Cronopios del autor: Gracias por leerme.
ADVERTENCIA: El fic es enteramente YAOI, hay parejas Crack, escenas +18, y muerte de personajes. Gracias.
Descarga de responsabilidad: Ya lo saben. Haikyuu no es mío, ojalá lo fuera.
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Las mil plumas del cuervo.
Por St. Yukiona.
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Capítulo 28: El canto del ruiseñor.
—Fue realmente poco el tiempo que estuve con ustedes —dijo Hinata mientras veía el rostro un poco desconcertado de sus estudiantes—. Sin embargo, como habrán escuchado por aquí y por allá... —porque la voz de Hinata-sensei era bastante particular y algunos más diestros se hacían idea de lo que ocurría (una enfermedad probablemente de la garganta o de los pulmones que tenía que ver con los pulmones o una gripa que se complicó) —, me tendré que ausentar de darles clases... espero poder reponer fuerzas y regresar. Gracias por el tiempo compartido —hizo una reverencia al grupo que le dio clases y enseguida se incorporó.
—Gracias a usted, Hinata-sensei —respondió el jefe de grupo haciendo una reverencia.
—Gracias, Hinata-sensei —secundó el resto del salón y el pelirrojo sonrió con orgullo.
Esa decisión no la había tomado solo, de hecho estaba seguro que ni siquiera era cosa suya el estar dejando la escuela, por el contrario, lo estaban obligando y era un hecho al que debía someterse a las decisiones que otros tomaran por él, ante todo tenía que empezar a aceptar que no podía ser más independiente. Su cuerpo se deterioraba cada día, aunque no era visible él lo sentía. Su plan hasta el momento había sido simple: quedarse en Sendai y esperar tranquilamente la muerte lejos de todos para no complicarle la vida a nadie, pero ante la llegada de Oikawa y Kageyama se dio cuenta de dos cosas: No quería morir y no podía rendirse. Al menos no tan fácil. Jamás lo había hecho. Era demasiado temprano para hacerlo.
Ver la determinación del par, el excéntrico dúo que conformaban Tobio y Tooru, así como al resolución que habían presentado sólo le remarcaba lo que era obvio y que él se había estado negando a creer durante tanto tiempo, durante años: Había personas que lo amaban, con todo y sus defectos de fabricante. Estar al lado de las personas con su enfermedad a cuesta era un problema, un problema que no quería conceder a nadie más que no fuera él mismo.
—¿Por qué lo ves como un castigo? ¿Qué hiciste tan malo como para creer que te lo mereces sin oponer resistencia? —dijo Tobio mientras el doctor daba las últimas indicaciones a Oikawa sobre el tratamiento y cómo debía de proseguir el papeleo formal en Tokio. El doctor se encargaría de hablar con el doctor Morita, la persona a cargo del departamento de oncología en el hospital Metropolitano, el doctor Morita era una de las personas más versadas en el campo médico no sólo de Japón sino del mundo. Había hecho un par de especializaciones en Cuba, USA y Suiza, lo que lo colocaba dentro de los diez doctores más versados en el tema en Asia.
—¿Un castigo? —no era pregunta en realidad, Hinata estaba reflexionando, había dejado su cabeza pelirroja entre sus manos apretándola ligeramente, le había empezado a doler y se sentía sinceramente fatigado.
—Te recluyes en el fin del mundo, dejas a un lado tus sueños, me alejaste a mí, alejaste a tu familia, a tus amigos, a Tooru... ¿no es suficiente tormento el saber que vas a morir? —Kageyama nunca había tenido tacto para decir las cosas y probablemente ahí radicaba esa magia que resguardaba la pureza de su propia esencia.
—Supongo que...
—No eres un "guerrero" que tengas que enfrentar y luchar contra la enfermedad, porque estás convaleciente pero... como te dije una vez, dos veces... y te lo repetiré las veces que sean necesarias... eres un balón al cual no pienso dejar caer... ahora más que nunca, no planeo dejarte caer, Shoyo... —cerró sus ojos Tobio. Él también estaba cansado, no había podido dormir los últimos días.
