerpo dolía como no se tenía idea. Los tratamientos de un tiempo a la fecha habían sido más abrasivos de lo normal. No podía con eso, no podía con esa carga. Dios, pedía porque todo se acabará. Había estado yendo a grupos de ayuda pero ver a un círculo de personas que tenían grabadas en su frente la palabra "muerte" más allá de ayudarlo lo hacían sentirse peor. Miserable. Era como estar ante una final y saber de antemano que el partido estaba arreglado para que tu equipo perdiera. Esa misma impotencia era la que se expandía por su cuerpo.
—¿Tobio?
—¿Shoyo?
—Lamento llamarte a esta hora…
—N-no… no te disculpes ¿estás bien?
—Oye ¿estás ocupado?
Un silencio respondió, después ruido que apenas fue audible. Hinata podía cerrar los ojos e imaginarse al setter moverse con cuidado para salir de la cama y caminar hacia la terraza de su habitación, esa terraza por la que tantas veces había reptado para llegar hasta el encuentro de su Julieta, aunque los roles se jugaban distintos llegada la hora de amar, a Hinata siempre le gustaba joder con que él era el Romeo de la relación. La respiración de Kageyama del otro lado sonó de pronto más intensa, sí, estaba afuera, en el frío invierno de Tokio.
—¿Te abrigaste?
A Kageyama se le encogió el corazón. ¿Cómo podía pensar cosas como esas cuando la voz sonaba tan afectada.
—Sí, me abrigué, mamá…
—Oye… la tía me va reclamar si sabe que te estoy llamando a esta hora y sales de tu pieza sin abrigarte bien…
—No creo que a mamá le importe —dijo Tobio, relajado, no quería mostrarse ansioso, aunque después de dos minutos de mutis compartida aclaró su garganta—. ¿Y bien?
—Kageyama sigue siendo un impaciente, estaba creando tensión.
—Idiota, ¿qué más tensión quieres? Estás en Suiza, yo en Japón, creo que suficiente tensión hay…
—No, no… ya sabes de esa tensión que hay en las novelas…
—Deja de ver programas para mujeres de cuarenta, por favor, Shoyo.
La risa del menor sonó sincera y eso le llenó al alma al colocador de la selección japonesa. Después la tos crónica y constante hizo que se rascara la nuca con cierta desesperación. Seguía experimentando ataques de rabia al pensar sobre la condición del pelirrojo.
—Oye… ¿estás bien?
Más tos.
—Shoyo, ¿Estás solo? ¿No está contigo Tooru?
—Sí —Kageyama escuchó arcadas y supo que la cosa no iba bien cuando un ruido sordo se escuchó, más ruido por parte de Hinata. Decidió colgar y marcar enseguida al excapitán del Seijou. El pulso le tembló, mientras que buscaba en la agenda de su smarthphone el número que tuvo que haber borrado tras todo aquel incidente en Los Ángeles hacía cinco años atrás pero que aún así conservaba por cualquier tipo de situación.
—Ya sé, ya sé, te llamó después —contestó Oikawa antes de que la llamada se cortara. Kageyama apretó los labios y una agitación se produjo lentamente en su pecho, empezando a crecer, y a crecer, como el huevo de un ave que eclosiona y en cuestión de segundos ya no es un polluelo sino una furiosa y hambrienta águila que rasga y pica, despedaza queriendo salir de su encierro. El teléfono en un momento de lucidez fue guardado en la bolsa de su pijama pero la pequeña y coqueta mesita de madera para tomar el café que mantenía en su balcón salió disparada contra el barandal; despedazándose en el impacto ante la fuerza furiosa que el colocador presto a la acción.
Maldijo el nombre de Oikawa. Maldijo a Shoyo por haberle llamado. Se maldijo él, y maldijo a la puta enfermedad.
8.- Un ave lejos de la jaula.
—Kageyama —habló con media voz el pelirrojo mientras apretaba una pequeña bolsa de cartón. La estrujaba. La retorcía queriendo verter en ese fuerte agarre el miedo, el pánico y dolor que estaba sintiendo ante el rechazo evidente de su setter. Su amigo. Su… su cosa extraña que era Kageyama, esa cosa o persona, que le hacía estrujar el pecho y cada uno de sus músculos cada vez que hablaban o se miraban. Era extraño, nunca lo había sentido pero ahí estaba, se había dado cuenta de eso desde el día en que Kageyama había ido a su casa tras su altercado en que el equipo completo se enterara que tenía cáncer y que iba a dejar el equipo, ese día él había colapsado y Kageyama había ido a verle para pedirle disculpas. Tras verlo ahí, doliente y con los ojos empañados por una extraña expresión, sintió como el aire se volvía más ligero entre ellos, como el ambiente había empezado cambiar y como nada iba a ser como antes.
