Descarga de responsabilidades: Haikyuu!, no me pertenece a mí -obvio-. Le pertenece a la gente que lo hace (?
Advertencia: Ocs. Cáncer. Depresión. Angs. Parejas crack. Desamor. (? No beteado.
Cronopios del autor: No me maten. Lo digo en serio. No me vayan a matar porque dios, no quería subir este capítulo. Tardé una semana más de lo prometido porque pasaron algunas cosas en mi casa y además, viví el miedo constante de hacer esto -se muere-. Recuerden que ante todo esto es un KageHina. Mis historias se caracterizan por ser historias donde antes de que la parejita sea feliz pasan por toda esta serie de contratiempos. Si al finalizar de leer esto me odian lo entenderé, :,) pero no me odien. ¿Quieren? Yo adoro a mis mazapanes -les tira love-.
No soy muy fan de dividir un fanfic por temporadas. Pero podríamos decir que a partir de aquí inicia una "temporada" o arco argumental mucho más marcado que en otros. Espero de todo corazón sigan conmigo, vamos justo a la mitad de la historia. Gracias por todo su apoyo.
Pd. Escribí esto a las 2.00 am y no lo revisé, perdonen los dedazos y los horrores de ortografía.
Dedicatoria: A TODOS LOS QUE HAN ESTADO CONMIGO EN ESTOS QUINCE ¡QUINCE CAPÍTULOS! Y LOS DOS AÑOS EN LOS QUE HE ESTADO EN ESTA AVENTURA. ESTE AÑO LA DESPEDIREMOS.
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Las mil plumas del cuervo
por StYukiona
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A Shoyo las mejillas se le habían coloreado rojas debido al calor excesivo que hacía ahí. Mucho más que en Miyagi. Era todo un infierno para él y se preguntaba si realmente iba poder sobrevivir a ello. Suspiró mientras que tomaba su segunda maleta que pasaba frente a él por la cinta mecánica del aeropuerto. La reconocía porque tenía un cuervo rotulado en la carcaza naranja. Un regalo de Nishinoya antes de despedirse hacía dos meses. Se había visto con sus senpais y sus amigos de la escuela media a lo largo de Junio y Julio, sin embargo sus familiares le habían hecho una cena de despedida dos días atrás. La última noche que pasó en Japón.
—Hina… Shoyo Hinata —se corrigió casi de inmediato cuando recordó que en occidente se anteponía el nombre de pila por sobre el apellido y no viceversa como en Japón. El oficial de migración, engaladornado con su uniforme verde militar observó el pasaporte rojo vino y después al adolescente que tenía delante de él.
—¿A qué vienes a USA? —Preguntó tajante en inglés el oficila.
Shoyo saltó pues se había quedado bobeando al ver la fotografía del presidente al que todo el mundo parecía odiar. En cada puerto de visado en USA había una fotografía en grande del presidente electo de ese país, a su lado otros ancianos que no reconoció. Parpadeó confundido y aspiró con calma.
—Vengo a estudiar, obtuve una beca deportiva con la UCLA.
El oficial arqueó las cejas y selló el pasaporte de Shoyo.
15.- Welcome to Los Ángeles, welcome to UCLA and the bruins.
Hasta el mismo se sorprendió con la fluidez con que había logado responder todas las preguntas que el oficial le había hecho después de comentar sobre sus motivos por el cuál estaba en el LAX* llegando a Estados Unidos después de catorce horas de vuelo y como seis de espera en el aeropuerto de San Francisco donde hizo escala el avión y trasbordó para poder llegar hasta la ciudad de Los Ángeles. Mientras guardaba los papeles de admisión y el visado escolar no puedo sentir nuevamente ese vértigo que la noche anterior cuando se había ido a acostar a dormir experimentó y le impidió conciliar el sueño.
En su maleta no solo iba su ropa y sus estudios médicos que le señalaban un porcentaje igual a cero en cuanto a su residencia al cáncer. Desde que había sido diagnosticado y hasta esa mañana en la que se recargaba de la banda magnetica que lo traspaladaba de la zona de aterrizaje y migración hasta la sala de espera. En Japón las clases habían acabado en marzo mientras que los universitarios habían iniciado sus clases en abril y otros en mayo. Había pasado casi cinco meses desde que no había pisado una escuela y sinceramente se encontraba nervioso. Su espíritu no flaqueaba pero sí que había existido la incomodidad sobre retomar una nueva rutina.
En esos cinco meses la sensación de rezago que había experimentado durante su tratamiento del cáncer casi un año antes regresaba a él, como un horrible dejavu que le hacía sentir un nudo en su estómago, sin embargo esa sensación era nada cuando veía hacia más atrás, hacia noviembre cuando Tobio se preparaba para ir a otra de las concentraciones de la Sub-19 y la mayoría de sus compañeros ya tenía ofrecimiento por reclutadores de universidades importantes para alguna beca deportiva y él sólo se comía la cabeza pensando cómo podría seguir jugando un poco más en la cancha. No quería terminar siendo un veterano del volley a sus 17 años, en su pecho aún existían una intensa llama que lo obligaba a seguir adelante y jugar. Pero por más que lo intentaba era difícil que los reclutadores no ignoraran su pasado historial médico o el hecho de que de su generación existieran otros jugadores que no tuvieran un bache dentro de su experiencia en la cancha como el año entero que él se había tomado para recuperarse.
