Descarga de responsabilidades: Haikyuu!, no me pertenece a mí -obvio-. Le pertenece a la gente que lo hace (?

Advertencia: Cáncer. Yaoi. Multiship. Drama. Angst. No beteado.

Cronopios del autor: Bye, el capítulo de hoy tiene 16 páginas. Iba a cortarlo como el anterior pero pensé que sería mejor sencillamente subirlo y ya. Así que aquí tienen. Estaré actualizando cada dos semanas, otra vez tomaré disciplina al momento de escribir. Espero les agradé el contenido y cualquier cosa quedo al pendientes. Los amo. Gracias por los follows, favorites y reviews.

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Las mil plumas del cuervo

Por St. Yukiona

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Capítulo 14: Llámame Loki.

Kageyama de pronto se sintió abrumado. No podía explicarlo a ciencia cierta pero era una obviedad para cualquiera saber porqué estaba tan inquieto. Sobre todo porque la dinámica transcurrió con tanta naturalidad que le revolvió el estómago. Tanaka no podía dejar de observar al pelirrojo y alternar la vista a Kageyama que botaba el balón, colocaba y volvía a poner su mirada hacia Hinata que parecía demasiado cómodo con Oikawa, demasiado para su gusto. Tanaka podía saber en qué momento el cuero le tiraba a Kageyama pues éste hacía las levantadas más rápidas ignorando por completo la necesidad del rematador. No lo culpaba, él también se hubiera enfurecido de ver a su novia plantando el flipeo con uno de los tipos considerados como más "guay" de la prefectura y encima el mejor colocador del año.

Por otro lado, Oikawa sentíana extraña excitación que provocaba que su pulso se agitara de una forma que ni siquiera debía de ser natural, es decir, la situación, sentía los ojos del cuervo pegadas a su nuca como laser que querían dispararse mientras descubría que Hinata era una biblioteca andante sobre el volley, además parecía ser mucho más sociable y agradable que los chicos que habían estado con él y eran de la edad del enano. No quería decir que Kindaichi y los panda no fueran agradables pero Hinata contra todo pronóstico hablaba y eludía a la admiración que sentía hacia él, hacia a Oikawa, de manera tan directa sin tapujos que le inflaba el ego, Hinata era tan transparente que sus palabras carecían de doble intensión. Al tanto disfrutaba de sacarle los celos a Kageyama que seguía en la cancha.

Para cuando el entrenamiento terminó descubrió que la palabra Amor de la que había hablado el libro de Ennoshita tenía tanto sentido que daba miedo. Oikawa y Hinata llevaban ya mucho rato riéndose y cuchichéandose entre sí: ambos habían estirado juntos después de la demostración de la monstruosidad que podía ser uno siendo setter y el otro siendo rematador, habían enfriado en conjunto mientras el resto seguía entrenando y después habían ido juntos hasta los bebederos para que el mayor llenara su bote de agua. Cuando regresaron Kageyama estaba rojo y enfurecido, iban por el último set de remates y Ukai se acercó hasta Tooru y fue la señal de Hinata para caminar hacia Tadashi que parecía interesado en mostrarle algo.

Pasaron cómo diez minutos y Kageyama quitaba la red con cuidado para no caer pero dándose a la tarea de espiar al mismo tiempo los movimientos del enemigo hasta que Ukai se despidió de Oikawa y éste, maldito desdichado, tuvo el descaro que derramó la gota de la jarra de la paciencia de Kageyama: "Hinata-chan, ¿Nos vamos juntos?". Tobio quiso decir algo pero las palabras no podían salir, así que hizo lo más simple y sencillo que él, siendo él, podía hacer.

Actuar.

También como los animales.

Así, a lo bruto.

El balón fue un proyectil para la cabeza de Hinata que trastabilló casi cayendo de bruses sobre Oikawa que horrorizado se giró con violencia hacia el moreno que le señalaba—. ¡Deja de hacer el idiota! —rugió ante los ojos horrizados de todos.

—¡¿Ah?!

Ukai enmuedeció casi de inmediato y Oikawa parpadeó.

Una sonrisa de victoria llegó a sus labios.

Era el amo del caos y la destrucción cuando no tenía nada mejor qué hacer.

"Llamame, Loki"

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Los siguientes dos días, Hinata no le dirigió la palabra a Tobio, ni siquiera se paró por su casa o cerca de su salón de clases. Oikawa había perdido cierto interés en toda la situación, y como brisa atemporal: como llegó, desapareció de las vidas de Tobio y Shoyo. No obstante el moreno tampoco hizo absolutamente nada por arreglar la situación, pues ante sus ojos él no había tenido la culpa. Todo había sido culpa de Hinata por provocarlo, y por hacerse cómplice del enemigo. "¿Desde cuándo ves a Oikawa-san como tu enemigo?" ¡Ahora le llamaba por su nombre! ¿Dónde estaba el mote con el que siempre le llamaba? "Desde que intenta robarte" había contestado Kageyama tras un día que cansados de estar enojados habían empezado a discutir de la nada mientras guardaban sus cosas en la sala del club. "¿Quién demonios me quiere robar?" preguntó Hinata enfadado embutiendo todas sus cosas en su maleta. "¡Oikawa-san te quiere robar!" replicó Kageyama dejando de hace rlo que hacía. Y Hinata se cansó de discutir una idiotez, tenía mejores cosas qué hacer y Tobio enfureció.

Ese día la práctica fue todo un caos y los de primero ni siquiera se atrevían a preguntar que ocurría, sin embargo, en la cancha las cosas fluían con bastante normalidad: Kageyama y Hinata seguían compaginando como dos remaches hechos a medida. Cuando Keiji se acercó a Hisoka para preguntarle si todo estaría bien con esos dos enojados entre ellos, la rubia le respondió: "Sí, siempre terminan reconciliándose". Y sino, iría personalmente con el Gran Rey para que arreglara el desastre que había ocasionado, porque aunque Ennochita-san le dijera que no había tenido nada que ver Oikawa, ella sabía que sí que tenía mucho que ver.

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Y al tercer día, resucitó.

Quizás su vida ya no era tan interesante como antes.

