Descarga de responsabilidades: Haikyuu! no me pertenece a mí, cositos. Le pertenece a sensei y la productora, editorial y todo lo demás. Si fuera mío ya estaríamos viendo los OVA de los gatos vs. los búhos.
Advertencia: Yaoi. Cáncer. Depresión. Angustia. Drama. Hurt/Comfort. Yaoi. No beteado.
Cronopios del autor: POR FIN. Tardé meses en escribir este capítulo por un sencillo motivo y es que... bueno, ya lo verán. Si tienen alguna duda por favor me dicen por mp o por medio de un review. Los amo descaradamente, y agradezco se tomen el tiempo para leer esto. Agradezco de todo corazón los review, que los estaré respondiendo mañana y los favs, demás. Gracias, de verdad. Lamento mucho la espera que los hice tener pues tuve problemas para escribir (estaba totalmente bloqueada) sin contar que el trabajo me tuvo al full. Les dije que me iban a odiar en este capítulo, pero... no me salió tan brutal como lo pensé. Lo borré el que tenía y lo rehice, hahaha, creo que me gustó más. Gracias de verdad y nos leemos, espero pronto.
.
.
Las mil plumas del cuervo
Por St. Yukiona
.
.
.
Capítulo 12
La mitificación del amor.
Maldito hijo de perra.
Todos los cuervos son unos malditos hijos de perra.
Hinata también.
Incluso Hinata, aunque Hinata tenía una capacidad única de mandarte a la mierda con una enorme sonrisa en el rostro haciéndote pensar que en realidad te estaba mandando a la mierda por una buena razón, en todo caso Hinata ya lo había mandado a la mierda y él seguía tan prendado de él como desde la primera vez en que había caído en cuenta que en realidad le gustaban los hombres, le gustaba Hinata, aunque también le gustaba su novia. ¿Injusto? Quizás. ¿Acaso alguien había leído sobre el poliamor? ¿Nadie? En todo caso, quizás eso podría funcionar, claro, siempre y cuando Hinata no lo hubiera mandado a la mierda y hecho sentir como una verdadera mierda al americano. Aunque para fines prácticos era un dolorcito rico, uno similar al que sentían las personas que se autolaceraban por placer, o las que se hacían perforaciones o las que se hacían tatuajes, cualquier cosa que hiciera daño pero que dejara una estela de placer, algo así era sentirse enamorado de un japonés.
El número 10 del Karasuno había destazado su corazón pero a Hanzel le daba igual considerando que estaba dispuesto a entregarle eso y todo lo que le pidiera el menor, lo había destrozado y era lo único importante ahí. Y si lo pensaba un poco era la primera vez que caía rendido en la cancha y fuera de ella ante alguien, menos mal que había sido ante Hinata y no ante un pendejazo como Kageyama o cualquier otro nipón. Hinata Shouyo tenía sus formas escalofriantes. Esa tenacidad implacable. El modo en que se aferraba a las cosas. Quizás por esas cualidades es que él se había fijado en Hinata. Quizás solo por eso, porque del físico… del físico no podía decir mucho y aunque no se daba cuenta realmente cuál era su tipo, Hinata le seguía pareciendo particularmente encantador. En todo caso fuera o no su tipo muchas cosas habían pasado y ahora no podía dejar de ver con odio a cierto moreno que aguantaba en un puchero las ganas de carcajearse.
—Fu —silbó Kuroo mientras que cogía de la barbilla al americano que le fulminaba con la miraba y le pegaba un manotazo para que le soltara pues aunque no le molestaba el contacto el hecho que se estuviera mofando era suficiente escusa como para querer hacerle daño. El japonés terminó por reír divertido apartando la mano antes de ser golpeado—. De verdad, de verdad… ¿El setter del Karasuno te hizo eso? —cuestionó el moreno.
Bokuto parecía menos divertido que su amigo pero igual de interesado observando de cerca el bulto que se había formado sobre la nariz de Hanzel Senikov, la inflamación era alarmantemente grande y aunque ya la había visto un médico no dejaba de verse como algo que podía ser peligroso, o por lo menos como una especie de advertencia, una aclaración por parte de Kageyama sobre su capacidad que iba más allá de colocar, es decir, más allá de ser un jugador de volley era un hombre que estaba interesado en la misma persona que Hanzel y que por lo visto el gusto de ambos era lo suficiente intenso como para acabar en una riña de puños y sangre.
—Kageyama suele ser una persona demasiado tranquila —rezó Akaashi que se encontraba al margen de la escena los otros tres se viraron hacia el setter y Hanzel sintió como le saltaba una vena de la frente a punto de abrir la boca, Kuroo le puso la mano sobre los labios para callarlo, el americano tenía fama de ser imprudente, estaba en sus genes culturales.
Akaashi podía dar miedo si se lo proponía y Hanzel estaba demasiado fastidiado con todo el asunto de la nariz y el corazón roto, sería una pésima combinación si se les mezclaba y era mejor mantenerlos bien alejados. Aunque Akaashi tenía razón en algo, considerando que el búho de ahora tercero no era del tipo que juzgaba a las personas por solo verlas, por el contrario, siempre esperaba ver los hechos para poder deliberar y a Kageyama Tobio no lo conocía mucho pero sabía de primer mano que era alguien sereno, entregado y que sabía medir sus emociones, debía ser de esa manera o no podría coordinar de forma tan afinada el modo de juego de Hinata alguien que era más apasionado y entregado a sentimientos que caían en un fuego que si no era mediado podía destrozar todo a su paso, no podías apagar el fuego con gasolina ni permitir que el agua se desperdiciara en tierra infértil Tobio lo sabía, Akaashi sabía que Tobio lo sabía, por lo cual a Kenji le parecía bastante curioso que Hanzel, a quien había creído más inteligente, hubiese terminado con una nariz fracturada y la mandíbula lastimada al defender un sentimiento que ni siquiera él podía comprender del todo.
Akaashi sabía que algo más debía de cocerse ahí como para que dos entidades frías e inteligentes hubiesen terminado de aquella manera. El moreno miró al bicolor, al insoportablemente intenso Bokuto-san y se preguntaba que hubiese hecho él en el lugar de Kageyama o de Hanzel. Negó y siguió acomodando las cosas que estaban sobre el piso del gimnasio donde los tres: Bokueto, Kuroo y él, solían entrenar y que ocasionalmente Hanzel se les unía.
–En todo caso… nada más debes tener muy en claro que esos dos están en una relación y es de mal gusto tratar de interponerse –rezó entonces Akaashi interrumpiendo la chachara de la tríada que lo volvía a ver.
Kuroo, Bokuto y Hanzel observaron al setter por segunda vez y en esta ocasión hubo cierto recelo en el ambiente, al último se le oscureció la mirada que enseguida desvió ante los ojos acusadores de Kuroo. Se formó un silencio inusual donde lo único que lo interrumpía eran las pertenencias de Akaashi que se acomodaban en su maleta mientras que se incorporaba y ésta quedaba pendida a su hombro, la duela del gimnasio comunitario chillaba gracias a los zapatos deportivos de los otros usuarios que seguían jugando y el olor a limpio y sudor colapsaba de forma armónica, casi común para quien estaba acostumbrado a ello. Sunset, Akaashi adoraba como se decía en inglés esa hora del día en que la oscuridad reptaba haciendo que la luz se recogiera hacia un punto más luminoso que nada. El menor observó fijamente a Hanzel representando, sin saberlo, a una realidad desconcertante de la cual el americano ya había tomado nota, no era idiota, un simple amigo no hubiera roto la nariz de otra persona solo para "salvar" el honor de un amigo. No era un simio ignorante pero al americano le hubiera gustado vivir un poco más en la ignorancia de los sentimientos recíprocos de Kageyama y Hinata.