Shoyo suspiró. Ahora ahí en la escuela agradeciendo a sus superiores y disculpándose por la pronta renuncia las palabras de Tobio hacían que su corazón palpitara de forma acelerada. ¿Acaso eso era normal? Debía de ser, Tobio terminaba por ser ese ex incómodo del que sigues enamorado pero a todos les has dicho que no es cierto, y te tiemblan las piernas cada vez que te sabes en la misma habitación porque temes que todo lo descubran. Probablemente, como lo veía ahora a muchos meses de distancia, parte de cancelar la boda con Oikawa fue mero capricho y su corazón hablando, el papel del mártir había sido secundario pero pronto usado como móvil principal para dejar el altar de una forma en que no doliera a Tooru.
Por otro lado, estaba Oikawa, el ex con el que todos juraron iba a regresar porque, coño, era Oikawa Tooru. Era atractivo, hábil y su carrera era brillante, a diferencia de Tobio, su personalidad ante las personas era encantadora, pero existían tantas mascaras sobre el verdadero Oikawa que si se llegasen a caer de golpe todas la gente iba a encontrar a un chico frágil que supuraba dolor en una vieja herida que jamás había sanado. El nombre de Iwaizumi, así como el de Tobio para él, seguía haciendo eco y ruido sordo.
—¿Terminaste? —preguntó Kageyama esperando al menor en la puerta del Karasuno, había pasado mucho tiempo desde que había puesto un pie en su vieja preparatoria, antes había ido con Oikawa pero recién se daba el tiempo para ver como el tiempo parecía congelado en las paredes de la institución, esas paredes y ese cielo que lograron ver el nacimiento de un amor que con el tiempo se volvió en algo más o menos no correspondido.
—Sí, gracias por esperar —sonrió tímidamente Hinata mientras que empezaba a caminar.
Oikawa había tenido que adelantarse a partir hacia Tokio por el simple motivo que la concentración para sus juegos contra los visitantes darían inicio al día siguiente y el entrenador se iba a poner loco. Kageyama tenía un poco más tiempo, las rehabilitaciones no eran cuestión de seguridad nacional porque había estado bastante atento a seguir diligente los ejecicios encomendados por el doctor. Además que había solicitado un "permiso especial" para ver a su familia, mismo que la selección le concedió.
—¿Quieres manejar, o manejo yo? —preguntó Hinata mostrando las llaves de su auto mientras se acercaban al complejo de apartamentos donde había estado viviendo hasta días anteriores cuando el dúo de la selección llegó a asaltarlo, obligándolo a hacer maletas, cargar con todo y sistema inmunológico débil para fortalecerse en Tokio. Un cuervo al que las plumas se le habían caído y ahora... —. ¿Kageyama? —el pelirrojo se detuvo y se giró para ver a Tobio, éste recogía unas plumas que había debajo de un auto. Un cuervo al que las plumas se le habían caído y ahora buscaban regresársela.
Tobio guardó las plumas en el morral ADIDAS que llevaba y apresuró su paso.
—Lo lamento —no dio explicaciones—. ¿Qué estabas diciendo?
—¿Qué si quieres manejar tú o...
—No aprobé el examen de manejo así que... —rodó los ojos.
—¿Qué?
—No aprobé el examen de manejo —repitió frunciendo el ceño.
A Hinata se le inflaron las mejillas en su esfuerzo por no reírse, pero apenas lo logró dos segundos pues al tercero estalló a carcajadas cubriéndose la boca. Tobio se giró violentamente para pegar un fuerte golpe en el hombro ajeno.
—¡¿Deja de reírte quieres?! ¡Además no fue mi culpa! ¡El instructor dijo que debo ir a un curso de manejo de la ira! —chilló furioso—. ¡¿Quién dice que tengo ira?! ¡¿Quién?!
Y eso no era lo suficiente amenazante como para que Shoyo se callara, pues aunque Tobio estaba apunto de cogerlo y mandarlo a volar, él seguía riendo, abriendo toda su boca y dejando salir la risa. La garganta ardía, las cuerdas vocales estaban en llamas, el final de la lengua en su boca sentía esa sustancia vizcosa y de espesor desagradable, pero a la mierda el cáncer, Kageyama Tobio no tenía carnet para conducir, y él sí.
Hinata 1 – Kageyama 0
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—¿Y hasta cuándo supones que se lo dirás? —preguntó Iwaizumi seriamente bebiendo un sorbo del té helado que tenía al frente.
