Descarga de responsabilidad: Ya lo sabrán pero Haikyuu! no es mío.
Advertencia: Yaoi. Cáncer. Depresión. Angustia. Drama. Hurt/comfort. No beteado.
Cronopios del autor: ¿Recuerdan que les dije que a partir del capítulo 12 me iban a odiar? Pues ya casi casi, no diré nada ni siquiera pistas, pero quiero pedir desde este momento mucha tolerancia a todo, a TODO, esto es una total ficción y bueno, el fic por sobre todas las cosas es KageHina, así que descuiden y disfruten de la vida, ¿por qué digo esto? bueno, de un tiempo a la fecha estoy en diferentes fandoms y he visto como una simple NOTP de algunas aparecen en un fic, por pura mención, y bam, se desata la tercera guerra mundial, debemos ser tolerantes y recordar que todo es ficción, en general si no les gusta lo que están leyendo, mío o de cualquier otra autora, no es necesario agredirla, quizás dar comentarios constructivos o hacer referencias a lo que no nos gusto, pero no está cool el insultar o abusar del poder que nos da el "anonimato", si no es tu caso criaturita de dios que lee esto, pues siga con su lectura, si es su caso pues sólo hagamos de los fandoms un lugar divertido para existir (?.
2dos. cronopios: shfdjhsfgj Muchas gracias por los favs, follows y reviews, les amo todo. Gracias por leer. LOS HABÍA EXTRAÑADO HORRORES. ¡Gracias por leer! ¡De verdad!
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Las mil plumas del cuervo.
Por. St. Yukiona
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Capítulo 11
300 plumas.
Shoyo 11.50 am:
"Hoy encontré más plumas, ya tengo viente"
"Veinte*"
Tobio 12.00 pm:
"Idiota, estoy en clase me mandaran a detención si vuelvo a sacar el teléfono en clase"
Shoyo 12.01 pm:
"Para qué lo tienes con sonido, Kageyama idiota"
Porque espero noticias tuyas, idiota. Pensó mientras que el enojo enseguida se teñía de color rosado haciendo que el moreno sonriera al móvil mientras era guardado con la tranquilidad que le daba saber que en cualquier momento que lo sacará esos mensajes estarían ahí. Seguramente Shoyo se iba a quedar ido mirando la pantalla con esa sonrisa suya tan deslumbrante que poseía esperando alguna respuesta o quizás sólo iba dejar de lado el móvil para seguir jugando a la consola que había llevado con él para matar el tiempo; Tanaka le había prestado algunos juegos después de que pasara los que Nishinoya le prestara los dos que tenía él, de pronto Hinata se volvía muy rápido para pasar los videojuegos y Kageyama sospechaba que algo tenía que ver el armador del Nekoma pues la estadía de Shoyo en Tokio eran prolongadas y la madre del pelirrojo intuía que pronto se iba convertir en permanente, sobre todo si las exfoliaciones a la garganta no daban el resultado deseado pues hasta el momento la voz se le había apagado, se había casi extinto dejando un penoso amago de susurro cada vez que el menor hablaba pero era sólo una de las consecuencias del mismo procedimiento, decían los médicos y Tobio sólo sabía impacientarse como los padres del enfermo.
Cuando estaba en Miyagi, Tobio había ido a ver a Hinata cada día después de clases con la excusa de llevarle las tareas, por otro lado los días en que al enano le tocaba ir a Tokio para el tratamiento a Kageyama no se le podía ver alejado del teléfono ni por un minuto. Incluso, el propio entrenador Ukai era celoso cuidador del móvil durante los entrenamientos. Así cuando llegara mensaje de Shoyo era quien contestaba y daba una especie de resumen sobre lo que ocurría, una presencia virtual que aliviaba de alguna manera su ausencia y mantenía a todos tranquilos. Tranquilos pero no satisfechos. Ukai, siendo el hombre astuto que era se preparaba, cual soldado a la guerra pues contaba el día para que la columna del equipo se rompiera y cediera a la presión, pues si bien Hinata era sólo un miembro más del equipo, era por desgracia, uno de los soportes emocionales del armador y el armador era la firme torre de mando del Karasuno, ya no estaba Sugawara para lidiar con una crisis de Tobio y el otro armador de primero ni siquiera había tenido su primer entrenamiento formal con el equipo. Ukai, como el adulto responsable que era, aguardaba con paciencia y vigilante a cualquier reacción.