–¿Quién está en una relación? ¿Quién se está interponiendo? –preguntó Bokuto interrumpiendo el momento de tensión a lo que Tetsurou solo suspiró y abrazó por el cuello a su amigo a quien despeinó. El as se quejó ante los tratos bruscos del excapitan del Nekoma.
Akaashi y Hanzel se siguieron mirando a los ojos.
–Ese pase, no es para ti, no te interpongas o acabará en desastre y saldrás herido –advirtió serio Kenji antes de caminar hacia la salida del gimnasio publico donde solían juntarse a entrenar el trío.
–¡Akaahi! –chilló Bokuto al ver que el armador seguía avanzando sin detenerse. Recogió todas sus pertenencias con prisa, embutiendo dos balones, un cambio de ropa, sus zapatillas, libros, y un sándwich a medio comer de la semana pasada en su mochila la cual amenazaba con reventar y vomitar todo su contenido solo para correr como perro al que el amo se le va.
Kuroo volvió a silbar recogiendo el balón.
–Akaashi puede dar miedo a veces, pero casi siempre tiene razón, Han-kun –Tetsurou le tiró el balón a Hanzel que lo atrapó al aire–. Dame unos pases antes que sea hora de irme, quedé con Kenma de pasar a casa para jugar uno de sus juegos antes de dormir. El pobre ha estado nervioso desde que pasó lo de Hinata –contó con voz simple.
Sí, Akaashi podía dar miedo a veces.
O quizás solo era la verdad la que a veces daba miedo.
Un miedo tan irracional como la primera vez que se encontró sentado en la silla del doctor en ese consultorio que tenía colgado en una de las paredes beige un poster que representaba la zona glótica, infraglótica y supraglótica del ser humano señalada con precisión por delgadas líneas y por un costado el nombre de cada área. Laringe, cuerdas vocales, glotis, paladar, velo, etc, lo repasaba cada vez que iba a ver al especialista –sin saber iba a conocer más de eso de lo que hubiera deseado-, sin embargo aquella primera vez todo parecía tan nuevo y desconocido, y el temor comenzó en el momento en que el médico cogió una figura a escala de arcilla con colores pálidos, era justamente la misma representación que estaba colgada en la pared pero en esa que el hombre tenía entre sus manos empezó a señalar con un lápiz lo que se iba a hacer. Después sacó un tubo un poco más grande que un popote y después algunos instrumentos, algodón, gasas y una jeringa con una aguja larga pero delgada. Todo quedó a la vista y Hinata se sintió desmallar. Era distinto al pánico que hubiese sentido por ejemplo frente a una casa del horror o antes de algún partido importante, no había retorcijones para ir al baño pero no sentía el cuerpo. Una sensación de falta de sí mismo y un profundo vacío que nacía en la boca de su estomago sin saber dónde es que terminaba precisamente porque eso no se podía medir, al menos no cuando el doctor sacó imágenes en la computadora y explicó detalladamente el procedimiento.
Recordaba también que dos días después estuvo recostado en un incomodo sillón médico con una lámpara del tamaño de un sol sobre su rostro, le habían dando un antifaz para que no fiera los instrumentos moverse y para que la propia luz que irradiara aquel potente foco no lo fuera a deslumbrar. Recordó que abrió la boca, la abrió mucho y pronto sintió como manos se movían sobre su lengua, pequeños duendecillos que bailaban y hacían cosquillas hasta que de pronto un pinchón como el de un zancudo muy grande le perforó la boca y todo se volvió un poco confuso.
El médico le había explicado que las exfoliaciones en la garganta eran en realidad en las cuerdas vocales, eran pequeñas incisiones superficiales que tenían como objetivo retirar los pólipos que se habían formado en ella y que de vez en vez sangraban cuando hablaba mucho o no se prestaban las condiciones adecuadas, una vez se retiraran estos el progreso con el medicamento, quizás un par de meses con quimioterapia ayudarían a erradicar el cáncer, eso si todo salía bien, si los cálculos y las estadísticas resultaban como debían de resultar y Hinata recordaba que Hisoka le había dicho que las matemáticas eran ciencias exactas porque los números jamás erraban, así como sus remates con Kageyama, igual los números con las probabilidades y él era una probabilidad positiva.
En esa primera ocasión el médico uso un instrumento quirúrgico alargado con una punta con una textura particular que servía para descascarar las capas de tejido superficiales de las cuerdas vocales, haciendo que la mucosa que la recubría empezara a ceder y mostrara las anormalidades que formaban el cáncer visible, era impreciso saber si con dicho procedimiento se podría extirpar absolutamente todo pues las radiografías mostraban una magnitud las endoscopias mostraban otra y a la vista de conocedor del médico se podía adivinar otras cuantas, por otro lado, en caso de que la afectación estuviera demasiado arraigada tendrían que llevarse a cabo dos o tres exfoliaciones que al final del día es lo que estaba previsto. Y aunque Hinata había tenido una mejora bastante notable, recostado ahí con sus inquietos dedos sobre su vientre veía todo con el mismo miedo que la primera vez a pesar de que esa era su cuarta y última intervención.
El nervio carcomía por debajo de su piel y aunque no podía sudar gracias al frío aire acondicionado de las instalaciones médicas sentía que estaba sudando los mares debido a la ansiedad que todo el asunto le generaba. El médico había sido muy claro con todo el asunto si en dos meses que regresará a revisión no se veía progreso tendrían que empezar con un tratamiento más "elevado", con quimioterapias, y aunque no le causaba tanto escándalo el asunto de perder el cabello o las consecuencias como el vomito, mareos y debilidad, lo que realmente lo inquietaba es que iba a permanecer más tiempo lejos de las canchas. Más tiempo lejos de Kageyama.
Una vez el procedimiento llegó hasta el final no hubo necesidad de que se zurciera nada pues todo era mucosa y parte del tejido blando que había quedado después de la extirpación de los pólipos había sido removido, en pocos días Hinata estaría hablando como usualmente hablaba y acatando las recomendaciones dadas y que ya con tres intervenciones previas conocía casi de rutina: cubre-bocas dentro y fuera de casa, no exponerse a las bajas temperaturas, nada de esfuerzo para gritar, dieta líquida y mucho reposo, algunos ejercicios para que las cuerdas vocales no se atrofiaran y estaría como nuevo.
