Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, Haikyuu! no es mío, ojalá lo fuera.

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Las mil plumas del cuervo

Por St. Yukiona.

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Amante del vóley 09

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—A la derecha... a la derecha —murmuró Shoyo sin despegar la mirada de los chicos—. ¡Derecha! —la voz ronca del pelirrojo alcanzó a los niños que hicieron caso y bloquearon en esa área porque estaban desesperados por ganar. Lograron un punto y el equipo contrario se quejó, match point.

El pelirrojo empezó a reír cantarín mientras que acomodaba mejor su mochila ver a esos niños era recordar sus peores días donde jugaba solo porque no había nadie más con quien jugar, nadie quien lo guiara o le hiciera ver hacia dónde dar el siguiente paso para alcanzar la cumbre de su propio potencial. Después llegaron todos, de golpe, como una violenta ráfaga de viento que no esperaba: Ukai-sensei,Tanaka-senpai, Suga-senpai, Daichi-senpai, Ennochita, incluso hasta Tsukki y Yamaguchi. Tobio. Tooru.

Las diferencia entre esos niños y él, es que ellos sí tenían con quien jugar pero no quién les dijera el camino para ver el paisaje del otro lado de la red.

Los niños se acercaron a Shoyo que rió entretenido al verlos tan animados, éstos le agradecieron profundamente ante la "ayuda" cuando ganaron el partido y todos se fueron trotando hacia la tienda que había al cruzar la calle. El pelirrojo los despidió con una sonrisa moviendo su mano por encima de su cabeza, volvió a coger con ambas manos la lata de té que había comprado antes de sentarse en una de las bancas que había cercanas a las canchas de voley que estaban en el parque cercano al pabellón deportivo donde entrenaba el equipo nacional de voley. El lugar siempre se llenaba de jugadores amateurs que ocupaban aquellas canchas rusticas y al aire libre rodeadas de árboles y plantas, y obviamente rejas de seguridad, con la idea de sentirse seleccionado. El piso era de tierra compromida y las instalaciones, a pesar que eran exterior, se encontraban muy bien mantenidas con las marcaciones en el piso conforme al reglamento oficial de la Federación.

A Shoyo le gustaba en ocasiones acompañar a Oikawa y a Kageyama hasta el pabellón, sobre todo cuando había práctica abierta y podía verlos jugar, después salir y ver los partidos en esas canchas a la interperie, sobre todo los juegos de los niños, solían ser los juegos más reconfortantes.

Acabó su lata tiempo después de que se quedará solo y arrugó la lata, volvió a acomodar la mascarilla negra, la bufanda. Era tiempo de irse, no quería quedarse hasta el final de la práctica de Oikawa y Kageyama porque los dos parecían muy molestos después de que en la practica los rezagaran a la banca para que Miya Atsumu fuera puesto como armador en ese partido de práctica, prefería que los ánimos se les bajara a ambos o siguieran con su rutina. Aunque la noche anterior había sido bastante... ¿partidular? Existia cierta incomodidad, sobre todo hacia Kageyama, aunque si profundizaba mucho en ese detalle se daba cuenta que era hipócrita enojarse con Tobio, después de todo el moreno tenía todo su derecho de formar su vida. El simple hecho de estar ahí en Tokio ya lo hacía sentir bastante mal y entrometerse o armar escándalo por la vida que tobio llevaba o decidía llevar lo hacía sentir estúpido.

Eso sin contar que el trabajo de traductor freelance era más bien una basura, considerando que ni Tooru ni Tobio le dejaban agarrar muchos trabajos, era como tener dos padres, peor aún, ambos homosexuales y hombres. Su madre seguro estaría complacida con el trato exagerado que le tenían ambos, pero la mujer ni siquiera sabía que estaba en Japón, no le planeaba decir tampoco, la única que sabía era Natsu y eso porque la menor se preocupaba en exceso por él, pero ni su madre ni su padre se dignaban en dirigirle la palabra. Y estaba bien así. De momento la lista de personas que sabían sobre el regreso del cáncer se había incrementado a cinco: Ukai-sensei, el doctor, Kageyama, Oikawa y él. Natsu tenía una idea pero no estaba nada confirmado. Shoyo estaba seguro que si se le informaba a sus padres éstos terminarían por hacer un circo entorno a su enfermedad, algo así como lo que Kageyama y Oikawa estaban haciendo:

-Bebe este jugo, leí en Internet que te hace bien.

-Come esto, me dijo una abuela de la tienda china que evitará que siga creciendo.

-No olvides tomar mucha leche.

-Ten, toma helado.

-¡Descansa, idiota!

-¡No juegues hasta tarde!

-No te desveles.

-No salgas.

-Quédate en casa.

