Cronopios del autor: Gracias por leerme.
ADVERTENCIA: El fic es enteramente YAOI, hay parejas Crack, escenas +18, y muerte de personajes. Gracias.
Descarga de responsabilidad: Ya lo saben. Haikyuu no es mío, ojalá lo fuera.
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Las mil plumas del cuervo.
Por St. Yukiona.
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Capítulo 27: El secreto del rey.
Esperaremos por esto.
Mientras no se encontraba preparando clases para la semana, entrenando o viendo algún partido televisado, Hinata se dedicaba a escribir, sobre todo en inglés para practicar la parte de la redacción fluida en el idioma que en ocasiones le fallaba –había tenido sus problemas durante la universidad por faltas ortográficas y de sintaxis que con el tiempo se corrigió pero existían manías que no lo abandonaban—, pero no sólo escribía por escribir, también hablaba con Senikov que era padre primerizo de una bebé de un año aproximadamente para mantener viva la enseñanza y aprender de un nativo. Con Senikov siempre hablaban sobre su pequeña familia y cómo se encontraba todo en San Francisco donde seguía radicando, Han le contaba sobre sus aventuras al pediatra y lo complicado que era comprar pañales para recién nacidos prenatales, también sobre la formula láctea que debía de beber el nene pues no le había caído bien en su barriga la leche materna. Había encontrado cierta forma para relajarse escribiendo, no sobre el hijo de Hanzel sino de todo, de cualquier cosa, de las nubes, de los autos, del volley, de Kageyama, de Oikawa, de Kenma y sus amigos, de su vida.
Esta forma de expresarse lo había estado haciendo desde antes del asunto de la boda, exactamente fue justo la noche en que le dieron los resultados de su análisis para descartar el cáncer, misma que salió positiva a retorno del mal.
Sin embargo cada vez que leía sus anotaciones –porque coño no les empezaría a decir "diario"—se daban cuenta que los escritos eran malos, realmente malos. No por la sintaxis o cuestiones gramaticales, sino en general el contenido era deprimente. Había un sinfín de idiotas ilusiones narradas en mundos alternos donde Hinata recibía amor incunmesurado de Kageyama, otro donde era Oikawa, otro donde ni siquiera nacía y la gente afectada por su egoísmo había resultado afectada por culpa de otras personas pero no por la suya. Todas esas ensoñaciones en ocasiones concluían con aquello que quería pero que jamás había exigido porque no creyó nunca merecerlo: un te quiero, un te amo, un por siempre y ser felices. Pero por más que él escribiera y llenara hojas enteras y empapara cientos de almohadas y se rasgara la garganta sollozando, jamás iba a suceder, al menos no ahora.
Pero por más extraño y profundo que volara su imaginación, jamás imaginó algo como lo que estaba viviendo: Miró primero a Kageyama, después a Oikawa y el espacio que los separaba. Tomó su batido de vainilla y sorbió por la pajilla profundamente, tosió levemente.
—Idiota, ¿el doctor te dio autorización para beber frío? —preguntó Kageyama retirándole la bebida mientras Oikawa ya le hablaba a la mesera para pedirle un té o algo caliente de beber a Hinata, el pelirrojo perplejo no podía evitar ver –y asombrarse—ante el modo en que parecían estar incluso coordinados. Pues pronto Oikawa le entregaba una servilleta para que se limpiara la boca y Kageyama extendía la mano para recibir el café pedido.
—Debes ser muy cuidadoso con eso, Sho-chan —dijo Oikawa—. Puede hacer más grandes las llagas.
—Aunque después de las exfoliaciones le piden que beba helado para que ayude a suturar más rápido.
—¡Oh! Tendremos que comprar helado entonces —respondió el castaño—. ¿De base de agua, no?
—Sí —reafirmó Kageyama—. El de leche puede causarle flemas y no es conveniente que esté tosiendo —comunicó solemne el armador moreno.
La escena era totalmente surrealista.
Hasta donde Hinata se había quedado Oikawa odiaba a Kageyama, es decir Tooru no soportaba a Tobio y Tobio estaba, en teoría, enojado con él por todo el asunto de haberle omitido que no se había casado y que, sobre todo, estaba en Japón, en Sendai para ser más específico. En resumen: eso de estar los tres sentados hablando no tenía que estar pasando.
Quizás había muerto y ni siquiera lo había notado.
Bebió ahora un sorbo de té, Oikawa lo había preparado para él con dos cucharadas de azúcar tal como lo bebía, los dos setters hablaban sobre los beneficios de comer helado. Aunque llegaron a un bache cuando uno de los dos mencionó el invierno. Sería una temporada fea sobre todo con Hinata enfermo, Shoyo negó tratando de despertar de ese extraño sueño sin recibir ningún resultado más que la atención de ambos colocadores.
