Descarga de responsabilidades: Haikyuu!, no me pertenece a mí -obvio-. Le pertenece a la gente que lo hace (?

Advertencia: Es Yaoi. No mariqueen que no se los advertí. +18. No beteado.

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Las mil plumas del cuervo

St. Yukiona

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20.- Playlist for the end of the world

"La cura para todo es agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar".

Karen Blixen.

Sudor.

Kageyama le parecía un tipo serio pero agradable. Pocas veces hablaba y cuando lo hacía parecía agredir a las personas, pero la realidad es que no agredía a nadie, por el contrario, él era el que quizás más se esforzaba por reforzar el compañerismo en el equipo tratando de comunicarse con el resto después de que el director técnito le advirtiera que no podía volver a ser el "Rey egoísta" que había sido durante una época de su vida, aún así, los altos mandos creían que Kageyama era un caso perdido en cuanto las relaciones sociales. Pero para ella no era así.

Tachibana Ayame al principio creyó que Kageyama era del tipo prepotente que por tener talento se sentía más que el resto de las personas pues siempre que intentaba hablar con él la evadía, la ignoraba o sencillamente se alejaba antes de que ella llegara con él. Casi nunca hacía contacto visual con ella cuando le ofrecía alguna toalla o el termo con agua, y ni hablar de matener una conversación decente, hasta con Tsukishima Kei-san había logrado, de alguna forma establecer una relación asistente-jugador siendo ella la encargada de comprar las cintas adhesivas médicas para los largos del rubio quien escuetamente le agradecía y dignamente le solicitaba más cuando era necesario, pero con Kageyma llegó al punto en simplemente acostumbrarse. No obstante, Ami era la chica que no podía vivir sabiendo que existía alguien al que le daba igual. Ella extrovertida, servicial y un poco testaruda sólo soportó vivir con esa angustia aproximadamente ocho meses hasta que un día se plantó frente a Kageyama después de que la práctica había terminado y haciendo una profunda reverencia ofreció una toalla.

El moreno sin comprender la actitud de la chica terminó tomando la toalla que ella tan seriamente le ofrecía, lo normal era que las asistentes dieran ese tipo de cosas así que le resto importancia a la situación y siguió su camino hacia los vestidores. Sin embargo cuando dejó la toalla en la banca donde alguien de las asistentes las recogerían ya cuando los jugadores fue cuando el evidente nerviosismo de la chica pareció tomar sentido.

—¿Estás saliendo con Tachibana? —preguntó Takahiro, el número 10 de la escuadra, cuando se dejó caer en la banca y sin querer había terminado por tirar la toalla y al recogerla notó un adorable y bonito parche de cuervo con el número "9" en color naranja.

—No —respondió secamente Tobio mientras enarcaba la ceja constatando que esa era la toalla con la que había secado el sudor y había tirado cual basura.

—¡Hey! —gimió Bokuto—. ¡Si Tobio-kun tiene un cuervo yo quiero un búho en mi toalla! —exigió.

Kuroo suspiró pesadamente pegándole un codazo a su amigo mientras que estudiaba el rostro de Tsukishima y después siguió la mirada seria de éste que se dirigía hacia Tobio que seguía contemplando la manualidad. El moreno aclaró la garganta y se siguió vistiendo dándole la espalda al resto de los compañeros, pues aunque era hombre, no le encantaba la idea de andar exhibiendo su ropa interior roja. Demasiado llamativa para ser un adulto según le decía Kenma.

—Supongo que algo especial querrá contigo, Kageyama —dijo el moreno—. Sólo procura que no te distraiga de los entrenamientos ¿Cierto, Matsukawa?

Matsukawa era el capitán del equipo que estaba jugando sus últimos meses con esa escuadra pues había sido comprado por un equipo de vóley alemán, después de todo no había pasado el corte para jugar con la selección japonesa.

—No hay ninguna restricción al respecto —comentó seriamente el castaño que se abrochaba ya su sudadera—. Pero como dice Kuroo, no te distraigas del objetivo —caminó seriamente hacia la salida pero se detuvo junto al universitario—. Y sobre todo, creo que tener una novia hace bien, la carga emocional muchas veces la llevamos a la cancha y eso provoca que no podamos dar lo mejor de nosotros mismos…

—Yo jamás he fallado un solo partido por-

—¿Por emociones? Probablemete porque eres un genio, Kageyama —interrumpió Matsukawa mirando hacia el frente—. Pero eres un humano que tiene sentimientos y emociones, que se alegra, que se esfuerza y que sufre ¿cierto? —otra vez le regaló una mirada cargada—. Entonces, no estás exento de sufrir un quiebre en algún momento. No seas tan petulante al respecto y date una oportunidad de ser una persona normal —sentenció otra vez caminando—. Me voy yendo primero.

—¡Buen trabajo! —corearon los jugadores y Kageyama frunció el ceño enfadado. Tsukishima lo siguió observando un momento antes de girarse hacia su propio casillero y terminar de ponerse desodorante, aborcharse la camisa y apresurarse. No quería quedarse a ver como su majestad terminaba por implotar, además de que sería íncomodo tenía que llegar temprano pues Yamaguchi prepararía katsudon y le había pedido que llevara los huevos para el empanizado. No obstante cuando acomodaba su mochila para escapar furtivamente por la noche sintió la intensa mirada de Nishinoya al otro lado de la habitación. "¿Por qué demonios tengo que ser yo?" dijo en su interior casi gruñendo y bufó volviendo a reacomodar sus cosas mientras hacía tiempo.