-¿Ya tomaste agua? ¿Qué? ¿No? ¿Desde a qué hora no tomas agua? ¡¿Desde hace una hora?! Ten, bebe 10 litros.

Entendía y agradecía la preocupación pero lo hacía sentir realmente desahuciado era el hecho que hiciera tanto énfasis en su cuidado. Recordaba que había literalmente rogado a ambos armadores que le dejaran trabajar desde casa y fue una pequeña guerra, el pago era una miseria y apenas alcanzaba para comprarse algo indispensable pero eso lo hacía sentir úitl. Kageyama y Oikawa corrían con todos los gastos y eso para Hinata era bastante bochornoso.

Era por eso que prefería esperar a que ambos estuvieran fuera de casa para poder hacer un poco de vida: yendo a conocer los alrededores, escapándose al cine, comiendo un poco de frituras, bebiendo soda, ir al puesto de ramen aunque el calor le quemara la garganta para ser sinceros quería dejar de hacer eso a escondidas con temor a toparse a alguno de los dos o a los dos y que le descubrieran infraganti pero suponía que así sería el resto de su vida o hasta que el cáncer le avanzará hasta el cabello y muriera. Temía que ahora que la relación, la trieja, había dado un paso de consumación las cosas se volvieran todavía peor. Por sí solo era malo tener a Oikawa y a Kageyama en aparente tregua, sería peor que formaran una cualición unificada, sin embargo, no mentiría que el hecho de ver a Kageyama y a Oikawa besándose y luego a él en medio le había cumplido una de las fantasías más locas e improbables que llegó a tener en algún tiempo.

Se preguntaba si aquello se repetiría o esa sería la única ocasión.

Empezó a caminar nuevamente hacia donde había dejado la bicicleta para ir a la estación y de ahí a casa, el usar la bicicleta también fue otra guerra donde ganó gracias al doctor Morita que dijo que un poco de ejerccio le hacía bien al cuerpo de Hinata y aquel par no pudo más que aceptar que el pelirojo usará de vez en vez su amada bici. Suspiró cansado recordando aquello y cuando llegó a la bicicleta quitó el candado, le costaba mucho trabajo porque era de esos de números y a Oikawa le encantaba cambiarle la contraseña: Usualmente era su NIP bancario, su fecha de nacimiento, su fecha de aniversario, la fecha en que ganaron el campeonato de la NCCA o algo por el estilo, y ahí estaba Hinata hasta quince minutos tratando de recordar todas esas fechas importantes sin tener resultado aparente. Justo se encontraba probando la quinta combinación cuando sintió a alguien detrás de él, tan sensitivo como era pegó un respingo incluso antes que la persona abriera la boca. Sus ojos se encontraron de pronto con un hombre más o menos de su estatura pero por la expresión y las arrugas en su rostro supuso que era alguien bastante mayor que él.

—Disculpe, ¿es usted Hinata-san?

—¿Hmp?

El color se le fue del rostro cuando reconoció al hombre y su cabeza hizo clic.

—¿Masayoshi-san? —negó Shoyo, asustado, enseguida haciendo una pronunciada reverencia nervioso—. Sí, señor Masayoshi, soy Hinata Shoyo.

—¿Eres la pareja de Oikawa Tooru-kun, cierto? —preguntó con soltura el mayor y Shoyo no supo que contestar.

—Algo... algo así... —no se pondría a explicarle que en realidad era trieja de Oikawa y de Kageyama, y al parecer esos tres también tenían algo, debían de sentarse a platicar sobre todo el asunto definitivamente.

—¿Sabe quién soy yo? —preguntó el hombre del chandal y Hinata afirmó furiosamente.

—Es el entrenador de la selección nacional japonesa —era famoso por ser uno de los entrenadores más jóvenes dentro de la historia de aquella selección, incluso más joven que el gran Masamune Okita cuando había tomado las riendas del equipo, sin embargo entre Masamune y Masayoshi, el segundo había dado buenos resultados hasta el momento, no sólo por su joven visión sino también por el infernal régimen al que sometía a sus jugadores. Tenerlo ahí plantado delante de él, no era ningún buen presagio.

Shoyo se removió nervioso mirando de reojo su bicicleta, quería cogerla y salir huyendo pero el hombre dejó una mano amable sobre el hombro del contrario que apretó los labios. Desde que tenía memoria había corrido con la suerte de conocer gente aterradora cuando estaba solo.

—Así es... me da gusto ver que me conoces —parecía bastante afable el hombre mientras le sonreía—. Necesito hablar con usted, Hinata-san.

