Cronopios del autor: Gracias por leerme.
ADVERTENCIA: Yaoi.
Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, Haikyuu! no es mío, ojalá lo fuera.
.
.
.
Las mil plumas del cuervo
Por St. Yukiona.
.
.
.
Tribute
.
.
.
En el cielo había una cometa naranja de larga cola roja que se mecía con el violento viendo que azotaba esa mañana de diciembre en la zona de Miyagi, a Hinata le hacia pensar en un ave fénix e intentó cogerla alzando su mano, extendiendo lo más que pudo su brazo pero rió ante el estúpido pensamiento de que podía hacer algo así. Alguien debía estarla pasando de maravilla jugando con una cometa aunque estaban en plena helada pero las ventizcas de las heladas en aquella región eran más fuertes que las de primavera y el ambiente era más propicio para jugar, a Hinata le parecía preciosa la escena de un manchón de color vivo con un color gris de fondo. En cualquier momento iba a nevar y el frío se le colaba hasta en el pensamiento. Volvió su mirada hacia el interior de la casa de sus padres aún había gritos por todos lados, ni siquiera sabía porque estaba él en medio de esa situación, o peor aún, porque Kageyama y Oikawa se encontraban ahí.
Había recibido una llamada muy temprano de parte su madre entonces se tuvo que movilizar a Sendai en auto porque no había salida inmediata. Al ver la situación tanto Tooru como Tobio se subieron al auto con él y conducieron como locos por las frías carreteras interestatales.
A medio camino, Tooru fue el que recibió ahora una llamada de parte de su hermana, después de parte de su madre y por último de parte de su sobrino.
—Deberías entrar —dijo Kageyama mientras salía al patio trasero para dejar una manta sobre los hombros de Shoyo que le agradeció con una débil sonrisa agotada.
—Si entro voy a matar a alguien —rezó Shoyo con la tranquilidad que la enfermedad le había dado. Así como un premio de consolación por haber sido dotado de algo tan horrible como un cáncer. Y lo agradecía, totalmente. Cogió ahora la taza con leche humeante que le ofrecía el menor.
Se escuchó algo romperse en el interior y ambos giraron su mirada encontrándose a Tooru llevando de los hombros a la mamá de Shoyo que se había puesto pálida y seguía llorando. El pelirrojo se rascó la nuca y volvió sus ojos hacia el cielo gris.
—Natsu-chan ya está grande de cualquier modo —murmuró el pelirrojo.
—Aunque lo digas de ese modo, son mayores pero... siguen siendo jóvenes, Shoyo.
—Natsu tiene 17, Takeru 21 —dijo el pelirrojo con una sonrisa bastante simple—. Cuando me pediste que huyera contigo tenía... —hizo cuentas—. Tenía apenas un año más que Takeru —agregó con una sonrisa—. Y me iba a casar con Tooru-kun con dos años más de los que tiene Takeru así que... quizás si es joven pero no tanto como los quieren parecer ver... Natsu no es una chica estúpida y dudo mucho que esto fuera producto de sus hormonas...
Ambos miraron al interior donde la abuela y madre de Takeru parecían seguir discutiendo con el padre de Shoyo. El pelirrojo dio un par de palmadas en el hombro del menor mientras que entraba cerrando detrás de él la puerta corrediza, se sacudió el frío del cuerpo y las miradas se centraron en él, pero éste siguió de largo hasta sentarse en un de los sillones disponibles observando mejor la escena.
—¿Cuál es el problema? —intervinó pues su padre iba a volver a discutir—. Takeru-kun está acompañando a Natsu-chan, los chicos saben que lo que hicieron fue irresponsable pero tarde o temprano iba a ocurrir: Natsu-chan se iba a casar y tener hijos, y Takeru-kun igual.
—Shoyo, tú no eres el indicado para hablar de esto —señaló su padre y la mirada indignada de la familia de Oikawa lo acusaban de lo que ya se sabía y era el gran elefante en la habitación cada vez que él se aparecía para tratar de opinar.
—Las decisiones que yo tomé en su momento fueron con un propósito.