Aguardaba y esperaba como Tobio a que las horas, los días, los meses y los años pasaran y ese traumático episodio sólo fuera uno de los típicos traumáticos episodios de vida: Así como había pasado con aquel añejo intento de agresión por parte de Oikawa en su paso por la secundaria o la derrota contra el Aoba, malos ratos que en su momento provocaban heridas que sangraban hacia dentro pero que con el tiempo cesaban. Desaparecía. Así como el cáncer de Hinata. Iba a cesar. A desaparecer. A mermar por completo.
Era el cáncer o era Hinata.
Sorbió de la pajilla de su leche y siguió mirando hacia afuera, apretó el empaque cuando no hubo más contenido. Y saltó hacia un lado cuando sintió la presencia de alguien más detrás de él.
—¿Y ya son pareja? —cuestionó Ennoshita, ante la pregunta lanzada a quemarropa cualquiera hubiera palidecido o mostrado toda la gama de rojos, pero en el caso particular de Kageyama resultaba bastante factible que éste fuera sincero y directo, pues para Ennoshita, los sentimientos del armador no eran misterio alguno; aunque claro a veces le ganaba su lado vergonzoso y era difícil lograr sacar palabra sobre sí mismo, pero aquel instante en que sus ojos se encontraron, Chikara supo que no sería el caso. Por el contrario. Los orbes azules del menor gritaban que alguien preguntara para sentirlo más real, sentir que su declaración arriesgada que le estaba costando su rutina cotidiana había tenido sentido y no un solo impulso del momento. Pero sobre todo, saber real la sensación de existencia de Hinata que de a poco se desvanecía lentamente del ambiente que le rodeaba.
—No he podido hablar con él como es debido —sentenció Kageyama cuando el nuevo capitán del equipo se cruzó de brazos frente a él.
—Hmp… De todos modos —Chikara no era del tipo amigable y todo atento que habían sido el anterior capitán y co-capitán, por el contrario, a él se le daba el animar de forma seria con palabras cordiales y actitudes rectas, tampoco gustaba de presionar pues romper a la gente no era su idea para reformar, así que el colocar una mano sobre el hombro del menor y después ofrecer un par de palmadas era lo más que podía entregar—. Si ocupas hablar con alguien… puedes hacerlo conmigo, Kageyama —anunció con una sonrisa muy suave al tiempo que extendía una hoja de papel. Era la rotación para el partido inaugural de los entrenamientos del equipo completo. En ella estaban escritos los nombres de los once chicos que se habían inscrito al equipo de volley —. ¿Me ayudarías a revisar según sus aptitudes que estén bien distribuidos? No confío por algún motivo en Tanaka que los ha clasificado como "rivales potenciales" con eso que Shimizu-san accedió a venir a apoyar a Yachi-chan de vez en cuando Tanaka y Nishinoya se han puesto más irritables que ante —expresó frustrado.
—Sí, lo puedo hacer —fue la respuesta de Kageyama antes de dar una última mirada al móvil y después entrar al salón. Ennoshita suspiró y volvió sus pasos hacia el salón propio.
El primer mes de clases siempre era mortal, ahora mucho peor.
Las vacaciones habían pasado tan rápido que apenas si fueron disfrutadas entrenamientos que rayaban en lo obsceno y espartano, partidos interminables y la agonía de saber que el tiempo corría sin permitir contemplarlo. Kageyama no había sido consciente de ese hecho hasta el momento en que Hinata le dijo con palabras suaves y amables: El cáncer ha avanzado.
Su voz había sido tan delicada al pronunciar aquello, cuidando con premura la posible reacción que Kageyama habría podido tener, como si Hinata buscará que el menor no se enojara con el cáncer por estar arrebatándole la vida. Shoyo había madurado tanto que Tobio sentía envidia y admiración pero ambos sentimientos fueron opacados por el mismo contenido de la confesión, al punto que sus deseos y la convicción de Tobio por expresarle a Hinata todo lo que sentía en aquel primer encuentro tras el retorno del pelirrojo de Holanda se vio palidecida por completo. No tenía caso hablarle de amor a Hinata en esos momentos, no cuando lo único que sabía era que tenía que abrazarlo. Abrazarlo tan fuerte que sus manos pudieran sostenerle el alma y no dejarle ir jamás. Él lucharía contra esa enfermedad, a golpe, a puños, con sangre y rabia porque era así como sabía hacer las cosas. Si había llevado a un equipo de la nada hasta el cielo de Tokio, alzándose sobre todos los competidores, pues haría que esa tempestad que azoraba a su rematador retrocediera del cuerpo que deseaba.