A partir de ese instante, Shoyo había puesto total atención a cómo el mundo iba girando. Su lugar terrenal en el espacio era distinto y parecía gustarle más si alguien como Kageyama Tobio estaba a su lado. La existencia haciendo su magia, el tiempo transformándolos a ellos, disfrutando como de ser "Hinata-idiota", era "Shoyo-estúpido". Hasta el sabor de los remates había empezado a mutar en una extraña hazaña que sólo los amantes experimentados en la cancha podían hacer: Limpios y serenos, transferían confianza y paz. Eran sensaciones que no podía explicar, el inocente vocabulario de Shoyo no alcanzaba a descifrar todo.
—Kage-geyama —volvió a llamar Shoyo, para este punto se había empezado a romper en pequeños fragmentos, hacía un esfuerzo por no desmoronarse ahí mismo.
—¿Qué?
—Mírame… —suplicó con voz baja.
—…
—¡Tobio! —gimió dando algunos pasos hacia él.
El aludido se incorporó echando a su hombro la maleta deportiva que había estado alistando.
—No tengo nada que hablar contigo, Hinata —expresó con frialdad.
—P-pero… no me estoy yendo para siempre, y el doctor me ha dado autorización, y… Kageyama… Tobio, Tobio… no me mires así —suplicó mientras caminaba aún detrás de él cuando éste le rebasó por un lado para seguir andando hacia la salida del gimnasio.
Los otros miembros del club habían escuchado la mayor parte de la penosa conversación pero por sugerencia –orden- de Suga habían empezado a acercarse al autobús, de algún modo se merecían esa especie de privacidad, misma que se perdió cuando el dúo salió del recinto y llevaron la penosa escena al exterior donde era evidente y difícil se eludir.
—¡Kageyama! —gritó Hinata.
—¡No, Hinata! ¡No! ¡No quiero hablar contigo! ¡No quiero hacerlo! —respondió el cuervo llamando por fin la atención de todos, que si bien habían estado espiando, ahora era inevitable observar como Kageyama empujaba a Hinata.
—Oe, Kageyama —Daichi hizo el amago de acercarse pero Suga enseguida lo detuvo y negó.
—¡Eres un maldito egoísta desconsiderado! ¡Sólo nos usaste todos estos malditos meses para mejorar tu patética técnica! A la primera oportunidad te estas largando dejándonos a todo atrás…
—¡No los estoy abandonando, Kageyama! Só-sólo es una oportunidad como la que tuviste tú, o como la que tuvo Tsukishima.
—A mí no me metan en sus problemas… de idiotas —susurró el rubio desde su lugar desinteresado totalmente por la situación, seguía ayudando a subir las maletas, no por el placer de servir, sino por la obligación que un "sorteo" al azar donde había perdido.
—¡No es lo mismo! —jadeó furioso Kageyama—. No es lo mismo, Karasuno no tenía ningún partido importante, no había nada… es diferente, ni siquiera te atrevas a compararlo porque el entrenamiento era para que mejoraramos y ni siquiera tuvimos elección, fue…
—Tuviste la elección de quedarte o ir… nadie te obligo.
—Y nadie te está obligando en este momento, Hinata. De ir a jugar con un montón de desconocidos a jugar… no un partido… sino la final de las nacionales prefieres largarte con los extranjeros desconocidos con los cuales apenas has hablado un par de veces, pues perfecto… —movió las manos—. No tengo interés en tipos que son doble cara como tú —expetó acercándose al menor—. Hasta un sujeto desagradable y con mala actitud como Oikawa anteponía a su equipo sobre cualquier otra cosa… pero tú… has perdido todo mi respeto, Shoyo… —farfulló lo último sobre el rostro del más pequeño, al punto que sus alientos se mezclaron en uno. A Hinata aquel acercamiento en cualquier otro momento le hubiera parecido la cosa más vergonzosa del mundo, pues había percibido hasta la fragancia refrescante de la pasta dental sabor menta que el otro usaba, sin embargo, ahí, en medio del patio lateral de la Preparatoria Karasuno, todo fue un golpe certero y directo.
El gesto del pelirrojo se marchitó al borde de un colapso.
—Pues… yo aún pienso que eres genial, Tobio… y sé que harás ganar al equipo, porque el equipo necesita una torre de control, no un rematador enfermo que se canse a los dos minutos de jugar… —empujó la bolsa de cartón hacia el pecho del colocador, no hubo manos que sostuvieran la bolsa así que irremediablemente cayó al piso. Hinata apretó más los labios y rodeó la estatua que era Kageyama para ir hacia el resto del equipo que enseguida trató de reponer el semblante—. Mucho éxito, estaré apoyándolos.
—Seguro… suerte para ti también, Hinata —pidió Daichi con una sonrisa.
—No olvides enviar fotografías de las chicas, hablales de tus senpais —alegó Tanaka con efusividad mientras Noya se le colgaba al cuello y lo despeinaba.
—Sí, sí… aunque diles que tenemos a nuestra diosa… —dijo el líbero.
