Descarga de responsabilidades: Haikyuu!, no me pertenece a mí -obvio-. Le pertenece a la gente que lo hace (?

Advertencia: Cáncer. Yaoi. Multiship. Drama. Angst. No beteado.

Cronopios del autor: Saludos a todos, me encantaría poder hacer un agradecimiento más elaborado pero estoy frita en estos momentos, solo quería subir el capítulo e irme a dormir. :,D sin embargo, estoy aquí diciéndoles que tengan un hermoso inicio de año, la pasaré con mi familia comiendo pavo o alguna cosa así. Espero que todos estén súper bien. Disfruten la lectura.

Pd. El capítulo iba a contener casi 20 páginas, pero lo corte a la mitad hahaha, así que hay una buena noticia y es que tengo la mitad del otro capítulo listo hahaha. La mala es que nos vemos hasta noviembre, nah, mentira. Estaré retomando mis fechas de publicación. uvu lo prometo. Ya nada me queda en esta vida, solo mis fics y un perro. Hahaha. ¡Felices fiestas! ¡Gracias por su amor! Espero contar con su apoyo el siguiente año.

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Las mil plumas del cuervo

Por St. Yukiona

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La rutina de Tooru comenzaba muy temprano por la mañana cuando el sol ni siquiera salía brillando arriba en el cielo, iniciaba cuando el lechero pasaba con su vieja camioneta por las estrechas calles del vecindario dejando en el umbral de cada casa con la que tenía trato el litro de leche diario y seguir a la siguiente casa, iniciaba cuando el hombre del agua también pasaba en su auto y ese era todo el ruido que había en los alrededores. Un año atrás el recorrido había sido ligeramente diferente: en lugar de doblar hacia la izquierda rumbo a la canalización del río ahora doblaba hacia la derecha rumbo a la casa de su hermana que estaba a media hora trotando, quince minutos corriendo y una hora caminando. Un año atrás el recorrido era ligeramente diferente: Hajime lo hacía con él. Ahora que calentaba y estiraba las piernas, ajustaba su sudadera, la bufanda y el gorro para evitar resfriarse miraba con un soberbio soslayo hacia la casa de los vecinos que para él estaba vacía, casi abandonada. Torcía los labios disgustado y se regañaba así mismo el hecho de que estuviera enfadado con algo tan simple como que Iwaizumi hubiera asistido a la universidad y él no.

¿Y qué esperabas? ¿Qué él también rechazara la beca y dejara su vida en pausa durante un año como lo estás haciendo tú? Solía preguntarse cuando se encontraba enfurruñado por ese pequeño detalle. Claro que no, pero… y eso, responderse así mismo era señal de que debía de empezar a correr para ahogar de pronto sus ridículos pensamientos en el ritmo cardiaco que quería mejorar. El hecho que no estuviera jugando en forma no significaba que iba a tirarse a vencer, tirarse a engordar y subir diez kilos de depresión.

Hinata parece muy entero y él tiene cáncer. Se dijo al tanto bostezaba y se esforzaba un poco más, sentía las punzadas en su rodilla pero era mejor ignorarlas, el médico le había dicho que debido al tiempo que había pasado en reposo parte de los músculos se habían vuelto perezosos y era normal que dolieran como dolían justo en ese momento. Quizás es cuento suyo, hasta hacía dos semanas en cuanto empezaban aquellas punzadas decidía detenerse, y solo caminar o esperar el colectivo hasta la casa de su hermana. Nadie jugaría con eso, no con el cáncer, es de muy mal gusto. Pero desde que había coincidido con Hinata y su dramática enfermedad una sentido una reveladora inquietud por saber que había más allá del dolor y esas punzadas. Aunque decir "tengo cáncer" siempre da como cierto plus… Una revelación bastante oscura que le hacía pensar constantemente en cómo sería tener la enfermedad, en cómo sería él portando aquella enfermedad degenerativa. Aunque la gente suele mentir sobre estar enferma, yo no… nunca me permitió hacerlo, Iwa-chan.

Su rodilla resintió el frenón que dio en seco mientras inhalaba por la nariz y exhalaba por la boca doblándose hacia el frente con ambas manos sobre los muslos, miraba la punta de sus tennis color azul y las gotas de sudor rodaban por su rostro y caían hacia el concreto formando una figura amorfa conformada por círculos de diferentes tamaños, la visión borrosa por lo extenuante de la carrera, estaba empezando a perder condición y eso era bastante claro para él, el Oikawa de hace un año atrás le hubiera pateado el culo por permitirse tantas libertades, pero el Oikawa de ahora sólo estaba siendo cobarde. El corazón se acompasaba con mayor dificultad pero se acompasaba igual, el vértigo pasaría a segundo plano en cualquier momento y todo su sistema volvería a la normalidad. Cerró los ojos y sus pestañas se sintieron extrañas, los ojos ardieron, sacó de su cangurera trasera un sobre de rehidratante y lo empezó a beber mientras caminaba, estaba a dos cuadras de la casa de su hermana. Takeru ya iba a estar en la puerta esperando a su tío que lo iba a recoger cada mañana para acompañarlo hacia el colegio.

¿Qué estaría haciendo Iwa-chan en esos momentos?

