Descarga de responsabilidades: Haikyuu!, no me pertenece a mí -obvio-. Le pertenece a la gente que lo hace (?
Advertencia: Es Yaoi. No mariqueen que no se los advertí. +18. No beteado.
Cronopios del autor: Mis mazapanes, les traigo actualización de este fic que bueno, no sé que decirles, solo recordarles de verdad de verdad que es un KageHina. ¿Vale? Tenganlo en mente. Espero lo disfruten. Yo disfrute escribiendo esto a pesar de que no hay mucha "acción". Bueno. Sólo disfruten y me dicen que tal. Nos vemos en dos semanas. ¡Gracias por leer! Por cierto, ¿ya les dije que tengo un blog en fb? Subo todo lo que me encuentro en línea de los bebés, tanto de este fandom como el de YoI. Si quieren seguirme es Diagonal St. Yukiona. Gracias por su apoyo.
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Las mil plumas del cuervo
St. Yukiona
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17.-Del mismo lado de la red.
Como Oikara había predicho Hanzel y Susan no se aparecieron el resto de la jornada. El americano envió un mensaje disculpándose, y pidiéndole que se vieran en cierto restaurante para comer. Sin embargo Shoyo no pudo dejar de pensar el pésimo amigo que había resultado ser el americano. Le había importado mierda dejarlo en un lugar extraño a él solo, o quizás el setter sabía que Oikawa estaba cerca. ¿Eso era posible? ¿Qué todo fuera una treta para reunirlos? En todo caso, Oikawa resultó ser mejor compañía de la que había esperado, fuera de la cancha era pesado y un poco borde pero su conversación jamás era aburrida. La mayor parte del tiempo hablaba sobre él y sobre cómo había obtenido un lugar entre los títulares en menos de seis meses, cualquiera lo habría tachado de vanidoso o egocéntrico pero para Hinata la conversación de Tooru sólo eran tips y recomendaciones para lograr su cometido de volver a jugar con un número oficial sobre su pecho.
El resto del día caminaron, entraron a varias pláticas, vieron avances de películas occidentales y tuvo la oportunidad de conocer en persona varias celebridades, entre ellas a Takeshi Obata, ilustrador de obras como Bakuman y Death Note, para efectos prácticos el mangaka había estado en la gran Comic-con como promoción del fiasco de remake había hecho Netflix con una de sus obras. "La película fue un desastre, pero de todo lo malo pasó algo bueno y es que logramos conocer a Takeshi Obata-sensei" dijo Oikawa mientras que veía la firma del mangaka sobre el número 13 de Bakuman, otra obra del mismo autor. Lo guardó en su morral que había crecido exponencialmente conforme las horas pasaron. Hinata siguió pensando en lo que el mayor dijo incluso cuando llegaron hasta el Denni's donde se reunieron Hanzel, su novia, Oikawa y él para comer.
El pelirrojo no presto atención al detalle de que ni Hanzel ni su novia se sorprendieron de ver al castaño, aunque no evitaron aplaudir el excelente cosplay que llevaba encima. Mismo que terminó por quitarse en el baño del restaurante que estaba atestado de gente disfrazada y otros con motivos n su vestimenta referente a la cultura geek.
—Mañana es la zombie-walk en el estadio de los Charger's. ¿Vamos a ir? —pregunto Oikawa sorbiendo soda de una pajilla, tenía el pescado a la Batman que había ordenado.
Hinata iba por su segunda hamburguesa y escuchaba la conversación con atención.
—¿Qué es eso? —preguntó con la boca llena.
—Es una caminata que hace la gente de forma masiva disfrazada de zombies o exterminadores, y culmina en el estadio de fut americano —explicó Hanzel.
—Se pone súper interesante —contó Oikawa.
—¿Has venido antes Oikawa-san?
—El año pasado, llegué en abril, así que tuve oportunidad de comprar boletos, aunque la Zombie Walk no tiene costo… no sabía muchas cosas y terminé perdiéndome de muchas otras cosas pero… en esta ocasión estoy decidido a disfrutar al máximo la comic-con —afianzó el castaño totalmente decidido mientras empuñaba sus manos. A Hinata le brillaron los ojos debido a la determinación y Hanzel no pudo evitar carcajearse. Tooru se quejó amargamente y ofendido empezó a pelear con el americano. Ante esto Hinata y Susan no pudieron evitar unirse a las carcajadas, y de todo el establecimiento se volvieron el grupo más bullicioso.
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—¿Está bien que me quedé contigo? —preguntó Oikawa mientras que Hinata cerraba la puerta de la habitación que amablemente los padres de Hanzel les habían proporcionado, no dejaron que los universitarios tomaran carretera aún cuando Oikawa y Hanzel aseguraron no estar para nada cansados, incluso la bella Susan se ofreció para manejar, pero prueba suficiente de que debían de pasar la noche en el resguardo del hogar fue cuando en medio de la cena (un café con galletas porque estaban demasiado llenos de comida como para comer más) Hanzel se quedó dormido y roncando frente a todos. Hubiese sido peligroso e irresponsable el dejarles ir, por lo cual los cuatro adolescentes accedieron.
—Sí, no hay problema si para ti no hay problema —respondió el pelirrojo mientras se sacaba la cazadora y los zapatos, caminando hacia la mochila con la muda de ropa extra que había llevado "por si acaso"—. Gran Rey, ¿quieres bañarte primero o después?