—Hinata, esto es de parte del equipo —masculló Shimizu que se acercaba con un obsequio.
—Procura no apartarte del grupo, Hinata, con tu excelente inglés seguro no te volvemos a ver —agregó Tsukishima subiéndose de una vez al autobús.
—Traes recuerdos para todos —sugirió otra vez Tanaka.
—Que Hinata va a competir no va a hacer turismo, aunque no olvides traer buenos recuerdos y una victoria, para cuando hayamos ganado el campeonato ustedes seguirán en competencia así que vamos estar al pendiente, animándote —señaló Daichi con confianza.
—Gracias por su apoyo —el labio inferior le tembló al pelirrojo. Sus emociones eran un tren desbocado que estaba tomando peligrosas curvas a una velocidad acelerada, en cualquier momento iba a volcar, pero soportaría—. De verdad… —ahora su voz fue la que se volvió trémula, restregó con fuerza sus ojos, el llanto quería salir por tristeza y autentica felicidad a partes iguales—. Ganaré igual que ustedes… no los defraudaré… gracias —hizo una reverencia.
—Hinata —habló Kageyama a un lado suyo, los ojos de todos estuvo puesta en el dúo de raros. El corazón del pelirrojo latió con fuerza girando con lentitud sus ojos, la saliva que pasó por su garganta hizo que ésta ardiera.
—No quiero tu basura sentimental —entregó la bolsa de cartón que Hinata le había dado sobre el paquete que sostenía Shoyo.
El silencio se formó al tanto Kageyama subía al autobús.
—El rey ha vuelto.
Ni siquiera tuvo que girar la mirada el de ojos azules para saber que aquel comentario había sido por parte de Tsukishima que se encontraba en el primer asiento.
Claro, el rey había vuelto.
—¿Todas tus medicinas?
—Sí, mamá.
—¿Y empacaste tu ropa interior?
—También.
—¿Traes el número del hospital más cercano que nos recomendó el doctor Fujita?
—Sí.
—¿Y el cargador de tu teléfono?
—Sí.
—¿Traes el celular?
—Sí…
—¿Tu pasaporte?
Hinata alzó su documentación. Hanzel a su lado sólo podía sonreír como un buen chico jugando con su teléfono, posteando en redes sociales las fotografías de su boleto a avión y su gafete como jugador representante de Japón en la Copa Sub 17 de Holanda. Le parecía un extraño sueño, el primer paso a su brillante futuro.
—Han-kun —llamó la acongojada madre de Shoyo, a lo que éste enseguida guardó el móvil para observar a la señora. Muy bonita, típico estereotipo japonés, aunque a los ojos del chico todas las japonesas eran muy bellas.
—Sí, señora.
—Por favor… cualquier cosa…
—La llamaré, señora. Le prometí que me iba hacer cargo de su hijo, vigilaré sus comidas, que esté bien arropado por las noches, que tome todas sus medicinas y hasta traigo la correa que me ha dado para amarrarlo cuando salgamos a correr —mostró la susodicha que era utilizado como arnés de seguridad para niños pequeños. El pelirrojo sólo pudo ocultar su rostro totalmente sonrojado.
—Muy bien, Han-kun, vayan y ganen…
—Ese es el plan, señora.
La mujer abrazó a Hanzel, después a su hijo y se alejó, el padre de Hinata se acercó entonces.
—Recuerda que ganar no lo es todo.
—Para mí si papá…
Esa no era la única que iba a ganar.
Los señores Hinatas observaron en silencio como su hijo y su nuevo, excéntrico y extranjero compañero se unían al resto de chicos que caminaban animadamente hacia el andel donde documentarían equipaje. Hinata era el más bajito de la cuadrilla pero lo que más le llamaba la atención a los padres del sol de Karasuno era no verlo portar el ya acostumbrado la casaca que lo designaba como jugador del club de voleibol del Karasuno. Era extraño asociar a su hijo con otro color que no fuera el color de los cuervos, ahora portaba un uniforme distinto. Aunque la convicción y el hambre de victoria era la misma.
Hanzel le explicó a Hinata que era un viaje largo, muy largo, a diferencia de otros internacionales no habría escalas, el avión donde iban era uno equipado para viajes de larga duración. Le contó sobre su propio viaje de Los Ángeles a Narita hacía dos años atrás, y cómo tendría que hacer el mismo recorrido para agosto para hacer exámenes de la universidad. Conversaron acerca de un par de remates y Hanzel le entregó la lista de señales que utilizaría específicamente con él para acoplarse, tenían dos días para entrenar y coordinar bien, aunque en los escasos entrenamientos que habían logrado tener antes había hecho buena dupla, Hinata sabía que iba a ser complicado que Hanzel y él acoplaran a la primera pero se las arreglarían, los dos estaban ansiosos por ganar.
—Toma el de la ventanilla… —pidió con una sonrisa—. La vista es asombrosa.
