Descarga de responsabilidades: Haikyuu!, no me pertenece a mí -obvio-. Le pertenece a la gente que lo hace (?

Advertencia: Es Yaoi. No mariqueen que no se los advertí. +18. No beteado.

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Las mil plumas del cuervo

St. Yukiona

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Ojo: Salto temporal.

18.- Thirst shop by Macklemore & Ryan Lewis.

Todo podrá estar bien, había sido la promesa que Oikawa le lanzara a Iwaizumi una madrugada en verano durante su segundo año de carrera justo para después romperse en llanto revolviéndose con la puta tristeza latiéndole en las venas y el pecho, las cosas de algún modo desde entonces habían estado bien.

Había pasado un año completo desde aquella promesa y aunque la notificación de su celular le dijera que le habían hecho tag en una fotografía donde aparecían Makki, Mattsun, Iwa-chan y la novia de éste último en Disneyland en Tokio no le dolía como le hubiese dolido antes. Ya iba para el tercero año de la carrera y las cosas habían cambiado sustancialmente como en todas las cosas. Durante el otoño pasado se había sentado con Hinata a ver las hojas del otoño y escuchar el crujir de éstas cuando los estudiantes apresurados trituraban éstas esperando llegar rápido a su clase. Juntos habían aguardado en silencio esperar que sus corazones sanaran mientras bebían café de Starbucks y galletas Grandma*que Hanzel les llevaba cada vez que visitaba la Target que era el lugar donde las vendían cerca del área de cajas. Eran el único dulce que se les permitía comer entre semana, pues de Lunes a Sábado seguían una estricta dieta. Y las galletas de avena solían ser una especie de moneda entre los jugadores. Quien poseía más galletas era el cabecilla. Hasta que el entrenador los pillara y confiscara todo. ¿Por qué no simplemente ir comprar a la tienda? Porque si el entrenador se daba cuenta te triplicaba el ejercicio físico durante dos semanas y te hacía usar la sudadera de la vergüenza, la cual rezaba: "Pregúntame por qué uso esta sudadera". La vergüenza era justo en el momento en que la gente preguntaba y debías de responder cantando y bailando. Los alumnos de la UCLA conocían la dinámica del sádico entrenador de vóley varonil así que no se tocaban el corazón en ridiculizar a los que llevaran aquella sudadera.

A Hinata le había tocado usarla una vez y había sido el mejor espectáculo de la vida. Sobre todo cuando alguien lo grabó y el vídeo se volvió viral en el campus. Pues no sólo había cantado en inglés sino también en japonés, y hasta hizo un rap en español con palabras que había aprendido con Pedro, uno de los latinos que jugaba con ellos. Oikawa –quien fue el que grabó el vídeo- y Hanzel se habían destornillado de la risa mientras que las chicas que preguntaron solo reían sonrojadas. Cuando Hinata terminó hubo ovación y se volvió entonces famoso. Se llevó incluso una medalla y una invitación a una fiesta de fraternidad de los chicos de la casa Alfa.

Aquella fiesta estuvo bien hasta que Hanzel se metió en un problema y todos terminaron envueltos en una pelea. Hinata jamás en su vida había peleado, salvo con Kageyama, pero fue una experiencia aunque violenta, bastante ilustrativa, una anécdota digna de retratar en una fotografía con el Squad roto por la golpiza recibida. Al día siguiente los moretones, la resaca y esa foto en el instagram de los tres quedó como evidencia, pero cuando se reunieron en el Jack in the box para desayunar no tenían la mínima idea de cómo había comenzado todo. De esas cosas que solo pasan en la universidad, y aunque no tenía nada que ver con el volley, atesoraba el momento en su memoria.

De hecho, justo la mañana del 11 de junio Hinata recordaba esa fiesta, o al menos lo que su cabeza alcanzaba a a procesar pues había quedado bastante borracho, iba a comentar algo al respecto cuando Oikawa alzó la mirada de su celular.

—Economía —soltó el mayor.