—Adelante, yo me tardo mucho y no estoy agusto si sé que alguien está en espera —dijo el castaño acomodando su cosplay en una maleta especial que había llevado para guardar capa, mascara, prótesis y demás. Le daba la espalda a Hinata así que no pudo darse cuenta del modo curioso en que el exkarasuno le veía, era como contemplar al sol de frente sin quemarse. ¿Oikawa siempre había sido así de humano?
Podía ver el huesito que daba inicio a toda la vertebra de su espalda gracias a la camisa de tirantes, así como los huesos traseros de los hombros y el corte de cabello cuidadosamente diseñado. Siempre había visto a Oikawa por frente, del otro lado de la red, ahora podía ver lo amplio de su espalda, lo delgado de su cintura, la anchura de sus hombros capaces de destrozarse en un saque, la figura esbelta del cuello y-, se sobresaltó cuando Oikawa se giró bruscamente hacia él.
—¿Ya entraste al baño? —interrogó el mayor, el castaño no había escuchado ni un ruido detalle que se le hizo extraño, al girarse solo encontró la puerta del baño cerrándose casi de golpe—. ¡No azotes la puerta! ¡No estás en tu casa! —riñó el mayor bufando para volver a trabajar en el empaquetado de sus pertenencias.
Dentro del baño, Hinata se sumergió en la bañera de agua caliente, no era igual que en Japón pero le gustaba cerrar los ojos e imaginar que al abrirlos Natsu le estaría gritando que se diera prisa para salir de ahí, que iría a la cama para recostarse y ver su uniforme de Karasuno colgado frente a él. Pero no estaba en Japón, no estaba en su habitación, no tenía la esperanza de volver a ver el gesto fastidiado de Tobio cuando una jugada no saliera como él esperaba. Nada de eso existía ya.
Con ojos cerrados y el agua caliente curando las cicatrices recordó ese primer momento, esa primera vez, que el pánico lo atacó y que desesperado miraba la puerta –también de un baño—y Kageyama sólo le aferraba las manos en las caderas. Con la boca que usualmente utilizaba para maldecir y gritarle abrazando firmemente su miembro, sorbiendo con una fuerza atroz y devastadora que le estaban convirtiendo en sal todos sus huesos.
El "Espera, nos van a descubrir" se quedó probablemente en su pensamiento pues enseguida que Tobio cerró la puerta tras él, se hincó y bajó sus pantalones Hinata olvidó que hasta dentro de su nombre la palabra "sol" existía, después de todo, ahí dentro de ese cubículo todo se nubló a sus ojos. Ese arrebató no había sido repentino, había sentido toda esa tensión acumulándose y mutando silenciosa solo a ojos de ambos durante todo el partido, ese jodido partido había sido el cúmulo de implosión de una tortuosa temporada en la que sus instintos más primitivos se habían estado desafiando y creciendo. Los impulsos que todos los jóvenes de esa edad tienen.
Y en ese momento tenía la cresta de la lengua de Tobio torturando su pene que se calentaba más y más. ¿Cómo de unos roces, unas miradas, unos suspiros y un modo sugerente para limpiar el sudor del cuello y el vientre había terminado con ambos encerrados en el baño del deportivo y el aferrando sus manos a su boca para no dejar ir un solo gemido?
En un punto tuvo que sostenerse del hombro de Tobio pues estaba a punto de caerse, rodar y revolcarse de la conmoción y las pulsaciones que nacían en su pecho y se dispersaban por todos lados pero se concentran en sus testículos. La adrenalina de escuchar el ruido a la lejanía de las personas andar hace que la dopamina se disperse por su sistema nervioso. La boca se vuelve agua y fluídos espesos antes de que las manos de Tobio lo aferraran con mayor fortaleza.
No comprendía como no estaba ya tirado en el piso convulsionando desmayado. Los labios de Kageyama ejercen una presión mayor, y su lengua envuelve por completo el miembro mientras que se empuja y no sabe en qué momento Kageyama se volvió tan jodidamente bueno en eso, ¿Será que también se la ha pasado viendo vídeos pornográficos hasta que explota en su mano e imagina que esos en pantalla eran ellos dos? Muy probablemente, lo imaginó, lo supo cuando sus ojos chocan por breve segundos antes que el eco del placer le acalambre hasta los pies y llegue hasta su cerebro haciendo retumbar.
Cada poro de su piel se le socofó al grado que el calor lo contiene en su vientre, en sus ojos. Fue incapaz de pensar en algo más, de emitir algún ruido humano o hilar al menos un movimiento que no fueran espasmos copiosos. Los meses de duro entrenamiento parecían caer de pronto sobre sus hombros y solo después hay un insano silencio que nunca antes había estado ahí. Su cuerpo se movió contra la boca de Kageyama, al cual le escurría la saliva por la comisura de los labios pero éste lo aferró con dureza para que no se moviera, para que no se meciera ni embistiera, era él quien llevaba el control en esa primera ocasión, quería dejar una marca que acompañara a Hinata para siempre.
—Es-espera —suplicó apenas audible Hinata tratando de deshacer ese amarre húmedo cuando sintió el escarmiento recorrerle los múslos, el vientre, el pecho y cundir su vientre una vez más. Sabía lo que eso significaba.