Kageyama llevaba un pants deportivo y una sudadera oscura atada a su cintura, mientras que Oikawa con sus esplendidos jeans y una camisa de vestir, sobre ésta un saco bastante elegante. Nada más verlos era saber que no eran compatibles bajo ninguna excepción, pero ahí estaban.
—¡Esperen! —gimió y la voz sonó cascada—. Es que...
—¿Sorprendido? —interrogó Kageyama y enarcó la ceja tomando solemne un sorbo de su propio café. Negro, rebajado con un cuarto de agua adicional, era curioso que no lo bebiera con leche, siendo él un obseso de la leche, pero había encontrado cierto riguroso gusto por el café después de convivir con Miya Atsumu durante toda la universidad—. Me quedé igual cuando Oikawa-san llegó un día a proponerme esto.
—¿Proponerte qué? —Hinata sentía su corazón desbocado.
Estaban aliados para un fin común. ¿Su asesinato? ¿Es que ambos habían planeado meticulosamente su asesinato? Seguramente eso iban a hacer. No había nada más que diera razón a que ambos estuvieran ahí sentados en una mesita, insistía en ese detalle y seguramente la pesadilla le seguiría hasta sus últimos día de vida. Aunque le causaba más temor Oikawa pues se veía demasiado sereno y relajado, eso quería decir que estaba sumamente irritado o ansioso, y dos cosas que no le complacían en nada a Shoyo. De hecho, no le complacía en nada puesto que él mismo se encontraba ansioso e irritado al no saber que estaba ocurriendo desde que vio al par parado en la puerta de su salón de clases saludándolo para que se acercara. Lo peor fue cuando una de sus alumnas abrió pues él no encontró fortaleza alguna para moverse, ni siquiera recordó cómo es que se ponía en movilidad su sistema locomotor. El timbre sonó y tuvo que arrastrarlos fuera del edificio antes de causar un pequeño revuelo porque mierda, eran los dos armadores oficiales de la selección. E iba a ser noticia que ambos armadores mantenían más en común que solo la rodilla derecha lesionada, sino que ambos se habían paseado hasta Sendai para buscar a Hinata Shoyo, el novio prófugo o el cuervo que ya no volaba.
Tooru carraspeó y Hinata despertó de su ensoñación momentánea. ¡Estaba drogado! ¡Eso debía de ser! Una sobredosis de su medicamento. Estaba por morir y la "fantasía" de tener a las dos personas que amaba se materializaba como su último pensamiento antes de partir al más allá.
—¿No te lo dijimos? —por fin Oikawa cruzó miradas con él más de dos segundos y Shoyo hizo bolita un pedacito de envoltorio del popote del batido que le habían quitado, negó casi de inmediato paseando su mirada de uno a otro y viceversa. No, no estaba muriendo, al menos no tan literalmente. Bueno sí. Se acordó de Hanzel y frunció los labios.
—Ser pareja —respondió Kageyama con seriedad absoluta.
—Trieja, Tobio-chan, trieja —corrigió casi de inmediato Oikawa con terciopelo en su voz, en aparente calma el mayor de los tres seguido de un pequeño sorbo a su té.
—¿Tri-qué? —ladeó el rostro Shoyo, y a él que se le daba tan bien los idiomas y las palabras nuevas incluso en su propio idioma.
—Trieja —repitió Tooru.
—¿Qué?
Lo siguiente que pasó fue bastante rápido, curioso y divertido seguramente para los comensales: Oikawa le explicó a detalle lo que era una trieja y Hinata se quedó mudo, Kageyama le volvió a explicar pues el pelirrojo no reaccionaba y después Shoyo blasfemó lo más alto que pudo para tirarles el papel moneda a la cara "agradeciendo" la invitación del té. Ofendido salió del establecimiento sin que Kageyama lograra entender del todo porque se había ido tan enojado el menor.
—Sólo le dije que habíamos aceptado que ambos íbamos a meter el...
Oikawa le tapó la boca antes de que volviera a decirlo. No podía creer cuan franco y directo podía ser Tobio. Pero así era y tendría que tolerarlo de ahora en más si esperaba que aquella loca idea suya realmente funcionara. Suspiró y pagaron lo consumido para irse, darían tiempo a Hinata para que digiriera la información, ya no eran unos mocosos y ellos estaban consciente de la decisión que estaban tomando, el paso que estaban dando y las implicaciones que eso significaba.