El cuervo número diez terminó de despertar en la habitación del hospital mientras que en la televisión daban un anime de retransmisión de hacía dos años, no era tan bueno como lo recordaba, aunque en realidad poco podía recordar de él pues hacía dos años había estado tan enfrascado en el entrenamiento y en entrar a Karasuno que no siguió el hilo de las transmisiones en tiempo del anime de moda, y cuando lograba verlo no entendía muy bien de lo que iba la trama, así que pronto se vio alejado de la corriente de sus amigos de la edad que hablaban entre recesos sobre el anime. Había sacrificado momentos de socialización y fraternidad por el deporte, y ahora… ahora solo le quedaban recuerdos que se amargaban en su pensamiento y se volvían dolorosos mientras más tiempo pasaba. Con suerte iba lograr recuperarse de la enfermedad pero nada le aseguraba que pudiera seguir jugando. Había investigado en internet y había personas que terminaban por perder parte de las cuerdas vocales y no volvían a hablar, aunque en el volley no era requisito hablar si que era necesario para la comunicación entre los jugadores, si llegaba a perder la voz ¿Cómo le iba a pedir a Kageyama un pase? ¿Cómo iba a discutir que ese balón era suyo? ¿Cómo le gritaría a Tobio que estaba siendo un imbécil?... ¿Cómo iba a decirle a Tobio… la idea le aterraba cada vez un poco más.
–¿Te sientes bien, Shouyo-niichan? –cuestionó conmocionada Natsu mientras que seguía armando flores de papel de arroz. Estaba empecinada en hacer una corona con esas flores para regalarle a su hermano y que él se pusiera mejor. El mayor afirmó con una dulce sonrisa mientras que alzaba su mano para acariciar la cabeza de su hermana y después siguió viendo por la ventana el transcurso lento de las nubes que se tornaban cálidas, pronto serían dispersas por los fríos vientos de finales de verano que atacaban por la noche la región de Tokio por aquella temporada.
Tobio 19.30:
"¿Sigues enojado o ya podemos hablar?"
Los ojos castaños detallaron cada letra antes de suspirar. ¿Cómo podía estar enojado con el idiota de Kageyama?
Hinata 19.35
"Solo no vuelvas agredir a otra persona, Kageyama debe de cuidar su imagen"
El moreno volvió a sentir rabia, aún más grande que la que ya sentía de por sí pues tras bañarse había tenido que colocarse el ungüento sobre la mejilla aún morada y el solo contacto ardía como los diez mil demonios, el ardor no le ocasionaba dolor (quien no hubiera entrenado con los del Nekoma no sabía lo que era verdadero dolor) lo que despertaba esa herida era enojo, frustración y cólera era que…
Tobio 19.35
"¿Sigues defendiendo al americano?"
Hinata 19.36
"Se llama Hanzel. Claro que lo defiendo, Kageyama es demasiado impulsivo"
El rematador podía incluso ver la cara irritada de Kageyama que seguramente había puesto al momento de textear con esfuerzos pues la pantalla indicaba que seguía escribiendo pero no envió nada de último momento. Soltó una suave risa. Después suspiró y se quedó pensando que en realidad Kageyama no había podido enviar ese mensaje por falta de fuerza de voluntad, algo que decir o tal cual cosa, sino por auténtico dolor, entonces se preocupó Hinata, pues aunque todos sabían sobre su extremadamente genial habilidad pocos estaban enterados de los dolores de culo que había detrás de ella, por ejemplo: Las muchas horas de práctica para afinarla, el estricto régimen alimenticio y las horas de entrenamiento físico, los dedos molidos por levantar el balón, Shoyou se había quedado algunas veces ya en casa de Kageyama y siempre se quedaba callado y absortó mientras éste metía en agua con hielo sus dedos para después limarse las uñas o masajear los mismos con alguna loción. Los dedos del armador eran preciosos y eran suaves.
–Hinata ¿me escuchas? –sus ojos se enfocaron en la luz cegadora que se apagaba haciéndolo parpadear totalmente aturdido. Reconoció el ardor en su garganta y poco a poco se desvaneció la visión de Kageyama haciéndose manicura para después tirarle una almohada como respuesta a las burlas y comparaciones de Kageyama con alguna señorita por parte de Hinata. Esos momentos eran los que más atesoraba el pelirrojo, eran los que le hacían que el corazón se dispusiera y su espíritu no decayera en momentos cruciales como esos–. ¿Hinata-kun me escuchas? –repitió una voz que era del médico mientras sus ojos parpadeaban, él sentía que lo hacía con una lánguida lentitud hasta que pudo enfocarse, en sus oídos había un pitido irritante y sentía la garganta incómoda. El médico paso su dedo índice por enfrente del menor y éste lo siguió con la mirada como el gato que sigue la pelota. Se escucharon voces agradables y enseguida para el menor todo se volvió oscuro.
La última exfoliación había sido un éxito en cuanto su ejecución y ahora solo debían de esperar los resultados. Reposo y exploración en los siguientes tres meses y pronto volvería a la escuela, había estado lejos de ella desde el inicio del torneo de Primavera, se había perdido la ceremonia de graduación de los de tercero y el retorno al club como alumno de segundo grado, iniciaría su tercer año jugando volley si es que todo lograba salir bien. Pero a esas alturas se había empezado a volver loco, de no haber sido por Kageyama y sus usuales visitas, como las visitas de los chicos de su equipo y las de Kenma cuando estaba en Tokio quizás ya hubiera halado todos sus cabellos hasta quedarse calvo.
Mientras su cuerpo estuvo desconectado del mundo su cabeza parecía maquinar todo. Orquestando con cuidado cada una de las cosas que haría una vez estuviera recuperado lo primero sería ir a pedirle disculpas a Hanzel por la actitud idiota de Kageyama y después hacer que Kageyama fuera con ellos a comer hamburguesa, ilusamente Hinata tenía la esperanza que podían ser amigos y aprender mucho el uno del otro, no obstante, la idea que más abarcaba la cabeza del pelirrojo era el pasar tiempo con Kageyama, jugando volley de preferencia, jugar hasta que ambos cayeran rendidos y sus pechos agitados no los dejaran respirar. Esa clase de dificultad para abastecer su cuerpo con aire era la clase de dificultad que le gustaba y no la que ocurría cuando se agitaba y su garganta le fallaba.
Cuando abrió sus ojos después del pequeño desvanecimiento en el sillón del quirófano volvió a notar al doctor que estaba ahí hablando con sus padres, ambos lucían bastante relajados. No le salió voz y sentía aún algo obstruyendo su garganta, lo usual. Se talló los ojos mientras que los adultos se fijaban en él. Su mirada buscó a otra persona más pero no encontró, claro, a esa hora Kageyama debía de estar en clases, y de estar ahí con él Hinata lo hubiera regañado por saltarse más que las clases mismas los entrenamientos.
–¿Te sientes mal? –preguntó el médico haciéndole una revisión rutinaria.
Hinata negó suavemente.
Kageyama era su síntoma más grande y hasta el momento estaba aliviado.
O lo estaría cuando se volvieran a encontrar.
El cuatro de octubre de ese mismo año la puerta del segundo grado grupo "C" (tercera clase) se abrió de golpe, el ruido del carrilete de la puerta corrediza hizo fricción ante la forma furiosa y brusca en que fue abierta. Los ojos de los estudiantes que ya se encontraban en el aula viraron los ojos de forma inevitable. Hasta el propio Kageyama rodó la mirada hasta allá, mantenía su mejilla recargada en su mano pero le fue difícil distinguir que ocurría porque las chicas que había a su lado le obstruían la visión. Volvió a cerrar los ojos. Había demasiados pensamientos que llenaban su cabeza y desde hacía aproximadamente un mes las cosas se tornaron complicadas incluso para alguien tan simple como él. Su degradación mental hubiese seguido satisfactoriamente de no ser por la mano que le pegaba un sonoro manotazo a su brazo que sostenía su rostro para hacerlo casi caer de golpe. Gimió y furioso se incorporó mientras que cogía por la solapa del uniforme a la persona que había cometido tal atropelló pero antes de poder decir nada la sonrisa grande de Tanaka le hizo saber que algo pasaba.