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Cuando sus ojos castaños se fijaron en el umbral de la puerta un enfurruñado Kageyama se encontraba de brazos cruzados y ceño fruncido, Hinata tuvo que aguantar la carcajada con un gesto gracioso al tanto sus mejillas se sonrojaban evidenciando ese buen humor que lo había acompañado desde muy temprano cuando al abrir los ojos se topó con su uniforme oscuro colgado y listo para ser utilizados. ¿Cuánto había pasado desde que lo había usado? Por dios, las ansias se centraban en su vientre pues su mochila deportiva también esperaba a un costado, con esa iba a tener que esperar un poco más pero el médico no había descartado la posibilidad de un retorno al equipo y al deporte que tanto amaba. Religiosamente seguía instrucciones medicas, hacía ejercicios de respiración y salía a correr lo permitido para que su cuerpo no se desincronizara con sus deseos.

—¡Llegas tarde con un demonio! —gritó Tobio al tanto salía del jardín al encuentro del mayor que se acarició la nuca.

Él tampoco había dormido. Sinceramente desde que se había enterado sobre la condición de Hinata varios meses atrás eran pocas las noches que lograba irse a la cama y dormir, usualmente se ayudaba con un té relajante que su madre le había pasado, en aquel entonces la mujer creía que el estrés de su hijo era producto de la ansiedad ante las finales del club deportivo y los exámenes, después descubrió la cruda realidad. Los padres de Tobio no lo aceptaban del todo, jamás lo iban a hacer, pero su madre apoyaba con más evidencia la relación de su hijo con aquel chico, conocía a la madre del pelirrojo y sabía que los Hinata no eran malas personas, que el niño pasaba por un momento difícil y… vamos, ¿a quién engañaba esa mujer? Desde el primer momento en que su hijo nombró a su rematador supo que no tendría nietos, o al menos no de la forma tradicional, sólo quiso abogar un poco más a la suerte, pero desde antes se esperaba ese descelance.

Tobio torció los labios totalmente enfadado saliendo por completo de su propiedad y apenas tuvo a Hinata cercano a él, le apretó el cabello salvaje y naranja para tirar de éste hasta que la voz de Hinata chilló.

—Lo siento, el transporte público no es tan rápido como la bicicleta —se quejó manoteando para contener el mal genio de Kageyama.

—¡Eso tuviste que prevenirlo, Hinata idiota! —volvió a gruñir mientras que en tratos bruscos le quitaba la mochila para echársela al hombro, el pelirrojo se la entregó sin mayor discusión empezando a caminar hacia la preparatoria. Era el primer día de clases de Hinata después de varios meses que había estado fuera, de hecho, desde antes de la graduación de los chicos de tercero y después los cinco primeros meses del segundo año, según el médico iba a ingresar a la escuela para abril del siguiente año para reiniciar el ciclo escolar, no obstante, las cosas habían fluido bien desde el mes pasado y el doctor dio carta blanca para que Hinata retornara a la escuela, y se incorporara lentamente a su rutina (eso incluyendo las practicas moderadas de volley). Ahora entraba a casi un mes de la Inter-high, con mucha pero mucha suerte iba a poder participar en algún partido de practica pero no en el torneo, Karasuno había logrado un pase para las nacionales nuevamente pero entendía que Ennoshita, el nuevo capitán, no lo llamara para formar parte de los titulares pues llevaba poco más de medio año sin entrenar además de que su condición física no era para nada la mejor. Ese año las nacionales serían en Fukuoka y no se podía arriesgar a viajar sin la supervisión de su madre.

Su rendimiento escolar no había disminuido gracias a las visitas de Hisoka y de Kageyama a su hogar, hacían un extraño grupo de estudio, Tadashi también se había unido a ellos en las últimas semanas pero Tsukishima no daba su brazo a torser alegando que era molesto, pero ni Kageyama ni Hinata se molestaban en extrañas al "postet de luz". Por otro lado Hisoka había confesado que de asistir el bloqueador central quizás enseñarle a Kageyama y a Hinata sería más sencillo.

Por otro lado la emoción del pelirrojo parecía desbordante, estaba exento de presentar los exámenes de ese periodo debido a que él los había presentado antes, estaba adelantado algunas clases en algunas materias, pues no había mucho qué hacer mientras estaba en cama en recuperación. Tres o cuatro veces por semana Kageyama iba a verle hasta su casa lejos del "Club de tareas" que era cada domingo por la tarde. Pocas veces salían ambos y cuando lo hacían era a la tienda cercana a la casa de Hinata para comprar bollos rellenos y comerlos sentados en el parque hablando de cualquier cosa sobre volley o sobre el club, cuando había partidos de practica Kageyama le informaba a Hinata ya cuando había pasado porque conociéndolo sería capaz de aparecerse en pleno partido y conociéndose él abogaría porque jugara su parte restante.

Hinata estaba emocionado no sólo de regresar a clases y poder ver a sus compañeros, le emocionaba poder estar nuevamente en contacto con Kageyama, pasar más tiempo con él. Las horas que compartían en sus visitas no eran suficientes, ni las miradas fugaces que se lanzaban, o cuando lo pillaba espiándolo o ese momento en que sus manos se rozaban sin querer cuando muy quietos y callados observaban fijamente la pantalla de la televisión de la sala de Hinata para ver una repetición de un partido. Hinata quería mucho más. No sabía nada de relaciones, nunca había estado en una, pero sabía que había más cosas que podrían hacer.