El pelirrojo se rascó la nuca y bostezó cansado cuando notó el final del pasillo, volvió acomodar su mochila al hombro y se preparó para tirar de las dos maletas que llevaba con él, sobre una de ellas su maleta deportiva donde todas sus herramientas de trabajo estaban resguardadas. Su teléfono vibró en su bolsillo y supo que se había apagado, había olvidado conectarlo a la pila portátil que Tsukishima, obligado por Daichi-san, le había obsequiado como presente por su cumpleaños. Debía de reconocer que aunque no era muy fan de la tecnología –ni muy ávido- el aparatito ese tenía sus ventajas además de que molaba un montón el color: naranja con líneas negras.
Los cascos de los audífonos estaban a los costados de su cuello y la sudadera del equipo de la preparatoria a la que había pertenecido atada a su cadera.
Frunció los ojos un poco alucinado por el repentino golpe de luz que le llegó cuando las puertas de cristal se abrieron y el sol del Sur de California que se colaba por los enormes ventanales de la sala de espera le golpeó de lleno. Se tuvo que detener un poco sintiendo como algunas personas le rebasaban apresurada y a su alrededor gente se encontraba con más gente y el ritmo en que todo se empezaba a mover era demasiado rápido. Tragó saliva un poco confundido y alzó los ojos hacia un letrero que había por encima de las cabezas de las personas suspendido por cables trasnparentes: Salida, taxis, abordaje, restaurante, tiendas, estacionamiento, y cada una de esas palabras señaladas por flechas. En el correo con el asesor de la UC le había indicado que un miembro de la sociedad de alumnos iría a recibirlo sin embargo se dio cuenta apenas que no tenía ni la fotografía ni un solo rastro particular. Tantos correos intercambiados con aquel sujeto y había olvidado preguntarle algo tan básico y simple.
"Hinata-idiota" podía escuchar claramente la voz de Kageyama y algo en su pecho se removió haciéndolo sentir incomodo.
—¿Shoyo? —habló alguien y su nombre se sintió extraño en esa voz y ese acento tan crudo. La fonética occidental hacía sonar ligeramente distinta los nombres cuando eran pronunciados, sin embargo, el pelirrojo era consciente que lo mismo ocurría para los americanos cuando escuchaban sus nombres en bocas orientales.
No pensó más al respecto cuando sus ojos se toparón con una alegre sonrisa de un adolescente prototipo a las personas que habían en aquel lugar, es decir, no desencajaba con el resto pero a pesar de ello había algo en él que lo hacía resaltar. Quizás la emoción que sentía al verlo o la euforía con la que agitaba dos banderas: una de USA y otra de Japón. Shoyo pensó que era algo extremadamente genial y que era el mejor recibimiento del mundo, a diferencia del resto de las personas que quizás pensaban era bochornoso, exagerado o sencillamente gracioso, una escena bastante hilarante que hizo que varios de los presentes giraran su mirada hacia el efusivo anfitrión y al recién llegado que no pasó desapercibido mientras avanzaba hasta aquel que le llamaba.
—¿Max? —preguntó con una sonrisa igual de grande, el efecto de esa sonrisa restaba importancia al cansancio acumulado y parecía disminuir el tono morado debajo de los párpados.
El aludido golpeó suavemente el hombro de Hinata y apretó el mismo con fuerza amable.
—¡Por dios! ¡Hombre tu cabello es como el de una zanahoria! —chilló con emoción el americano de cabellos rubios y ojos castaños, antes de proporcionarle un fuerte abrazo y quitarle una de las maletas—. Soy Max, hombre.
—Mucho gusto, Max. Gracias por venir por mí —inquirió el japonés ligeramente abrumado por la muestra de afecto tan abierta aunque enseguida rió al ver que el rubio tiraba las banderas, las recogía y la maleta que había echado sobre su hombro resbalaba y se volvía un pequeño desastre.
El par de adolescentes estuvieron en un auto cinco minutos después de que se las arreglaron por cargar con todo el equipaje de Hinata, y entonces éste se dio cuenta que Max era bastante torpe y le faltaba coordinación, aunque no lo pensaba en mala manera el detalle le hizo sonreír hasta que abordaron el auto.
—Te estábamos esperando, tu habitación en los dormitorios es el último en ser ocupado, e hicimos apuestas de quién llegaba primero si tu compañero o tú —dijo Max mientras que se acomodaba los lentes de sol y se ajustaba el cinturón de seguridad.
La idea de compartir habitación con un desconocido no le había molestado en absoluto a Hinata, debía de reconocer que sería extraño al principio pero encontró el beneficio de tener una amistad con alguien o al menos una convivencia constante lo haría sentirse menos nostálgico que al estar solo en cama todas las noches. No obstante cuando había contado el detalle con sus excompañeros de clases, allá por junio durante una de las rueniones que hacían cada tanto en Tokio donde asistía la mayoría de los chicos de la generación: Tsukishima, Daichi, Sugawara y Nishinoya, mientras que Tadashi, Ryu y él viajaban desde Sendai, sobre que compartiría habitación con otro estudiante, el comentario malintencionado de Tsukishima llegó: "Cuidado que los americanos tienen fama de psicópatas no vayas a despertar un día y de pronto tu compañero se encuentre respirando a un lado de ti viéndote dormir". Las palabas del rubio habían arrancado el sueño al pelirrojo durante días pero fue sustituído con otras preocupaciones hasta que la agonía de la espera y la ansiedad por saber cómo sería su nueva rutina terminó por joderlo y darse por vencido a sus preocupaciones adoptando una actitud de: Estoy jodido y lo acepto con valor, quizás a eso se le llamaba madurar. Hinata era todo un hombre.