Salió corriendo Tanaka, tenía la misma velocidad que Hermes para dar anuncios. Kageyama arrugó la nariz y se incorporó con la idea de que posiblemente Ennoshita necesitaba hablar con ellos, pero fue cuando su mirada sin querer se fijó en la ventana que lo vio. Hinata iba saliendo acompañado de su madre de uno de los edificios de la escuela, ese donde estaba la dirección y la sala administrativas. Kageyama no supo cómo pero salió por encima de sus compañeros para correr como lo había hecho Tanaka, solo que en lugar de ir hacia el salón donde estaba Yamaguchi (pues dudaba que a Tsukishima le interesara que Hinata había ido a la escuela) él se dirigía hacia la salida de su propio edificio.
—¡Hinata! —aulló Kageyama mientras que aceleraba y brincaba todos los escalones para llegar hasta la grava del patio.
El aludido que había estado rezando por encontrarse casualmente a Tobio se giró mientras que abrazaba su abrigo. Su madre se quedó a su lado dándoles un poco de espacio, una dulce sonría se dibujaba en sus rostro pues Kageyama no iba solo, el resto del equipo de Karasuno se escuchaba llegar. Los cuervos grasnaban.
—¿Cuándo llegaste a Miyagi?
—Ayer —repuso la voz, sonaba rara pero no estaba tan mal como había imaginado que estaría—. Pero no pude… llamar, estaba un poco cansado —comunicó acomodándose el cubreboca debajo de la barbilla mientras la sonrisa iluminaba el corazón de Kageyama que agitado aún por la carrera afirmaba.
—¿Estás bien?
Hinata levantó el pulgar.
—¡Shouyo!
—¡Hinata-kun!
—¡Hinata!
Gritaron los chicos y las managers que poco a poco llegaban. Tanaka había explicado que había ido a entregar un documento pedido de un profesor cuando había visto de reojo a Hinata fue entonces cuando había decidido correr para dar el aviso. Había reunido en tiempo record.
—Más rápido de cuando te digo que los reúnas —reclamó Ennoshita con una sonrisa acusadora a lo que el pelón solo silbó desviando la mirada, no obstante todos se quedaron en silencio cuando de pronto el pelirrojo había empezado a sollozar. Tobio se alarmó y alzó sus manos sin saber que hacer, solo para después encontrarse rodeando el tórax del moreno Kageyama tragó saliva pero enseguida lo cubrió con sus manos.
—Chicos… —balbuceó Hinata y el grupo supo que era su llamado.
Compartieron un abrazo grupal al que incluso Tsukishima participó pues se había asomado para saber que ocurria como para haber causado la alteración de Yamaguchi.
La madre de Hinata accedió que el menor se quedara un rato más, después de clase con la condición de que alguien acompañaría a Hinata a casa mientras ella se adelantaba, no podía llegar tarde y que se olvidarán de que pisara la cancha. Daichi se comprometió a que Hinata estaría bien, después de todo no se debía de ser genio para saber que quien iba a acompañar a Hinata a esa travesía de ciudad a ciudad sería Kageyama.
En el entretanto los chicos fueron a clases y Hinata aprovechó para repasar en la biblioteca de la escuela, no podía entrar a clases, y solo tuvo que esperar una hora a que los cuervos estuvieran sobre él en el gimnasio donde los puso al tanto de todo: había regresado el día anterior de Tokio, y no volvería a ir sino hasta dentro de un mes, sin embargo no podía volver a la escuela sino hasta inicios del siguiente año, esa noticia que anunciaba que iban iniciar tercero con ellos hizo a más de uno celebrar de gusto. Los de primer año no conocían del todo a Hinata así que curiosos veían al menor que era llenado de mimos y atenciones por todos, en especial por el siempre frío, serio y reservado armador oficial que ahora no solo parecía distante sino que ahora despedía el mismo aura amenazante que despedía cuando no estaba contento en algún juego, cerca de Hinata la mirada del armador impedía que alguien se acercara más de la cuenta.
—El dúo raro no deja de ser raro ni siquiera fuera de la cancha y fuera de temporada —susurró Tsukki mientras secaba el sudor de su rostro pues él había decidido de ponerse a entrenar a escuchar la historia de Hinata de la boca de Hinata, estaba seguro que Noya o Yamaguchi se la iban a contar de todos modos.
Una vez presencio todo el entrenamiento, cuando empezó a sentirse fatigado, Kageyama pidió permiso para retirarse temprano, Ennoshita no tuvo ningún problema y Ukai tampoco, por el contrario, Kageyama se esforzaba el doble, casi como si entrenara por dos personas, y de algún modo Ukai sentía que Kageyama tenía la obligación de entrenar ante la ausencia de Hinata, de reojo observó a Hinata irse a lado de Kageyama y supuso entonces que debía de ser frustrante para Hinata pensar que estaba ahí sin hacer nada.
Quizás, solo quizás, esa noche Ukai juntaría sus manos y rezaría por el Karasuno. No solo por Hinata, sino por todos sus muchachos.
—Entonces.
—Entonces…
—No te quedaste calvo –acotó Kageyama mientras sus dedos se rozaban con los de Hinata que parecía también querer aquel roce. Le era agradable porque ahí nacía la luz de su corazón.
–Eres un idiota Kageyama –bufó el mayor mirando de reojo al moreno mientras que alejaba la mano solo para golpearle el brazo.
–Solo era una observación.
–Pues no me quedé calvo, eso es con la quimioterapia. Pero… el doctor dijo que si todo salía bien no tendría que hacerla –murmuró Hinata. Ambos caminaban rumbo a la parada de autobuses en otros tiempo quizás habrían ido hasta la casa de Hinata a trote limpio ya cuando la noche se hubiera instalado sobre sus cabeza, pero ahora esperaban con calma en la parada del autobús aún cuando el sol brillaba en un rojo ocaso pero no más hermoso, según Kageyama, que los cabellos del menor.
–¿Te importaría si me quedó calvo? –cuestionó Hinata rompiendo el mutis mientras que miraba fijamente al otro quién le regresó la mirada.
El moreno no dijo nada solo lo siguió mirándolo a los ojos con detenimiento absoluto, gravando cada particularidad en el rostro aniñado de Hinata. El mayor hacía lo mismo notando como la mancha que era la piel machacada por los golpes del americano había desaparecido por completo. Mordisqueó su propio labio cuando sus ojos se cruzaron y aclaró su garganta por un segundo buscando apartar la incómoda sensación que se arrastraba desde la intervención.
Un auto paso haciendo un ruido que retumbó en eco contra las paredes de los edificios aledaños y Tobio se alejó abandonando la boca de Hinata solo para volver a desviar la mirada hacia el final de la calle para ver si ya se acercaba el autobús. El pelirrojo sonrojado hasta las orejas se hundió en hombros y se quedó lo suficiente pegado a Kageyama al punto que recargó su frente contra el pecho de éste, Tobio comprendió el lenguaje mudo de su compañero y acarició con desgana, pero no por falta de interés sino por vergüenza, la nuca y el nacimiento del cabello naranja del mayor.