—Y al final decidiste volver con Tooru ¿Qué pretendes? ¿Seguir jugando? —acusó Sakura, la hermana mayor de Oikawa—. ¿Sabes todo lo que sufrió mi hermano? ¿Sabes por todo lo que pasó? No quiero que mi hijo quede emparentado con...
—Sakura-neesan —habló Tooru desde el umbral que daba a la cocina—. Lo mío con Shoyo es un tema punto y a parte, que ahorita no está a discusión, ni debe de importarle a ustedes... —dijo con seriedad—. Si ahora estamos juntos es porque nosotros queremos, y no es algo que de verdad les importe —prosiguió, la mujer estuvo a punto de abrir la boca pero Tooru caminó hasta donde la pareja—. Takeru, te acabas de convertir en un hombre.
—Tooru —quiso hablar Sakura pero Tooru negó.
—¿Qué planean hacer? —preguntó con seriedad mirando a Natsu que sollozaba y Takeru temblaba por completo, pero sus manos estaban aferradas la una a la otra—. Hay muchas opciones que pueden considerar —su voz fue más suave, él sabía lo que era tener que enfrentar responsabilidades. Aún recordaba con un poco de pánico el día que se plantó delante de su madre y hermana para decirles: Amo a un hombre. Ahora Takeru pasaba por un calvario similar, y aunque estaba bastante frustrado por ese sobrino al que veía como un hijo porque hubiera deseado que las cosas fueran distintas, estaba orgulloso que se encontraba ahí sentado en la sala de los Hinata aguantando muerto del miedo la responsabilidad.
Takeru vio con ojos repletos de pánico a su tío, después a su suegro, a su abuela, su madre y por último a la madre de Natsu que estaba en parada en el marco de la cocina con su mano aferrada a la pared. Aún sollozaba. Sus ojos castaños se giraron hacia su novia. Aún era mayor de edad pero en poco tiempo sería mayor de edad, justo para dar a luz. Lo habían discutido durante largos días desde que a ella le notó que faltaba la regla y ambos fueron hasta el centro de salud de una ciudad vecina para proteger la integridad de ella. Al dar positivo fue lo mismo que se preguntaron: ¿Qué vamos a hacer?
—Queremos tenerlo —dijo Natsu.
La casa volvió a tronar en gritos y maldiciones. Las acusaciones entre una familia y otra iban. Natsu seguía llorando. Tobio seguía afuera en el patio, no era bien recibido ni por los Oikawa ni por los Hinata (según ambas familia era el culpable de que la boda no se llevará acabo). Shoyo volvió a suspirar, estaba muerto de cansancio sin contar que el aire frío de la temporada era una patada en los huevos para sus pulmones a los que se les dificultaba obtener el aire por la garganta que se cerraba gracias a las exfoliaciones.
—Mierda... —murmuró mientras tocía suavemente.
Parecía que cada segundo la pelea subía decibeles. Los gritos de los Oikawa, el de su padre, el llanto de su madre, el de Natsu y los dientes que chirriaban de Takeru junto con Tooru que también contribuía a todo ese pequeño gran circo. Shoyo volvió a tocer flexionándose hacia el frente y el suelo se precipito. Ah. Odiaba la sensación de vértido. Sus manos apretaron los descansos del silloncito mientras que Tobio entraba de golpe empujando a la madre de Tooru y al padre de Shoyo para tratar de sostener a Shoyo que estaba ya en el suelo.
Había olvidado que parte de las contraindicaciones del medicamento para el tratamiento del cáncer era la pérdida de la inconsciencia ante arritmias ocasionadas por momento de estrés. Más especificamente, por momento de estrés resultado de que tu pequeña hermanita saliera embarazada del sobrino de uno de tus amantes. Genial, ¿no?
.
Obviamente la prioridad en ese momento fue otra.
De tener el ruido del mundo metido en su cabeza después todo se volvió silencio absoluto. También el silencio del universo ahí, al grado que era insoportable y lo obligó a abrir lentamente los ojos. Sakuraneechan revisaba el suero a su lado, y rápidamente los sentidos de su cuerpo se activaron como si hubieran parecionado un botón de reinició forzado. Se quejó llamando la atención de la mujer que enfundada en bata blanca y gafete eléctrico le observó con seriedad.