Hinata estaba enfermo y Tobio no le pediría que él luchara porque no estaba en condiciones de hacerlo, así que Tobio le prestaría su fuerza hasta que él mismo se quedara sin vida que ofrecer.
—Debo estar yendo a Tokio para el tratamiento.
—¿Se te caerá el cabello?
—¿Ah? ¿Es lo que te preocupa, Kageyama idiota?
—Sólo… —no sabía que decir estaba en una especie de shock y su cuerpo era el que reaccionaba, su boca se movía por impulso haciendo que las palabras salieran solas y…
El cuerpo de Kageyama colapsó. Sus manos hicieron crujir las ropas de Hinata. El espacio sideral empezó a tomar colores rosados y amarillos. Terebintos crecieron por todos lados y las azucenas que tanto amaba su madre brotaron desde sus entrañas, haciendo que sus raíces fueran visibles, se enredaran entorno a las temblorosos dedos de Hinata y buscaran alcanzar el corazón del enano para también ahí hacer crecer lo que estaba creciendo en él, al mismo tiempo en que la dolorosa sensación de sus labios chocar contra los dientes ajenos se esparce por su cuerpo y su cabeza asimila la información justo después de que el calor que provoca ese choque se disuelve en sus confusos sentimientos.
¿Se estaban besando?
Así de torpe y doloroso el primer beso de un par de idiotas que se habían visto orillados a un amor no correspondido bilateral, lo que vendría a ser, en palabras que gente no idiota comprendiera como un verdadero amor correspondido. Es decir, ambos se querían y por eso se besaban, así de sencillo es como debía de funcionar el mundo pero muchas veces no era tan simple como eso y todo se volvía gris. El cielo se desteñía y la gente lloraba. Pero ahí nadie lloraba, sólo Kageyama que había preguntado si Hinata se iba a quedar calvo por las quimioterapias. Porque desde que se había enterado que Hinata tenía cáncer se había consumido toda la información que el internet y los libros había alvanzado a leer en todo ese tiempo. Sin contar que llevaba una especie de bitácora donde anotaba en palabras simples ideas generales sobre la enfermedad, sólo para saber qué hacer y si podía ser de utilidad a Hinata. Pero… ¿todo eso qué importaba cuando Shoyo lo estaba besando? Ahora en ese momento.
Kageyama ya no era el mismo de hacía unos meses.
Kageyama había madurado sin darse cuenta, ya no tenía que sentir celos del idiota de Hinata.
Kageyama había diseñado una estricta serie de pasos que iba a seguir una vez se encontraran tras su larga ausencia:
-Hacer contacto visual.
-Acercarse.
-Saludarse.
-Preguntar como estaba.
-Hablar casualmente.
-Pausa para felicitaciones.
-Preguntas sobre jugadas nuevas.
-Preguntas sobre las alzadas de Hanzel.
-Pausa para comentario desagradable hacia Hanzel.
-Preguntas sobre los otros equipos.
-Preguntas sobre su condición otra vez.
-Comentar de paso que era homosexual.
-Comentar de paso que él era su objeto de amor homosexual.
-Jugar voleibol si se sentía bien.
Si se daba la ocasión le palmearía la espalda para hacerle saber su gusto, pero un beso… un beso estaba programado para… ¿dios había programado si quiera un beso? Hinata se había saltado todos los pasos, los había desacomodado y ahora se estaban besando. Era quizás el peor beso de la historia o el mejor… ¿eso era si quiera un beso? ¿Por qué dolía? ¿Cómo se suponía que iba a proseguir? El armador aguantó la respiración y Hinata parecía hacer lo mismo. Cuando se separaron de la misma forma violenta en que se había dado el gesto ambos se miraron y se apresuraron a volver a pegar sus bocas, esta ocasión fue mucho menos doloroso. Ambos dientes chocaban y Kageyama fue quien guió toda la acción mientras ladeaba el rostro. Jamás había besado a nadie, nunca se había tomado el tiempo por experimentar las emociones lejos de la adrenalina de un partido en semifinal de volley pero sabía que ese doloroso y húmedo beso quería ser el primero y el último que partiera sus labios en la vida.