Kuroo supuso bien en que Tsukishima como contemporáneo de Kageyama se quedaría hasta el final para escucharlo así que apenas se dio cuenta que nada más quedaban ellos tres y que el resto se había esfumado percibiendo las malas vibras que exudaba el cuerpo del moreno, también apresuró a trotar a la salida.

—Nos vemos mañana, chicos —dijo alegremente el moreno cerrando la puerta. Sonrió a Tachibana que esperaba a que todos salieran—. Aún está Kageyama y Tsukki-kun, creo que irán para largo así que será mejor que vuelvas más tarde, Tachibana-chan —comentó.

—Kuroo-senpai —hizo una reverencia—. Gra-gracias —inquirió nerviosa mientras apretaba los brodes de la chaqueta del equipo que le iba un poco grande.

—Está bien, Tachibana-chan —sonrió el moreno caminando sacando sus audífonos y poniéndolos alrededor de su cuello—. Por cierto, Tachinaba-chan —se giró caminando de espaldas para ver a la chica—. Los chicos y yo estamos celosos, todos queremos una toalla personalizada.

El rostro de la chica se quedó palida y después se sonrojo totalmente.

—¡Kuroo-senpai! —gimió mientras se cubría la boca.

El mayor divertido se despidió trotando hacia la salida, Kenma lo iba asesinar por dejarlo esperando junto con el resto de los Nekoma que habían tenido un entrenamiento nocturno en uno de los parques municipales del distrito metropolitano. Habían obligado a Kenma que apenas y jugaba desde que se había graduado.

Tachibana suspiró derrotada. Miró hacia la puerta que llevaba al corredor del vestidor. Si aún faltaban Kageyama y Tsukishima entonces lo mejor sería esperar. Ayame se volvió manager asistente del equipo de vóley porque durante la preparatoria su novio había estado en el equipo de vóley, y le parecía excitante ese mundo. Consideraba que era como ver jugar a super humanos que podían volar y recibir cañonazos, pero que al final acababan pagando las consecuencias con sudor y muchas veces lágrimas, más humanos que cualquier otro. Estudiaba psicología y el vóley le parecía la clase de actividad que asistía positivamente a las personas que como Kageyama, padecían de una especie de incapacidad para relacionarse con el mundo.

—Es estúpido seguir aferrándote a algo que terminó hace más de un año, algo que concluyo antes de que comenzara.

—Te estás metiendo en un terreno donde nadie te ha llamado, Tsukishima —advirtió con un tono bajo y lento Kageyama terminando de guardar sus cosas. Le había tomado un poco más de tiempo el ordenar sus pertenencias, ordenarse él tras el comentario del capitán. La toalla con el cuervo pegado aún reposaba en la banca. No la había tocado.

—Con temor a verme como uno de tu especie —un idiota del vóley, pensó—. Hasta la muralla mejor planificada tiene cercos de error, y en cualquier momento puede derrumbarse, de forma consecutiva o abruptamente. No quiero que mi esfuerzo y tiempo en todos estos meses se vean desperdiciados porque de pronto tú te derrumbas en medio de un partido importante.

Tsukishima se colgó su mochila a su hombro y empezó a caminar hacia la salida. Kageyama miraba sin ver directo a su casillero, de ver la horrible y arrogante cara del rubio terminaría por cometer un homicidio.

—Yamaguchi es demasiado buena gente como para decírtelo pero yo no soy buena gente y me tienes harto de verte sollozar en las esquinas de todos lados —se detuvo en la puerta—. Hinata está saliendo con alguien más.

Tobio ya lo sabía, aunque la verdad siempre sonaba más impactante cuando alguien te la decía de frente, como una terapia de shock mal impulsada. Su mandíbula se volvió rígida, sus manos se hicieron nudo en sus manos y su cuerpo sintió el peso del mundo sobre él. ¿Tan obvio era el asunto ya que hasta el imbécil de Tsukishima sabía sobre ello? El armador había querido evitar la realidad, las últimas dos semanas se había apartado de redes sociales en cuanto en un blog de vóley que se dedicaba a seguir los chismorreos de la NCAA surgió un encabezado: "¿Amor entre los alfiles de los osos castaños?". Y no quiso imaginar que ese alfil era Hinata.

Pero para Tsukishima no era suficiente el solo abrir la herida y dejarla abierta. No era del tipo de desalmado que dejaba supurar sangre y que muriera lentamente. Se acercó hasta él y frunció la nariz, ladeó el rostro observándolo curioso. ¿Así se veía un hombre con el corazón roto?

—Está saliendo con Oikawa —concluyó.

No, Tsukishima no era del tipo desalmado que dejaba malherido. Él como en sus ataques cuando estaba motivado: iba directo a la yugular para acabar de todo con un solo movimiento.

