Descarga de responsabilidades: Haikyuu!, no me pertenece a mí -obvio-. Le pertenece a la gente que lo hace (?

Advertencia: Ocs. Cáncer. Depresión. Angs. Parejas crack. Desamor. (? No beteado.

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Las mil plumas del cuervo

St. Yukiona

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16.- Sobre Bukowski y la Comic-Con.

Kageyama Tobio.

Jugaba con el número 17 dentro de la sub-19, con el número 10 en la selección de la universidad. Los tabloides solían sacar fotografías de él debido a que la concentración que mostraba dentro de la cancha era totalmente atrayente, una belleza que figuraba entre los diez deportistas con atributos físicos significativos (por llamar de una forma moderadamente no vulgar al nombre real que le habían dado a esa lista: Los atletas más calientes). A Iwaizumi se le daba mucho mandarle por Line a su mejor amigo cualquier tipo de nota referente a esto para que el castaño se mordiera los nervios exasperados. Cualquiera que negara el atractivo varonil de Kageyama Tobio sería un completo sofista porque por más que se quisiese hacer sólo reconocimiento a la forma endemoniadamente perfecta con la que jugaba debía de mencionar que además era guapo. Casi como si fuera un crimen ser bueno jugando y ser un foco de atención.

—¿Vas a salir a festejar la victoria, Kageyama-kun? —preguntó uno de los sempais de la selección mientras el resto del equipo se distribuía entre vestidores y regaderas. Tobio era el que más rápido se alistaba para salir. Además de entrenar para la Sub-19 jugaba para la universidad T que tuvo que elegirlo a él después de que Oikawa se negará a regresar a ellos.

—No, tengo entrenamiento mañana temprano —respondió de forma tajante aunque amable.

Su voz había vuelto plana e inexpresiva y había cierto tono acido en su mirada cuando lo veías por primera vez. Estar en esos vestidores no era el mejor lugar muy a pesar que toda su vida había soñado con formar parte de ese grupo selecto que le permitiera seguir jugando en el siguiente escenario. Ahora estar ahí, en ese resinto, usando el rojo y blanco del uniforme, portando un número y botando una pelota en nombre de una Federación homofóbica, lo enfermaba. Pero dejar de hacerlo y darse a las pasiones de sus sentimientos sería traicionar sus sentimientos hacia Hinata. Traicionar un sueño y su propósito de vida. Jamás pensó que en algún momento de su vida iba a existir algo tan poderoso que lo hiciera dudar de su propia lealtad hacia el volley pero ahí estaba: molesto, constipado, casi iracundo.

"¿Y tu amigo el de Karasuno?" Había preguntado el entrenador dos semanas antes de ese partido de entrenamiento. "Ese que es bueno para saltar"

"¿Hinata?" Cuestionó Kageyama mientras que apretaba los puños.

"Sí, ese"

"En California, fue becado por la UCLA para jugar con su equipo"

"¿Y siguen siendo amigos cercanos, Kageyama-kun?"

"Lo normal, señor, sólo lo normal"

Y por consiguiente, como efecto rebote a sus palabras ahora tenía los músculos tensos y adoloridos por la exigencia física, casi inhumana que requería el nivel de la sub-19 durante los partidos aunque estos fuesen de práctica.

—Suerte entonces, no te esfuerces —pidió el sempai con una sonrisa mientras que volvía su atención para acomodar sus cosas.

—¿No será que te quieres ver con tu novia, Tobio-kun? —preguntó uno pero antes de que acabara de hablar el aludido ya se encontraba cerrando la puerta.

Nishinoya, el líbero oficial, y quizás el más cercano al Rey, sencillamente acentó un golpe en el hombre del que había abierto la boca y se apresuró para ir tras Kageyama, iban hacia el mismo campus al otro extremo de la ciudad y el mayor se sentía más tranquilo cuando podía estar supervisando a Kageyama, era como si ese lado paternal de Sugawara se le hubiera transferido a él pues no sólo se encontraba atento a Kageyama sino también a Tsukishima que jugaba en la misma liga. Estos tres junto con Ushijima habían pasado el corte en la prefectura para formar parte de la selección, aunque no se llevaban a todas luces con el exalumno del Shiratorizawa después de cuatro meses jugando y entrenando tres veces por semana había menos resistencia a una sana convivencia o lo más cercano a ello.

—Kageyama —habló Nishinoya mientras que se apresuraba a mover sus piernas cortas para quedar a la par del moreno que rebuscaba en su celular las últimas noticias en redes sociales.

—Nishinoya —saludó el menor mirándolo de reojo. Empezaron a caminar a la par.

—¿Qué tal se siente jugar después de tres meses en banca? —preguntó con una sonrisa grande y llena de satisfacción buscando alentar el buen humor de su kohai.

—Bien —repuso silente el menor mirándolo de reojo. Guardó el móvil con un suspiró sin dejar de avanzar, el túnel se mantenía en una tenue penumbra, al fondo se podía observar la luz. No es que no amase jugar, sencillamente odiaba hacerlo condicionado. Ese partido lo había sentido como una especie de premio que se le da al perro cuando deja de orinarse dentro de casa. No tenía intenciones de expresar sus pensamientos con nadie realmente, expresarse abiertamente sobre su orientación, el amor que sentía hacia Hinata y lo mucho que lo necesitaba lo habían llevado en primer lugar a esa pequeña vórtice en la que ahora se encontraban y en cambio se preguntaba si de haber cerrado la boca y no haber dicho nada algo hubiese cambiado en la realidad que ahora vivían.

¿Quién podía saberlo?

—¡Oh! La habitación de Shoyo mola un montón —gimió Nishinoya emocionado mientras que Kageyama giraba la mirada casi condicionado a reaccionar al nombre de su exnovio pero enseguida tuvo el celular en la cara y tuvo que alejarse antes de estamparse contra la pantalla táctil del dispositivo del mayor.

En efecto, en la pantalla una fotografía puesta en el Instagram del nuevo Pequeño Gigante, en ella se apreciaba la parte que le correspondía: El librero ya con varios tomos, la medalla en el marco, algunas fotografías, en la pared el poster del Karasuno junto lo que parecía ser el "decálogo del as" y un corcho con algunas anotaciones, el escritorio pegado a la pared junto al librero tenía una lámpara y una laptop cerrada, la cama acomodada. Era una buena fotografía tomada con la calidad que una red social como Instagram requería, pasada por un filtro que seguramente algún asiduo a la aplicación reconocería pero que a los ojos de Kageyama no era más que un efecto que daba un aire nostálgico, antiguo, desprendía cierta tristeza la lejanía de conocer el día a día de la realidad de Hinata por medio de fotografías y no en vivo.

El moreno tragó saliva. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que el mayor había partido de Japón? ¿Cuatro días? ¿Una semana? Quién lo iba a saber.

Nishinoya apartó el celular y enseguida se puso a textear para comunicarle su opinión acerca del arreglo del lugar.