Por más que Oikawa veía a Hajime no podía dejar de pensar que el tiempo no había caído sobre las facciones siempre rudas y masculinas de su amigo de infancia. El ceño permanente fruncido, el cabello ingobernable peinado para todos lados y los labios torcidos en una mueca fastidiada. Incluso cuando se paró delante de él en la entrada del apartamentito donde Hajime vivía ya solo (hace un par de semanas había acabado la relación formalmente con su novia y ésta se había mudado de regreso con sus padres), el moreno no hizo nada más que maldecir por ver al idiota de Tooru con el gesto demacrado.
—No es como si les estuviera ocultando algo más grave de lo que Sho-chan nos estuvo ocultando —respondió Tooru jugueteando con sus palillos el arroz que quedaba al final del cuenco que tenía en una de sus manos—. Además... no he tomado una decisión del todo.
—Llegaste tú a pedirle a Kageyama que hicieran esa estupidez, así de mucho ustedes dos aman a Hinata, como para pintar tregua y hacer esta estupidez de una "trieja" —reclamó Iwaizumi. Y cuando éste lo decía a Oikawa le sabía mal, como si hubieran hecho algo muy malo—. Tanto tú como Kageyama no tienen consideración alguna por Shoyo. Si querían ayudar lo hubieran ayudado, no orillado a aceptar sea lo que sea eso que proponen.
—Es una trieja, una relación de tres personas.
—Vale... —Iwaizumi cogió un poco de carne—. No es necesariamente una obligación que Tobio y tú tengan relaciones pero... ambos tendrán relaciones con Shoyo —meditó Hajime—. ¿Dime qué sientes pensando que una noche no duerme contigo porque Tobio le está haciendo el amor? Hmp... ¿de verdad es tolerable para ti pensar que las marcas que habrá en su cuerpo no son tuyas? ¿O entrarás en disputa que si tú lanzas un balón yo te respondo con un remate? —Hajime veía seriamente a Tooru.
Éste bajó la mirada, por más que le doliera el asunto, Iwa-chan tenía razón.
—Estás de lado de Tobio-chan —gruñó molesto el castaño dejando el tazón y tomando ahora su bebida.
—No estoy de lado ni tuyo ni de él, sino del bienestar de Shoyo, bien que mal... la ha pasado fatal ¿no te das una idea del porqué huyó? ¿Por qué llegar al punto de mentir que se acostó con Kageyama cuando en realidad no fue cierto? Él quiere descansar... es cierto, no fue la mejor idea que tuvo el venir a morir acá —dijo antes de que Oikawa abriera la boca y continuó—, pero tomar decisiones por él, obligarlo a mudarse a Tokio, regresarlo a la pasarela de hospitales, cóctel de medicamentos y dosis de cama obligatorio... ¿y ahora omites el hecho de que posiblemente tú te largues a Italia?
—Aún no he decidido lo que voy a hacer —amenazó enfadado Tooru. Iwaizumi siempre tenía razón. El moreno le gruñó como respuesta y negó.
—Kageyama está a punto de regresar, serían tres armadores los que hay en la selección. ¿De verdad crees que Masayoshi-san estará dispuesto a mantener en su planilla a tres armadores? —negó Hajime—. Kageyama va querer recuperar su puesto como titular, y dudo que Miya, ese zorro astuto te la vaya a dejar fácil. ¿Prefieres quedarte en la banca con tal de estar jugando a la casita feliz?
Estaba siendo cruel, pero Hajime conocía demasiado bien a Tooru, y sabía que si lo dejaba, el castaño era capaz de manipular los hilos y llevar el infierno a la tierra. Cruzó los brazos frente a su amplio pecho y torció los labios.
—Tienes la oportunidad para ir a jugar a la Super Lega. ¿Cuál es el problema entonces? ¿Sabes cómo se sentirá Hinata si lo sabe? Dejas esta oportunidad para qué... tú no eres tan bueno como para abnegarte y quedarte toda tu vida en la banca.
—¡Pero lo amo!