—Administración —dijo Hinata lanzando una mirada rápida hacia la persona que caminaba apresurada por la arboleda rumbo al conjunto de edificios que había en el centro, una especie de ciudadela universitaria, fortificada por altos pinos lambertiana y contortas más bajos.

Oikawa y Hinata pusieron cada cual una galleta de sus respectivas latas sobre una servilleta que había entre ambos. La chica sacó su móvil y dobló a la izquierda en la desembocadura donde se desprendían cuatro caminos hacia diferentes edificios.

—Mierda —gruñó Hinata. Oikawa rió y tomó las galletas para guardárselas él—. ¿Cómo lo supiste?

Alzó los hombros. Si la chica hubiera doblado hacia la derecha Hinata hubiese ganado pues a la derecha se encontraba el edificio de administración mientras que a la izquierda economía, les gustaba jugar a apostar a que facultad iban los estudiantes en ese cruce donde había una banca de herrería donde se sentaban sólo a descansar y a veces tontear sobre alguna película. El 80% de su tiempo lo pasaban juntos, únicamente para ir a sus clases es que no se veían.

—No sé… lo intuí cuando la vi caminar —contestó mientras desviaba su mirada a su teléfono.

Hinata frunció el ceño y se quedó con la mirada clavada en Tooru hasta que éste bajó el móvil.

—Bueno quizás la conozco.

—¡Oikawa! —chilló Hinata—. ¡Eso es trampa! —gritó poniéndose de pie para empujar al castaño que rió ante el ataque del pelirrojo.

—No la conozco, solo coquetee un poco con ella.

—¡Eso es aún peor! —bufó enfadado recogiendo su mochila para guardar sus galletas y tomar su café—. Eres horrible, me voy a clases —anunció, pero se detuvo en el momento en que el gesto de Oikawa cambió ligeramente, se quedó en su lugar observándolo serio—. ¿Te empujé muy fuerte?

—No… sólo recordé a Iwa-chan, es todo.

—Ah… —Hinata desvió la mirada y afirmó—. Vale. Igual me tengo que ir. Nos vemos en el entrenamiento más tarde.

—Claro —Oikawa se puso de pie—. Pulgarcito.

El pelirrojo detuvo su andar para encontrarse a Oikawa parado frente a él, cuando el menor abrió la boca para preguntar qué ocurría, el mayor le metió una galleta. Hinata la masticó y bufó enfadado cuando vio que el colocador huía riendo. Hinata suspiró comiéndose la galleta y dando tragos a su café para no ahogarse.

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El corazón se le seguía agitando al colocador cada vez que pisaba la cancha y la adrenalina le curtía los dedos de su mano cuando debían de girarse para que el árbitro observara en la espalda de los jugadores los números que estarían en cancha. De reojo podía ver perfectamente a Hinata saltar sobre sus pies. Siempre había creído que su capacidad de salto era impresionante, pero con su estatura ahora era un arma mortal, lo sabía por los vídeos de sus partidos en la UCLA como titular, había logrado colarse entre los nombres titulares de los Bruins aunque solo había estado en cinco o seis partidos oficiales. Debía de admitir que los celos le carcomieron al ver que se había vuelto cercano a Oikawa pero también estaba muy plantado en la realidad de que Hinata estaba en L.A. y que él estaba en Japón apunto de patearles el culo a la selección oficial de Brasil.

Había cierta emoción creciente en su pecho. Sobre todo porque el fin de semana pasado los Bruins habían anotado su cuarta victoria en los Juegos Amistosos de Verano de la NCAA. Si su rol de juegos estaba correcto en el siguiente partido que era en dos semanas Hinata iba a jugar. Antes de eso quería ganar para mostrar que él también estaba bien. Que no se había quedado estancado y podía seguir peleando aunque le hiciera falta parte de su corazón.

—¿Puedes decir que tienes algún ídolo que te inspiré día con día?