El cuerpo se le contrajo en absoluto placer y un doloros –pero placentero—primer orgasmo terminó por explotar en tibia y amarga semilla. Tobio ni siquiera se inmuto, él fue testigo del modo en que se tensaba por completo el otro en el agarre, cómo empujaba inconscientemente y como los ruidos guturales que Hinata había estado sofocando se volvían más profundos. Quitó la boca casi de inmediato que ésta fue invadida por la furiosa descarga. Aunque una buena parte acabó en sus bocas y sus labios, un último escurrimiento goteó hacia el piso donde escupió el resto. Tuvo que sostener a Hinata porque se le deshacía por completo incapaz de mantenerse de pie.
A Hinata la visión se le volvió un borrón sin comprender cómo terminó viendo el techo del baño y después se tuvo que cubrir la boca como aquel día para que Oikawa en la habitación no lo escuchara gemir mientras se masturbaba pensando en Tobio haciéndole una felación en los baños del auditorio de Sendai. Menudo recuerdo llegaba en ese preciso instante.
Su mano no daba tregua mientras el semen escurrió manchando el agua de la bañera que había llenado. Tuvo que cerrar los ojos y reproducir en su cabeza las amables palabras del que había sido (que siempre sería) su primer gran y único amor: Idiota, ¿no pudiste esperar un poco más?
El pulso le tembló contra su miembro al tanto hundía su cuerpo por completo en la bañera y esperaba que todo recuerdo se ahogara por un instante entre semen y agua.
¿Tobio se masturbaría recordándose junto a él?
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El camino de regreso a Los Ángeles fue más reconfortante puesto que fue de día. Hinata pudo ver la carretera y como el paisaje era totalmente diferente a lo que había en casa. Oikawa hizo un par de acotaciones acerca de las cadenas de comida rápida, sobre los sembradíos vacíos de fresa por los que cruzaban y una planta nuclear que estaba en las costas pasando por San Clemente, un sitio controlado por la patrulla fronteriza donde todos los automovilistas debían detenerse y mostras sus documentos, los japoneses no eran el blanco de aquellos oficiales que vestidos de verde militar y mirada seria buscaban indicios de droga o armas, el blanco de ellos eran los indocumentados con apariencia latina que podría poner en riesgo su nación.
Aunque le hubiera querido seguir escuchando la conversación de Hanzel, Oikawa y la novia del primero, Hinata se quedó dormido y fue despertado por el americano cuando estuvieron en el estacionamiento del campus, le recordó que la practica comenzaba a las 3.00 pm, y que debía de comer y descansar, aún tenía un par de horas para dormir.
Sin embargo, cuando despertó de su siesta, abrumado y adolorido por haberse quedado dormido en el piso de su alcoba, se dio cuenta que faltaban dos minutos para las tres, y que si no apresuraba llegaría tarde a su primer día entrenando. Por suerte tenía todo arreglado: ropa deportiva, mochila y zapatillas para duela. El problema fue llegar hasta la cancha de los Bruins, la TD, pero ahí un empleado le dijo que en entrenamiento regular todos los Bruins se veían en el gimnasio universitario que estaba cruzando la calle.
El manchón naranja cruzó la mentada calle y tuvo que andar todavía un poco más pues el gimnasio estaba bordeado por una arboleda de frondosas copas que cubrían del sol pero daban una sensación de sofóco general. Llegó sudando hasta la puerta del gimnasio únicamente para quedar sin aliento: Techos altos, la luz del sol entrando por sendos ventanales en la parte superior, seis canchas de vóley y una duela reluciente que chillaba con los pasos apresurados de grupos de jugadores que se dedicaban a calentar para iniciar la practica. El corazón le latió tan fuerte como aquella primera vez en que había pisado el gimnasio del Karasuno. Sintió unas irremediables ganas de llorar pero se contuvo. Lentamente se adentró mojando sus labios, ansioso. La gran diferencia entre aquella vez y esa es que no habría un malhumorado Kageyama por el cual lo echaran en ese primer día.
"Mírame"
Aspiró fuerte y dejó ir el aliento. En Japón Tobio se estaba esforzando, él lucharía su propia guerra desde una trinchera diferente.
"Pero mírame que no voy a perder, yo te estoy mirando, aquí"
Tocó su pecho y volvió a tragar saliva. Antes de bufar y fijarse donde dejar sus cosas, debía empezar a calentar, o preguntar cuáles eran los pasos a seguir, después de todo era el primer día del resto de su vida.
—Bienvenido, Pulgarcito —dijo Oikawa que aparecía desde un lateral. Llevaba la frente sudada al igual que el resto de su cuerpo. La camisa blanca parecía adherida a su piel a pesar que del cuello iba ancha y se podían ver sus clavículas.
—¡Gran rey! —saludó Hinata mientras hacía una gran reverencia.
—No me llames así —solicitó el japonés.
—Entonces por favor no me llame "Pulgarcito".
—Vale, con "Oikawa" está bien ¿de acuerdo, Sho-chan? —la cadera del castaño se ladeó y Hinata solo sonrió algo derrotado.
—¡Hinata! ¡Ven acá! ¡Deja de holgazanear! —gritó el entrenador Max mientras que el pelirrojo corría para reportarse.
Fue presentado al equipo completo. Había alrededor de veinte personas, más otras veinte que se congregaba más atrás.
—Es Shoyo Hinata, viene de Japón y actualmente está en el departamento de literatura, su especialidad es ser bloqueador, trátenlo bien. ¡Bruins!
—¡Bruins! —gimió el equipo completo como bienvenida y Hinata sonrió agradecido. Se alivió en reconocer algunas caras, así que no fue para nada atemorizante como pensó que sería. Hanzel enseguida se acercó para entregarle la orden de entrenamiento. Practicaban cinco días a la semana, sólo el miércoles y el domingo descansaban. Aunque debían de ir al gimnasio diariamente a cumplir dos horas de maquinas.