—¿Aún no llega? —preguntó con auténtica curiosidad mientras bebía una botella de agua que el chófer les había ofrecido. El japonés la aceptó en su momento con verdadera felicidad pues el calor era sofocante en el exterior lejos del aire acondicionado de las instalaciones del aeropuerto.
—No, así que gané la apuesta —contó alegremente Max.
Hinata se rió suavemente y comenzaron a platicar sobre el vuelo, la escala en San Francisco, Japón y otras curiosidades. Max entraba en el estándar extranjero que se veía totalmente interesado e impresionado por las narraciones de un oriental sobre su país. Sobre todo se mostró totalmente maravillado porque los japoneses tenían menos vacaciones que las que ellos en occidente tenían. Sobre todo hizo marcar su asombro ante el hecho de que en Japón terminaran clases en marzo y no en agosto o diciembre como en la mayoría de América.
—¿Entonces eres un genio en el volley, no? —dijo Max de pronto tomando por sorpresa a Hinata que cerró su botella de agua y pensó.
—No me llamaría un genio precisamente —la idea le hizo pensar otra vez en el setter y suspiró—. Sólo… amo jugar, hay muchos mejores que yo —expresó con sinceridad pero en un tono orgulloso.
El rubio torció los labios algo confundido.
—Bueno, supongo que debes ser exageradamente bueno como para que te ofrecieran una beca deportiva completa —comentó mirándolo abiertamente—. Es un sueño al que muchos aspiran pero pocos tienen el privilegio de obtener. Además tus calificaciones son un asco comparado al resto de los aspirantes, así que esa incompetencia académica debe ser compensada con tu valía como jugador —agregó y Hinata se sonrojo quejándose.
—Es raro… —dijo después de un rato miraba sus manos—. Hace un par de años prometí con alguien seguir jugando, y me prometí a mí mismo seguir jugando sin importar qué, ese "sin importar qué", fue lo que me obligó a seguir adelante y me trajó hasta aquí —comentó y enseguida sonrió—. Además alguien me dijo que si desaprovechaba una oportunidad podía arrepentirme de por vida, no quisiera vivir noventa años más y pensar en el: "qué hubiera pasado sí…", quizás me muero en doce horas o me muero en cien años, no lo sé… no me quiero ir con arrepentimientos —acotó y Max sonrió con suavidad.
Hasta ese momento Hinata no se había percatado el escenario afuera, pues enseguida que habían salido de la zona de LAX habían entrado al freeway que los llevaría hasta el campus de la universidad. No obstante el chófer del auto había tomado una salida antes de la que llevaba al campus debido al horroroso tráfico que había a esa hora de la mañana en las inmediaciones para entrar al freeway que iba al centro económica de la ciudad de Los Ángeles. Esta desviación se encontraba justo en la parte más alta de una curva que daba hacia una de las vistas más impresionantes que Hinata vería: Arriba el sol brillando, abajo la vida de la ciudad en edificios que se veían a la distancia, en el fondo un cielo azul denso y cerca de él su sueño de seguir jugando. La escena duró apenas un segundo, una ojeada rápida antes de internarce a suburbios donde había edificios de apartamentos, una calle principal que llevaba hasta un centro comercial y muchas tiendas de convivencia, bares, boutiques y librerías.
El campus de la UCLA estaba justo entre Beverly Hills, al este, y Santa Mónica, al oeste. Max le platicaba a Hinata que ahí nunca se iba a aburrir: si quería ir a nadar, a comprar, a comer, a beber. Había muchos lugares para ir, y Hinata lo corroboraba sólo con lanzar miradas deslumbradas hacia el exterior donde veía a bastante gente joven andar. Mujeres con shorts cortos y sólo la parte superior cubierta por trajes de baños. Pieles bronceadas y carne al descubierto. Era un escenario surreal al que seguro Tanaka y Nishinoya les hubiese encantado ver.
—¿Y dejaste alguna novia en Japón?
Hinata se puso rígido y giró su mirada hacia Max quien al ver el rostro de alarma del menor soltó otra alegre carcajada.
—Vale, vale… ¿entonces qué me dices de algú n novio? ¿Alguien especial?
Los colores abandonaron el rostro de Hinata y Max siguió riendo dándole palmadas en la pierna. El menor se quejó intensamente y el rubio no podía evitar seguir riendo a costillas de la evidente vergüenza del japonés.
Entraron desde el este por Sunset Boulevard, desde ahí Max señaló la escuela de artes de la UCLA, y dijo que detrás de ese edificio se encontraba la escuela de Leyes y a lado de ésta las oficinas administrativas a donde tendría que ir el pelirrojo apenas estuviera más repuesto del viaje. Más avanzados pasaron por la escuela de administración y la de ingeniería.
Al final de la calle el Kinsey Hall, o edificio de humanidades donde tomaría la mayoría de sus clases. Er aun edificio diferente a lo que estaba costumbrado. Alto, de varios pisos. Las ventanas alargadas y de la parte superior ovaladas, el color ladrillo desgastado le daba un aire intelectual y se dio cuenta que era la primera vez que pensaba de esa forma de una edificación. Una pequeña puerta doble de madera que estaba en el pórtico daba la bienvenida a los estudiantes y Hinata se imaginó que pronto estaría cruzando esas mismas puertas. El auto siguió avanzando hacia la zona residencial donde estaban los dormitorios de los estudiantes y suspiró Shoyo, abrumado pero excitado.
Entre el chófer, Max y Hinata bajaron las maletas de éste último.