La prueba de fuego de los dos setters fue viajar en el mismo auto desde Tokio hasta Sendai sin arrancarse los cabellos o volarse los dientes a golpe, o que uno no tirara al otro por la ventana con el auto en movimiento. La prueba fue pasada con éxito –un poco manoseados en el aspecto psicológico—pero estaban bien, enteros, sanos y salvos. Se supone que irían en pero se dieron cuenta que no había corridas para Miyagi porque estaban dándole mantenimiento a las vías, por lo cual optaron por ir en el auto de Oikawa. En un momento Tooru tuvo la intención de estrellar el auto matándose él y matando a Kageyama, pero entonces pensó en lo triste que Shoyo iba a estar, por lo cual desistió y prefirió aceptar su destino y seguir adelante con su plan.
—Fue un desastre.
—Mañana lo buscaremos y hablaremos con él, deja que yo hable nada más, Tobio-chan —pidió Oikawa encendiendo el auto para avanzar hacia donde pasarían la noche.
Fácil sería haberse quedado en sus respectivas casas familiares, pero cada uno tendría que dar muchas explicaciones, considerando que Kageyama debía estar reposando la pierna a la que habían liberado por fin de la férula y Oikawa debía estar en su casa en Tokio descansando para el fin de semana para la concentración previa al partido del miércoles contra la selección de Alemania que los visitaría en una competencia amistosa al margen del mundial que se acercaba de forma apresurado. Por ende, decidieron hospedarse en un hotel.
—¿Había un lugar así aquí? —preguntó Kageyama mientras que dejaba su mochila deportiva que en esa ocasión era ocupada por un juego de ropa casual y otro deportivo junto con artículos de aseo personal. Oikawa en cambio llevó una maleta de viaje de diseñador. Por donde se vieran eran polos totalmente opuestos.
—Este fue el ryokan donde nos hospedamos la noche antes a la boda —dijo Oikawa con voz baja a Kageyama, éste se sintió un poco incómodo mientras que torcía los labios y avanzaba al interior.
Ambos se registraron en una habitación doble y primero entró a bañarse Oikawa, después Kageyama. Cuando el moreno salió Tooru había pedido una botella de sake, leía un libro bastante grueso de terapia médica deportiva. Alzó la mirada al ver al de ojos azules, iba sólo con la toalla a su cintura mientras él solo se había puesto solo un bóxer. Le sirvió una copa de sake y la deslizó hacia un lado. Kageyama carraspeó y aceptó a sentarse junto a Oikawa. Estaban en una mesita ratonera y había varios cojines para sentarse y estar cómodo, aunque por sí solo el tatami era de primera calidad.
Si iban a "estar en una relación", lo mejor era aprender a relacionarse.
—Tobio-kun, siempre he tenido la duda... —habló Oikawa después de un rato y Kageyama le miró de reojo.
—Dime.
—¿Qué tan grande la tienes? —soltó con seriedad Tooru y Tobio le fulminó con la mirada.
—¡Tooru-san! —gruñó Tobio.
—Lo siento, lo siento, bromeo —rió divertido y se dejó caer hacia el piso sosteniéndose de sus antebrazos, desde su posición podía ver perfectamente la espalda firme, con las cintas adheribles de color en ellas, los hombros anchos y la cintura esbelta del deportista, era un cuerpo perfectamente cuidado. Tooru vio hacia el techo.
—¿Te has acostado con algún otro hombre que no haya sido Hinata, Tobio-kun?
La pregunta sorprendió al aludido, pero no se quejó como con la primera, pues el tono de voz de Oikawa era más serio. El moreno rascó su nuca y suspiró mientras que miraba el sake servido, dio un sorbó suave y esperó paciente un par de segundos. Esa calma con la que a veces Tobio actuaba desesperaba a Tooru quien era una persona de procesos rápidos y decisiones contundentes.
—Sí.
Tooru cayó contra el suelo completamente sorprendido y se incorporó de inmediato con ojos fijos, taladrantes, que observaban directamente al otro armador. ¿Tobio-kun? ¿El rarito del vóley? ¿Alguien más además de otro rarito había accedido a acostarse con él? ¿Había estado borracho? Por dios, esperaba que sí. ¿Y Hinata lo sabía? ¿Eran ciertos los rumores, entonces? Oikawa recogió las piernas y se giró por completo para ver a Tobio, parecía esperar algo y Tobio suspiró. Volvió su mirada a la copa de sake.
—Cuando anunciaron la boda —bastante meses desde que eso había ocurrido—. Yo estaba saliendo con una chica, terminé con ella y decidí enfocarme sólo en el vóley, había estado teniendo una temporada terrible... —meditó—. No fue despecho, tampoco fue algo al azar, creo que fue algo consensuado y una forma de sacar un poco de estrés acumulado de todo... de lo que ocurría en mi vida profesional y en mi vida personal —no daría más detalles—. Supongo que para él era justamente igual.
