Cronopios del autor: Gracias por leerme.
ADVERTENCIA: El fic es enteramente YAOI, hay parejas Crack, escenas +18, y muerte de personajes. Gracias.
Descarga de responsabilidad: Ya lo saben. Haikyuu no es mío, ojalá lo fuera.
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Las mil plumas del cuervo.
Por St. Yukiona.
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Capítulo especial hecho por el KageHina Day's.
Ruta alterna a una decisión tomada por Hinata Shoyo.
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¿Y si cruzamos juntos la línea?
¿Y si te aferras a esta mano que te ofrezco?
¿Y si mejor nos perdemos un instante?
O... toda una eternidad.
—Permíteme retomar esto, donde lo dejamos, Shoyo.
Y Hinata observó largo rato la mano que le ofrecían, la línea estaba solo un poco más delante de él, y detrás una vida llena de sacrificios, esfuerzo y oportunidades que probablemente jamás se iban a volver a presentar. Detrás solo recuerdos dolorosos donde él se había llevado al límite de sangrar y batirse en su propia miseria cada vez que era rechazado, que era bloqueado, que la fortuna no le sonreía y tenía que empezar desde cero.
El destino había sido una puta de alta cotización, que se había dejado follar por todos pero a él lo había follado sin darle oportunidad a nada. Shoyo había tenido que cogerse las entrañas y sostener perfectamente sus bolas para darle cara a esa diva inalcanzable. Y ahora, ahora, Tobio le ofrecía la mano y él temblaba resignado a no querer perder lo que con sus manos y uñas sangrantes había construido.
¿Pero no también había luchado por un día estar así?
Titubeó, y a Kageyama le bastó para apresurar su mano hacia la del pelirrojo.
A veces las mejores decisiones se toman del modo en que no se deben de tomar y eso lo saben todos. Sobre todo Kageyama Tobio y Hinata Shoyo.
[*]
Qué tal si no hubieran más mentiras
nada mal, nada derecho,
que tal si no hubiera más tiempo
ninguna razón o rima
qué tal si deberías decidir
que no me deseas allí a tu lado
que no me deseas allí en tu vida
Qué tal si me equivoco
y ningún poema o una canción
podría poner correcto lo que hice mal
o hacerte sentir que te pertenezco
toma aliento, intenta llevarlo dentro
así es
cómo puedes saberlo, si incluso no lo intentas
Cada medida que tomas
podría ser tu mayor error
podría doblarse o podría romperse
más ese es el riesgo que tomas
qué tal si deberías decidir
que no me deseas allí a tu lado
que no me deseas allí en tu vida
sabes que la oscuridad siempre se convierte en luz
así es.
[What if?, Coldplay, Trad. Yukiona]
[*]
Capítulo especial.
What if?
O teorías sobre cómo debe volar un cuervo.
[*]
Hinata Shoyo ya no era Sho-chan, el niñato del que todos se burlaban por la pequeña estatura que poseía, por el contrario; esa mañana, por ejemplo, Tobio encontró muy atractiva la forma en que el que él creía mocoso se vestía colocándose un conjunto deportivo, comenzando por los ajustados calentadores de pierna completa que quedaban a medio muslo, encima los shorts holgados y las calcetas cortas para ponerse las zapatillas especiales para correr. Fue una obscenidad ver como los músculos de su espalda en el cuerpo del pelirrojo comenzaron a ser ocultos por la fina tela elástica que aseguraba guardarle todo a él, proteger esa piel tigreña que tanto le calentaba besar con amor infinito cada noche sí, y noche también.
—¿Qué coño estás viendo? —preguntó tan delicado como solía ser Shoyo cuando se ponía nervioso, esas palabras, en años anteriores hubieran hecho estallar a la polvorita que era Tobio, pero a esas alturas conocía cada uno de los tonos, timbres y formas de la voz masculina de su pareja.
—Tienes un grano en el culo —señaló con toda la calma del mundo el moreno haciendo que el mayor cogiera una pantufla y se la aventara a la cara. Kageyama la esquivó sin problema y como contra-ataque se incorporó para jalarlo a la cama y empezar a ahogarlo, importándole mierda si arruinaba lo liso del traje que usaba o la pataleta que estaba haciendo.
Por obviedad, y como costumbre, lo que siguió del enfrentamiento fue una ronda de amoroso sexo, o tan amoroso como puede ser el sexo entre esos dos. Entre un par de idiotas que se tumbaron contra la almohada cada vez que el otro bajaba la guardia, haciendo que sus sexos siguieran apretados en sus ropas solo sintiendo como eran restregados como animales al no decidirse como una pareja normal quién iría arriba y quien iba abajo, porque todo con ellos debía ser intenso y una lucha constante, nada fluía natural si se iban por las buenas y tenía que ganar uno de los dos para estar satisfecho. Era una constante competencia que acababa por dejar una sonrisa de alegría y regusto en la boca de ambos.
Su amor, no era un amor convencional, era un amor cultivado en medio de la tormenta, el veneno y la rabia de muchas personas, habían dado un paso que los dejó marcados pero ellos estaban bien, como cuando sin querer das el primer bocado durante la cena de acción de gracias sin haber dado las gracias o cuando sin querer anuncias el cumpleaños sorpresa frente al festejado que aún no sabía nada. Pero es lo que hacía más especial a su amor.
El amor de Kageyama y Hinata se había conservado hasta volverse denso néctar que tenían que beberse de a poco y en porciones que ambos degustaban porque de golpe hacía daño y ya no podían dejarlo más, ya no les era posible estar más tiempo separados.
Al terminar sus cuerpos volvían estar exhaustos, el de Shoyo volvía estar sudoroso y su ropa deportiva haloneada tirada por aquí y por allá sobre la ropa de la noche anterior. Sus cabezas estaban pegadas una contra la otra y sus manos entrelazadas por debajo de la sábana que cubría la desnudes de ambos. A Tobio se le había aflojado una de las cintas adheribles color guinda como parte de los cuidados de sus músculos de la espalda, Hinata se había dado vuelo enterrando las uñas y en uno de esos momentos había tirado de más hasta causar el dolor agudo de la cinta despegándose y llevándose con ella, Tobio estaba más que seguro, para de su piel –aunque era algo improbable aunque la marca roja dijera lo contrario—. Tobio miró de reojo a Shoyo que concentrado acariciaba su propio vientre.
—¿No deberías ya pararte y eso? —preguntó Shoyo mirando al enano (apodo que quedó de cariño) que se acomodaba para volver a dormir.
—Acabo de coger, ¿crees que tengo ganas de abandonar nuestra cama para ir a correr? Todo el ejercicio que necesitaba lo acabo de hacer... no necesito hacer más ejercicio... no es como si lo vaya a necesitar realmente. Es obvio que la selección no me va a escoger, aunque les rogara, cosa que no haré, no me seleccionaría. Soy el "Puto homosexual". Además, después de lo que pasó con la UCLA... estoy fichado de por vida... han pasado dos años y los papeles de mi titulación están retenidos —murmuró Hinata en berrinche aunque todo eso lo sabía Tobio.
—No creo que el seleccionador piense igual, eres un jugador formidable y sería estúpido que no te seleccionaran... —contradijo Kageyama mirando el techo. Pero pronto su atención se giró al menor que se movió con emergencia, notando la expresión sorprendida que Shoyo estaba dando—. ¿Qué? —¿había dicho algo malo?
—¡Me estás halagando! —gimió el pelirrojo mientras se le tiraba encima. Kageyama bufó mientras que empezaba a pelear con el mayor por quitárselo encima, tirando de sus cabellos y después empujándolo por el vientre para que se alejara de él, estaban sudados y hacía calor, aunque después de un rato sólo se rindió, abrazándolo más fuerte y hundiendo su rostro en el cuello pegajoso de su pareja.
Se amaban.
Y todo era perfecto a pesar de vivir en medio del infierno que no había dejado de arder en los últimos dos años.
—Por cierto... —murmuró Tobio sentado en la cama, ambos se vestían, aunque Shoyo recién bañado se tiró contra la cama bocabajo, no podía estar de la otra forma porque aún ardía todo—. Hace un momento... dijiste "nuestra cama" —el pelirrojo enarcó la ceja mirando al moreno.
—Bueno... tú entiendes a qué me refiero. ¿De quién más sería esta cama si no tuya y mía?
—Podría ser nuestra cama, y cuando digo "nuestra cama", digo: Nuestra cama —masculló Tobio mientras jugueteaba con sus dedos dándole la espalda de Shoyo. Seguía siendo pésimo con las palabras.
—No soy una jodida princesita para que tengamos esa conversación —inquirió molestándose de un momento a otro—. Somos novios, y creo que hasta ahí está bien, Tobio.
—Shoyo, hay gente que lo hace, en todo el mundo, no seríamos ni los primeros ni los últimos—refutó el moreno tratando de mantener él la calma, muchas veces si ambos explotaban terminaban mal, porque los fuegos se les escapaban y había sido así la primera vez que se separaron, y la segunda y la tercera. Una vez casi había perdido al enano para siempre y estaba seguro que el niño seguía inseguro con respecto a la relación, no por sus sentimientos si no por las consecuencia en la forma en que lo habían hecho y del modo en que repercutía en todo.
—Ninguna de esas es paciente de alta por cáncer y mucho menos estuvo envuelto en un escándalo como el que yo estuve... dios... —Shoyo gimió incorporándose de golpe evadiendo el dolor con el enojo que estaba sintiendo, enojo y remordimiento. Recordar ese bochornoso capitulo en su vida siempre le causaba dolor que se manifestaba como un extraño dolor corporal que no podía controlar. Era mejor que se alejara, que se fuera y respirara para tratar calmarse. Habían hecho las cosas por los motivos correctos pero de la peor manera.
Habían huido, estado alrededor de tres meses en Escocia en una tormentosa luna de miel, hasta que tuvieron que volver porque sus padres se los ordenaron. La madre de Kageyama que hasta ese momento se había mostrado abierta a la decisión de gusto de su hijo se volvió en contra él, y los padres de Shoyo ni se diga. Quizás esa había sido la primer astilla en el corazón de Hinata que ahora cada tanto parecía expedir veneno que no les permitía dar el siguiente paso.
—Shoyo —trató de detenerlo por el brazo pero el mayor se zafó recogiendo su ropa para trotar, se metió con un portazo al baño donde se encerró para vestirse. Tobio tomó aire y se incorporó para tocar la puerta lentamente—. Shoyo... sólo... estabas...
—¿Enfermo? ¿Desesperado?—Abrió de golpe el bloqueador—. ¡Sé perfectamente que estabas conmigo porque te daba lástima! ¡Te sientes culpable por todo lo que paso! ¡Pero no fue tu culpa! ¡Todo fue mi culpa! —estalló el pelirrojo con el pantalón puesto, las lagrimas empezaban a emerger.
—¡Ahora actúas como un jodido loco! —gritó sin poderse contener más Kageyama—. Te he dicho y hecho saber de todas las putas formas posibles que te amo, coño. Estás sobreactuando porque te estoy sugiriendo que nos casemos, mierda —el moreno sentía su corazón roto pensando que Shoyo no sentía todo ese amor que él le profesaba ciegamente, que le mareaba y le hacía despertar por las madrugadas solo para asegurarse que estaba ahí con él, ahí a su lado, respirando y descansando.
—Tu padre jamás lo iba aceptar, Kageyama. Ni tu madre, ni nadie... Bien que mal, eres el gran Kageyama Tobio, eres la jodida promesa de Japón... te perdonaron que te fueras tres meses y te recibieron con los brazos abiertos... ¡¿Crees que van a soportar como te estás hundiendo en esta mierda? —se señaló así mismo, y su gesto bien pudo ser una actuación pero Kageyama conocía al pelirrojo, lo podía leer como un scout a un mapa lleno de planicies y montañas, conocía de memoria esos ojos, ese gesto que se contraía y tensaba, ese pulso que temblaba y la dermis que enrojecía de rabia y enojo. Pudo ver un poco del dolor que él sentía en todo ese cuerpo general.
No lo detuvo cuando tiró de una sudadera para salir del pequeño apartamento en el que vivían en el centro de Roppongi en Japón.
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—¿Y? —preguntó la señora Hinata a su hijo cuando lo tuvo aplastado contra el sillón de su sala en Sendai donde era la residencia de los Hinata que se habían mudado del pueblo vecino. Se había acabado los dulces que encontró en su chamarra, eran los de Tobio—. ¿Problemas maritales? —cuestionó ella mientras que seguía en su labor de doblar la ropa limpia. Natsu seguía viviendo con sus padres pero ni su padre ni su hermana se encontraban, era temprano por la mañana y la noche anterior la había pasado Shoyo en un manga café porque no tuvo la cara para pararse en su hogar que compartía con Tobio.
—Amo a Tobio... —contestó Shoyo en un hilo de voz, había pasado tiempo desde que lo había dicho frente alguna otra persona que no fuera el propio afectado, porque él veía ese amor que profesaba al armador como una ofensa, una agresión contra el moreno.
—Hmp, están saliendo, ¿no? —interrogó la mujer mientras revisaba las camisas blancas del uniforme de su hija que estaba en tercero de preparatoria pronto haría el examen de la universidad.
—Él se quiere casar —esperó alguna respuesta negativa por parte de su madre pero no hubo reacción. Ella siguió en lo suyo. Hasta que sintió la mirada penetrante de su hijo, esos preciosos ojos le recordaban a los de su esposo y su suegro.
—Bueno... es normal, cuando una persona te gusta, te da buen sexo y se aman pues se casan... así es como una especie de "seguro" de que es tuyo... eso, es la forma en que demuestras al mundo que estás con una persona que amas —contestó ella con tranquilidad.
Shoyo ruborizado negó y se cubrió el rostro.
La madre del pelirrojo había asumido hacía mucho tiempo la homosexualidad de su hijo, y de alguna u otra manera había empezado a aceptar que se había escapado huyendo de todo para ser feliz con Tobio, cuando lo tuvo en la puerta de su casa un año atrás pidiendo perdón no pudo hacer nada más que abrazarlo, no aceptaba lo que hacía, porque el modo había estado mal, pero estaba feliz que él estuviera sano y tuviera intenciones de no sacarla de su vida, pues ante todo, él era su hijo y lo amaba sin importar nada, era el amor de una madre, un amor absoluto y ciego.
Dejó las camisas de Natsu y se sentó en la mesita frente a Shoyo, acarició la pierna del menor.
—¿Hay algún impedimento para que no se puedan casar?
—Que yo soy un hombre y él también lo es, madre —respondió—. En que él es un armador oficial y yo soy un donadie.
—Un donnadie no hubiera podido llegar hasta donde llegaste, y sé que un día llegarás más lejos... —tomó el rostro y lo acarició lentamente—. Cuando dejes de menospreciarte, de hacerte la víctima y asumas tu responsabilidad, esa responsabilidad por el talento que tienes y lo utilices para algo útil... entonces podrás ver lo valioso que eres.
Shoyo hizo un puchero y comenzó a llorar sin más. Las palabras de su madre siempre eran un ancla en realidad, eran duras pero después del golpe todo quedaba blando y listo para amoldarse y tomar su lugar en la vida.
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El llanto, la tristeza y la culpa por haber dejado a Kageyama tras una pelea lo llevó a tomar el tren bala hasta Sendai, y tras la conversación con su madre, arrastró hasta un lugar al que solo una o dos veces había ido siempre acompañado por el moreno. Ataviado aún en una muda deportiva, la ropa con la que mejor cómodo se sentía, pero que ahora ante la situación suponía que no era muy correcto así que retrocedió sobre sus pasos y fue a la única boutique que había Sendai donde vendían ropa más o menos adecuada para la ocasión. Aunque no estaba muy seguro si esa ocasión era por si misma adecuada.
En el camino de regreso se topó de frente con la madre de Tooru, que por evidentes razones prefirió seguir de largo ignorando olímpicamente al pelirrojo, Shoyo no al culpó, después de todo él hubiese incluso abofeteado al pequeño hijo de puta que había hecho sufrir a Tooru, pues Oikawa había llevado consigo su ración de dolor tras la dramática decisión de escapar con Kageyama al extranjero, dejando atrás una nota que rezaba sus motivos para abandonarlo, nota que sirvió como tortura y combustible para el armador.
No quiso atormentarse con ello pues ahora mismo tenía su propio purgatorio en casa y le restaba apretar los puños con fuerza. La circulación se la cortaba la corbata que llevaba en el cuello y los labios estaban resecos, casi partidos. A la hora en que volvió a estar de pie frente a la misma entrada donde había dicho a Kageyama que el cáncer había avanzado y Tobio había dejado caer aquella escoba con la que barría, fue la misma que le dio la bienvenida. En esa ocasión no era Tobio el que barría, sino una versión más adulta de Tobio, con canas y expresión cansada, seguramente el señor Kageyama venía del trabajo o sencillamente el pesar de los años y la vergüenza de tener un hijo homosexual con el cual no hablaba desde hacía años le pesaban.
El señor Kageyama sintió a la persona pero la ignoró, a veces cuando barría las hojas que el árbol de almendras tiraba, pensaba en ver a su hijo de pie esperando por entrar a su hogar, muchas veces que imaginaba eso pensaba en lo que le iba a decir, en lo que iba a hacer, en lo mucho que lo había extrañado pero que por orgullo se mantenía ahí y no había corrido a llamarle por teléfono. Sin embargo esa sensación de que alguien lo veía no se fue. Giró su rostro y su expresión seria se volvió en una disgustada. Siguió barriendo.
—Señor Kageyama... —habló Shoyo.
—Siempre te imaginé más alto, niño —esa voz ronca, profunda, plana, sonaba igual que Kageyama pero con cierto rastro que raspaba, quizás los años de ser fumador o sencillamente la edad.
Los ojos de Shoyo siguieron el movimiento del cuerpo de Kageyama que no dejaba de barrer.
—Vengo a hablar con usted, Kageyama-san —dijo Shoyo.
—Lo sé, nadie es tan idiota como para venir hasta acá sin tener verdaderos cojones o algo importante que hablar después de incitar a mi hijo para huir y abandonar todo, se debe ser egoísta y un verdadero cabrón para hacer algo así pero bueno... tú tienes tu fama..
—Hasta yo conozco mis limitaciones, aciertos y errores —afirmó Shoyo sonriendo de medio lado, quizás un poco osado, pero escuchar hablar a Kageyama padre era todo lo contrario al simple y bruto de Kageyama hijo.
—Así que tiene que ver con él, ¿no? ¿Le ocurrió algo? —preguntó dándole la espalda. Kageyama apretaba la escoba.
—Sólo quería informarle que nos vamos a casar —inquirió el menor tragando saliva.
El hombre detuvo sus movimientos con la escoba. La espalda antes ligeramente encorvada se volvió completamente recta y Shoyo comprendió de donde había sacado Tobio la altura. No retrocedió un solo paso ni siquiera cuando vio que Kageyama padre se giraba y caminaba hacia él.
—¿Qué dijiste? —interrogó en voz baja el hombre. Los separaba una pequeña barda que a ambos les llegaba a la cintura, y se sintió menos protegido cuando abrió la pequeña puertecita dejándolos frente a frente.
—Que me voy a casar con Kageyama —respondió Shoyo, recibiendo en respuesta –como esperaba—un golpe que lo hizo besar el piso. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había estado en una pelea o riña que involucrara los golpes pero ahora era totalmente diferente. Shoyo se trató de incorporar para tratar de razonar con Kageyama pero un pie le restregó el cráneo contra el suelo. Jadeó del dolor, pero no quitaba los ojos del padre de su futuro esposo, el señor se mantenía con un gesto imperturbable, pero en el fondo de sus ojos esa sed asesina, de desilusión, miedo y enojo brillaba.
—Repítelo —pidió el mayor hincándose para recoger a Hinata. Éste no hizo amagos por oponerse, sólo un débil intento de alejarse.
—Me voy a casar con... —Otra bofetada dura que le hizo girar el rostro, las manos del menor se apretaron.
—De nuevo —ordenó Kageyama.
—Voy a ca... —se retorció por el ardor en sus mejillas y sus ojos amenazaban con derramarse en llanto.
—¡Otra vez! —gritó y contuvo el aliento el mayor.
—... nos vamos a casar —infirió el menor y cerró los ojos.
Quizás el golpe más duro vino después de ello, el golpe del orgullo de un hombre que se sentía herido y traicionado, un hombre que le abrazaba y ocultaba su rostro en el cuello del muchacho del mismo modo en que su hijo ocultaba su rostro para reposar los gemidos y sus dientes las ganas por un poco más. Shoyo no supo si abrazar y tratar de consolar a su suegro, o sencillamente permitir que siguiera desahogándose. Entendía perfectamente que el hombre tuviera de alguna manera las esperanzas de que su hijo un día volviera, sin importar si lo hacía para informarle que ahora iba a salir con perros, pero que volviera.
El orgullo rompiéndose al darse cuenta que su hijo daba un paso más para alejarse de ellos y él estaba aterrado. Apretó fuerte el cuerpo de Hinata Shoyo contra él, y el menor escuchó un balbuceo que le hizo estremecer, esa fue su señal para retribuir ese abrazo y ayudar a sanar las partes rotas del contrario.
"Perdóname".
[*]
Kageyama Kenjiro, a sus 58 años sentía bochorno y vergüenza al ver el rostro enrojecido e hinchado de su yerno, título que se abstenía en usar la mayoría de las veces pero que parecía haberlo asimilado mucho mejor, durante la pequeña ceremonia donde ambas familias asistieron. Sin grandes arreglos, sin reservaciones o banquete después de las firmas correspondientes. Sólo una emotiva ceremonia en el templo de Shibuya en Tokio, y una comida en uno de los restaurantes exclusivos de la misma zona donde vivía la pareja que había dado el sí frente a dios y frente a los hombres.
Kageyama Kenjiro, supo que no era el único que hubiese pedido al cuervo de la leyenda de Miyagi que su hijo regresara a su nido cuando vio a los padres de Hinata ver a su hijo de la misma manera en que él sentía veía al propio, pero que ahora, el deseo no era otro más que el que su hijo fuera feliz y encontrara en su camino la alegría de vivir.
Kageyama Kenjiro, supo también, que a veces los deseos no se cumplen, y que atesoraba como algo valioso la sonrisa de su hijo al momendo de saberse esposo de aquel muchachito que había llegado para transgredir su mundo y volverlo más valiente, porque Kageyama Kenjiro estaba seguro que sin Hinata Shoyo, su hijo jamás hubiese sido feliz por tomar sus propias decisiones como lo había sido todos esos años. Pero ahora que lo veía cabizbajo con las bolsas que contenía las mil plumas que él mismo había ayudado a recolectar, entendió que la felicidad no es un estado perpetuo en la vida de las personas, sino pequeños y coquetos guiñasos, saetas de luz que llegaban a iluminar oscuridad perpetua. Que llegaban para dar esperanza en los momentos amargos que conformaban la vida.
En silencio, aquella mañana, Kageyama Kenjiro se sentó junto a su hijo y miró hacia el cielo con gesto pensativo. ¿Qué se supone que le podría decir que no le habían dicho ya el día anterior?
—¿Te he hablado sobre el día en que Shoyo vino para avisarme que te ibas a casar con él?
Tobio no le respondió, sólo apretó la bolsa de cartón contra su pecho.
—Llegó, se paró ahí delante de la casa, y lo abofeteé unas dos o tres veces, le sangró la nariz y tu madre salió asustada para meternos a casa, lo atendió y la policía después llegó, cuando les iba a explicar que lo hice intencionalmente él dijo: Sólo es un hijo rebelde enfrentando las consecuencias con su padre... —contó Kenjiro—. Entendí porque lo amas... era un chico muy valiente, y creo que tú también lo eres. Ambos soportaron contracorriente, una tras otra la bebieron sin retroceder y eso me hace sentirme orgulloso...aunque al principio odiaba la idea de verte en un camino "malo" como ese... cada vez que te veía a lado de Shoyo me hacía sentir que estabas en el "camino correcto"... sólo lamento no haberle pedido disculpas apropiadamente y agradecerle.
—Shoyo no te hubiese permitido que lo hicieras... así era él, simple y sencillo. Se hubiese avergonzado... —comunicó en silencio Tobio restregándose las mejillas y el ras de los párpados.
—Hmp...
Ambos siguieron en silencio viendo hacia la inmensidad del cielo mientras una parvada de cuervos cruzaba sobre sus cabezas.
Kageyama se incorporó después de un rato, y la bolsa de cartón crujió en el movimiento entre sus brazos. Observó a su padre y suspiró largamente.
—Iré al templo —anunció Tobio caminando hacia el interior de la casa.
—Iré contigo —respondió Kenjiro y su hijo no protesto.
A veces las mejores decisiones se tomaban en los peores momentos, algo así como no someterte a un tratamiento de quimioterapia que sabes será degenerativo cuando sabes que tu cáncer está demasiado avanzado, o como no avisar, además, a nadie que te quedan unos cuantos pocos meses de vida hasta que ya es demasiado tarde como para decir: ¿Qué tal sí...?
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—¿Cómo conociste al tío Shoyo?
—No por favor, Sho-chan... no molestes a tu tío Tobio.
—Está bien, Natsu-san. Si Shoyo quiere escucharlo se lo contaré.
—Espero que no sea una historia llena de romance y cosas de niñas.
—Para nada, esta historia es como la de un cuervo y un demonio. Un cuervo mágico y un demonio huraño.
—¡Oh! ¡Quiero oírla! ¡Quiero oírla! Las historias de tío Tobio son las mejores.
—Hmp... pues... veamos, en las montañas de Miyagi, se dice que habitaba un cuervo, un cuervo de mil plumas...
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Dedicado a todos mis mazapanes que capítulo a capítulo siguen esta historia.
Happy KageHina Day!
10/09/2018
Esta historia es un "Qué tal sí", no perteneciente al canon original de la trama, ubicado justamente después del capítulo titulado: "Elecciones".
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¡Gracias por leer! Nos vemos pronto con un capítulo nuevo.
St. Yukiona
Que los ama de corazón-páncreas y pulmón.