—¿Cuánto fue del transporte? —cuestionó Hinata mientras que buscaba su billetera.
—No te preocupes, está cubierto —sonrió Max—. La Sociedad de alumnos paga —inquirió mientras que empujaba a Hinata que cargaba sólo su maleta deportiva, Max cargaba la mochila y las maletas se quedaban a un lado de las escaleras que daban al edificio del dormitorio. Éste era de un color chedrón oscuro y abarcaba toda una manzana, sin embargo había escuchado eran varios de esos edificios, también el aire colonial resaltaba a pesar que era más austero que lo que había visto en las facultades y colegios que componían el campus central de la universidad.
—Pero, Max —se quejó Hinata.
—Además, pagué por medio de la aplicación de Uber, no me gusta traer efectivo así que está bien, Shoyo.
—¡Mis maletas, Max! —gimió y cuando pasó por la puerta del edificio de dormitorios sintió como Max le arrancaba del brazo su maleta deportiva, pero el movimiento fue tan rápido que aleteó con los brazos porque sintió que se resbalaba antes de que una lluvia de huevos cayera sobre él. El olor y el tenue dolor de los cascarones rompiéndose contra él lo sobresaltó pero más aún la harina que llegó enseguida y los fuertes brazos que lo cargaban. Hinata jadeó sosteniéndose de la camisa de quien lo cargaba para después solo ser aventado a una piscina, bañera o saber dios, sólo sabía que algo vistoso y denso habían amortiguado la caída.
—¡Bienvenido a la UCLA! —gritaron en coro muchas personas mientras que oleada de carcajadas le llenaban los oídos.
Shoyo se sintió asustado y entrando en una especie de pánico por todo lo que estaba ocurriendo. Limpió su cara y enseguida alguien le extendió la mano, dudoso la tomó y las mismas voces que habían dado la bienvenida empezaron a palmear su espalda, a saludarlo de manera enérgica y todos querían saludarlo.
—Lo lamento, Shoyo pero es una tradición en UCLA, la novatada, espero no te enojes conmigo —dijo Max que suplicaba al tanto alguien que no conocía le pasaba un poco de agua para lavarse la cara y otro le entregaba una toalla para secarse.
—Te voy a matar —gimió Hinata pero no pudo evitar forzar una sonrisa y hacer a un lado el enojo que había sentido, eran practicas de las que había leído pero no creyó formar parte de ellas. La invación al espacio corporal en ese país quedaba muy claro desde el principio que era algo normal pues apenas tuvo los ojos secos y libres del aceite en el que lo habían sumergido se dio cuenta que estaba en el patio interno del edificio y el olor a comida le llenó las fosas nasales. Contuvo apenas un poco el aliento descubriendo que había un letrero hecho con tres cartulinas dándole la bienvenida, junto a su nombre (Que por cierto estaba mal escrito: decía "Choyo" en vez de "Shoyo") otros diez nombres más puestos adicionalmente con hojas blancas y tintas de diferentes colores.
Era una especie de fiesta pues había música en inglés, globos, más chicas en trajes de baño y también chicos solo con shorts para nadar. Algunas parrillas dispuestas de donde se desprendía un aroma agradable a carne y la boca se le hizo agua al rematador. Al fondo una pequeña cancha con porterías pero que en esos momentos tenía los postes para jugar volley y tres chicas jugaban con dos chicos.
—Max.
—Lo siento, lo siento, traté de impedirlo pero no pude, de verdad que no pude… tu llegada coincidió con una de las fiestas de bienvenida y bueno… quisimos que fueses el espectáculo principal —indicó el rubio de buena gana entregándole un vaso desechable color rojo de cerveza fría al menor que enseguida se negó—. Creeme, es mejor que te vean con un vaso en la mano porque sino acabarás como Larry —giró su mirada y Shoyo enseguida giró su mirada con él hacia un chico insconsciente abrazado a uno de los barriles de cerveza—. Se negó a beber y después lo obligaron a jugar "Fondo negro".
—¿Fondo negro?
—Beber cerveza por el ano —explicación rápida y contundente.
Hinata bebió un sorbo del líquido frío y siguió caminando.
El primer instinto del japonés fue irse a bañar pero le dijeron que parte de la iniciación, o novatada, era permanecer el resto de la fiesta en esas condiciones, a pesar que muchos se reían nadie se mostró grosero, al contrario, ahí conoció a un par de compañeros que también formaban parte del equipo de volley de la universidad, sin embargo solo tomaban la actividad como optativa y no figuraban en el equip de la universidad. Le contaron que el entrenador sólo practicaba con el equipo A y ocasionalmente con el B, pero eran sus asistentes los que llevaban el resto de los entrenamientos. Que había toda la semana incluyendo sábados y algunos domingos. Habia un enorme gimnasio y una sala de entrenamiento, fisioterapeuta y le explicaron con sencillas indicaciones como llegar desde el edificio donde estaban. El japonés se volvió rápidamente el centro de atención entre sus compañeros no sólo por ser el único bañado de huevo, harida y aceite, sino que atraía la atención de todos, el hecho que fuera japonés y que jugara volley siendo tan bajito. Algunos lo conocían por alguna nota sobresaliente en algún blog de interés en el volley y otros llegaron a presentarse, aunque hubo algunos otros tantos que solo observaban con curiosidad y morbo al extranjero y preferían mantener sus límites.
Después de dos horas de convivencia, tres hamburguesas y solo un vaso y medio de cerveza decidió despedirse. El alcohol y la comida habían dejado somnoliente al de por sí cansado Hinata. Max interrumpió su convivencia para guiar al sucio Hinata hasta el tercer piso, el antepenúltimo, donde estaba su habitación.