Masayoshi Kin tenía 39 años y lideraba como entrenador la selección nacional japonesa, y también la escuadra de la universidad T. donde había jugado Tobio como estudiante. Era un hombre maduro, con abundante cabello castaño y los ojos muy rasgados, era de ascendencia china por parte de su madre, pero naturalizado japonés por parte de su padre o algo por el estilo había leído Hinata cuando el hombre tres años antes había asumido el importante puesto. Fue quien llamó a Oikawa apenas Kageyama se lesionó y cada que tenía la oportunidad hablaba sobre el error de su antescesor sobre haber dejado ir a Oikawa con los americanos, aunque reconocía que gracias a su incursión en el foco deportivo extranjero el armador había mejorado lo que no hubiese mejorado en Japón donde hubiera sido restringido. Lo mismo pensaba sobre Hinata pero en torno a éste se cocían ciertas abichuelas difíciles de tratar en los medios: Su homosexualidad y su relación con algunos deportistas, sobre todo saltaba el nombre de Kageyama Tobio, el armador oficial de la selección

—¿Podemos hablar? —insistió el sujeto y Hinata suspiró. Afirmando.

Ambos se trasladaron hacia un café subterraneo que había pasada una cuadra lejos del pabellón, era un lugar con un flujo de personas mínimo y el sitio en sí era bastante acogedor. Hinata pidió un café templado y el hombre un americano. Algo rápido y sencillo.

Los ojos pequeños y rasgados del hombre observaban con cierta fascinación al pelirrojo que incómodo se removía jugueteando con sus dedos debajo de la mesa.

—¿También sales con Tobio-kun?

Hinata alzó la mirada y se sintió desfallecer otra vez, el malestar se acentuó en su garganta y el hombre negó.

—No, no... no vengo a pedirte que te alejes ni mucho menos, en realidad soy un gran fan tuyo... —dijo sincero con una sonrisa—. Me sentí muy molesto cuando anunciaste tu retiro definitivo antes de iniciar la temporada hace un año con los WildFire de San Francisco, esperaba verte jugar con Oikawa-san como lo hiciste con los Bruins, aunque lo que realmente esperaba era entregarte esto.. —comentó el hombre exteniéndole un sobre amarillo a Hinata, era un sobre que estaba bastante arrugado y un poco desgastado de las orillas, había sufrido el paso del tiempo.

Shoyo torció los labios indeciso y lo tomó.

—Me habían dicho que a veces venías, y aunque antes traté buscarte apenas hoy tuve éxito, tuve que salir corriendo para alcanzarte —informó el hombre mientras que Shoyo recogía el sobre para abrirlo y darle una mirada. Era un sobre con su nombre y por detrás el sello de la selección japonesa.

Rompió el sello y ante los ojos ansiosos del entrenador los dedos de Shoyo sacaban la carta religiosamente doblada. Un vertigo extraño, algo así como un fulgor que arrasaba todo para consumirlo y no dejar nada le abrigó el cuerpo, el alma, el cáncer.

Sus ojos avellana se volvieron en un sorbo de nariz la fuente de un silencioso llanto al tiempo que sus manos estrujaban la débil hoja que temblaba frágil ante la lectura copiosa.

"Hinata Shoyo" "Se le solicita su presencia a la brevedad" "Selección japonesa" "Bloqueador central" "Confirmar".

—Se emitió y enviarla sería inútil pues cuando logré convencer a la junta, te habías retirado, Hinata-san —expresó el hombre—. Después Oikawa me explicó que fue por lo de tu cáncer y lo lamento mucho —fue sincero pues hasta sus labios se torcieron en un auténtico gesto de pesar.

Shoyo se cubrió la boca con una mano y se encorvó, apretaba la carta contra su pecho y su cuerpo era una trémula masa que convulcionaba en pequeños rastros de felicidad, tristeza e irremediable enojo.

Masayoshi, muy en su interior no estaba ni a favor ni en contra la homosexualidad aunque no era "natural", no era su culpa había sido criado en una casa que se apegaba a las normativas, pero tras ver jugar a Kageyama aún sabiendo sobre sus habilidades, o incluso a Hinata en los vídeos de la NCCA, sabía que nada tenía que ver la preferencia sexual de los jugadores con respecto a su capacidad de juego. En todo caso, ahora tomaba un café con Hinata que parecía romperse en pedazos y resultó que jamás había visto una reacción más llena de dicha y alegría, más auténtica y humana que la de ese muchacho.

Los gays también sienten, y nada más alguien con la pasión por el juego podía comprender el significado de esas lágrimas. Masayoshi dio un sorbo a su café permitiendo que Hinata cruzara su propio rictus.