—No lo amas, Tooru —alzó apenas un poco más la voz. El ceño de Hajime estaba fruncido, inmutable a la desesperación del rostro de su mejir amigo—. Al menos no del modo en que te estás obligando a amarlo, Tooru —suspiró Hajime—. Si lo amarás... si de verdad lo amarás, no hubieras permitido que en primer lugar abandonara el país porque tú sabías, incluso antes de que cancelara la boda que algo andaba mal, y ya sabiendo lo de su cáncer, te hiciste el estúpido ignorante y lo dejaste huir con el fin que "ya no se querían", Hinata no te ama a ti, Tooru —soltó de golpe—... y tú no amas a Shoyo... —farfulló lo último.
Hajime suspiró cansado y se incorporó del tatami recogiendo los platos sucios, caminó de regreso a la cosina donde dejó los trastos en el lavabo, abrió el grifo y dejó que el agua callara los sollozos de Oikawa.
—Tobio no tuvo la oportunidad que tú tuviste para detener a Shoyo, Tooru —Hajime era demasiado franco, no porque disfrutara sádicamente en herir a su amigo, sino por su bien y el bien de todos los implicados—. Si no te vuelves sincero contigo mismo, aunque sea egoísta, seguirás en ese círculo vicioso, y nunca podrás ser feliz, y por ende no podrás hacer feliz a nadie más, Oikawa.
Hajime dejó de hacer lo que estaba haciendo, y suspiró, devolvió sus pasos hasta la mesita, se hincó nuevamente esta vez para que su pecho sirviera como consuelo a Tooru que desgarraba su garganta en amargo dolor.
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Hinata tras el volante fue mucho más tranquilo de lo que Tobio esperó en un primer momento. Recorriendo la carretera casi panorámica que subía por las montañas y de ahí descendía hasta la interestatal para pronto llegar a la metrópolis. Era el camino que conocía porque había sido la ruta tomada durante la preparatoria cuando tenían que visitar a los del Nekoma o sus partidos en la capital durante el tiempo que jugaron en el Karasuno.
—¿Recuerdas cuando Saeko-san nos llevó hasta la concentración de Nekoma? —preguntó Hinata rompiendo el silencio que se había formado.
Tobio torció los labios totalmente perplejo.
—Estaba muy dormido... cansado, pero aún así logré sentir el terror de casi ir a la muerte —contestó y Hinata rió entre dientes tomando con cuidado especial una curva.
—Sí, también pensé que iba a morir... después de eso no volví a pensar en la muerte, ¿sabes? —miró de reojo al moreno que iba a su lado, en el asiento trasero algunas cajas junto a sus maletas de artículos personales. Tenía muy pocas cosas, Hinata era un acumulador experto sin embargo gracias a que había estado poco tiempo en Sendai no había logrado adquirir muchas posesiones.
—¿En serio? —Tobio no entendía esa clase de conversaciones.
—Sí... o al menos así fue hasta que me diagnosticaron el cáncer —contó el pelirrojo—. Pensar en la muerte se vuelve algo obsesivo y morboso, por eso es que nos obligan a ir a terapias y grupos de apoyo, esas cosas que te ayudan a aceptar "la transición" entre la vida y la muerte.
—Suena a algo complicado.
—En realidad lo es, porque enfrentas muchos... ¿cómo se llaman?
—¿Obstáculos?
—Eso, enfrentas obstáculos que no sabes que tienes dentro, y te vas desprendiendo del pensamiento de vida... y aceptas tu destino aunque... vamos, ¿quién va a aceptar que su destino es la muerte? Aunque al final del día nacimos para morir.
—Suena a algo aún más profundo, Shoyo —y de verdad Tobio estaba convencido que era un pensamiento totalmente filosófico, él no sabía mucho sobre eso pues su especialidad apenas tocó parte de literatura y filosofía, pero lo poco que había visto en esa clase sonaba justamente igual a lo que el pelirrojo dijo.
—Sí, el pensamiento de la muerte creo que es un pensamiento bastante común. ¿Alguna vez has pensado en la muerte?
Kageyama ladeó el rostro recargó su codo de la portezuela del auto y miró hacia el acantilado, y miró a Hinata, se veía relajado mientras llevaba ambas manos al volante, y el cubrebocas debajo de su barbilla. Usualmente se sentía cómodo usándolo pero suponía que dentro del aire del auto concentrado y tibio estaba bien no usarlo.