—Solo por esta ocasión y porque nosotros te ensuciamos limpiaremos el piso por ti, sin embargo, una vez por semana todos los del piso nos encargamos de limpiar las escaleras y la loceta. No tenemos servicio de intendencia así que somos responsables de mantener el orden.
—No problema —dijo Hinata acostumbrado a hacer el aseo de la escuela desde nivel prescolar.
—Una vez al mes viene alguien de la junta directiva a comprobar que las instalaciones estén adecuadas y hay toque de queda a las diez de la noche aunque puedes entrar y salir cuando te plazca, aunque lo recomendado por seguridad es a las diez. Es muy raro que haya asaltos o robos pero… no se descarta el hecho, recuerda que ya no estás en Japón, aquí las cosas son diferentes —inquirió el americano y Hinata afirmó serio a todo.
—Llegamos —murmuró mientras buscaba en su bolsillo la llave, quedándose parado frente a la puerta 4-G. Debajo de los números había una pizarra con dos divisiones a lo largo donde se leía: "Shoyo Hinata" y debajo de éste "Francisco Sepulveda". Shoyo suponía que ese nombre era el de su compañero. Max giró la llave y dejó que el pelirrojo entrara.
Sus maletas estaban ahí en medio junto a las cuatro cajas que había enviado desde Japón tres semanas antes. Le agradecía tanto a Max por toda la ayuda que hubiera prestado, al grado de anotarse mentalmente invitarlo a comer un día de esos que coincidieran y todo fuera menos caos.
La alcoba era mucho más grande de lo que se había imaginado, pues el hombre representante de la UCLA con el que se había estado comunicando los últimos meses le había marcado con bastante hincapié que una vez terminará el primer año en la universidad ya podría buscar un piso en los edificios fuera del campus para su mayor comodidad pues los dormitorios eran muy pequeños y no querían que Hinata se sintiera incomodo en ningún momento y bajo ninguna circunstancia. No obstante, ahí estaba en una habitación que era cuatro veces la suya en Japón. Dos camas individualess dividas por la ventana. A lado de cada cama había un buro de noche con una lámpara individual. Además de eso, había dos roperos, dos libreros y dos escritorios, una puerta a un costado que era un diminuto baño que tenía apenas una cortina para dividir la regadera del zinc para lavarse las manos y el inodoro. Las paredes eran color crema y las camas estaban desnudas. Todo era demasiado impersonal.
—Cualquier cosa yo estoy en el primer piso en la puerta "B" —le entregó las llaves a Hinata.
—Gracias, Max, de verdad… muchas gracias —sonrió lentamente hasta que el rostro del pelirrojo se iluminó de forma sincera y amable. El corazón de Max dio un vuelco y le pegó en la frente con la palma de la mano. Antes de bufar y salir indignado de aquella habitación.
Hinata se quejó pero enseguida se rió. Buscó en su maleta deportiva una toalla junto con una bolsa donde había llevado jabón, pasta de dientes, un poco de shampoo y demás artículos de limpieza, Tobio le había dicho que era un exagerado pero ahora shoyo se sentía afortunado de no haberlo escuchado pues en el baño no había nada.
Después del baño y de sacar su pijama recorrió la pantalla blanca de la ventana y después la cortina. Todo el edificio contaba con aire acondicionado y calefacción general, mismos que eran regulados de forma automática, decían que era una desventajas para los friolentos pero para Hinata tal como estaba, prefería esa fría sensación térmica. Se tiró a la cama y miró el techo pensativo.
Fue en enero de ese año mientras se preparaba para las finales de la InterHigh, Karasuno volvería a representar la prefectura de Miyagi. Fuese lo que fuese el amargado de Tsukishima había desempeñado un excelente rol como capitán, Tobio había sido su cocapitán. Aunque los chicos de primer año preferían acercarse con Tadashi para hablarle sobre inquietudes porque Tsukishima y Kageyama daban miedo por igual: uno por su aire de elegante indiferencia y el otro por su aire de elegante superioridad. Fue en enero de ese año cuando conoció por primera vez a Robert Callaghan que se presentó frente a él con una sonrisa y una impresionante altura que le hacía recordar a ese jugador africano que se había colado entre las filas de una de las preparatorias de la prefectura.
—Soy Robert Callaghan, entrenador asociado de los Bruins, de la UCLA ¿conoces a los Osos? —dijo un día después de llegar del entrenamiento. Ese hombre con traje gris y sonrisa amable estaba parado en medio de su sala y su madre sirviendo té.
—La Universidad de California en Los Ángeles, en Estados Unidos tiene diferentes equipos deportivos y cada año ofrecemos diez becas a deportistas extranjeros —comentó el sujeto mientras daba modestos sorbos a su bebida, se veía un poco ridículo sentado en los modestos sillones de la familia Hinata sosteniendo con una delicadeza que no concordaba con sus porporciones la tacita de té tradicional japones—. Participamos en la D-I de la NCAA de la liga universitaria de los Estados Unido —los ojos expectantes de Hinata delataban su ignorancia en el tema y Robert prosiguió—. Es decir, es una liga bastante exclusiva a la que solo las mejores universidades del país pertenecen, estar en el equipo titular que juegue en esta división es como un pase para ingresar a algún equipo profesional del deporte que desarrolles —comentó.
—¿Por qué me está diciendo todo esto?
