Descarga de responsabilidades: Haikyuu!, no me pertenece a mí -obvio-. Le pertenece a la gente que lo hace (?

Advertencia: Es Yaoi. No mariqueen que no se los advertí. +18. No beteado.

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Las mil plumas del cuervo

St. Yukiona

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Anotación: NO ME MATEN POR FAVOR.

Capítulo 19: Agujeros de Venus

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Oikawa se quitó la camisa empapada por la lluvia que había barrido el Sur de California. Aún escurría a pesar de que se estuvieron secando en la playa hasta las seis de la mañana cuando la policía llegó y tuvieron que literalmente pedir disculpas y regresar al campus. Sin embargo, a pesar de que las autoridades dejaron un frío trago en los que iban en la camioneta de Julian, el capitán del equipo, la fiesta no paró. Al menos no para los que estaban inherentes a la situación, pues tanto Oikawa como Hinata iban uno a lado del otro tratando de que sus piernas no hicieran contacto pues existía esa incomodidad que quedaba después de que te das cuenta que te has besado con el tipo que juraste vencer y al que –más o menos—odiaste durante algunos años de tu vida. Qué patético, diría Tsukishima, que seguramente se hubiera retorcida de la risa al enterarse de la situación que vivía el exbloqueador central del Karasuno.

Cuando llegaron a la residencia estudiantil cada uno se fue a su habitación, aunque tuvieron que hacer de todo para que Susan y Hanzel pudieran colarse hasta la habitación de éste dejando a Oikawa momentáneamente sin lugar donde quedarse, fue cuando Hinata, incómodo pero consciente de la situación le dijo: "Puedes dormir en mi dormitorio, la cama de a lado está vacía". En ese momento había sonado a una idea buena e inocente, pero justo en el momento en que le pasaba una toalla para que el excapitan del Seijou entrara al diminuto baño, ya no era tan buena idea. Sobre todo porque se desnudaba frente a la puerta del baño y no dentro del baño.

En el momento en que Oikawa se dio cuenta de lo que estaba haciendo ingresó al baño azotando la puerta tras él. Sonrojado desde los hombros hasta las orejas. Muchas veces se habían cambiado en la misma habitación, incluso compartieron regadera por falta de agua caliente en alguna sede foránea debido a algún partido fuera de la universidad, pero ahora que eran conscientes de ese gusto que uno tenía por el otro y viceversa las cosas no eran tan simples. ¿Algo así hubiese ocurrido con Iwa-chan y él si se hubiera confesado en aquel momento en que su vena homosexual salto salvajemente durante la preparatoria? En esa época se masturbaba furiosamente pensando en los fuertes brazos de su amigo rodeándole y su lengua llenando de impuras sensaciones cada vestigio de su tibia boca. Suspiró profundamente antes de moverse hasta el baño, que era idéndico al suyo pero más limpio, desorganizado sí, pero limpio. No había rastro de mugre en ningún lado y el jabón de barra que estaba sobre una austera repisa plástica no tenía un solo vello, de esos que los hombres solían dejar. En más de una ocasión había visto a Hinata desnudo y estaba seguro que el niño era lampiño pero sí que tenía vello en su parte púbica, bien cuidado y quedaba acta al notar las tijeras que seguro usaba para ese propósito colgadas en la misma repisa.

Iwaizumi no era así, es decir, era limpio, pero Iwaizumi solía rasurarse todo, desde las piernas hasta el vientre que después de algunos días quedaba aspedo como lija porque los vellos volvían a crecer. En algún momento Oikawa le sugirió usar cera y cuando experimentaron fue cierto que duró mucho más tiempo sin tener que rasurar nada pero dios, Jesucristo, Buda y los ocho millones de dioses en el panteón japonés, había sido más doloroso que una patada en los testículos, por lo cual la idea de usar wax quedó descartada para siempre, y obviamente, Oikawa se llevó su buena dosis de golpes por haberle sugerido tal suplicio. Para Tooru valió la pena cada golpe puesto que tuvo la oportunidad de acariciar el vientre de Iwaizumi "examinando" lo tersa que había quedado aquella piel morena. Por su lado, Oikawa era demasiado vanidoso como para dejar desagradables pelos por todos lados. Cuidaba mucho su imagen, y él si se sometía al wax cada quincena, había llegado al punto que sus vellos habían disminuido sustancialmente de grosor hasta que eran una fina capa de vellos delgadísimos pero que aún así seguía retirando tanto de sus piernas como de su abdomen y vientre. Y, como todo hombre, pasaba la afeitadora religiosamente cada mañana por su cara pues era irrisoria la pelusa que crecía en su barbilla, parecía niño en pubertar con un vello por aquí y otro por allá. Sintió en algún momento odio hacia Hinata pues por ningún lado encontró rastrillo o rasuradora y entonces cayó en la idea de que probablemente era realmente lampiño y a él no le crecía un solo pelo ni en la cara.

Shoyo se encontraba sentado en el borde de la cama mientras que Oikawa se bañaba. La idea de tener a Oikawa desnudo en su regadera viendo sus cosas, usando sus cosas y secándose posteriormente su cuerpo con sus cosas le hizo tener un extraño estremecimiento. Había pasado demasiado tiempo desde que había estado en una situación similar. Recordaba fielmente ese primer beso con Kageyama y lo nervioso que habían estado. La sombra de la muerte acobijando a los adolescentes que torpemente habían chocado boca con boca haciéndose daño en los labios con los dientes del otro, rozando los mismos y las lenguas salivando más de la cuenta. Recordaba perfectamente, incluso, la primera vez que se internaron debajo de las sábanas y ninguno de los dos tenía ni puta idea de lo que iban a hacer y fue doloroso, y Hinata maldijo a Kageyama y hubo un poco de sangre y ambos estuvieron tan asustados y tuvieron que recurrir con alguien y fue súper vergonzoso porque ese alguien fue Daichi que tuvo que viajar desde Sendai hasta allá para ver qué mierda había ocurrido y Daichi fue el primero en saber con total y entera certeza que ya no eran vírgenes y que no siguieron los pasos básicos de toda relación homosexual: Usar lubricante. Hinata se rió cubriéndose el rostro, pues recordó que después de eso no quiso que Kageyama lo volviera a tocar, aunque consecutivamente volvieron a tocarse y todo fluyó mucho mejor que la primera vez.