La idea de tomarle la mano después de un día de practica le reconfortaba el corazón, así como la caricia de sus labios contra sus labios, la humedad de sus lenguas jugando entre sus bocas, o la mirada seria y penetrante de Kageyama diciéndole nada, solo esperando a encontrar el mejor lugar de remate, el lugar más cómodo, el mejor lugar para él.

—Date prisa —riñó Kageyama al ver que Hinata se quedaba más atrás, éste se había quedado embelesado observando como el uniforme negro acentuaba de forma exquisita la espalda del menor.

—¿Has crecido, Kageyama-kun?

—Sí, todos hemos crecido, bueno… casi todos.

—¡¿Qué rayos significa eso?!

El moreno bufó con una risa burlona mientras tiraba del brazo al pelirrojo para que se apresurara o sabía que nunca iban a llegar a la escuela. Cuando Kageyama tiraba de él con esa aura distante para el resto pero atrayente para él, no existía poder humano que lo hiciera resistirse. La fuerza natural que conlleva el cáncer de morir se esfumaba y solo le quedaba dar un paso a la vez. Avanzar y después coger vuelo para correr a lado de su armador. Éste al verle andar a su lado sonrió y empezaron a andar. No podían decir que tenían la vida resuelta o un futuro incierto por el cual vivir pues la realidad es que no sabían sobre pensar más allá del momento que vivían, así que cualquier tipo de problema o felicidad se lo iban a encargar a sus yo del mañana, por el momento caminarían rumbo a Karasuno rozando sus manos de vez en vez y regalándose mutuas miradas de comprensón como una promesa que después de despedirse al terminar el día volverían a discutir por la mañana del día siguiente.

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—¡Hinata-kun! —gritó una chica mientras no podía evitar correr y tirarse sobre el pelirrojo, de pronto el cuervo tuvo la atención de todos y todos tuvieron las sonrisas agradecidas y alegres de éste, Kageyama desde el pasillo observó todo decidiendo ignorar lo que acontecía caminó hacia su salón. Ya tendría tiempo de gritarle a Hinata que permitía ser manoseado por todos.

O al menos eso creyó pero de pronto Hinata se había vuelto en la persona con la que todos querían estar. Los del equipo tendrían su oportunidad para charlar con su compañero de momento debían de centrarse en el inicio de las eliminatorias que serían regresando de su semana en Tokio, ellos al ser el equipo a vencer a nivel nacional pasaba de forma automática a la final regional, sin embargo, no podían confiarse puesto que ahora su nueva formación había perdido importantes elementos como eran Azumane, Daichi y Sugawaru, sin querer contar, además, de Hinata. Recientemente habían empezado a llenar los huecos faltantes con los chicos de primero que a pesar de que no eran para nada malos jugando, no calzaban ni de poco con los miembros egresados, ni mucho menos, con el cuervo herido.

Sería una irresponsabilidad por parte de Chikara el contar con Hinata como una "arma defintiiva y de urgencia" pues no se tenía la certeza que el menor iba a poder jugar. Era cierto que el tratamiento médico había dado resultados por más favorables pero el medico no quería someter a ninguna presión al más joven del Karasuno. Así que cuando supo que Hinata estaba presente en la escuela sintió alivio por su amigo pero no se confió ni siquiera un poco, se sentía igual de presionado que sin él en el equipo.

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Las clases llegaron a su final, y ese día el gimnasio estaría en mantenimiento, la duela estaba siendo revisada pues había presentado irregularidades por lo cual Kageyama y Hinata habían podido regresar a casa juntos. Aunque a Kageyama le había agrado la idea de acompañar a su novio sentía cierta impotencia al no poder entrenar. El Karasuno había quedado de cuartos a nivel nacional en el High Sprint, Nekoma había tenido su venganza pero en la final, una preparatoria tecnológica del Norte había despuntado y aplastado al Nekoma. Kageyama quería volver a tomar su lugar entre los grandes, aunque había sido nombrado como colocador más valioso durante el torneo no se sentía satisfecho.

—¿Quieres hacer unos pases? —preguntó Hinata y Kageyama reaccionó cayendo en la realidad habían llegado a la parada de autobuses.

—Las últimas personas a las que le dijiste eso quedaron con un trauma severa viéndote desplomado en el suelo —contestó el más alto mientras miraba al pelirrojo.

—No te hubiera contado lo de Kenma —gruñó—. De todos modos ya estoy bien y ya puedo hacer un par de pases —insistió con una sonrisa grande.

Kageyama ni siquiera se molestó en negarse solo se quedó callado mirando al frente.

—Deberías de dejar de preocuparte, Kageyama —sus manos jugaron dentro de los bolsillos de su sudadera—. Pronto podré jugar y-

—Hinata.

Sus ojos se encontrarón y Hinata suspiró pesadamente.

—Kageyama no siempre voy a estar enfermo, si tú sigues tratándome como uno jamás podré estar recuperado totalmente aunque mi cuerpo esté libre de cáncer.

—Hinata, tú no podrías entenderme porque no estás en mi posición.