Hinata hizo caso, y se sentó abrochando el cinturón, pero pronto se quedó callado, ensimismado. Había estado tan inmerso en sus problemas emocionales, la confusión y miseria sentimental, su problema de salud y la implicación ética de haber dejado a su equipo solo en medio de una guerra, que dejó pasar por alto un problema que bien sería "diminuto" pero que ahora se le venía encima. Su mano enseguida buscó la de Hanzel que saltó al darse cuenta del contacto. Regresó el apretón mientras miraba hacia todos lados buscando la fuente del pánico que estaba experimentando el pelirrojo, pues sentía el pulso trémulo, la palma fría y sudorosa, conociendo a Shoyo algo malo debía estar pasando. ¿Terroristas? ¿Kageyama lo había seguido hasta el avión? ¿Algún exrival?
—¿Qué suc-
—Hanzel… —la voz ahogada en el terror apenas era entendible—. ¿Es… esta cosa…?
—¿Esta cosa?
—Sí… ¿es…esta co-cosa… —tragó saliva el pelirrojo—… no se cae? ¿cierto?
—¿Ah? ¿Esta cosa? ¿Te refieres al avión, Shoyo? —enarcó la ceja —. ¿Acaso… es tu primera vez?
Las primeras dos horas de vuelo fueron paranoia pura. Inclusive el usuario Unsettermas_01 de Instagram había subido un vídeo donde se le podía ver a Shoyo con la cara metida en una bolsa de cartón mientras que rezaba sus predicciones de viaje que iban desde aducciones alienígenas y choques con naves intergalácticas que orbitaran al mismo tiempo en los cielos internacionales. Conforme el tiempo pasó, el menor se quedó dormido. Hanzel a su lado sólo le observaba con calma. Reflexionaba sobre lo afortunado que era y lo pendejo que había sido Kageyama, nada más ganaran en Holanda y regresarán a Japón iría a cruzar un par de palabras con el moreno. Más tarde que temprano también cayó rendido, pero acostumbrado a los vuelos largos terminó por despertar pasadas las ocho horas de vuelo continuo, era directo a la capital de Holanda, doce felices horas, y de ahí casi seis horas en autobús hasta Brujas, la travesía por el mundo.
Los sueños de Hinata fluctuaban entre momentos vividos en el gimnasio de su escuela y lo que su inconsciente creía pudo haber sido su participación en la final. Sintiendo los nervios que todos debían tener, con la ansiedad por escuchar el silbato del árbitro llamando al saque. Con el hambre de un remate y la necesidad de escuchar la voz de Kageyama gritándole idiota. Daichi volviéndose la fuerza adicional haciendo que la magia siguiera transcurriendo. Asahi tan confiable iba a estar detrás y Tsukki con su gesto impenetrable preparado para cada uno de los ataques.
—¡Mío! —gritaría mientras corre hacia la red apresurando el salto, y para cuando su mano baja manda de un impulso salvaje el balón hacia el otro lado de la red. Desciende en cámara lenta observando cómo su remate a logrado impactar entre dos de los bloqueadores, quienes apenas entienden que un monstruo los ha marcado—. ¡Sí! —rugiría.
—¡Buen remate, Hinata! —alguien del equipo día al tanto Daichi volvería a recibir el balón para prepararse y dar un saque igual de potente al que habría dado al inicio.
—Hinata —llamaría Kageyama mientras le regala una mirada y después acomodaría su cabello detrás de su oreja. Hinata parpadearía varias veces y sonreiría confiado. Sería un rápido a la inversa, es decir, para Tanaka que estaba atrás. Cambiarían posición por un segundo. Algo como el ataque sincronizado pero sólo con dos personas. Tanaka quien habría visto aquello sonreiría disimuladamente porque daba la casualidad que el equipo contra el que se enfrentaban eran observadores, Karasuno tendría que aguardar todas sus cartas lo más cuidadoso que pudieran para no ser descubiertos tan rápido.
Todas las cartas bajo la mesa, fuera del alcance de la vista del adversario.
Sin Hinata en el partido la cosa se complicaban, habían estado jugando los últimos partidos sin él así que tenían una idea de cómo era luchar sin una de sus armas más fuertes. No obstante, lo que más le preocupaba en ese momento a Daichi no era la formula que usarían para ganar, sino la inestabilidad emocional evidente por la cual estaba cruzando Kageyama. Torció los labios mientras que lo veía beber con molestia el agua, casi como si despreciara lo que estaba ingiriendo. Secándose los labios con violencia y con el ceño fruncido tal como si esté fuese ya parte de su rostro desde que había tomado su lugar en el asiento del autobús que lo había trasladado hasta Tokio.