Distraídamente el armador tocó su boca.
El timbre de inicio del siguiente periodo le hizo regresar de golpe a la realidad y dejar el teléfono debajo del pupitre, colocando toda su atención en la pizarra. Era viernes. Al día siguiente vería a Hinata.
Al día siguiente podría sentir el tibio abrazo del sol.
El sol de Karasuno.
"Mi madre me ha dicho ridículo pero es aún más ridículo pensar que no tienes ni una sola jodida red social, o al menos, por lo visto, veo que no revisas ninguna como deberías. Es decir, no es que me moleste ver los memes en los que los chicos del Karasuno te etiquetan o las cosas que compartes sin filtro sobre volley, lo cual es demasiado aunque viniendo de ti es genial, pero estaría bien que de vez en cuando respondieras alguno de mis comentarios. Lamento mucho haber estado ausente de Line pero sabes que es una mierda esta cosa de cambiar el número telefónico, además ya te conté la vez que te marqué por teléfono que mi cel murió. No puedo gastar porque la vida es mierda y me debato entre comprar equipo nuevo o mandar a reparar este, aunque igual tengo que comprar uno para ponerle el nuevo número de la ciudad. Aunque sería estúpido porque espero regresar a Japón en las próximas semanas o días no sé será después de que terminé el entrenamiento de selección para la universidad. Así que contada las circunstancias creo que una carta iba a llegar antes de que resolviera todas las mierdas tecnológicas, o quizás yo llevó antes KEK. Yuuji manda saludos, por cierto, le he contado sobre cómo me mandaste a la mierda después de que te besara LOL, se ha burlado como debes de imaginarte. Aunque insisto en que deberías reconsiderar, sabes, no me importaría colocar para ti de por vida haha, broma, broma.
Escuché de los chicos que estás quedándote en Tokio algunos días y que te visitan, me da rabia pensar que tú estás ahí y yo hasta acá, aunque igual, no importa un día podremos volver a jugar. Esto de escribir cartas es una mierda, llevo dos días escribiéndolas y no sé qué más decir LOOOL. Por cierto ¡¿Has visto Yuri On IceEe!? VIKTOR SE CASÓ CON YURI! HOLY SHIT! Grité como idiota como por diez minutos aunque debes de imaginarte la que se armó en el avión, eso fue de Utah a LA lo cual estuvo terrible porque hasta me fueron a pedir que me callara, bullshit!
[…]
El equipo de la universidad es bastante bueno, aunque podría ser mejor, su colocador se esfuerza pero sin duda conmigo podrían llegar a las nacionales. Lo malo del volley en especifico el de USA es que no recibe el mismo financiamiento como lo recibiría el futbol americano o el besibol o el baloncesto. Así que las plazas ofertadas para las becas están escasas, hay varios japoneses, dos italianos y tres americanos interesados en solo cuatro plazas que se están ofreciendo. Si me dan la beca, estaré escribiéndote estas mierdas con bastantes frecuencias así que empieza a aprender a usar redes sociales ¿vale?
En cuanto regresé a Japón iré a verte, así que no me extrañes y rechaza a Tobio, no es justo que sólo yo me quedé con el corazón roto.
Saludos, y no abuses de los mimos que las enfermeras dan.
Maldito suertudo.
-Senikov, H.
Pd. :v deberías darme un anillo de la amistad como el que Yuri le dio a Viktor".
Hinata rió sin voz, sonaba igual a un globo que se desinflaba, enseguida apretó la carta contra su pecho y la volvió a guardar, la misiva databa de una semana atrás y desde entonces no había tenido noticias de Hanzel. Lo cierto era que había pedido a Kenma, una de sus visitas más regulares, que le ayudará a aprender más sobre las redes sociales, cómo utilizarlas como una forma de comunicación más viables, pues dicho fuera todo, no veía a Kageyama escribiendo una carta así como Hanzel había hecho. Aunque seguro si Hinata le decía a su armador que el americano le había escrito algo él también por mero orgullo escribiría algo aunque fueran puras idioteces, casi las mismas que decía: "Date prisa para que juguemos, idiota". Sí, no quería hacer esperar más tiempo a su armador, necesitaba regresar cuanto antes a la cancha.
Tosió.
Gran ancla a la realidad.