—Claro que te entiendo. ¿Crees que es gracioso ver como todos te tratan como una muñeca frágil que la mínima ventizca te hará añicos? Sé que estoy enfermo, por dios todas las noches me acuesto cerrando los ojos asustado de si me voy a ahogar o si mañana habrá en mi cuello un tumor del tamaño de una manzana o despertaré en un hospital conectado con miles de tubos, Kageyama. Pero por primera vez en meses quiero sentir que me estás apoyando y creer que voy a volver a esa cancha aunque sea una jodida mentira.

—¿Entonces prefieres que te mienta y te diga: "Sí, Hinata, todo va a estar bien, podrás recuperarte y vendrás a jugar a las nacionales de este año porque mieda lo necesitamos"? ¿Prefieres eso? —interrogó con ironía el moreno mirando fijamente a su pareja.

El pelirrojo apretó los labios y desvió la mirada cruzándose de brazos sin intenciones de responder. Kageyama lo imitó. Pasaron cinco minutos y un autobús se detuvo pero ninguno de los dos se subió. El chófer cerró la puerta y Hinata seguía impertubable con el ceño fruncido y sus brazos sobre su pecho. Kageyama suspiró pesadamente.

—No hay persona que más desee que vuelvas a la cancha que yo, Shoyo —murmuró Kageyama. Jamás había sido bueno para todo ese tipo de cosas, el relacionarse con las demás personas expresas sentimientos de forma tan abierta, no, era algo más como poner con palabras correctas sus sentimientos, usualmente decía lo que pensaba pero de tal manera que terminaba por ser malinterpretado por la gente, no quería irse a la cama enojado con Hinata, no el primer día de clases del mayor—. Pero si no te cuido ahora… podré hacerlo mañana, Shoyo.

El corazón era un músculo que se expandía y derramaba en el cuerpo de Hinata que se volvía jirones gracias a los sentimientos que despertaban gracias al menor. La mano trémula y fina de Hinata había perdido parte de sus durezas y había ganado una contextura irregular cubrió la mano de Kageyama y la apretó suavemente: Aquí estoy, no me voy a ir. Y el armador sólo respondió entrelazando sus dedos.

—¿Vamos por un bollo? Avisaré a tu madre que llegaras tarde, que estás conmigo.

—Si estoy contigo seguro estoy bien.

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¿Desde cuándo se había vuelto un acosador profesional? Ni siquiera él lo sabía. Había visto de casualidad a Tobio y a chibi-chan pasar por el frente de una heladería a la que concurría con Takeru y de la cual disfrutaba mucho el helado de pistacho, aún sin su sobrino solía ir, y de hecho daba gracias que su sobrino no lo había estado acompañando, le hubiera dado vergüenza el tener que admitir frente al menor que no tenía la menor mínima idea porque simplemente se había dejado arrastrar por la "parejita". Pues quedó bastante claro que esos dos eran una pareja cuando al desviarse en una calle, detrás de un postet de luz habían rozado torpemente sus labios. No le sorprendió en lo más mínimo, pero si sintió lastima por ambos y por su inexperiencia en el delicado arte de besar. El flitreo no era lo suyo y quiso burlarse pero se abstuvo, en cambio se volvió un observador de la pareja hasta al punto que se encontró de pronto dentro de un pequeño centro de víveres, el lugar era un poco más grande que una tienda de conveniencia pero más pequeño que un almacen de comida. Había anaqueles altos con productos y un par de pasillos, dos cajas en servicio y muy pocas personas, ya eran pasados de las seis de la tarde y el castaño suponía que recién salían de las prácticas de volley. La pregunta del millón si el enano estaba también entrenando.

Sintió celos y coraje. ¿Cómo era posible que el muy bastardo estuviera entrenando con todo y cáncer y él con sólo la rodilla jodida no pudiera jugar sin terminar de jodersela más? O al menos él se había quedado en la parte de la historia hasta que el enano tenía cáncer. ¿Pero de eso cuánto había pasado? ¿Uno, dos meses? No lo recordaba con real certeza.

Se metió en el primer pasillo que encontró paralelo al de la parejita y el estómago se le estrujo recordando entonces que él había propiciado el coraje en el enano para que aclarara sus sentimientos, ese dúo le debía su existencia y relación actual totalmente. Oikawa pensaba ahora que cada vez que cualquiera de los dos raros del Karasuno se acercaran a él iba a cobrarles consulta, pues cuando acudían hasta él siempre terminaba dando consejos que eran revelaciones en sus vidas. Hubo una inexcplicable rabia cuando escuchó las risas cantarinas del pelirrojo y sus ojos se fijaron al anaquel vecino al otro pasillo. Los ojos de Oikawa se clavaron en el llamativo cabello naranja de Hinata que sobresalía por encima de la fila de cereales, a su lado podía ver un hombro vestido de negro, el uniforme de Karasuno, más rabia dentro de él: "¡Kageyama-kun déjame comprar eso!", dijo Hinata y Oikawa puso los ojos en blanco fastidiado. La voz le sonaba justamente igual que en el consultorio, solo que a diferencia de aquella sombra de incertidumbre podía sentir un destello especial, uno que le sonaba a nubes y estrellas. Los siguió por el mero morbo de seguir escuchando esa ronca voz. Nacía una especial curiosidad, una semilla de egoísmo en Oikawa se fermentaba, éste siguió caminando hasta que de frente chocó sin remedio contra una firme pared. Cuando Oikawa reaccionó le costó trabajo reconocer a Ukai-sensei, el singular entrenador de Karasuno y nieto del legendario entrenador Ukai. Parpadeó.