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Lagrimas

¿Cuántas veces lo habían hecho? ¿Diez? ¿Quince? ¿Cincuenta veces? No lo sabía con certeza. En lo que iban en las dos últimas semanas las cosas entre ellos no parecía tener un nombre como tal, pero funcionaba para ambos: Trotar, comer, ir a clases, ir a entrenamientos y salidas en sus días libres. Nada parecía haber cambiado desde que a esa rutina se le había incluído el sexo ocasional. Hinata suponía que era algo normal. Gozaba de buena salud y estaba pisando los veinte años. En ese año los cumpliría mientras que Oikawa ya saludaba los "veintitantos". No era un mal chico y no parecía que la relación afectara bajo ninguna circunstancia el desempeño de ambos en clases, por el contrario, parecían más ligados y enfocados en mejorar sus habilidades individuales pues había renacido una vieja llama de competencia entre ambos. Como si el Hinata de aquel entonces que portaba el número 10 en su espalda y pecho midiera fuerzas contra la amenaza del Gran Rey del Seijou. Sólo que ahora el demonio no tenía más a su lado otro demonio, sólo era él solo.

—¿Estás listo, Pulgarcito? —A Oikawa aveces le pegaba por llamarlo de aquella manera y era sólo para meterse con él.

Hinata se incorporó del piso donde había estado amarrando sus agujetas de los tenis deportivos para trotar y empujó levemente al mayor.

—En dos años más te superaré en altura y veremos si sigues jodiendo con el asunto de "Pulgarcito" —Que nunca había dicho tantas groserías como las que decía ahora. Aunque para Hinata el máximo era expresar algún "mierda" o "joder" cuando un remate salía mal y eso le otorgaba ventaja al contrincante.

El pelirrojo no se detenía a ver si el otro equipo eran compañeros del propio equipo o un equipo foranéo, o el mayor rival. Para ellos cualquier persona del otro lado de la red era un enemigo potencial, el objetivo a destruir, sí, destruir, en la victoria no había culpa sino se daba todo hasta el final y esto se lograba únicamente aplastando dignamente a los oponentes.

Desde que había llegado a Los Ángeles había descubierto cierta fascinación por ir a correr a la playa. Extrañaba el paísaje húmedo del bosque que rodeaba las faldas de las diversas montañas que ocultaba la región de Miyagi, ese mistisismo aferrado a resguardar secretos milenarios y ofrecidos solo a aquellos que eran nativos de aquellas tierras. En Los Ángeles no había cuervos atiquisimos de mil plumas mágico que hicieran tus sueños realidad, aunque por un instante deseo que sí existiera.

Sus pies se hundían varios milímetros en la arena mientras que las huellas iban siendo dejadas una tras otra detrás de él. Las de Oikawa también se dibujaban y de vez en vez la garganta se le secaba, era un recordatorio permanente en que en ese lugar el cáncer había hecho nido, sólo bastana con hidratar con una gárgara de agua y volver a correr para evitar que los recuerdos de aquel momento no fueran nada más que esos: recuerdos angustiosos llenos de dicha, pues había sido gracias a la enfermedad que había logrado acercarse a Kageyama, y la culpa lo llenaba, lo carcomía. Ahora estaba ahí, trotando con el Gran Rey y Tobio saber dios cómo se encontraba ahora. Desde que habían roto apenas y si mantuvieron la comunicación necesaria para seguir jugando bien, la cordialidad entre caballeros nunca se perdió, y mucho menos entre unos que tanto se habían amado, pero una cercanía que hiciera que sus labios ardieran y el corazón se reventara de emoción dentro de su pecho no más. También no era que Hinata fuese un hijodeputa sádico que gustara de atormentar a su armador, pues ante todo Tobio siempre había dejado claro que el sentimiento persistía. Hablar con Kageyama era otorgarle ilusiones que no debían de ser.

Se detuvieron cerca de un muelle a tomar un poco de sombra, e intercambiaron un par de comentarios. El grasnido de las gaviotas hizo que Hinata entonces pensará un poco más en la tierra que había dejado atrás, nuevamente en las mil plumas del cuervo y ese pequeño animal al que le habían despojado de todo su plumaje en pro de ayudar al resto. Cerró los ojos un momento.

Tobio era como ese cuervo: una bestia por naturaleza arrogante y peligrosa, que por voluntad había empezado a arrancar sus plumas en pro de lo demás. Y Hinata se había quedado con la más valiosa, esa que guardaba en su corazón y le daba esperanza para seguir viviendo, no porque existiera una ilusión de que algún volverían a estar juntos, pero si por los momentos que habían vivido juntos, las experiencias, los recuerdos, los besos, las caricias y las palabra su que habían cultivado en él una especie de planta que había enraízado para aferrarlo a la vida y obligarlo a vivirla. Obligarlo por voluntad.

—Vamos —animó Oikawa y Hinata afirmó.

Dio un último sorbo a su bebida y trotó alcanzando al castaño.

Tobio era ese cuervo, el de las mil plumas. Y Hinata atesoraría, por el amor que un día había sentido y que aún ahora latía en su corazón, la pluma que le había otorgado. Siempre le estaría agradecido.

—¿Estás llorando? —preguntó Oikawa un par de metros atrás cuando al girar su rostro encontró esa extraña mueca que denotaba infinita alegría y una enorme tortura en el rostro del menor. El corazón se le estrujo y con boca abierta tratando de recuperar el aliento espero a que su cuerpo se moviera por sí solo.