—No tuviste que haberte movido de Tokio si estás en pleno tratamiento, Shoyo-san —advirtió con la voz clínica y fría que tenían todos los médicos.
—Era mi hermana... de la que hablabamos, Tooru hizo lo mismo —masculló el pelirrojo dándose cuenta que estaba en un hospital, sí, era un hospital los colores fríos y estériles le delataban, sin contar el olor a cloro y médicamento.
—Sí, pero Tooru no tiene una segunda recaída en cáncer —farfulló la mujer haciendo anotaciones en su tabla.
—Bueno, hubiera hecho lo mismo aunque tuviera cáncer, le faltara una o las dos piernas... para Tooru primero está su familia —inquirió nuevamente y cerró los ojos.
La mujer semisonrió pues simpatizaba con esa idea. Ella sabía mejor que nadie lo aguerrido que podía ser su hermano. Se sentó en una sillita a lado de la cama.
—Tooru te justificó de muchas maneras cuando ocurrió de la boda —dijo en un tono bajo—. Este no es lugar para hablarlo pero después de no habrá oportunidad, no con todo lo que está ocurriendo... por lo visto el destino de los Oikawa es que terminen de alguna u otra forma emparentados con los Hinata.
Shoyo rió sin voz y negó.
—Está bien... para mí el hospital es como un segundo hogar, Sakuraneechan —inquirió con voz suave—. Me siento más cómodo aquí, en casa no tengo tanta libertad como la tengo aquí —dijo en cierto tono irónico pero sincero, sus ojos avellana observaran el rostro maduro de la mujer. Era hermosa, muy lista y su gesto denotaba esa extraña certeza de promesa que no podía explicar el hombre.
Sonrió de medio lado la mujer ante el comentario y acomodó un mechón de cabello castaño cruzándose de piernas, la tabla sobre su regazo.
—¿Decidiste no casarte con Tooru por el cáncer, cierto?
Shoyo suspiró.
¿Qué caso tenía negarlo?
—Fueron los primeros cultivos los que delataron la situación... no quería arrastrar a Tooru a una vida así pero... —alzó los hombros: "ya ves...".
—¿Y Kageyama Tobio?
Shoyo negó.
—Un año antes de la boda con Tooru, Tobio me ofreció huir con él pero... la realidad es que aunque lo amaba nuestro tiempo había pasado, en ese momento creí que iba a poder tener la casa con los perros y un patio para jugar volley toda la vida a lado de Tooru pero... el cáncer te hace miserable a los ojos de los demás, y los demás se vuelven miserables en el proceso... lo he visto con otras familias, lo he visto con algunos amigos y pacientes... mi familia supongo que se acaba de enterar pero era algo que quería para mí... para nadie más...
Sakura observó en silencio a Shoyo y bajó el rostro, a pesar de que no podía perdonar el sufrimiento que causó en su hermano, sentía empatía por él. Después de todo ella veía en el hospital esas escenas de las que el pelirrojo hablaba. Ella era firme creyente que la eutanacia era un regalo de vida, así como el negarte a recibir algún tratamiento. A veces alargar la vida de una persona enferma era más tortura que la enfermedad misma y ella sabía sobre ello.
Talló su muñeca izquierda y se incorporó.
—Bueno, ahora los tienes a los dos ¿no? —sonrió de medio lado mientras daba un par de palmadas en la pierna a Shoyo—. Estás sufriendo de una deshidratación, además de que traes pus en las cuerdas vocales, probablemente alguna de las heridas de la exfoliación no cicatrizó como debería, sólo será cuestión des raspar mediante otra exfoliación... estarás internado en observación uno o dos días y después regresarás a Tokio, tu oncologo y médico de cabecera determinarán que hacer con lo de la pus —Sakura bajó la mirada y la alzó—. De haberte quedado, Shoyo-san, la familia te hubiera apoyado, lo que hiciste no está bien, y te odio un poco por eso —dijo sinceramente—. Pero de alguna manera eres la persona que ama mi idiota hermano y si estar contigo es lo que lo hace feliz... entonces trataré de aceptarlo —apretó la tabla contra su pecho—. No me hagas odiarte más, por favor.