—Lo siento —dijo de inmediato el excapitan del Aoba.

—Oh… Oikawa Tooru —reconoció de inmediato el rubio que cargaba una bolsa sobre su hombro. Curioso notó como el chico buscaba con la mirada a alguien, pero para desgracia del castaño acosador, el dúo de raros se había ido ya—. ¿Qué haces aquí? —preguntó el rubio interesado de pronto.

—Yo salí a correr, de pronto estuve aquí —contó—. No sabía que trabajaba aquí —se excuso rápidamente.

—Yo hablo de que ¿no deberías estar en la universidad? Escuché a los chicos que te habían seleccionado en-

—Me retiré por un año, entrenador —habló casi de inmediato. Ukai torció los labios, normalmente no se interesaría en lo más mínimo por alumnos de otros equipos, y menos si ese alumno le había causado tantos problemas al Karasuno, sin embargo, al darle una repasada rápida, recordó cierto detalle. La rodilla mala de Oikawa y no dijo nada más—. Bueno… fue un placer —se despidió el menor con una sonrisa encantadora.

—Oikawa.

El menor se detuvo girando su rostro hacia el que dejaba caer la bolsa con harina a un costado y encendía un cigarrillo.

—¿No te gustaría entrenar un día de estos? Sólo para no perder la costumbre.

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Kageyama lo había mantenido lejos de la cancha durante mucho tiempo, incluso los días antes de que entrara al colegio, y ahora en su tercer día de clases ni siquiera esperó a que Kageyama se apareciera para que lo acompañara hasta la puerta del colegio donde se despedían para que el pelirrojo se fuera a casa y el armador al entrenamiento, pues ahora llevaba un arma secreta en su bolsillo que había llegado oportunamente para cierto evento que el club realizaría. Bajando los escalones de dos en dos se presipitó hasta los baños del primer piso sorteando a Kageyama que seguramente ya estaba en la puerta de la escuela. El armador era capaz de amarrarlo y lanzarlo al autobús con tal de mandarlo a casa sin escuchar nada de lo que tuviera que decir, pero Hinata siendo Hinata no se perdería esa oportunidad, única oportunidad.

Hanzel-kun 2.31 pm.

Deberías mejor ir de frente con Kageyama.

Si te pilla antes de que llegues al gimnasio te va a romper el cuello.

Leyó el mensaje mientras se embutía el uniforme de prácticas que había llevado oculto en su mochila regular para que Kageyama no sospechara. No es que le tuviera miedo al armador pero… no, en realidad si le tenía miedo al armador y de las medidas que pudiera tomar debido a su sobreprotección. Hinata comprendía perfectamente cuál era la postura de Tobio frente a su enfermedad, quizás de estar en su lugar estaría igual o más preocupado que el menor, no obstante, sus deseos de jugar volley se habían ido acumulando a través de esos meses hasta que por fin tenía una oportunidad.

El resto del equipo que conocían a Hinata y a Kageyama comprendía lo frustrante que era para ambos tener que permanecer separados el uno del otro en el campo de batalla pero también comprendían que el alejar a Hinata era una forma de cuidarlo, de preservar su salud, por tal motivo nadie se había prestado para solapar la idea de que Hinata participara en las practicas.

Cuando el pelirrojo estuvo listo se asomó por un lado del corredor desde la puerta del baño, después al otro lado y enseguida de puntitas emprendió su huída hacia el baño, arrastrándose por los salones que tenían ventanas y saltando de un pilar al otro por el pasillo. Fue entonces cuando llegó a la puerta del gimnasio y se abrió lentamente haciendo un chillido casi espectral. El rechinido de los zapatos contra la duela recién lustrada, el ruido sordo del golpeteo del balón, las respiraciones agitadas de los que corrían. Su corazón se aceleraba de menos a más hasta que de pronto se detuvo de golpe al sentir una mano pesada que caía sobre su hombro. Lentamente viró sus ojos y un grito agudo y sordo llamó la atención de todos dentro del gimnasio.

—¡Oi! Hinata —gritó Tanaka a quien le había caído el balón en la cara al ser interrumpido por el pelirrojo.

—¿Qué haces ahí? —inquirió Ennoshita acercándose junto con Nishinoya que secaba su sudor—. Oikawa-san.

—Hola, cuervos —saludó despreocupado el castaño con su mano libre, la otra estaba sobre el hombro del menor.

—Karasuno —llamó Ennoshita y Ukai también se acercó a recibir a los recién llegados—. Saluden.

—Bienvenido —dijeron al unisono los integrantes del equipo.

—Ah, ah… no sean tan formales, somos casi familia —agitó la mano el exarmador del Aoba mientras ingresaba colocándose las zapatillas.

—¿Qué haces aquí Hinata? —preguntó ahora Ukai al tanto el pelirrojo también ingresaba.

El menor rápidamente sacó de su bolso una nota que le entregó al entrenador, Ennoshita se acercó hasta Oikawa para darle una bienvenida más personal, pues como decía el propio exlíder, eran casi familia. Al tanto que Tadashi y Hisoka merodeaban entorno de Hinata que impaciente se movía de un lado a otro.