–¿Eso responde tu pregunta? –cuestionó Tobio mientras que seguía viendo hacia el final de la calle.
–Cállate –suplicó Hinata aguantando las ganas de llorar.
¿Qué significa que él hubiera besado antes a Kageyama y ahora éste le besara a él?
¿Estaba bien si dehaba ser un poco libre ese raro corazón que palpitaba con desesperación en su pecho?
¿O era el de Kageyama el que estaba indispuesto en un arrítmico latido?
–Oye Hinata –masculló el menor mientras el autobús avanzaba, pronto llegarían a la parada donde se debían de bajar. El mayor se encontraba recargado del hombro de su compañero. Había más personas en el vehículo pero varios asientos adelante, en realidad era poco el pasaje a esa hora así que la tranquilidad se podía sentir dentro del vehículo y afuera donde el paisaje respiraba.
–¿Hmp?
–Somos novios, ¿no?
El pelirrojo se incorporó casi de golpe mientras que giraba su mirada hacia Kageyama. El moreno lo observó con cierta curiosidad y enarcó la ceja sin dejar ir la mano que tenía los dedos entrelazados con los propios. Hinata tampoco hizo mucho por apartar la mano pero aún así se quedó mudo sin saber que responder. Apretó los labios y se reacomodó en el asiento plástico del autobús.
No respondió nada. Ni desestimó la aseveración, ni la secundo. Solo se quedó en silencio y el ardor en su garganta se extendió hasta su pecho.
Kageyama clavó sus ojos en el reflejo de la mirada pensativa de Hinata.
Después sus ojos se desviaron hacia el letrero rojo arriba de la ventana.
"Salida de emergencia", leyó para sus adentros.
"¿Al menos sabes leer Tontikawa?" recordaba que en algún momento le había preguntado Iwaizumi mientras él pasaba las hojas desesperado de su libro para tratar de tragar todo el contenido del semestre. Claro, Oikawa siempre era el alumno modelo, pero pocos sabían que parte de sus calificaciones era cuestión de suerte, después de todo algunas cosas debían ser dejadas al azar y la probabilidad con una agenda tan apretada como la suya que incluía desde ir al karaoke hasta practicar para ser el mejor setter de Japón poco tiempo le quedaba para estudiar, pero sí que lo hacía y se desvivía por entregar los mejores trabajos, no se dejaba opacar por absolutamente nadie ni siquiera por los supuestos intelectuales que hubo en su salón durante todo el tiempo que duró estudiando, Oikawa estaba totalmente entregado en ser el mejor, incluso ahora que estaba sentado en una de las incomodas sillas de la sala de espera del hospital general de Sendai esperando a ser llamado con un grueso libro sobre sus piernas, los audífonos en sus oídos escuchaba una selección de covers Jazz de la OST del estudio Ghibli, era muy fan del estudio sin embargo más por las temáticas encubiertas por las secuencias que se creían para niños. Ghibli era para niños e intelectuales. Ese día tenía revisión de su lesión en la rodilla así que le tocaba esperar.
Finales de verano y él lejos de una escuela. A esa hora de la mañana todos debían estar ocupados en sus obligaciones académicas o tomando clases mientras que él solo leía y escuchaba música en la estúpida sala de espera. En la estúpida sala de espera leía y escuchaba música, escuchaba música y leía en la sala estúpida de espera. Jugueteó con la oración construyéndola y desconstruyéndola para ver cuántas posibilidades habían para formar una nueva oración y sus ojos devoraban la información que en las letras del libro se plasmaban. Ni siquiera sintió cuando alguien se sentó a un asiendo de distancia de él. Al menos no hasta que la mirada penetrante lo puso incómodo cerrando de golpe el libro entre sus manos para erguirse aún sentado y girar lentamente la mirada.
La enorme sonrisa de Hinata Shouyo y sus labios moviéndose le hicieron caer de lleno a la realidad.
—¡Enano de Karasuno! —gimió y enseguida apartó la mirada totalmente ofendido.
—Gran rey —saludó emocionado Hinata y al castaño no pasó por alto el extraño timbre de voz del menor, enarcó la ceja iba a preguntar qué hacía ahí pero si tenía esa voz quizás estaba resfriado. Bufó y desvió la mirada.
—No me llames "Gran rey" —ordenó volviendo a hundir su nariz en su libro, ese que abrió en una página cualquiera. Pero Hinata no dejaba de verlo parecía excitado, incluso, por haberlo topado ahí en medio de la sala de espera desierta. Y la ira y el desgano de aquella humillante derrota le llenó los huesos a Oikawa, sin embargo, éste no podía culpar al enano por dicho resultado, el primero que dejaba caer el balón era el que perdía y él había dejado caer el balón, chasqueó los dientes y siguió leyendo tratando de hacer el mínimo contacto visual con Hinata Shouyo.
Mientras tanto Hinata incomodo por la atmosfera rara que se había formado prefirió desviar la mirada también sacando su móvil para ver si había recibido mensaje por parte de Kageyama, desde el día anterior que lo dejará en la puerta de su casa hubo mutis y ningún mensaje, ni siquiera por Line o alguna otra red social. Era extraño. ¿Acaso habría esperado alguna respuesta concreta después de aquella aseveración?
"Somos novios"
Había dicho con tal convicción que no hacía falta nada más. ¿Cierto? Hinata se revolvió en el asiento y siguió mirando de reojo a Oikawa pero enseguida sus ojos volvieron a su teléfono. La fotografía con los chicos del Horizon aparecía como fondo de bloqueo, pero de fondo de pantalla Karasuno.
Oikawa torció los labios con sus manos aferradas al tomo que trataba de leer, sin embargo no podía dejar de ver de reojo al pequeño cuervo, poco después sus ojos volaron hasta el anuncio que había frente a ellos, era un luminoso que dictaba el sitio para el cual dirigirse en caso de un siniestro, le gustaba el color verde, no era chillante pero tampoco era simple, le daba algo de estilo a la pequeña sala de espera a pesar de que se trataba de algo tan banal como una señalética. Y a pesar de que el anuncio luminoso podía ser un perfecto distractor, su pensamiento no se alejó mucho de estar al pendiente de la mirada curiosa que el menor le lanzaba desde su asiento.
¿Cuántas posibilidades existían para encontrarte con el enano en el hospital público y específicamente en la misma área? Eran casi nulas, y se decía "casi" pues ahí estaban ambos. Sentados uno ha lado del otro con un asiento vacío de por medio.
Incomodidad al mil por ciento, al menos por parte de él pues Hinata parecía muy metido en sus asuntos, algo que irritaba más a Oikawa. Cómo él podía estar haciendo todo un tifón en un vaso de agua y Hinata impasible revisando casual sus estúpidos mensajes de Facebook.
¿Sería muy extraño que de pronto le dijera lo mucho que odiaba a su equipo?
Sí, seguramente iba a ser bastante extraño, sin embargo conociendo el record de Hinata lo anormal sería entablar una conversación donde el volley no fuera el tema central.