—Hm —Tobio cerró los ojos concentrado mientras que el ruido del gimnasio se volvía un silbido, podía vislumbrar perfectamente la cara de incertidumbre de Hinata mientras pensaba. Por más que le gustara salir en televisión y que fuera bastante extrovertido su punto más débil era el momento de armar respuestas concretas y coherentes. Aunque Tobio sabía perfectamente lo que Shoyo iba a responder—. Claro que sí.

Los ojos de Tobio se abrieron y rebotó el balón antes de lanzarlo directo al cielo y correr en su búsqueda.

El número doce de la sub-19 japonesa, Kageyama Tobio-kun.

El balón se estrelló sin que nadie pudiera hacer nada al respecto al otro lado de la red.

Bendecidos fueron Jawed Karim y los otros dos creadores de YouTube por su logro en la plataforma, esa que le permitía ver insanamente cada vez que había un partido la sonrisa idiota de Hinata admitiendo que él era su mayor inspiración. La mirada transparente y la sonrisa que eclipsaba a la comentarista por la respuesta tan sincera, y que lo flechaba a él de lleno, y enseguida Hinata haciendo un gesto con su dedo índice despidiéndose de la cámara. Ese mismo gesto lo hacía a la cámara cada vez que hacía un remate perfecto y contundente. Explosivo, delirante que producía un efecto domino en las gradas, levantando ovasiones y haciendo sucumbir en extasis a los jugadores.

"Vuela, allá arriba"

Y enseguida Tobio lo tomó como una señal. Él empezó a hacer lo mismo pero con menos ánimo, de una forma más discreta pero también enviando un mensaje que viajaba y atravesaba el océano. Nadie lo sabría pero Hinata recibía el mensaje y ahoga contra la almohada los gritos emocionados al ver a sus excompañeros de equipo brillar en la cancha nacional en Japón, y guardaba cada estremecimiento cuando notaba que Tobio alzaba su dedo y señalaba hacia el cielo.

Ese día no era la excepción. Hinata veía embelesado en la pantalla de su computador el perfecto punto directo que Tobio había anotado y estrujó contra su cuerpo la almohada a la que estaba abrazado. Aunque se contuvo cuando alzó el dedo hacia el cielo y afirmaba confiado. Hinata chilló y se revolcó en la cama antes de incorporarse un poco y volver a ver el remate del contrario. Ladeó el rostro ligeramente nostálgico, el número diez lo llevaba alguien llamado Takahiro, era uno de los veteranos, aunque el número cuatro lo llevaba Bokuto-san y él era el indiscutible as, le había robado el lugar al tal Takahiro. Las levantadas de Tobio estaban siendo espectaculares como todas las que hacía, sus manos habían olvidado como se sentía rematar en esa precisa colocación. O lo que era chocar sus manos con las de Tobio.

Su nariz había olvidado lentamente el aroma del sudor concentrado de Kageyama, o la fragancia del desodorante que usaba después de cada entrenamiento cuando se vestían para ir a casa. Lo que no olvidaba del todo era el calor del cuerpo de Kageyama aplastándole contra la cama o el dolor indescriptible de su miembro penetrándolo en esas inexpertas primeras veces. Su cuerpo no olvidaba el molde de las caricias que torpemente Tobio podía darle, ni como con voz baja y ronca susurraba su nombre: "Shoyo" al oído, sólo ene se momento de privacidad, cuando la casa de alguno de los dos se quedaba vacía, es que se permitía usar el nombre del menor. Saborearlo mientras que el pelirrojo lloraba sumido en una lujuria que debería de ser prohíbido para apenas adolescentes, pero se necesitaba tan poco para hacer un apocalipsis y esos dos niños habían descubierto esa fórmula secreta para apartarse del mundo y reflexionar sobre su propia existencia que se confabulaba perfectamente con la del otro.

Hinata suspiró profundamente mientras que se recostaba nuevamente dejando el computador sobre su vientre, mirando el partido pensativo, su mano distraída tocó la pantalla y cerró sus ojos, deseando que Tobio ganara y siguiera adelante sin importar qué.