—¿Por qué no me sorprende que estés aquí justo el día en que Oikawa viene a una pequeña practica con el equipo? —interrogó Ukai-sensei doblando el permiso médico para que Hinata pudiera entrenar.

—No lo sé, entrenador —inquirió Hinata con una sonrisa enorme iluminando su rostro.

Tooru de reojo veía la conversación de entrenador y jugador, y enseguida volvió su atención al nuevo capitán, lo recordaba por aquel aparatoso accidente de Daichi durante las prefecturales del año pasado cuando aún jugaba en el Aoba, había visto el partido a lado de Iwaizumi y Ennoshita había tenido que entrar para suplirlo.

—¿El enano va a entrenar hoy? —cuestionó sin muchos tapujos el castaño y el moreno suspiró.

—Depende de la decisión que tome el entrenador.

—Sería de mucha ayuda para ustedes tuvieron un buen inicio de temporada pero es obvio que les hace falta su estrella y Daichi-san —señaló el mayor. Ennoshita lo sabía, no hacía falta el énfasis—. Y hablando de faltas… ¿dónde está Kageyama? —preguntó y el capitán cayó en cuenta de ese pequeño detalle, pero antes de que pudiera preguntar sobre el paradero de su colocador. Ukai llamó a todos al frente.

Anunció primero la asistencia de Oikawa como un invitado especial. Estaría ahí para evaluar al equipo y dar un par de consejos. Ukai-sensei jamás había sido el tipo de hombres que se dejara llevar sólo por las apariencias, no juzgaba si la persona era joven, o vieja, mujer o niño, quien tuviera un ojo crítico y pudiera consejos acertados sobre como mejorar el equipo era bienvenida, él era el entrenador pero no podía decir que lo sabía todo pues estaría incurriendo en la soberbia y él mejor que nadie sabía que la soberbia se pagaba cara, por eso no dudó un solo segundo en invitar a Oikawa a una practica. No le caía bien. Oikawa se daba a odiar con facilidad, pero era un jugador que miraba el volley no cómo un simple deporte, sino un estilo de vida, tan era así que estaba ahí saludando con una sonrisa falsa a los integrantes del Karasuno, pero Ukai sabía que detrás de esa sonrisa y mirada amable había una maquina elaborada de análisis. Seguro ya tenía una idea general sobre el estado actual del Karasuno. Al final del día sería interesante hablar con Oikawa para escuchar lo que tuviera que decir.

El segundo anuncio fue tan impactante como el primero: Hinata volvía a ser regular en las prácticas. Los detalles los compartiría con el capitán.

—De momento pongan prioridad en los consejos que le brinde Oikawa. Pueden empezar a entrenar. Seis secuencias de diez repeticiones —ordenó Ukai. Y todos en un fuerte: "sí, señor" empezarón a acatar las ordenes.

Los de primero conocían a Hinata por las noticias de blogs debido al Grand Prix realizado en Holanda, no obstante, desconocían la situación completa sobre Hinata y para algunos no parecía ser la gran cosa. En Hinata se adivinaba una pizca de descuido. Sus piernas aún se mostraban en un contorno pero de la firmeza de sus muslos era cosa del pasado, sus brazos que movía enérgicamente se veían flácidos y ni hablar de su rostro ligeramente más delgado, aunque no se le hubiera conocido antes de la enfermedad se sabía que las extremidades de esa persona no combinaba, parecía como si fuera un muñeco cortado en pedazos y remedados con partes al azar. Hinata estaba consciente de ello pero no por eso iba a flaquear ahora.

Aplaudió fuerte mientras iniciaba con las repeticiones, iba a su ritmo pero sin quedarse atrás y, sobre todo, sin esforzarse, de hecho lo estaba llevabando bastante bien. Ukai estaba al pendiente pero la sonrisa del pelirrojo no hacía más que brillar y brillar hasta que llegó un punto en el que el hombre temió que empezará a llorar de la alegría. Aunque notaba que cada tanto giraba su atención hacia la entrada, era obvio a quien esperaba y cuándo éste llegó bastante adelantado el entrenamiento el enano pareció palidecer.

A Kageyama se le caía la cara de la furia cuando vio a Oikawa parado como si nada en una esquina revisando con el armador de primero una jugada pero la rabia lo exasperó cuando vio a Hinata corriendo de un lado a otro para salvar un balón que alguien remataba. Ukai acomodaba.

—¡Kageyama! ¡¿Dónde diablos te habías metido?! —vociferó el rubio colocando para Tanaka.

—Parece que el rey está en problemas —murmuró Tsukki que tomaba agua—. Pero que mala educación, nuestro rey no estuvo presente para saludar al rey visitante —insistió jodiendo, hundiendo el dedo en el ego del moreno que estuvo a punto de reventar de no ser por un balón que cayó rodando hasta sus pies.

Hinata se acercó tímidamente hasta él. Podía sentir el aura asesina de su armador desde el otro lado de la cancha donde había estado.

—Yo…

—¡Tobio-chan! —se meció Oikawa mientras revoloteaba hasta él—. ¡Hace mucho que no te veía! Lucías un poco gordo por televisión durante las nacionales —inquirió mientras sonreía para quitarle el balón de las manos—. Ahora luces súper enfadado… te perdiste el calentamiento, será mejor que calientes antes de iniciar aunque con Chibi por aquí dudo que no puedas permanecer caliente —la risa cantarina lo irritó y Hinata ya había huído pues de quedarse sabía lo que iba a ocurrir.