Hablar con los más jóvenes era siempre un suplicio para Sawamura, por más que Koushi le dijera que lo hacía muy bien, a él le sabía que sus palabras siempre estaban vacías, una verborrea que no llevaba a ningún lado. Por otro lado notaba con cierta envidia como Ennoshita se acercaba para pasarle otra botella de agua a Kageyama
—Aquí tengo una… gracias, Ennoshita-san —inquirió Kageyama desconcertado.
—Sí, pero parece que estás tomando veneno, Kageyama-kun —expresó el número seis con su gesto serio—. Así que supuse que había algo malo con la botella o con el agua.
—N-no… está bien.
—Perfecto —Ennoshita desvió la mirada y la volvió a Kageyama—. Entonces hay algo mal contigo, ¿no?
—¿Qué?
—Bueno, si no es la botella, si no es el agua, y aún parece que estás muriendo cada vez que respiras, entonces hay algo mal contigo.
—…
—Hmp… ¿es por lo de Hinata, no?
El setter apretó los labios, y bajó el rostro.
—A veces nos equivocamos, no sabemos utilizar las mejores palabras y en lo que a mí respecta no tengo ningún tipo de experiencia en el ámbito romántico.
—¿Romántico?
—Pero… creo que a Hinata le quedó claro que lamentabas mucho lo que pasó.
Los ojos de Kageyama se abrieron de par a par ante las palabras ajenas para después entrecerrarlos y desviarlo. Apretando su vaso de plástico, habían pasado sólo un par de horas desde que en el estacionamiento de la escuela Karasuno supiera que el rey había retornado. Subiendo al autobús, acomodándose en el asiento, dándose cuenta que si acomodaba la mochila con sus pertenencias en el asiento que había a su lado, éste, el asiento, siempre iba a estar así: lleno de cualquier cosa inanimada pero no de una persona que le regalara en los peores días una sonrisa, un empujón o un "qué malo Kageyama". Si permitía que el rencor, los celos y el enojo siguieran actuando por él, iba a hacer una grieta igual de grande como la que había hecho con sus compañeros de equipo de la escuela secundaria, pero en esta ocasión no habría nadie para indicarle que estaría ahí para él. No, no. No podía pasar eso. Así que en seguida que el capitán y el resto del equipo habían empezado a subir al autobús para partir a Tokio, él despegó la carrera para bajar y buscar con desesperó a Hinata.
—¡Kageyama! —había gritado Daichi tratando de detener al colocador.
Ukai fue el único testigo de primera mano en el momento exacto en que Tobio girara con fuerza al bloqueador central para abrazarlo, aferrarse a él. Apretarlo contra sí y hundir su nariz contra los cabellos despeinados del sol de Karasuno, quien confundido sólo se quedó de pie dejándose hacer entre ese par de brazos.
—Idiota —farfulló Kageyama. No un perdón, no un lo siento. Sólo él siendo él. Empujando sus sentimientos de arrepentimiento.
Ante el recuerdo, y al saberse correspondido con brazos temblorosos, no pudo nada más que teñirse de rojo y ocultar su rostro lejos de la mirada de Ennoshita. No había estado en paz desde ese abrazo, no por la vergüenza de haberlo hecho frente a todo el equipo, entrenador y maestro titular, sino por la culpa de no haber dicho nada más que un simple "idiota".
—A veces las acciones dicen más que las palabras, Kageyama-kun —refirió Ennoshita antes de sonreírle para volver al entrenamiento.
Daichi se pudo sentir más aliviado cuando vio cómo los hombros de Kageyama se relajaron y por el modo en que Ennoshita sonreía camino a la línea de saque donde todos lanzaban al otro lado de la red, supuso que había sido una buena elección no haber intervenido ene se pozo. Después de todo, él no acababa de entender la relación entre Kageyama y Hinata, no es que le importará si salían o no, lo que le importaba es que ambos estuvieran bien, en paz, sobre todo Hinata. Claro que él había sido el primero en negarse en su fuero interno sobre la participación de Shoyo en la Copa sub-17, no obstante, tras escuchar las palabras de Suga se dio cuenta que en realidad sólo era su preocupación hablando a través de una negación. Shoyo había decidido seguir luchando, mantenerse sano a pesar que su cuerpo había decidido pudrirse.
Sus pensamientos, estarían con Shoyo. Sus pensamientos como el de todo el equipo. Porque un cuervo a donde fuese que fuera, peleaba.
Karasuno, peleaba.
Poco a poco la luz que entraba por la pequeña ventana del avión lo dejaba cegado. Dolía. Pero no se movió. El cuello como el resto de su cuerpo se sentía extraño, con punzadas latentes adquiridas gracias a la postura en que había caído dormido. Sus ojos se pasearon de las nubes que sobrevolaban y que por un momento le hicieron dudar si seguía soñando o era la realidad. Porque si era la realidad, juraba que era lo más hermoso que jamás había visto. Bostezó volviéndose a acurrucar debajo de la manta, misma que no tenía idea de cómo había llegado hasta él, pero ah, qué bien se sentía. Removiéndose nuevamente, dentro de su campo de visión corto captó a Hanzel, quien veía fijamente a su tablet, traía puesto los audífonos y masticaba algo, quizás goma de mascar. Estudió el perfil del armador del equipo al cual se había incorporado y descubrió en esa mirada analítica la misma mirada que Kageyama colocaba cuando estudiaban a su siguiente adversario.