Kageyama reflexionó un momento más hasta que escuchó una nueva exclamación del líbero, esperó paciente a que se tratara algo más sobre Hinata, tenía hambre de él y cualquier noticia suya por pequeña que fuera siempre le aligeraba la carga emocional.

—Dice que entra hasta el próximo mes a clases, para agosto… —chilló Nishinoya.

—¿Estás hablando con él? —preguntó Tobio tratando de leer la conversación de forma discimulada.

—Por el inbox de esta cosa —respondió el mayor, la ventaja de Nishinoya es que su propia personalidad acelerada hacía que escribiera más rápido que el promedio y por ente la conversación fuese un poco más fluída, aunque al parecer Hinata era el que tardaba en responder—. Acaba de volver de conocer el letreto de "Hollywood", dice que mañana irá con Hanzel al Paseo de la fama y por la tarde se juntará con el equipo de volley para hacer las presentaciones —inquirió con emoción extaciada.

Y el gesto de Kageyama no se pudo volver más ácido de lo que ya lo tenía ante la mención de Hanzel.

El maldito y bastardo Hanzel Senikov.

1. Me alegraba de no estar enamorado, de no ser feliz con el mundo. Me gustaba estar en desacuerdo con todo. La gente enamorada a menudo se ponía cortante. Perdían su sentido de la perspectiva. Perdían su sentido del humor.

Kageyama invirtió el resto de su tarde y noche en abrir cuenta en Instagram siguiendo tutoriales de YouTube, abrió Twitter y Facebook, también un blog en WordPress y hasta un DeviantArt; tuvo que darse a la tarea de hacer una investigación exahustiva sobre la forma más adecuada para "espiar" sin levantar sospechas. La manera más recomendada que lo convenció fue volver las redes sociales en redes genéricas sobre un tema pues de abrir perfiles fake terminaría siendo baneado o dado de baja por los servidores, es decir, en todas las redes sociales en lugar de colocar su nombre se dio de alta como: "Amantedel Volley".

Empezó a seguir las páginas más populares de volley universitario en USA sorprendiéndose al ver que el movimiento del volley a nivel universitario en aquel país era tan grande como lo era en su país, quizás a un punto más grande, un grado más profesional y serio siendo que a los estudiantes más sobresalientes dentro del equipo representante titular se les pagaba, además de la beca (como en el caso de Shoyo) cierta "módica" cantidad de dinero por los patrocinadoes que entraban a invertir en el equipo. Había varios jugadores que tenían firmas para hacer campañas en redes sociales y otras a mayor escala de publicidad para sponsor s como Nike o Adidas, la comercialización del deporte era similar al de Japón y por breves momentos Kageyama se sintió tranquilo de saber que Hinata tenía la posibilidad de sobresalir.

No.

Hinata iba a brillar y volar alto como siempre lo había hecho.

Además de dichas páginas, el moreno encontró en una entrevista hecha por la gaceta de la UCLA las redes sociales de Hanzel, pues era uno de los practicantes de entrenador, al parecer Hanzel no jugaba a menudo como titular, pero si que estaba de manera activa como asistente de uno de los asistentes del entrenador principal, y al ser cartismático por naturaleza era uno de los principales focos de atención de los fans. Así que también acabó por descargar "Snapchat" en su celular. La suerte le sonrió cuando notó que todas las redes de Hanzel estaban "publicas", así que enseguida que dio "seguir" tuvo acceso a su actividad en los últimos cuatro días que eran los que más le interesaban al menor.

"Kageyama-kun, ¿no vas a venir a cenar?" preguntó Tadashi desde la sala del piso que compartían los tres cuervos del Karasuno: Tadashi, Tsukishima y Kageyama, sólo los dos últimos asistían a la universidad, el primero tenía un trabajo de medio tiempo en una tienda cercana al campus, en su tiempo libre asistía a una escuela de preparación para volver a presentar el examen a la Tohoku el siguiente año.

—Estoy ocupado —respondió alzando la voz pasando rápidamente su dedo por la pantalla de su celular llenándose de celos y rabia.

Viajaría a América a partirle el cuello a ese rubio de mierda.

2. Gas, dijo él, ámame. Bésame, besa mis labios, besa mi pelo, mis dedos, mis ojos, mi cerebro, hazme olvidar.

Despertó en medio de la madrugada con la sensación de una erección rosando contra la tela de su pijama, estorbándole y haciéndole sentir incómodo. Los recuerdos de los meses pasados hacían mella en su consciencia y acudían a él de forma desagradable. Su boca sobre la de Shoyo, su lengua recogiendo el sabor del mayor y los labios trémulos chocando inexpertos uno contra otros, el contacto electrizante de las pieles y el modo fébril en que ambos se encontraban cada vez más osados hasta que habían llegado a romper la barrera del pudor. Así jadeante como se encontraba acabó por llevarse una mano a la dureza de cuerpo para hacerlo desistir de ese calor. Era inútil tratar de ignorar la acumulación de deseo.

Cerniendo su mano alrededor de su miembro que parecía más sensible de lo que hubiese recordado. No era la primera vez que ocurría, en el último mes había tenido que recurrir a la estimulación directa debido a que parecía empalmarse cada vez que alguien mencionaba a Shoyo. De haberlo tenido ahí aunque hubiera pensado el pelirrojo que era ridículo se hubiese arrastrado para mendingar por uno de esos besos.

Los recuerdos nuevamente jugaron un papel importante cuando tuvo que acelerar el movimiento y morder la almohada fue necesario en el instante en que su voz más animal empezó a brillar al fondo de su garganta. El calor acumulándoe y un Shoyo diciéndole "Te amo, Tobio", los tobillos torcieron y los dedos de sus pies se tensarón antes que el delicioso dolor previo del endurecimiento de su testículos acabara por anticiparle que el triste orgasmo llegaba, llegaba para desperdigarse en su mano y sobre sus sábana. ¿A caso era un quinceañero al que le llegaba la calentura por haber visto una porno? No, era mucho peor. Era un chico que estaba a punto de cumplir 18 años y se había devorado cada imagen que su exnovio había subido en los últimos cuatro días en sus redes socials.

Hundió el rostro en la almohada y aspiró profundamente, el olor a chicle y jazmín del jabón y el shampoo en conjunto le hacía recordar que cuando Shoyo iba a dormir a su casa dejaba un aroma similar en su almohada. Se maldijo y en silencio meditó su desgracia.

El hombre veía el abismo, pero el abismo también lo veía a él.

3. Las personas amorales suelen considerarse más libres, pero a menudo carecen de la capacidad de sentir o de amar.

—Kageyama, ¿no tienes clases a primera hora? —preguntó Yamaguchi mientras servía jugo en un vaso para acercarse hasta el pequeño comedor para cuatro personas.

Tsukishima se había ido mucho antes de que los otros dos compañeros se despertaran. Si le preguntaban al rubio porque había decidido vivir con alguien que le desagradaba tanto como Tobio había dicho que era comodidad: Malo conocido que malo por conocer. El rubio había escuchado muchas cosas sobre locos que terminaban por asesinar a sus compañeros de habitación, así que prefería el mal genio de Kageyama que a un sujeto desconocido.