Pero en realidad, fuera de sus ligues y sus entrenamientos la vida de Tooru era más bien aburrida, monótona, casi inerte. Ahora todo se triplicaba con la ausencia de Iwa-chan y su repentino interés por una vida social donde él no podía ser incluído porque sus horarios sencillamente no calzaban: "Vamos a comer fideos junto con los chicos de la universidad, Tontikawa". Sí, sí, fídeos. "El miércoles a las 6.00", pero justamente ese día en especifico, de todos los días, ese día a esa hora, tenía terapia. "¿Qué tal al día siguiente?", "Tenemos entrenamiento, será para la otra, oye… nos vemos el fin de semana. ¿Vale? No hagas planes, Tontikawa".

Estaban tan estancados y las visita que se hacían el uno al otro cada uno o dos fines de semana –dependiendo de la carga de deberes de la universidad y los entrenamientos- parecía solo rezagarse en ver películas, quedar con Makki y Mattsun y ponerse al corriente en el cotilleo, el trío trataban de hacer lo posible para no hacer sentir a Oikawa fuera de lugar, los tres –y en especial Iwaizumi- seguían queriendo, amando a su capitán y eran bastante conscientes de que la situación de éste era una puta patada en el culo para el setter, sin embargo para Oikawa era mera cortesía y grado de Suponía que debido a eso encontraba un placer amargo y culposo en meterse con los más débiles. Oikawa sonrió casi con arrogancia cuando Hinata respondió un animado: "Nos vemos para ir al hospital" después de que el mayor viera en el fb del pelirrojo que iría al doc al día siguiente por medicamento y enseguida le enviara un cable por Line para ver si quería compañía pues ese mismo día él también tendría que ir por medicamento: su gel para después del baño.

Justo tres días después y parecía algo bíblico pero no quería tomarle real importancia, quizás sólo eran señales y a Oikawa se le daba genial el interpretar señales.

En la cita que no era cita no pasó absolutamente nada memorable. Hinata era excelente encubriendo sus malestares, y Tooru no tenía ganas de escuchar el lloriqueo de un quinceañero que se peleo con su novio, pero eso era precisamente lo maravilloso del enano: no te involucraba innecesariamente en sus sentimientos. Los volvía reservado e íntimos. Quizás con otras cosas era todo un torbellino y todo transparente pero para esos sentimientos que se reservaban para el apartado romántico, parecía apañarlos por completo. Muy valiente de tu parte, Enano.

Además, se preguntaba como lo estaba apechugando Tobio si el todo sonrisitas de Hinata estaba sí. La respuesta le llegó como dos horas después cuando de regreso a su casa, después de acompañar a Hinata a la parada de autobús para ir a su casa, hizo parada en una tienda de convivencia que había cercano a Karasuno. La suerte sí que corría casi siempre a su favor.

Cuando Tobio abrió la puerta de la tienda "Pie del monte" para salir antes que sus compañeros se sentía aún demasiado abrumada como para pensar con claridad, quería llamar a Hinata y saber cómo le había ido pero su cuerpo se tensó de inmediato. Oikawa se quedó quieto, en su mano llevaba una bolsa de cartón, iba de regreso a la tienda donde había comprado minutos antes al darse cuenta que le habían dado un bollo de más en su pedido, iba a pagarlo, Iwa-chan lo hubiera machacado todo el camino de regreso si hubiera ido con él, así que prefería ir por si solo y dejar su conciencia tranquila. Aunque con Kageyama cabreado enfrente de él era difícil encontrar a su buen samaritano que llevaba dentro.

—¿Qué haces aquí? —escupió con recelo el menor.

Oikawa ladeó la cadera sonriéndole con altanería. Aún punteaba varios centímetros más que el menor.

—Ah… ¿no te dijo, el enano? Fuimos al hospital, juntos~

Todo un Loki, quizás era tiempo de dejar por la paz las películas de la franquicia Marvel.

—¿Dónde está Hinata? —gruñó Tobio apenas terminó el otro de hablar. Tooru enarcó la ceja incorporándose en toda su altura y ladeando el rostro, apunto de abrir la boca se vio siendo empujando por Tobio contra el muro de concreto que había a un lado del ventanal de la tienda haciendo que sus huesos crujieran sin remedio, la chispa que desató el malhumor contenido de Oikawa se disparó y frunció el ceño. En cualquier otro momento quizás el mayor hubiera reaccionado regresando el forcejeó o propinando un buen golpe, no había pasado la vida entera con un salvaje como Iwaizumi sin haber aprendido nada, pero en cambio dejó sus brazos laxos a sus costados y que su rostro hablara con una sonrisa grande. Arrogante. Cínica. La satisfacción brilló en su gesto, ver tan humano a Tobio siempre le complacía, pues el menor jamás había sido bueno lidiando con ese lado viceral y lleno de sentimientos. Le divertía la situación. Iwa-chan estaría totalmente decepcionado de él pero ahí no estaba Iwa-chan.

—No lo sé. ¿Por qué debería de saberlo yo? Tú eres el novio —siseó insolente, ignorando el peligro, mientras que una vena de enojo empezaba a saltar en su frente debido a la presión que estaba haciendo Tobio contra su pecho pero aún así seguía siendo arcilla en el enojo de Kageyama, su chamarra color azul se arrugaba en el puño cerrado ajeno.

—¡Kageyama! ¡Espera! —escuchó que alguien dijo mientras que corrían para contener a su armador. Quizás Oikawa no tendría problemas, ni siquiera sabían que hacía ahí en primer lugar, pero si Tobio le ponía un dedo encima al mayor probablemente sería suspendido de la temporada. Sería el segundo "accidente" en el que se viera involucrado el menor y eso era decir mucho.

—Te estoy preguntando —escupió con odio el moreno—. ¿Dón-de es-tá Hi-na-ta? —replicó Kageyama.

—Supongo que en su casa —soltó por fin Oikawa al ver como el resto de los cuervos que habían aparecido despedían un aura intensa. Dudaba que alguien se atreviese a atacarlo, pues el enojo en realidad era por la situación y no con él. Los cuervos podían ser arriesgados en la cancha pero fuera de ellos, debía de reconocerlo, tenían mucha madurez y personalidad para tomar decisiones riesgosas, de otra forma no hubieran mejorado hasta el punto de volverse campeones a nivel nacional.

Tobio soltó de golpe a Oikawa y chasqueó la lengua dándose la vuelta.