Es un recuerdo amargo que le apretaba el estómago que le hacía ver terebintos y rosas, volviéndolo todo más difuso. Se tiró contra la cama y cubrió con una mano su rostro. El dolor lo carcome y aunque se relamía los labios sólo siente el sabor de menta y vainilla que ha dejado la boca de Oikwa Tooru.

No lo sabían, pero ninguno de los dos podía borrar de sus cabezas la textura de los labios del otro aunque el recuerdo estuviera acompañado de incertidumbre y lágrimas. Para Tooru había pasado mucho tiempo desde que había besado la boca de un congénere, de hecho, si lo pensaba mejor, la única vez que besó a otro hombre fue a Iwaizumi incosciente, y los colores se le subieron al rostro mientras el agua caliente se llevaba absolutamente todo recuerdo desagradable, recuerdos de un amor unilateral, había decidido desde hacía varias noches que dejaría ir todo aquello que le mataba por dentro y esa madrugada había decidido seguir adelante, así como Hinata parecía seguir, él también lo haría. Pero volviendo al tema principal, que era el que realmente le preocupaba a Tooru, la pequeña pulga –aunque de pequeña ya no tenía nada—le había terminado por robar su primer beso homosexual (sí es que existía algo como eso). ¿Quién había tomado en ese momento la iniciativa y por qué habían acabado en semejante situación?

No lo supo en ese instante el mayor pero de algo estaba completamente seguro Tooru y es que debían de hablar sobre lo ocurrido, hablar y no en el tono melancólico en el que habían estado hablando en la playa. Pero antes que eso él mismo tenía que poner sus pensamientos en claro. Cosas básicas sobre ese tipo de cuestiones. Por lo que pudo notar, de manera superficial, Hinata no era ningún niño puro directo para ser canonizado, el beso había sido bien plantado, resuelto, no hubo saliva, no hubo dientes. Sólo su suave lengua empujando a la poca, sin permitirle de todo tomar el dominio de la situación. No había sido como besar a alguna de las chicas con las que salió durante de la preparatoria, pero suponía que así era besar aun hombre. Tocó con el borde de sus dedos los labios y ardían. Quedó una extraña sensación. Los presionó con más fuerza y fue como apretar el botón "reply": Los ojos de Hinata fijos en él, sus pestañas tupidas mojadas por la lluvia, su rostro brillando en tono azul, amarillo y rojo, y de fondo la voz ronca del rapero, así en la distancia el modo en que el menor lo había observado le hizo sentir su propio pulso. Se sintió atraído por reflejo al movimiento de la boca entreabierta del pelirrojo y… en ese preciso instante descubrió que él había sido quién había dado el primer paso.

Pero Shoyo no había hecho absolutamente nada para evitarlo.

Hinata se incorporó apenas escuchó la puerta abrirse, apareció Oikawa con una seriedad aplastante. Se miraron entre sí. Shoyo quedó callado al ver a Oikawa desnudo con una expresión que daba miedo. Una expresión terrorífica casi la misma que ponía cuando daba un remata killer.

—¿Se-e acabó el shampoo? —cuestionó confundido el pelirrojo mientras que se acomodaba mejor en la cama sin saber si ponerse de pie y huir o sencillamente no hacer movimientos bruscos para no provocar a ese animal salvaje.

—…—Oikawa no respondió nada pero la expresión terrorífica se volvió más suave al punto que se volvió un puchero y Shoyo no pudo evitar soltar una suave carcajada que acalló cubriéndose la boca—. ¡No te rías! —exigió el castaño dando sancadas hasta quedar frente a Hinata.

Éste le siguió observando sin poder discimular más la sonrisa de evidente burla hasta que tuvo que avanzar hacia atrás pues la rodilla del armador, la rodilla que usualmente llevaba con una venda elástica blanca, quedó hundiendo el borde del colchón. Los ojos castaños del bloqueador se fijaron en los del contrario que con lentos movimientos le dirigía hacia atrás. Hasta para eso, el maldito general era bueno, pues antes de que el incomodo silencio los devorara otra vez ambos jugadores se adelantaron y se estaban comiendo nuevamente la boca. No con desespero ni ansiedad propia de adolescentes, sino como dos personas que se dan el gusto de degustar un fruto dulce. Relamiendo los bordes y sorbiendo de éste el sabor. Despojando aquello que estorbaba para sentir la blanda y tersa piel, la mordisquear la carne para después consumir el néctar.

Por breves segundos se quedaron viendo, apenas acompasando las respiraciones agitadas.

—Oi… —intentó hablar el menor pero el mayor se volvió a ocupar en recorrerle con los labios, ya no la boca, sino su cuello.

Shoyo dejó escapar un suspiro agónico mientras que cerraba los ojos y se dejaba llevar por las manos que llenas de dureza le acariciaban despojándole la vergüenza de compartir piel con otra persona después de mucho tiempo.

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Durante la universidad dicen que pasan muchas cosas. Desde conocer nuevas amistades, hasta conocer a la persona con la que emprenderás la mejor versión de ti mismo, aunque no siempre esas relaciones temrinan ser para siempre. Hinata recuerda que antes de irse en el taxi rumbo a Narita donde tomó el avión que lo llevaría hasta USA, su madre le dijo que aprendiera de cada una de las experiencias que se le presentaran, que fuera un chico responsable y le hiciera sentir orgullo, aunque a decir verdades, el simple hecho de que hubiese sobrevivido a un cáncer y estudiara en el extranjero sin pagar un solo yen hacía que la familia Hinata se sintiera sumamente orgullosa. Nada de lo que su hijo hiciera de ahora en más sería motivo para avergonzarlos, ni siquiera esos momentos en que acalorado y con la piel perlada por una fina capa de sudor y saliva veía el techo. Oikawa lo abrazaba por el vientre mientras dormitaba. La mano del pelirrojo acariciaba distraídamente el cabello.

¡¿Qué coños había hecho y bajo que conceptos?!