—Porque creemos que tienes potencial para jugar para nosotros Shoyo, el equipo femenil ha dado impresionantes logros en los últimos diez años pero el equipo varonil de voleibol ha decaído estrepitosamente y estamos organizando una contraofensiva, queremos el próximo año retornar a lo que fuimos.
Hinata confundido torció los labios.
—Hay mejores jugadores que yo —dijo sincero Hinata.
—Es cierto, sin embargo no estoy buscando estrellas ni jugadores sobresalientes, estoy buscando jugadores con una característica especial que tú tienes y te sobra. Ven a jugar para los Bruins, Shoyo.
Se había dejado enamorar como el adolescente iluso que era y ahora no podía decir que se arrepentía pero se preguntaba que estaba haciendo a miles y miles de kilómetros de distancia de su hogar. Aspiró fuerte por la nariz y se dejó ir por el cansancio al tanto el jet-lag hacía de las suyas.
Los sueños que tuvo durante su descanso no fueron sueños sino recuerdos de lo que ocurrió después de la visita de Robert a su hogar, la plática con sus padres y el como decidió no contarle a nadie sobre aquello pues no estaba muy seguro sobre lo que iba a hacer, sin embargo de un momento a otro estuvo abrazando la copa del campeonato nacional de preparatoria y después llenando las formas para el visado F-1, así como estudiando para el examen TOEFL que era uno de los diez documentos obligatorios que le pedían en la UCLA.
Dejó de ser un secreto el hecho que planeaba a ir a USA cuando tímidamente le pidió a Ukai-sensei que le ayudará con una de las cuatro cartas de recomendación que solicitaban, las otras tres fueron de diferentes entrenadores con los que había creado cierto lazo através de los años y conocían su desempeño en la cancha. El ensayo que requerían fue un poco más complicado pues pasó alrededor de dos semanas redactándolo. El formulario de aplicación lo llenó el último día en que se debía de llenar y los formularios de la UCLA llegaron apenas tres días después de que enviara los primeros documentos. Había pasado el primer filtro. La solicitud de beca, el record de su desempeño documentado en el voleibol y el vídeo de uno de los partidos fueron sencillos y tuvieron luz verde en la última semana de febrero –pocos estudiantes tenían un curriculum tan interesante como el de Hinata-, para marzo se presentó a la Todai donde tuvo que rendir un examen de índole general que tenía valor internacional. El examen constaba de 300 preguntas necesitaba 130 puntos para poder ingresar al programa que había seleccionado como estudio.
En la segunda semana de marzo llegó su resultado del examen con 142 puntos y lloró feliz sobre Tsukishima y su manager agradecido por haberle ayudado a estudiar, sin embargo no fue sino hasta junio que el paquete completo de documentación ya revisada y aprobada, incluyendo evaluación médica reciente, llegó a manos del comité de becas de la UCLA.
El 5 de julio un sobre blanco llegó a su casa con remitente Los Ángeles, California. La madre de Shoyo por primera vez en mucho tiempo interrumpió a su marido en el trabajo para informarle que iban a hacer uso del ahorro familiar pues Shoyo necesitaba ir a comprar tenis y artículos deportivos nuevos para irse a L.A.
Su madre había sido la primera en negarse sobre la idea de que su hijo se fuera a otro contienente a jugar volley, sin embargo tras hablar Shoyo personalmente con el doctor y llevar a su madre para que escuchara de boca del doctor que no había ningún riesgo, accedió aunque no de muy buena manera, no obstante mientras la señora observaba como la vida regresaba de a poco a su hijo tras cada étapa que cursaba el menor sentía que la vida y la confianza regresaba lentamente hasta ella. No podía decir que había despedido con una sonrisa en los labios a su hijo en el aeropuerto pero las lagrimas que abandonaron sus ojos cuando la espalda de su hijo mayor desapareció tras las puertas que llevaban a la sala de abordaje fueron de felicidad pura. Una parte de ella estuvo resignada un año atrás a que tendría que despedirse de su hijo por causa del cáncer, sin embargo, otra tuvo la esperanza de que Shoyo viviría muchos años más, los suficientes como para que alcanzara sus propias metas, ahora lo estaba logrando.
Cuando despertó Shoyo era media madrugada, la habitación seguía en silencio y sentía el cuerpo entumido. El estomago le dolía del hambre pero no tenía idea de a dónde ir a comer. Encendió la luz de la lámpara y después la luz general de la habitación. Decidió que era buena hora para ponerse a desempacar: libros en japonés, algunos mangas que había llevado consigo y un par de diccionarios que supuso usaría en sus estudios los dejó en el librero que sería suyo. Además colocó unas fotografías: su hermana, el equipo de Karasuno, su familia y otro marco más que estaba vacío, o eso parecía, en realidad tenía la fotografía al revés. Dejó junto a los cuadros la medalla enmarcada junto con el reconocimiento que la escuela había hecho la primera vez que habían ganado las prefecturales y colgó el poster que Hisoka había hecho para recaudar fondos. Ahí aparecía él volando. Éste artículo por sí solo le ocasionaba vergüenza sin embargo, estaba firmados por todo el Karasuno. Un regalo de despedida que Sugawara se había organizado para hacerle: Desde el antipático de Tsukishima pasando por el desagradable de Saru llegando hasta Daichi-san que iba a mitad de la carrera de ingeniería y el propio Tobio. Acarició el nombre de éste último y su estilizada caligrafía en tinta plateada para que resaltara en el negro del fondo:
"Vuela alto"
Pegó su frente al poster sin dejar de acariciar ese nombre. Acariciar esas palabras plasmadas en el papel eran lo más cercano a estar con Tobio, en esos momentos sacrificar realidades por sueños era algo de lo que no se debía de arrepentir. Tomar la vida con tal intensidad que al momento de ver hacia atrás no tuvieras vergüenza de nada. Todo el esfuerzo valía la pena y lo que venía compensaba el camino lleno de púas y veneno por el cual habían cruzado ambos. Aspiró por la nariz fuerte y se enjuagó el llanto que había querido empezar a emanar. Su teléfono estaba cargado y decidió encenderlo.