—¿Eso es todo, Tobio-chan? —instigó el mayor.

—Oikawa-san —intervinó Chikara pues las tenciones se ponían peor con la aparición de Tanaka.

—Lo siento, capitán-kun, no fue mi intensión, solo vine a pagar unos bollos… suerte, chicos —saludó con una mano y con una de esas hermosas sonrisas que solían deslumbrar comparables con el sol del medio día. Pero ni Chikara, ni Tanaka ni el chico de primer año que trataba de sortear a Kageyama que iba calle arriba, se tragó el gesto amable del otro colocador que ya desaparecía dentro de la tienda.

El castaño torció los labios y sacudió su trasero, Iwa-chan se merecía todo el crédito de su repentino buen humor pues de no haber regresado a pagar los bollos no hubiera podido ver a Tobio, sobre todo por esa expresión tan llena de rabia y congojo que Tobio le regaló apenas le vio. Nada superaría eso, incluso en su memoria usaría esa imagen para no sentirse tan miserable cada vez que Iwaizumi llenará su pensamiento y su corazón intentará doler. Saber que Tobio también era capaz de ser miserable le llenaba, le llenaba, y estaba bien, porque necesitaba de más que eso para mantenerse en temple, esa noche se reuniría con Iwaizumi y seguramente soltaría la bomba. Oikawa se había estado preparando desde su trinchera y el rostro compungido y rabioso de Kageyama sufriendo por amor agregó fuerza a su fortaleza mental.

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Apenas se despidió de los senpai Kageyama marchó hasta la casa de Hinata, y hubiera sido bastante útil, un ataque brutal, de no ser que había olvidado la dirección de Shoyo. ¿Qué clase de novios eran si él no se sabía la dirección de Shoyo?

A pesar de haber tenido la voluntad de ir hasta el hogar del pelirrojo no tuvo la misma fuerza como para marcarle por teléfono y averiguar cuál era su dirección exacta, quizás de haberlo sabido entonces hubiesen podido hablar de frente y aclarar cualquier tipo de malentendido, inclusive, limar toda clase de asperezas que hubiesen nacido en el corazón del armador por la situación reciente con Oikawa, pero no se dignó siquiera en preguntarle cómo le había ido en la cita y se sintió sinceramente mal, aunque enseguida un sentimiento malo atacaba su corazón: Él no me dijo que iría con Oikawa-san, ¿por qué debo de preocuparme? Quería convencerse con ello y tratar de dormir pero era inútil. Antes de darse cuenta otra vez estaba con insomnio, su casa en silencio sepulcral y afuera la nieve había descendido lentamente en una danza inspirada en el frío.

Para Hinata no fue mucho mejor.

Estarse peleado con Kageyama era tan difícil como mantener cordura emocional durante un partido donde lo más importante era la resistencia. Sin embargo, en un partido todo era más fácil era un momento con el tiempo delimitado y por ende la tensión se acababa en el instante que alguno de los dos equipos dejará caer el balón, en ese caso el sentimiento de victoria o derrota perduraba los días siguientes pero era fácil superarlo con una revancha, en el ámbito emocional todo era tan complicado porque no existía nada como un sentimiento de derrota o victoria, sólo un sentimiento que le hacía actuar sin escrúpulos, se sentía aún traicionado y celoso de las levantadas que Kageyama le había hecho al nuevo, levantadas que naturalmente debían de ser para él pero que en cambio lo habían orillado a algo tan "ruín" como pedirle a Oikawa que levantara para él.

El menor abrazó su almohada tan fuerte como pudo hundiendo su rostro y pegando sus labios a la suave superficie mientras giraba en el futón hasta que sintió su cuerpo sobre el piso. Se quedó sumamente quieto mirando las sombras que se colaban desde el exterior directo al su techo por su ventana. Eran los faros de algún autobús que transitaba deshora, o algún camión que iba de paso, quién iba a saberlo. Cerró sus ojos un instante e imaginó de pronto que Kageyama llegaba tirando pequeñas piedras contra la ventana y él entonces salía.

"¿Qué haces aquí?" Iba a preguntar Hinata asustado.

"Vine a hablar contigo, lo lamento" Como si fuera eso posible. Hinata sacudió la cabeza y se arrastró hacia el cálido abrazo de sus sábanas para estrechar nuevamente la almohada y tratar de ignorar sus pensamientos que respondían a Kageyama, y sin querer se vio centrado en Oikawa. En su pequeño infierno y la imposibilidad de estar dentro de la cancha, una pesadilla que él mismo conocía perfectamente. Y sintió empatía por el Gran Rey, y sintió cierto respetó por él, porque a pesar de aquello seguía luciendo tan confiado y completo, y Hinata en cambió había arrastrado a cuanta persona en su desesperación por recibir un poco de pases. Jamás olvidaría la cara de Kenma cuando se desplomó en la azotea del hospital, o el rostro aterrado de Hanzel cuando empezó a escupir sangre en los vestidores allá en Holanda.

¿Qué caso tenía tanto esfuerzo si al final terminaba por dañar a aquellos que le rodeaba?

Hinata tenía miedo que un día por su propia terquedad acabará arrastrando también a Tobio. Cerró los ojos y torció los labios. Se hizo un bulto asustado debajo de las espesas mantas bordadas del futón, al día siguiente durante el entrenamiento, antes del partido de practica que tendrían hablaría con Kageyama y le entregaría diez plumas de cuervo que había conseguido mientras anduvo con Oikawa.

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Iwaizumi observó de reojo a su amigo de la infancia y suspiró mientras daba un trago a la cerveza, dejó de lado lata y eruptó ganándose una mirada de desaprobación y desprecio por parte del menor. El moreno rió entredientes y extendió una mano para despeinar el cabello ajeno de tal manera que lo hizo rabiar un poquito más, aunque al terminar lo empujó hacia su pecho para suspirar perdiendo su mirada en el cielo ennublado que dejaba caer nieve, una hermosa escena de invierno que se percibía desde ese pequeño y sucio balcón.

—De verdad no cambias… siempre pisando terreno peligro, Estupikawa —masculló con una voz que erizó el cabello de la nuca de Tooru, éste se giró para ver mejor a su amigo que se dejó caer hacia los cojines que había puesto detrás de ellos justo para ese propósito—. Un día serás un gran setter seleccionado. Así que deja de molestar a los niños, Estupikawa, deja de meterte con Tobio o te voy a dejar calvo —suplicó.