Si le hubieran dicho un año atrás que iba a terminar por acostarse con Oikawa Tooru lo más seguro es que hubiese terminado por reír a carcajadas, y si se lo hubieran dicho tres años antes cuando su mayor problema era encontrar una técnica para vencer el demoníaco ataque de ese mismo hombre sencillamente hubiera mandado a tomar por culo a la persona que lo hubiese mencionado siquiera. Pero ahora estaba ahí. Tomando lo que le ofrecía el castaño para sofocar el recuerdo de los besos dados en otra boca, en otro tiempo. ¿Por qué era eso verdad? Porque no existía posibilidad alguna que durante todo un año, estuviese guardando en el fondo de su consciencia un especial gusto por el castaño. Una admiración que día a día había crecido, añorándola y tratando de imitar las hazañas que el otro hacía.

Era sencillamente imposible que él, Hinata Shoyo hubiera deseado en lo más oscuro de su corazón el estar así de cerca con otra persona que no fuera Kageyama Tobio, porque de ser así, de ser cierto que su corazón albergara un nombre más que el del otro armador qué era lo que exactamente significaba todas esas noches de desvelo donde se dormía mojando las almohadas y mordiendo sus manos evitando llamar el número que sabía de memoria, todos esos días en que se colgaba su mejor sonrisa y decía que iba bien, que iba hacia el futuro y superaba de magnifica forma el rompimiento que él mismo había provocado.

Shoyo se diagnosticaba como un desastre. Un auténtico y gran desastre en esos momentos.

Su mano cayó de los cabellos castaños y Oikawa se incorporó. Miró en silencio a Hinata y enseguida se incorporó mientras que buscaba su ropa. Sólo enfundó sus pantalones y el resto de sus cosas las llevó en las manos.

Ahora las prácticas serían un verdadero desastre. Otro.

O al menos eso creyó que así sería pues justo durante la hora de comida, después de que pasara a comprarse pastillas para el dolor y una pomada para rosaduras –ganándose una mirada extrañada de la farmaceútica—recibió en su Whatsapp, una aplicación similar a Line, un mensaje del armador.

Oikawa 13.05 pm:

No te olvides que hoy entrenamos con Hanzel, llevas tu balón que el mío se lo quedó Rett.

Claro, porque desde hacía varios meses entrenaban los tres juntos los días que había libres de entrenamiento oficial. Se juntaban en una vieja cancha de básquet que ya no se usaba, pero que igual tenía suficiente iluminación y el piso era idóneo a pesar de que era de concreto. Ahí podían darse vuelo jugando hasta muy entrada la noche cuando caminaban de regreso a los dormitorios, riendo y bromeando, o discutiendo o sencillamente hablando. A pesar de que Hinata y Oikawa al principio intercambiaron miradas mudas no forsaron una conversación, ninguno de los dos quiso hablar sobre lo ocurrido durante el concierto o después de éste. Por el contrario, Hanzel fue el pegamento que unió ambas partes en una conversación trivial que los dejó descojonado de la risa cuando escucharon como Hanzel y Susan habían intentado follar en la playa, y cómo ambos habían acabado con tierra por todos lados y ahora Hanzel tenía rozado uno de sus testículos. Porque de eso hablaban de hombres.

Para las diez de la noche, casi cuatro horas después de haber comenzado el entrenamiento, Oikawa, Hanzel y Hinata caminaban, como siempre a los dormitorios.

—Por la Madre Teresa de Calcuta —gimió Senikov mirando su celular—. Que me ha llamado Susan… al parecer lleva dos meses sin reglar y la muy bruta apenas se ha dado cuenta —señaló aterrado—. Los veo —gritó el americano mientras pegaba carrera hacia los dormitorios de las chicas. Oikawa y Hinata se quedaron mudos, y después se miraron entre ellos.

—Bueno… al menos no tendremos ese problema —comentó Tooru, volviendo a caminar. Shoyo se quedó viendo hacia donde había huído Hanzel y enseguida captó la cruel broma de Oikawa empezandoa reír, lo siguió.

—Igual me he comprado una "del día después", por si las moscas —agregó el pelirrojo y ambos chicos rieron, estaban demasiado cansados como para forsar una atmosfera desagradable o incómoda. Habían agotado hasta el último gramo de estamina, y su cebrero simplemente se encontraba en "off" listos para desenchufarse.

—¿Te apetece que hablemos? —murmuró Oikawa subiendo las escaleras.

—Claro, ¿por qué no? Pensé que nunca lo dirías —aclaró Hinata siguiéndolo automáticamente hacia la habitación que el mayor compartía con Senikov, por la noticia que había recibido el americano dudaban que llegara pronto, por lo cual tendrían tiempo de sentarse y hablar largo sobre lo que había acontecido.

Al entrar a la recamara de Oikawa, Shoyo se da cuenta que luce mucho más pequeña que la suya, se había acostumbrado a la soledad del lado de su recamara que jamás había sido ocupada. Por el contrario de esa habitación que tanto Hanzel como Oikawa se habían esmerado en atiborrar de afiches de películas viejísimas y otras más modernas pero que seguro se volverían del canon. Allá junto a la ventana sobre la cama que Hinata sospechaba era de Hanzel hay un poster tamaño jumbo de Naruto, a su lado otros más pequeños, pero unos cinco o seis de Yuri On Ice y algunos otros ánimes que conocía pero no recordaba su nombre.

Oikawa le ofreció una toalla y Hinata la aceptó empezándose a secar el sudor. Él quedó de pie acercándose al librero del castaño que volvía desnudarse a pie de la puerta del baño. Shoyo comprendió que Oikawa había hecho lo mismo allá en su habitación esa misma madrugada porque era ahí donde estaba la bolsa de la ropa sucia, una costumbre adquirida con el pasar de los tiempos, pero como antes, Hinata había apartado la mirada. O casi, se obligó a ver el librero encontrando tomos bastante gruesos de medicina, así como pequeñas maquetas de células y partes del cuerpo, un montón de anotaciones de vóley y otros de asignaturas sobre el escritorio del castaño. Era asombroso. Recogió unas hojas que por poco pisaba y las observó de cerca, eran letras, simbolos y explicaciones en una letra diminuta que apenas alcanzaba a ver bien. En el mismo escritorio los lentes de lectura de Oikawa. Los acarició lentamente, la forma ligeramente curva y las frías patas dobladas hacia dentro. De paso, tomó el lápiz amarillo que iba por la mitad y pensó que era la primera vez que veía un lápiz usado hasta ese punto, ladeó el rostro pensando en las horas interminables de estudio después del entrenamiento o antes de éste que Tooru pasaba ahí y se estremeció ante la pesada carga que debía de llevar el armador. Se giró hacia Tooru para hacerle saber lo mucho que lo admiraba y éste seguía sin su camisa, a unos escasos centímetros de él. Sólo el pantaloncillo deportivo, sucio, holgado apresado a su cadera firme.