Además Tadashi siempre era un alicante que sabía sobrellevar las situaciones tensas que por suerte no eran muchas, por el contrario, se vio observando con buenos ojos a un Kageyama pacífico. Quizás se debía a la ruptura con el enano, no era asunto suyo andar cotillando sobre la vida homosexual y privada de su compañero, pero claro que había sido todo un gitazo cuando de pronto un día se aparecieron en la escuela preparatoria por separado y alguien dijo: "Kageyama ¿es cierto que se te confesaron? ¿No se va a enojar, Hinata?", y el moreno sin alzar la mirada respondió un escueto: "No somos novios". Tajante y directo, incluso para Tsukishima había sido bastante desagradable ver como el gesto se le descompuso a Hinata, pero suponía que era mejor dejar las cosas claras que permitir que se salieran de control en chismes a los que se le agregan y quitan consistencia cuando pasan de boca a boca.

A pesar de la ruptura la calidad del juego de uno o del otro no cambio en lo absoluto. Seguían siendo una escalofriante pareja dinamita que había dejado en racha al Karasuno, debía de admitir, que los dos se habían portado lo suficiente maduros como para su vida privada no afectara en lo más mínimo al equipo. Tiempo después, como se esperaba el rubio, los rumores en torno a la ruptura de la pareja homosexual de la escuela y campeones de volley cayeron a montones; sin embargo el favorito entre las chicas era una infidelidad por parte de Kageyama. Hinata que cumplía con el favor y el amor del ojo público por su dulce y extrovertida forma de ser debía ser la víctima del cruel rey que se había aburrido y lo había cambiado por Tomoe-senpai, una hermosa criatura que era capitana del equipo de volley femenil en ese momento. La gente confundía sus breves conversaciones sobre el uso de la cancha y el gimnasio con pláticas de otra naturaleza. Sin embargo Tsukishima al ser compañero novel de la sub-19 de Kageyama enseguida supo deducir de dónde partía la repentina ruptura de la parejita.

—¿No hubiera sido más fácil quedarse callados y guardarse su romance a puerta cerrada? —preguntó un día Tsukishima mientras que guardaba sus cosas en su casillero. Se habían quedado a solas y Kageyama había cometido más errores de los usuales.

Un día antes habían discutido Kageyama y Hinata sobre cuestiones absurdas, una clara tensión era la que existía entre ellos.

—Ocultar lo que siento por Shoyo no es algo a lo que esté dispuesto a hacer —refirió también sin mirarlo abrochándose los zapatos—. Además, fue Hinata el que decidió por los dos —sentenció antes de ponerse de pie y marcharse del vestidor.

Cuando el momento de buscar apartamento llegó, no le fue difícil ir directamente con su subcapitan y exponerle que había encontrado un lugar perfecto cerca del campus, pero la renta era elevada—. Entre tres se puede cubrir perfectamente el arrendamiento que incluye las facturas de uso.

Kageyama, que en cualquier otro momento pudo haber dicho no, o sencillamente se pudo haber tirado por la ventana hacia el piso rezando caer de cabeza para morir al instante, tomó la tablet que el rubio le mostraba y revisó el lugar.

—Pero solo hay dos habitaciones, y no estoy dispuesto a compartir contigo cuarto aunque durmamos en literas —amenazó sincero Kageyama.

—Tú no compartirás habiración con nadie —sentenció el rubio serio.

Y dos meses más tardes Tadashi, Kei y Tobio se encontraban acomodando sus pertenencias en aquel bonito y amplió lugar, un juego de llaves quedó extra y Kageyama lo guardó para sí. Era el repuesto por si las suyas o la de los otros se llegaban a perder, o al menos ese era el propósito de ese par extra de llaves.

Kageyama bostezó y negó ante la pregunta de Tadashi. En Tokio eran las 8.00 am y en Los Ángeles debían de ser las 3.00 pm del día anterior (Hinata vivía en el pasado por un día de diferencia). Su última publicación había sido a las 2.30 pm, media hora antes de que Kageyama despertara y había sido una fotografía que compartió en Instagram de una hamburguesa de In ' n Out, de fondo se leía un letrero: "Sunset boulevard". Tuvo que investigar en google y descubrir que era una avenida famosa y centro turístico. Esperaba impaciente para que subiera algo más pero al parecer seguía comiendo.

Tadashi se sentó a su lado con su jugo entre sus manos y miró directamente al moreno.

—Sugawara habló con Hinata.

Tobio alzó la mirada.

—Sí, también habló con Nishinoya —murmuró dejando el celular de lado, el armador era enemigo de la gente que usaba los teléfonos mientras tenía a alguien más al frente.

—¿Y tú no has hablado con él?

—¿Para qué?

—No sé, saber cómo está —indicó el castaño recogiendo entre sus dedos un pedazo de plátano que engulló masticando con calma.

—Sé que está bien, y seguramente Sugawara-san y Nishinoya ya le han dicho que estoy bien. No encuentro el caso de hablar con él.

—Suenas muy confiado en eso, Kageyama —murmuró el pecoso mientras que suspiraba—. No es asunto mío, ni mucho menos pero creo que te sentirías menos estresado si tan solo hablarás con él. Un "hola" o "suerte", no lo sé —observó su jugo—. Así como te sientes tú debe de sentirse Hinata.

—Él fue el que-

—Sí, probablemente él haya sido el que decidió terminar contigo, Kageyama, pero no seas ingenuo y quieras culpar de todo a Hinata, sus motivos debió de haber tenido, y los debes de conocer mejor que nadie —Tadashi bebió su jugo completo y se concentró en volver a comer.

Los labios de Tobio se torcieron y pegó mejilla a su mano mientras que clavaba los ojos azules en el vaso de leche que se había servido pero que seguía intacto.

—Sigues amando a Hinata, y tienes dos opciones: Pelear por él u olvidarlo. De otra manera aunque digas que tienes una vida "normal" y por fuera luzcas "normal", dentro de ti será otra historia —rezó Yamaguchi masticando, sus ojos estaban en el periódico matinal que Tsukishima seguramente había dejado sobre la mesa, sabía que al castaño le gustaba leerlo por las mañanas por mero hobby—. Las lágrimas que no se lloran esperan en pequeños lagos. ¿O serán ríos invisibles que corren hacia la tristeza? Me lo dijo un día Hinata, el día de la fiesta en su casa antes de que se fuera para Los Ángeles, aunque… no creo que hubiese querido decírmelo a mí, Kageyama.

Tobio se quedó callado sin saber que responder. El dolor le mordía los huesos y le fracturaba el alma, era cierto, pero también era cierto que ya llevaba cerca de siete menos luchando con todo el asunto. Aunque antes era pelear contra la corriente sabiendo que había una pequeña posibilidad de que ese amor perdurara, ahora desde que Hinata se había marchado al otro lado del mundo se había convertido en una rama flotando contra el capricho del mar.