Oikawa había decidido contarle absolutamente todo lo ocurrido a su amigo pero sólo cuando éste se encontró lo suficiente borracho tras varias cervezas que habían metido a escondidas hasta el cuarto del mayor. Creyeron que había sido una buena forma para celebrar su reencuentro después de tantos meses de no verse, pero aunque Iwaizumi hubiese querido habían pasado un montón de cosas en la escuela y en el equipo de la universidad para el cual jugaba como para darse el tiempo para ir a ver a su familia, mejor dicho, para ir y adorar a Oikawa porque regresar a casa era ir directo al castaño y escucharlo hablar, durante horas, podía hacerlo para siempre, y aunque hablaban diariamente por Skype era increíble como Oikawa tenía aún más cosas que contar, y si repetía alguna Iwaizumi ponía más atención porque esa anécdota era importante o tenía más relevancia de la que Oikawa creía que tenía. Como el encuentro con el enano de Karasuno, por ejemplo.

Ahora su mano acariciaba su propio abdomen y sentía la mirada de Tooru sobre él, poco después sintió como el cuerpo de su amigo se recostaba a su lado y sus ojos se cerraron. Ambos se quedaron callados. ¿De verdad la cerveza era sólo para festejar? O era un lubricante para que la valentía, que nunca le había faltado, le saliera por completo a Hajime. Su mente vagaba ahora en Tooru, siempre era lo mismo cuando cerraba los ojos. La única figura que aparecía era la preciosa silueta de cuerpo firme y endurecido por las horas de practica del setter. Su mano cayó a un costado y buscó la de Tooru, y éste supo que pronto todo se iba a deshacer.

—Estás soñando, Iwa-chan, por favor despierta, deberíamos dejar de beber —se incorporó el castaño mientras empezaba a recoger las latas de cerveza que Iwaizumi había dejado a su alrededor. Por primera vez él sería el que recogiera el desastre que el otro iba dejando a su paso. Era extraño pero ahora comprendía porque Hajime se empecinaba en hacerlo, centrar su atención en recoger el desastre de alguien más te alejaba del propio desastre que eras tú.

—Oikawa… —la espesa y ronca voz de Iwaizumi sonó al tiempo que su mano buscaba sostener el tobillo del aludido.

—No. No ahora, Iwa-chan… —suplicó mientras que sacudía su pie y caminaba hacia el interior del cuarto buscando a oscuras un bote de basura. Hajime bien pudo haberlo seguido y soltado la verdad, pero se abstuvo y se blindó en el desasociego y la sensación de mareo que la cerveza había inyectado a sus venas.

Fue bastante cobarde, resolvió Tooru cuando vio a Iwa-chan dormir tirado una vez regresó varios minutos después al balcón, pero una cobardía que era requerida para que los dos pudieran seguir adelante y en paz.

El castaño se flexionó para cubrir el fuerte cuerpo de su amigo que para variar había ganado más músculos y un rostro más maduro. Recorrió con su mirada desde los pies de talla grande, las piernas, el vientre, el pecho, el cuello y reparó más tiempo en los labios casi al mismo tiempo que sus labios se presionaban contra estos. Hajime apenas sintió una calidez antes de moverse inconscientemente alejando el cuerpo de Tooru que asustado se cubrió la boca. Necesitaba salir de ahí.

De esa relación donde el amor definitivamente era unilateral.

Suspiró pesadamente y salió de la alcoba de su amigo bajando por un vaso de agua para refrescar, no podría beber otra cerveza más, él no era dado a beber y con dos se sentía lo suficiente mareado como para querer devolver el estómago, o quizás sólo era la sensación que el desamor dejaba atrás.

—Tooru-kun —habló la tía Suzume—. ¿Y Hajime?

—Arriba, se quedó dormido.

—Vaya, ese chico nunca viene a casa y solo viene a dormir. ¿Te quedarás también, Tooru-kun?

El chico abría la alacena y sacaba un vaso para servirse un poco de leche que la mujer le ofrecía por inercia a lo familiar.

—Posiblemente, tía —confirmó sonriendo.

—Muy bien, mañana temprano les dejaré el desayuno listo, tendré que salir antes de que despierten, cuando Hajime lo haga por favor avísale que su novia… esta chica, Kaoru-chan llamó, al parecer olvidado el cargador de su teléfono en su casa, que pase por él antes de volver a su dormitorio. ¿Podrás hacerlo, cariño?

—Sí, tía. Claro que podré.

Necesitaba salir, ya.

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A diferencia de Tobio, Hinata no necesitó hacer demasiada ceremonia con respecto a regresar por las buenas a su actitud normal: hiperactiva e intensa. Eso sí, el ambiente se sentía denso cuando se acercaba a Kageyama y se ponía peligroso cuando Hinata y Saru-kun intercambiaban miradas. Era cierto que había dicho que le daría las plumas y se reconciliaría con el armador, pero en cuanto vio llegar a Saru-kun y a Kageyama juntos a primera hora del día, desecho las plumas y mando a tomar por culo la intensión de disculparse. Se debía de centrar en otras cosas.

Al de primero no le causaba ni una pisca de gracia que fuera sacado de la formación oficial a la semana de que Hinata regresó durante un partido de práctica contra una preparatoria de la misma ciudad de Hinata, encuentro que fue aplastante para los visitantes que tras los primeros minutos del primer set descubrieron que Hinata no sólo había sido un golpe de suerte en aquel campeonato de hacía un año donde Karasuno se coronó campeón, y que había sido una pieza fundamental faltante para el equipo para remontar en la victoria en el siguiente torneo escolar. Por otro lado, se desilucionaron un poco al ver que el colocador no sería Kageyama, sino Shiratai Kenji, un chico de primero que nervioso había echado a perder tres colocaciones consecutivas y que hizo rabiar al número nueve del Karasuno que se mantenía en la banca observando todo.

Pero tras un tiempo fuera y gritos por parte de Kageyama hacia el pobre Kenji, éste pareció reaccionar y empezar a colocar con bastante determinación, Tobio reconocía que el chico se estaba esforzando y se preguntaba si había sido él un dolor de culo para Sugawara como Kenji lo era para él.