Es decir, después de que diera la hoja a Ukai para que aceptará y diera autorización para irse a Holanda, había estado entrenando con regularidad con el equipo, en los descansos Kageyama junto con Ukai y Daichi habían estudiado el vídeo del equipo contra quien iban a jugar en la ronda de cuartos de final. Buscando huecos y secuencias repetitivas, como era de esperarse de alguien como Tobio, un genio pues, logró señalar las señales y su significado, al antídoto para ese veneno había sido no ser muy evidentes en lo que respectaba su descubrimiento, por el contrario, atacarían "inocentemente" para hacer que sus oponentes fallaran por desesperación más que por errores de campo. Era una estrategía solida nacida de un intenso estudio.
Pero al acercarse Hinata a espiar la tablet el desconcierto corrió a su cabeza.
—¿Eso es… Naruto?
—¿Ah?
Hanzel bajó los audífonos de diadema que utilizaba y colocó en "pausa" el aparato mientras que Kakashi se congelaba con un ataque que iba dirigido a Obito, su amigo de la infancia. El americano se giró sonriente al que creía dormido.
—¿Estás viendo Naruto?
—¡Sí! ¿Quieres verlo conmigo? Traigo otros audífonos y un dispersor doble para conectar dos cables —dijo apresurado a buscar en la mariconera que no se había quitado y estaba sobre su vientre.
—No, está bien.
—¿En serio? ¿No te gusta Naruto? Pensé que a todos los japoneses les gustaba Naruto —acusó con un puchero el moreno.
—Es decir, sí me gusta Naruto, pero no a todos los japoneses les gusta —ladeó el rostro—. Pensé que ibas a estar viendo ya sabes…
—¿Un juego de algunos contra los que vamos a pelear?
—Sí…
—Bueno, sí, tenía pensado descargarme algunos pero… —Hanzel siguió buscando lo prometido en aquella bolsa—, iba aponerme ansioso e iba querer empezar a jugar, por desgracia está prohibida abandonar el asiento mientras el avión esté en movimiento, así que… mejor descargué Naruto y un anime spokon que me recomendaron, es sobre unos chicos que hacen patinaje artístico, gay~ —canturreó. A lo que Hinata sonrió.
Hanzel y él tenían mucho en común, tanto como Kageyama con él. Ahora caía en cuenta que iba estar recibiendo los balones de alguien confiable. Alguien que en su cabeza sólo entraba el voleibol. Aceptó los auriculares cuando Hanzel se los ofreció y se dispuso a ver el capítulo que había visto en vivo hacía varios meses ya.
—¿Si sabes que Obito se muere, no?
—¡Ah! Hinata no hagas spoilers, idiota —se quejó en un lloriqueó el colocador.
Después de los últimos veinte capítulos de Naruto, los últimos seis de Yuri On Ice, los doce de Boku no Hero y los doce de los chicos porristas, Hinata descubrió que se había equivocado, Hanzel no se parecía en absolutamente en nada a Kageyama. El moreno hubiera mandado a la mierda la tablet después del primer desnudo de Viktor Nikiforov en el primer capítulo de Yuri On Ice, a diferencia de Hanzel que había empezado a hacer un discurso sobre lo falso que eran esos glúteos y lo poco conveniente que sería tener la condición "atlética" de Viktor para jugar volley. Se debe mencionar que durante los seis capítulos Hinata vivió el martirio de su vida, el mismo martirio que seguramente los hermanos menores de hermanas mayores debían de sufrir durante su infancia al ser expuestos a un sinfín de experimentos de moda donde su género sexual habría sido cambiado una y otra vez: de chico a chica.
Por suerte, y hablaba de verdadera suerte, para Hinata la tortura llegó a su fin cuando el capitán encendió el anuncio de abrochar cinturón, indicando en inglés que estaban en cielos europeos y que pronto, cuestión de minutos aterrizarían.
—Mira por la ventana —pidió Hanzel con una sonrisa suave a lo que Hinata sólo obedeció.
Sintió un vuelco en su estomago cuando observó las estructuras con la vista de un águila que sobrevolaba desde la altura a la que iba. Alas para que las quiero si tengo pies para saltar, de pronto dejó de tener significado y su existencia la sintió pequeña. El aliento se le contuvo en los pulmones mientras sus ojos brillaron maravillados. Hanzel empezó a guardar sus pertenencias con cuidado dejando sólo la tablet entre sus manos, no obstante sonrió con suavidad al ver la maravillosa vista que la sonrisa de Shoyo le estaba otorgando. Rió entredientes, ahora era él el que parecía dudar de su propia identidad sexual. Estúpidos animes con fanservice bien hecho. Negó. Ese era un ave que no vería en su jaula aunque lo deseara con fuerza. No, señor. De lejos libre y volando con los suyos. Un ave que le dejaría usar sus alas por una corta temporada. Un ave que volaría para él pero sólo eso.