Hinata sentía un volcán en su garganta haciendo explosión cada vez que había la mínima vibración, así como placas tectónicas que se removían con violencia dentro cuando perturbaciones atacaban. Lava que escurría hasta su estomago y se expandía de a poco derritiéndole por completo. Era doloroso, era tortura y era algo tan íntimo que no podía explicárselo a nadie más, sólo a él y las lagrimas que derramaba cuando nadie más veía. Durante sus estadías en Tokio, Shoyo era obligado a utilizar una mascarilla para que agentes externos no terminaran por lastimar las frágiles vías respiratorias del pelirrojo. Su madre había conseguido unas mascarillas bastante monas de Doremón, pero fue Kenma el que le salvó la vida llevándole unas mascarillas de color negros con los bordes naranjas.
—Me recuerdan mucho al uniforme de Karasuno, me da gusto que las puedas usar… aunque no lo que te está pasando —confesó con su característica serenidad el armador de Nekoma.
Shoyo se peleaba con la liga de la mascarilla, acomodándola detrás de su oreja. Miraba cada tanto al teñido que tenía sus ojos clavados en la pantalla del juego que había adquirido recientemente, no podía ser de otra manera. Hinata apreciaba de forma infinita la compañía y no le molestaba en lo absoluto que el rubio pusiera más atención a su consola que a él. En realidad, lo prefería de esa manera a otra. No soportaba más la mirada de decepción que toda la gente que pasaba por la puerta le brindaba una vez sus ojos se encontraban, después la sonrisa forzada y por último la adaptación de estar cerca de la muerte.
—Shoyo —habló Kenma tocándole la mano, el pelirrojo volvió en sí para fijarse como el gato le ofrecía con la otra mano el PSVita—. Es tu turno.
—Oh… —lo cogió con cuidado y sonrió enorme detrás de la mascarilla—. ¿Es difícil?
—Hmp, no sé, lo estoy jugando por primera vez contigo —expresó Kenma acomodándose mejor para ver la pantalla—. ¿Tienes miedo, Shoyo? —preguntó directo como siempre el gato.
El pelirrojo negó con un sonido suave y gutural agregando un movimiento de cabeza, sus dedos empezaron a moverse inexpertos sobre todos los botones, presionando con desesperación para que los ninjas que saltaban por todos lados no le cogieran para exterminarle.
—No, tengo enojo… quiero volver a jugar —dijo con la voz ronca.
Kenma lo observó impoluto antes de sacar de su mochila un balón de volley que dejó sobre el regazo del menor.
—Pues juega.
Shoyo perdió total interés en la consola portátil y fijó su atención completa en el balón, era un Mikasa pero sobre las estampas amarillas, blancas y azules había dibujado un gato y las firmas de los chicos del Nekoma. No los conocía a todos pero tenía un gran cariño y respeto por el equipo, eran como esos hermanos mayores del Karasuno, a pesar de que reconocían que los cuervos habían sido superiores en las nacionales, el equipo de Miyagi no dejaba de aprender y mejorar en compañía de los gatos de Tokio. El obsequio embargo de sentimientos sinceros el cuerpo de Hinata que abrazó el balón.
—¿Quieres levantar unos pases para mí? —preguntó ansioso y Kenma sólo le fulminó con la mirada.
No cabía dudo que de verdad el cuervo era idiota.
—Vale.
Aunque quizás él lo era aún más al aceptar sus idioteces.
Se había contagiado de Kuroo.
—Sólo serán unos pases.
O quizás sólo amaba como todos la sonrisa enorme y radiante de Shoyo.
O quizás sí era un idiota que veía aterrorizado algo que él había propiciado.
Kenma jamás se había disculpado con tanto arrepentimiento en su vida como en ese día sábado.
—Sólo fueron unos pases —trató de explicarse Hinata mientras luchaba contra la mascarilla y había grandes bocanadas al aire que buscaban consumir el oxigeno necesario, los ojos se le ponían blanco y se precipitaban de lagrimas, el exceso de tos llegaba y su madre se aguantaba los berridos de dolor al ver a su hijo sufriendo. Otra vez la lava, y las enfermeras buscando que no se despegara de la mascarilla.