Algo rayó en el cerebro de Oikawa y abrió mucho más los ojos, se inclinó un poco hacia el frente.
—A ver... espera... —le puso una mano en la boca porque Tobio estaba a punto de seguir. Y debía de procesar toda esa información.
Tobio, Kageyama Tobio, tuvo un fuckbuddy Un puto fuckbuddy, hombre. Con testículos y pene. Estaba anonadado.
—Pe-pero... Ok —Oikawa apartó la mano del rostro ajeno y se sentó otra vez con la espalda muy recta—. ¿Era hombre?
—Sí, fue lo que preguntaste.
—¿Y te acostaste también con la chica?
—No logré tener una erección —respondió sin muchos tapujos Kageyama, no encontraba algo de que avergonzarse con aquello—. Además, no fue cómo que lo intentáramos muchas veces.
Para Oikawa tenía lógica que Kageyama no se sintiera menos con respecto al confesar impotencia sexual con mujeres pues Tobio era demasiado transparente y posiblemente no había sentimientos profundos por la chica como para lograr en Kageyama algún sentimiento profundo, y eso incluyendo vergüenza, o decepción de sí mismo. Sería caso contrario, según la lógica que llevaba Tooru, que hubiese ocurrido lo mismo con Hinata. Se cruzó de brazos.
—¿Y con el chico sí...
—¿Con el chico? Oh... —Kageyama meditó sus palabras una vez más con toda la seriedad del mundo—. Tampoco logré una erección como tal pero igual se sentía bien.
Para Tooru eso fue demasiado. Tomó su sake y lo bebió de un solo sorbo. Kageyama, también tomó el suyo de un solo sorbo y se incorporó.
—Con permiso. Gracias por el sake... —masculló Tobio mientras que daba una leve reverencia dejando aún frío al mayor. La puerta corrediza que llevaba hacia la habitación donde estaban los futones se cerró.
Ciertamente, en el momento en que Hinata rechazó sus intenciones de huir –literalmente—del país se encerró en sí mismo, Tobio estuvo dolido, pero comprendió las razones que Hinata tuvo para rechazarlo. Aunque el moreno no se sintió mejor cuando se enteró sobre la posible boda entre Hinata y Oikawa. Atrapado en sus sentimientos imaginándose a Shoyo en su cama, tocándolo, tocándose él mismo para estimular su caprichoso deseo.
Kageyama suspiró de forma pesada apenas llegó al futón, ni siquiera se molestó en ponerse la pijama, sólo el bóxer y directo debajo de las sábanas. Miró el techo en la oscuridad, un haz de luz resplandecía desde la ventana abierta. Era un destello dorado, y justó le recordaba a Atsumu. Nunca tuvo ningún tipo de pensamiento más allá que el desagrado que sentía hacia él por el hecho evidente de que ambos eran rivales mal intencionados, existía esa rivalidad no resuelta que se vio catapultada a una mancuerna formidable hacia el equipo al que ambos estaban perteneciendo.
Atsumu lo había encontrado en su peor momento, y sin saber realmente cómo había ocurrido, sencillamente se vio en vuelto en una relación poco normal. No fue alcohol, no fueron celos, no fue despecho. Sencillamente esa tarde después de la practica Atsumu apresuró su boca a la boca de Kageyama, y éste aceptó lo que le ofrecían. Las practicas estaban jodidas, su padre no paraba de atacarlo y su madre hablaba de divorcio, él ni siquiera vivía con ellos ya, pero aún así la estabilidad emocional de su madre le causaba insomnio por las noches, sin contar, toda la mierda de Hinata casándose con Oikawa.
Atsumu le ofrecía sin pedir nada a cambio una vía para respirar sin ahogarse, o ahogarse lo suficiente para olvidar que ya no sabía cómo vivir.
Esa primera noche todo fue borroso, un gorrión que voló alto, que se catapultó hacia una cima y después se precipitó al vacío. Miya no pidió explicaciones, ni exigió absolutamente nada. Después de despertarse del tórrido sueño él fue el primero en moverse, su cuerpo estremeciéndose en una horrible anticipación, de reojo notó la espalda ligeramente encorvada por la posición semi-fetal al dormir de Miya. Pronto esa imagen formaría parte de ese selecto grupo de personas que conocía las manías que Kageyama poseía al dormir.
Cuando Miya se removió, recordaba Kageyama, después de la primera noche gruñó suavemente.
—No digas nada —evocó Atsumu girándose para quedar bocarriba, su mejor sonrisa estaba plasmada en el rostro de zorro astuto y acomodé el cigarrillo entre sus labios. La ceja de Kageyama se enarcó.