—Sí, cuando estaba más joven... —e incluso ahora, quiso agregar—. He pensado en tu muerte.
—¿En mi muerte?
—En lo solo y triste que me voy a sentir, y pienso que así se debe sentir morir.
Ahora fue el turno de Shoyo de quedarse callado y sorprendido, reflexionando ante la profunda respuesta que hizo nuevamente hacer que su corazón latiera un poquito más rápido.
Apreciado señor Oikawa:
Grupo Pallavolo Modena quisiera iniciar conversaciones directas con su agente y la casa a la que actualmente pertenece pues nos encantaría que su talento y dedicación formara parte de nuestras líneas...
Y la carta seguía. ¿Cuándo le había llegado ese correo? Tendría uno o dos meses, había pedido tres, que era el tiempo previsto que le tomaría a Kageyama recuperarse de la lesión por la cuál él estaba en Japón en el equipo nacional en primer lugar. El equipo accedió, su agente había estado insistiendo, pues el Pallavolo Modena era un equipo incluso mejor que los WildFire del Norte de California al que pertenecía su contrato actualmente. Había sospesado cada detalle, desde el aceptar e irse a vivir la belle vita en Italia, incluyendo yevándose a Hinata a vivir con él, incluso en contra de su propia voluntad, pero... no había contado que el cáncer realmente fuera algo así de serio, algo así de real. Después llegó el asunto de la trieja porque de antemano sabía que Hinata no lo amaba por completo a él, era doloroso pero era la verdad, compartía el corazón de Hinata mientras que Hinata obtenía de él... ¿qué?
Hajime tenía razón, y quería retener a Shoyo sólo porque quería hacer los planes que se veían perfectos en el empaque y el folleto, pero la realidad es que la vida de desmoronaba. Y él volvía a ser cobarde para afrontarlo.
Ahora se preguntaba ¿qué demonios estaba haciendo con su vida? Decisión tomada al azar tras decisión tomada en un momento donde su estupidez había sobrepasado sus límites.
Hinata no podía moverse de Japón pues era donde conocían su historial médico, de moverse seguramente sería a otro lugar donde pudieran tratar su padecimiento, claro, eso no sería problema, el problema recáia en que no sólo tenía que apoyar a la curación del cáncer de Hinata sino tratar una especie de depresión en el menor que le obligaba a tener un síntoma estúpido de patito feo (que nadie lo amaba) ¿Por qué Hinata no era incapaz que traía arrastrando a dos tíos? Aunque uno de ellos, él en particular, ya ni siquiera estaba tan seguro que significaba amar realmente.
Había amor, claro que había amor, pero ¿qué tanto abarcaba el amor? ¿qué tanto se tenía que sacrificar por amor? Shoyo le había dicho que en el momento en que fuera un estorbo el uno del otro se harían a un lado, o al menos eso fue lo que se dijeron cuando Shoyo estaba sano y ambos eran jugadores activos de la NCCA, ¿aplicaba también ahora que estaba enfermo de cáncer? Porque Shoyo había aceptado irse por las buenas y dejarlo para que Oikawa pudiera seguir con su carrera. ¿Por qué entonces él había insistido en volver con Shoyo al punto de ir con Kageyama y rogarle porque hicieran un trío?
La tortura de conocer la respuesta a eso lo estaba matando y ni siquiera estaba enojado de lo que había provocado sino del compromiso que se estaba echando encima.
—"Si vas a seguir con esto, debes de seguir hasta el final, Tooru" —le había dicho Hajime, y aceptó la responsabilidad.
—Tooru, está listo el baño —dijo su compañero de cuarto en la concentración. Tooru cerró su computadora.
El tiempo para decidir si se iría o no, estaba por concluir y él tenía que dar una respuesta. No podía apostergar más tiempo. Aunque a regañadientes tendría que desistir porque se había comprometido a la vida de Hinata. Era tiempo de jugar al altruista y esperar que los dioses le retribuyeran al doble ese enorme sacrificio que iba a hacer.
—Pensé que vivías en el otro apartamento que estaba más lejos del centro —dijo Shoyo apenas llegaron al apartamento de Kageyama.