—Siempre puedes escoger la decisión más dolorosa y larga, pero volverte libre: encuentra a otra persona y pelea contra tus sentimientos hasta que te convezas de que olvidaste a Hinata —agregó Yamaguchi. Y Tobio se incorporó molesto. No con su amigo. Sino con él porque por breves momentos consideró viable esa opción.

4. Querida, encuentra lo que amas y deja que te mate. Deja que consuma de ti tu todo.

—¡Saque asesino! —chilló alguien desde el fondo de la cancha y Tobio aguantó la respiración para enseguida abrir los ojos, alistarse y tirar el balón. En realidad nadie había gritado. Sólo había sido su imaginación torturándolo y dándole aliento, habían pasado meses desde la última vez que Hinata y él habían compartido cancha pero aún así su voz y su presencia seguía siendo nítida en su recuerdo, aún por reflejo solía levantar la pelota con la esperanza de que al rematar la hermosa figura esbelta y pequeña del mayor se delineara detrás de él, volando alto sobre la red y estampando el esférico al otro lado en el campo enemigo.

Pero nunca era así.

Jamás volvería a ser así.

Y él debía de acostumbrarse a los bordes toscos y brutos que dibujaba Ushiwaka con su potente remate. La sensación de desagrado no se comparaba con nada que hubiese tenido que experimentar hasta ese momento, pero se compesaba todo cuando llegaba la hora de dormir y se aferraba a la sudadera del Karasuno, esa que en algunos momentos había disfrazado el cuerpo desnudo de Hinata en pro de mantener el calor y las ganas de mantenerse lúcidos en la lucha.

—¡Bien Kageyama! —rugió alguien.

¿Era real o solo la voz madura y desgastada del que había tenido el veneno en su garganta y ahora estaba al otro lado del mundo?

La ausencia de Hinata lo iba a matar, y él se dejaría morir sin oponer resistencia si con eso podía hacer que el pelirrojo se volviera a manifestar frente a él.

5. Ojalá coincidamos en otras vidas, ya no tan tercos, ya no tan jóvenes, ya no tan ciegos ni testarudos, ya sin razones sino pasiones, ya sin orgullo ni pretensiones.

Kageyama 1.25 a.m.:

Ojala nunca seas titular.

Se aterró ante la idea de haber sido capaz de envíar semejante mensaje de odio por medio de Line, pero se alivió al segundo siguiente al recordar que el móvil de Hinata a donde lo había enviado ni siquiera era el que tenía Hinata en esos momentos. De hecho, el pelirrojo había cambiado de número dos veces desde que habían decidido terminar, en ambas ocasiones el número 10 del Karasuno entregó personalmente y en mano su nuevo número al armador, pero éste siempre hizo con el papel lo mismo que hacía con los sentimientos humanos que le sobrecogían: arrugarlos y tirarlos a la basura.

En un principio tuvo la determinación aplastante de arrancar de cuajo el corazón que latía en su pecho. Sustituirlo con una maquina si eso era humanamente posible, incluso incursionar en algún otro cuerpo, dejar que en su pecho reposaran otros quereres, que sus manos aprendieran sobre otras texturas, pero con los meses se dio cuenta que todo intento de olvido era imposible, y que terminaba siendo más miserable de lo que realmente merecía serlo.

Kageyama 1.26 a.m.:

Mentira. Espero seas titular pronto.

Te amo.

Buenos días.

6. Hicimos el amor. Hicimos el amor en medio de la tristeza.

Acomodó sus rodilleras, ajustándolas por detrás de sus piernas y abrochando cada cintilla en su lugar. Concentrado masticaba goma de mascar para discipar la ansiedad que le harían pasar sus compañeros (estaba seguro que le harían pasar un mal rato durante el partido), había descubierto esa estrategía para soportar el impulso de hacer levantadas imprudentes gracias a Hinata quien lo sugirió un día después de un entrenamiento durante tercer año de preparatoria cuando uno de los chicos de segundo se quejó con Ukai-sensei ante las levantadas exigentes de Kageyama pues cuando se sentía muy presionado regresaba a los malos hábitos del rey que gustaba de oprimir a su pueblo.

Infló un globo de fresa y lo reventó volviendo a masticarlo. Peinó hacia atrás su cabello, hizo un par de flexiones solo para asegurarse que todo el equipo de protección hubiera sido puesto bien y enseguida caminó a la salida de los vestidores.

—Kageyama-kun, ¡ánimo! —gritó el capitán que se terminaba de colocar la camisa que lo designaba como tal.

El equipo debía salir en conjunto como una manda a la cancha sin embargo Kageyama se sofocaba en los vestidores y solía adelantarse al pasillo en cuanto terminaba de prepararse, allí esperaba a que el resto del equipo terminará de alistarse mientras él se concentraba en el movimiento de su mandíbula, su respiración y la tortura que era saber que Hinata no jugaría con él, que ni siquiera estaría ahí para verlo en un escenario más grande del que habían compartido.

Lo más cercano que tenía al pequeño rematador era la sensación que le había dejado debajo de la piel, entre los músculos, mordiéndole los huesos, el veneno al final de su garganta y la inmunda tristeza que lo estaba consumiendo de a poco.

Jamás lo iba a superar.

Hinata Shoyo

Era difícil. Dios, era demasiado difícil. Más de lo que había creído que sería. El sudor le recorría el rostro y se le colaba por el rabillo del ojo haciéndole enrojecer todo el globo ocular. Ardía su cuerpo y su espíritu, pero era justamente eso lo que buscaba: arder para consumirse, consumirse rápidamente y desaparecer.

Lo iba a superar.

—¡Shoyo! ¡Es tuya! —gritó alguien desde un costado de la cancha mientras que el Pequeño Gigante se impulsaba sobre sus dos pies para dar uno de sus impresionantes saltos que hacían enmuedecer a todos, la tensión de sus homóplatos, el modo en que los músculos se estiraban al límite y en que los huesos parecían endurecer para concentrar la fuerza y dejarla libre en el momento justo del impacto.

Los bloqueadores también saltaron casi en reacción instintiva ante el movimiento del más pequeño. Sus manos se alzaban dando la ilusión de que se hacían más largos y podrían incluso, si se lo proponían, tocar el alto techo del auditorio donde eran los entrenamientos del equipo secundario de los Bruins de UCLA.

Dentro de la cancha el tiempo corría con mayor lentitud de la que realmente era. Un set podía durar cinco minutos para el espectador que desde fuera era testigo del ir y venir del balón, pero para los gladiadores que se embatían dentro de la cancha era una eternidad donde cada movimiento por mínimo que fuese era una ficha que podía ser la gloria o derrota personal (y por ende, del equipo también). En todo caso, Hinata se había entrenado desde su nido en Japón para no tener que depender solo de las jugadas de un rematador o de la colaboración de un equipo que dispusiera el mejor terreno para que el pudiera volar. En algún punto había dejado de ser la "Carnada definitiva" para volverse un as. Uno auténtico y original, que pese a su pequeña estatura, se compensaba con sus fuertes piernas que lo habían trasladarse a una velocidad impresionante, hasta irrisoria. Al entrenador le había nacido un brillo particularmente alegre en los ojos mientras una sonrisa torcida aparecía en su boca. Hinata Shouyou había sido una excelente inversión como le habían contado.