—No pensaba hacerlo... —replicó el moreno incorporándose lentamente.
El entumecimiento en las caderas, le laceraba al andar un pie delante del otro y el rostro en alto. ¿Eso había soportado Hinata, valientemente, sin quejarse? ¿O sólo Atsumu-san había sido un verdadero bastardo que había entrado con todo al plato? Tampoco es que Kageyama hubiese dicho que era su primera vez o alguna mierda así.
—¿Quieres desayunar, Tobio-kun? —preguntó, y era increíble porque a pesar que habían tenido relaciones sexuales, a Kageyama le seguía desesperando, aborrecía, la voz de Miya Atsumu.
—Me gustaría ganarme un billón de yenes, y después tener una cena de unos mil, gastar el resto en idioteces, ir por Hinata, robarlo y en caso de que se niegue, suicidarme... sí, eso sería lindo... también me gustaría tener alas y volar e ir a la luna... conseguir las mil plumas del cuervo y que éstas realmente cumplieran mi deseo. Pero no todo se puede en esta vida y es algo a lo que ya me acostumbre, gracias —dijo cortante buscando su ropa para vestirla.
—Técnicamente morirías antes de llegar siquiera a despegar... conociéndote lograrías la forma de incendiar tus alas...
—Ya incendié mis plumas una vez, Atsumu-san... —inquirió el moreno en tono bajo sin apartar su mano del pantalón que se ponía.
El de cabellos claros se incorporó haciendo crujir el colchón donde estaba recostado, la sábana se deslizó dejándole ver las marcas de dientes y uñas que tenía en la cadera y el vientre, y sintió también sus propias caderas temblar suavemente debido al cambio de posición. Aún sentía la extrañeza en su interior. Tocó a Kageyama, no quería acariciarlo ni hacerlo sentir mejor. Simplemente fue una mano la que sostuvo durante breves momentos ese cuerpo que había estado descendiendo en caída libre sin que nadie lo soportara.
Kageyama miró de reojo al contrario, y aunque lo odiaba la mayor parte del tiempo, aunque creía que era un ridículo pedante, agradeció el tacto. Cerró sus ojos y reclinó su rostro contra la mano que apretaba suavemente su hombro. Atsumu era pésimo para dar palabras de apoyo, era un pelmazo para hacer sentir bien a la gente porque la única persona que le importaba era él mismo y si a caso su hermano Osamu, pero por breves instante quiso hacer sentir bien al chico que contra él se apoyaba.
Él mejor que nadie sabía lo que se sentía necesitar una mano, aunque era un sentimiento que a la vez te permitía aceptarte como una persona patética, sin embargo requerir un apoyo para ser verdaderamente una persona funcional en la sociedad que te expulsaba cada tanto, era algo que solo quien tocaba fondo sabía.
—...cuando quieras... te presto las mías, Tobio-kun —No hubo besos, ni más acciones de mierda cursi. Pero esa mano se volvió un abrazo férreo. Y ese abrazó se volvió en un acertijo de carne y sábanas.
Entre Atsumu y Kageyama no hubo más que sexo sin compromiso y salidas ocasionales. Ninguno de los dos solía abrir la boca para contar algo sustancial o profundo. Quizás intercambiaban opiniones sobre algún partido, o de vez en vez hablaban sobre el entrenamiento. Kageyama nunca comentó nada sobre el modo en que Atsumu jugaba ni Atsumu permitió que Kageyama diera opinión al respecto, pero si solían ser cotillas sobre lo mal o bien que jugaba tal rematador.
—Deberíamos salir —dijo de pronto un día Atsumu. Tomando de improviso a Kageyama que le miró de reojo y volvió su atención a los elásticos para el cabello que tenía en sus manos. Habían salido un día temprano justo para buscar ese artículo pues el cabello le había crecido de más al mayor y necesitaba algo para que no le cayera en el rostro mientras practicaba pues planeaba dejarlo crecer aún más.
—Estamos saliendo. ¿no? —respondió Kageyama a Atsumu. Y el zorro observó curioso al cuervo y después soltó una alegre carcajada.
—Sí, sé que estamos saliendo, pero yo me refiero a ser pareja —comunicó por fin Miya. A veces era increíble lo literal que podía ser Tobio.
—Hmp... —Tobio lo sospesó breves momentos y negó—. Estoy bien como estamos. Además... si no es con Shoyo, no planeo ser pareja de ningún otro hombre —fue su respuesta llana y plana.
La noche que precedió a esa tarde Tobio no le dio muchas vueltas al asunto, ni siquiera en los días venideros, ni siquiera cuando un sábado se acostaron y Kageyama pasó la noche en el lugar de Atsumu, Osamu había ido para su pueblo natal y dormiría en la casa de sus padres, así que tenían el piso para ellos solos.