Los dedos del castaño acariciaron la mejilla de Hinata de la misma forma en que éste tocara sus anteojos, el menor en silencio se deja hacer. Cerró sus ojos en el momento en que el otro esmpezó a curtir a besos su barbilla, su cuello, recogiendo su sabor a sal y tierra. Las manos del pelirrojo quedaron sobre la cadera de Oikawa hacipendolo hacia sí antes de que sus bocas se encontraran en un punto inconexo.

A Oikawa se le encogió el corazón cuando Shoyo le mordió ligeramente el lóbulo de la oreja. Oikawa no esperó más y lo empujó contra el escritorio, no de forma brusca sino con una abrumadora lentitud que desconcertó por completo a Hinata porque antes pasó lo mismo y en breve volvió a quedar abnegado de sus facultades para decir: Basta, íbamos a hablar.

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Era martes, el día anterior habían terminado follando hasta que escucharon que alguien azotaba puertas y sobresaltados pensando que Hanzel había llegado se separaron, Hinata recogiendo sus cosas y huyendo a su habitación, en realidad Hanzel no llegó a dormir ese día pero de igual forma Shoyo no tuvo intenciones de pasar la noche en esa alcoba, al menos no con el deseo latente tan fuerte como parecía estar presente. Cerca del medio día durante su clase de literatura hispanoaméricana Shoyo envió un mensaje.

Chibi-chan 14.00 pm.

Necesitamos hablar, Oikawa.

A la mierda el honorífico después de haberse besado y follado dos veces, dos días seguidos. Ni su dignidad o su trasero respetarían más al armador hasta que no quedaran algunas cosas claras.

Oikawa 14.05 pm.

Tengo una hora libre de 3 a 4, hablémos en el Starbucks del campus.

Hinata 14.05 pm.

Perfecto. Nos vemos en el Starbucks.

Y se encontraron en el Starbucks.

— Vale, necesitamos hablar en eso estoy totalmente de acuerdo —dijo Tooru sentado frente a Hinata agitando el contenido de su termo negro que rezaba "Reserve" de Starbucks. Hinata tenía uno idéntico solo que el de él tenía incluso su nombre escrito en romanji: "Shoyo Hinata" (tuvo que pedirle a Hanzel que escribiera el nombre para mandar hacer el grabado pues no estaba muy seguro si debía o no usar la "ou" o sólo la "o", aún cogiaba del romanji en inglés).

—Sí, tenemos que hablar —repondió Hinata como si sufriera un deja vú mirando a los ojos al armador que le devolvió la brava mirada, y era justo por esa maldita mirada que no se podía estar en paz, que no lograba mantenerse lúcido o dentro de sus pantalones. Otra vez se sentía esa extraña reacción estática en el aire que las dos últimas veces los había enviado a empotrarse cual animales en celo sobre cualquier superficie. Estaban a dos segundos de tirar la mesa a volar para saltar el uno sobre el otro, pero se abstenían pues estaban en el campus, y aunque era normal ver a las parejas heterosexuales y homosexuales dar escenas especialmente perturbadoras dignas de películas porno, ambos eran miembros activos del club de vóley y el entrenador era bastante estricto en cuanto el comportamiento de sus jugadores: "No me importa si salen entre ustedes, o con otros chicos, o chicas, pero nada de dar escenitas pasándose bacterias o vomitando en cada esquina del campus por estar borrachos" —. ¿Por eso nos citamos aquí, no?

—Precisamente —señaló Oikawa ahora dando un sorbo largo a su bebida.

—¿Es sobre lo que hemos estado haciendo?

—Suena como si estuviéramos robando galletas a escondidas, Chibi-chan.

—Pues es un poco peor que eso —murmuró el armador y observó su termo—. Antes que nada… ¿estás saliendo con alguien? —no quiso mirarlo a los ojos, porque si el otro decía "Sí", se iba a sentir más miserable de lo que ya se sentía en ese momento. Sin embargo pasado un par de segundos alzó la mirada.

—Jamás te hubiera besado en primer lugar, Shoyo. No soy esa clase de persona.

Y es por el modo en que lo dice todo convencido y adulto que provocó en Shoyo cierto corto circuito que le hizo apartar el rostro con los labios torcidos y sus manos aferradas al termo negro. Sintió cuando Oikawa se cambió de asiento y se recargó de la mesa para mirarle mejor, para estar más cerca de él.

—Sé que la opinión que tienes de mí no es la mejor, Sho-chan pero en esta ocasión siento que no estoy haciendo las cosas mal…

—¿Perdón? —Hinata volvió la mirada casi ofendido. ¿En esta ocasión? —. Osea que no es la primera vez —infirió el menor y Oikawa sonrió casi de inmediato.

—¿De verdad crees que soy del tipo que conquista chicas y chicos por igual y me acuesto con ellos sólo porque sí?

Shoyo bufó, ni siquiera se atrevió a responderle porque la mirada de Oikawa estaba a punto de convencerlo de que era alguna especie de victima y que sus palabras eran las abusadoras en todo ese teatro, parte de culpa llevaba él por no detenerlo, pues en ningún momento había sido obligado sin embargo cuando se puso de pie, porque de verdad necesitaba moverse y alejarse de Oikawa antes de que se volviera a poner a contar los lunares de su espalda y hombros, pero la mano firme del armador lo detiene.

—Sho-chan.

—Oikawa… yo no me siento, listo, no me siento bien y…

—Lo sé, a mí me pasa igual.

Antes de notarlo se encontraba en su habitación abriendo la boca para recibir la boca del armador. Y es un beso amargo que le supo a tristeza y nostalgia resagada, sí esa era una táctica del castaño para hacer caer a su víctimas, funcionaba perfectamente bien, pues Hinata se estaba entregando cual pájaro a las manos del depredador. Estirando sus manos para tratar de deshacer los botones del uniforme blanco que los estudiantes de medicina usaban en algunas de sus clases. Sus mochilas quedaron tiradas a los pies de las puertas y la bata de médico del armador quedó arrugada. Después se preocuparía por ella.