Oikawa supo que su relación iba más allá de lo meramente físico cuando tuvo la entera intención de sostener el corazón herido de Hinata y cuidarlo. No odio a Kageyama, ni siquiera pensó en él, sólo en Hinata y el como sollozaba maltrecho en copiosas convulciones contra él. Era quizás la primera vez que lo veía así de roto. Sintió lástima, pena y un poquito de amor.

Mar

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—La realidad es que esos cabrones son mucho más buenos que ustedes —dijo el entrenador totalmente acalorado, pero siempre que había un partido oficial, y sobre todo uno tan importante, acababa por enrojecer por completo y su temperatura corporal subía. Su cuello estaba completamente rojo y su rostro también. Sus manos gordas y velludas aferraban una tabla de posiciones desde la cual parecía leer las indicaciones que iba a dar. Pero por el momento su atención se fijaba en cada una de las caras de sus jugadores. Todos se encontraban igual de excitados que el hombre que los entrenaba. Pero ante aquel comentario comenzaron a quejarse tratando de negarse a esa realidad—. ¡Pero ellos tienen algo que ustedes no! —gimió con frenesí el hombre agitando la mano en el aire—. Ellos no son americanos, ellos no son bendecidos por nuestra noble patria, ellos no saben lo que es luchar contra al esclavitud y pertenecer a una gran nación como nosotros sí sabemos —aulló el americano.

—¡Sí! —los Troyanos ardieron totalmente emocionados por el discurso nacionalista de su líder en cabeza de entrenamientos.

Oikawa chasqueó la lengua, había sido un poco incómodo parte de ese discurso xenofóbico, pero igual volvió su mirada hacia Julian que rascó su nuca.

—Bueno, los chicos de a lado están muy entrados en sus papel —dijo el capitán—. Así que… hagamos que esto funcioné y… —el hombre no era muy bueno para hablar, por el contrario siempre se le había dificultado un poco el tener que dar discursos motivacionales porque ni siquiera él mismo encontraba palabras que hicieran levantar su propio animo, por lo cual siempre en momentos como eso recurría a la caballeriza—…Oikawa.

El castaño ladeó el rostro—. Probablemente la mitad de nosotros antes de llegar a jugar con los Bruins ni siquiera habíamos pisado Norteamérica, yo vengo de un pequeño pueblo en la provincia de Japón y jamás logré un solo logró significativo que me hiciera merecedor de un respeto como muchos de aquí así pero eso no fue por falta de pasión sino porque tenía grandes contrincantes… —comenzó—. Mientras más grande y peligroso es el enemigo mejor se habla de ti… como dijo el entrenador Steve del otro equipo, esta es una gran nación que es amable con todos… nada se te da de forma gratuita y todo éxito lleva su carga de responsabilidad y esfuerzo, y porque conozco el valor de cada uno de ustedes, es que puedo decir que se tienen muy merecido el lugar que hoy están ocupando en este último partido del torneo de verano.

El pecho de todos se sintió de pronto rebosante de una extraña excitación a la que no pudieron dar nombre. Hinata que hasta ese momento había estado un poco disperso se sintió sonrojar. Lo maduro y atractivo que se veía Oikawa asumiendo un papel de mando que se le daba de forma natural.

—Así… que vayamos a la cancha y demos todo como si fuera el último maldito partido de nuestras vidas, que la dieta, el hambre y el no haber salido de vacaciones den sus frutos —puso su mano al frente—. ¡Bruins! —todos pusieron sus manos al centro sobre la del japonés.

—¡Rugiendo juntos! —bramó la escuadra y lanzaron los puños al aire.

Ante éste gesto la fanaticada lanzó un fuerte halarido y acompañaron el movimiento de los jugadores con vitoreos y aplausos, gritos de evidente emoción. Como la semana anterior en que habían anotado una victoria contra los Fénix de Arizona, ahora iban contra los Troyanos del Sur de California. Se podría decir a simple vista que los Troyanos y los Osos café compartían muchas cosas en común: Ambos eran equipos líderes, ambos tenían dorado en su uniforme, ambos eran del Sur de California, ambos compartían ciudad sede y ambos llegaban por primera vez en décadas a una final, de importancia media, la copa grande era a finales de agosto. Pero a pesr de las similitudes la enorme diferencia entre la UCLA y la USC es que los ataques xenofóbicos a estudiantes inmigrantes y pertenecientes minorías eran mayor en un lugar que en otro. Sólo hacía falta con ver a los jugadores de un equipo de otro para saber cuales podían tener fácil a un familiar en el Kux Klux Klan.

—Dicen que el entrenador Steve es de la derecha extrema —susurró Hanzel mirando fijamente al hombre que no dejaba de ver con un gesto extraño a Pedro, uno de los rematadores que ahora mismo calentaba con levantadas de Oikawa.

—Hmp… pues quedará vencerlos y seguir adelante —inquirió Hinata colocándose la venda elástica en el codo derecho—. Aunque siempre es pesado jugar con la USC, creo que ahora están más… —lanzó una mirada rápida al otro equipo notando esa extraña atmosfera que había sobre el otro equipo—. ¿Agresivos?

Un balón se reventó contra el suelo.