Fue apenas cuando Atsumu hizo un poco de ramen y sirvió dos platos dejando uno frente a Kageyama y después éste lavó los platos para por último acostarse a ver películas, es decir, ver películas y realmente verlas hasta el final sin penetrarse el uno al otro fue que poco a poco Kageyama comprendía el poder de las palabras de Atsumu. "Deberíamos salir", dos palabras con un peso muerto tan grande que le cayó de golpe y le hizo jadear.
Había sido demasiado ingenuo y se dio cuenta de varias cosas. De que quería una vida así, sencilla, resuelta con una persona que se preocupara por él y ¿él preocuparse por esa persona? Miró a Miya que tenía los ojos clavados en la escena de asesinato –veian una película Slash para variar—sin parpadear y se le hizo un chico atractivo, aún le seguía molestando esa insolente y arrogante forma de ser pero era atractivo, él no se había acostado con Atsumu por su apariencia, sino por el alivio que le podía ofrecer. Esas sesiones de sexo y despedida habían sido suficientemente buenas como una sesión con el psicólogo solo con la ventaja de no tener que pasar por el bochornoso proceso de hacer cita y posteriormente ir a las citas. Atsumu había sido de ayuda y ahora estaba listo para dar el siguiente pasó sólo que ahora, ahí en la oscuridad de una habitación iluminada por la proyección de "Masacre en Texas", entendía que si aceptaba salir con él, estaba rompiendo por completo con Hinata Shoyo. Con la idea de un día poder ser realmente felices. Con él. Con el pasado con todo lo que representaba. La sonrisa radiante. Los ojos adormilados. El cabello alborotado. La pésima coordinación a la hora de jugar a la consola y la perfecta sincronía para todos lo demás.
Si aceptaba de verdad salir con Atsumu iba a ser definitivo, no habría más "nosotros". No habría más "mi expareja", o "la soltería que Hinata le había propinado", no existiría el desesperado lazo que él quería ver en la soledad que Shoyo le había regalado al dejarlo e irse lejos de él, a lado de Oikawa.
Su insana obsesión con el sol y su futuro que no vivirían para contarlo como pasado se estaba alejando, la idea le aterró de pronto.
No quería simplemente dejarlo ir, quería seguir regodeándose en su inmunda tristeza. Desearlo. Trabajar como el esclavo que era para juntar el monto exacto y pagar la casa con el patio para jugar vóley del cual habían hablado durante noches entera mientras juntaban las estrellas con líneas imaginarias en la espalda del otro. Eso quería acunar celosamente en sus recuerdos para seguir siendo miserable, quería seguir siendo miserable... miserable él quería ser por Shoyo.
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—¿Y cómo terminó? —preguntó entonces Oikawa cuando el sol casi saludaba al filo de la ventana. Estaba acostado a su lado en el otro futón. Kageyama sentía el corazón en su mano siendo aplastado, sus labios arrugados. Recordar a Atsumu no era tan doloroso como recordar a Hinata en aquella época donde no existía ni una mínima posibilidad de regresar a sus brazos, pero recordar a Atsumu tenía su propia dosis de tortura.
—No ha terminado del todo —respondió sincero Kageyama—. Después de la lesión casi no hemos hablado... y antes de venir contigo le he mandado un mensaje explicándole que terminamos del todo.
—Entonces tú y "señor A" —porque Kageyama no había dado nombres a Oikawa después de explicarle a detalle toda la historia—, ¿Si empezaron a salir?
Tobio giró el rostro para ver a Oikawa.
—Hay muchas formas de salir, Oikawa-san —su puño se cerró entorno a su estómago—. Tú debes de saberlo mejor que nadie ¿no?
Las palabras le cayeron como un balde de agua frío con hielo incluido que cortó su piel. Tragó saliva el mayor y suspiró.
—Bueno sí, supongo que hay muchas formas de salir, sin embargo... si ahí había una posibilidad... ¿por qué aceptaste de todos modos esto?
—Porque Hinata te eligió para casarse contigo, algo bueno vio en ti... así como algo bueno vi en su momento en el señor A. pero me di cuenta que el señor A no es lo que buscaba, no quiero buscar nada más porque si hay una posibilidad para estar con Shoyo, la voy a tomar... —rascó su frente—. Probablemente me arrepienta después.
—¿Por qué te arrepentirías, Tobio-kun?
—De no acceder a intentarlo con él, y aceptar lo que me estás proponiendo... una relación con una persona es una cosa, ahora una relación por partida doble...