Oikawa mantenía acorralado a Hinata contra la puerta y Shoyo siendo tomado, reclamado por él sólo sabía suspirar y devolver los besos que se envolvían en copisas respiraciones. En un punto sus dedos se entrelazarón y el nudo quedó arriba de la cabeza pelirroja, la posición torturaba los músculos de su espalda mientras que las tiras adhesivas de colores se torcían gracias a los movimientos que le obligaba a hacer.

—Oika… —un gemido deformó su voz y Tooru le mordía la manzana de Adán mientras desabrochaba el pantalón de Shoyo con una mano y, sin bajarlo, coló la misma mano para tomar su miembro y masturbarlo sin miramientos. Adoraba ver los ojos de Hinata volverse blancos mientras que el pudor abandonaba ambos cuerpos. Ese sentimiento de dominación que sólo había experimentado en la cancha parecía traspolarizarse en la piel del cuervo que pálida enrojecía donde tocaba y acariciaba, donde se enterraba y apretaba.

—Só-sólo tenemos media hora —se separó Hinata para mirarlo dejando sus labios separados—. Date prisa —ordenó necesitado tirando hacia atrás su cabeza retorciéndose del placer. Afuera escuchaba el ruido del corredor siendo transitado por otros estudiantes. La vida seguía ahí lejos de ellos.

—No estás lubricado, puedo lastimarte —infieró el mayor mientras lo veía a los ojos, él ya había endurecido con solo escucharlo, también tenía unos deseos indecentes de entrar en él, penetrarle y escucharle rogar por más pero no podía sencillamente saltar y penetrarlo sin más. Relamió sus labios al tanto contenía la respiración un instante antes de besarle el cuello una bez más, liberando la mano ajena para tomarlo de las caderas y hacer que se abracerá a su cintura con sus piernas.

Sólo tuvo que dar un par de pasos antes de que se dejara caer con Hinata sobre él. La erección de ambos restregándose provocándolos. Sus miradas se unieron y encontraron a tientas la vaselina que habían usado la primera noche después del concierto. El resto del set se lo sabían de memoria.

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—Tus calcetas —tiró un bulto Hinata a Oikawa que se dio un rápido baño para quitarse el aroma a sexo y sudor.

—Gracias —contestó Tooru sentándose en el borde de la cama—. ¿Viste mi corbata? —preguntó angustiado, tenía quince minutos para llegar hasta su salón de clases antes de que lo dejasen afuera y eso no era opción para el armador.

—¿Traías una? —preguntó Hinata agitado también vistiéndose, buscando entre ropas blancas y negras sus calzoncillos.

Ambos intercambiaron miradas antes de echarse a reír sincera y plenamente.

Apenas cinco minutos después ambos salen arreglados corriendo por las escaleras.

—Vale, nada de vernos a solas.

—Hay entrenamiento y el fin de semana partido.

—Me parece bien.

—Perfecto.

—Perfecto.

Saltaron los últimos dos escalones y Shoyo le tiró la bata a Oikawa, y Oikawa le pasó su mochila a Hinata. Bajaron también apresurados los últimos escalones del edificio de la residencia estudiantil antes de darse un beso rápido y salir corriendo casa cual hacia sus facultades.

Tres segundos después Hinata paró en seco para dándose cuenta de lo que hizo, girándose violentamente para ver que en la lejanía la mancha blanca que es Tooru en bata médica también se detuvo.

"Mierda", rezó antes de volver a correr cuando sintió que Tooru iba a voltear a verle. Había sido demasiado natural.

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Tal y cómo lo prometieron la siguiente vez que se encontraron se dedicaron una mirada a los ojos y serios se sentaron para poder hablar como gente civilizada.

—Vale. Tenemos que dejar de hacer eso —dijo Hinata en japonés totalmente convencido de sus palabras. De hecho, cuando hablaba con Oikawa siempre hablaba en japonés, salvo que estuviera frente a otros.

—¿Hacer qué? ¿Dejar de saltar el uno sobre el otro? —cuestionó Oikawa. Él también lo hizo en japonés, y de hecho, ambos tienen ese decreto no dicho jamás de hablar en inglés frente a otras personas, sin embargo ahí en medio del vestidor de jugadores de los Bruins de la UCLA, lleno de sus compañeros de equipo que se preparaban para salir al campo de guerra fue el mejor lugar que encontraron para hablar. Porque al menos ahí tienen la certeza que se mantendrán cuerdos y con la ropa puesta, o al menos lo suficiente cubiertos como para no cometer nuevamente el impúdico acto que llevan toda una semana haciendo en lugar de hablar como gente civilizada. Las hormonas les pegaron a destiempo, fuera de su etapa, de forma cruel y ruda.

—De eso y sobre lo que hemos estado haciendo —inquirió Shoyo ajustándose las zapatillas, las rodilleras las llevaba en los tobillos aún no las había acomodado en su lugar.

Oikawa, sin embargo ya había ajustado las dos vendas elásticas que se ponía sobre su rodilla derecha y en la izquierda la rodillera negra, le apretaba lo suficiente como para que tuviera la confianza de que no va a caer a mitad del juego dejándolo indefenso.

—Vale, hablemos entonces —señaló el mayor poniéndose de pie frente a Hinata y a éste se le erizaron los cabellos de la nuca. No se atrevió a alzar la mirada y chocar su mirada a la entrepierna de Oikawa que imaginó se encontraba cerca. Siguió abrochando sus agujetas.

—¿Seguiremos haciendo "eso"? —preguntó en voz baja. El resto del equipo los ignoraba pues suponían que discutían tácticas o cualquier cosa, les daban su privacidad a los extranjeros. Ni siquiera se molestaban en tratar de entender puesto que no comprendían absolutamente nada salvo el "arigato", "domo" y "konnichiwa", y de eso no habían mencionado palabra alguna

—Lo dices como si te hubiera estado obligando, Pulgarcito —Tooru se dejó caer a su lado mirándolo—. No sé que tanto ha pasado entre Tobio y tú, pero es obvio que aún le sigues queriendo, así como yo sigo queriendo a Iwa-chan.

Hinata había dejado de trabajar en sus tenis y ahora se dedicaba a subir sus rodilleras. Seguía sin mirar al mayor.