Kageyama se incorporó al entrenamiento de remates apenas quince minutos después de calentar. Para ese momento tanto Hinata como Oikawa se encontraban en el borde de la línea. Hinata tomaba un reposo de diez minutos, que era lo requerido por el médico, cada cincuenta minutos de ejercicio un reposo de diez, era justo y él solo bebía de su agua.

Sus ojos se afilaron como los de un carnívoro ante una presa.

Empezaron a practicar los remates con los colocadores, nuevamente en Karasuno había dos colocadores aunque Kageyama seguía siendo punta de flecha, la torre de control más precisa de toda la prefectura desde que Oikawa se había graduado, y ahora el castaño estaba ahí juzgando cada movimiento de su ex-kohai. El mayor podía sentir como Hinata se relamía las ganas de entrar en acción de ser el que volara y de pronto rematara con una fuerte estampida pero... estaba ahí, descansando, quietamente, tranquilamente. Se preguntaba Oikawa cuánto tiempo iba poder durar Hinata ahí inmóvil.

— Tranquilo, Enano o me darás urticaria de la ansiedad que desperdigas — dijo Tooru.

— No lo entenderías... — respondió Hinata y Oikawa torció los labios un segundo antes de responder.

— ¡Balón por favor! — rugió una voz desde la línea de defensa que hizo callar a Oikawa y llamó de pronto la atención de todos.

Un titán de metro ochenta y seis alzaba la mano y Kageyama respondía a su llamado, alzando el balón en una ridícula precisión que hizo contener el aliento al invitado. Hinata no podía asegurarlo con certeza pero el escalofrío que le recorrió la espina dorsal apoyaba el detalle de que el alumno que corría hacia esa pelota lo había visto fijamente a los ojos mientras estampaba con brutalidad aplastante el balón al piso.

Sus ojos se afilaron como los de un carnívoro ante una presa.

Y Hinata sin poder moverse de la impresión.

Antes lo había notado, ese alumno de primero destacaba entre todos por ser casi tan alto como Tsukishima que ya estaba en los noventa. Había sentido una especial aura amenazadora desde que empezaron a hacer bloqueos pero ahora, ahí de frente al reto, sentía más bien ese remate como una especie de invitación, no. Una declaración. Hinata dejó el botellón de agua del cuál bebía.

El león guía siempre va a la cabeza, jamás ataca a la presa más fuerte, sino al débil, pero en esta ocasión el más fuerte resultaba ser también el más débil en su escuadra. Saru se quedó un segundo intercambiando miradas con Hinata cuando el balón rebotó y salió disparado hacia el fondo del gimnasio donde se estampó contra la pared y rodó. Kageyama miró a Saru y después a Hinata, miró sus manos. Esa había sido una buena colocación, él lo sabía sin embargo le sabía extraña.

El gimnasio se había tornado en un escabroso silencio hasta que Tanaka pidió balón, y Hisoka pareció reaccionar, entregó el balón al pelado del Karasuno y Kageyama volvió a colocar con la precisión tan suya, tan propia. Saru caminó al otro lado de la cancha donde el otro chico de primero le entregaba una botella de agua entre ellos hablaban y miraban de vez en vez hacia donde Hinata. Ukai se mordió el labio, no le gustaba la tormenta que se estaba formando sobre sus cabezas y Oikawa silbó.

—Es zurdo, y una fuerza descomunal… me pregunto si le ganará vencidas a Iwa-chan —soltó el castaño aún a lado de Hinata para romper la extraña atmósfera que los sobrecogió. Pues ese estruendo ensordecedor lo había olvidado el mayor, solo cuando Iwaizumi estaba muy excitado es que los cimientos se movían violentamente y el ruido se quedaba guardado en su cabeza, era delicioso, la forma en que su rematador, que su as, que su estrella estampaba su convicción con fuerza brutal haciéndoles saber a todos que no había más alfa ahí que él, le daba escalofrío, y por algún motivo, sabía que ese de primero estaba marcando un territorio que ya estaba marcado.

Ciertamente Tanaka era fuerte, inquebrantable, sacaba al equipo de apuros desde que Azumane –el samurái barbón- ya no estaba, pero no tenía ese aire exótico y realmente peligroso que envolvía a una estrella, quizás le faltaba madurar, pero sino se daba prisa ese chico Saru iba a arrazar. Recordó entonces aquel primer momento en que conoció a Hinata y se enteró del caprichoso deseo de volverse la estrella. Compararlo con Iwaizumi le pareció incorrecto pero después descubrió que tenía una fuerza distinta y descomunal a la del Iwaizumi pero necesaria para convertirse en as. Enarcó la ceja y miró de reojo al chibi quedándose callado y quieto al ver la mirada que seguía fija en aquel balón olvidado que había rodado bien lejos.