Oikawa estaba en la concentración y era lógico que no estuviera por ahí revoloteando, no quiso interrumpirlo con una llamada pues sabía cuán estrictas eran las concentraciones, y más las de su país natal, así que envió un mensaje bastante sencillo: Ya llegamos a Tokio, me quedaré con Kageyama mientras consigo un lugar.
No recibió respuesta y no le extrañó al menor. Era pasada de las diez de la noche y probablemente estaría ya durmiendo para el siguiente día el entrenamiento. El partido sería pronto y la selección debía defender su orgullo.
—¿Mañana es tu primera exfoliación, no?
—Un poco apresurado todo, pero sí, mañana es... el doctor de Sendai envió toda la información al Doctor Morita y él decidió que mientras más rápido se hiciera era mejor pues no podíamos esperar más tiempo —informó Hinata empezando a desempacar la maleta de sus artículos personales, dejó su pijama en la cama y sacó de paso su sudadera de los Bruins, estaba desgastada, quizás le pediría a Hanzel que le enviara una nueva, después de todo era la sudadera de su alma matter.
Kageyama se sentó en la cama mirándolo.
—Todo va a salir bien.
—No pienso lo contrario —concedió Hinata mirando a Tobio—. Pero tampoco soy idiota, no quiero creer que vayan a lograr sacar todo lo que no salió la primera vez.
Tobio no discutiría eso, era bueno tener esperanzas pero no perder los pies de la tierra, era fundamental en el tratamiento de enfermedades terminales. Sintió a Shoyo sentarse a su lado, y sus piernas se rozaban. Los dedos del mayor jugaban entre ellos.
—Este es el último set, ahora de verdad es el último set, Tobio... lo presiento y...
—¿Tienes miedo?
—Un poco —sonrió Shoyo mirando al moreno.
—Hmp —afirmó—. Yo también tengo un poco de miedo, Shoyo. Sta vez hay que hacer las cosas bien.
—Nunca he hecho las cosas mal, Tobio.
—Huir al otro lado del mundo, empezar una relación con Tooru, estar a punto de casarte con él, dejarlo plantado en el altar y volver a huir. ¿Seguro que estás haciendo las cosas bien, idiota?
—Si lo dices así, suena fatal.
—Es que es fatal —azuzó el moreno, ahora sus ojos se fijaron en el contrario—. No te voy a presionar a nada... pero tampoco te dejaré ir, si decides aceptar la... trieja —no se equivocó y se sintió orgulloso, como un padre con su hijo—, o si decides estar sólo con Oikawa o conmigo —hizo una pausa mayor antes de continuar—. O con ninguno de los dos y tener este raro squad de "amigos" combatiendo el cáncer pues... lo aceptaré pero... no te dejaré ir. A ningún lado, ni siquiera al más allá.
—¿Ahora lucharás contra shinigamis, Tobio? Tus habilidades más allá del vóley no terminan de sorprenderme —dijo burlón y nervioso, buscando desviar la tensión que se había empezado a formar, la seriedad y solemnidad del momento.
—Habló en serio, Shoyo, me arruinaste... o quizás sólo me arruiné yo... pero... es porque así lo decidí, mis sentimientos por ti, sencillamente no han desaparecido, han mutado en algo mayor y...
La boca de Shoyo se estampó a la propia y Kageyama no dudó en corresponder el beso, derribándolo contra la cama y acomodándose entre sus piernas. Hinata con el pulso en su garganta, acelerado y la adrenalina vibrando en sus venas, curtiendo cada articulación de morfina que le hizo ver flores y estrellas cuando los dientes de Tobio torturaron su cuello, y su vientre contraído, sus manos necesitadas y sus ojos escurriéndose en felicidad.
—¿Por qué lloras? —azuzó Kageyama contra la sensible piel del cuello ajeno, relamiendo esa torre blanca, atascando dientes y buscando tragar el veneno que había infectado esa zona. Su lengua podía sentir el leve bulto que se había formado debajo de la piel ajena. Ese abseso que delataba el cáncer.
—Porq-porque no encuentro ninguna excusa para alejarte... para que me dejes...
—Sólo cierra la boca, Hinata estúpido.
—Bakeyama... —sus bocas se volvieron a encontrar en un nudo húmedo y una cercanía cerrada.