Durante algunos partidos, Masayoshi había tenido cierto pensamiento, bueno, no sólo en la de élsino también de su director técnico Sakurai Kenichi: "De tener a Hinata Shoyo, hubieramos ganado". Era una pieza fundamental y necesaria que por cuestiones crueles de la vida se había roto y aunque se pegase no iba a lucir como antes, en todo caso era una pena, y lo sabía como entrenador que aunque Shoyo se recuperara por completo no sería candidato para formar parte de la selección.

¿Entonces por qué entregarle una carta que no tenía a ningún valor?

Porque como hombre, y más uno dévoto al deporte, sabía que había ocasiones en que un simple pedazo de papel era capaz de regresar la fe.

—Te seguía desde que jugaste en el Grand Prix en Holanda, Hinata-san —interrumpió el llanto Masayoshi cuando el pelirrojo estuvo un poco más tranquilo—. Seguí tus pasos porque siempre supe que terminarías jugando para la selección, yo te reconozcó como uno de los grandes jugadores que ha dado Japón —inquirió firmemente.

Las lagrimas se volvieron mucho más espesas, mucho más gruesas y profundas. El papel se seguía arrugando y Shoyo negaba rotundamente.

El cáncer, sus problemas sentimentales y toda la mierda de su vida lo habían hecho olvidar algo fundamental, y es que él con cáncer o sin él, seguía siendo Shoyo. El niño que se había enamorado del voley y había cumplido todos los objetivos: Jugar hasta que su cuerpo no pudo más. Y ahora esa carta, era la prueba irrefutable que en alguna otra dimensión, él estaba allá en la cancha con Oikawa y Kageyama, mientras que algún otro pobre diablo se dejaba consumir por su depresión y miseria.

Masayoshi dio otro largo sorbo a su café, miró su reloj y una vez más a Shoyo, casi era hora de irse pero quería permanecer un poco más con el pelirrojo, llenarse de él y contar que estuvo así de cerca del que un día casi fue la estrella de Japón. Era de valientes llorar en público por algo que se ama con tal arrebato que a Masayoshi le pareció el momento más significativo de su trayectoria en el deporte. Pues algo sobre lo que habían discutido muchas veces el Director técnico y él era sobre la extraorfinaria antropometría de Hinata Shoyo.

El entrenador Masayoshi, al igual que Oikawa Tooru, había estudiado la universidad y egresó como médico del deporte, su especialidad era la antropología biológica en el deportista, específicamente la antropometría.

La antropometría es una subrama de la antropología biológica o física que estudiaba las medidas del cuerpo del hombre sin margen a error mínimo, sino exacto. El historial de cambios físicos, así como la resistencia y de este y las capacidades a las que son expuestos. En el caso de Hinata, Masayoshi veía algo particularmente interesante: Sus medidas durante la secundaria habían sido las promedio para cualquier japones, donde obviamente si se le comparaba con cualquiera de sus compañeros de equipo resultaba estar por debajo de la moda entre ellos que superaban el metro setenta, sin embargo, Hinata sin ninguna orientación ni preparación había logrado una capacidad de salto que además pudo continuar desarrollando incluso cuando sus medidas aumentaron a repasar el estandar que se pudo haber proyectado para alguien de sus dimenciones.

Masayoshi no pudo pasar por alto que Hinata ganara dos años consecutivos el reconocimiento al salto más alto dentro de la NCCA que no era cualquier liguilla de quinta, y verlo ahí, ligeramente avergonzado era como ver a su objeto de estudio más cerca de lo que jamás logró tenerlo antes.

—Gracias... yo... esto significa tanto para mí qué... —gimió y se cubrió la boca. Sus ojos deslumbraban dolor y alegría por igual, y Masayoshi pudo haber caído rendido por ese hermoso llanto de no ser tan viejo, el hombre negó rotundamente serio.

—Se lo digo a mis jugadores, Hinata-san, yo no les hago un favor, ustedes nos lo hacen a nostros al prestarnos sus habilidades... Deseo que lo de tu cáncer no fuese tan grave para poder renovar esa carta y entregarte una vigiente, que ahorita mismo te integraras pues yo hubiera abusado de tus habilidades hasta convertirme en un auténtico cáncer que no te dejará ni un segundo respirar —dijo con cautela y Shoyo se estremeció—. Pero la vida es cómo es, y quería que supieras que siempre te consideraré como uno de los prospectos más prometedores que quise en mie scuadra, en estos momentos, eres la pieza que me falta y que me seguirá faltando. Tal vez en uno o dos años llegue alguien más, pero nadie como tú... —el hombre se incorporó.

Sacó su billetera y Hinata se apresuró a sacar su dinero. Masayoshi negó.