—Te iré pasando tu programa en la semana, no desesperes ¿de acuerdo?
—No hay problema —contestó Hinata sonriendo al americano que lo dejó con Oikawa pues él se había ocupado—. Hay variedad entre los jugadores —dijo Hinata mientras que empezaba a hacer elongación. Oikawa a su lado bebía de su energética parecía bastante animado.
—Sí, la mayoría son alumnos que vienen becados o que ingresaron por el lado académico a la universidad pero buscando entrar al equipo, en total somos treinta y cinco en matricula pero solo quince son llamados como titulares —explicó Oikawa—. Los lunes y los sábados entrenamos juntos, los jueves y los viernes entrenamos por separado: el equipo titular y el segundo equipo —contó Oikawa—. Hay tres colocadores, pero yo soy el titular, Hanzel es mi suplente y Rett es el del segundo equipo —señaló a un castaño con pintas de americano que estaba colocando para un grupo de chicos.
—Ya veo, ¿quién el as? —quiso saber el exKarasuno y Oikawa enarcó la ceja.
—Aquí no estás en la provincia chico pueblerino —murmuró Hanzel dándole un golpe en la cabeza con su tabla de anotaciones, siguió de largo.
—Pff… siempre tirando a grande, eso me gusta, Chibi.
—Y sigues con los apodos raros… —masculló Hinata incorporándose.
—¿Así que eres otro súper genio como Tooru? —cuestionó alguien que llegaba. Otro integrante más que con una sonrisa ofreció su mano, Hinata la recibió también sonriendo—. Soy Julian.
—Un placer, Shoyo —se presentó—. Y no diría que soy un genio… Oikawa-san está a otro nivel —expresó sincero el pelirrojo. Julian y los otros dos chicos que lo acompañaban rieron divertidos. Era verdad, a esas alturas, después de un año aún era excitante ver a Oikawa acoplarse perfectamente al juego de cada uno de ellos, era mágico verlo jugar desde afuera de la cancha, enigmatico y bello.
—Otro japonés —comentó al que habían señalado como colocador—. Steve Rett.
—Shoyo Hinata —indicó en voz baja ligeramente abrumado pues el aura que el otro expedía era bastante desagradable aunque no quería formarse malas impresiones de momento.
—Estuviste en Holanda hace tres años, pero no jugaste la final por salud ¿no es así?
—Sí —repuso Hinata sin titubear. Oikawa se mantenía en silencio mirándose las uñas—. Tuve que regresar a Japón.
—Hmp. Gran equipo el que está formando el entrenador —escupió el colocador con cierto desdén—. No te ofendas, Shoyo, pero ahora parecemos más como una especie de circo de inadaptados que no pudieron hacer nada más en otros equipos y por eso terminamos aquí… tenemos talento pero también tenemos limitantes, por lo tanto si perdemos no nos veremos tan mal —explicó Rett con una sonrisa torcida.
—No le hagas caso, Sho-chan, se siente miserable con su vida porque tú serás titular y él ya casi sale de la universidad y apenas ha jugado dos juegos oficiales —intervino algún modo Hinata se sintió aliviado cuando observó que intervenía el otro japonés pero igual se tensó cuando sus brazos pasaron por sobre sus hombros para abrazarlo suavemente dejando su rostro a la altura del propio. Tooru pertenecía a una extraña especie de individuos que eran sumamente buenos para provocar sentimientos confusos y mayormente negativos en las personas, así como Kuroo Tetsuro era el rey de la provocación, Tooru lo era del amor/odio, con él no había puntos medios sencillamente lo amabas o lo odiabas, y por lo visto su trabajo en L.A. había consistido en volverse el rival a vencer haciéndose ver como el villano en la ecuasión, se estaba llevando las palmas, el rostro de Rett había empezado a impregnarse de desprecio absoluto.
—¿El enano titular? ¿Y qué más Tooru? ¿Quién va a apostar con un enano con enfermo que deja finales? ¿Qué tienes? ¿Asma? ¿Colesterol?
—No es asma, y si me lo preguntas… yo haré que Sho-chan sea titular… —dijo convencido el excapitán del Seijoh mientras colocaba una de sus manos sobre su cadera, ladeando la misma—. Vamos, Sho-chan… hay algo que vi una vez y siempre quise hacer… —canturreó empezando a caminar hacia la cancha mientras tomaba uno de los balones.
Hinata parpadeó confundido, hizo una respetuosa reverencia al resto de sus senpais y corrió detrás del Gran Rey.
—Antes con el Karasuno, Tobio y el señor Refrescante hacían un toque de dos tiempos cambiando al armador… —susurró Oikawa mientras se acomodaba con el balón recargado a su cadera.
—¿Señor refrescante? ¿Armador? ¡Suga-san!
—Sí, bueno… ese pase… es efectivo porque son dos armadores que si bien Tobio no era experimentado, compensaba esa insipiente falta de experiencia con su ridícula precisión para rematar, además de que podía defender sin preocuparse de que no pudiera colocar para que rematara. Ese Tobio podía hacer casi cualquier cosa aunque no era para nada lindo.
—Es decir, era talentoso —murmuró Hanzel.
—¡Silencio! Fue lo que dije.
—No, no dijiste eso —azuzó Hanzel escribiendo en su libreta estaba escuchándolos desde el asiento plegable que estaba a pies de la cancha.