—¡Hinata! —gritó Oikawa y éste se movió apenas pues el esférico salió disparado por proyección hacia donde se encontraba el pelirrojo. Sin embargo al que no el dio tiempo de moverse fue a Hanzel que terminó en el piso cubriéndose la nariz.

—¡¿Estás bien?! —preguntó el pelirrojo al que se revolcaba en el piso. El resto del equipo se acercó, incluso algunos del otro equipo.

—Sí… estoy bien —inquirió colocándose de pie.

—¿Seguro? —insistió Hinata.

—Sí… —afirmó con una débil sonrisa el contrario mientras se quitaba las manos del rostro, el pómulo lo tenía rojo pero no había mayor daño.

—Lo siento —dijo el rematador con gesto imperturbable, por el contrario, la disculpa parecía más bien una advertencia a la que le faltaba algo como: "lo siento por no tumbarte uno o dos dientes". Y Hanzel se sintió agredido, de hecho la mayoría de los que se encontraban ahí se sintieron de la misma manera que él. Les estaban picando el ego.

—Está bien —agitó la mano Hanzel forzándose a sonreír tranquilamente mientras caminaba hacia la banca, los jugadores volvieron a calentar. Sin embargo cuando el jugador del equipo contrario regresó hacia su lado de la cancha cruzó entre Hinata y Oikawa.

—Y el siguiente va para ustedes —azuzó en un tono bajo—. Maricones…

Hinata se giró con violencia pero reaccionó a alcanzar la mano de Oikawa y Pedro, otro jugador que había escuchado sostuvo al armador de la otra mano. En tribunas algunas personas empezaron a hablar sobre el evidente gesto del armador que parecía ir tras el otro jugador, pero que no había pasado a nada más.

—¡Tooru! —gritó el entrenador y el castaño chasqueó la lengua nuevamente secándose el sudor que había empezado a escurrir como evidencia de su enojo con la muñequera de su mano derecha. ¿Desde cuándo se había vuelto en Iwa-chan como para desear reventarse a golpes a alguien? Él jamás había estado en una pelea pero ese tipo de comentarios si que le llenaban las bolas de piedras. Una patada en los cojones es la que se iba a llevar el hijo de puta.

A diferencia de los otros partidos éste era a medio día, y si todo salía bien terminarían en un santiamén sobre todo ahora que habían encendido el interruptor de Oikawa que se mecía de un lado al otro concentrado. Moviendo sus hombros y preparándose para la batalla. Hinata, por su parte, ligeramente angustiado por la escena vivida hacía unos momentos veía de reojo al castaño y después a Hanzel en la banca que tenía una compresa médica fría, no era grave pero aquello era para evitar hinchazón. El entrenador había decidido tras una evaluación primaria que no había riesgo y no había necesidad de que se retirara.

La banda tocaba en vivo animando a su equipo pero se calló un par de segundos cuando el árbitro les pidió a los equipos que se acomodaran en sus respectivos lugares. Hinata estaría como comodín con el líbero, y comenzaba atrás. Oikawa sacaba. Los auxiliares hicieron las anotaciones correspondientes y del otro lado de la red las miradas depredadoras estaban sobre cada uno de los osos que no se dejaron intimidar, por el contrario, respondieron con garbo los gestos de desprecio. Oikawa preparó su saque, rebotándolo en el piso meditando, y alzando la mirada fijándola directamente en el sujeto que antes había hablado. Alzó su mano que sostenía al balón y señaló abiertamente a dicho sujeto.

Los fans en las gradas enloquecieron. El árbitro sonó el silbató. Y Oikawa lanzó al aire el balón mientras se acercaba y su mano hacía el poderoso contacto haciendo chillar el aire, cortándolo ante su furioso paso. Y medio segundo después tribuna, cancha y espectadores detrás de la pantalla se quedaron fríos. Medio segundo después del anterior una lluvia de ovaciones.

Punto directo a favor de los Bruins. Tooru ladeó el rostro altanero y frunció la nariz. Hinata suspiró ¿qué se le podía hacer? Un rey, siempre sería un rey con todo y su horrible orgullo. Él no sabía sobre eso, y quizás era malo pero de algún modo se había acostumbrado a las muestras de desagrado contra su condición como extranjero y además, homosexual. Se había estado queriendo negar a esa realidad, acusándose que se había acostado con Kageyama y había salido con éste porque realmente lo amaba y nada más lo iba a amar a él, pero ante las pruebas evidentes de que podía estar en la cama de otro más sin problema alguno decidió admitirse homosexual sin excusa ni pretexto.

Tercer punto directo, pero para el cuarto los troyanos se movieron y el peloteo comenzó.

Sus cabezas estaban en el partido, sus corazones en cada jugada y su pasión ardiendo, dándoles aliento.

En las tribunas vestidas de azul y dorado se movían tubos de plástico para animar el equipo, la banda volvía a sonar acallando el chirrido de los tenis mientras los jugadores se movían. Gritaban a coro cuando alguien hacía una jugada digna de obra de arte y cuando Hinata hacía combo con Oikawa o una punta de tres con otro jugador más la cosa se ponía mucho más intensa pues el grupo de fans había crecido casi de un día para otro, y las chicas usaban el número catorce. Una que otra había invertido para comprar la camisa con el nombre de Shoyo, pero una entre tantas no llevaba la de la UCLA, sino la del Karasuno. O al menos eso le pareció a Hinata cuando en la punta de la cancha a punto de sacar giró su rostro para agradecer a las que lo animaban y vio a una de ellas con los colores negros, naranjas y el número diez. Algo cálido hubo en su cuerpo y una sonrisa nostálgica le nació desde muy dentro. El pitido lo regresó a la realidad para lanzar al aire.