Llamó a casa para avisar que había llegado bien, le contó a su madre a grandes rasgos todo y a Natsu con un poco más de detalle como era su habitación y como era todo en USA. Tenía pocas horas en Los Ángeles pero tuvo mucho que contar. Después habló nuevamente con su madre y ésta le dijo que había depositado un poco de dinero en su cuenta.
Sin embargo cuando dijo un poco de dinero no se imagino que sería tanto dinero, marcó a su madre esa mañana en que Shoyo estaba en el cajero automático del campus pidiendo explicación y su progénitora le explicó que sus tíos y su abuelo habían cooperado.
—Vas a necesitar libros, computadora y utiles, Shoyo, no queremos que te falte nada… además, también tengo reservado el dinero que me dio Makoto-san —la madre del papá de Shoyo—, ese es por si un día quieres volver, yo te compraré de inmediato el pasaje —dijo con presura como una forma de soborno para que su hijo regresará. Seguía asustada.
Shoyo no pudo evitar sonreír mientras que jugueteaba con el plástico que había ido a sacar junto con su padre a un banco de Tokio, era una tarjeta de débito VISA y otra MasterCard que eran las principales líneas que se utilizaban en USA y con las cuales esperaban poder estar dándole un alivio económico a su hijo. Ciertamente la beca al 100% ahorraba en sobremanera el bolsillo de la familia Hinata, pero el padre de éste se negaba a que su hijo tuviera algún tipo de tropiezo económico. Quería que se centrará únicamente en el deporte y se desproecupará por todo lo demás.
Se despidió de su madre y agradeció a su padre por un mensaje de texto que seguramente leería después. Subió una foto del edificio de las oficinas administrativas en sus redes sociales e ignoró los mensajes que atiborraban Line, solo había abierto el que era de Tobio el cual rezaba un: "suerte", somero y simple, Hinata en cierta manera esperaba menos que eso, y le aliviaba, al mismo tiempo, que fuera así de escueto. Había escuchado de varias personas que las rupturas en las relaciones eran terribles sobre todo cuando existían presuntas infidelidades, también le habían dicho que una vez terminabas con tu pareja no podría ser nada jamás como había sido antes, sin embargo Tobio y Hinata eran el ejemplo vivo de la cordialidad entre exnovios.
—¡Shoyo!
—¡¿Hanzel?! —aulló Hinata mientras que veía saliendo por la puerta del edificio de las oficinas administrativas al setter americano.
—¡Shoyo! —chilló éste mientras que bajaba los escalones de dos en dos para tirarse sobre el pelirrojo y ambos se abrazaban efusivamente—. ¡¿Por qué no me avisaste que ibas a llegar tan pronto?! —dijo en japonés el mayor.
—¡Pensé que te habían dicho!
—Para nada —agitó la mano Senikov—. ¿Ya te instalaste? ¿Qué tal el vuelo? ¿Ya fuiste a darte de alta al registro? ¿Cuándo te presentas a los entrenamientos? —cuestionó mientras que le tocaba los hombros y la cara—. Por dios, haz crecido un montón.
—¡Qué dices! —Shoyo empujó a Hanzel con una sonrisa. Sus mejillas se habían coloreado y no podía evitar sentirse sinceramente feliz y alegre de haber encontrado un rostro familiar entre tanto desconocido, además que agradecía un poco de su idioma natal. El inglés ya lo hablaba con más fluidez del que hubiese creído en algún momento que lo haría (durante su año de incapacidad por el cáncer había estudiado un montón de literatura japonesa e inglesa gracias a Hisoka, y gracias también a esta había aprendido bastante inglés, le había encontrado gustito al idioma, gracias a ella no se había negado a estudiar en USA por incapacidad de hablar el idioma).
—¡Luces radiante! —admiró Hanzel observando de pies a cabeza al menor—. ¡¿Qué te hiciste en las orejas?! —chilló jalándolo de una para inspeccionaar los pendientes que llevaba ahí—. ¡No pudes entrenar con eso! —señaló mientras corroboraba que el arete, porque solo llevaba una perforación, fuese real y con desilusión –e indignación—se dio cuenta que sí era real, aunque eso no fue lo más importante, le tiró de la camisa de tirantes que llevaba puesta—. ¿cuánto estás midiendo?
—Uno ochenta y algo —sonrió nervioso el pelirrojo mientras que avergonzado se rascaba la nuca rapada por el corte que usaba ahora. Hanzel por su parte apretaba los brazos fuertes del rematador así como el pecho firme y el vientre plano, endurecido por el entrenamiento aunque cuando bajó un poco más, se quedó frío y apartó la mano con rapidez, Shoyo se había puesto rojo y ambos fueron un poema de todas las tonalidades del rojo que existía.
—No importa no importa… el punto es que llegaste y estás aquí. ¿Ibas a las oficinas administrativas? —preguntó curioso señalando el edificio detrás de él.
—Sí, debo de ir a entregar documentación de la escuela preparatoria, examenes médicos, alta del seguro y recoger mis horarios de clases junto con los horarios de entrenamiento.