—¡Fue lo que dije! Tobio es "talentoso"—recitó sin evitar disfrazar su odio y envidia, había estado yendo a terapia y el primer paso era aceptar sus sentimientos tal cual eran. Sus sentimientos hacia Tobio eran odio y envidia pura—. La cosa es que lo rehice con Hanzel por aquí y lo mejoramos… Hanzel tiene una ridícula precisión como la de Tobio pero a diferencia de tu novio…
—Kageyama-kun no es mi novio.
Oikawa afiló la mirada y sonrió socarrón.
—Bueno, Tobio-kun~ y Hanzel se diferencian en que Hanzel es observador… somos iguales… con tu llegada, recuerdo perfectamente tu función: la carnada definitiva… entonces pensé "Oikawa, y si fuera posible que en vez de una carnada fueran tres carnadas, si en vez de que fuera un punto de dos, fuera un punto de tres" —hizo botar el balón—. Las posibilidades se multiplicarían y dejaríamos el campo libre para los animales que rematan a base de instinto y fuerza bruta —señaló a los middle blocker americanos que había más atrás descansando.
—¡Tooru! —se quejaron y el aludido los ignoró.
—Sin embargo… para ello, necesitamos algo, que pulas tus habilidades y que adquieras nuevas… —sentenció a los ojos de un extasiado Hinata que no perdía detalle de la boca de Tooru que se movía. La forma en que se moviera era simétrica.
Era la primera vez que se fijaba Shoyo, pero Tooru tenía un pequeño lunar cerca del labio inferior, casi como un puntito de tinta hecho sin querer en clase. ¿Es qué era eso? No, en definitiva era un lunar, lo sabía porque Oikawa tendía a mojarse los labios después de hablar mucho y el puntito no se borraba. Tuvo curiosidad. ¿Cuántos lunares habría escondidos? Negó cuando notó que los ojos castaños le miraban de forma acusadora.
—Lo siento.
—Espabila, Sho-chan, espabila —ordenó el castaño—. Cómo sea… aprenderás a colocar.
— ¿El qué?
—Que tú aprenderás a colocar… para hacer un punto de tres necesitamos tres colocadores… quizás apestes al principio pero lograste pulir tus habilidades durante la escuela media en tan solo unos meses… ahora aprenderás a colocar y podremos sacar al equipo del hoyo donde está…
Recibió un balón directo en la cabeza y todos empezaron a hacer burla. Oikawa se giró haciendo un mohín recibiendo una lluvia de balones que acabó todo en carcajadas.
—Pero antes, iniciaremos con los saques. Para tener oportunidad de hacer colocación debemos tener oportunidad mediante un saque poderoso —inquirió Oikawa pasándole el balón a Hinata—. Déjame ver qué tienes… espero y hayas mejorado en todo este tiempo.
El exKarasuno hizo rebotar varias veces el balón mientras se acostumbraba al peso de las miradas sobre él, jamás había sido tímido pero había pasado un tiempo desde que se sentía juzgado, valorado, su sentimiento y combustible siempre había sido la motivación de seguir adelante, ahora tenía la oportunidad y desde donde estaba, a un costado Oikawa lo observaba fijamente y suspiró al ver un saque normal. Intrascendental. Común. Había caído directo al otro lado de la red dentro de la cancha pero hasta ahí. Tooru enarcó la ceja y bufó.
—Ve por el balón —regañó Oikawa mientras que caminaba hasta donde se realizaban los saques. Cuando Hinata regresó la cátedra dio inicio. Tooru explicó de forma bastante completa un paso a paso detallado para hacer un saque con salto. La posición del cuerpo y la cantidad de fuerza que se debía de imprimir en el golpe. Hinata escuchaba todo con atención y entonces lo recordó, Kageyama le había contado que durante la escuela media había tenido un encontronazo con Oikawa debido a que le había pedido que le enseñara a sacar. El mayor estuvo a segundos de golpearle, así que ahora Shoyo pensaba detenidamente qué era lo que había hecho cambiar al Gran Rey. ¿Por qué ahora quería enseñarle a él a servir?
"Una vez escuché que Iwaizumi-san le dijo a Oikawa-san "Los seis somos más fuertes juntos", al principio no comprendí pues era algo obvio". Y claro que lo era, pensó Hinata. La segunda revelación llegó de golpe dándose cuenta que ahora no estaba más frente a Oikawa, sino a su lado, del mismo lado de la red. Y justo como le acababa de decir: Potenziar tu juego.
—¿Ahora lo entiendes? —el aroma a sudor de Oikawa, sus mejillas rojas por el calor, los antebrazos hinchados por las recepciones y las tiras adhesivas de colores que se adivinaban por el ancho de su camisa. Todo eso que no se veía cuando era el Gran rey de la cancha que podía causar terror en sus adversarios, justo ahí, en ese lado de la red con ropa deportiva ligeramente desgastada y no el brillante uniforme oficial, era el trasbambalinas del monstruo.
—Sí, lo entiendo —Oikawa Tooru era humano. Sí Oikawa Tooru era capaz de ser así de genial, Hinata Shoyo también podía hacerlo.
—Entonces hazlo.
Claro que lo haría.