—Te entiendo, te entiendo pero este tiempo entendí que el amor no tiene que ser monogámico... amo a Shoyo, tú también lo haces y es obvio que nos ama a ambos, que los dioses me perdonen —era irónico que hablará de Dios en la misma oración que el rompiendo de la idea cultural y aceptada de la monogamia, pero continuó—, pero sí él te alejó a ti, y me alejó a mí, no fue por egoísmo fue porque nos quería proteger, porque siente que es débil y no puede protegernos estando con él. Dos pares de brazos son más fuertes que uno, Tobio-kun, y Shoyo tiene el amor suficiente para ambos. Tú dices que Hinata me "eligió a mí" porque algo bueno me vio, y tú al "señor A.", yo quiero ver qué bueno ve en ti Shoyo, Tobio-kun —Oikawa se incorporó y se acercó hasta Kageyama para sentarse junto a él.
Lo miró y dejó sus manos entrelazadas entre sus piernas.
—Yo... te he tenido mucha envidia, porque por más que el tiempo pasaba no salías del corazón de Shoyo, e incluso llegué a pensar que realmente la razón por la cual no se casó conmigo fue porque te amaba a ti, pero la verdadera razón es porque me amaba demasiado, así como lo mucho que te ama a ti —rascó su mejilla—. El poliamor no es tener sexo con todos, Kageyama —explicó con calma Tooru y por primera vez su tono no era ese de sabelotodo que llegaba a desesperar a pesar de que estaba dando una cátedra, porque pensaba que si Tobio iba a estar envuelto en eso debía saber bien a lo que iba—. El poliamor significa "mucho amor", hay diferentes tipos de amor, y por el simple hecho de que tú ames a Shoyo me hace automáticamente en... —¿lo iba a decir?. Oikawa apretó los labios—. No me desagrada... a lo que voy es... mientras realmente ames a Shoyo, y aceptes que yo lo amé, no tengo ningún problema.
Tobio probablemente era joven, no sabía mucho de la vida, pero en cierta manera veía otra vez en Oikawa ese brillo de destierro que había visto el día en la cafetería. El poliamor no sólo era acostarse con varias personas, tal como había dicho el castaño, lo que Kageyama ahora estaba comprendiendo, era un despojo completo del ego, una aceptación a no ser el "todo" de una persona, sino ser lo que esa persona necesitara en su momento y aceptar el amor como lo era. Entonces recordó el libró que Chikara le había prestado cuando llegó el momento de aceptar su homosexualidad y amor por Hinata.
—¿Estoy aquí, no? —preguntó Tobio y se tiró contra el futón pues se había sentado para encarar al castaño, atender a sus palabras.
Oikawa ladeó el rostro y rió entre dientes. Se tiró con él y ambos compartieron el futón mientras en silencio miraban hacia el techo. El amor no era limitado, era una fuente inagotable. Ambos lo sabían de antemano y quizás esa idea era la que hacía soportable su presencia mutua en ese sitio. El poliamor era solo una forma más de amar, de vivir la vida sin terminar lastimar a nadie, sólo siendo honestos todos con sus sentimientos.
—Oikawa-san —el silencio agradable en medio de la madrugada fue roto y el aludido giró su rostro. Kageyama tenía sus manos laxas, una sobre su vientre la otra a su costado. Sus ojos cerrados, pero su rostro denotaba la angustia que estaba sintiendo en ese breve momento—. Esta "pareja de tres" —Tooru puso los ojos en blanco. "Trieja, Tobio, trieja" —. ¿Va a durar mucho tiempo, verdad?
Porque Hinata Shoyo iba vivir muchos años más. ¿Verdad?
Tooru abrió los ojos y torció la sonrisa, sintió ganas de llorar y volvió su mirada al techo. Ahora fue Kageyama el que giró su rostro para ver al castaño, éste inesperadamente le había sostenido la mano apretándola. Oikawa sabía responder, sabía transmitir. Ahora empezaba a esclarecer qué era eso bueno que Hinata le había visto en primer lugar.
—Duerme, Tobio-chan, duerme.
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Segunda vuelta y Shoyo volvía a estar sentado frente a Oikawa y Kageyama. No estaban en un café pues los tres habían acordado que el asunto era demasiado vergonzoso como para hacerlo en un lugar público. Ir al hotel donde Oikawa y Kageyama se hospedaban iba a ser realmente sospechoso (¿qué hacen tres hombres jóvenes y atractivos encerrados en un cuarto de hotel?) de por sí Oikawa y Kageyama apenas pasaban por la rosadura de la habladuría de "amigos" que estaban de excursión juntos, sin contar que la mucama había reconocido a Oikawa, al pobre que lo dejaron plantado con la boda. Iba a ser demasiado incómodo para todos, así que Hinata aceptó verlos en su pequeño departamento que al tener a otros dos gorilas de metro ochenta y pico hacía ver el espacio aún más reducido. Todo en aparente miniatura.
