Cronopios del autor: Gracias por leerme.
ADVERTENCIA: El fic es enteramente YAOI, hay parejas Crack, escenas +18, y muerte de personajes. Gracias.
Descarga de responsabilidad: Ya lo saben. Haikyuu no es mío, ojalá lo fuera.
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Las mil plumas del cuervo.
Por St. Yukiona.
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Apéndice: Late Night.
De todos los astros en el firmamentos el que más le gustaba era el sol, quizás por acto reflejo de que aún tantos años después seguía enamorado de un sol. ¿Qué se le podía hacer?
—Y querías hablar.
—Quiero hablar, Tobio-kun, quiero hablar.
Oikawa podía ser irritante incluso antes de proponerse ser irritante. Las cosas no habían cambiado en lo absoluto con su patética actitud de sabelotodo y soy mejor que tú. Con el tiempo la admiración que sentía por el colocador se convirtió en una inspiración para superarlo, quitando el hecho de que sentía especial repudio hacia él por las circunstancias dadas al ámbito sentimental, pero una cosa no tenía absolutamente nada que ver con lo otro.
—Vale. ¿De qué quieres hablar?
—Pues, encontré a Sho-chan.
—¿Se había perdido? —enarcó la ceja Tobio y Oikawa sintió patada en el estómago.
—¿Contigo habla? ¿Están en contacto?
—Sí. Ocasionalmente —dio un sorbo a su té y sintió la ira que desbordó de pronto el castaño. El moreno estaba seguro que un segundo más y probablemente fuera de sí Oikawa se le hubiese tirado encima, pero no. Estaba ahí tranquilamente con un tic nervioso en la ceja, maldiscimulado. Ahora comprendía porque el constante abuso físico y verbal de Iwaizumi contra el castaño—. Como sea. Debes ser el peor marido del mundo si no sabes dónde está tu esposo —y con eso daría por concluída la conversación.
Si lo que quería Oikawa era reírse un rato de él, pues ya con esos dos o tres minutos sería suficiente, le daba el gusto Tobio porque era su senpai y se sentía en deuda con él por haber estado defendiendo su lugar dentro de la selección de forma honorable y digna. No se esperaba menos de la calidad de juego de Tooru.
—¿Marido? —enarcó la ceja Toory y Tobio también se vio contrariado. Con el castaño tenía que irse con pinzas y ver por dónde estaba pisando, estar al pendiente a sus reacciones que muchas veces decían más que lo que él mismo demostraba—. De verdad eres un armador estúpido, Tobio-kun.
El menor se vio de pronto ofendido, y Oikawa disfrutó de la ignorancia del menor, le cobraba venganza.
—Shoyo y yo no nos casamos, Tobio. Me fue infiel contigo —confrontó fijamente.
—... ¿qué?
Oikawa suspiró pesadamente y ahora fue él quien bebió té del vaso de plástico con la etiqueta vikinga verde, de esa marca famosa y popular, fue el lugar donde acordaron verse. Un sitio público y muy concurrido pero "discreto" que les permitiera hablar y les impidiera asesinarse frente a varias personas con acceso a internet desde sus sofisticados teléfonos celulares.
—Shoyo y o no nos casamos porque me fue infiel contigo, Tobio —declaró el mayor dando otro sorbo.
Tobio sintió un subidón de adrenalina, entre desagrado, rabia, enojo e ira, muchos sentimientos malos y negativos pero al mismo tiempo se apaciguo sintiendo todo su cuerpo contrayéndose y colapsándose ante la idea de que Shoyo no le pertenecía a nadie, que estaba libre. Miró su reloj y se incorporó.
—¿A dónde vas?
—No tengo nada qué hablar contigo —señaló Kageyama recogiendo su bastón para caminar a la salida.
—Por el contrario... tengo que hablar contigo, y te conviene escuchar.
—¿Es sobre Shoyo?
—Lo es.