Un ave prestada.
Porque en Karasuno no existía un solo jugador que no se considerara un ave, eso le había dicho Takeru, el capitán de uno de los equipos a los que habían enfrentado en aquel entonces que entrenaran con diferentes escuelas de la prefectura de Miyagi. Y era cierto, todos sus jugadores saltaban con una ansiedad de permanecer arriba, siempre arriba inalcanzable pero Hinata, Hinata en particular poseía una capacidad especial que era la misma que había llevado a Hanzel a suplicarle, robarle a su entrenador que lo invitaran que se gestionará todo para sustituir a uno de los jugadores que no iba poder acompañarlos a Holanda.
La primera vez que lo había visto fue de casualidad en un vídeo transmisión en vivo que una amiga de Shiratorizawa de la prefectura de Miyagi estaba haciendo de la final prefectural, ahí lo vio, volverse agua y discurrir entre los pases de su genio armador y la defensa de ese monstruos rubio. La capacidad de engullirse él sólo varios puntos, acciones desesperadas en momentos claves, no a cualquiera le salían esos cortes, esas fintas, no era un genio como su armador, ni tampoco poseía el talento físico como el bloqueador rubio. Por el contrario, poseía otra clase de arte en sus movimientos. Una danza a destiempo. Él quería armar para él y ver ese hermoso y frágil movimiento de brazos. Después vino el viaje de entrenamiento e insistió que fuera en la región de Miyagi y… lo demás era historia.
Quedo prendado de esa hermosa ave que extendía sus brazos, estiraba sus piernas y se volvía capaz de conquistar cualquier cielo.
Al desembarcar en el aeropuerto de Ámsterdam los ojos de Hinata no se podían llenar de lo sobreexcitado que se encontraban. Quería correr para todos lados, tomar fotografías hasta de la envoltura de alguna comida que se había caído del tacho de la basura que estaba en su máxima capacidad, tenía una escritura diferente a la propia. Hanzel lo vigilaba de cerca, observando cada movimiento, escuchando cada exclamación, poniéndose un poco celoso al saber que todas esas sensaciones que Hinata estaba experimentando las quería compartir con Kageyama, era idiota creer que era de otra manera pues Shoyo era muy transparante y fácil de leer.
—¿Ya le enviaste mensaje a Kageyama? —cuestionó mientras que empezaba a caminar, el Horizon se había adelantado varios metros dejando a atrás a Shoyo que veía embelesado una pequeña tienda que venía exclusivamente chocolate, el olor era embriagante.
—No —resolvió el pelirrojo mientras corría a lado de Hanzel.
—Chicos, dense prisa —pidió el rubio más alto de la alineación que se detenía para esperar al dúo que faltaba, su japonés era igual al de Hanzel: aceptable pero con el acento del americano convexo.
—En el autobús podrás explayarte a platicar con él, aún es temprano en Tokio, serán como… las ocho de la noche así que posiblemente esté despierto —alentó Hanzel con una sonrisa.
—Oh… ¿son ocho horas de diferencia? —cuestionó Hinata halando su maleta de viaje.
—Síp, ocho horas de diferencia, cuando estemos en Brujas serán nueve… —explicó—. Así que será propicio los momentos en que intercambien mensajes… si la recepción es mala en tu teléfono puedes usar el mío… me lo dieron mis padres y es de alcance internacional, es con el que me comunicó con ellos que están en Los Ángeles.
—Vaya… deben tener mucho dinero tus padres —señaló el japonés pero enseguida se disculpó avergonzado, al voz cantarina del americano resonó y negó.
—Está bien, está bien… no es que tengamos mucho dinero pero mi papá gana bien… es entrenador de la NFL, cuando era más joven fue jugador de basquetbol universitario pero le gustó más dirigir, mi mamá es nutricionista y mis hermanos juegan en diferentes ligas profesionales: uno es esgrimista y el otro en básquet… ni a mi papá ni a mi mamá les gustó que viniera para Japón pero… al final son mis decisiones porque es mi futuro… no quiero llegar a los cuarenta y arrepentirme por algo que no hice —narró con simpleza.
—Vaya… es increíble que toda tu familia sea así de unida, es decir… todos son deportistas, aunque no sé muy bien qué es lo que hace un nutricionista.
—Es la que se encarga de hacer dietas y controlar el peso de las personas, y así…
—Entonces desde pequeños estuviste bien alimentado, es por eso que tienes tanta resistencia, Han-kun.