—¡Pero quiero ir! —los gritos desde el pasillo hicieron que Hinata de un salto se incorporara cerrando su computadora, maldijo cuando se dio cuenta lo que había hecho y alzó la mirada aturdido cuando su puerta se abrió de golpe dejando entrar a los caballos del infierno a todo galope.

—¿Estás loco? ¿De dónde coños crees que sacaré… sacaremos el dinero para cumplir tu maldito capricho, Tooru? Los boletos más económicos están en 60 dlls, eso más los 50dlls del estacionamiento y el combustible… ¡estás loco! ¿Cómo se supone que vamos a costearlo?

Medio equipo titular se encontraba en el interior de su habitación, usualmente le parecía grande pero con cinco gigantes berreando y tratando de dialogar con Tooru que parecía llorar cualquier lugar reducía sus dimensiones drásticamente.

—¡Pero eso no es excusa! —chilló Oikawa mientras que se tiraba a la cama de Shouyo y el pelirrojo se mantenía pegado a su pared abrazando su almohada sin comprender bien lo que estaba ocurriendo—. ¡Lo mismo me dijiste cuando vino Ariadna Grande y Myle Cyrus! ¡O cuando fue el reencuentro de los Backstreetboys en Las Vegas y no quisiste que fueramos! ¡Tú me odias! —gritó el colocador oficial sollozando.

—¡Ni siquiera te gustan los Backstreetboys! —repuso el capitán del equipo americano.

—¡Tú me odias!

—¡Tooru!

—¡Sho-chan! ¡Dile! ¡Dile que amo a Macklemore y Ryan Lewis!

El aludido se vio con la mirada de todos sobre sí. ¿En qué momento había entrado tanta gente? Parpadeó totalmente aturdido mirando a su amigo japonés y olvidando por un instante en lo que había estado haciendo hasta ese momento porque Oikawa y sus berridos llenaban su cabeza.

—Sí… le gusta esa marca de ropa.

—¡No es una marca de ropa! Son dos maravillosas personas —inquirió Oikawa hundiendo su rostro contra la otra almohada de Hinata.

El pelirrojo se rascó la nuca, parpadeeando y se sentó en la orilla de la cama tratando de verdad de comprender. La lectura para el examen lo había dejado sinceramente frito y empezaba a sospechar que estaba pasando por alto algo importante, se perdía de mucho y a él solo le faltaba que de la comisura de su labio escurriera la baba para quedar en incapacidad de lelo, se supone que su descanso lo pasaría viendo el partido de Brasil vs. Japón y estudiando cuando éste terminara, pero al parecer los planes estaban cambiando drásticamente. Siempre cambiaban los fines de semana si Oikawa se aparecía por ahí con su sonrisa torcida que gritaba: Peligro, eso lo había aprendido a la mala Hinata que ahora podía dar un recorrido casi profesional como si fuera residente desde hacía muchos años de los lugares turísticos preferidos por los geek y gente joven en California. Al segundo día en que Oikawa había recibido su auto –regalo de su madre- había subido a Hinata como copiloto y lo había llevado hasta San Ysidro para que conociera México. Con Oikawa todo era confuso, y era mejor ir lentamente para no perderse nada, sin embargo, como le encantaba a Hinata ese modo tan impresiso y revoltoso de ser del mayor.

—¿Qué está ocurriendo? —Era más sencillo averiguar qué estaba pasando que tratar de unir piezas lanzadas al azar.

—Oikawa se enteró que hoy en la noche vienen al L.A. Arena: Macklemore y Ryan Lewis —dijo Julian sentándose en la silla del escritorio de Shouyo.

—Oh, un concierto —resolvió el menor—. ¿Tenemos entrenamiento mañana? —estaba confundido con los días.

—No —repuso el capitán—. Pero…

—¿Pero qué? ¡¿Pero qué?! —chilló Tooru.

—Creo que si no tenemos responsabilidades que se vean afectadas podríamos ir al concierto, también es importante "relajarnos" de vez en vez —inquirió el pelirrojo. Aunque siempre estaba a favor de entrenar con desesperación por esta sola ocasión, solo por esta y ver lo ansioso que Oikawa resolvió que podía frenar un poco el ritmo y ver qué pasaba, dejarse arrastrar una vez más por las ocurrencias del colocador.