El marcador era reñido. Y Oikawa estaba al frente, Hinata atrás hacer un rápido era una locura en esa posición, así que decidió que era momento de hacer una colocación de cañería desde atrás. Hinata corrió para impactar pero Oikawa solo dobló la mano y el balón cayó del otro lado de la red en una perfecta finta.

Hubo un abucheó exaltado y emocionado por parte de los seguidores de los Bruins quienes aplaudieron la osadía de su colocador y Hinata palmeó la espalda húmeda del castaño quien solo se rió animado, se giró hacia el jugador que había frente a él.

—Ten cuidado… no te vayas a enamorar de mí —rezó entredientes el japonés. El americano frunció la nariz furioso, frustrado, había sido una fuerte bofetada.

Los maricones no andaban con estupideces cuando de jugar se trataba.

—Oikawa-san sigue teniendo esa terrible actitud —dijo Kuroo mientras que reclinaba al frente.

Los de la división de generación se habían decidido reunir para ver la final. Era una práctica que usualmente hacía en solitario Kageyama, y que no tenía intenciones, por primera vez enun año, de llevar a cabo, de hecho su plan era salir a correr y sólo al volver a casa ver el resultado. Sin embargo, hubo convocatoria por parte del entrenador del equipo de la universidad así que al salir a Kuroo se le ocurrió la fantástica idea de ver el partido del Enano y el desagradable Oikawa, además del conjunto americano.

Sin ganas veía todo, cada interacción, cada roce, cada risa, cada arrebato, era una aguja que se clavaba en la piel de Tobio y Tsukishima le miraba en la distancia. A su lado Atsumu no perdía detalle en los rematadores, tenían un saque potente, pero donde todos quedaron fríos fue cuando Oikawa hizo una colocación terriblemente alta y Hinata, la alcanzó sin problema. Claro que al principio le había costado mucho trabajo el lograr que su capacidad de salto se regulara a las nuevas dimensiones que tenía su cuerpo, pero tras riguroso entrenamiento su poder de salto se había maxímizado con su altura haciéndolo una ridícula combinación. Tobio tronó la lengua enfadado.

—Oikawa-san nunca va a cambiar —refutó Kageyama cuando una segunda vez volvió a hacer una finta—. Aunque pese a todo… hace bien su trabajo.

La realidad era simple, mientras él se había estado sumiendo en una lenta espiral depresiva, la gente había seguido adelante. Echarle la mano al talento y capacidad innata ya no era suficiente, jamás se había confiado, pero al ver en directo cuál era la capacidad real de Oikawa a nivel de una final era bochornoso. Él se sentía estancado y quería dejar de sentirse así, debía dejar de sentirse así.

El primer set acabó a favor de la UCLA, pero la USC quedó a muy pocos puntos.

—El segundo set será un infierno considerando que desde el primero echaron toda la carne al asador —murmuró Kuroo.

—Ese Oikawa nunca ha sido irresponsable en ese tipo de cosas —comentó Atsumu mirándose las uñas—. Aunque la realidad es que si nos llegásemos a enfrentar con él no dudo que nos cuasaría grandes problemas… estoy seguro que nos vamos a enfrentar con él y con ese número 14, el resto también son buenos, sobre todo el capitán pero tendremos que romper primero a la torre de mando —Miya extrañaba en ocasiones a su hermano era el mejor rematador que jamás había visto pero desde que había ingresado a la Universidad T. se había tenid que adaptar a lo que había.

Los partidos se rotaban entre Miya y Kageyama para colocar, aunque usualmente los dos solían jugar nada más cambiando de set.

—El otro colocador, Hanzel —habló Kageyama de pronto—. Es bueno —pero no tanto y lo corroboró cuando el entrenador no hizo ningún movimiento ni siquiera amago por cambiar a Oikawa—. Pero quieren seguir jugando a la segura sin alterar el ritmo que ya marcó Oikawa —masculló Kageyama.

Probablemente en esos momentos la Universidad T. contaba con la escuadra más peligrosa de todo Japón, sus pilares eran alumnos que además de ser hábiles y jugadores con capacidades natas eran prodigios en más de un aspecto y su capacidad de análisis era atemorizante.

—¿Ese movimiento de Oikawa-san significa colocación larga? —preguntó Tachibana que estaba sentada a lado de Kageyama.

Los presentes observaron fijamente la pantalla y en efecto, después de Oikawa rascaba el lóbulo de su oreja venía un pase rápido. Eran señales y claves, como se esperaba del comandante. Pero más allá de una colocación larga era toda una instrucción precisa y detallada, una jugada complicada que le hacía ganar puntos. Instinto y estrategía.

—Que buen ojo, Tachibana-chan —sonrió Kuroo—. Deberás traerla más seguido, Kageyama.