—Entonces no tenemos que hablar y no me conviene, no me interesa. Si él ha decidido ocultarme algo como eso y encima omitirlo por estos meses creo que me llega bastante claro el mensaje.
—A Shoyo le regresó el cáncer, Kageyama.
El moreno se giró brevemente hacia Oikawa pero se contuvo levemente, mojando sus labios y enseguida volviendo a apartar la idea de que eso le preocupaba a él.
—Con el tiempo, entendí que si Hinata se alejó de ti fue porque te amaba —soltó en voz baja Oikawa con cierta amargura picando en sus palabras.
—Pero se fue contigo y te perteneció.
—Pero nunca te olvidó, Kageyama —agregó Oikawa.
Tobio torció los ojos y negó, Oikawa se atrevió a detenerlo del brazo. Kageyama le dedicó una mirada confundida.
—Créeme... no te olvidó, no te dejó de amar.
—Oikawa-san... —murmuró el menor y el contrario solo negó.
—Mira Tobio, sería estúpido en estos momentos pararnos frente a Shoyo y obligarlo a decidir, pues lo que Shoyo necesita es apoyo... hablé con Natsu y al parecer se alejó de todos, no sólo repitió la jugadora que los alejó a ustedes, sino que se fue... alejó a todos.
Tobio no se sentó pero su postura seguía ahí, parado mirando fijamente los ojos avellanas que habían visto despertar a Hinata todo ese tiempo cuando él tuvo que ser el que cada mañana besara los ojos adormilados y perezoso del rematador, el que le gruñera para que se peinara la melena rebelde que poseía y el que se quejara de lo mucho que odiaba que tomara el café con tanta azúcar; seguía ahí parado por una cuestión que no terminaba de entender y solo le quedaba torcer los labios y aguantarse porque estar ahí cerca de Oikawa era lo más cercano que estaría de Hinata; la especialidad de Oikawa no era precisamente hablar con él, es decir, tenían nula compatibilidad y era algo que cualquiera sabía, no obstante estaba ahí forzándose a hablar, forzándose hablar sobre la única auténtica razón que justificaba el irrisorio odio que Oikawa le tenía a Kageyama puesto que éste último jamás se había tragado el cuento de que el mayor le tuviera envidia, muy a pesar de que Iwaizumi le dijo que ese maltrato constante que Tooru tenía hacia él era envidia y celos, pero... ¿qué podría envidiar Oikawa de él?
—¿Exactamente que estás buscando Tooru-san?
El castaño torció los labios en sus ojos se notó el debate mental que estaba teniendo. Mojó sus labios y soltó lentamente el brazo de Tobio para incorporar toda su altura. Ladeó el rostro mirándolo con la seriedad que implicaba el punto que estaban discutiendo.
—Vayamos fuera... —pidió mientras que avanzaba tomando antes su termo con el té que quedaba en él. Tobio lo siguió dejando propina en la mesa. Era cierto que no había nada de gente en el pequeño café donde se habían citado, o donde Oikawa había insistido en verse con Tobio apenas el primero llegó a Tokio después de uno de los partidos de la selección, pero al parecer lo que iba a decir Oikawa necesitaba un grado mayor de cuidado.
Caminaron un par de pasos, la mitad de la manzana, llegaron a la siguiente. El paso de Oikawa era lenta considerando el estado en que Tobio se encontraba. Cuando notó que la incomodidad alcanzaba los ojos azules del otro colocador el castaño se sentó en una banca para esperar el autobús aunque en realidad ninguno de los dos iba a tomar la ruta que por ahí hacía parada. La estación, como la esquina donde estaban se encontraba vacía. Más solitarios no podían estar.
—Voy a buscar a Sho-chan —dijo y Tobio se sentó a su lado, dando un largo suspiro.
—Bien por ti.
—Tú también deberías hacer lo mismo —gruñó entre dientes Oikawa y metió sus manos a los bolsillos de su chaqueta, había dejado el termo con el suspiro de té a su lado—. Es decir... los dos deberíamos buscarlo y obligarlo a vivir.