Hinata no era el primero ni el único japonés que era "comprado" y llevado a América para jugar, usualmente las escuelas desde la preparatoria lo hacían, y en el mundo universitario esa práctica era totalmente recurrente. Los hijos del tío Sam tenían especial gusto por girar sus ojos hacia los páises asíaticos donde sabían que los entrenamientos solían ser más duros y el sentido de la responsabilidad, orgullo y honor eran más arraigados que en cualquier otro lugar. A Hanzel Senikov lo conocía por ser el hijo del entrenador de baloncesto de esa misma universidad, y muchas veces lo había visto jugar durante la Middle School, pero fue durante el torneo del Grand Prix en Holanda que se dio cuenta el nivel que había ganado tras su paso de un año y medio en Japón. El reclutador y entrenador no dudó entonces en abrir sus puertas gustoso a talentos que por uno u otro motivo eran rechazados pero que él con gusto podía sacarles brillo hsta que fueran más brillantes que el sol mismo.

—Hinata, ve con más calma —ordenó el hombre que sentado en una silla plegable con un termo de Starbucks veía el entrenamiento. Sus ojos azules fijos en la figura del rematador que agitaba su mano para relajar la muñeca que debido al fuerte impacto con el que había rematado la sentía ligeramente entumida.

—Sí, señor —respondió el pelirrojo corriendo a su puesto mientras chocaba los cinco con algún otro compañero.

Al entrenador la imagen que le habían vendido sobre los japoneses era totalmente diferente a los que había en su planilla. Sobre todo Hinata, era un chico amable, humilde, extrovertido y risueño. Había hecho migas rápidamente con todos en la cancha y hasta se reía en bromas particulares con algunos de ellos. Al principio había sido un poco complicado que Hinata se acoplara al colocador, y no porque Hinata no fuera buen jugador –como uno de los auxiliares comentó en su momento—sino porque el setter que estaba colocando para Hinata era un novato, un novato sin preparación comparado al pedazo de jugador que era Hinata con una trayectora de tres campeonatos nacionales, uno internacional y una lista nutrida de partidos de practica en los que había ganado. Para alguien de su edad claro que era una regla interesante con la cual no cualquiera podía medirse.

—Kevin.

—Señor —el auxiliar se acercó al entrenador que le hablaba, sus ojos seguían fijos en Hinata.

—Quiero que lleves el conteo de remates de Hinata, y también sus números en el entrenamiento físico, me los das al finalizar la semana… —ordenó.

—Sí —repuso el americano mientras que regresaba a atender el juego. Silbando para hacer que los jugadores se acercaran el equipo donde estaba Hinata había ganado.

Cuando el entrenamiento terminó ya las piernas no le temblaban por los nervios sino por todo el esfuerzo acumulado durante las horas de práctica. En Karasuno eran tres horas y creía que era espartano, ahí eran dos horas en la mañana y cinco por la tarde, entre semana, mientras que el sábado practicaban de ocho de la mañana cuando se reunían en la playa para salir a correr y regresaban alrededor de las diez para entrenar hasta las tres de la tarde, después era libre hasta el lunes temprano, aunque según había escuchado Hinata de sus nuevos compañeros los domingos solían ir al gimnasio público para jugar con amateurs que eran muy buenos solo por la felicidad de jugar. "Estoy en mi lugar", pensó Hinata después de que le comentaron aquello pero ahora con el entrenamiento recién concluido no estaba muy seguro si iba poder soportar la carga física, y además ni siquiera había entrado a la escuela, no sabía que tan pesado serían los estudios, la tarea y proyectos, así que desde ya sabía que estaba jodido, jodido entero.

—¡Shoyo! —chilló Hanzel mientras se abalanzaba hacia el pelirrojo colgándose del cuello y aspirando fuertemente el aroma de transpiración y testosterona que emanaba el cuerpo del menor.

—No, debo tomar un baño —se quejó Hinata tratando de alejarlo a lo que el rubio lo hizo al darse cuenta que ahora él mismo estaba húmedo por el sudor, su nariz se arrugó en desaprobación.

—Pues ve a dártelo… hoy iremos a San Diego —canturreó animado.

—¿San Diego? —preguntó con curiosidad el pelirrojo caminando hacia sus cosas. Agradeció a la asistente que tímidamente le ofrecía una toalla.

—Hola, Hanzel —saludó la chica.

—Amanda —respondió el aludido con una sonrisa grande.

Hinata enarcó la ceja divertido al ver como había pasado de ser el foco de atención de Senikov a ser parte del fondo de la escena pues ahora flitreaba con la chica que reía y le pegaba suavemente en el pecho a Han. El japonés se hincó para quitarse las rodilleras y dejarlas dentro de su maleta deportiva, al igual que sacaba su sudadera para ponérsela encima. Sintió pasos detrás de sí y pensó de inmediato que se trataba de Hanzel pero para su sorpresa era el entrenador que le miraba con interés desde su altura.

—Señor —se incorporó Hinata de inmediato con las coderas en su mano.

—¿Cómo te sentiste?

—Muy bien señor —informó Hinata con una sonrisa cansada y sincera en su boca.

—Perfecto —afirmó—. ¿Dejaste los exámenes médicos en el área de medicina deportiva?

—Sí, señor. Todo marca negativo, en seis meses más debo de volver a hacerlos pero… no he tenido problemas en el último año y medio, señor.

—Excelente. Este fin de semana es el último fin de semana de vacaciones así que los entrenamientos de mañana y el sábado se suspenden —comentó—. Lo había dicho el día lunes pero tú no estuviste así que disfruta estos días libres, haz un poco de turismo y aprovecha para terminar de aclimatarte que después te voy a destruir para volverte más fuerte, Shoyo.

Los ojos avellana se quedaron fijos en la imponente figura del hombre que con un costoso traje de vestir dirigía a uno de los equipos más importantes d ela federación americana de volley. La atención se quedó en la espalda firme y los hombros anchos que daban una caída perfecta a ese saco, en el movimiento uniforme del pantalón cuando daba los pasos y el tacón de las zapatillas de caballero que resonaban en la duela de madera, los pasos se alzaban incluso por sobre el chirrido del resto de los jugadores que recién comenzaban a entrenar. El entrenador de los Bruins andaba entre las canchas y jugadores como si el mundo le perteneciera, había sido un rematador de muerte y colocador de ensueños en sus buenos años de jugador hasta que decidió retirarse en la cima para no terminar dando lástima, tenía un espíritu inquebrantable y estaba casado con el dogma del trabajo duro a pesar que la diosa de la virtud le había besado al nacer.

Ese hombre le recordaba a Kageyama. Kageyama cuando fuera hombre, sería como él. Así de imponente, así de fuerte, así de dominante, así de genial.