—Pérmiteme invitarte este café, hinata-san —no sonrió en el momento en que dejó el dinero—. Gracias por apoyar a Tobio-kun y a Oikawa-san, tus consejos han sido útiles... también las observaciones que haz hehco para ambos... les haces entender cosas que ni yo, ni Kenichi-san podemos hacerles entender... —ahora sí sonrió y Hinata afirmó con el rostro aún húmedo sin dejar de abrazar su carta.

Estuvo a punto de irse y regresó a Shoyo.

—Hay ocasiones en que pensamos que solo hay una manera de vivir nuestro sueño... yo me lesioné y no pude volver ajugar pero ahora estoy entrenando y cada vez que mis chicos ganan siento la misma satisfacción y un orgullo inigualable porque sé que parte de ese triunfo también es mío, Hinata-san... —le dedicó una profunda mirada.

—Quizás tu milagro aún no se ha cumplido, quizás nunca llegue a ti, pero aún tienes la capacidad de convertirte en el milagro de alguien más... —el entrenador de la selección se quedó breves momentos en silencio. Sentía los ojos atentos de Hinata observarle—, cuando tú te conviertes en el milagro para alguien más, tu alma se vuelve más sabia y conoces una felicidad que pocos tienen la dicha de conocer...

...haz que el cáncer no se vuelva eterno vuélvelo sólo una condición secundaria de tu salud, y no tú estilo de vida. Si mueres un día... morirás con la dicha de que fuiste tú hasta el final.

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Esa tarde Hinata no quiso comer, Oikawa entendía que algo había pasado y le pidió a Kageyama que dejará a Shoyo apañarsela, una vez él estuviera listo, hablaría con ambos. Sin embargo eso no pasó sino hasta el día siguiente que con el rostro hinchado (de llorar o de dormir, o quizás del medicamento que no le había caído del todo bien) apareció a la hora de la cena, sacando un pote de helado para sentarse a horcajadas en una de las sillas del comedor, recargó su mentón del respaldo de la silla de madera y abrió el pote con cuidado, dio el primer bocado y suspiró aliviado que el frío el aliviara el ardor que sentía. Gimió con regustó y dejó el helado en la mesa pero no la cuchara que se quedó adentro de su boca. Miró a Kageyama y después a Oikawa.

—Vale —suspiró Hinata y su voz ligeramente ronca le seguía causando estremecimientos al mayor de la trieja—. Tuvimos una noche de sexo bastante interesante.

—¿Por eso no quisiste vernos ayer? —preguntó Tobio dejando de lado la cena para ver al pelirrojo.

—Qué sútil, Tobio-chan —agregó en voz baja Oikawa pero no contradijo a lo dicho por éste.

—No, fue por otros motivos... ponle un bajón —dijo entonces Hinata.

Los otros dos se miraron entre sí.

—Pero el caso es que tú estabas en algo con Atsumu-san —murmuró Hinata acusador.

—No estaba en algo, no me expliqué.

—Dijiste que te habías acostado con él.

—Antes.

—¿Entonces por qué te pegó Osamu-san?

Las voces de ambos comenzaban a subir y Oikawa pasaba su mirada de un lado al otro.

—Porque me acosté con Atsumu, antes... entonces Osamu es... celoso, qué sé yo... no planeaba casarme con él, ni mucho menos, sólo un encuentro casual. Salía con Ayame-san, pero... soy homosexual, ¿vale? —se rascó al nuca—. Estaba muy dolido porque te ibas a casar con Oikawa y...

—No tienes porqué darme explicaciones, Tobio —sentenció Shoyo—. Sólo quiero saber realmente qué ocurre aquí... quiero saber qué clase de relación tenemos.

—Tenemos una trieja, una relación abierta —dijo Oikawa.

—Yo no quiero una relación abierta porque... no quiero que vean a más personas —sentenció Kageyama.

—Lo dice al que le han partido la cara por acostarse con otro hombre —murmuró Hinata.

—Con lo que me refiero a relación abierta es que es una relación de tres... estoy de acuerdo con que Hinata esté contigo y creo que en medida tú también estás bien con que yo esté con él.

—Pero tú y yo no estamos juntos.

Oikawa rodó los ojos.

—Esa noche no pensabas lo mismo... —azuzó provocador el castaño y Kageyama gruñó en respuesta.

—Vale...entonces...

¿Formalizamos? ¿Quién se lo pide a quién?

—Ahora somos "Una pareja de tres" para que Tobio-chan lo entienda —un pedazo le lechuga se le estampó en la mejilla y suspiró—. Muy maduro, Tobio-chan.

Shoyo rió bajito.

—Por mí va bien.

—Lo mismo.