—Vamos —sonrió—. Te daré el honor de que te acompañe.
Shoyo se rió cantarín mientras que agradecía, se sentía más tranquilo con un rostro familiar no solo dentro de la escuela, sino dentro del equipo y del propio país.
Hanzel le confirmó lo que los chicos en los dormitorios le habían dicho: Tenemos dos equipos principales el A y el B, sólo el A participa en los juegos de la D-I, el B hace juegos internos y contra algunas otras universidades, hay un equipo C que es de suplentes y jugadores que solo están inscritos para obtener puntos optativos pero nada más…
La información no le cayó del todo bien a Hinata cuando se dio cuenta que debía de empezar desde abajo, aunque ya se lo esperaba, era totalmente consciente de esa realidad y no le abrumó en lo absoluto, al menos no más de lo que ya se encontraba abrumado. Cada vez que pensaba en tener que acoplarse con un nuevo equipo y pensar que probablemente no podría adaptarse y tendría que volver a Japón derrotado un nudo se le formaba en el estómago, algo ácido subía y bajaba ocasionando una sensación de malestar. Era la presión o el hecho de que no había comido a sus horas desde hacía dos días seguidos, sin contar las horas del sueño malogradas gracias al idiota Jet-lag, esperaba regularse pronto o al menos antes de que tuviera que presentarse a los entrenamientos.
—Por cierto, Shoyo, ¿Cómo seguiste con lo de Tobio? —preguntó Hanzel mientras entragaban al edificio y ambos suspiraron aliviados ante el resguardo del aire acondicionado. El calor afuera era terrible.
—Decidimos terminar —expresó sincero y cabizbajo buscando los documentos en la mochila que llevaba colgando a un costado—. La sub-19 al final le puso un ultimátum, no de forma textual y directa porque sería discriminación, pero pasó tres juegos oficiales en la banca después de que el entrenador durante una visoria le preguntará abiertamente si era homosexual frente a todos sus compañeros —recordaba el momento incomodo mientras apretaba la mochila. Suspiró.
—¿Qué hizo Kageyama?
—No respondió, no tenía porque, hay legislaciones incluso para nosotros que aún somos menores de edad que nos da el derecho de profesar nuestras preferencias sexuales sin embargo… —alzó los hombros Hinata—. La homofóbia aún sigue siento tabú en Japón, Hanzel —jugó con sus pies y suspiró.
—¿Y de verdad para ustedes estuvo bien terminar así como así? —preguntó sinceramente irritado el americano.
—No es terminar así como así, Hanzel… hay… muchas cosas que estuvieron involucradas después de que ocurrió eso. Kageyama siempre tuvo problemas con sus papás, y en la escuela empezaron a molestar, después los rumores… —suspiró un poco abatido—. Al final trataba acercarme a Kageyama pero Kageyama tiene esa tendencia a creer que él debe solucionar todo por sí mismo, ahora me doy cuenta que tuve la culpa por no saber acercarme o no haber insistido más —se restregó el rostro esperando su turno—. Las cosas ahora parecen estupidaz pero en ese momento fue un verdadero caos…
—¿Aún lo amas, no?
—¿Podríamos simplemente hablar de otra cosa?
—¿Lo interpreto como un sí o un no?
Hinata suspiró mientras que veía hacia la ventana y sonreía—. Más que a la vida misma —resolvió Shoyo.
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Notas:
LAX: Es el nombre que se le da al principal aeropuerto de Los Ángeles.
Visa: A los mexicanos y otros países se le solicita visado para ingresar a USA sin embargo Japón figura entre los países que no necesitan una visa especial emitida por migración de este país. Sin embargo como Hinata va a residir en USA por más de seis meses -que es lo legalmente permitido para turistas- sacó una Visa F-1 que es para estudiantes. Es más sencilla cuando una universidad te pide.
Freeway: Son carreteras que conectan partes de las ciudades entre sí pero también son carreteras para desplazarse hacia otras ciudades. La distribución de las ciudades y las zonas de las grandes metrópolis en USA es bastante curiosa. Por ejemplo, un tiempo viví en Huntington park y podía llegar al centro de Los Ángeles cruzando por otras ciudades como Venon, o bien podía tomar un freeway y llegar hasta el centro.
Uber: Son servicios de transporte privado que se maneja desde una aplicación en el teléfono, son algo así como los taxis pero en USA el servicio de taxi es sumamente costoso, así que en zonas como Los Ángeles donde el metro a veces es mucho muy peligroso y el autobús muy tardado el Uber ha tenido un auge imprescindible. Su pago puede ser en efectivo o por medio de tarjeta de crédito dada de alta en la misma aplicación.
Idioma: Hinata habla inglés, pero con Hanzel se está comunicando en japones porque recordemos que Hanzel estudió en Japón un tiempo.
UCLA y Bruins: Los datos colocados son reales, el equipo de voley femenil es excelente, el varonil no tanto. No tienen un Hinata con ellos.
Referencia apariencia Hinata: He sacado la referencia de su apariencia y altura de una serie de fanarts del artista japones "Kou", en tumblr aparece como 0u0b, no puedo dejar el link pero por ahí ruedan esos fanarts. En mi página de fb estaré subiendo algunas referencias al respecto. ¿Ya me siguen? Recién la abrí: GoldDigger o como "diagonal"TiaYukiona tengo una carita feliz azul y un hermoso Chikara de portada.
¡Gracias por leer!
Nos vemos en una semana
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Gracias por leer.
St. Yukionna.
Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.