—Ahora tienes crush con el entrenador —el brazo de Senikov se pasó por los hombros del menor al que observó de cerca—. No te enamores de él por el amor de dios. A todas las perras locas se les cae las bragas.

—¡Hanzel! —chilló Shoyo mirándolo ofendido y sonrojado.

El americano soltó una alegre carcajada apremiándolo para que se apresurara en terminar de recoger sus cosas.

Estaba cansado, no lo podía negar, su primer día dentro de la que sería su rutina había sido demasiado demandante. Había acabado en último lugar en todos los ejercicios de resistencia física y fuerza, pero al momento de jugar fue donde brilló con su propia luz y vitalidad. Su estamina era superior a la del promedio, pero debía de admitir también que parte de ese espectáculo arrollador había sido en parte un montaje y se había excedido en sus capacidades para sorprender a sus compañeros. Hinata no era del tipo que presumiera de sus habilidades, pero suponía que había reaccionado de ese modo en una forma de instinto de supervivencia y que el resto no le viera en menos, o al menos eso sonaba bastante bien en su cabeza y se quedaría con esa explicación mientras salía del baño y decidía dejar por zanjado el tema.

—¿A qué hora vamos a regresar? —preguntó ligeramente enfadado Shoyo.

—El domingo en la mañana —resolvió Hanzel sentado en la cama de Hinata viendo una revista que el pelirrojo había llevado consigo de Japón—. Nos iremos ahorita, son como cinco horas de viaje, llegaremos a la casa de mis padres como a las doce de la noche más o menos, descansaremos y temprano saldremos, regresamos a casa de mis padres, descansamos y regresamos a la facultad, duermes o entrenas o haces lo que quieras el resto del domingo para que el lunes comiences la universidad. ¿Feliz?

El itinerario no era para nada alentador, por el contrario, de solo escucharlo a Hinata se le habían hinchado los pies y sintió verdaderas ganas de llorar. ¿Por qué simplemente no podían echarse a dormir? ¿O ver televisión? Por una parte le emocionaba mucho conocer más lugares de Los Ángeles, por otro lado quería estar bien descansado. Sin embargo, sospesando que tendría tres días libres lejos de la cancha el panorama se ensombrecía pues de no encontrar ocupación tendría tres días libres para enterrarse y retorcerse en su miseria. Así que maldiciendo en su idioma metió un par de mudas de ropa en otra maleta deportiva y se terminó de alistar para ir hacia la odisea que Hanzel proponía.

—¿Y tú compañero de habitación?

—El encargado de piso me avisó ayer que no iba a venir.

—¿Enserio? ¿Una habitación para ti solo? Que suerte —murmuró Hanzel mirando la cama vacía que seguía desnuda al igual que el resto de los muebles al otro lado de la alcoba.

—Hmp… —Hinata no lucía muy convencido.

—¿No te dijo por qué? Usualmente los separos se sobresaturan, es raro que quede uno vacío.

—El encargado me dijo que el chico que iba a compartir habitación conmigo estaba en su segundo año, pero era beneficiado del programa "DACA".

—Ya —resolvió Hanzel torciendo los labios en forma de disgustos—. Desde que Trump entró al poder ha estado jodiendo mucho a los inmigrantes, pero los estudiantes que tienen "DACA" han sido sus favoritos. Varios compañeros se han dado de baja de clases por lo mismo.

—Algo así me explicaron y tenía miedo porque eso me fuera afectar a mí pero me dijeron que solo es para los indocumentados.

—Sí, tú estatus es legal en el país, solo debes de ser cuidadoso con que no se te pase ninguna fecha para entregar documentación de la universidad ante migración.

Hinata suspiró derrotado sentándose un momento en la cama contraría—. De verdad esto de la madurez llega de forma inesperada ¿no?

—Bienvenido a la vida adulta, Shoyo —Hanzel se incorporó—. Ahora vamos, que nos tocará el tráfico del freewel 805 a la salida de L.A.

El camino completo el japonés permaneció durmiendo, incluso cuando entraron en la bonita autopista que desviaba hacia San Diego, Cerritos, Long beach y el retorno hacia Los Ángeles. No es que de noche se lograra ver mucho, pero sí era una vista impresionante cuando se pasaba un costado de las ciudades y las luces foreaneas saludaban a los viajeros, o la iluminación amarilla sobre el asfalto negro. Ganaba la velocidad arrullante y el suave movimiento del auto que corría a una buena velocidad. Hanzel manejaba y de vez en vez llevaba su mirada hacia el retrovisor para ver a su amigo que inflaba y relajaba el pecho. Una sonrisa se formaba en sus labios mientras su mano era apretada suavemente por su copiloto.

—Shoyo es genial —sentenciaba la chica a su lado que acostumbrada al trayecto que usualmente hacían cuando tenían libre se mantenía despierta para hacerle compañía a Hanzel.

—Sí, es genial, y es un maldito genio para jugar, sus saltos son impresionantes y su habilidad en la cancha no se le compara a nada —contó emocionado. La chica ladeó el rostro.

—Te emocionas mucho hablando de él, me pondré celosa.

Hanzel soltó una carcajada cantarina y negó.

—Me emociono porque realmente es genial, integrándose Hinata al equipo siento que podremos llegar a hacer cosas realmente grandes, Susan —le explicó a la chica.

—Ya veo… ¿Qué posición dices que juega?

—Es rematador pero… estuve platicando con…

—¿Falta mucho para llegar? —bostezó Hinata removiéndose.

—Como una hora —contestó la chica en el asiento frontal. Y no pudo evitar reírse al ver que Hinata volvía a roncar. No se inmutaba o espantaba por la escena del amigo de su novio, había convivido con muchos de los chicos del equipo de volley como para que Hinata se ganara el lugar del "más caballeroso", muy a pesar del ronquido que exhalaba de su boca que emulaba perfectamente al motor viejo y descompuesto que trabajaba a machas forzadas de un tráiler—. De verdad es muy genial.

Hanzel suspiró y aceleró un poco más, quería que llegaran pronto para que el japonés pudiera descansar los músculos y los huesos.

#SD #CaliforniaLife #Dreamteam #PowerSquad

Encima de esos Hashtag la fotografía de Hinata, Susan y él sonriendo de fondo el World Trade Center de la ciudad de San Diego que se encontraba tan repleta como cada año por aquellas fechas: super héroes, hadas, armaduras, personajes de ánimes y de cómics se daban cita durante cuatro días con sus noches y madrugadas. Hanzel se apresuró a subirla a redes sociales y esperar que la lluvia de reacciones y comentarios le subieran el ego. Le encantaba presumir sobre su vida porque defintiivamente era envidiable, seguía siendo el mismo setter vanidoso y carismático de siempre, y a Hinata se le figuraba un poco a Oikawa, inclusive podría decir que de conocerse esos dos harían buenas migas puesto que eran muy similares, después de todo había constatado de primer mano que Hanzel con alguien opuesto a él –como Tobio—jamás iba a poder llevarse bien, aunque no consideraba el hecho que por aquel tiempo Hanzel se le había confesado y Tobio se había enterado, podría haber madurado y crecido, incluso haber vencido casi en su totalidad una enfermedad mortal como el cáncer, pero en el fondo había muchos focos que no le alumbraban bien y no se daba cuenta de cosas que pasaban a su alrededor: como el par de ojos que no dejaban de observarlo desde hacía un rato.