—Bueno —el capitán rascó su nuca escuchando las palabras de uno de los chicos más disciplinados—. Pero los bole…

—Los boletos están comprados —aulló Oikawa mostrando los boletos que había comprado en saber dios dónde y las seis personas que estaban metidas en el pequeño espacio se miraron entre sí. Tooru era increíble. Aunque eso ya lo sabía Hinata.

La forma en que remataba, la forma en que salvaba, la forma en que podía motivar al grupo con un par de comentarios o sencillamente poniéndose serio y contagiando a todos con esa furia que terminaba por convertise en victoria. No cabía duda que cualquier cosa que se propusiera ese hombre era capaz de hacerlo. Además de atractivo, era inteligente y se esforzaba más que nadie. Mucho se hablaba sobre la fuerza sobre humana que imprimía en sus saques y lo espantosamente precisos que estos eran, pero poco se hablaba sobre las horas que pasaba en el gimnasio de maquinas nutriendo los músculos o las horas que pasaba entrenando después del entrenamiento oficial en las canchas al aire libre. Perfeccionando, y avanzando. Haciendo florecer su espíritu para enriquecer su técnica.

Le recordaba demasiado a él mismo, era como verse en un espejo demasiado genial y con cabello castaño.

Al acabar el partido Tobio no dijo nada a su entrenador o compañeros, era natural en él que se enfureciera, era mejor dejarlo partir y luego hablar sobre los errores cuando su cabeza estuviera despejada, no hubo oportunidad ni razón por señalar hacia el cielo en su danza de victoria, sencillamente pasó de largo a los reporteros y se encerró en el primer cubículo del baño mientras se colocaba una toalla sobre la cabeza, sus manos recargadas sobre sus muslos. Cerró sus ojos concentrado repasando los errores que había cometido. Era como si de pronto a propósito hubiese dedicido fallar absolutamente todas las colocaciones. Negó y abrió sus ojos concentrado en un punto en la puerta. Debía de entrenar y meditar qué había ocurrido.

Se incorporó y salió del baño. Afuera esperaba Miya Atsumu, el número trece que observaba fijamente al moreno. Kageyama siguió de largo hasta el lavamanos para dejar que el agua mojara sus dedos que temblaban por el sobreesfuerzo físico. Habían sido sets muy largos. El mayor cerró el grifo y con una toalla seca acogió las fuertes manos del rematador. Le regaló una mirada profunda, sus ojos intercambiaron estática silenciosa, y el gemelo golpeó varias veces la espalda húmeda del colocador.

—El siguiente partido podrás hacer tu danza de la victoria —farfulló con su profunda voz Atsumu saliendo del baño.

Tobio no agregó nada más.

Sólo una maldición.

El L.A. Arena era impresionante, totalmente alucinante y más con miles de personas agitadas en sus lugares por los acordes ensordecedores de música que te invitaba a bailar sí o sí. Los boletos eran para lugars generales, demasiado alejado del escenario pero, Oikawa siendo Oikawa, sólo tuvo que acercarse al oído de un par de personas, sonreír, dar dinero por aquí, dar dinero por allá, correr hacia una esquina, ser evitado que los aplastara un grupo de gente enorme y listo. Tooru los había logrado colar hasta las primeras filas donde el flujo de personas era menor debido a que era un área restringida, excluían a todos aquellos que no contaran con un boleto brillante y dorado colgado al cuello, el Gran Rey, siendo el gran rey, había conseguido uno para cada uno de los chicos del club que no se podían creer que estaban en la zona platinum desde donde se podía sentir los pasos que Macklemore daba en el escenario cuando DownTown comenzaba a erizar la piel de todos gracias a las cercanía de los altavoces frontales. Tooru chilló cuando Macklemore aclaró su garganta con todo y numerito de baile empezó a deshacer el escenario. Lo impresionante fue que Tooru empezó a bailar la coreografía completa como si él mismo hubiese formado parte de los ensayos, al menos la primer parte pues la segunda un fan enloquecido por la adrenalina se había colado al escenario y todos buscaron a ver a Oikawa que seguía ahí, los otros seis respiraron tranquilamente pues por un momento tuvieron miedo que ese fan fuese el propio japonés. Cuando dejaron de ver a Tooru, volvieron su mirada hacia el escenario porque el morbo de ver qué pasaba podía más que ver bailar al castaño, o al menos para el resto, pues para Hinata era una especie de adicción que recién estaba descubriendo en ese momento.