No avanzaron más allá de su pudor y la vergüenza de Hinata al ahogarse apenas sintió las manos de Kageyama avanzar por su vientre. Además... había prometido no volver a ser tan irresponsable con sus sentimientos y con los sentimientos de los demás.
—Tooru —esa era la voz de Hinata amortiguada por el cubrebocas que usaba para salir, verlo agitar la mano por sobre su cabeza luciendo una gruesa chamarra y ese rostro iluminado le hacía recordar sus mejores momentos en USA donde estaban alejados del cáncer y de cualquier maldición.
El castaño sonrió de forma amable acercándose al par. Estaban los tres a la entrada del hospital donde Hinata tendría su primera de cuatro exfoliaciones programadas. No era una intervención mayor, sencillamente sería introducir instrumentaría médica y literalmente raspar tratando reducir el cáncer hasta volverlo minúsculo. Durante su adolescencia había tenido
Hinata dio una última mirada a Kageyama, a Tooru, y después entró al consultorio, donde se sentó en una camilla. Ahí le hicieron las últimas revisiones físicas y fue llevado a un espacio donde lo condicionaron para recibir su primer tratamiento en forma. Con bata de hospital y una solución salina con la que hizo gárgaras, estuvo armado hacia la guerra. Kageyama había dicho que eso no era una guerra pero cada paso para buscar su salvación, a Hinata le parecía más bien una especie de tortura.
Se acomodó en la camilla especial que habían condicionado para él. El anestesiólogo llegó, faltaría apenas anestesia local pues el procedimiento no era de riesgo. Así que Shoyo solo sintió los pinchazos de las agujas y pronto su lengua y garganta entumeciéndose por completo, había olvidado la frustración y desesperación que sentía el no sentir su respiración como tal, la saliva acumulándose y después la nada. Entorpecimiento total. Una ligera molestia era el algodón quirúrgico siendo acomodado detrás de las cuerdas vocales para que ningún residuo cayera a su garganta y después el entumeciento de la quijada que era abierta totalmente para que el médico pudiera empezar con su labor.
—Tranquilo, Hinata-san, en breve estará cantando otra vez —sonrió el doctor.
Shoyo cerró los ojos, era mejor pensar que era un sueño y que todo era como antes: sencillo solo jugando al vóley.
El procedimiento duró apenas dos horas, y se necesito una más para que Shoyo se recuperara del dolor en la zona trabajada. Sintió total alivio cuando le retiraron el algodón y más aún cuando le ayudaron cerrar la boca, era una visión lamentable con toda la bata babeada y sin poder cerrar por su cuenta la boca. Los ojos idos y la expresión perdida. Su cerebro trabajando pero su cuerpo entumecido, la anestecía era local, sí, pero aún así era difícil coordinar con el dolor sucándole de a poco, colándose a cada extremidad y nervio. Porque una cosa era morderte la boca o cortarte mientras come, otra muy diferente era ser raspado por dentro hasta lograr un oportuno sangrado.
—El señor Hinata saldrá en un momento más —informó el doctor a los dos hombres que acompañaban al pelirrojo. Éstos atentos afirmaban a cada palabra.
El médico se dio media vuelta para regresar y dar una última mirada a la evolución de su trabajo.
—Si esto no funciona tendremos que hacer cordectomía y empezar con radioterapias —murmuró Kageyama revisando las anotaciones del doctor que poco entendía pero no se quería sentir inútil pues Oikawa había dado solo un vistazo para comprender que todo estaba normal con Shoyo.
—Si es una cordectomía probablemente le extirpen ambas cuerdas vocales y no pueda volver a hablar —explicó Oikawa caminando de regreso a la salita de espera, donde se dejó caer sacando su móvil. Tenía una entrevista en dos horas más y después la práctica de vóley.
Tobio entreabrió los labios, los cerró y se sentó a lado de Oikawa, pensativo flexionó su espalda.
—Oikawa-san.
—¿Hmp?
—¿De verdad crees que Shoyo quiera esto?