—No puedes buscar a una persona y "obligarla" a algo, Oikawa-san.
—No me estás entiendo... —se rascó la nuca Oikawa y maldijo mentalmente al moreno por ser tan estúpido y por obligarlo a decir lo que iba a decir—. Lo que trato de explicarte es que deberíamos de ir los dos y proponernos a Sho-chan.
—¿Proponernos? —enarcó la ceja Tobio girando su cabeza hacia el mayor quien con un gesto inescrutable, furibundo y enfadado le miraba, le regresaba la mirada.
—Sí, proponernos.
—No entiendo, Oikawa-san...
Tooru tuvo el impulso de tomar a Tobio de los hombros para zarandearlo pero se controló, se contuvo, si iba a vivir eso debía ser capaz de tolerar a Tobio, así que aspiró por la nariz de forma prolongada hasta que se sintió ahogar con aire y lo soltó de golpe, negó y miró otra vez al moreno que seguía sin comprender.
—¿Sabes lo que es una trieja?
Tobio ladeó el rostro enarcando una ceja. A Tooru esa ceja le brincó en tic y se masajeó el puente de su nariz, para después de un impulso coger el rostro de Tobio, presionar fuerte sus mejillas.
—Lo que trato de decir es que le propongamos a Sho-chan una relación poliamorosa.. él, tú y yo. ¿Ya? ¡¿O te explico con palitos?! —lo último lo grito y enseguida se quedó callado abrazándose así mismo cruzándose de piernas, abochornado y furioso por haber dicho algo como aquello. Había estado dándole muchas vueltas al asunto, desde muy temprano por la mañana hasta muy tarde por la noche y la cuestión más favorecedora que dañaba menos a Shoyo era esa. Una relación poliamorosa. A él no le hacía puta gracia que Sho-chan estuviera con alguien más sin embargo, la flexibilidad y confianza recaía en que en esos años de relación jamás ocultó nada, ni siquiera que amaba con franqueza al moreno que parpadeaba perplejo ante la idea, propuesta, del castaño.
Oikawa lo espió de reojo y brincó en su lugar cuando notó que Tobio se ponía de pie de golpe.
—El jueves me dicen si puedo o no dejar de usar el bastón, el viernes... vamos donde Shoyo. ¿Sabes dónde está, no?
—S... —¿Qué le iba a decir? "¿Estás aceptando, Tobio-kun? ¡¿De verdad lo estás aceptando, Tobio-kun?! Porque si dices que sí me muero y tendrás que aguantarme y yo a ti. Meteremos el asunto en el mismo hoyo y será una conexión bastante extraña, pero sí tú estás aceptando yo no me voy a echar para atrás porque de verdad, de verdad, de verdad amo a Sho-chan, más que a la puta vida misma", en cambio solo se quedó callado con la letra siseando en su boca y bajando la mirada a sus manos que nerviosas habían empezado a estrangularse.
—Oikawa-san.
—¿Hmp? —alzó la mirada el mayor.
—¿Vas a estar bien tú con eso?
—No te voy a permitir que te quedes con todo y te vuelvas un mártir —se incorporó también, metió sus manos a su sudadera otra vez. Ladeó el rostro—. Por el bien de Hinata... —¿Sería capaz de qué? El peor escenario era ese y estaba dialogando como gente civilizada con la peste que era Kageyama—...sí, por el bien de Hinata sí estoy bien con "esto". Y si entras y aceptas. Ya no hay vuelta atrás, Tobio-kun.
El moreno, miró a Oikawa y después buscó su móvil, eran las tres, debía de ir a rehabilitación.
—El viernes nos vemos entonces... compra los boletos o haz lo que tengas que hacer, Oikawa-san... iremos con Shoyo y que él decida.
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Gracias por leer.
St. Yukiona.
Quien los ama de corazón y todo menudencias.