La chica sonrojada se revolvió en su lugar mientras que se hundía en el abrigo que llevaba puesto. Atsumu torció los labios, le fastidiaba un poco tener a alguien que no sabía del deporte en la misma habitación, o quizás solo le enfadaba que estuviera sentada a lado de Kageyama. Por encima de cualquier otro lugar y los asientos vacíos, tenía que estar a lado de Kageyama, pegados, con sus piernas haciendo contacto, bufó volviendo a centrarse en el partido que para ese instante iba empatado. El desgaste físico estaba haciendo de las suyas pero la mentalidad clara y firme era lo que mantenía peleando a los azul y dorado.

Enfocaron el rostro de Hinata que sudaba a ríos y se secaba con la manga elástica. Relamiéndose el labio y Kuroo soltó una carcajada.

—No sabía que el enano se había hecho una perforación, sino lo hubiera conocido así —hizo un ademán aludiendo una estatura diminuta—. Podría decir que se ve "genial".

—El infierno jugar con el mar tan cercano y más a media tarde —agregó Atsumi.

—¿Eh? —enarcó la ceja curioso Kageyama.

—Oh por la cuestión del calor y el viento.

—Ellos ya deben estar acostumbrados a estar a jugar a cierto nivel sobre el nivel del mar pero… aún así debe ser una tortura con el tremendo calor que hace —agregó Kuuro.

—¿No ponen aire acondicionado? —Tachibana jamás se había detenido a pensar en ese detalle, normalmente en los juegos a los que ella había asistido no ponía atención a ese tipo de cosas.

—Tokio no es tan caluroso como es Los Ángeles —contestó de buena gana Miya.

—Y normalmente los estadios y auditorios tienen un sistema de aire acondicionado que son más bien ductos de ventilación para que el aire circule, pero no hay aire frío como tal, así que están jugando a una temperatura casi ambiente… si ponen algo más fresco o aire frío puede tener repercusiones fatales para el cuerpo —explicó con calma Kageyama a la chica.

—Oh… —la castaña se sintió un poco idiota ante algo tan obvio y decidió volver a guardar silencio. Kageyama la miró y volvió su atención hacia el televisor.

—No es algo que todos sepan de cualquier forma —agregó en un tono bajo y a la chica le latió el corazón fuerte ante el amable gesto de Tobio. Relajo los hombros y siguió viendo el partido.

Cuando el partido llegó a su final, era bien entrada la noche en Tokio. Los chicos se empezaron a despedir a los pies del salón del equipo de vóley.

—Tobio-kun, iremos a tomar algo —dijo Atsumu señalando a Kuroo que estaba jodiendo ya a Tsukki que había fallado en su intento por huir—. Nos reuniremos con 'Samu y el líbero del Karasuno —Kageyama frunció el ceño. ¿Por qué ver al gemelo de Atsumu sería alguna especie de condición que le hiciera querer ir a beber con ellos?

—Acompañaré a Tachibana a la estación —anunció mientras que hacía una leve reverencia y se giraba para empezar a caminar. La chica sonrojada hizo una profunda reverencia a Atsumi sintiéndose avergonzada y corrió para llegar a lado de Kageyama.

—No hay ningún problema si quieres ir con ellos —comentó la chica con sus manos dentro de su abrigo, la nariz sonrojada y sus mejillas del mismo tono.

—No pasa nada, tampoco es que quisiera ir —respondió Kageyama, aceptando que la había tomado como excusa, volvió los ojos azules a ella—. Además… habíamos quedado para ir a cenar después de que regresará de trotar. Te quedaste viendo el partido con nosotros a pesar de que no era tu obligación.

—Lo hice por que quise, no estuve obligada además de que aprendí más cosas —informó apresurada y un poco agitada mirando al mayor. Sus ojos se encontraron y el corazón se le paralizó cuando Tobio esbozó una suave sonrisa. La chica bajó el rostro. Sólo Kageyama era capaz de hacer que sus niveles de hiperactividad se redujeran drásticamente. El corazón le bailaba rápido y se angustiaba todos los días pensando en que sus palabras fueran las adecuadas para poder llegar a esa persona.

—… —Kageyama no dijo nada más y volvió sus ojos hacia el frente, pronto llegarían a la estación. Ella también guardó silencio sin querer romper la atmosfera.

—Hinata Shoyo —habló de pronto viendo un promocional de los partidos de la Universidad T contra la Universidad K pegado en una vitrina que tenía sus luces apagadas—. Es muy bueno.

—Lo es —resolvió con simpleza Kageyama—. Tiene que ser una gran persona como para que lo amaras tanto.

—Es una gran persona —dijo abiertamente—. Tiene una pésima actitud ante la frustración porque es muy terco y se empeña en realizar las cosas aunque le hayan dicho que "no puede hacerlas", él se aferra en hacerlas. Es perseverante y… —frunció el ceño—, te dan ganas de macharlo cuando está al otro lado de la red y te estás enfrentando a él. Pero pese a todo… es un forminable hombre, siempre piensa en los demás…

Tachibana no era de palo y a pesar de que había aceptado todas las condicionales, había algo de dolor en ver con sus propios ojos algo que Kageyama ya le había advertido: Amaba a Hinata.

—De haber estado en el mismo equipo habrían hecho cosas fantásticas.