Shoyo suspiró y sonrió casi de inmediato.
—Sakura-neechan.
—¿Sí?
—Natsu-chan y Takeru-kun, su bebé... sólo es un tributo a su amor, no seas duro con ellos... viví con miedo mucho tiempo. No les quites el sueño a ellos.
Sakura enarcó la ceja y suspiró.
Un tributo al amor.
Extraño.
Segundos después ella cerraba la puerta de Shoyo detrás suyo y caminaba hacia su oficina, se las había dejado a su madre, la mamá y el papá de Shoyo, que al parecer tenían una plática muy movidita con Kageyama Tobio y su hermano menor. En el pasillo Natsu hablaba con Takeru y por dios, qué clase de comedía era esa. No quería verse involucrada en la forma en que sus padres educaban a sus hijos, por el momento tenían las manos llenas con esas ideas liberales que a ese trío se le había metido en la cabeza, y aunque algo se había imaginado desde el principio nunca pensó que realmente se iba a llevar a cabo semejante cosa: Una trieja. A ella no le cantaba el pájaro de ser de pensamiento tradicionalista, era relativamente joven y había estado en relaciones abiertas pero siempre de la puerta de su casa para afuera porque tenía un hijo por el cuál responder y esas personas con las que salía no buscaban nada formal. Era madre soltera por decisión y amor propio, quizo tener un hijo y lo había tenido, no "salió embarazada", ni "fue embarazada y dejada", ella buscó al hombre que le gustaba, se acostó con él y nació Takeru, nada de romanticismo ni de historias trágicas ni mucho menos, franqueza y libertad, así que respetaba el camino de su hermano.
El resultado de la actitud de Sakura nacía de la crianza siempre audaz y hasta rebelde, liberal, de su madre donde motivó a sus hijos a ser sensibles y atentos con sus propios deseos: no tienen que satisfacer a nadie más, sólo a ustedes mismos. Quizás por ese pensamiento la obseisón de ser el mejor constantemente de Tooru hasta el punto de dañarse en el trayecto y volverse el patán que muchos creían era, y que Sakura sabía era su hermano, pero en el fondo no era así de forma consciente.
Por otro lado estaba el asunto de que la familia de Shoyo había aceptado abiertamente la homosexualidad de su hijo, incluso mejor que cualquier familia conservadora japonesa, sin embargo, una cosa era aceptar que tu hijo no te dará nietos, y otra saber que se acostaba con dos hombres.
Sakura tomó asiento junto a su hijo y su nuera sin decir palabra, ambos tenían la mirada clavada en la austera pared frente a ellos. Takeru había sido un chico muy responsable y centrado, pero seguía siendo un humano, uno que a veces tropieza y cae, pero que también se podía levantar.
—El problema no es que hayan salido embarazados —dijo después de un rato de silencio—. El problema es que son muy jóvenes —comunicó con voz suave y los chicos miraron a Sakura.
Su rostro aún joven presentaba un par de arrugas y bolsas de desvelo debajo de sus ojos por los turnos que tenía en el hospital, era encargada de la zona de emergencia y de vez en vez le tocaba cubrir turno para que sus empleados descansaba.
—Lo sie-
—Nunca te disculpes por haber traído un bebé al mundo —comentó ella seria—. Un bebé quizás no sea tu bendición pero si la bendición de alguien más, el milagro para un amigo, la esperanza de una esposa... muchas veces venidomos al mundo no para ser hijo de alguien, sino para cumplir la función de amigo, hermano, amante, esposo, esposa, maestro o alumno de alguien... no se crean especiales por el bebé, sientanse especiales cuando el bebé tome sus decisiones de forma correcta producto de sus errores, ahí siéntanse especiales chicos —palmeó la rodilla de su hijo que ya era un hombre, ante sus ojos se volvió en un hombre cuando se plantó delante de ella y su abuela para decirles: Embaracé a Hinata Natsu. Se sintió orgullosa y asustada, pero ahora sólo permeaba el orgullo.
—Madre...
—Deberán trabajar muy duro chicos, y después agradecer a Shoyo, de no haber sido por su desmayo quizás los dos estarían llorando —se incorporó la mujer y caminó a su oficina, ya había sido suficiente tortura para aquel par.