—¿Acompañas a alguien a consulta? —sorpresa, sorpresa. Al gran rey se le había ocurrido algo inteligente que decir, para variar algo que se podía tachar de amable y seguramente Iwaizumi lo iba a felicitar, quizás hasta lo nominaban al "hombre filántropo" del año por mostrarse respetuoso y maduro ante uno de sus enemigos jurados, o mejor dicho ante un medio de sus enemigos jurados.
—Vengo por medicamento.
—Debe de ser tu voz suena horrible. ¿Refriado?
—Cáncer de garganta.
En realidad no era cáncer de garganta pero era más fácil decirlo de ese modo que explicar el nombre medico a su padecimiento. Meditó sobre ello un par de segundos, pero al no escuchar respuesta por parte del gran rey giró su mirada hacia Oikawa. Éste se había quedado con los labios entreabiertos y los audífonos a medio camino a punto de ser colocados en sus orejas, había sido su decisión inicial pero ante la revelación solo se quedó sumamente quieto y dejó caer las manos.
—¿De verdad?
Y ahí iba la mirada de compasión que había visto mil veces Shouyo. El menor se removió incomodo pero sonrió, mientras que mostraba su pulsera en su mano. Era una pulsera color azul que traía inscrita una leyenda:
"Soy fuerte, soy poderoso, la enfermedad no me va a ganar"
En Tokio había ido a una terapia grupal donde le habían obsequiado esa pulsera. Era conocida casi por medio Japón gracias a una campaña de concientización sobre el cáncer. Sin embargo, había muchas personas que la usaban como apoyo y fraternización a los que padecían esta enfermedad, pero las pulseras azules marcaban al individuo como enfermo. Fue quizás un golpe directo a las costillas y se sintió realmente culpable el castaño pues en más de una ocasión –tal vez cien o doscientas- había deseado desde el fondo de su corazón lo peor para ese enano y el equipo completo. Por lo vistos los peores deseos son los que se vuelven realidad y sintió su corazón ser oprimido. Apretó los labios.
—No te preocupes —se apresuró a intervenir Hinata pues Oikawa parecía que iba a llorar en cualquier momento. Se volvió a remover incómodo en su asiento.
—Bueno… es que… es… raro ¿no crees?
—Sí, bastante —respondió Shouyo sonriendo con pena—. Pero todo va mejor… —repuso y volvió su mirada frente hacia el genial letrero. Oikawa miró el mismo letrero.
—¿Qué tal lo está tomando Tobio-chan?
—¿Kageyama-kun?
—Sí, bueno… son novios o alguna cosa rara así ¿no? —sobre eso había tenido una discusión muy profunda y filosófica, que en realidad había sido chismorreo y suposiciones para pasar el rato entre copas y bromas, Makki, Mattsun, Iwaizumi y él. Sobre la extraña relación de Tobio-chan y el enano camarón, pero al ver que el menor se ponía rojo hasta las puntas de los cabellos (sí, más rojo aún) torció los labios casi con gusto. Saboreó la vergüenza del menor y suspiró—. Ah, ya entiendo… ¿pero te gusta, no? Siempre están… —juntó sus manos en una extraña mueca—. Tú sabes… y luego esa loca precisión… es… raro como se comunican… parecen ser de la misma raza, la misma especie… dúo de raros —argumentó enseguida y notó como los enormes ojos de Hinata seguían uno a uno los movimientos que hacía. Oikawa bajó las manos y lo confrontó—. ¿No son novios? ¿Pero te gusta?
—No lo sé… es… es raro —ahora utilizó él el argumento. Y sus labios los apretó—. No importa si me gusta o hace que mi corazón haga "pwan" —¿Qué mierda significaba que su corazón hiciera "pwan" —. Ahorita… en mi condición, no soy fuerte… no… —apretó los labios una vez más sintiéndose frustrado—. No quisiera que él… —los ojos de Oikawa se fijaron de forma seria en Hinata mostrando que verdaderamente le estaba poniendo atención. Los sentimientos tan profundos que las otras personas profesaban eran interesantes para Oikawa que había tenido un amor unilateral durante años y se había acobijado en relaciones pasajeras y encuentros morbosos de una noche.
—Hinata-kun —habló una voz desgastada detrás de ambos, y Oikawa se acomodó mejor en su lugar.
—¡Makoto-san! —saludó Hinata haciendo que su semblante desapareciera por completo—. ¿Y la abuela? —cuestionó amable.
—Murió hace tres semanas, fue cuando te fuiste a Tokio.
Hinata se quedó callado enmudecido. Oikawa enarcó la ceja.
—Lo sie-
—Oh, no te preocupes, Hinata-kun, estas cosas pasan… fue mucho sufrimiento para ella, para mí y nuestros hijos, años —acotó el hombre caminando a paso lento hacia donde la zona de enfermeras, llevaba una bolsa de cartón en una de sus manos—. Ahora todos vamos poder descansar —comunicó con una sonrisa suave—. Ánimo, Hinata-kun.
El pelirrojo seguía mudo al tanto el asiento sentía que se lo tragaba, o al menos eso hubiera gustado que ocurriera. "Sufrimiento para ella, para mí y nuestros hijos". Mojó sus labios y trató de sonreír pues sentía otra vez la mirada penetrante ahora de Oikawa sobre él, no obstante ésta fue desviada hasta el anuncio sobre la puerta frente a ellos.
Por algún motivo tuvo un deja vu, pero en lugar de estar en el hospital con Hinata, se encontraba saliendo de la práctica de vóley de su sobrino en compañía de Kageyama.
—Una vez Tobio-chan dijo algo inteligente —azuzó el castaño estirando a lo largo todo lo que sus piernas podían dar. Llamó de inmediato la atención del número 10 de Karasuno—. "Si quieres ganar debes de hacerte fuerte", su mal como armador durante la escuela media era que creía que todo se tenía que adaptar a él, obviamente las personas se hacen fuerte con el pasar del tiempo pero hay algunos que nacen siendo fuertes, otros que se vuelven fuertes con mayor lentitud y otros que se toman su tiempo antes de ser verdaderamente fuerte… —reflexionó en voz alta sin dejar de ver la señalización—. Todos se hacen fuerte a su ritmo y es todos apoyando a todos, "eres más fuerte con seis de tu lado", supongo que lo mismo va hacia ti… no estás luchando solo, te harás más fuerte si ves un poco lo que hay a tu alrededor —declaró hundiéndose en hombros—. Tobio-chan debe de entender que te tomará tu tiempo entender eso, aceptar lo que estás pasando y aceptar que el resto de las personas te quiere ayudar… no puedes reflejarte en… —miró rápidamente hacia donde aquel anciano firmaba algunos documentos—, porque no eres su mujer difunta, Kageyama no es él, y su familia no es igual a la tuya… es lo que debes de comprender, Chibi-chan —acotó recogiendo las piernas otra vez—. Considera que no sabes lo que realmente va a ocurrir si no te decides a intentarlo, a probarlo, quizás caiga pero… ¿cuántas veces no fallaste un saque intentando que cruzara la red? ¿Cuántos remates te bloquearon antes de obtener ese remate de dioses? —ladeó el rostro y ahora sus ojos castaños estaban sobre los de Hinata.
La sonrisa luminosa de Tooru se reflejo en el semblante de Shoyo que se vio contagiado por ella.