—Es decir... esto... el tratamiento, que le quiten la voz... todas las pastillas —miraba la lista de medicamentos otra vez, y era considerable, entre calcio, analgésicos, PCV y uno para preparar el cuerpo en caso de ser necesarias las radioterapias. Era un mundo de drogas que un deportista no se podía dar el lujo de consumir pero Hinata no tendría otra opción más que consumirlas toda con diligencia porque ellos (Tobio y Tooru) lo habían extraído de su fortaleza para llevarlo a comenzar con esa odisea, y ganarle un par de años más a la muerte. ¿Para qué exactamente? Para ser felices, eso era obvio, porque no podía declararse en nombre Oikawa, pero en lo que a él, Kageyama Tobio, respectaba, quería hacer feliz a Shoyo.
—Shoyo es alguien testarudo, sino hubiese deseado todo esto, no hubiese venido en primer lugar.
Punto, resuelta la inseguridad de Tobio que torció los labios y trató de aceptar eso como una buena respuesta.
Cinco minutos más tarde apareció Shoyo en el pasillo por donde antes había desaparecido, y tanto Oikawa como Kageyama se incorporaron para ir a su encuentro. Lucía fatigado, con el rostro un poco más pálido de lo normal, y al contacto de los dedos de Tobio con la mejilla del menor, lo sintió un poco más frío. Acarició con cariño la piel y Oikawa sonrió al pelirrojo.
—¿Cómo te sientes?
Shoyo afirmó esbozando una sonrisa que resultó ser forzada pues las fuerzas lo abandonaban. La anestía se escurría de su cuerpo y sentía que tenía una braza de fuego en el medio de su garganta. Abriéndolo y rompiéndolo desde dentro. Era agonizante pero era una agonía a la que ya estaba familiarizado, solo era cuestión de refrescar esas memorias.
Juntos caminaron hacia la salida y Hinata no sabía contra quien iba recargado, se sentía mareado y sólo quería recostarse un rato más.
—Iré por el medicamento —dijo Kageyama mientras que partía rumbo al dispensario de medicinas. Shoyo entonces sonrió a Oikawa que le regresó la sonrisa y juntos siguieron andando hacia el auto que los esperaba en el estacionamiento. Finales de otoño, y el frío no parecía menguar.
Kageyama trotó lo más rápido que pudo para alcanzar a Oikawa y a Hinata, habían quedado ese día más temprano que los tres volverían juntos para pasar un rato. Sería lo correcto y saludable para Hinata, después Oikawa volvería a sus labores y responsabilidades con el equipo nacional, y Kageyama acompañaría al pelirrojo hasta que llegara la hora en que él mismo tuviera que ir a su rehabilitación para después volver y cenar con Shoyo.
Sin embargo, al volver hasta la entrada del hospital, no encontró rastro ni del auto, ni de Shoyo ni de Oikawa. Kageyama frunció el ceño apretando la bolsa de cartón en su mano. ¿Se habrían ido sin él? Era lo más lógico a pensar en una situación similar a esa. Sus ojos rodaron por el aparcamiento y notó unos zapatos detrás de uno de los pilares que estaban como soporte de la estructura y parte de adorno. Al caminar hacia ellos, se asomó para descubrir a Hinata jugueteando con su móvil. Enarcó la ceja, se acuclilló a su altura y susurró a su oído: ¡¿Qué demonios haces en el maldito suelo idiota?! ¡¿Qué no ves que está frío?!
El mayor se incorporó de un salto y agitado negó.
—L-lo si-siento —dijo haciendo una reverencia y suspiró, le había sacado un susto gordo y su corazón latía a mil por hora, se tocó el pecho.
Kageyama buscó con la mirada a Oikawa y Shoyo le haló del brazo para que le pusiera atención.
"Tuvo que irse, la entrevista que tenía se adelantó, le dije que se llevará el auto" –Texteó y el moreno bufó. ¿En qué mierda pensaba Oikawa dejando a Hinata ahí después de semejante intervención?- "No te molestes con él" –insistió Hinata texteando en su teléfono y regresó su móvil para seguir escribiendo-. "Además... ¿quién iba a manejar? Yo no puedo hacerlo, y tú no tienes carnet".
—¡Cállate! —gruñó Kageyama ganándose la risa apagada pero el gestodivertido de Shoyo. Tobio se permitió reír. Ofreció su mano para que caminaracon él hacia la estación de taxis, irían directo a casa para que Shoyodescansara. Después se las vería con Oikawa.
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Gracias por leer.
St. Yukiona.
Quien los ama de corazón y todo menudencias.