La pareja de novios se miraron y apretaron más fuerte el agarre de sus manos, la mano libre de ella acariciaba su vientre aún plano como si pudiera sentir algo, y Sakura se quedó con esa imagen, antes de entrar a su oficina sin avisar, la mirada de todos se fijó en ella que se escurrió hacia una esquina. Quería un cigarrillo y Kageyama volvióa bajar la mirada. Dio una vista general de la situación y notó a su madre y al madre de Shoyo llorando, el señor Hinata alterado y el ambiente era pésimo, antes cuando había interrumpido para avisar que Shoyo estaba bien pero no podía recibir a nadie, sobre todo porque ninguno de los presentes se encontraba en condiciones, cada una de las personas involucradas en el problema se encontraban muy alterados gritando y quejándose.
—¿Y qué planean hacer entonces? —exigió saber la madre de Tooru que estaba dispuesta a volver a abofetear a su hijo—. ¡Dime! —gritó otra vez y Tooru respingo en su sitio cabizbajo.
—Me voy a quedar con Shoyo.
Al final Tooru había confesado que lo más conveniente para él, fue que Shoyo lo dejará en el altar pues... no quería que su carrera se viera involucrada con una vida a lado de un enfermo terminal, se tragó el cuento de que se había acostado con Kageyama y admitió, también, delante del implicado principal, los padres de Shoyo y su madre, que él era muy consciente que Shoyo no le fue infiel.
—Sólo tuve miedo —azuzó y fue cuando la mujer le atravesó el rostro, por primera vez, con una bofetada que le hizo girar el rostro. Ella no había educado un hijo cobarde y ahora... y ahora ocurría eso. Se disculpó con los Hinata y la cara de vergüenza se le cayó también a ellos al enterarse ahora, que su hijo volvía a pasar por una guerra silenciosa donde la trinchera estaba ardiendo con amenaza de extinguir todo lo que se había logrado salvar la primera vez.
—Vale —habló Sakura tras la intervención de su hermano, y acomodó su bata tratando de llamar la atención de todos—. Shoyo deberá regresar a Tokio para su tratamiendo, Shoyo no quiere someterse a cirugía y creo que es lo más conveniente —dijo ella sincera revisando sus anotaciones y los papeles que le habían enviado por correo de forma rápida desde Tokio tras la pequeña crisis que Shoyo había tenido—. Si es cáncer recurrente entonces no tiene caso sacrificar la voz de Shoyo si solo es un remedio temporal.
—¿Osea que no tiene cura? —preguntó la madre de Shoyo.
—Hay casos de pacientes que se logran salvar de un cáncer recurrente, así que tenemos posibilidades —oficialmente ella no era familiar de Shoyo, así que le habían permitido ser quien le atendiera durante esos momentos, no obstante se sentía íncomoda dentro de esa situación con la mirada suplicante de su hermano que esperaba con ansiedad que de su boca saliera alguna buena noticia, pero la verdad es que no tenía nada que decir—. Deberíamos pensar en la radioterapia como auxiliar a las exfoliaciones que ya se hicieron, junto con la radioterapia... tendría que venir la quimioterapia y lo más recomendable es que Shoyo ya no viva solo.
—Vive con nosotros de cualquier modo —dijo Tooru.
Tobio negó.
—Tienes que irte a Italia.
—¿Italia? —preguntó la madre de Tooru.
Kageyama le regaló una mirada al castaño para que hablará.
—Me han fichado para trabajar en un equipo italiano, madre...
Y la oficina quedó en silencio.
.
Aquella conversación quedó en un desagradable acuerdo de que después se seguiría hablando al respecto de todo lo que estaba pasando al mismo tiempo. Tooru parecía ser el más afectado, el más enfermo y desesperado: Italia, su sobrino, su madre, Shoyo, la selección, la prensa. Todo parecía girar constantemente y de prisa. Sus manos al volante y Shoyo durmiendo en el asiento de atrás. Kageyama a su lado en silencio mirando por la ventana. Era de noche y estaba nevando muy suavemente, parecía una escena sacada de algún cuento de navidad norteaméricano, las luces de los faroles delanteros iluminaban ciertos metros delante del camino pero aún sin ellos Oikawa estaba seguro de conocer a la perfección ese camino, lo había recorrido tantas veces a tantas horas y en diferentes momentos que no había tramo que se le perdiera ni siquiera en la espesura de esa noche.