El pelirrojo llevaba un chándal gris y una sudadera de la UCLA desgastada que usaba para dormir y hacer las labores domésticas. Ese día no tenía que ir a la escuela, era su día libre entresemana, el que usualmente ocupaba con consulta médica pero por cosas de azar estaba libre, así que con sus brazos cruzados frente a su pecho y el ceño fruncido esperaba una explicación razonable por parte de Tobio y Tooru que le veían con la misma seriedad de antes.
—¿Y bien? —fue el primero en hablar el pelirrojo, y aunque su timbre de voz sonaba poco osado, había ese toque de enojo que era tan característico en él, tan reconocible para alguien que era la personificación de la alegría y la felicidad.
—Queremos iniciar una relación poliamorosa —dijo Kageyama y Oikawa rezaba que no dijera algo inapropiado porque estaban sentados en la pequeña cocinita y sobre la estufa el agua para el té seguramente hervía y claramente podía ver a Hinata tirándoles el agua encima.
—Vaya. ¿Quieren una relación poli? ¿Y sabes lo que es una relación poli? —contraatacó Shoyo ladeando el rostro—. ¿Sabes lo que significa e implica? Además... ¿con qué derecho vienen aquí a decir tal idiotez? Tooru ten un poco más de respeto por ti mismo... y tú también Tobio, ustedes que pueden deberían estar entrenando, no perdiendo el ti-
—Hinata —la mano de Tobio se estampó contra la mesa—. El único egoísta, y que se menosprecia así mismo eres tú —sentenció el moreno y Tooru miró primero al pelirrojo, y después al setter, suspiró y afirmó con la cabeza. Dejaría que Kageyama hablara—. No entiendes las implicaciones que el haber terminado contigo ha dejado... me has arruinado, y ahora soy incapaz de estar con alguien más porque... porque te amo.
—¿Y quién dice que yo te amo a ti, Kageyama?
Una puñalada que hizo que el moreno se cimbrara en su lugar se volvió a sentar mirando fijamente al rematador. Hinata suspiró y acarició su cabeza.
—Chicos... no sé por qué están haciendo esto, no sé por qué... pero es tiempo que dejen de estar hablando idioteces y vuelvan, se están aferrando a co-
—Yo también te amo, Shoyo —ahora fue Oikawa, los ojos avellana se fijaron en los ajenos y después en Kageyama, y debía ser un puto chiste malo porque parecía inamovible, ¿ese era realmente Kageyama? Porque no había ni siquiera chistado y estaba ahí tan cómodo. El razonamiento no estaba funcionando y Shoyo entrecerró la mirada.
—Vale. Tengamos una relación poliamorosa. Entonces bésense... —ordenó Hinata recargándose de la silla.
Oikawa y Kageyama fueron apuñalados de pronto, se quedaron fríos y se miraron de reojo.
—El poliamor no es tener sexo entre tod-
—Pero es aceptarse por lo mínimo tolerarse... —replicó Hinata. Ladeó el rostro. Porque él sabía un poco más de la teoría queer de lo que cualquiera pensaría, pues era una de las asignaturas que llevaba como carga académica en la universidad—. Estar conscientes que al menos el factor sexo existirá y que de forma indirecta estarás sintiendo el calor de la otra persona —Hinata los observó pasmados e incómodos y se dio por satisfecho. Suspiró incorporándose para ir por el té.
Y al regresar con las tazas. La charola cayó de sus manos.
Sí, seguramente estaba muerto, definitivamente estaba muerto, estaba muy muerto y eso era ¿el cielo? No. El cielo sería descanso y paz. Eso era el infierno y uno de los demonios le había arrinconado contra una pared y reclamaba su boca mientras el otro colaba su mano por debajo de su camisa. El sabor a menta del dentífrico y cítricos de limón del enjuague bucal de Kageyama fue apenas consumido por el regusto concentrado de café fino y hierbas de la goma de mascar que solía consumir Oikawa. Y después, frente a sus narices, ambas bocas colisionaban en una erupción sin sentido en sus pupilas, derramándose el sabor y el aliento robado a él. Sentía las manos de ambos sobre su cuello y su vientre. ¿Cuál era la de quién?
Dos titanes que se mancillaban en un beso para nada amable, violento, de dientes y chirridos y él viviendo una de sus fantasías sexuales de la adolescencia.
Espera. Se supone que debía de hacerlos desistir, no debía de estarse poniendo duro.
Ahora sí, estaba muerto. En definitiva.
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Gracias por leer.
St. Yukiona.
Quien los ama de corazón y todo menudencias.