Esos pocos pases habían sido demasiado: el aire frío, el esfuerzo al que la respiración y cadencia habían sido sometidos, y todo lo demás, habían dejado al menor tirado en el suelo con delicadas convulsiones que buscaban hacerle llegar aire completo y limpio, pero su garganta se había convertido en un filtro que tocaba de ponzoña a todo lo que pasaba por él: palabras y aire, sentimientos y besos. Con desesperación se había tirado de la camisa y el cuerpo se había contraído, Kenma hubo corrido con todas su fuerzas y las enfermeras enseguida acudieron. El pobre teñido pidió disculpas hasta que se cansó a la madre de Hinata quien no tuvo palabras para alentar al chico y decirle que no era su culpa pues sus intenciones no fueron malas, por el contrario. La mujer no sabía cómo agradecer el apoyo de todos los amigos de Hinata, pero tampoco tenía el corazón para seguir alentando a que ellos no dejaran de creer que su hijo iba a mejorar, no cuando el cáncer avanzaba colinizando y enfermando cada palmo en el menor, la decencia y el dolor no le permitían dar palabras de aliento al moreno que con ojos desorbitados, expresión pálida y respiración jadeante se había postrado al final del pasillo del área de cuidados intensivos.
Tobio había estado llegando al hospital en las últimas horas de la tarde cuando vio salir a Kenma, por el rostro de congoja en una cara normalmente imperturbable le bastó para saber que algo andaba mal. La sospecha se volvió realidad con sólo una ojeada al llanto de la madre de Shoyo que al verlo ahí se cubrió el rostro. Casi como atracción de imán el menor se acercó hasta la mujer y le abrazó, compartió la pena con ella. Hizo de la angustia maternal en la suya, y la espera para tener noticias fue compartida entre dos.
Lo más peligroso es que la obstrucción repentina en las vías respiratorias no fuera superada por el propio cuerpo del rematador; en pocas palabras, que el mismo Hinata terminará por asfixiarse hasta la muerte en una desesperante agonía, una donde todo el proceso hasta la muerte iba a estar plagado de terror e incertidumbre. La idea le perturbó a Tobio que apretó más fuerte el cuerpo de la mujer que se aferraba con la misma intensidad al menor.
Se encontraba en un estado de absoluto odio, sería fácil desaparecer por algunos días, quizás por algunos años, unos siglos o quizás las eternidades, pero como el tiempo era relativo, bien podría decir que desapareció todo eso y en realidad siempre estuvo ahí, haciendo lo mismo que sabía hacer, admirar como de a poco la luz en Shoyo se pudría y pasaba a ser carmesí, todo lo malo era color carmesí.
La sangre, las camelias, el sol de verano, la luz que te decía detente y la que te decía peligro, la luz de la sirenas, la luz del distrito prohibido, la ira y la cólera. Todo en el rojo estaba mal y eso él lo detestaba, sobre todo porque en instantes como esos en que primaba la ansiedad de saberse inútil era que más aparecía esa tonalidad. ¿Qué podía hacer? ¿Convertirse en médico y buscar la cura contra el cáncer? ¿Inventarse un medicamento mágico que ayudara a Shoyo a recobrar la salud y volverlo a las canchas? ¿Ir en una ridícula travesía para encontrar una piedra mágica que lograra devolverle la salud a Shoyo? Claro que no podía hacer eso porque hasta él sabía que las ilusiones tenían un límite y las suyas ya los habían excedido demasiado. Sólo quedaba esperar paciente y ver en qué momento la luz roja que indicaba que la terapia estaba activa dejaba de brillar.
Estúpida luz brillante y roja. Roja y brillante. Quería sólo rojo el cabello de Shoyo despeinado y sudado. Alborotado por un set excitante donde todo se desborda incluso la necesidad de estrecharlo fuertemente y hacerle ver al resto de las personas que Shoyo era el mejor rematador, era el mejor porque podía seguirle el acalorado ritmo que él solía tener en sus manos. En sus labios. En su cuerpo. En su corazón.
Ya no tenían un amor no correspondido.
Pero eso no importaba porque uno de ellos no podía afirmarlo en un grito atronador como el que Tobio tenía ganas de dar. Como el que Tobio había dado y ahora era motivo para que su padre no le dirigiera la palabra.
Para cuando el procedimiento acabó y Hinata fue declarado como "estable", Tobio –casi en contra de su voluntad- había acompañado a la madre de Hinata hasta la casa de la abuela de Shoyo, lugar donde temporalmente permanecían los Hinata. Tobio regresaría a Miyagi el domingo por la tarde, pero antes pasaría la mañana completa con su rematador, después se despedirían y hasta la siguiente semana pues el gimnasio estaba siendo remodelado los fines de semana y las prácticas se suspendían hasta que las mejoras hubieran sido terminadas por completo.