—Lo sé, soy genial —declaró al darse cuenta que había alentado, de alguna forma al pequeño camarón. Bufó sacando los audífonos de su bolsillo que en algún momento había guardado ahí—. Como sea… como sea… procura darle muchos problemas a Tobio, con suerte logramos que se quede calvo, calvo —acotó de inmediato colocándose los auriculares para perderse en la voz de Shiina Ringo. Recomendación de Matsukawa.
El bloqueador no dijo nada más, solo estudió en silencio la silueta del perfil de Oikawa, quien al sentir la mirada, viró sus ojos hacia el enano y le regaló una de sus deslumbrantes sonrisas, Hinata apartó rápidamente la mirada. Espiándolo cada tanto. Era diferente tener a un costado al enemigo que acostumbras a tener frente a ti al otro lado de la red. Nunca había reparado en la verdadera apariencia del Gran Rey, siempre vestido de sudor en blanco y cyan, era diferente verlo ahí con la piel limpia y usando ropa que cualquier otro mortal usaría, inclusive, que él quizás iría a comprar en cuanto su madre lo volviera a llevar a comprar ropa. Esa camisa a cuadros que llevaba Oikawa atacada a su cadera era bastante genial, se preguntó si Tobio le daría algún halago si lo veía vistiendo algo similar a eso.
La mano tímida de Hinata tiró del brazo de Oikawa que volvió a girarse hacia él, enarcó la ceja.
—Pero… ¿cree, Gran rey, que resulte? A pesar… que los dos somos chicos —masculló ansioso. Hinata había encontrado en Oikawa un foco inesperado de sabiduría. El mayor torció los labios de firma inesperadamente escalofriante y suspiró largamente.
–Ser homosexual o no en realidad no es malo –se miró las uñas el castaño–. Una vez que cruzas la línea tu morbo se verá atraído por la reacción que tuvo tu cuerpo por esa primera vez, y después volverá a pasar y nuevamente ocurrirá hasta que estés bien lejos de la frontera que delimita de lo que te han enseñado que es "correcto e incorrecto", en realidad, nada es incorrecto mientras que tú te sientas tranquilo –ahora los ojos chocolate observaban fijamente a Hinata–. De nada sirve estar en "paz" con una chica cuando en realidad tu amor y fijación por un hombre prevalece. La vida es demasiado corta Hinata y creo que eso tú lo sabes mejor que nadie… además, cuando ya caminas muy adentro de este nuevo camino parecerá que ya no existen límites para la fuerza, deseo y curiosidad de dos personas e irremediablemente terminarás cayendo una y otra y otra vez… hoy o mañana o en veinte años, si en tu sistema está la decantación hacia un varón tarde o temprano tropezaras Hinata, depende de ti si esa caída es desastrosa o es sobre plumas de ganso y seda…
Los ojos del rematador veían intensamente a Oikawa que parecía haber sido con una especie de aura sobrenatural, una madurez interesante lo rodeaba de forma inesperada y de pronto ya no era el adolescente excapitán de una preparatoria, sino un chico a un paso de convertirse en un hombre. ¿Oikawa siempre había sido tan genial? Desde luego que sí, Hinata siempre lo había reconocido, el pelirrojo siempre había apreciado con ojo de adversario y de fan las jugadas que Tooru tenía para mostrar no obstante a su lado siempre había estado Kageyama para enfrentar esa "genialidad" pero ahora se encontraba solo, solo frente a una cruda y deslumbrante verdad. Sus labios se entreabrieron y Oikawa sintió entonces curiosidad por saber qué iba a decir el rematador.
–¿Me quieres hacer… unos pases? –preguntó el menor mostrando el balón en la mochila que llevaba.
Oikawa enarcó la ceja suspiró y enseguida propino un suave golpe en la cabeza del Karasuno provocando en éste una risa asmática y rota, al mayor la pareció sorprendente cómo es que alguien que había conocido de pronto tan lleno de vida sonará como alguien que iba a morir y aceptaba esa muerte con una sonrisa en el rostro. Se negaba a pensar que ese era el caso de Hinata, y peor aún que lo hubiera hecho hablar tanto como para que por respuesta solo le pidiera unos pases. El enano era incorregible después de todo.
—No te haré unos pases. Aunque con gusto lo haría para tomarnos una foto y enviarla a Tobio-chan, seguro muere de celos —argumentó.
—Vale —Hinata no dejaría pasar la oportunidad.
El mayor entrecerró la mirada. ¿Por qué no se ponía a la defensiva el enano? ¿Por qué estaba tan dispuesto a correr riesgo y provocar a Tobio? Bufó. Si no había una respuesta favorable para Tooru no le importaba el reto.
—Olvide mi celular.
Hinata se apresuró a sacar un bolígrafo y una servilleta de su mochila, se la pasó a Oikawa que enarcó la ceja.
—Para cuando tenga su celular.
Cuando llegó el tiempo de que Oikawa pasará al médico no se molestó en despedirse del pelirrojo pero éste sí que se agitó alzando la mano y tratando de modular un saludo que no llegó a ser pues la voz no le alcanzaba. Después fue su turno de pasar y tardó un poco más de lo esperado pues el aerosol que debían de darle para refrescar no estaba en esa unidad médica no obstante le pidieron al menor que esperara que en breve llevarían el medicamento para que no tuviera que desplazarse de una clínica a otra pues aquello implicaría el moverse hasta la ciudad vecina. Por otro lado, de algún modo Hinata tuvo la esperanza de encontrar a Oikawa afuera del consultorio una vez saliera pero en su lugar encontró el asiento vacío, hubo un poco de desilusión –debía de reconocer- puesto que las palabras del armador habían sonado a las palabras de alguien que sabía mucho de algo que él desconocía y que inesperadamente deseaba saber, tener ese conocimiento le iba a ser de gran ayuda.
De mucha ayuda.
Sobre todo en ese momento en que se encontraba ahí parado afuera de la preparatoria, pasaban de las seis de la tarde y estaba seguro que el entrenamiento había dado por finalizado hacía algunos minutos, quizás limpiaban. Vio salir primero a Tsukishima con Yamaguchi y éste de la mano con Yachi, algunos chicos que no reconoció y enseguida Kageyama usando una bufanda. Hinata le siguió el paso hasta que el moreno se dio cuenta que le seguían, se giró violentamente como eran sus usuales reacciones y se quedó quieto al ver que se trataba de Hinata que le ofrecía una leche de la marca que solía beber y en su otra mano, yakisobas.
—Deberías estar en casa —murmuró Kageyama ofuscado.
El mayor usaba una bufanda mullida y una enorme chamarra, el cubreboca sobre su rostro.
—Le dije a mamá que pasaría la noche en tu casa.
—¿De verdad?
—Sí, tengo ganas de ver el vídeo del campeonato de Brasil, no me diste la copia que prometiste me darías —empezó a caminar y Kageyama siguió caminando. No obstante se detuvo enseguida cuando la mano de Hinata entrelazó sus dedos. Tobio miró al pelirrojo y éste le devolvió la mirada—. Vamos hace frío…
—¿Te puedo besar?
—¿Eso hacen los novios, no? —murmuró sin voz.