Habían sido dos días enteros en el hospital, y la familia Oikawa y la Hinata parecía volver a unirse. En realidad el problema no era en primer lugar con los señores Hinata sino con el hijo que Tooru había hecho parecar como un jodido infiel. A todo eso, los malos entendidos se resolvieron y todo parecía ir bien entre ellos, pero desde luego buscaban más explicaciones y soluciones, soluciones adultas y no estupideces de adolescentes seudo-enamorados, además de que el asunto de la trieja les pareció una aberración total.
—¿Cuándo debes de irte? —preguntó Tobio mirando por la ventana.
—A mediados del próximo mes, faltan dos meses para que inicie la liga allá pero, debo de entrenar con el equipo y buscar donde vivir, esas cosas —respondió Tooru—. Aunque, no lo sé... es difícil... y la condición de Sho-chan.
—Shoyo se sentirá peor si te quedas —Kageyama no solía hablar mucho, al menos no cuando era un tema serio, siempre prefería quedarse callado y cuando estaba seguro de lo que iba decir, tras mucha contemplación es que abría la boca, pues era consciente que sus opiniones muchas veces estaban empapadas de su propio instinto y muchas veces ese instinto no era ni lo más justo ni lo más necesario. Sin embargo, los ojos zafiro vislumbraron una sonrisa derrotada de Tooru que al volante no podía despegar los ojos de la carretera, pero estaba seguro que de haber podido hubiera volteaod a verlo con esa mirada arrogante y sabelotodo un poquito decepcionada de que Tobio tuviera razón.
—Te odio, Tobio-chan.
—Hmp, respeto el sentimiento.
Era su forma de decirse que se querían, y eso estaba bien.
Shoyo entreabrió la mirada y sonrió con ellos, los dedos cuidadosamente tratados de ambos colocadores se entrelazaron en la palanca de cambios del vehículo. Esa escena le pareció hermosa al que un día fue rematador.
.
Night and day
Under the hide of me
There's an, oh, such a hungry yearning burning inside of me
And its torment won't be through
'Till you let me spend my life making love to you
Day and night, night and day
Lo ocurrido en Miyagi solo había sido un desmayo producto de la fatiga y la debilidad propia de la enfermedad en conjunto del estrés del momento, mismo momento que de pronto había dejado de tener importancia pues ahora toda su atención estaba en los hijos mayores que al parecer de los padres estaban haciendo estupidez tras estupides pero que al trío bien poco le importaba, Shoyo ni siquiera quiso preguntar qué era lo que había ocurrido y ni porque de pronto iban a pasar todos juntos año nuevo en casa de la familia Hinata. Le pareció bien, pero al mismo tiempo algo irreal. En pocos días tendrían que volver a viajar hasta Miyagi para la celebración, pero de momento les parecía bien celebrar el cumpleaños de Kageyama que sería en menos de una semana, por desgracia, por esas fechas estarían bien ocupados por la concentración.
Por lo cual la trieja, aprovechando el buen humor y la condición momentáneamente saludable de Shoyo, decidieron ir a festejar el cumpleaños del moreno, muy en contra de éste pero al ver el ambiente y la íntimidad que representaba se sintió contento de haber aceptado, pues no era un antro escandaloso y sofocado de multitud, tuvo que admitir que se había equivocado y de saber que sería en un bar como aquel hubiese aceptado de inmediato sin hacerse tanto del rogar, pero de pensar en Oikawa y fiesta, Kageyama siempre pensó en música estridente, alcohol y mucha piel por todos lados, ahora, en cambio, estaban ahí sentados en la mesa circular de un bar con temática jazz, velas que daban un aire bohemio y un grupo reducido de personas que estaban inmersos en sus propios pensamientos. El olor a viejo contenido con esa estela que deja el aire de cigarro de muchas noches pero que ahora es prohibido y solo queda el recuerdo de lo que un día fue.