¿En qué momento había comenzado a ver tanto a Oikawa?

—Está en el vídeo —se excusó cuando siguió moviéndose de un lado a otro entre la escasa multitud y se dio cuenta que Hinata no lo perdía de vista, confundió apreciación con desconcierto.

El del cabello naranja no pudo evitar girar su mirada hacia sus espaldas donde la multitud, ese mar que por poco amenazaba con consumirle, le traga y le escupe en cualquier otro lado del mundo, enardecía. Ese gentío se atropellaba hacia las vallas de seguridad que pusieron los organizadores para separar a un público que había pagado 50 dlls de aquel que había dejado ir 500 dlls sin tocarse el corazón sólo para disfrutar con champaña gratis y sentir el sudor del artista caerle cada vez que éste se moviera violentamente gracias a sus acordes.

Los fanáticos parecían respirar a un mismo tiempo cantando a una sola voz el coro final de la canción mientras que el rubio en el escenario se alimentaba del sonido que se producía, era como si estuviera viviendo un orgasmo en ese momento. Los ojos de Shoyo parecían fascinados por todos los estímulos que estaba recibiendo, entendía porque a la gente le gustaba ir y ser apretujada, porque esa ansiedad antes de cada salida y porque Tooru parecía desbaratarse gritando junto con las otras miles de persona, era la necesidad de sentirse parte de algo, de algo grande y bullicioso.

La vergüenza de cantar se fue acumulando en su garganta cuando intentó imitar al castaño exlíder del Aoba que parecía tan frenético como el resto de las personas, por tal motivo sólo movía la boca tímidamente, era la primera vez que iba a ese tipo de eventos y sentía que iba a desafinar ahí y todos le mirarían mal. Pero tras sentir la mano sudorosa y caliente de Tooru apretarle la propia sintió seguridad, misma que se reafirmó cuando el Gran Rey lo miró, sonrió y un haz de luz violeta le iluminó la sonrisa haciendo parecer esa sonrisa parte de una gloria fuera de ese mundo. Hinata abrió sus ojos y trató de imitar aquella sonrisa pero sólo logró que el estomago le doliera y después… después, un gritó agudo surcó la arena cuando la lluvia se soltó de golpe sobre sus cabezas mojando las ideas y las ganas, empapando la emoción y haciendo sentir al japonés que estaba en el lugar perfecto.

Hinata se sobresaltó por la tempestad del sur de California, pero el agua por primera vez parecía alentar al fuego que se alzaba y consumía, el menor dejó que lo comiera vivo. Una vez más arrastrado por Tooru que tiraba de su mano para que fuera más al frente donde el tumulto se revolvía.

Thirst shop, la reconocía Hinata. La había escuchado una y otra vez en el auto de Oikawa cada vez que el gran rey lo arrastrara fuera del campus con la promesa que al volver iba a pasarle mil balones. En un punto se vio cantando así mismo a todo pulmón mientras Oikawa hacía lo propio, gritando, desgarrándose, rompiéndose en llanto de la euforia que estaba experimentando moviendo sus manos y después moviendo su cuerpo. Sensual, lento provocativo. Anestésico. De pronto Hinata ya no veía más a Macklemore o a Ryan Lewis, sus ojos solo seguían al castaño. Seguían al castaño y sus labios que también bailaron pero sobre los propios torpemente enredando las lenguas y las manos del mayor sobre sus caderas sin dejarlo mover. Estaban estáticos en el epicentro del mundo y la lluvia mojando no solo sus cuerpos sino las ganas de todo lo que se había acumulado.