La luz de las farolas esparcidas cada tanto no fue suficiente como alumbrar al par de adolescentes, la espesura de la noche se tragó la escena y enseguida aparecieron con sus pasos lentos hacia el hogar del menor. Kageyama y Hinata siguieron caminando cogidos de la mano, había un ruidoso silencio que se iba esparciendo tras cada pisada que daban. El mayor jamás olvidaría la intrépida invitación por parte del armador con esa voz ligeramente desesperada y llena de angustia que jamás había escuchado muy a pesar que lo había visto en muchas formas, habían continuado andar mientras su orejas lentamente se ruborizaban. En el tiempo que Hinata llevaba de vida nunca había escuchado tan dulce confesión, quizás no habían sido con palabras comunes o banales sin embargo, Tobio le había entregado algo incluso más dulce y gentil que cualquier otra cosa que conociera.
Apretó más fuerte su mano.
Oikawa se tiró contra su cómoda cama que inevitablemente se hundió ante su peso, estiró la mano para coger su teléfono y se dio cuenta que no lo había dejado cargando como había dicho supuestamente a Hinata, frunció la nariz empezando a sentirse realmente molesto pero enfureció momentáneamente en el instante justo en que sintió el borde del aparato en su pantalón. ¿Había estado ahí todo el tiempo? Gruñó antes de sacarlo y revisar, varios mensajes del grupo de los "Funestos universitarios", y aunque él no era universitario era un miembro honorario. Revisó algunos correos de la universidad que él había rechazado y después notificaciones en redes sociales. En la mayoría de los grupos que seguía se había hablado sobre ese rechazo por parte de Oikawa Tooru a la Universidad T, "Desplante de Diva" había leído en algún blog, y claro que no iba a negar que ese rechazo hubiera sido meramente un capricho, pero uno que encubría una triste realidad que de a poco le pasaba una factura dolorosa. Sus ojos bajaron a su rodilla. Fisioterapia, aquaterapia, acupuntura y toda clase de resonancia magnética y demás. Sus ligamentos habían dejado de tener elasticidad y si quería estar enteramente bien para un futuro prospero y una pierna completamente funcional era sacrificar un año entero lejos de la cancha, pero bien podía ignorar todas esas recomendaciones medicas e ir por la gloria momentánea que le ofrecían en uno de los equipos más prestigiosos del país hasta que la rodilla fallará y quedará inservible. Siendo Oikawa el tipo de persona que era Iwaizumi pensó que tendría que amarrarlo durante un año entero quizás en su sótano o en el sótano de la casa del castaño, sin embargo le sorprendió saber que Tontikawa le había espacio a la razón y dejado de lado esa lucha incontrolable por siempre avanzar y ser el mejor.
"Si seré el mejor solo por uno o dos años pues no me interesa, a mí me interesa la gloria eterna, dejare que otros crean que la tienen segura…"
Hasta el momento Tontikawa lo había hecho bien e Iwaizumi estaba orgulloso de él, Oikawa también se sentía orgulloso de sí mismo y orgulloso de la nueva persona en la que se estaba convirtiendo. Suspiró sonoramente y puso a cargar su móvil mientras que reposaba el cuerpo en la cama después de pasar todo el día en el hospital, se supone que debía de hacer cincuenta minutos en la caminadora pero una extraña nostalgia lo invadía cada vez que pensaba en ese futuro que no se había realizado, eran golpes depresivos que iban y venían, la mayor parte del tiempo era optimista, los avances eran notorios y en poco menos de diez meses volvería a estar jugando en una cancha, pero aunque lo lograra iba a tener que competir contra los nuevos talentos jóvenes y la posibilidad de que volvieran a ofrecerle una beca deportiva eran casi nulos, se envolvió en las sábanas y se hundió un poquito, se dejaría auto-compadecer solo por ese día. Volvió a meter su mano en su pantalón para sacar la cartera que le estorbaba y fue cuando encontró la servilleta con la fea letra de Hinata, recordó que era su número telefónico y solo para variar lo agregó a su agenda. Dejó el móvil de lado otra vez. Estaba listo para torturarse las siguientes seis horas hasta que se quedara dormida y despertará justo dos horas después por la voz de su madre llamándolo para que desayunara con ella antes de que se fuera al trabajo. O al menos eso esperó hasta que el teléfono vibró junto a su rostro y tuvo que cogerlo para revisar, quizás era su hermana o su madre, pero sus ojos castaños se abrieron en sorpresa.
Chibi-chan 17.56:
"He hablado con Kageyama, gracias por todo Gran Rey"
Chasqueó la lengua Oikawa y dejó otra vez el móvil, o al menos esa sería la intensión pero el móvil volvió a sonar.
Chibi-chan 17.56:
"Espero esté bien"
Oikawa 17.58:
"¿Quién demonios te dio mi número?"
Chibi-chan 17.58
"Kageyama"
"No se rinda con lo de su rodilla"
Oikawa no pudo ignorar ese mensaje y rápidamente respondió con sus dedos hábiles volando sobre el sofisticado dispositivo solo después tiró el aparato contra la cama y la cobija color azul quedó en el suelo regada junto a su almohada. Pasos rápidos se escucharon en el segundo piso de la residencia Oikawa para que en pocos minutos el hijo menor se volviera un rayón castaño que salía de casa con sus zapatillas deportivas para caminar, su rodillera y un pantalón que lo mantendría calentito.
¡Claro que no se iba a dar por vencido!
¡Mucho menos ante Chibi-chan y su arrogante comentario!
¿Con qué derecho un enfermo de cáncer iba a tener lastima de él?
—Estúpido enano, soberbio —gruñó furioso trotando hacia el parque cercano a su casa.
...
Reviews:
Yukie: Mi dulce chicx, yo también te amo secretamente, cada capítulo espero tu review. Me fascina como te expresas y me da mucho ánimos para seguir, agradezco por el apoyo que me das hasta este momento. Y bueno, sí, todos de pronto son gays en las historias yaoi, sigo insistiendo, acabo de leer unas cuantas donde mágicamente todos TODOS tenían pareja, hasta Ukai-abuelo con Nekoma-sensei y fue WTF?!. Pero bueno. Tienes razón con respecto a Kageyama, creo que armarse de valor y enfrentar sus sentimientos es lo más grande que ha hecho por sí mismo y bueno, se viene lo bueno. Lo sencillo ya pasó pero recordemos que la vida jamás es color de rosa y siempre procuro plasmar realidad en mis escritos. Muchas gracias por tus comentarios y deseo que la espera de este capítulo valga la pena. Saludos, linda.
Allen Walker: Muchas gracias por tus palabras, y por tus lagrimas, hehe, lamento mucho la espera y bueno, el beso fue épico, hasta a mí se me puso la piel chinita después de redactarlo. Agradezco mucho que te tomes el tiempo para leer y espero te guste también esta nueva actualización. Te mando los mejores deseos. Saludos!
Guest: ¡Oh por dios! -se muere- Gracias por ese entusiasmo que muestras. Sobre todo por los estados y que lo comentaras con tus amigas, es un honor saber que la historia gusta. Muchas veces dejó de publicar porque no estoy conforme, y paso horas escribiendo para después borrar, fue lo que pasó antes, borré el capítulo doce que tenía planeado así que no terminó por ser lo que esperaba, fue algo mejor, y estoy tranquila. Espero esta nueva actualización esté a la altura de lo que esperabas y que sigas disfrutando de la lectura. Saludos! y otra vez gracias por tus bellos comentarios c:
St. Yukiona.
Gracias por leer.