Esa noche, agotó el último de sus recursos.
GPS en mano, bolsa con plumas en la otra. El halito visible en la oscuridad y el frío de Tokio. Había un templo en las inmediaciones del lugar donde le daban posada, aunque a esas alturas al armador no le hubiera importado subir el Everest caminando descalzo. Con sus ojos fijos en la deidad por la cual se erguía ese lugar sagrado, Tobio juntó sus manos y ofreció las trescientas plumas que había logrado juntar hasta ese momento: olor a mierda y cielo, pérdida y color negro, negro de luto mejor que el rojo. Juntó sus manos y con ello sus últimas esperanzas.
Pidió porque el sufrimiento de Shoyo cesara.
Pidió que todo se extinguiera.
Hanzel supo que todo estaría mal cuando entró al elevador y la canción que empezó a sonar en su reproductor musical le dijo que "Quería ser su aspiradora".
I wanna be yours de Arctic Monkeys.
Era un título alentador pero el contenido carecía de total sentido. Él no quería ser la aspiradora de Hinata, ni mucho menos inhalar su polvo. Odiaba los Ford Cortina y claro que en un momento se iba a oxidar, no podía predecir un futuro y ni siquiera en ese momento podía estar cerca de él, pero sí quería ser alguien en su vida, no perderse entre las muchas personas que conocía y que seguramente iba a conocer. Porque él, Hanzel, estaba totalmente seguro y entregado a la idea de que Shoyo iba a sobrevivir, seguiría adelante y puliría ese talento que cargaba en sí. Se había perdido la oportunidad de pesar en su cuello plata autentica. Hubiera sido oro de haber estado el Sol de Miyagi con ellos, pero eso no importaba ya.
Secrets I have held in my heart
Are harder to hide than I thought
Maybe I just wanna be yours
I wanna be yours
I wanna be yours
Quería ser de Hinata, y pertenecer a su vida. A recuerdos amables y ser el consuelo en esos tiempos de penuria y tempestad. Los ojos del moreno se toparon con unos zafiro que no le agradaban en lo absoluto. Ambos fingieron no haberse visto y dejaron que el tren avanzara, hacia adelante. Si en algún momento alguien le preguntaba a Tobio si había visto al colocador extranjero en el vagón del tren de Tokio a las doce del día un sábado de septiembre, lo iba a negar. Y Hanzel sólo diría que a esa hora pensaba en Hinata como el hambriento pensaba en el pan y las hormonas hacían su trabajo de desarreglar todo lo que el tiempo lejos de él se había encargado de enderezar y aderezar como un pavo que necesitaba sazón en navidad, pero que las llamas de horno a alta temperatura había alcanzado a calcinar.
Let me be your 'leccy meter
And I'll never run out
Let me be the portable heater
That you'll get cold without
I wanna be your setting lotion
Hold your hair in deep devotion
At least as deep as the Pacific Ocean
I wanna be yours
Pronto se dieron cuenta ambos, Hanzel y Tobio que iban hacia el mismo lugar. Obviedades que también habían querido ignorar hasta ese punto en que el altavoz rezaba la siguiente parada en el distrito donde el hospital donde Shoyo pasaba varios días a la semana se encontraba. Los ojos del americano adquirieron una condescendencia y se posaron en las altaneras mejillas de Tobio que parecían inmutables en el gesto soberbio de saberse acreedor de los sentimientos ajenos. Hacía poco había visto en un anime el americano a una perra diciéndole a otra pobre estudiante "Yo me acosté con senpai", ¿Sería demasiado darle un indicio a Kageyama de lo que había ocurrido en Holanda? No quería perjudicar a Hinata, lo respetaba al punto que era absurdo. Hanzel tenía novia y Shoyo estaba enamorado de Tobio. ¿Para qué iba a complicar las cosas?
Secrets I have held in my heart
Are harder to hide than I thought
Maybe I just wanna be yours
I wanna be yours
I wanna be yours
Quizás porque él quería ser su aspiradora. Quería ser su absurdo Ford Cortina. Para aspirar su polvo. Para nunca oxidarse. Para ser lo que Shoyo quisiera que él fuera.
I wanna be your vacuum cleaner
Breathing in your dust
I wanna be your Ford Cortina
I will never rust
I just wanna be yours
I just wanna be yours
I just wanna be yours
Él quería ser de Hinata y quería a Hinata para sí.