—¿Y el punto es? —murmuró Shoyo. Oikawa se siente ligeramente frustrado en tener que ser él el que decidiera todo, no obstante, es una cruz que está dispuesto a cargar debido a que él había hecho el primer movimiento en aquel concierto hacia una semana atrás y el que no había detenido en ninguna sola ocasión cada vez que sus impulsos lo arrastraron hacia Hinata.

—¿Tú quieres esto? —le tiró la pelota y Hinata se incorporó para mirar los ojos castaños del armador.

—Oikawa, solo para estar seguro y no existan confuciones —porque no quería repetir historias pasadas y errores que le costaron felicidad. Hinata apretó los puños—. Por favor, explícame a qué te refieres cuando dices: "esto". "Esto" sexo casual. "Esto" una relación donde vienes y vas, y yo puedo hacer lo mismo. "Esto" una relación como las otras relaciones que has tenido —y que ninguna terminó bien porque siempre metías la pata diciendo: Lo siento pero creo que ya no me gustas—. O…

—Es un "esto" con miras de intentarlo y que las cosas funciones porque creo que me gustas más de lo que me debes de gustar porque joder eres "pulgarcito" la piedra en el zapato durante el tiempo que estuve en Seijo, porquien no pude pasar ni una jodida vez a las nacionales, la mosca en la sopa durante dos años seguidos, el tipo por el cual ni más ni menos Kageyama Tobio se reveló al mundo como homosexual, y por el cual yo estoy empezando a perder la cabeza.

Hinata Shoyo no sabía si estaba bien ir a la cancha con esos sentimiento rebeldes amasándose al borde de la locura, ahí en el mismo sitio en que lo había dejado en aquella ocasión cuando el doctor con mirada seria y gesto impávido le dijo: Tienes cáncer y probablemente no vuelvas a jugar vóley. En ese mismo sitio donde sus piernas eran gelatina y todo parecía derretirse. ¿Funcionaba un "déjame pensarlo"? Por dios, habían follado en la alfombra de su recamara. ¡En la jodida alfombra! Y estaba demás decir que le gustaba un montón, pero cuántas historias sobre amor confundido con admiración terminaba en desastre.

—Oikawa yo…

—Hinata, perdí años de mi vida deseando que una estrella cayera y golpeara a Iwa-chan para que se enterara que estaba enamorado de él. Sufrí lo que no se tiene que sufrir, porque el amor no tiene que ser sólo sufrimiento… no quiero pasar los siguientes dos o tres años de carrera atormentándome otra vez, esperar a que sea demasiado tardey descubrir que pudimos ser algo más que solo un buen revolcón, porque siempre doy… al parecer, buenos consejos pero… yo siempre terminó hundiéndome, y ya me cansé de sólo ser polvo estelar en el cielo de todos.

Hubo un silencio en el cambiador pues sin notarlo Oikawa terminó poniéndose de pie de modo abrupto, dejando de paso a Hinata sin aliento y con el corazón latiendo en la garganta. Sus ojos avellana fijos en los del mayor y sus labios entreabiertos. Un sollozo vino desde el fondo del cambiador y todos se fijaron que Hanzel lloraba.

—Sólo dile que sí, Shoyo —suplicó el otro armador, también en japonés. Y la situación se volvió confusa.

Hinata afirmó lentamente incorporándose para abrazar a Oikawa, para estrecharlo fuerte y rellenar el vacío en su pecho con el latido de su corazón. Lo tomó por los hombros para que lo mirara a los ojos.

—No eres el polvo estelar del cielo de todos, eres un cómeta, raro y poderoso, eres el cometa Haley —besó la mejilla y ruiseño se alejó.

—Bi-bien equipo —interrumpió el capitán llamando la atención de todos de la extraña escena—. Hoy vamos contra nuestros rivales, jugamos con ellos en los playoffs el año pasado y nos arrebataron la corona, este año hagamos historia.

—Como Yuuri en el Grand Prix, y Naruto volviéndose Hokage, o Gokú ganando el torneo de —a Hanzel le tiraron una toalla mojada para que se callara.

—Gracias —aclaró la garganta el capitán—. Este año, será nuestro año, este es el inicio de la temporada y seguiremos en racha. ¡Bruins!

—Bruins, rugiendo fuerte —bramaron todos en el vestidor mientras se incorporaban y caminaban hacia la salida.

Hinata esperó a Oikawa regalándole una cálida sonrisa y después ambos se concentraron en consolar a Hanzel que seguía sensible ante la emotiva confesión.

Afuera del túnel que llevaba a los vestidores directo a la cancha el ruido de la conmoción de la afición se escuchaba. En UCLA cada partido aunque fuera amistoso o entre los dos equipos del club deportivo parecía ser una final mundial. Todas las butacas siempre llenas, no había plaza disponible a la venta. Rostros pintados de azul y dorado que vivían la pasión al límite. Para Hinata siempre sería impresionante pisar la cancha y sentir un golpe de sonido con los viroteos, tambores y aplausos de los que iban a apoyar al equipo local. Un grupo mínimo de personas que iban vestidas de rojo apoyando a los desafiantes que jugaban como visitantes.

La cancha principal del auditorio TD de la UCLA se usaba en eventos de la NCAA sólo para los equipos de vóley de la universidad, una ambiciosa edificación financiada por patrocinadores privados que eran verdaderos amantes del deporte y de la UCLA. Por esa cancha habían pasado famosos deportistas que actualmente jugaban en Rusia, Turquía, Italia e Inglaterra, el sueño de la mayoría de los jugadores de la clasificatoria A: Ser comprados antes de terminar la universidad.

En un mes sería el inicio la clasificatoria de la Championship de la NCAA y partidos como esos eran importantes pues el entrenador perfilaba a la escuadra que iba a jugar el resto de la temporada. Hinata quería ser clasificado y poder jugar.

Saludó a la cámara cuando pasó delante de ella y caminó hasta la banca donde tomó lugar para acomodarse la codera.

—¡Hinata-senpai! —gritaron varias voces desde las gradas y el pelirrojo alzó la mirada, Oikawa también alzó la mirada y se rió al ver la cara roja y brillante del menor al encontrarse con un grupo como de diez chicas en las butacas con varias cartulinas flourescentes con el nombre de Hinata, todas usaban la camisa "14", el número que se le había dado a Hinata.