—Entonces, celebremos con jugo —dijo Tooru yendo por un vaso para Shoyo, lo sirvió y se volvió a sentar. Kageyama lo vio brincotear por la cocina y suspiró, en menudo enredo se estaba metiendo pero tampoco iba a decir que odiara mucho la situación, quizás en su juventud le hubiera parecido algo ilógico (más allá de lo abominable que podría ser para otros) pero ahora, calzando los zapatos que calzaba y estando parado donde estaba, le parecía lo más sensato. Oikawa, no podía negarlo, era bastante molesto, insufrible y una jodida Diva, pero la chispa que agregaba a todo, incluso a esas horas interminables cuando todo parecía consumirlo en la espera de noticias de los tratamientos o consultas de Hinata era el parloteo interminable de pláticas interesantes del castaño lo que le hacía alejar su cabeza de los malos pensamientos, su mano cálida a su espalda cada vez que la frustración lo invadía y la complicidad silenciosa cuando estaban de acuerdo en aplastar a alguien al otro lado de la red.

—Ya que estamos en esa —murmuró Oikawa mientras se incorporaba y sacaba de su mochila una carta arrugada, manoseada y bastante deshecha. La dejó sobre la mesa—. Me han invitado a jugar en Italia.

Hinata y Tobio entreabrierón sus labios con tal sorpresa que a Tooru no le extraño, jugueteó con sus dedos alteranando sus vidas.

—Yo voy a...

—Si vas a decir a rechazar te juro que te voy a abrir el cuello, porque nada más estoy buscando un mínimo motivo —amenazóel pelirrojo y Tooru bajó el rostro.

—No quiero que te conviertas en asesino, Sho-chan, pero tampoco quiero dejarte... —jugueteó con la carta el castaño—. Les había pedido unos meses... pero ahora creo que quiero platicarlo con ustedes dos, y es obvio que los tres sabemos lo que esto significa —miró la carta—. No planeo rechazarla —pudo ver alivio en el rostro de Hinata pero al mismo tiempo una pisca de tristeza—. Sin embargo he pedido que me den autorización hasta que salgan tus exámenes del siguiente mes... dependiendo de lo que ahí diga el resultado me iré o me quedaré... —rascó su nuca un poco contrariado—. Lo hablé con Iwa-chan y él me dijo que yo no te amaba como esperaba amarte ni tú mismo lo hacías como decías hacerlo, me enojé mucho y pensaba ir enojado pero... ya hemos estado perdiendo un montón de tiempo los tres entre mentiras, inseguridades y cuestiones absurdas —farfulló el colocador, tomó la mano de Hinata y la apretó—. Sé que amas a Tobio, eso jamás va a cambiar, así como no va a cambiar jamás que de verdad yo te amo, Shoyo...

—Yo no te amo, Oikawa-san —agregó al margen Kageyama tranquilo de que el enojo de Hinata ahora se dirigirera al mayor.

—Gracias, Tobio-chan, el sentimiento es mutúo pero... eres parte de mi familia, y como tal...

—Lo sé, no lo digas por favor.

Hinata y los otros dos rieron divertidos. El pelirrojo cogió la mano de Oikawa y la de Kageyama.

Hubiera sido una noche perfecta mientras ambos reían y comían, quizás ver una película peleando porque Oikawa tocaba con sus pies fríos los pies de los otros dos, porque por suerte no era necesario entrar en pelea campal por la película que verían, Tooru siempre tenía buen gusto y acababa por encantar la elección a los otros dos, así como confiaban en el paladar de Hinata para escoger la comida y en el buen juicio de Kageyama para las cuentas de casa. Shoyo y Oikawa ensaban que si Tobio fuera mujer sería una gran esposa. Kageyama odiaba ese tipo de comentarios. Sin embargo, todos esos planes y relajo quedó rezagado cuando al tratar de comer Hinata se sintió muy lleno, al grado que tuvo que correr al baño para abrazarse al inodoro y devolver incluso aquella comida que no había comido aún.

Había noches buenas donde los tres podían salir a pasear e incluso entrar al cine y comer algo. Y otras en las que Hinata simplemente era un tejido que se deshacía entre sus dedos. Oikawa le acariciaba la espalda tratándole hacer que ese episodio fuera pasajero, Kageyama limpiaba el rastro de vomito que el menor no pudo aguantarse.

Los medicamentos del tratamiento eran una perra y ellos estaban lidiando con ellas. No se lamentaban, definitivamente no lo hacían.

Cuando aquel asqueroso episodio acabó, Shoyo iba sonrojado hasta las orejas mientras era casi cargado por Oikawa por un lado, Tobio con la cama lista para recostarlo. Los tres volvieron a dormir juntos, Shoyo llorando en silencio contra el pecho de Oikawa y Kageyama masajeando su espalda para reconfortarlo. Había veces que hacer el amor no implicaba sexo y en que el sexo no implicaba amor.

Oikawa y Kageyama intercambiaron miradas y bajaron su mirada con la misma impotencia y frustración dibujada en ella.

Los siguientes dos días uno de ellos se mantuvo con el menor en cama, un día lo pidió Oikawa, el otro lo pidió Tobio. Para el tercero Shoyo estuvo mucho mejor y los dos pudieron ir a entrenar sin problema aunque con la inquietud de haber dejado a Shoyo, éste les envíaba mensaje al grupo que tenían los tres en Line cada hora haciéndoles saber que estaba bien, aunque el pelirrojo no entendía cuál era el caso si en realidad no podían revisar sus teléfonos durante los entrenameinto.

Su rutina regresó a la normalidad más pronto que tarde.

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La idea le rondó la cabeza varios días. Ni siquiera le comentó a Kageyama o a Oikawa sobre su reunión con Masayoshi y ahí con su cuerpo a salvo entre el cuerpo de los dos hombres que amaba viéndolos dormir a uno más tranquilo que al otro fue que tomó una pequeña decisión sobre su futuro que antes no había meditado mucho. Después de todo Oikawa se iría a Italia y Kageyama seguiría con el equipo oficial de Tokio y jugando para la selección. Ellos seguían su vida y él se empezaba a cansar de sólo esperar a la muerte pasivamente.

En dos días tendría una revisión, pero creía tener tiempo suficiente para preparar todo.

Por la mañana acompañó a Oikawa y a Kageyama a correr, les pidió que no se contuvieran él iría atrás. Los otros un poco incómodos de dejar atrás al menor aceptaron, obviamente la velocidad entre los dos seleccionados y el convaleciente era abismal, en algún momento había tenido el mismo ritmo que ellos, pero ahora, todo era distinto. No obstante solo por amor propio no se dejaría morir.

Regresaron dos horas después y lso despidió tras el desayuno que a la fuerza se atravesó, poco después lo vomitó y se forzó a comer algo más para no quedar en blanco. No iba a ceder ta fácilmente, por dios qué no lo haría. Cuando estuvo un poco mejor y con el pequeño desastre por fin limpio quedó frente a la MacBook tras acomodarla y tomó aire antes de encender el programa de grabación de la cámara frontal de la pantalla. Su Iphone grababa desde otro ángulo que había estudiado meticulosamente y según algunos vídeos tutoriales que vio en internet, y apenas la pantalla pasó del 3 al 2 y después al 1, puso la mejor de sus sonrisas. En la pantalla estaba el guión y comenzó sin pensarlo mucho más:

"Hola, amantes del vóley, es amantedelvóley09, quizás algunos me conozcan, quizás otros están poniendo cara por fin al tío que se las da de conocedor sobre vólley pero la verdad es que algo conozco sobre él"se rió y el timbre ronco producto de las exfoliaciones hizo un eco bastante curioso. De hecho, en Kanto, Nana-chan, una estudiante de tercero de secundaria que jugaba como setter mojó las bragas mientras le mostraba el vídeo a sus amigas, esa risa ronca era demasiado para sus jóvenes oídos. Una de ellas, de las amigas de Nana, más empapada en el deporte lo hizo viral entre sus contactos pues era ni nada más ni nada menos que Hinata Shoyo, el número 9 de los Bruins de la UCLA, antes jugador del Karasuno y ganador indiscutible del Grand Prix de Volley en Holanda. El tipo, si bien no era famoso, un tiempo fue bastante conocido por su admirable técnica áerea. Obvio que debía de compartirlo con la gente que en línea también eran seguidores del vólley, sobre todo porque las noticias que por si sola el blog escrito de "Amantedelvolley09" solían ser verdaderas, sus opiniones eran interesante, sin contar que la redacción siempre era entretenida. Ahora con un vlog y ver que el jugador seguía vivo y era el atractivo anfitrión sumó muchos puntos.

En el vídeo Shoyo hablaba sobre las cualidades que debía tener un verdadero deportista y daba consejos bastante prácticos, y de los que poco se hablaba para calentar, así como para los hombres los consejos para no sufrir de los molestos calambres en la entrepierna por llevar tanto tiempo apretados el pene y los testículos.

"Las señoritas me han de disculpar, pero esto es un problema real. Me encantaría hablar sobre la incomodidad de los senos pero..." Shoyo se tocaba el pecho en el vídeo. "No tengo unos de esos".

Tetsuya, en Okinawa no paró de reír junto a su hermano Mitsuki que también veía el vídeo en la tablet de éste. Ambos jugaban en el equipo de voley de su escuela y estaban en pleno descanso.

—Por dios, éste tío es un genio —se rió ruidosamente Mitsuki.