—En realidad no le permito que me controle mis alimentos… verás… ella es la esposa de mi padre no es mi madre biológica… mi madre biológica murió de cáncer hace cuatro años —la mirada de Hanzel se fue al frente—. Ella dejó de luchar un día…
El ruido de las llantitas ser trasladadas fue lo último que quedó tras aquella confesión, Hinata no supo cómo responder a eso, y Hanzel no tuvo ánimos de retomar la plática. En el autobús las risas y el relajó se hizo. Serían varias horas de camino y los adolescentes estaban demasiado despiertos como para quedarse callados. Los entrenadores debían esperar sólo un poco antes que el sopor del cansancio tras un viaje de doce horas y media hiciera mella en ellos. El setter se había sentado junto a Shoyo y le había empezado a platicar cómo es que había adoctrinado a Aidan, el número diez de su alineación y el más alto del Horizon, a la secta de Naruto y como ahora el monstruo de casi dos metros quería hacer un cosplay inverso de Sakura. Se había enamorado perdidamente de la kunoichi y cómo sus esperanzas estaban puestas en que terminaría con Naruto, Shoyo no tuvo corazón en decirle que en realidad Sakura acababa con Sasuke, el vengador, y hasta se hacían de una hija que tenía nombre de comida.
—Pues alguno de los nombres de Naruto son comida, Naruto mismo es una comida… —dijo Akiyama, el chico especialista en servicios y el único otro japonés del actual equipo, que se había unido a la plática—. Menma en Road to ninja, Anko, me sorprende que a Boruto no le pusiera un nombre como "Ramen".
—Hubiera sido demasiado —señaló Hanzel.
—Pues la hija de Sasuke y Sakura se llama "Salad" o "Ensalada" —intervino otro más y el cuarteto (Hinata, Aidan, Akiyama y Hanzel) se quedaron helados.
—¡¿Sakura se queda con el emo?! —gimió Aidan y las risas se hicieron llegar por el megaspoiler hacia un fan que apenas iba en el capítulo 70 de la primera temporada. El grandulón lloró el resto del camino explicando porque Sakura debía quedarse con Naruto, y cuanto le desagradaba Hinata. Después le pasarón imágenes de cómo la adolescencia le había acentado a la Hyuga y cambió de opinión, aunque igual, siguió sollozando que no era justa la vida.
El japonés pelirrojo se rió tanto que se quedó sin aire y sólo podía sonreír, pero poco a poco la conmoción se fue agotando hasta que todos volvieron a sus propios asuntos.
Hinata Shoyo 12.50 pm: "¿Estás despierto?"
Kageyama Tobio 9.50 pm: "Sí, estamos volviendo, fuimos a cenar ramen"
"¿Ya llegaste?"
Hinata Shoyo 12.51 pm: "Sí, recién, es sorprendente!"
"Ojala estuvieras aquí"
"Todos son muy amables"
Kageyama Tobio 9.51 pm: "¿Cómo te sientes tú? ¿Tomaste tu medicamento?"
Hinata Shoyo 12.52 pm: "Sí, estoy bien, sí me tome el medicamento"
Kageyama Tobio 9.52 pm: "Sobre tu regalo, muchas gracias"
"Lamento no haberte dado nada"
Hinata Shoyo 12.53 pm: "Me diste algo"
"Aún tengo el olor de Tobio"
"Quiero otro para celebrar que ganaron y otro más para celebrar que nosotros ganamos"
Kageyama Tobio 9.54 pm: "Esos son muchos abrazos"
Hinata Shoyo 12.55 pm: "Eres un tacaño!"
Kageyama Tobio 9.55 pm: "Bueno, es justo, gracias a ti mi mochila huele a caca de pájaro"
Hinata Shoyo 12.56 pm: "¡Ah! Todavía que te llevo más plumas te quejas!"
"Te dejaré de ayudar a juntar las plumas de cuervo que vea"
Kageyama hundió su rostro en la almohada, se sentía extraño el modo en que sus labios se estiraban y las mejillas se alzaban. Estaba en un pequeño colapso sin saber cómo reaccionar por el corazón desbocado y ese dolor en el estomago que era agradable.
Kageyama Tobio 9.59 pm: "Hinata Idiota!"
Ambos silenciaron la conversación, Hinata se dedicó a dormir y Kageyama a ver el vídeo de su oponente del día siguiente. Debía descansar pero no podía. La alarma de su celular empezó a sonar haciendo que Tanaka se quejara en la cama de lado, inesperadamente Ryuu era alguien tranquilo para dormir, no roncaba ni hacía ruidos raros, algo que agradeció profundamente cuando se dio cuenta que no compartiría habitación con Hinata por un largo tiempo. Deslizó su dedo por la superficie del celular. Bostezó y se apresuró a abrir Line.
"Son las 11.11 pide un deseo, idiota"
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Gracias por leer.
St. Yukionna.
Quien los ama de corazón, costilla y pulmón.