El lugar al que Hanzel había decidido llevarlo para "descansar" y festejar, era ni más ni menos que el mundialmente famoso y conocido Cómic Con de la ciudad de San Diego. Hanzel había comprado los boletos desde enero, cuatro para ser exactos: dos para él y su novia, y dos extras para revenderlos, los boletos solían volar incluso meses antes de que fuera el evento y eran sumamente cotizados. Los costos se elevaban hasta las nubes cada vez que el evento se encontraba cerca, y cuando el evento ya se estaba realizando, poner un cártel con el anuncio de: "Se vende un boleto" era como ofrecer agua y comida a un viajero que había atravesado el desierto durante semanas.

—Denme un segundo, iré a hacer negocios —dijo Hanzel a su novia propinándole un beso en la frente. Hinata sorbió de su pajilla mientras veía su gafete con su nombre y una fotografía en blanco y negro con una sonrisa confundida y sofocada. El termómetro estaba al tope y él no dejaba de sudar. Ni siquiera su camisa de tirantes color blanca con rayas azules y naranjas le daban el suficiente alivio para que se refrescara. Sentía los parches musculares de colores en su espalda escurrirse lentamente por su transmiración, aunque debía de reconocer que sus músculos estaban pasando por un extraño proceso de adaptación donde el 70% del tiempo estaban extrañamente relajados pero el otro 30% se debatían entre estar con calambres y dolores. Debía adaptar su cuerpo a esa temperatura o terminaría con alguna lesión.

—¿Cómo era Han en Japón? —preguntó la americana y el pelirrojo volvió su rostro hacia ella.

—Genial, tal cómo es ahora —contó sorbiendo de la pajilla de su agua—. Aunque antes era… no sé… —¿Más homosexual? ¿Se lo decía? No tenía derecho, quizás Hanzel ni siquiera se lo había mencionado a la chica. Soltó una risa nerviosa y alzó los hombros.

—Me contó que ustedes desde que se conocieron fueron muy cercanos.

Hinata volvió a reír nerviosamente y se rascó el puente de la nariz, no estaba costumbrado a usar lentes, nunca había usado gafas para estudiar, así que incluso esos de sol que utilizaba en ese momento le causaba un chistoso hormigueo en las sienes y en el entrecejo. Cuando iba a abrir la boca para decir algo, Hanzel llegó con una sonrisa que le cubría la mitad del rostro.

—¿Y eso? —interrogó la chica confundida.

—¡Ah! Pues… había un grupito de amigos que vinieron a probar suerte para ver si conseguían pases y les faltaba nada más uno… estaban tan desesperados porque va a dar inicio a la plática con el elenco de "Los Vengadores", que me han comprado el boleto en… —hizo una pausa de suspenso. Hinata y Susan lo veían con curiosidad espectante—. ¡Doscientos dólares! —chilló.

Susan gritó emocionada y Hinata se atragandó con su bebida. ¡¿Quién mierda pagaba doscientos dólares por una puta entrada a una convención?! Sus ojos se fijaron en el edificio blanco con cristales polarizados detrás de él. Era cierto que los cosplay que la gente llevaba era impresionante y que las pláticas anunciadas dentro eran espectaculares pero. ¿Doscientos dólares? Con otros cien más podía comprar todo un equipo completo y nuevo para jugar volley, incluso zapatos de buena marca y le sobrearía para tomarse una soda, pero… cada cual tenía sus propias debilidades y gustos. Sus pasiones. Sus ojos viajaron a Hanzel que abrazaba y besaba en la frente y en los labios a su chica que reía conmocionada. Él sonrió y suspiró sacando su móvil, les tomó una fotografía que le mandaría después a su amigo americano. Le daba gusto ver que él era feliz, a pesar del rechazo que había sufrido de su parte no se dejó marchitar y decidió buscar la felicidad. Quizás él también tenía que seguir su ejemplo y hacer lo mismo. Guardó el móvil, tomó más de su agua antes de que Hanzel decidiera que era tiempo de entrar a la convención.

—La foto grupal es a las 6.00 pm.

—No nos veremos entre tanta gente y odio las multitudes, Hanzel —contestó la novia revisando su móvil.

—Pero está divertido, vamos a hacerlo —rogó—. En diez minutos termina la conferencia con George Lucas sobre Star-Wars, pero inicia otra con el elenco de la nueva película de Star-Wars, los fans de Star Wars deben estar en esa sala, así que la fila para la otra plática va a estar vacía —anunció Hanzel leyendo el programa en su teléfono—. Así que iremos para allá y después… iremos a tomarnos una foto en la replica del camarote de Jack Sparrow del Perla Negra, y después iremos a la firma de autógrafos que tendrá HamletMachine.

—¿Debería de preocuparme que mi novio sea un fanboy? —dijo Susan a Hinata que soltó una alegre carcajada negando.

Tal como lo predijo Hanzel, y unos cincuentas fans más, hubo menos gente en la fila para entrar al salón H donde se llevaría acabo la plática con los actores de la nueva entrega de Star Wars episodio VIII y, donde además, se proyectaría el primer tráiler de la película.

—Iré por algo de beber —dijo Hanzel mientras que le daba unas palmadas en la espalda a su amigo. Susan fue al baño y el japonés se quedó haciendo fila. La mayoría de las personas ahí reservaban lugar para sus amigos.

Debido a la importancia del evento no fue raro, a esas alturas, para Hinata ver que todos en la fila que se hizo más y más largas detrás de él conforme pasaba el tiempo, que gran número de personas usara disfraces de criaturas y personajes de la saga. Él la conocía por cuestión de cultura general, pero no estaba familiarizado en lo más mínimos con nombres, ornamentos o terminología, por lo tanto no entendió la referencia cuando un Darth Vader se posicionó junto a él y con voz ronca y profunda le dijo: "A veces debemos reservar el orgullo y hacer lo que se nos pide", enseguida siguió una respiración gutural y profunda que hizo estremecer a Shoyo que con ojos grandes observaba al que le había hablado a su lado.

Las personas detrás de él sacaba fotografías del cosplay perfectamente hecho: La altura del cosplayer era ideal, al igual que la postura y la entonación de las palabras, incluso el efecto del sonido de la voz era mucho mejor que la que el aparato comercial que se vendía para dar el efecto de voz gutural emblema de Lord Darth Vader.

—¿Perdón?