—Voy a intentar lo del pene —dijo seriamente Tetsuya.

—Ni la tienes tan grande —se burló Mitsuki.

El vídeo duraba alrededor de catorce minutos y la edición era básica, algunas escenas de ejemplificación y algunas palabras aparecían escritas, pero tal cuál estaba, así de simple sin nada de arreglo era perfecto. Lo dinámico era que a veces alternaba a la cámara frontal y a veces a la lateral por ejemplo:

"Y recuerden chicos, si ese balón no es para ti... corre pero no te atravieses en el camino del otro rematador" de pronto giró su mirada hacia la cámara de su teléfono que le grababa el perfil. "Es en serio, muy en serio, es incómodo y bastante bochornoso cuando chocas...". Volvía su mirada al frente.

Rin escribió:

Como la vez que Tomo chocó con Hiawatari. HAHAHAHA LOOL, tuvieron que haber visto este vídeo antes.

Hiawatari escribió:

Hahahahah, ChiikaTomo Te hablan.

Tomo escribió:

Los odio a los dos.

El vídeo finalizaba con Shoyo sonriendo de fondo se podía ver la pared de su habitación donde tenía su uniforme de Karasuno enmarcado junto con una fotografía de todo el equipo y abajo una copia del reconocimiento oficial por el campeonato que él había jugado, junto con el mismo tratamiento el uniforme del Horizon donde fue jugador interino y, obviamente, cómo no, el de los Bruins. Además varios reconocimientos y fotografías. "Si ven este vídeo, les gustó y fue útil, compartánlo, si no... pues... " meditó seriamente sus palabras y afirmó. "¡Gracias por verlo!".

La sonrisa al final era lo mejor, era tierna y al mismo tiempo bastante atractiva.

El vídeo lo había subido a un servidor especializado como era YouTube con los tags correspondientes sin embargo lo incrustó en el blog que llevaba en Wordpress, le puso subtítulos en inglés por si a caso, y se fue a dormir.

No le prestó mucha atención a las notificaciones de su teléfono porque usualmente le llegaban constantemente de entradas antiguas al blog, o simples "cerezas" (que eran los votos de los usuarios de su blog por entrada), sin embargo fueron dos días después de regresar de trotar, comer y luego vomitar para limpias que decidió escribir otra entrada pues las olimpiadas ya estaban en la puerta de casa.

Sus ojos se abrieron con desconmesura mientras que su mouse no llegaba al final de los comentarios en el vídeo, cuando revisó su correo se dio cuenta que en YouTube la cuestión era bastante similar. La caja de comentarios superaba los mil, y las vistas rondaba las mil y pico. ¿En qué momento ocurrió eso? Gimió empezando a revisar. Había como setecientos y fracción de "me gusta" y unos cien "No me gusta". ¡¿Pero qué valía?! Revisó varias veces y se fue directo a las estadísticas, había sido compartido varias veces tanto en Facebook, Instagram, Tumblr y Mixi.

Por los dioses, algo en él se sintió cálido sobre todo cuando la mayoría de los comentarios preguntaba la misma cosa:

¿Cuándo vas a subir nuevo vídeo?

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Cronopios de la autora: ¡Qué hija de puta! No actualiza en un mes y la wna actualiza dos veces la misma semana tirando a quemarropa al final. Pues sí, soy una wna y no me importa. Hahahaha. En dos semanas estaremos leyendo el epílogo de esta historia. Porque solo nos quedan tres capítulos y los tengo listos para subirlos. Pero me regozijo en sus comentarios. Así que quiero disfrutarlos un poquito más.

Le contaba a una amiga que quiero pero no quiero terminar porque de verdad que he disfrutado horrores el escribir esta historia. No tienen una idea, sobre todo este capítulo ha sido, uff, lo mejor de la vida, por algún motivo ver que los niños de alguna manera encontraron paz pues.. rico. Quienes me han preguntado: Lloraremos con el final. Pues depende. Yo estoy llorando desde ahorita hahaha. Pero sé de alguna manera que les va a gustar, y si no le gusta, pues igual, sé que al menos no les va a dar igual.

Muchas gracias por su apoyo, estaré respondiendo los mensajes en estos días y espero de todo corazón estén disfrutando como todo se ha ido resolviendo. De verdad planeo escribir alguna especie de secuela o segunda parte, pero... creo que me tomaré un descanso de las aventuras de estos nenes, y cuando esté lista pues, les estaré anunciando la pareja y el nombre.

¡Gracias!

¡En serio!

¡Estoy llorando del amor que le han dado a Las Mil Plumas del Cuervo!

St. Yukiona

Quien los ama con sus ojitos cansados y sobre todo su páncreas que ya no le está funcionando hahaha.