Dicen los naturistas que hay ocasiones en que los carnívoros solo atacan por atacar, matan por el simple placer de hacerlo, no por necesidad, no porque deba alimentarse, no porque deban de cumplir con un requerimiento primitivo, solo por la satisfacción de sentirse más fuerte, de sentirse superiores, de hacerse oír, hacer demostración a las crías y otros miembros de la manada o de los sujetos dentro del hábitat que había alguien así de poderoso y que era mejor no meterse con él. Al cuervo se le habían caído las garras, las alas se rompieron y le habían dicho que jamás iba a poder volar. ¿De verdad jamás iba a volar de nuevo?

—Oikawa-san ¿podrías servir para mí? —preguntó fríamente y Tooru parpadeó mientras miraba hacia la escena que sus ojos veían más allá.

—Oh chibi, eres estupendo, sólo dame un segundo o será muy obvio~ —Oikawa saboreó la jugada en sus dedos mientras se estiraba, los músculos se le habían dormido pero aún podía entrar—. Ukai-sensei —llamó la atención del entrenador—. ¿Usaré este balón un momento? —Inquirió mientras que botaba el mismo—. Quisiera corregir la postura de Sagara-chan —el colocador de primero que ofendido respingo. Lo mismo hizo Kageyama pero al escuchar la aceptación del rubio no le quedó más que seguir colocando.

—Debes mecer tus caderas para que el balón fluya —explicó Oikawa y Kageyama estaba con los nervios de punta. ¡¿Se estaba burlando de él?! Los recuerdos de la secundaria llegaron a él. ¿Quién mierda era ese que estaba ahí enseñándole a un completo desconocido alumno de la escuela que lo había humillado? Porque definitivamente ese no era Oikawa, ese no era Tooru, y todas las piezas cayeron en su orden en el momento en que el mayor se atusó el cabello castaño con una mano en la cadera fingiendo completamente una cara de duda—. Mira… Enano ¿puedes venir?

¡Traición!

Kageyama sirvió el balón solo para jadear y bucar con la mirada a Hinata pero éste ya estaba preparándose al final de la cancha. La tierra se estaba reacomodando desde su núcleo y los árboles estaban tronando sus raíces. ¿Hacía cuanto tiempo no recibía una colocación? Una de verdad y no solo farsas que terminaban en un drama que lo llevaba a la cama. Muchos soles con todo y sus lunas, el ronroneo que daba producto al graznido más lejano de los cuervos que había en la zona lo podía sentir debajo de su piel mientras que Oikawa pedía amablemente al colocador de primero que se hiciera a un lado.

—Te lo demostraré en una jugada completa —finalizó para botar el balón, sus ojos se afianzarón a los del rematador que se preparó. Tooru alzó la pelota y la envío hacia la posición de Hinata que hizo una recepción casi impecable, ligeramente torpe, pero lo suficiente buena como para hacer enviarla de regreso a la posición del armador.

La jugada duró, ¿cuánto? Cinco segundos, no, menos que un suspiro. Quizás sus piernas estaban flácidas, sus brazos eran débiles, su respiración era irregular, sus pies eran torpes. Pero su fortaleza y ganas de volar eran las mismas.

Sus alas se habían roto, sus garras se habían caído, su pico no podría destazar.

¿En verdad todo eso era cierto?

Cuando Hinata cayó sobre sus dos pies, fue la primera vez en mucho tiempo que sintió que el mundo era el lugar donde debía de estar. Que su cuerpo tenía vida nuevamente y que todo vibra dentro de él, desde el pulso rojo y ardiente de su mano que se expandía por todas sus entrañas. Su punto más alto, una hermosa colocación y la mejor vista desde la cima.

Nuevamente el silencio embargó a todos los presentes, sobrecogidos y conmocionados tragaron salivas, era un espectro diferente a Saru, diferente a todo y ahí con la brillante luz de la tarde que caía regándose sobre la provincia Hinata devolvió el feroz ataque a Saru. Con elegancia, con simpleza, un toque preciso, letal, como la mordida de una víbora, como el vuelo de un solitario cuervo de mil dos plumas. Soberbio.

Aspiró por la nariz fuertemente y apretó el puño, se giró a Oikawa con una sonrisa.

—¿Así estuvo bien, Oikawa-san?

—¿Ah? —el colocador ladeó su cadera mientras que dejaba una mano sobre ésta—. No lo sé… pudiste saltar más alto, mi colocación estuvo algo floja, lo siento… pero sirvió… ¿si viste, novato-chan?

—Sí-í, ¡sí, Oikawa-san! —gimió con intensidad aún con la sorpresa vibrando en su piel.

Tanaka se acercó a felicitar a Hinata y Tadashi hizo lo propió, más al fondo, rezagado con ojos fijos y fieros. Saru se enderezó en su lugar.

—Quiero vencer a Hinata-san —murmuró.

Tsukishima silbó mientras que se quitaba los lentes para limpiarlos. Estiró su espalda—. No tendría pensamientos tan peligrosos —respondió con un deje de cinismo el rubio mientras que caminaba otra vez hacia una esquina del gimnasio donde descansaría, él no era un fenómeno como Kageyama, Hinata o Yamaguchi que ahora estaba siendo contagiado por los otros dos. Él necesitaba tomarse su espacio y respirar de vez en vez.

Aunque no podía evitar, sentir cierto cosquilleo.

Las cosas volverían a ser muy movidas en el club.

Capítulo 13:

Declaración de guerra.

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St. Yukiona.

"Quien los ama de corazón, hígado y pulmón".

Gracias por leer.