—Insulso, joven Jedi… vienes aquí y no conoces el temor personificado, la fuerza te ha abandonado hoy —una exhalación profunda mientras que Darth Vader alzaba la mano para alcanzar su mascara. Cuando la despojó de su rostro, seguramente la chica que estaba detrás de Shoyo quedó igual de impresionada que el propio japonés que con labios entreabiertos dejó resbalar el celular que tenía entre sus manos—. ¡Qué bueno que te encuentro, Renacuajo! —dijo Oikawa mientras sonreía grande y le daba varias palmadas en el hombro—. Más te vale fingir que me estabas esperando o las personas creerán que me estoy colando y me echaran, y NECESITO entrar a esta jodida presentación —comentó en japonés con una sonrisa.

La gente detrás de ellos, en efecto empezó a quejarse pero se calmaron en el momento en que Hinata se hizo a un lado y sonriendo –muy confundido—le regresó las palmadas en el hombro.

—Pensé que no llegarías, ¿estuvo bien el baño? —preguntó Hinata en un inglés bastante claro.

—No seas tan evidente, enano idiota —bufó Oikawa en japonés, resoplando para evitar verse también sorprendido—. ¿Te trajo Senikov?

—¿Conoces a Hanzel y… qué estás haciendo aquí? —interrogó en un tono más bajo y en el idioma natal de ambos.

Oikawa que había sacado de algún lugar del disfraz un poco de bálsamo que se colocaba sobre los labios miró con la ceja arqueada al pelirrojo.

—¿No te lo dijo? —increpó y Hinata negó—. Juego en el equipo titular de la UCLA desde hace un año más o menos.

—¡¿Qué?! ¿Es por eso que no estás en la Sub-19? —cuestionó impresionado el menor.

El rostro se le deformó ligeramente al castaño que desvió la mirada haciendo un movimiento raro con los labios buscando que el bálsamo labial se esparciera uniformemente.

—Sí , la misma navidad de la última vez que nos vimos llegó una carta a mi casa por parte dela UCLA donde me ofrecían un tratamiento, una beca al 100% y la oportunidad de jugar en el equipo titular si venía a USA —contó dejando el casco en el suelo y buscando en el bolso que llevaba a su costado una botella de agua que ofreció a Hinata y éste aceptó, sacó otra más para él, la destapó y dio un sorbo largo—. ¿Cómo negarme? —preguntó—. Era difícil que la Universidad T me diera una oportunidad después de que yo los rechacé y la Sub-19 no iba a reclutar a alguien que estaba lesionado, esperé hasta enero para que hicieran por lo menos una invitación al campamento juvenil pero no llegó nada, así que para mayo estaba empacando mis cosas, el año pasado fue mi primer año aquí.

—Sorprendete —murmuró Hinata. Y abrió mucho los ojos—. ¿Y eres ya titular?

Tooru que bebía miró al pelirrojo y alejó la botella de sus labios para que la sonrisa burlona y autosuficiente fuera visible para el menor que supo interpretar aquel gesto, demasiados años siguiendo los pasos del armador del Seijou como para que un gesto como ese le fuera impuesto sin conocer su significado. Un ardor de admiración, esperanza y celos brilló dentro del más joven que no dijo nada más. Aunque no podía dejar de ver al castaño, sorprendido por la coincidencia de estar, no solo ahí haciendo fila al Salón H del WTC de San Diego, sino de estar en el mismo país, estudiando en la misma universidad y jugando para el mismo equipo. Y entonces un flechazo lo cruzó de pecho a espalda y entreabrió sus labios. La fila empezó a avanzar y la mano de Oikawa hizo avanzar al pelirrojo que caminó sin oponer resistencia.

—Falta Hanzel —anunció Hinata.

—¿Se fue con su novia, no?

—Sí.

Oikawa puso los ojos blancos y rezó un: "Que inocente, Enano". Que de enano no tenía nada. Medían casi lo mismo, Oikawa seguía siendo más alto que el menor y seguramente daría un último estirón antes de alcanzar su altura adulta, sin embargo, Tooru dudaba cambiar de apodo aún si Hinata de la nada aumentaba otros treinta centímetros y le rebasaba.

Darth Vader y Hinata caminaron por el estrecho pasillo hasta que toparon de frente con alguien del Staff que estaba acomodando a los asistentes, y les indicó que les tocaría en la parte media de la fila de sillas central frente a escenario, es decir, a tres filas de ellos se encontraba la tarima donde se encontraba la mesa donde se sentarían actores principales y el director a cargo de la entrega.

—Oikawa-san —murmuró Hinata, había un susurro colectivo por parte de los fans mientras la expectativa crecía.

—¿Hmp?

—¿Tuviste algo que ver para que yo esté aquí?

—¿Aquí dónde?

—En la UCLA.

El pelirrojo meditó sus palabras y lo observó.

—No me des tantos créditos, renacuajo, si por mí fuera te hubiera dejado en algún otro equipo rival para acabar contigo, cobrar mi venganza… no tuve nada que ver —aunque en parte, la decisión del entrenador y del reclutador nació después de ver el asombroso desempeño de Oikawa como jugador japonés, a su vez ver la repetición del torneo en Holanda y los vídeos de las finales de las nacionales—. El entrenador me preguntó si te conocía… yo le di mi apreciación, Hinata —dijo arrogante Oikawa y su rostro se giró para ver de forma directa al que estaba a su lado antes de que las luces descendieran de forma paulatina—. Le dije que eras la clase de jugador que solo los idiotas y valientes se atreven enfrentar cuando estás en tu mejor forma… —una ovación de aplausos y chirridos bañó la sala al tiempo que la oscuridad completa cubría el rostro de Oikawa. El presentador apareció y Hinata se quedó callado mirando al frente.

Sería un buen espectáculo de ver, lo supo por medio de su corazón que palpitaba desbordado en emociones contrariadas.

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Cronopios del autor: ¡Hyo, mazapanes! Me da mucho gusto verlos, esta vez no tardé tanto como pensé que lo haría. El día de ayer tuve un evento grande y no pude actualizar en la semana porque el evento me absorbió por completo. Espero les guste esta nueva entrega. Muchas gracias por el apoyo que he estado recibiendo de parte de todos ustedes. Les cuento rápidamente, acabo de abrir un fanpage en FB que funge como mi blog/vídeo blog, estoy subiendo cositas y demás relacionadas con los fandoms donde estoy. En los siguientes meses estaré haciendo un giveaway de un tomo físico de Haikyuu! Así que den like, y estén al pendiente de los eventos. Me encuentran como " " o (Diagonal)TiaYukiona. Espero nos estemos viendo por ahí.

Sobre el capítulo, pues... todos los fragmentos de "poemas" y "textos" en la parte de Kageyama pertenecen a mi escritor favorito: Charles Bukowski. Amo a ese hombre, dios. Y bueno desde hace mucho tiempo le tenía muchas MUCHAS ganas a escribir esa escena de la Comic-Con. Voy cada dos años, vivo cerca de San Diego, así que estar ahí, es una cosa de locos. Cada vez que es temporada de Comic-Con la ciudad se vuelve loca y no paro de pensar que Oikawa sería feliz ahí.

¡Muchas gracias por los favs, reviews y follows, hacen mi vida feliz!

St. Yukiona.

Que los ama de corazón, tripa y sesos.