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No había un solo músculo de su espalda o abdomen que no doliera. Todo había sido restructurado por esa infernal practica, Oikawa no era un contendiente que se tomara a la ligera, siendo un compañero era aún peor. No dejaba mínimo detalle al azar. "Mañana te toca practicar con los chicos de la segunda división, así que no estarás en el entrenamiento, por lo tanto debemos de aprovechar todo lo que podamos los lunes y los viernes que tenemos entrenamiento en conjunto, y los sábado podemos ir a algún lugar a entrenar. Los domingos no, porque son los días que estudió, así que depende de ti seguir o no mi ritmo, ¿de acuerdo, Pulgarcito?". Debía de reconocer que le iba mejor que lo llamara "Sho-chan" a Pulgarcito, porque a como lo veía Hinata de "Pulgarcito" ya no le quedaba nada aunque Tooru fuese aún centímetros más altos. Aunque si lo podían sobre balanza, Tobio seguía siendo aún más alto con una espalda fuerte y ámplia. Suspiró para borrar de su cabeza toda clase de pensamientos y no terminar empalmado ahí mismo, debía de regresarle a Hanzel su toalla, así que tocó la puerta dos veces y esperó con calma frente a la madera oscura. La puerta se abrió y apareció el rostro de Oikawa con una mascarilla exfoliante de color menta, además de una tira para despejar el rostro evitando que los mechones castaños dieran contra su rostro.
—Lo siento… buscaba a Han —dijo Hinata mientras que Oikawa se quitaba los auriculares. Entonces Shoyo recordó que Oikawa y Hanzel compartían habitación.
—Sho-chan, adelante —lo invitó a pasar mientras que hacía a un lado un balón de volley que estaba por ahí estorbando.
El menor entró con calma mientras sostenía una bolsa de cartón mirando con detenimiento el lugar.
—¿Dices que buscaba a Han? Salió con Susan hace un buen rato, dudo que vaya a regresar —comentó el japonés mientras que se sentaba en la cama donde tenía desperdigada sus hojas de estudio.
—Oh bueno, entonces me voy.
—¿Quieres un pocky? —preguntó mientras le ofrecía uno de la caja roja.
—¿Dónde lo conseguiste? —interrogó Hinata totalmente asombrado acercándose a tomar uno.
—En la Comic con, también había puestos de boyos y ramen —Oikawa notó como el rostro del menor se descontentaba por la información y enarcó la ceja—. Pero aquí en Los Ángeles hay un barrio "japonés" donde podemos conseguir lo más cercano a comida de allá —contó—. Si quieres en el próximo descanso podemos ir —ofreció.
—Eso suena bien —dijo con una sonrisa suave Hinata mientras masticaba el dulce rompinéndolo con los dientes y masticándolo. Ambos se quedaron callados. Hinata mirando sus pantunflas color naranja y Oikawa mirando los apuntes regados. Se rascó debajo de la barbilla. Si no había un tema como el volley de por medio parecía que no había mucho más de que hablar, sin embargo estaban ahí los dos extranjeros buscando puntos en común porque era solitario estar cada cual en su propia silenciosa habitación.
—¿Cómo siguió lo de tu cáncer? —soltó Oikawa y Hinata parpadeó confundido, sonrió de inmediato.
—Totalmente eliminado, aunque los doctores me piden que me haga pruebas cada tanto para asegurarse que no regrese, si dio una vez puede dar otra vez —contó con calma aún sosteniendo la bolsa de cartón contra su pecho.
—Bueno… piensa que eres afortunado —Oikawa se sentó en el borde de la cama sin dejar de verlo. Ante la expresión de duda de Hinata tuvo que agregar—. En un mundo paralelo hay una versión de ti mismo con cáncer avanzado y agonizando.
—¿Mundo paralelo? —Shoyo ladeó el rostro confundido.
—Sí… son como realidades alternas —explicó Tooru torciendo los labios antes de tomar el pequeño pizarrón donde solía anotar las formulas más complicadas para explicárselas así mismo y poder comprender. En ésta borró las anotaciones y empezó a hacer diagramas fáciles donde explicaba cosas como mundos alternos, realidades probables, todo ocurriendo al mismo tiempo pero con variaciones tan pequeñas pero que eran capaces de alterar toda la conformación de la realidad como la conocían.
En algún punto ambos terminaron sentando en el piso mientras que el pequeño diagrama se convertía en árboles mentales y dibujos detrás de las hojas de estudio de Oikawa, los ojos de Hinata solo eran capaces de seguir el movimiento del entusiasma que el castaño presentaba y sonreía o reía o dejaba de respirar según su nivel de asombro e inocencia.
A Oikawa le chiflaba hablar sobre reencarnaciones, sobre la vida en otros planetas, sobre las posibilidades en el universo, lo que se perdía y se ganaba cuando había un transplante de corazón, y sobre la mitocondria a la que pocos prestaban atención, sobre el borde del universo, sobre la vida, sobre la muerte, sobre lo maravilloso que se sentía el rematar y la frustración que siempre quedaba al finalizar un partido, aunque existiese una victoria a favor y solo existiera un poco de voluntad firme pues toda había quedado en el duelo, sobre lo brillante de las estrellas y lo que ocultaba la luna del otro lado suyo, porque a pesar que no era letrado en filosofía y esas artes más oscuras que tenían que ver con la humanidad, en el fondo Tooru sospechaba que la humanidad era así de compleja e interesante.
Jamás, debía de reconocerlo, en su vida durante la preparatoria llegó a sospechar que sentarse frente a frente con Hinata iba a ser de pronto tan satisfactorio. Era cierto, la cabeza del camarón estaba llena de voleibol pero no cerraba sus oídos a su voz y respondía con entuciasmo cada vez que Oikawa decía algo que él desconocía, preguntaba con auténtica curiosidad sobre lo que estaba hablando para después sencillamente reír a carcajadas o abrir sus ojos con desmesura. Apretar el corazón y seguir atento a cada palabra, porque para temas complejos lo mejor era un alma simple que lograra a captar lo maravilloso del todo.
El corazón se le inchó al castaño cuando Hinata se rió de forma cantarina cuando le contó sobre su teoría de los unicornios y el mar, y ambos descubrieron entonces que en realidad Oikawa había visto una película en su infancia y esa idea no era propia sino sacada de dicho largometraje, y asumiendo su error se había puesto rojo y Hinata había estallado a reír. En cualquier otro momento se hubiese enfadado el mayor, pero con Hinata entendía que existía una risa de burla que no era dañina que era natural, y que hacía bien, y te invitaba a reír con ella, acompañarla para que no cayera sola.
—¿Sabes qué me gusta? —dijo Hinata mientras se volvía a recostar sobre la manta viendo las estrellas. Oikawa espero con paciencia, si decía que el volley lo iba a golpear porque eso había quedado claro desde la vez primera que se habían conocido y ahora sentía curiosidad sobre esa pequeña existencia.
—¿Qué te gusta, Sho-chan?
—Las copas de los árboles en otoño.
El exlíder del Seijou hizo su boca en una perfecto "o", sinceramente sorprendido, a cualquiera le gustaban los retoños de sakura o las flores en pleno esplendor, a otros las ramas congeladas de los árboles en invierno, algunos más la frescura del verano que hacía que el verde de las hojas se volviera más vivos, pero las flores secas del otoño.
—¿Eres un anciano o algo así? —preguntó Oikawa molestando al menor. Hinata se rió.
—No lo sé… —confesó sin dejar de reír—. Cuando estuve en Holanda fue en otoño.
—Claro, cuando fuiste con el equipo de Hanzel —recordó que sabía toda la anécdota de boca del propio armador americano, así como de otro amigo más de él que también había ido a la travesía pero estudiaba en otra universidad.
—Sí, fue un gran otoño… también me recuerda a la primera vez que me besé con Tobio —inquirió apretando suavemente los labios.
Oikawa guardó silencio respetando de pronto ese flechazo de dolor que surcó el rostro que poco a poco había perdido los rasgos infantiles para ganar las señas particulares de un joven adulto.
—Tú eras muy popular con las chicas, ¿no, Oikawa-san?
—Sí, algo así —se sentó recogiendo sus piernas y abrazándolas para recargar su barbilla de esa zona—. Sin embargo, te puedo decir que hoy en día recuerdo el rostro de pocas, casi de ninguna —era triste y quizás ellas llorarían si escuchaban eso de boca del armador pero era la verdad. No quería contaminar el ambiente tan puro y triste que se había formado con una mentira o alguna pose prefabricada desde antes—. ¿Por qué lo preguntas?
—Quería saber… cómo se hace para olvidar.
Hubo un silencio fuerte, cargado. Emotivo. Que obligó a ambos a mirar hacia la misma estrella sin saberlo, rezaban al mismo santo y ninguno de los dos mencionaría después de esa noche el llanto en mutis que brotó por sus ojos mojando las mejillas y el sereno que los acompañó.
En algún momento, no supieron cuál de los dos fue, pero fue cuando notaron que el alba le alcanzó la espalda a Oikawa y el rostro de Hinata se iluminó de naranja y dorado. Fue tiempo para que Hinata regresara a su dormitorio y la habitación de Oikawa se quedara vacio con el eco de dos corazones rotos.
¿Cómo se hace para olvidar?
—Cuando lo sepas… también me dices.
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El entrenamiento vespertino terminó satisfactoriamente mientras que secaba el sudor de su frente. La ventaja de jugar para una universidad es que los asistentes eran los que recogían el equipo, al menos cuando era entrenamiento formal, cuando era semiformal él también tenía que limpiar, no le molestaba en lo absoluto, lo iba haciendo desde primaria que se había interesado por jugar al volley, sin embargo, cuando acababas de entrenar de forma tan rigurosa como lo hacían en la universidad T: músculos hecho bola, tendones palpitantes y sudor que no dejaba de escurrir, lo último que querías era recoger balones, quitar redes y pasar la jerga por la duela. Prefería ir a sufrir un rato a regaderas y después ponerse las llamativas cintas de colores para los músculos, un viaje de media hora en autobús hasta los dormitorios y morir en la cama, el infierno era mejor lugar, pues ésta era demasiado blanca, pero una demasiada dura jodería más. Para un auténtico apasionado los momentos de sufrimiento eran mayores a los de la satisfacción, pero todo ese dolor y angustia eran los que las victorias y alegrías fuesen únicas, inolvidables, no sólo hablaba del deporte, claro que no, también hablaba de otras cosas como el amor.
En él aún existía la esperanza que un día los caminos del destino los hicieran cruzarse. Que no fuese necesario juntar las mil plumas del cuervo para que el deseo que su corazón guardaba se volviera realidad y la risa de Shoyo le llenara cada herida que hubiera en su corazón.
—Kageyama-kun, ¿te encuentras bien? —preguntó una de las asistentes femeninas entregándole una botella de agua.
—Sí, gracias —respondió taciturno, tomando el agua y caminando a los vestidores. Respirar dolía el doble de lo normal. ¿Hinata estaría sintiendo como todo quemaba de forma sobrehumana?