Que interesante que era todo.

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Un sentimiento solitario y audaz nacía desde lo más profundo de sus entrañas cuando las plantas de sus pies descalzos tocaron la tierra húmeda después de la lluvia, llevaba en su mano las zapatillas deportivas que había decidido usar para el concierto. Después de ese primer beso vinieron muchos más y él sólo los regresó. Había pasado casi un año desde que su bca había sido ahogada con una lengua lasciva y venenosa. Un presagio del infortunio de su nacimiento que se extendía contagiando cada una de sus células, de su carne, que le mordía los huesos y le hacía saber que nada volvería a ser como antes. Sobre todo cuando a su lado apareció Oikawa mirando hacia el océano. El amanecer pintaba las olas que a lo lejos se congregaban y alzaban para luego morir.

Habían bebido solo un poco, a diferencia de los otros que aún seguían dentro de la fiesta, algunos bailando entorno a la fogata que habían improvisado con leña que pasaron a comprar a un ultramarinos 24 horas, Rett se comía la boca de una chica que habían conocido en el concierto, Matthew platicaba con la amiga de ésta y Demian, el otro rematador, hablaba con Pablo que era hermano de la latina que se deshacía en las manos de Rett. Hanzel y Susan se encontraban también con Matthew y todos parecían ignorar al par de japoneses que silenciosos habían impuesto una ley de hielo que no era malisiosa pero sí necesaria para templar todo lo que habían removido con retroscavadora a presión.

—Oik/Hin —al mismo tiempo hablaron y se rieron al ver la alarmante sincronía que habían anticipado. Suspiró el mayor rascándose la nuca.

—Me han invitado a jugar en San Francisco una vez terminé la universidad.

—Aún quedan dos años para eso ¿no?

—Sí —murmuró Oikawa—. ¿Por qué terminaste con Tobio-chan?

Hinata miró sus pies hundirse en la blanca arena de la playa de Santa Mónica.

—Durante el segundo trimestre del tercer año de la preparatoria, Tobio recibió una carta de la sub-19 para que jugara con ellos. En un principio no la iba a aceptar porque había tenido una recaída con algo de mi garganta —se tocó la zona aludida—. De hecho no jugué en el intercolegial porque estaba delicado, no era cáncer sino secuelas del tratamiento que había tenido antes cuando estaba aún en proceso de elminar el cáncer —murmuró mientras se sentaba en el filo donde la áreana mojada se dividía con la seca, el oleaje era muy suave y el frío del agua salada era agradable al calor que se sentía a pesar de ser las cinco de la mañana. Dejó sus zapatillas deportivas a su lado—. Traté de animarlo para que fuera a la concentración, que luchara por los dos pero Tobio se negó… él tenía miedo de que se fuera y que cuando regresara yo no estuviera.

Las olas aullaron en una suave brisa.

—Al finalizar tuve que llevarlo al médico para que le dijera que estaba bien, que no iba a morir… Tobio fue a la concentración pero le fue realmente mal porqu no podía concentrarse, tuvo muchos problemas con los chicos que estaban ahí… había muy pocos conocidos y el Rey regreso, lo devolvieron a casa casi dos días después de que se fue…

—Vaya, menuda forma de desperdiciar una oportunidad.