—Salúdalas —inquirió Oikawa arreglándose el cabello. Shoyo miró al castaño.

—¿Está bien eso? —preguntó curioso.

—Vienen a apoyarte, así que sí… está bien —señaló el armador mientras se preparaba para calentar.

Hinata agitó la mano y las chicas chillaron, el menor volvió a sonrojarse y empezó a correr para calentar. La otra escuadra lucía fuerte, la mayoría de sus jugadores rondaban el metro noventa, sólo el líbero parecía una pequeña pulga entre gigantes, pero hasta éste tenía la cara de asesino serial.

—Será mejor que comencemos con precaución y guardemos "eso" para el final si se requiere —dijo Hanzel a Hinata y a Oikawa.

—Me concentraré en Julian y su remate cruzado, Sho-chan te encargo la pantalla.

—La carnada definitiva estará en marcha —señaló el pelirrojo a Oikawa. Chocaron los puños y empezaron el calentamiento de remate.

El partido comenzó como era de esperarse y poco a poco los adversarios y defensores comenzaron a marcar sus propios puntos. El sudor empezaba a perlar la piel de todos, y el corazón agitado por los saltos se volvían frecuencia. La cabeza de Shoyo se sentía despejada a pesar de lo que había acontecido en los vestidores pues tras echarle una mirada cómplice a Oikawa entendió que los sentimientos se dejaban fuera de la cancha, a ella solo se llevaban las ganas de triunfo. Tooru era un buen maestro.

A Oikawa le chiflaba también, cuando en el campo de batalla es consciente que va ganando terreno, que infundía miedo en los corazones de sus enemigos y que sus armas más poderosas están funcionando como deben de funcionar, del modo en que debe de ser, y Hinata era esa arma clave que durante el primer año que estuvo lejos de Japón le faltaba, no tenía la fuerza bruta y desbordante de Iwaizumi pero poseía la misma ambición poderosa de victora, algo incluso más peligroso que la propia fuerza en su estado más puro.

Su espalda se arqueó en una postura casi imposible mientras sus dedos tocaban por breves segundos el balón, éste salió disparado hacia la posición donde Hinata ya había alzado vuelo para mandar a dar por aire al esférico. El Mikasa rozó los dedos de los bloqueadores y fue a golpear contra las gradas. Ni siquiera el sudor que salpicaba en sus ojos y ardía pudo evitar que Shoyo gritara con la conmoción escociendo su garganta lastimada, de forma violenta y abrasadora. Tooru y el resto del equipo se abalanzaron contra el pelirrojo mientras que la traspiración de todos se sentía espesa y caliente.

El comentarista del NCAA enloqueció por lo psicópata de la colocación pues hadbía sido un ir con todo y sin pensarlo, como si sus mentes hubieran estado coordinadas.

Ese es el número 14 de la escuadra angelina —habló el comentarista.

Oye Tom —comentó el otro comentarista—, dicen que el 13 es el número de la suerte pero para los Bruins el 14 es su número de la buena fortuna, su trébol de cuatro hojas, su Santo Grial, su caldera al final del arcoíris, ese es el número 14, Shoyo Hinata, de origen japonés, aquí dice que es originario de la localidad de la región de Miyagi y que ha jugado vóley desde la secundaira —agregó el comentarista mientras que en la pantalla se podía ver la repetición de la jugada. El corazón se le estrujo a Kageyama cuando la pantalla se congeló brevemente en el momento en que Hinata alzaba su dedo índice hacia el cielo para después besar la palma de su mano y llevarla hasta su pecho.

Te doy toda la razón, Larry, sin embargo pero creo que esa aurola de oliva no se la lleva sola sino que la comparte con Tooru Oikawa, el otro japonés que llegó a revolucionar el modo en que se juega el vóley en el estado donde el sol nunca se esconde. Al parecer Oikawa y Hinata han estado juntos desde la escuela preparatoria donde jugaban en escuelas rivales.

El estómago se le revolvió a Kageyama cuando en pantalla fue testigo de cómo Oikawa se reclinaba hacia el oído de Hinata y éste soltaba una alegre carcajada, se volvieron a acomodar en sus lugares y Kageyama apretaba los dientes sin perder de vista al pelirrojo.

Rivales o no, ahora se complementan bastante bien.

A decir verdades, Larry, debemos de reconocer que Tooru ha hecho un increíble trabajo como el armador oficial de los Bruins, y no sólo con Shoyo hace un buen trabajo sino con cada uno de los integrantes.

—Esta temporada de partidos amistosos hemos visto muchas rotaciones pero se van perfilando los favoritos para formar la escuadra que probablemente lleve a los Bruins a los nacionales de NCAA.

—Una ambiciosa meta que no veo tan lejana, Larry.

—De acuerdo contigo, Tom —anotó el comentarista—. Saca Oikawa. ¡Y anota punto directo! ¡Los Phoenix no saben ni lo que les ha pegado!

—Qué saque tan más espectacular, una precisión que me daría miedo enfrentar en cancha. Una cosa es verla pero otra es tratar de recibir algo así.

Los comentaristas siguieron haciendo su trabajo y Tobio prefirió solo ponerle mute el set que restaba para que el partido concluyera. La sonrisa de Hinata se veía tan deslumbrante como la recordaba y la confianza para volar había incrementado en demasía. Anotaba punto tras punto y colaboraba perfectamente en que otros también anotaran. A simple vista se podía ver como todos parecían apreciar al japonés pues cada vez que anotaba o que fallaba pasaban a festejar con él. De hecho, cada vez que fallaba algún saque los del equipo angelino aplaudía y Hinata se disculpaba con una sonrisa torpe. En esos momentos Kageyama sonreía con él, y acariciaba con la yema de sus dedos la pantalla.

—Kageyama-kun —saludó Ami, una de las asistentes del equipo de vóley de la universidad y éste alzó el rostro.

—Ami —murmuró quitándose solo un auricular puesto que los comentaristas habían empezado a hablar sobre la tabla de posiciones y ese dato si le interesaba a Kageyama, omitía con desprecio los comentarios que elogiaban a Oikawa y a Hanzel Senikov, que para alegría del moreno estaba en la misma división y en el mismo equipo que Hinata, resultaba y no una sorpresa, de hecho cuando se enteró de que estaban jugando en el mismo equipo mando a tomar por culo su celular y después tuvo que conseguir otro. Después de un año seguía jugando a ser el stalker perfecto y seguía no solo las redes sociales de Hinata, sino que también las de Senikov y las de Oikawa. En todas aparecían fotogragías bastante regulares de los tres. Hacía falta colocar: "PerfectSquad" para que aparecieran imágenes de los tres, incluso los propios fans de la división los habían catalogado de esa manera.

—¿Estás viendo un partido de vóley?

—Sí, la liga de verano de la NCAA —explicó mientras miraba de reojo a la chica y ésta tomaba lugar a un lado del moreno.

—¿La NCAA?

—Es la liga universitaria del deporte en USA —comentó y vio que los Bruins había clasficiado con esa victoria al Torneo regional, que iniciaría a mediados del siguiente mes casi una semana después de que el torneo actual hubiese alcanzado su final.

—Ah… es donde juega Oikawa-san.

—Y Hinata Shoyo —agregó Tobio volviendo su atención a la pantalla.

Se tuvo que quitar los auriculares cuando notó que la chica no se iba y había puesto atención al partido. No le molestó en lo absoluto pues silenciosa apreciaba cada jugada, incluso le llegó a dar un poco de gracia la forma en que sus ojos se abrían ansiosos cuando un peloteo duraba más que cualquier otro. Apreció de buena forma el modo en que ella apretó los labios de impotencia cuando un equipo u otro sencillamente no anotaba, que el marcador se decidía en un pestañeo y que si se respiraba se rompía el equilibrio en la cancha.

—Match point —azuzó Kageyama llamado la atención de Ami notando como los ojos azules de Kageyama se afilaban, su postura se erguía y sus labios saboreaban la presa como el carnívoro hambriento.

—¡March point para ganar el set y el partido por parte de los Bruins! —gimió el comentarista en inglés. La chica volvió sus ojos hacia la pantalla del computador. Estaban los dos solos sentados en las gradas del gran auditorio de la universidad T, abajo el equipo de básquet tenían entrenamiento y el chirrido de los tenis contra la duela eran eco de lo que se escuchaba desde el computador que el moreno tenía en sus piernas.

Los ojos de Kageyama se congelaron ante la expresión seria y fría de quien botaba el balón contra el piso de aquella arena deportiva. Sus labios resecos eran hidratados por su propia saliva, ¿cuántes veces él no había recorrido esos labios? Hinata rebotó el balón con la mano izquierda mientras que con el antebrazo derecho se secaba el sudor de la frente mientras veía al referí. Hizo un movimiento y uno de los asistentes corrió para cambiarle el balón, se rió con el referí con el que siguió haciendo señas y afirmó. Otra vez rebotó el balón, su brazo derecho lo llevaba recubierto por una manga negra elástica deportiva. El uniforme de camisa sin mangas color azul con dorado estaba totalmente transpirado. Alzó la camisa y se pudo notar el abdomen bien definido del pelirrojo, cuando la cámara hizo una toma desde atrás Kageyama se quedó en silencio absorto ante los pozos de Afrodita, los agujeros de Venus, esas dos hoyuelos que se formaban en la espalda baja, esos que había besado hasta el cansancio, sin confesar jamás que eran la parte que le habían hecho enloquecer en cada una de las ocasiones en que había penetrado a Hinata por detrás. Seguían ahí intactos y hermosos. El silbato sonó y Hinata lanzó al aire el balón. Kageyama regresó a la realidad, pues por poco escupe la leche que estaba bebiendo de la caja de cartón cuando lo vio saltar y estampar con fuerza el balón hacia el otro lado de la red. Ami tuvo que sostener la computadora pues Tobio por poco la tiraba. Del otro lado de la red lograron salvar el balón, pero lo enviaron de regreso.

—Retrocedan, retrocedan —ordenó Kageyama como si él mismo estuviera ahí. Pero como si los jugadores del otro lado de la pantalla lo escucharan, hicieron lo que solicitaban, retrocediendo para atacar.

—Es mía —habló Senikov y la colocó para Hinata.

Kageyama entrecerró la mirada—. Ah — los bloqueadores del otro equipo hicieron el bloqueo al pelirrojo—. ¿Ah? —, Hinata en lugar de rematar extendió sus brazos y el balón tocó los dedos—. ¡¿Ah?! —éste fue colocada para Oikawa que con la brutalidad que lo caracterizaba cuando se trataba de dominar en la cancha, remato sin problema alguno—. ¡¿Ah?!

La computadora había tenido una buena vida útil, hasta que se destrozó rodando cuesta abajo por las gradas del estadio de la universidad T.

El 28 de junio era el último día que tenían entrenamiento para regresar el 9 de julio. Quizás sería bueno pasar el día de las estrellas desde un lugar donde se podía ver estrellas de carne y hueso*.

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Anotaciones:

*7/7: Siete de julio de cada año en Japón se celebra el Tanabata o el festival de las estrellas, una fecha bien romántica y toda. De la que hablaremos el siguiente capítulo. "Donde se podía ver estrellas de carne y hueso", se refiere al paseo de la fama que hay en Hollywood, Los Ángeles.

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Cronopios del autor: Uno de mis mazapanes que ha estado conmigo desde que publico aquí cumplió años el día de ayer, le pregunté si quería actualización, y ella dijo que sí. Pues feliz cumpleaños, barbara-senpai. Nos vemos en una semana para actualización doble.

¿Tú también cumples años pronto? ¿Por qué no me dejas por acá tu fecha de cumpleaños? y Yukiona te dará amor ese día si es posible

Pd. Gracias por no matarme por introducir el OiHina (recuerden que yo los amo mucho y Kageyama es mi bebé hermoso). De verdad pensé que me iban a masacrar, ¿si les dije que el fic tiene poco más de veinte capítulos verdad? Bueno, repito, el fic es KageHina así que no desesperen ¿vale? Repito: Al final todo está bien, y si no es así, entonces no es final. Muchas gracias por acompañarme en esta historia, de verdad, me hacen súper feliz. Alegran cada día una parte de mi rutina el leerlos y ver que hay más gente que lee mis locuras.

Pd2. ¡Gracias por seguirme en FB! Son un amor.

St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y colón.