Ayame miró con ojos curiosos la espalda amplia y orgullosa del colocador mientras que Hitomi se acercaba con las toallas usadas durante la práctica por los chicos del equipo.
—Es gay —resolvió con cierto asco la mayor a la chica que de un brinco miró sorprendida a su senpai—. Los primeros partidos estuvo en la banca porque el entrenador es homofóbico y se enteró que Kageyama-senpai salía con uno de sus excompañeros.
—Oh —sus labios remarcaron una perfecta "o" y no hubo más conversación.
Afuera Kageyama esperaba que Nishinoya se diera prisa para ir juntos hacia la estación y él pudiera volver con sus compañeros de piso. Revisó su móvil, en sus notifiaciones algo se inyecto y propago como cólera cuando en su cuenta personal de Instagram Oikawa había publicado una fotografía de un montón de hojas con dibujos de marcianos, nubes y planetas, pero más allá del reverendo desastre los cabellos naranjas sobresalían en una esquina. Apretó el móvil y decidió avanzar. Avanzar y no mirar hacia atrás.
El hilo rojo del destino sabía si enredarse o alargarse, pero al cabo en algún punto de la eternidad, ambos extremos se volvían a unir.
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El teléfono sonó varias veces y cuando contestó pudo escuchar una aspiración de aire, ese era Oikawa buscando valor para hablar. Iwaizumi gruñó pero suspiró casi de inmediato. Oikawa supo al otro lado de la línea que tenía luz verde para hacer su pequeño berrinche.
—Bueno, bueno… te llamo para ahorrarte la molestia, te perdono.
—¿Me perdonas? ¿Tú? ¿A mí? —preguntó en un tono que buscaba contenerse, tenía veintitantos años ya no era un niño al que su mejor amigo podía deslumbrar, ni mucho menos se encontraban uno viviendo a lado del otro como para salirse e irle a patear el culo sólo por la buena razón de patearle el culo. Porque por dios, Oikawa era el que "lo perdonaba" por una estupidez que fue culpa de él totalmente y no de Iwaizumi, siendo que era el castaño el que tenía que pedir disculpas pero ese era su estilo, ese había sido el estilo de los dos durante los veinti tantos años que llevaban juntos, y que ilusamente, Iwa-chan creyó en algún momento iba a cambiar, pero por lo visto seguían igual o peor que cuando eran críos.
—Sí, Iwa-chan, te perdonó, porque sé que te va interesar escuchar lo que te voy a contar.
—Tontikawa… dudo mucho que me vaya a interesar el chismorreo de alguno de los tíos que juegan contigo o de tu nueva conquista, por sí no sabías aquí son las tres de la mañana.
—Estás estudiando, Iwa-chan, Aiko-chan te espera en la cama que te ayudé a elegir en un catálogo en línea y que seguramente sigues pagando, estás tan estresado que te aseguro que claro que te interesa lo que voy a decir, porque lo voy a decir solo una vez y no planeo volver a decir.
—Vale… ¿qué es?
—Terminamos, Iwa-chan.
—¿Qué?
—Eso, terminamos, Iwa-chan.
Un sonido sordo se escuchó desde el lado del moreno y pronto más ruido, como el de una puerta ser corrida, después a lo lejos un pitido y el ruido de la ciudad, el ruido de Tokio a las tres de lamañana reposar. Había salido al balcón.
—¿Qué demonios estás diciendo ahora, Oikawa?
—Desde toda la vida has sido mi mejor amigo, Iwa-chan, y desde el minuto siguiente de que te conozco te amo —lo último fue acompañado de un suspiro largo, agotador, como una cadena que es rota y hace ruido ensordecedor contra el piso que choca pero que después no hay eco ni replicas, un solo golpe certero. Iwaizumi no decía nada más que nada—. No creas que vine a U.S.A. para huir de un amor no correspondido y unilateral, la verdad tú la conoces, aunque fue una decisión egoísta y animada al hecho que tú te fuiste, que tú deliberadamente decidiste ir a otra universidad… no es que esté mal, pero en su momento pensé que Iwa-chan era idiota y no pensaba en mí pero… me he dado cuenta que Iwa-chan me ha amado a su manera, no del modo que yo quiero pero lo ha hecho, y también ha seguido su camino, pero el amor que tienes por mí sigue ahí. El amor que yo siento duele, Iwa-chan porque hasta hoy era un secreto pero…
—Espera, espera, espera, Oikawa. ¿Estás solo? ¿Estás con alguien? —estaba confundido.
—Se acaba de ir Shouyo a dormir, así que aproveche para llamarte y decirte que, terminamos, te amo, pero ya no puedo seguir amándote… te perdonó por no amarme como yo quiero, y te agradezco por amarme como puedes amarme.
—Oikawa… —el moreno estaba contrariado—. Tooru, ¿estás drogado? ¿bebiste?
—No, Iwa-chan pero… es suficiente, necesitaba decírtelo, necesitaba que lo supieras y que supieras que ahora, quizás no esté bien, nadie con el corazón roto se recupera tan fácilmente pero si Hinata pudo reponerse de su cáncer, creo que yo podré seguir adelante. Quiero que seas feliz, de corazón, y que siempre te voy a querer, Iwa-chan.
—…
—Bueno, es todo, puedes seguir durmiendo. Sáludame a Aiko-chan, y no te preocupes, nada va a cambiar, ahora todo podrá estar bien.
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St. Yukiona.
Gracias por leer.
Quien los ama de corazón, pulmón y colón.