—Supongo —murmuró Kageyama pasando su carnet por el escáner de la estación siguió a Tachibana y se quedaron del otro lado de la línea esperando con paciencia. Muy a pesar de que habían tocado el tema del ex de Tobio, que era hombre y al cual seguía amando, pero el ambiente no se había vuelto tenso ni incómodo. Miró a Kageyama y después el brazo de éste, pasó su mano por el hueco entre el brazo y el cuerpo del más alto y se aferró a él recargándose. Tobio no la apartó, pero tampoco hizo señas de algún otro movimiento. El ruido del tren pasando a toda marcha se llevó sus pensamientos de momento.

Tenía dos meses exactos para pulir sus mejores armas.

Soluciones

Los chicos aún tenían la algarabía de la victoria que horas antes habían logrado. Hinata, Oikawa, Hanzel y la novia de éste último habían acordado ir hasta Venice Beach al día siguiente para celebrar, comer en uno de los pequeños puestos frente al mar mientras admiraban a los fisioculturistas que se ejercitaban en el gimnasio que había ahí mismo. A Susan le fascinaba salir con los tres chicos, pues una de las ventajas de que los tres fueran bisexuales era que tenían cosas en común: Les gustaba ver hombres –aunque Hinata y Oikawa eran una especie de pareja, aún nada confirmado, se daban gusto criticando a los otros chicos y admirando, entre todas cosas, sus traseros, aunque a Hinata le chiflaban más los de ojos de color y cabello negro que los que tuvieran gran trasero, mientras que a Oikawa se le caía la baba con los de brazos fuertes, en gusto se rompían estereotipos-. Sí, probablemente Susan sería la única mujer en el mundo que explotaba el lado "bi" de su novio. Para ella no era misterio que Hinata y Hanzel se habían besado, e incluso su novio se había molido a golpes con el ahora exnovio de Hinata. Pero tan segura de que los sentimientos de Hanzel eran todos para ella parecía aceptar el squad.

Y aunque ya había planes los chicos lo único que querían era llegar al campus y dormir, sin embargo en los vestidores de la USC después de que todos ya tenían sus cosas listas el entrenador los hizo esperar.

—El día de mañana tendrán un descanso por eso prefiero informarles aquí y no hacerlos ir mañana que este año no participaremos en la Championship de la NCAA —comunicó y hubo un estupor por parte detodos.

—Pe- —Julian fue el primero en reaccionar, la mano del entrenador se alzó acallándolos.

—La NCAA cada año hace partidos amistosos con universidades de otros países con los que tiene convenio así que este año se estipulo que los ganadores de la copa de la amistad de verano asistiría al compromiso de visitar tres países: Alemania, Italia y Japón —concluyó.

Japón.

Kageyama le parecía un tipo serio pero agradable. Pocas veces hablaba y cuando lo hacía parecía agredir a las personas, pero la realidad es que no agredía a nadie, por el contrario, él era el que quizás más se esforzaba por reforzar el compañerismo en el equipo tratando de comunicarse con el resto.

Tachibana Ayame al principio creyó que Kageyama era del tipo prepotente que por tener talento se sentía más que el resto de las personas pues siempre que intentaba hablar con él la evadía, la ignoraba o sencillamente se alejaba antes de que ella llegara con él. Al menos eso había sido antes de que se volvieran novios. Las cosas no habían cambiado en absoluto pues aunque Kageyama había sido quien lo había propuesto al día siguiente en que le entregó aquella toalla bordada, misma que llevó sus sentimientos hasta el colocador él había sido muy claro entres verdades:

-El vóley era su vida y nada era más importante que eso.

-El vóley siempre estaría por encima de todo.

-Amaba a Hinata Shoyo (y no dejaría de hacerlo porque era algo parte de su esencia).

Si podía vivir con esas tres certezas entonces Kageyama podía aceptar los sentimientos de la chica y tratar de hacer de todo el problema una solución.

Kageyama Tobio era extraño, pero era la persona más amable que quizás había conocido.

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Cronopios del autor: -se va bailando lentamente hasta su cama-. ¡Pasen bonito fin de semana! Recuerden seguirme en redes sociales y sobre todo, respiren requeteharto c: Gracias por todo el amor que me han estado dando al transcurso de todo este tiempo, y sobre todo a las personas que han votado y a las que comentan también. ¡Muchas gracias de verdad! Nos acercamos a uno de los dos clímax de la historia. Hice un pequeño esquema de capítulos y bueno, ya escribí el final e hice un pequeños resumén de cada capítulo para no volver esto una novela turca, aunque ya lo parece ¿verdad? Hahahahaha, si fuera mi propia lectora me hubiera mandado a la mierda desde el capítulo 12, pero ustedes son buenos y los amodoro.

¡Por cierto! ¡Les súper presumo una recreación –bastante fiel—del primer beso de Hinata y Kageyama!. ;u; Vayan a mi perfil en fb que ahí está: St. Yukiona.

Esta belleza la hizo Jona Art: JohannaGArt, en mi página de FB estaré publicándola también con todo y link a su página, así que sean buenos y vayan a darle mucho amor.

¡Muchas gracias, Jona! Te juro que desde que me lo pasaste he sido la mujer más FELIZ del mundo Lo tengo de protecto de pantalla c: