Descarga de responsabilidades: Haikyuu!, no me pertenece a mí -obvio-. Le pertenece a la gente que lo hace (?

Advertencia: Es Yaoi. No mariqueen que no se los advertí. +18. No beteado (tal cual lo terminé así lo subí, así que sorry por las incongruencias ortográficas y de redacción).

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Las mil plumas del cuervo

St. Yukiona

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22-. Deseo.

Era inevitable. Oikawa había salido con muchas personas a lo largo de su vida en la preparatoria y reconocía a la perfección de los síntomas. Sólo dos le habían sido infieles, pero no las culpaba. El armador pasaba un 90% entrenando y pensando en el vóley, un 5% hablando sobre Iwa-chan y el otro 5% pensando en las formas de irritar para llamar la atención de Iwa-chan. En todo caso, podía ver como Hinata se removía incomodo en el asiento junto al propio en el autobús que los regresaba al hotel de la concentración en Fukuoka. Habían perdido el partido pero más de la mitad del equipo aún tenía resaca de la intoxicación por mariscos que habían tomado gracias al bufet nocturno a los que todos se habían apuntado. Hinata, Oikawa, Pedro y Hanzel habían salido bien parados, sólo el mexicano se sintió un poco mal del estómago pero con ir al baño había tenido suficiente, pero el resto de la escuadra azul dorada habían pasado una pésima noche.

Para el caso, cuando Oikawa le preguntó a su pareja si le ocurría algo éste se excuso sólo con un: "Creo que me siento un poco mal", ¿De verdad esperaba que le comprara esa excusa? Siendo que lo había visto embutirse medio buffet de comida mexicana extrapicante en San Diego y después en Old Downtown el burrito más grande que servía ese establecimiento de comida Texmex. Sin embargo, en algún momento su hermana le había dado una recomendación sobre tener pareja, pareja de verdad y no esas noviecitas con las que pasaba el rato buscando de convertirlas en amalgamas del sufrimiento de un amor no correspondido: "La confianza es la mejor medicina para nutrir el amor y esperar que éste florezca". Aunque lo decía la mujer que después de darle plena confianza a su esposo éste le había dejado con un hijo.

"En el amor a veces se gana, otras veces se pierde, pero no puedes culpar a la persona si un día te deja de amar, lo importante es el momento que vives y lo que haces para que ese amor crezca o muera, así sí un día llega a su fin no tendrás remordimiento alguno por lo que ocurrió o lo qué pudo ser", también había dicho eso. Y en ese momento, durante esa plática, Oikawa pensó que tenía a la hermana más genial del mundo.

Entonces, mientras Hinata trataba con todas sus fuerzas de ocultar saber dios qué cosa (Oikawa estaba 99.9% seguro que era algo que ver con Tobio) le sostuvo la mano apretándosela fuerte.

El agarre hizo que el pelirrojo sobresaltado girara su mirada hacia el castaño y tragó saliva en seco. Sus ojos se encontraron medio segundo y el mayor, con labios trémulos, hizo amago de la sonrisa más amable que tuvo antes de acomodarse mejor en su asiento para cerrar los ojos y tratar de descansar, aún sentía los estragos irremediables de sus músculos acalambrados por la sobre exigencia a la que habían sido expuestos, pues aunque había sido un fracaso de partido, estaba satisfecho con su desempeño. Justo igual como estaría satisfecho con sus decisiones y el apoyo que le estaba brindando a Hinata. Si eso llegaba a fracasar su corazón estaría tranquilo de saber que había cuando había podido hacer.

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—Su majestad está más inquieto que de costumbre —dijo Tsukki mientras que acomodaba los suspensores de la horna de sus zapatillas deportivas. La cuadrilla dentro de los vestidores de hombres en la Universidad de Tokio no pudo evitar reír, pues era cierto que durante todo el entrenamiento Kageyama había parecido estar distraído y luego de pronto sumamente alterado, gritaba y a los dos segundos se disculpaba con sendas reverencia que hacía parecer todo irrisorio, al grado que en lugar de que el resto del equipo se molestara por sus arranques de furia cada vez que fallaban un remate o un tiro parecían estar totalmente divertidos.

Pocas cosas alteraban al número 14, y una de ellas seguramente estaba en camino en un autobús rumbo a Tokio para esos momentos, o quién sabe, Tsukishima no tenía necesidad de estar al pendiente del itinerario de la UCLA en Japón, pues era Yamaguchi el que parloteaba constantemente mientras desayunaban o cuando cenaban sobre las victorias, entrenamientos, derrotas, descansos y traslados del equipo universitario. Al tener a dos japoneses en la selección de la universidad la cobertura medíatica era digna de algún grupo de celebridades, y es que en medida lo eran. Se trataba no sólo de una universidad extranjera sino de la más fuerte dentro de la liga universitaria, que era casi igual a una liga profesional. Además de eso, recientemente el equipo de básquet de la UCLA había tenido graves problemas en China durante una gira similar a la que el equipo de vóley realizaba en Japón, donde incluso el presidente del país extranjero había tenido que intervenir para evitar que los atletas terminaran en la cárcel con una cadena de varios años pagando un crimen que sí habían cometido; ante este acontecimiento los medios estaban muy atentos a todo, pero lo único que habían tenido para quejarse, en realidad, era la falta de tiempo que los atletas tenían para atender entrevistas en sets o locaciones.

"Somos deportistas, no famosos, ni nada por el estilo", dijo un Oikawa sonriente que hablaba por todos en el equipo. "Venimos a representar a la UCLA pero al mismo tiempo a enorgullecer a nuestro país. No pretendemos ser héroes, ni un ejemplo para nadie, pero si una muestra de que no importa al lugar al que se vaya si sabemos hacer las cosas, las podremos hacer bien y de la mejor manera, muchas gracias por su apoyo, esperemos seguir contando con él en el futuro". Y tras esto los comentarios sobre la humildad y sabiduría en las palabras de Oikawa Tooru, el rey sin corona como lo llamaban muchos blogs especializados en el vóley escolar, no se dejaron esperar, y su evidente relación con Hinata Shoyo, que de pequeño gigante ya no tenía nada, pasaba a ser segundo plano.

—No me llames de esa manera —gruñó Kageyama apresurando su salida de los vestidores, acomodando en su hombro la mochila y poniéndose la gorra sobre su cabeza oscura no sin antes peinar los cabellos aún un poco humedecidos por el rápido baño que se había dado hacia atrás evitando así la molestia de tener que peinarlos más a fondo—. Me retiro —anunció.

—Buen trabajo —dijo el capitán y Kuroo chasqueó la lengua negando con la cabeza.

—Te has pasado —murmuró el gato al rubio que bufó.

—No es mi culpa que tenga problemas existenciales por resolver.

—Y que Ayame-chan lo dejará —agregó Nishinoya también listo para salir.

—No lo dejó, sólo le dio "tiempo" para aclarar bien sus sentimientos —murmuró otro de los chicos ahí presentes.

Y aunque Kageyema ya había salido del vestidor aún podía escucharlos parlotear. No es como si le molestara realmente pero tampoco es como si pudiera ignorar esos detalles. Lo de Ayame no era de esa manera, de hecho ni siquiera habían decidido terminar o "tomarse tiempo", sencillamente Kageyama expresó a la chica que había hablado con Hinata, si es que hablar se le podía decir a intercambiar alrededor de diez mensajes cortado por un abrupto: "No juegues conmigo Kageyama".

—¿Kageyama-kun? —el moreno alzó la mirada y ahí estaba el diablo. Ladeó el rostro el chico.

Ayame y el armador caminaron en silencio por el pasillo de la facultad de Derecho, aunque ya no había casi nadie a esa hora era la ruta más larga para llegar hasta la salida de la universidad y de esa forma poder partir a la estación del tren. Claro que necesitaban hablar. Ella no le desagradaba en lo absoluto, por el contrario, se habían llegado a besar pero siendo muy sinceros Kageyama estaba seguro que no iba poder llegar a más, no porque no le gustara la chica: Era linda, cabello suave, piel blanca, ojos enormes, le recordaba mucho a una senpai que había salido con Oikawa y que fue quizás la única mujer que le llamó la atención durante su pebertad, inclusive Ayame esperaba y no se molestaba si tenía que entrenar aunque no fuera durante las horas obligatorias, pero sencillamente estar con un hombre o con una muejr era algo que Kageyama no podía concebir.

¿Era impotente? Quién sabe, pero por más que ella se restregara contra él e intentara animar el asunto con toques sugerentes nada pasaba, su cuerpo no respondía y eso frustraba mucho a la pareja.

—¿Piensas ir tras él? —preguntó la chica.

—Probablemente —fue honesto y muy sincero, ella prefería que fuera de esa forma porque de otra estaría mintiendo y eso dolería bastante. Ayame admiraba la franqueza del armador y lo agradecía totalmente, y aunque ahora sentía ganas de llorar sabía a lo que se estaba enfrentando. Kageyama no podía ser más perfecto.

—Kageyama-kun —el chico la miró de reojo, sus pasos iban acompasados el uno con el otro—. Ya me has contado por qué terminaron pero… quiero que me cuentes… de verdad qué pasó —pidió mirando las líneas que delante de ellos aparecían en los enormes azulejos del piso.

El armador del Universidad T. se detuvo por un instante y ella también varios pasos delante de él. Ninguno de los dos se movió ni un apiste, y Tobio sonrió de medio lado. Quizás lo que más le gustaba de la futura psicóloga era la mente aguda que tenía, la suspicacia propia de alguien que se dedicaba a la psique humana.

—Él terminó conmigo por… —aspiró por la nariz. Jamás le había resultado admitir sus errores, incluso confirmar que durante gran parte de su vida vivida hasta ese instante había sido alguien autoritario, egoísta y caprichoso, pero lo que estaba por decir iba más allá de él mismo. Acarició su frente como tratando con esos remover los recuerdos que ahí dentro se encontraban y amoldarlos en palabras comprensibles, porque ni él mismo podía comprender sus acciones—… tuvimos problemas con mi papá cuando lo llevé a presentar a casa —contó y caminó hacia una banca que había por ahí. Se sentó y la chica hizo lo mismo—. Durante el final del primer año yo le dije a mi familia que era homosexual y mi papá, mi familia lo tomó sumamente mal —explicó.

—Pero no eres homosexual, Kageyama-kun.

—En aquel entonces no sabía que había otras cosas además de heterosexual y homosexual, Ayame —resolvió el moreno recargándose de la pared detrás de él mirando a la chica con sus manos sobre sus propias piernas, laxas—. El caso es que cuando llevé a Shoyo a casa… mi papá no lo trató mal ni nada pero dijo un par de cosas que hirieron a Hinata, al final mi mamá se disculpó con él, después fui seleccionado y… no pude jugar porque no hacía mucho en quedarme callado o negar que tenía una relación con Hinata, a Hinata no le hubiera molestado pues incluso él me dijo que si debía de hacerlo lo hiciera pero… nunca se me ha dado el mentir y al final terminé en la banca más veces de las que podía soportar y un día exploté contra Hinata y… yo le pegué, no una… sino dos veces.

Hubo un silencio por medio o segundo entero, después fueron dos, y después ambos se quedaron observando como la luna alargaba las sombras de los pilares delante de ellos. Hasta que ella se movió.

—¿No hablaste con él?

—Por supuesto, me disculpé, pero por aquel entonces yo pensaba que si no jugaba con la selección no iba a poder jugar con nadie más, y aunque me arrepentía, y me atreví a decirle a Hinata que iba a dejar la selección, él leía a través de mí, y decidió que lo mejor era terminar. Dijeron que yo le fui infiel con una compañera, después que fue por la enfermedad y… bueno, al final el demostró que no necesitas jugar en Japón para seguir jugando y ahora nos vamos a ver después de un año. Él jamás dijo nada, absolutamente nada sobre esa discusión, y… una parte de él creía que se merecía esos golpes, yo… —arrugó sus labios pensando, suspiró mirando ahora sus manos que se abrían y cerraban—. Me sentí culpable, y después… miserable, ahora estoy lleno de rabia porque en ocasiones, pienso altaneramente que Hinata hizo lo correcto pero después lo veo aparecer en pantalla y Oikawa-san sirviéndole remates y egoístamente pienso que es un traidor, y que sería más feliz conmigo… —se quedó callado y miró a la que lo acompañaba.

Ayame suspiró pesadamente y atuzó su cabello.

—Vaya, eso… eso es bastante revelador, aunque supongo que… normal —aclaró su garganta—. Si me hubieras pegado también hubiera terminado contigo, y que quedé acta de ello lo más sano es que trataras de enmendar ese error aunque… ahora es un poco cobarde el querer buscarlo ya que tiene una vida hecha y hay otra persona que lo está haciendo feliz, y no lo digo porque seas mi novio —expresó—. Pero poniéndome una como la abogada del diablo —dejó una mano sobre la mano de Tobio y éste quedó en alerta—. Tus procesos emocionales son un poco más lentos porque son más profundos… lo mejor sería que hablaras con Hinata no para buscar que regrese contigo… sino para que arreglen los problemas que ambos vienen arrastrando pues tampoco es justo para la persona que cada uno tiene a su lado —apretó la mano—. La decisión que tomes, Kageyama-kun, o lo que ocurra de ahora en más… sin importar qué sea, yo te estaré apoyando.

A Tobio le nació un nudo en su estómago y entonces pensó que Tachibana Ayame era la mujer más fuerte y maravillosa que había conocido después de su madre, claro. Esbozó un gesto serio y el armador afirmó tomando la mano de la chica y presionando sus labios contra sus dedos.

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—¡Hinata! —gritó Oikawa mientras empujaba el balón hacia donde el bloqueador en lugar de rematar hace pase para que Hanzel rematara con todas sus fuerzas. El otro equipo conformado por miembros de la misma escuadra quedó ligeramente desconcertado concediéndoles el punto de la victoria en ese partido de tres a tres.

—¡Bien! —rugió el pelirrojo al tanto los armadores celebraban golpeando sus manos.

—Es injusto… —decía uno del equipo contrario—. Son japoneses —dijo disgustados y todos rieron divertidos pues ese era la nueva broma entre los Bruins: habían descubierto que a pesar de que mucho de los japoneses no eran especialmente altos o corpulentos poseían una pulcritud abrumadora en su estilo de juego. Desde Hokkaido hasta Fukuoka, ambos equipos habían demostrado que no por algo eran considerados parte de la ELITE dentro de sus campeonatos.

—Tokio será más complicado —advirtió Hanzel secándose el sudor—. Hay mucha gente problemática pero estos dos podrán decirles más —dijo el rubio señalando al par que ahora se hidrataba.

—Comenzando por el armador —murmuró Hinata. Oikaa enarcó la ceja pero no quiso prestar mayor atención.

—Por lo que nos dijo el entrenador tienen dos armadores como nosotros —añadió Pedro pasándole una bebida energizante a Jared y Julian que también se relajaban.

—De hecho uno de los armadores es gemelo del número 10 de Fukuoka —comentó Oikawa—. Miya-kun.

—Sea Miya o Tobio-kun serán problemáticos —farfulló Hanzel—. Sobre todo Tobio-kun que fue discípulo de este tipo y es exnovio de este otro —soltó como quien no quiere la cosa y la atmosfera se volvió pesada de pronto. Los colores en el rostro de Hinata se acentuaron en sus orejas que ardían y restregaba con más fuerza la toalla contra su cara al tanto Oikawa desviaba la mirada bebiendo de su agua—. Ahora quién sabe quizás Tobio-kun se ponga furioso, una vez me partió la cara porque besé a Hinata-chan, ahora con Oikawa, quizás hasta lo intenté asesinar cuando se entere que estos dos se dan de ida y vuelta y no consejos precisamente, sobre todo cuá… ay… ay… ay… —Oikawa lo sostenía del cabello queriéndoselo arrancar y Hinata le presionaba el brazo con tal fuerza que seguro le dejaba un morado al día siguiente.

Armador y rematador arrastraron a su amigo hacia la zona de vestidores del gimnasio municipal que les habían prestado para entrenar antes de partir a Tokio al día siguiente. Desde los vestidores se escucharon los gritos de Hanzel, suplicas y lamentos, pero nadie atendió a al llamado pues se lo tenía bien merecido por bocazas. Los japoneses regresaron sin el americano y trataron de incorporarse al entrenamiento pero fue bastante difícil el hablar normalmente, pues ambos habían estado queriendo ignorar al elefante en la habitación, uno que hacía su presencia cada vez más evidente conforme los días de llegar a Tokio pasaban.

En la habitación Hinata entró primero, después Oikawa y posterior ambos se sentaron en el borde de sus respectivas camas el cabello castaño aún le gotaba al mayor y el menor sostenía entre sus manos una botella de agua que exprimía suavemente.

—Estuve hablando con Kageyama —dijo en tono muy bajo el pelirrojo y a Oikawa se le formó un nudo en el estómago.

—¿Ah sí? ¿Y cómo está?

—Supongo que bien —Hinata alzó la mirada para ver a Tooru—. No le pregunté cómo estaba, sólo… me dijo que quería hacerme un par de pases cuando estuviera en Tokio.

—Ya veo… —Oikawa no podía alzar la mirada para enfrentar la ajena, porque no era tan fuerte como su hermana le había indicado que debía de hacer, no poseía ese tipo de coraje para simplemente decirle a Hinata: "Pues hazlo, por los viejos tiempos, son camaradas después de todo", y despedirlo con una sonrisa en los labios. No tenía esa clase de madurez para pensar tranquilamente que Hinata no iba correr a los brazos de Tooru y eso lo mataba, en la boca de estomago la acidez comenzaba a deshacer todo y los nervios, la rabia, el enojo y la desesperación amenazaban con descontrolar todo.

—Yo…

—¿E irás a que te dé unos pases?

El pelirrojo observó al mayor y suspiró mientras se cambiaba de asiento, el colchón se hundió un poco gracias al peso adicional.

—Sólo tienes que decir que no quieres que vaya para que podamos discutir y puedas sacarlo todo, Tooru —el nombre del mayor salió bajito, suave, íntimo.

El castaño con ojos vidriosos se giró hacia el pelirrojo y sorbió por la nariz antes de aferrarse al menor, apretarlo contra él. Hundir sus dedos en la firme espalda y en silencio ahogar la incertidumbre.

—Está mal… porque… quiero confiar en ti… pero no quiero que me dejes… pero… si me quieres dejar no te lo voy a impedir… porque… no quiero ser un loco obsesivo… ¿sabes cómo, cierto? ¿Sabes cómo me siento… verdad? —mojó más sus labios y sollozó más bajito.

Hinata contuvo la respiración un instante y ahora fue su turno de soportar el corazón herido de su pareja, las inseguridades de un hombre que era considerado como uno de los más atractivos del deporte dentro del país, ahora se tambaleaba ansioso por pensar que su pareja le sería infiel, ¿por qué eran pareja, no? Después de todo, había sido Oikawa el primero en darle nombre a eso que ellos tenían y Hinata no había hecho absolutamente para negarlo. El pelirrojo acarició con sus dedos el cráneo del castaño, enterrando sus dedos en el cabello sedoso que se sentía tan bien como siempre que lo tocaba, besó con esmero la sien, y restregó su mejilla contra la cabeza del mayor. Él no era bueno para animar a la gente que lloraba, no tenía palabras de aliento que hicieran cambiar el parecer de la percepción ajena pero sí que podía hacerle sentir que estaba ahí con él, que estaba junto a él y no planeaba irse a ningún lado.

—Pu-puedes ir a jugar con Tobio pero… —las manos del mayor se aferraban fuerte y no sabía qué mierda estaba haciendo. Oikawa era un desastre y lo último que deseaba era dar lastima. Probablemente de todo el tipo de novias que había tenido las que más odiaba eran las chantajistas, y ahora él tenía todos los sindromes de una de ella, por lo cual alejó al pelirrojo de los hombros para mirarlo directamente a los ojos—. Quiero que… quiero que vayas con Tobio, juegues con él y le demuestres que haz mejorado —esa sería la mejor forma de enseñarle a Tobio que no tenía nada más que hacer ahí, con Hinata. Que ahora era él quien ocupaba cada parte de su vida.

El menor parpadeó confundido y trató de comprender la extraña petición de Oikawa pero no pudo más que sonreír afirmando a sus palabras al tiempo que lo tomaba de las manos para besarlas con amor y volver estrecharlo. Besó su mejilla, después su cuello, mordisqueó el borde de su clavícula y lo derribó contra la cama.

—¡No estoy de humor! ¡Estoy feo! —chilló Tooru alejando a Hinata pero éste no se detuvo comenzó a revolotear sus dedos debajo de la camisa ajena, presionando en las costillas y el abdomen haciendo que la pataleta de Oikawa se volvieran carcajadas mientras luchaba inútilmente por no reírse.

En un giro violento sobre la cama quedó sobre Hinata, y el llanto rezagado el mojó las mejillas a Hinata. Le sostenía las muñecas por encima de su cabeza y se flexionó para propinarle un beso húmedo. Hinata se lo devolvió de forma demandante y a Oikawa se le erizó los vellos de la nuca, la espalda se le estremeció y los músculos se le tensaron mientras que las piernas de Hinata se abrían un poco más para que él pudiera acomodarse.

La húmedad de su piel fría y la ropa tibia de Hinata daban un efecto placentero y reconfortante.

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—Ya perdimos en Fukouka y llevamos ganado el partido de Hokkaido, sin embargo, no podemos conformarnos con ese resultado mediocre —dijo el entrenador mientras el avión esperaba autorización para que los pasajeros bajaban. Habían tenido que aplazar un día completo su llegada debido a la salud de los jugadores pero ahora se encontraban en óptimas condiciones. Todos escuchaban atentos a lo que su líder decía—. Son el orgullo de la UCLA, no dejen en mal a su institución —solicitó—. ¡Bruins!

—¡Rugimos fuerte! —celebraron los atletas mientras que Hinata se mantenía quieto mirando sus dedos. Torciendo sus labios incómodo. A pesar de que había "arreglado" las cosas con Oikawa era consciente que en un principio no tuvieron que haber tenido que "arreglar" nada porque se supone que existía el factor confianza, y hasta ese momento no había existido complicación alguna, es decir: se habían besado y acordaron que les gusto, tuvieron sexo y acordaron que seguirían teniéndolo, Oikawa había dicho que eran novios y Hinata lo aceptó. ¿Entonces porqué de pronto se vieron en una situación así de incómoda donde el castaño se había desecho llorando?

—Tooru, Shoyo —el entrenador había ido hasta sus asientos, Hanzel roncaba en el asiendo de la ventanilla, los aludidos giraron su mirada—. Muy probablemente esto sea incómodo, sin embargo, les voy a pedir a ambos que jueguen en la primera parte del partido del jueves —comunicó a ambos jugadores—. Sin embargo, la segunda mitad la jugará el equipo B, quiero ver cómo se miden contra los campeones nacionales, estaremos en Italia compitiendo con la Super Lega y es requisito del grupo que todos jueguen ahí —anunció.

Hinata y Oikawa afirmaron. El hombre dio un par de palmadas en el hombro de Shoyo y se retiró sin decir más. Suspiró el pelirrojo profundamente.

—Pues… el jueves vamos a jugar —murmuró Hinata.

—¿Cuándo te vas a ver con Tobio? ¿Antes o después del partido? —preguntó Oikawa jugando con su PSP Vita rosado. No lo había cambiado desde que se había ido de Japón, de eso tenía dos años y contando.

—No he hablado con él —respondió sincero el pelirrojo—. Aunque supongo que será después de que tengamos el partido —Hinata tomó el libro que tenía sobre sus piernas y que había dejado de leer antes. La parada en el avión probablemente sería larga como la que tuvieron en Hokkaido—. Es medio obsesivo cuando un partido importante se acerca —contó—. Le gusta afinar los detalles más insignificantes y memorizar los puntos más fuertes de sus compañeros, refinando cualquier ataque sorpresa pues un movimiento es el que puede hacer la diferencia. Tiene una especie de… lesión, no, tiene resentido un músculo en su muñeca, el médico no le dijo que fuese malo, al menos no en la escuela media, y debe calentarla muy bien, así que por eso suele hacer más ejercicio con ella antes de un partido, sin embargo deja de levantar pesas o salir a correr para tener sus piernas descansadas, pero uno o dos días antes del partido hace… estas vergonzosas posiciones de yoga que es capaz de retener por media hora con tal de adecuar los músculos al esfuerzo físico, lo hace desde que jugamos contra el Shirarotizawa y una noche antes le gusta comer ramen, antes lo hacía, ahora no lo sé, porque su estómago lo digiere más fácil, y de pasada siempre siempre siempre va a comprar cintas adheribles musculares color moradas, su color favorito es el azul, pero él compra moradas porque dice que son las más resistente, jamás le hice cambiar de parecer con respecto a que todas las cintas en realidad tenían la misma cantidad de adhesivo… él simplemente compraba estas cintas y las cargaba, después de jugar, al bañarse me pedía que se las pusiera, formando una "v" desde el hombro bajando por la orilla de su omoplato y subiendo hasta el nacimiento de sus vertebras en la nuca, en ambos lados, otra más en su brazo izquierdo, y una en su muslo, las demás las guardaba pero jamás la usaba, tenía un montón, le tenía idea a que tuviera que empatar un pedazo con otro en alguna de las áreas donde las ponía por eso suele regalárselas a los niños de primaria, aunque los niños no tienen idea de para qué se usa y… —contuvo el aliento. Mirando la cabecera del asiento del frente. Su reflejo en la televisión que ahí estaba incrustada.

Hubo un silencio profundo por parte de Oikawa y Hinata, Hanzel roncó fuerte y ambos jugadores miraron a su amigo americano. Cerró el libro de golpe y se giró para ver a Oikawa.

—Shoyo —murmuró Oikawa.

—¿Exactamente qué sientes por Tobio?

—… —Hinata se quedó un segundo, sólo uno reflexionando, y al siguiente sonrió con dulzura, sus labios se alzaron y después se entreabrieron—. Lo amo, Tooru —otra vez el tono bajo usado sólo para ellos dos—. Pero… algo he aprendido y es que puedes amar a más de una persona de diferente manera… tú amas a Iwa-chan, pero también sientes algo por mí ¿no lo crees?

—Pero Iwa-chan es mi amigo de la infancia.

—Y Tobio fue mi muy preciado primer armador… mi compañero, mi primer aliado y mi formidable rival… esta es la primera vez después de cinco años que nos volvemos a enfrentar y… dentro de mí la espina que quedó clavada se ha convertido en un enorme jardín, quiero que vea en lo que me he convertido —mordisqueó sus labios—. Él me ayudó a plantar, otros me han ayudado a abonar.

Hubo satisfacción pero también incomodidad y unos pocos celos brillando en el gesto que Tooru le regaló al menor. No hubo más palabras solo un leve apretón de manos. De pronto la magnifica idea de que Hinata se viera a solas con Tobio para "hacerse unos pases", no resultaba tan genial como había pensado.

Después de sólo quince minutos de estar varados se les dio autorización para bajar del avión y los jugadores pudieron estirar las piernas. Sí el recibimiento en Hokkaido les había parecido totalmente extravagante, Tokio ocuparía un lugar en sus corazones, pues no había sido una decena de chicas y chicos, sino unas muchas personas que daban de forma cálida la bienvenida a la selección. Oikawa saludaba enérgico con una mano arriba y la otra aferrada a Hinata que abrumado caminaba también haciendo leves inclinaciones de cabeza en agredecimiento. Los otros atletas imitaban a Hinata pues algo habían aprendido sobre el protocólo asíatico, y es que los japoneses agradecían hasta por respirar.

Tuvieron que avanzar con un poco más de presura pues el autorbús los esperaba ya, y no podían hacer demasiado revuelo en uno de los aeropuertos más transitados del mundo, no en el de Narita. La seguridad contratada por la Federación NCAA apremió a los jugadores, dejándolos solo firmar un par de balones, algún banderín y Hinata sonrió con cariño cuando reconoció el uniforme de una de las chicas que le estiraban la mano para saludarlo.

Era cierto que llevaban un tiempo en Japón pero hasta ese momento Hinata sólo se había sentido como estar en otro lugar y no completamente en casa, apenas ahí, en Tokio escuchando el acento que era más familiar al que él conocía fue que pudo respirar tranquilo y permitir quela nostalgia y la melancolía lo abrazara. Tenía ganas de llegar a su casa decir: Tadaima, y escuchar un Okaeri de regreso. De comer la comida de su madre y abrazar a su hermana. Un nudo en su garganta que bajó tras un silencio cuando una de las chicas le preguntó si iba a ganar.

—Claro que lo haré… por favor sigan apoyándome —pidió y las adolescentes chillaron emocionadas antes de que fuera forzado por la mirada inquisidora de Hanzel a que caminara más rápido, al rubiecito lo habían despertado de su siesta y ahora no había poder humano que le soportara el mal genio.

Lo que ocurrió a continuación para Hinata fue un enorme borrón, el Jet Lag lo atacó, pues de pronto estaba comiendo fideos con sus compañeros y al segundo siguiente se besaba con Oikawa en la habitación del hotel de concetración y de pronto el teléfono en la habitación 310 sonaba sobresaltando a Hinata que se incorporó casi de golpe, pegó su oreja al aparato y abrió mucho los ojos buscando parecer despierto, aunque había olvidado el diminuto detalle de que en las llamadas las personas al otro lado de la línea no te ven.

—¡Sí!

—¿Señor Hinata? Buenas noches, llamamos de la recepción. Tiene una visita en el lobby, el señor Kageyama lo está buscando.

—¿Ka-kageyama? —preguntó y terminó de despertar girando su mirada por toda la habitación, misma que encontró vacía y una nota en la cama de a lado.

—Sí, Kageyama-san, está aquí y quiere hablar con usted. ¿Lo hago pasar? ¿Da su autorización?

Kageyama más una habitación sola de hotel, Oikawa fuera y él en pijama. ¡Pésima idea!

—Estaré ahí en dos minutos.

—¿Dos minutos señor?

Hinata ya abría su maleta sacando todo buscando algo que ponerse, algo que no fuera su rídicula pijama de "Teen Titans Go!".

—Sí, DOS minutos —repitió sacándose el pantaloncillo.

—¿Algo más que dese decirle? —preguntó la pacifíca voz del recepcionista.

—Que en dos minutos bajo, nada más —y seguido colgó para poderse embutir en unos harempants grises y elástico oscuro que ni siquiera eran suyos, eran de Oikawa pero en ese punto daba igual, cualquier cosa era mejor que la cara de Beast Boy en su trasero. Rebuscó una vez más y decidió que ninguna camisa se veía lo suficiente cool como para ver a su ex y optó por la clásica sudadera gris de la UCLA con las letras amarillas. En la parte trasera, justo en la zona inferior, estaba el nombre del jugador dueño de esa sudadera, y en el brazo izquierdo estaba el equipo al que pertenecía y el número de jugador. Era la sudadera promocional para entrenamiento pero a Hinata le gustaba usarla un montón, de hecho tenía tres de ellas, una la había comprado en la boutique de fans, el entrenador lo regañó puesto que él, como jugador, podía tener las que quisiera de forma gratuita gracias a los patrocinadores.

A Kageyama le informaron que en dos minutos el señor Hinata estaría con él en la recepción, al tanto se alejaba de la barra de informes para mirar el enorme candelabro sobre su cabeza. Estaban en el hotel Conrad, un hotel cinco estrellas que se había ofrecido a alojar al equipo completo de forma gratuita sólo por la cobertura mediatica, y el impacto estratégico que tendría en Estados Unicos, una excelente jugada desde el punto de vista mercadológico puesto que estaba recibiendo publicidad gratuita en una parte del mundo donde no tenía un acceso económico pero de donde venían gran parte de sus clientes. Kageyama no comprendía mucho sobre publicidad y marketing, sólo sabía que ellos –su equipo y él—jamás habían estado hospedados en un hotel tan lujoso, no es cómo si realmente eso hubiese importado alguna vez, pero podía ver ese "favoritismo" del que hablaban sus compañeros sobre los extranjeros.

Pasaron diez largos minutos y Kageyama había empezado a preguntarse si los pilares estaban recubiertos de oro, o sí sólo era metal dorado. Probablemente lo segundo, pues lo primero seguro sería sumamente peligroso, aunque la idea de que algún idiota intentara robar alguna de esas láminas era bastante irrisoria, y de ahí provino una de esas grandes dudas existenciales: ¿Los hoteles cerraban sus puertas en algún momento?

—¿Kageya-ma? —la debrayación sobre esa cuestión sin importancia quedó a la deriva para otro momento cuando la débil pero ronca voz de Hinata resonó. El moreno se giró encontrando al pelirrojo. Sus labios se entreabrieron. Sus ojos chocaron y recordó esas tardes silenciosas en las que ambos se acurrucaban en la esquina de la cama de uno y otro, entrelazando sus dedos y mirando fijamente la televisión que retransmitía alguno de esos partidos impresendibles. Cuando sus pieles hacían contacto y producían un estallido que sólo podía ser comparado con el Big Bang y que únicamente era visible para ellos.

La sala se llenó de estática pura, blanca, natural. Y los amantes trágicos se vieron una vez más.

—Shoyo.

Y Hinata tuvo que hacer esfuerzo por no tirarse a los brazos del moreno, o de no caer rendido de rodillas porque estaba seguro que la tierra se le movía y escuchando su voz, la vida volvía a tener sentido.

—Vine por ti…

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Cronopios de Yukiona: *Se va revoloteando por ahí* Les dejó mazapanes a mis Mapazapanes *tira mazapanes* ¡Gracias por leer! ¡Mentira! Seguimos…

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—¿Qué?

—Vine para que vayamos a hacer unos pases —señaló la mochila que tenía a sus espaldas y Hinata miró hacia el elevador, después hacia las escaleras. Tenía severas lagunas mentales de cómo demonios había llegado hasta ahí, lo más importante es que si debía de pedir una llave, o si Oikawa andaba por ahí, o había salido a hacer turismo, en la nota en la cama escribió sólo un: "Regreso más tarde".

—Dame un segundo —pidió con voz suave mientras que se rascaba la nuca y caminaba hacia la recepción, bostezó brevemente y Kageyama lo observó fijamente.

Era cierto que Hinata estaba mucho más alto de cómo lo recordaba y eso lo hacía consciente de que él también había crecido, había cambiado, lo supo por la mirada desconcertada del pelirrojo y por el modo en que los ojos avellana lo habían recorrido, de esa misma manera en que se recorrieron por primera vez cuando estuvieron frente a frente sin ropa de por medio, en la incertidumbre a los que los primerizos les da por no saber qué hacer o cómo comenzar.

Hinata llevaba un corte de cabello bastante peculiar, y no es que no se le viera bien, por el contrario, hacía resaltar su lado masculino y casi dominante que seguro hacía temblar a sus adversarios en la cancha después del primer clavado, pero, de algún modo Kageyama sentía fuerte la ausencia del cabello desaliñado y casi siempre revoltoso del pelirrojo, el modo en el que se quejaba por las mañanas cuando lo peinaba y se daba cuenta que sería otro día sin un peinado cool y la aceptación de vivir con rizos que se revelaban a su santa voluntad. A Kageyama le fascinaba rizarle más el cabello cuando solo estaban los dos sentados viendo el televisor o haciendo deberes, o solo rumiando en las tardes de verano, enredar distraídamente su dedo entorno a un mechón y girarlo hasta que las puntas quedaban más curvas y parecía solo un resorte. El aroma a manzana y la textura suave entre sus dedos.

La dulzura de la infancia se había erradicado por completo y en su lugar el gesto de un hombre se asomaba tímidamente en las sonrisas amables y la mirada compasiva que parecía dar a la recepcionista que rebuscaba saber dios qué cosa. La carcajada ronca y profunda, la enfermedad había dejado muchas heridas que no iban a sanar jamás, pero un punto a su favor es que había moldeado la voz de Hinata para volverla única, potente y distinguida, la voz que un guerrero seguro debía de tener, y sonaba correcta y acorde a la fuerza que Kageyama conocía de antaño y que seguro ahora se había multiplicado por mil.

La nuca la llevaba rapada, y los mechones cubrían una parte de sus orejas.

Hinata regresó sobre sus pasos y miró con seriedad a Kageyama, no, seriedad no, era un sentimiento extraño, lejano, sin nombre, por llamarlo de algún modo. Peinó hacia atrás su cabello naranja y suspiró pesadamente.

—Vamos —señaló con su barbilla la salida del hotel y Kageyama lo siguió.

Empezaron andar hombro con hombre. Hinata aún con su uno ochenta seguía siendo ligeramente más bajo que Kageyama.

—¿Tsukishima ya alcanzó los dos metros? —preguntó para romper el silencio.

—¿De verdad quieres hablar de Tsukishima después de un año de no vernos?

—… —Hinata guardó silencio sin dejar de caminar. Metió sus manos a los bolsillos de su sudadera aunque hizo hacia atrás las mangas pues le quedaba ligeramente más grande de lo que recordaba.

—Entonces ¿sales con Oikawa? —soltó sin cortarse los modales y sin mirar al pelirrojo, aunque éste sí que se giró con violencia hacia el otro.

—¿Có-cómo lo sabes?

—Tsukishima me lo dijo.

—Ya… —rascó su nuca. Sí, mala idea hablar sobre Tsukishima, no quería indagar por qué coños sabía Tsukishima eso, aunque sospechaba que Yamaguchi tenía algo que ver—. Bueno desde que Tsukishima y Yamaguchi salen me imagino que pocas cosas se han de ocultar.

—Espera… ¿qué? —Kageyama ahora era el que veía a Hinata.

—¿Qué no vives con ellos? Deberías saber que esos dos salen. Comparten cama y todo… tuviste que sospecharlo, Kageyama idiota.

—… —Tobio boqueó y negó ahora totalmente confundido, y empezando a enteder muchas cosas, muchas cosas que hasta ese instante tenían sentido. Mojó sus labios sintiéndose realmente idiota aunque al escuchar la risa divertida de Hinata no pudo evitar bufar—. No te burles, Hinata-idiota, yo no tengo tiempo para cotillear como tú.

—O quizás volviste a ser el insensible rey de la cancha que no escucha a sus súbditos, no lo sé Kageyama, un curso para socializar no te caería mal, he visto tus entrevistas y de verdad dan asco —agregó riendo, estaba burlándose en un tono amable y ameno, sólo por molestar a Kageyama que se ponía de los colores—. "Sí, no, soy Kageyama Tobio, un gusto, sí, no…" —imitó la voz de Kageyama poniéndose muy derecho y haciendo movimientor robóticos—. Inserte silencio incómodo y mirar a la cámara fijamente dos segundos para después desviar la mirada —y entrecerró los ojos, se hizo el cabello hacia abajo—. "En el vóley solo puede haber un ganador, no hay lugar para los empates" —y el menor terminó aún más ruborizado empujando con fuerza a Hinata que saltó soltando una tremenda carcajada que no hizo más que irritar más Tobio y éste a su vez sacando el balón de vóley para tirárselo a la cara al rematador que se quejó pero sin dejar de reírse.

Al final Kageyama no pudo no evitar que una sonrisa minúscula apareciera en sus labios.

—¿Ves? ¿Qué te cuesta regalarle al mundo una de tus maravillosas sonrisas? —preguntó Hinata sin ironía, siendo sincero, metiendo otra vez sus dos manos a los bolsillos de su sudadera.

—Eres insoportable —masculló Tobio esperando que la luz diera verde para que pudieran pasar.

—¿De verdad crees que soy insoportable, Tobio? —la piel se le erizó a Kageyama cuando vio al pelirrojo caminar de espaldas mirándolo de frente—. Porque yo creo todo lo contrario… yo creo que crees todo lo contrario, y si de verdad crees que soy insoportable pues… mis respetos para tu tolerancia, está creciendo con los años.

—Eres la persona que más me gusta, ser tolerante viene como parte del paquete de recompensas —puntualizó el moreno ahora ganándose él el sonrojo del otro.

—Kageyama.

—¿No te dije? Decidí volver a reunir plumas de cuervos —se detuvo en medio de la calle, Hinata se había detenido sobre la acera después de aquel comentario y ahora veía fijamente al armador sin comprender—. Decidí volver a reunir plumas de cuervos… y cuando junte las mil, pediré un deseo.

—¿Qué deseo pedirás, Kageyama?

El armador subió a la acera y Hinata no se pudo alejar, no cuando sus ojos avellana estaban fijos en los azules que se acercaban. No hubo un acercamiento de bocas, pero sí algo más íntimo, más personal.

—¿Quieres que te lo diga en voz alta? ¿O lo puedes adivinar, Shoyo?

La pelota rebotó fuera de sus manos rodando hacia debajo de una banca solitaria en medio de la acera que llevaba hacia el parque donde harían un par de pases. Las luces de los vehículos alumbrando a las dos siluetas que se dibujaban a la orilla del camino y el silencio de una noche bulliciosa en Tokio.

Arriba de sus cabezas las estrellas brillaban, debajo de sus pies el infierno se abría.

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Reviews:

Guest: ¡Hola! Antes que nada, gracias por tomarte el tiempo de leer hasta acá. Con respecto a tu observación, exacto, "Petricor" es el olor de la lluvia, y con eso al final del capítulo me refería a la llovizna que hay antes de una tormenta. Antes de que una tormenta se forme usualmente hay llovizna, vientos que lentamente se vuelven más y más violento hasta que se forma la depresión atmosférica. Eso es a lo que me estaba refiriendo yo. Al olor que se desprende mientras se va formando la tormenta, no es exactamente "tierra mojada", aunque podría ser una buena forma para describir. Gracias por hacer la observación. ¡Saludos!

Cronopios del autor: Ahora sí, xD ya es el final del capítulo. ¡Gracias por leer Mazapanes!, y por esperar, son geniales, han sido semanas muy duras en cuanto al trabajo, pero gracias a los dioses tengo trabajo xD porque de otra forma pues… ¿cómo pago el internet y los monitos chinos gays? Tengo Mazapancitos hermosos que me han dejado bellos FanArts basados en el fic.

Y llegó la hora de hacer una carpeta en mi página de FB (St. Yukiona) para presumirlos en orden. También sigánme en Insta: (StYukiona). ;A; AMO cuando me hacen regalitos, no los merezco, no merezco a ninguno de mis mazapanes.

El primero es de mi hermosa BarbaraSenpai y es una viñeta relacionada con el capítulo pasado, la vi y me morí, hasta me dieron ganas de dibujar un Dojinshi del fic pero… coño, llevamos veintitantos capítulos y son tresciento cuarenta y pico de páginas de Word hahaha. ¡Muchas gracias Barbie! Amé el dibujo, algún día iré por el original para colgarlo en mi pared de la inspiración 3 éste está inspirado en "Petricor".

El segundo es de mi bellísima Norberta Villanueva que ella me llena de dibujitos, en todo caso, éste se encuentra inspirado en "Agujeros de Venus" –Yukiona babea-, gracias por recordarnos esa suculencia sabrosa de Hinata-bebé.

Ambos los podrán encontrar en mi página de FB.

¡Muchas gracias por leer, me hacen feliz!

¡Yukiona que los ama de corazón, pulmón y lengua!