—No la estaba desperidicando, sólo… los malos hábitos siempre tienden a regresar, y yo le puse presión sobre sus hombros pidiéndole que "luchara por los dos", a los pacientes con cáncer siempre se nos trata como "guerreros: debes de luchar contra la enfermedad", cuando en realidad solo es una enfermedad: si te cuidas y todo va bien con el tratamiento, pues funciona, sino pues no funciona y listo, me tomó tiempo poder entenderlo y me tomó tiempo entender que lo mismo pasaba con el volley y mi vida, lo que necesitaba Tobio en ese momento era que escuchara como se sentía al respecto, el cáncer no solo afecta al enfermo, sino a la familia del enfermo y yo creí que todo estaba bien con Tobio, que todo sería color de rosa… pero no fue así, todos sabían sobre nuestra relación, o lo intuían, empezó a haber rumores, y Tobio no hacía nada para desmentirlos eso era porque estaba ocupado buscando resolver el desastre que hizo en la concentración… al final fue llamado para jugar otra vez en la Sub-19 y después en la universidad de Tokio, sólo que lo condicionaron, él no me dijo nada pero lo supe por buenas fuentes —no revelaría su relación con el entrenador del Shiratorizawa al que había frecuentado furtivamente tras la muerte de Ukai-sensei para escuchar consejos deportivos—. Uno de los altos directivos de la Sub-19 es homofóbico y parte de la escuadra de entrenadores así que castigaron a Tobio varios partidos porque él no ocultaba ni se tocaba en decir que eramos pareja… así que utilizando el rumor que había corrido con respecto a un supuesto romance con la capitana del equipo femenil del Karasuno decidí romper con él.

—Oh… —Oikawa seguía viendo hacia el oceáno—. ¿No crees que fue egoísta de tu parte?

—Supongo que sí pero… es sueño, él estaba antes de que yo llegara a la vida de Tobio, gracias a ese sueño nos conocimos y nos empezamos a amar, incluso antes de saber que sabíamos amar… si él sigue su sueño buenas cosas le van a suceder —estiró sus piernas el pelirrojo alcanzando a que el mar le besara los pies—. Piénsalo de este modo, en algún punto iba a ser eliminado de la plantilla de jugadores regulares de la sub-19, o sencillamente lo iban a retener hasta que cumpliera 20 pero no sería llamado a selección, y sin un historial de partidos con esfuerzos iba poder entrar a ¿qué equipo? ¿Uno de tercera división? El amor vence obstáculos, sí lo hace, Oikawa pero… también amar es sacrificar.

—¿Entonces aún lo amas?

—Como la tierra ama el calor del sol —cerró los ojos dejándose caer a la arena. Hubo sólo dos minutos de silencio antes de que Hinata se incorporara otra vez—. Aunque… supongo que es momento de ver hacia el futuro —una triste sonrisa se dibujó en el rostro de Hinata Shoyo, a Toru le pareció que fue justo ese momento en que el niño que había conocido desapareció—. ¿No lo crees, Oikawa?

—Sí, creo que sí.

Galletas Grandma: Son unas galletitas de avena y chispas de chocolate muy ricas que son populares entre los niños americanos. Sobre todo porque vienen en latas decoradas con dibujos clásicos de escenas populares como gente cantando villancicos o familias comiendo.

Macklemore y Ryan Lewis: Son uno de mis artistas favoritos, y son muy conocidos, probablemente han escuchado alguna canción de ellos y ni siquiera lo saben. Sus canciones suelen ser muy eufóricas. Las adoro, y bueno para mí, Oikawa es fan apasionado.

Santa Mónica: Es una de las playas más famosas del sur de California, es normal que los adolescentes prendan fogatas, aunque siempre están siendo vigilados por la policía, probablemente arresten a nuestros niños por estar bebiendo porque eso sí que es ilegal.

Clima en California: De la chingada. Así como lo dicen: a las once de la noche puede estar lloviendo (agua congelada como la –censurado-) pero amanece al día siguiente soleado con un calor infernal por el vapor de la lluvia que cayó la noche anterior, mientras más llueve más sofocado se pone el asunto cuando es verano. Hay algo interesante llamado "Los vientos de Santana" pero que del que ya hablaremos más adelante.

Cronopios del autor: Sin comentarios. Ahora sí, nos vemos en dos semanas con actualización doble pues ya tendremos más acción acción de nuestro bello Tobio.

Los amo, no me maten ¿quieren? C:

¡Gracias por leer!

St. Yukiona

Que los ama de corazón, pulmón y, just in the KageHina.