—Sólo por tu actitud arrogante —sentenció Hinata en un momento que Nishinoya había entrado y él tomaba agua a su lado. Era la primera vez en una semana completa que hablaban de forma directa. Sí es que se le podía llamar de aquella forma pues Hinata había usado su súper don de comprensión de lenguaje no dicho, implícito en la mirada de Kageyama, para saber qué es lo que Kageyama pensaba.

—Psk. Pero no hacía pe-

—Sí que lo hacías, hacías perder el tiempo de Suga-san porque se preocupaba de que no fueras a llevarte bien con el equipo —dijo Hinata bebiendo más agua lentamente—. Sin embargo, al final terminaste por ser bastante social. ¿No? —el pelirrojo miró de reojo a Kageyama.

—¿Social? ¿A qué demonios viene eso?

—¿Más abajo, Saru? ¿La prefieres más alejada de la red? Lo lamento, la siguiente vez será mejor —arremedó Hinata y al moreno se le subieron los colores de la rabia esporádica que había nacido de pronto en su pecho—. Tú dijiste que harías lo necesario para ganar… y es cierto que Saru-kun tiene mucho potencial pero recuerda… quién es tu as.

Una determinación que Kageyama reconocía de antaño, que le hacía que la piel se le curtiera y el corazón le palpitara, sus manos sudando de ansiedad por colocarle un balón pues el brilló de audacia que había abandonado esos ojos estaba ahí presente. Estaba ahí junto al cuerpo esbelto y definido que de a poco recobraba la vida que el cáncer había amenazado con llevarse. La incertidumbre era sin duda una capa gruesa de inseguridad que aún le impedía moverse como mejor le pareciera a él, pero de pronto se dio cuenta que a ese paso el enfermo sería él, mientras que Hinata estaba ahí, frente a él, volviendo a brincar, rematando e iluminando todo a su alrededor.

La sonrisa de dicha fue más grande que el fervor del punto ganador, y Tanaka despeinó violentamente al menor en el fragor del set vencido, Tsukishima solo se alejó directo a descansar brevemente al tanto Tadashi le ofrecía agua y una toalla. Ennoshita felicitó junto al resto por el punto y la comitiva se acercó hasta donde la manager Hisoka les tenía preparado agua, a Hinata una pequeña rodaja de limón y otra de naranja con miel, que devoró en dos segundos. Se empezaba a acostumbrar a esos trozos de gloria después del castigo a su cuerpo, a la respiración caliente y los gritos que involuntarios salían. Era el primer juego en el que participaba en meses y sentía la adrenalina fluir por todos lados. La sensación de que en cualquier momento la voz extranjera de algún arbitro llegaría hasta sus oídos y que al girarse se encontraría con aquel estadio allá en Holanda donde buenas memorias se habían fabricado no le dejaba en paz.

—Ukai-sensei… —murmuró Kageyama y el rubio giró la mirada hacia el colocador esperando a que hablara—. Quiero jugar.

No era una exigencia por parte de un niño caprichoso, y Ukai comprendía bien el sentimiento de Tobio en ese momento, había visto lo que quería con Kenji –le faltaba ganar mucha más confianza en la cancha y la ganaría en otro momento, ahora necesitaban ganar-. El equipo se sintió más aliviado cuando el segundo set era abierto por uno de los saques demoledores de Kageyama que ya perfilaba su mira hacia el hueco que veía claramente en la defensa de la preparatoria rival que con gritos de impetú se alentaban a alejarse y a estar preparados, quién no conociera al monstruo que podía ser el armador de Karasuno es porque no había hecho su investigación, así que se mentalizaron para tratar de detener a Kageyama antes de que hiciera puntos directos. Tobio hizo botar el balón un par de veces antes de alzarlo por sobre su cabeza.

—¡Saque asesino! —chilló Hinata y la piel se le erizó a Kageyama como a un gato que huele en su amo un aroma familiar y agradable, sintió que pudo ronronear en ese momento mientras que lanzaba vigorozo un cañonazo hacia el centro, directo a los débiles brazos de uno de los jugadores que creyó tener la entereza para recibir semejante disparó. El resultado fue obvio y no tuvo que esperar mucho Kageyama para recibir otro balón pues el primero salió disparado de los brazos del chico hacia un costado y nadie lo pudo salvar.

El armador repitió el ritual antes de alejarse dos pasos de la línea de meta, un paso más y la imagen de Oikawa haciendo el mismo trayecto se le reveló tras los párpados.

—¡Saque asesino, Kageyama! —otra vez el alicante a su fuerza y corrió para lanzar el balón lejos, estrellando su mano contra el esférico que salió en punta a la pura línea limítrofe de la cancha. Fue marcada como buena y Karasuno aulló. Saru y Kenji se sentías sinceramente excitados y el otro equipo enrabiaba más, y más. Una cólera que dejaba un mal sabor de boca pero que debían de afrontar y guardar entre pecho y espalda para alimentar sus fuerzas de ella y seguir adelante. De algún modo lograrían sacar el set, el partido. Pero no tuvieron la fortuna y Kageyama se apuntó cinco puntos directos antes de que el líbero intercediera para elevar el balón para su equipo.

La jugada contraria fue bastante limpia y con una organización envidiable, casi como el propio Shiratorizawa, inclusive, Ukai se arriesgaba a decir que el entrenador era egresado de aquella prestigiosa academia pues el rostro le sonaba pero seguramente lo había visto en banca o algo así pues no terminaba de cuadrarle por completo. Sin embargo, el juego agitado y violento del Karasuno prevaleció y cuando el balón pasó libre al otro lado de la red, fue el turno del cuervo de remontar.

—¡Tobio! —llamó la voz urgente de Hinata que ya corría hacia la red y Tobio reaccionó a éste sin más pasándole el balón y Hinata en dos movimientos volando, fluctuando entre el cielo y la tierra, con alas preciosas y plumas de cuervo serpenteando el movimiento del brazo, sintiendo el desgarrón de los tendones, el tirón del músculo y como su espalda se contraía para dar paso al remate que se estampó directo al suelo a la duela. Había bastado nada más que reaccionar a su nombre dejando pasmados a todos. Había bastado el saber de la existencia del otro en la misma cancha para que el uno se volviera otro con el contrario, un intercambio de miradas, las bocas entreabiertas y el corazón acompasando a una realidad compartida, una complicidad que apenas se asemejó al momento en que se quedaron a solas después de ganar el partido y despedir al equipo y a sus propios compañeros de equipo y a sus inhibiciones y sus tabúes y sus vergüenzas.

Se asemejó al momento en que la puerta de madera del club de volley crujió ante la espalda de Hinata que era golpeada con violencia contra ésta al tanto topermente Kageyama juraría que estaba trabajando en mantener el control contra el cuello delgado y fino del menor. Mordisqueando "¿Cómo… es que aprendiste a besar?" increpó en algún momento Hinata mientras se derrite bajo la boca de Kageyama que no hacía nada más que presionar y presionar la cordura a un punto desesperante que no le permitía contener simplemente la respiración en el pecho y le hace temblar desde ese punto hasta el vientre, si llegase ese calor más abajo estaría en un problema porque sabría que iba a despertar de pronto con las sábanas mojadas en su habitación y explicarle a su madre la situación iba a resultar bastante incómoda. Aunque enseguida se dio cuenta que no se trataba de un sueño en el momento en que boca se ocupó con la boca de Kageyama que ignoraba por un momento la pregunta del mayor sólo para hacer que sus alientos jueguen y se conjuguen en un solo verbo que los abraza.

—Vi… vi algunos vídeos.

Como se esperaba de un genio Elite, pensó receloso Hinata apretando la sudadera negra que los distinguía como cuervos del Karasuno y sus ojos llorosos se cerraron cuando nuevamete Kageyama hizo un camino de besos y lamidas desde su boca, pasando a delinear la delgada barbilla del menor hasta el cuello donde el muy bastardo se atrevió a dejar la nuez de su gargante entre sus labios sólo para morderlo sin demasiada fuerza.

Cuando menos se dio cuenta Hinata se escurría contra la pared y él tenía que atraparlo para que no siguiera cayendo, porque él también estaba cayendo y necesitaba más contacto. Sus respiraciones seran un desastre como su uniforme desarreglado y todo estaba en penurias y caos allá afuera donde solo los graznidos de algunas aves y uno que otro auto se escuchaban. Kageyama no lo supo bien quien fue el que comenzó o quien el que terminó pero de un momento a otro están sólo hincados y abrazados con las bocas abiertas, con un hilito de saliva que escurre entre su comisura hasta su barbilla. ¿Era de él o de Hinata? Para lo que le importaba realmente. La limpió con su mano sólo para buscar verse más presentable y alejarse lentamente del pelirrojo. Se dejó caer a su lado recargando su espalda a la pared mientras que Shoyo veía al frente sin mirara a nada en particular.

—No podré entrar a este lugar sin tener una erección —dijo franco Kageyama arrancándole una risotada a Hinata que enseguida se cubrió la boca con las mejillas sonrojadas puesto que el conserje los podría escuchar y seguro se metían en problemas de ser pillados ahí. Toda la habitación estaba en penumbras y solo un ancho haz de luna era lo que iluminaba su tenis deportivo. Hinata movió sus pies y Tobio estiró también sus piernas mientras que en silencio pasaba su brazo por los hombros del mayor atrayéndolo, esperando resistencia se encontró con la dócil acción del otro que se restregó contra su pecho como un gato necesitado de amor.

—¿Seguimos siendo novios, verdad?

—No me imagino haciendo esto con Kenji-kun —afirmó Hinata refiriéndose al otro colocador, ganándose solo un tirón de cabello muy suave que le arrancó otra risa. "Aunque podría ser buena técnica para ganar confianza entre el equipo". Otro tirón aún más fuerte y Hinata se deshizo a carcajadas le encantaba picar a Tobio, y había encontrado el lugar exacto por donde atacar.

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Oikawa sencillamente no podía dejar de pensar en como es que sus sienes latían y reproducían la conversación con la madre de Iwaizumi, al menos no cuando estaba ahí leyendo los mensajes que había enviado la dichosa chica al muro de la red social que más usaba Iwa-chan. De pronto no podía simplemente levantarse de esa silla y tratar que todo fuera un mal sueño, algo del pasado. Era un recuerdo sórdido que jamás pertenecería al pasado porque siempre recordaría ese dolor muy vívidamente: jamás había sentido algo igual, ni siquiera cuando Karasuno robó su pase hacia la final en su último año como capitán. Su última gran oportunidad, y ver su rodilla lastimada que brillaba gracias al gel que tenía que echarse por las noches le hacía pensar que ciertamente esa fue su última gran oportunidad. Restregó su frente contra su rodilla buena y dejó la mejilla recargada ahí.

Nadie podía estar más jodido que él. Otra vez pensó en Hinata y se sintió más aliviado. Él estaba más jodido que cualquiera que conociera. Volvió a restregar su frente contra su rodilla y suspiró. Se pondría a estudiar, a repasar para cuando regresara a la universidad no le sancaran la estocada por estar un año completo en el limbo.

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La mañana antes de navidad Tooru pretendía salir a correr sin embargo al doblar por la esquina notó el camión de la correspondencia acercarse vertigisiosamente hacia su hogar, lo ve pasar de largo y él siguió trotando y maldiciendo por todo lo alto en su interior que sería la primera navidad que pasaría solo sin los reconfortantes brazos de Iwa-chan o de una chica, aunque lo segundo siempre había sido de alguna manera una amalgama para no pensar en el primero que para el caso siempre se acababa por aparecer con la cara de comemierda de siempre para estrellarle algún paquete mal envuelto. "Lo vi y supe que si lo veías ibas a chillarpara joder para que lo comprara a pesar que tú perfectamente te lo puedes comprar", diría algo así y seguro descubriría alguna chorreada de aliens o de volley que se vería guay con la colección completa que tenía en una estantería de su habitación, nutrida a través de los años por su amigo de infancia. "Oh Iwa-chan, no te hubieras molestado" respondería entonces Oikawa mientras en su lugar él entregaba con recato un bonito obsequio con el papel cuidadosamente seleccionado –siempre uno de Godzilla con el listón bermellón o verde chillante para que resaltara-. Entonces juntos se chutarían el especial de navidad en el canal estelar hasta que dieran las nueve y salieran a comprar pollo, al menos esa era la rutina en esas navidades en que Oikawa no encontraba excusa para terminar con la novia de turno. Y cuando no había excusa sencillamente llegaba temprano a casa con el pollo frito directo a la habitación de Iwaizumi encontrándolo siempre metido en algún juego o leyendo algo.

Pero esa navidad por más que cualquier otra sería diferente: No podría llamar a Makki o Mattsun para que le hicieran compañía pues Iwa-chan estaría a todas luces con su novia, "Sí Iwa-chan, se buen chico y recuerda comprarle algo bonito, te recomiendo una bolsa Coach se está usando mucho, te puedo pasar el número de clienta de mi mamá le salen casi regaladas porque es clienta frecuente… si te falta pasta yo te puedo comprar, no Iwa-chan, no te enojes… lo hago enserio, quiero que tu novia se sienta querida, sí yo fuera tu novia amaría llevar algo que tú me regalases, y que mejor si ese algo es de buen gusto…" las palabras le habían escocido pero siguió parlanchín y coqueto como sólo él puede ser mientras cambiaba en aquel momento el teléfono de su oreja a la otra oreja, no sabía que hacer con sus manos y terminó poniendo la llamada en en alta voz mientras juntaba sus pierna contra su pecho y abrazaba las mismas apretándose fuerte como tratando de que de esa manera el corazón no se saliera, ni su alma, ni él de él mismo, o las lagrimas que se acumulaban en la pena. "Iwa-chan… no la lleves a comer pollo frito, haces un ruido horrible cuando mascas que seguro la espanta" Oikawa rió ante la amenaza de acabar hecho pure y escondió por último su rostro. "Sí, Iwa-chan, estaré bien, Iwa-chan… descansa, Iwa-chan". La llamada se cortó por su lado tras un "Buenas noches, Tontikawa", que terminó por demolerlo, y le hablaba en silencio mientras que apretaba más fuerte sus muslos.

Ahora que corría trataba de alejar la imagen de Iwaizumi colgando el teléfono solo para marcarle a la chica, que sí, es mona y todo, pero algo no le terminaba de cuadrar. De pronto el hombre con más citas y declaraciones y muestras de amor por parte de chicas que tuvo el Aoba, se volvía misógino y cada una de las mujeres era un latente enemigo, o al menos hasta que había descubierto que Iwaizumi también era hombre, y heterosexual para colmo. ¿Qué Iwaizumi no podía sencillamente volverse homosexual como él y enamorarse de él y seguir con la vida resuelta con él? ¿Por qué Iwaizumi no era un poco más como el enano de Karasuno? Sintió nuevamente rencor palpable contra Tobio.

Cómo era posible que además de ser un jodido genio en el volley de pronto todo le resultara tan bien. Es decir, sí, la última vez que se vieron todo lleno de emociones y celos y todo eso había sido reconfortante pero conociendo al enano y a su aprendiz sabía que terminarían arreglando sus diferencias y acabarían por regresar a su rídiculo teledrama, porque claro, como en todo teledrama, tendrían dos o tres episodios de amor pero terminarían volviendo encontrar algún motivo obvio por el cual pelearse, y volverían a regresar, y terminarían, y regresarían y acabarían por verse en cincuenta años viejos y arrugados pero felices y juntos, porque tanto Tobio como Shoyo eran la clase de personas que eran protagonistas y no antagonistas. No fastidiosos antagonistas que servían para morder el polvo. Algo así como él.

Hasta Hinata tenía una enfermedad terminal dramática y toda clase de aversidad: ser bajito y amar un deporte donde la altura era fundamental. Era estúpido y le atestaba la vida pero así es como eran las cosas. Entonces Oikawa quiso pensar en alguna película donde el villano venciera pero de momento solo encontraba que aquellas donde el villano se redimía y terminaba por pasar al bando muerto acababan muerto en un acto de sacrificio para purgar sus pecados. Oikawa entonces pensó que su acto de sacrificio fue haber levantado ese balón para Hinata y haber soportado a Tobio durante toda la tarde, si eso no era acto sufriciente de expiación de pecados entonces no sabía que esperaba dios que hiciera. Si no le daba una sola señal, se iba a cambiar al shintoista, alguno de los ocho millones de dioses que tenía aquella religión le debía de dar alguna respuesta.

Bufó y aceleró el paso, olvidando de pronto al camión repartidor de correo que para todo ese licuado de emociones terminaría por ser un vulgar milagro de navidad.

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Extra

Maravilloso milagro de navidad.

Hinata y Kageyama corren debajo de la nevada que había empezado a caer mientras ambos se encontraban dentro de la tienda deportiva. Se pusieron de acuerdo para ir a comprar medias nuevas para Hinata, calentadores que Bokuto-san le había recomendado pues Hinata tenía mucho dolor en una de sus pantorrillas, era debido a la falta de ejercicio durante tantos meses sin jugar, por otro lado, eran esas pequeñas escapadas que tenían a su rutina las que les hacía sentir que estaban juntos en una relación. También aprovecharon para adquiriri un juego de jocks. Tardando más de la cuenta ya que Hinata había insistido en que los jocks fueran iguales.

—Somos novios así que debemos tener esta clase de cosas iguales.

—¿Para qué demonios quiero que uses la misma ropa interior que yo? —Porque por estas cosas la gente sabe que somos novios.

—Hmp —Kageyama torció los labios pero al final del día, insatisfecho, habían acabado por comprar jocks negros con elástico color naranja. Demasiado "llamativo" para el gusto de Tobio pero ver lo feliz que estaba el pelirrojo era suficiente aliciante para no terminar por devolverlo a la tienda.

Ahora esperaban con calma debajo de un techo a esperar a que la nieve menguara. Hinata se movía sobre sus pies meciéndose de un lado a otro. Kageyama solo está quieto con sus manos en los bolsillos y la nariz roja, escurre por la alergía estacionaria pero la limpia cada tanto por comodidad más que por darle buena imagen a Hinata. El muy bastardo no podía recriminarle nada pues a Tobio ya le había tocado verlo vomitado y envuelto en mocos y llanto.

—No te vayas a enfermar, Debilyama —dice Hinata en cuanto nota como el menor sorbía los mocos para no tener que sacar sus manos y limpiarse con los pañuelos.

—¿A quién mierda le dices "Debilyama", Hinata idiota? —gruñe pero la voz le sale completamente nasal. Mierda. Posiblemente sí está a punto de resfriarse. Maldice y gruñe otra vez. Hinata suelta una alegre carcajada. Tobio se gira con violencia para tirarle de los cabellos hasta dejarlo calvo cuando nota frente a sus narices un pequeño paquete envuelto en papel periódico con un bonito lazo naranja. "Tienes un problema con ese color", comenta con crueldad divertida mientras que toma sin dudar ni un poco de esas manos el paquete que intuye es para él. Desabrocha la envoltura y sus ojos se abren de par a par—…

—Feliz cumpleaños, Tobio —reza Hinata al tiempo que sus mejillas se sonrojan más y se siente observado. Ha contraído una enfermedad más grave que el propio cáncer y no sabe hacia donde mirar porque siente que si miraba al menor iba a terminar por implotar en ese mismo lugar. Sin embargo una mano tibia le coge el rostro y lo que sabe enseguida es que el mundo es perfecto con esos pequeños milagros.

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Durante el último día de entrenamiento antes de navidad, antes de volver a ir a las nacionales. Hinata se encontraba recogiendo los balones que estaban regados por la cancha. Mientras que Kageyama salía del almacen junto con Nishinoya, habían guardado la red. Saru y Keiji se encargaban de limpiar el piso y los otros vaciaban las botellas de agua. Una vez todos terminaron se dirigieron a la sala del club donde vistieron sus pants negros y sus sudaderas. Hinata apresuró el paso pues era el último se había enfrascado en una pelea con Tanaka sobre cuál opening de Dragon Ball era mejor, concluyeron amistosamente que nada superaba el primero.

Tanaka bostezaba y el vaho exalado era visible. Tsukishima fue el primero en irse acelerando el paso pues tenía demasiado frío como para fingir ser buen samaritano y esperar al último para poderse ir caminando todos juntos, ni siquiera el soborno de un kikkoman gratis que Ennoshita se había ofrecido a comprar lo convenció, historia totalmente diferente para todos, hasta para Saru, Keiji, Mitsuki y Satorou, los nuevos de primero quienes a pesar de que temblaban como flan decidieron esperar a Hinata y caminar todos en conjunto hasta la tienda Pie del Monte.

—¿Recuerdas cuando Ukai nos gritaba que dejaramos de hacer el vago? —preguntó Tanaka.

—¡Oh! —chilló Nishinoya—. Siempre estaba molesto, siempre nos gritaba a nostros, sus favoritos era el club de atletismo, nunca les dice nada.

—Creo que es porque quiere algo con la entrenadora del equipo, es hermana mayor de una sempai, y me dice que ha visto a Ukai en algunas ocasiones acompañar a su hermana hasta casa —contó Tadashi que sacaba sus guantes de su mochila.

—¡¿En serio?! —preguntaron en conjunto Tanaka y Nishinoya.

— Como se esperaba de nuestro entrenador.

—Deberíamos pedirle algún consejo.

Siguieron parloteando hasta que Ennoshita y Hinata salieron de la tienda, el segundo se encargaba de repartir los bollos y el capitán de entregar las bebidas que hubieran pedido. Kageyama bostezaba, aunque sonrió inconscientemente susurrando un tenue: "¿Es de curry?". Hinata afirmó. "Gracias" rezó el moreno. En silencio el dúo de raros comió.

Saru masticaba con cuidado su pan, estaba caliente y quemaba la boca pero el mismo calor hacía magia y alquimia en su cuerpo que titiraba de frío. Reía a las bromas de Tanaka, y contestaba con monosílabos ante las preguntas que Keiji le hacía, al parecer el equipo se quería reunir para pasar al templo juntos, el año anterior así había sido y lograron contrarestar la mala suerte que le tocó al que en ese momento fue el as haciendo un extraño ritual que nadie quiso explicar, sería sorpresa por si alguno de los de primero sacaba "mala suerte" en su predicción de año nuevo en el templo. Se quejó y volvieron a bromear.

Que imagen tan más conmovedora la de la parvada de cuervos en medio de la nevada noche. Un punto negro en el blanco intenso.

Los ojos de Saru captaron el momento en que Kageyama quitaba un par de menusitas del rostro de Hinata y éste las lamía de entre sus dedos, al parecer nadie se había percatado, o nadie había dicho nada pero él no pudo dejar de observarlos. No hasta el instante en que Hinata se despedió y todos se despidieron de él, el tintineo que hubo cuando pasó a su lado hizo que su mirada cayera hasta un bonito strap en forma de balón de volley y junto a él una camisa negra diminuta metálica con el número nueve.

—Hinata idiota, tu bufanda, estúpido, ven acá —gruñó enseguida Kageyama embutiéndose casi la mitad de su segundo bollo despidiéndose apresurado y cruzando también a Saru.

—…—un nudo se le hizo en el fondo del estomago al sentir ese instante en deja vú en el instante en que notó que Kageyama también usaba un llavero idéntico pero con el número diez. Jadeó y corrió hacia Sato que reía con Tadashi, le arrancó la mochila de su hombro y el moreno se quejó.

—¿Qué demonios buscas, Saru? —preguntó el afectado, pero Saru no respondió hasta que encontró el monedero de su compañero donde pendía un llavero algo similar al de Hinata y Kageyama, solo que en lugar de un balón de volley había una raqueta de tennis, la camiseta era naranja y tenía el número 6.

—¿Quién te dio esto? —increpó asustado el rematador como si hubiera tenido una epifanía de algún desastre natural que inevitablemente se podía revertir.

—Me lo dio, Mio-chan, mi novia —bufó el otro arrebatándole de las manos el monedero a Saru confundido.

—¿Y ella lleva tu número verdad?

—Sí —gruñó fulminándolo con la mirada.

Saru se quedó congelado en su lugar, con la respiración ligeramente afectada, acelerada, sus ojos recorrieron la mirada nerviosa del capitán y de Tadashi, la valorativa de Tanaka y la desaténdida de Nishinoya que se comía el bollo que le pertenecía a Tanaka.

—¿Hinata y Kageyama son pareja? —soltó y un silencio sepulcral se formó sobre los integrantes presentes del Karasuno.

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St. Yukiona.

"Quien los ama de corazón, hígado y pulmón".

Gracias por leer.