Cuando las puertas se abrieron en las narices de Kageyama una mano se adelantó para sostenerle lo suficiente para que las puertas automáticas se cerraran ante sus narices, el vagón empezó a moverse junto con el resto del tren. Tobio giró la mirada entre enfadado, incrédulo y un poco asustado por perder frente a la promesa que le había hecho a Hinata.
—¿Podemos hablar un momento? —interrogó con las palabras afectadas por el acento que sin importar qué hiciera seguía delatándolo como extranjero, como Hanzel, como la persona que Tobio más odiaba en el mundo.
Siempre lleno de sentimientos avasallantes y en su mayoría negativos disfrazados de buenas intenciones, pero contra cada uno de ellos, Kageyama siempre supo cómo afrontarlos, se había hecho tan fuerte que no tuvo miedo de alzar las manos para levantar como mejor se podía hacer, había llegado al punto que era quizás uno de los mejores colocadores de todo Japón, pero ante sentimientos sobre los cuales no tenía ni un poco de protestad es que se abrumaba y la amenaza le hacía ser brusco.
—Sí es sobre Hinata… pierdes tu tiempo, Han, no voy a ceder.
—Lo dices convencido a pesar que estás temblando —susurró, algunas miradas de pasajeros iba hacia el par—. ¿Tienes miedo de que diga algo innecesariamente frustrante y terminemos envueltos en una pelea de puños, no? —el americano ladeó el rostro, empujó a Tobio hacia las puertas cerradas detrás de él, una mano éste quedó a la altura del rostro del moreno; se flexionó un poco hacia adelante—. Porque los seres humanos nos volvemos un girón de adrenalina, vértigo y ansiedad cuando estamos en una situación novedosa, Shoyo me contó que en algún momento se cogieron a puños y terminaron por avanzar en su relación, oye Tobio ¿fue ahí cuándo terminaste prendado por Hinata? —sonrió de medio lado y el aliento ajeno llegaba al propio—, tú y yo no tenemos esa clase de relación, así que si te cojo a puños… lo más probable es que termines con un par de huesos rotos…
—Oe… —Tobio se volvió altivo, aceptando el desafío, los ojos azules se habían turbado y ahora sólo eran capaces de descarnar al contrario con sólo verlo—. No sé qué mierda estás hablando pero… si sigues jodiendo… te sacaré los ojos.
Porque los cuervos, eran especialista en ello.
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Reviews:
Yukie1: A mí me halaga mucho más que te tomes el tiempo de leerme, y que aún con eso me dejes comentario. Me haces feliz -inserte corazón gay-.
Yukie2: Oh por dios! Juro que cuando recibí tu comentario fue BUM/BAM/TAS y aquí tienes, obviamente Hinata va a morir, así como Tobio, así como todos morimos en algún momento, pero creo que eso es lo mágico de ser un ser humano, que tenemos el tiempo vivo y todo lo que hacemos lo debemos de hacer con intensidad, eso es lo que pienso cada vez que veo a Kageyama y por tal motivo, creo que sí sería capaz de declararse gay ante todos y si hay la necesidad, de llorar de sacar lo que lleva y, paradojicamente, con la ayuda de Hinata a empezado a ser más humano, ha! tanto en la serie como en este fic. No me gusta eso que mencionas de que todos TODOS se vuelven gays hahaha, osea sí puede haber esa curiosidad y lo que gustes, pero... bueno, cada quién sabe como manejar su historia. En las mías pues... aquí lo tienes. Muchas gracias por tus palabras, y eres una valiosa lectora como cada una que abre mi historia, mi pedacito de mundo que comparto. Lamento la espera pero he tenido cinco mil cosas y apenas estoy saliendo de ellas. Quería entregar algo de calidad pero no sé sí lo logre hahaha. En fin. Muchos saludos, bendiciones y demás. Espero estar publicando con más frecuencia. c: Besos de mazapanes.
Allen: Antes que nada muchas gracias por leer la historia y por dejarme un comentario, no sabes lo feliz que me hace saber de mis lectoras y leer sus pensamientos sobre mi trabajo. Lamento las lagrimas, pero me conmueve a mí, hahaha, que logre removerte algo dentro. Aquí tienes la continuación, que espero sea de tu agrado. Saludos y otra vez gracias.
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Quien los ama de corazón, pulmón y riñón.
St. Yukiona.