Los ojos avellana de Oikawa estaban pegados a la imagen de Daichi y Yui que bailaban en la pista abrazados. Asahi hacía lo propio con su pareja mientras que Iwaizumi junto con Matsukawa y Hanamaki veían todo en silencio, era tan raro, qué va de raro, era surreal ver a Oikawa Tooru sentado en la misma mesa que Tobio haciéndole bromas casuales y éste bufando y a veces, sólo a veces esbozando alguna sonrisilla de medio lado. Debajo de la mesa sus manos se encontraban y rozaban, mientras que para los otros que alguna vez fueron del Karasuno y que ahora acompañaban a Tobio en su cumpleaños número 25 no dejaban de observar entre horrorizados y asustados que Hinata hablaba con Tsukishima sobre literatura y la música que sonaba alto. Todos estaban sumergidos en un mundo paralelo donde todo estaba al revés.
Habían utilizado el cumpleaños como excusa para reunirse, estaban todos solo faltaba Sugawara que estaba fuera del país haciendo estudios especializados y envió una disculpa junto con una bonita fotografía de Suiza, al parecer su modo de superar la realidad de que Daichi ya había hecho su familia era esa, yéndose a otro país, porque por lo visto todos sabían lo evidente menos el propio moreno quien lucía bastante feliz, y a ciencia cierta era una batalla perdida porque en todos los años conviviendo Daichi solo había sido el buen amigo, el mejor, jamás nada más, ni siquiera cuando hubo insinuaciones y Sawamura de la mejor manera posible dijo: Te quiero y te respeto, Koushi. Y ahí supo el cenizo que todo estaba perdido.
—Venga... ¿entonces por qué estamos aquí si es más como una reunión de Karasuno generación 2015 con temática de Ella Fitzgerald? —susurró Makki mientras empinaba su segundo Barbás del diablo, una bebida a base de ron y coca-cola que sabía demasiado bien, según a palabras del que ahora llevaba el cabello teñido de morado, quería regresar al rosado de la preparatoria pero quería durar un poco más de tiempo con el morado que según Matsukawa le iba bien. Esos dos vivían juntos desde hacía más o menos siempre y nadie lo veía mal porque era natural que lo hicieran después de todo, se habían visto huérfanos cuando Iwaizumi decidió irse a vivir con su novia y Oikawa decidió que eso era traición, pero después Oikawa estuvo a punto de casarse y ahora, al parecer, dormía con dos chicos. Lo cual era aún más raro pero para Makki y Matsun estaba de pronto correcto, porque ellos no juzgaban, ellos apoyaban a la felicidad aunque Iwaizumi ahora actuara como si Tooru estuviera traicionando la amistad.
—Si serás bruto —azuzó Matsukawa—. Porque por más guay que sea Oikawa siempre necesita de su trío de idiotas para sobresalir, somos algo así como los extras que requieren los actores en las pelí para verse más geniales... ya sabes los extra que mueren como seis veces en la lluvia de balas pero milagrosamente el prota no muere...
—Ya —asintió el de cabello morado.
Hajime puso los ojos en blanco, él sabía que había sido arrastrado hasta ese punto porque era su forma de decirle: Mira Iwa-chan, estoy bien, ya te supere. Pero en el fondo, de modo muy egoísta el moreno esperara que no lo hubiera superado, porque había sido un pendejo y se arrepentía pero ahora tenía lo que tenía y aunque dolía, ver la sonrisa sincera y lo amable que de pronto se había vuelto el idiota de su amigo, le alegraba y le hacía sentir tibio el corazón. En sus años junto a él jamás logró que Oikawa se responsabilizara de sus travesuras o dijera gracias o dijera perdón una sola vez porque siempre estuvo él para limpiar el desastre pero... pero ahí sentado a lado de Kageyama Tobio, enviando sus miraditas de advertencia a Tsukishima que de pronto parecía cercano a Shoyo, sabía que la vida tenía una sonrisa para todos.
—¿Qué no bailas, Iwaizumi-san? —de pronto tuvo a Shoyo casi sobre él que estaba un poco más alejado de la pista, le ofrecía la mano y la enorme sonrisa que iluminaba el lugar un poco más que el resto de las veladoras dispuestas en lugares estatégicos.
Aún con su rostro delgado y las ojeras que se adivinaban debajo de ese par de ojos caoba, Iwaizumi podía aceptar abiertmente que Shoyo se había convertido en una persona atractiva, y era obvio que ese era uno de los motivos por los cuales Tooru salía con él, Oikawa no solía frecuentar gente fea y aunque el Tooru de ahora fuese más tolerante en apariencia, seguramente la manía por la gente fea seguía afectando inconscientemente.
—Lo siento, Sho-chan, Iwa-chan creció en la calle y no baila, su mamá tuvo que contratar a un entrenador de perros para enseñarle a vestirse —bromeó Oikawa desde el otro lado de la mesa donde los otros exjugadores no pararón de reír entretenidos, Hanamaki y Matsukawa hicieron lo propio alejándose porque lo más probable es que Iwaizumi reventara como de antaño, de pronto no eran hombres de casi 30 años, eran adolescentes de 18 o 19 años jugando en los vestidores o en algún McDonalds—. Ni te cuento lo que tuvieron que hacer para enseñ- —la palabra se quedó a medias cuando un limón partido por la mitad le dio justo en la frente y todos se volvieron a reír. Iwaizumi se había parado arrastrando al pelirrojo hacia la pista de baile.
Shoyo por poco tropezaba pues todo fue demasiado rápido pero chocó contra el pecho firme del moreno que le sostuvo fuertemente contra él, no se complicó demasiado la vida en realidad, al ser el primero en reaccionar, fue el primero en asumir la posición masculina en el baile y Shoyo tuvo que asumirse como una chica. Aunque fue cómico al principio y todos empezaron a reír y hacer burla, incluso Asahi y Daichi se sorprendieron emocionados, poco después la imagen de Shoyo bailando con Hajime a Tooru se le antojo preciosa, mística, única.
Se mecían al compas de Nina Simone, que resultaba ser una de las cantantes favoritas de Hinata, el pelirrojo se había dado a la música de jazz norteaméricana para mejorar su inglés, sobre todo la pronunciación y había funcionado, por otro lado ninguno de los dos hizo contacto visual con el otro. Sólo se movían por la pista, muy contrario a lo que parecería Iwaizumi sabía bailar, sabía moverse.
—Mi exnovia bailaba, así que aprendí —dijo de pronto la voz ronca y varonil de Hajime. Shoyo alzó la mirada.
—Justo eso pensaba —dijo sincero el menor sonriéndole, sosteniéndose firmemente del hombro ancho y fuerte del mayor. Era una pieza suave y lenta, ideal para recostar la cabeza en el pecho de tu pareja, pero Shoyo y Hajime no tenían esa clase de relación, esa clase de cercanía, esa clase de intimidad. Lo único que los unía era que se conocían de la cancha y que ambos amaban al mismo hombre, porque coño, a esas alturas encojonarse y decir: No, no es cierto. Era una estupidez y Shoyo lo sabía sin siqueira haberselo jamás en la vida a Iwaizumi, de alguna manera un sexto sentido se despertaba en Shoyo de vez en vez y sabía que Iwaizumi podría no ser homosexual como Oikawa y él, pero amaba a Tooru, lo amaba como aman los hombres culturalmente correctos, politicamente aceptados: En silencio y con violencia.
—Hmp —afirmó Iwaizumi como respuesta.
—Tooru piensa un montón en ti.
—Supongo —respondió.
—Seguro que lo extrañas ahora que se va a Italia.
—¿Y tú estás de acuerdo con que se vaya? —enarcó la ceja con curiosidad.
—¿Tú no?
Ambos otra vez en silencio y la voz de Nina Simone de fondo. Sus pasos se hicieron perezosos al igual que sus movimientos.
—Si te trata mal...
—Supongo que habrás tenido razón, porque le has dicho que es mejor que me deje ¿no? No por su bien, sino por el mío.
Iwaizumi se quedó en silencio con una sonrisa de medio lado que Oikawa disfrutó desde la mesa donde Tobio ahora era abusado verbalmente por Tsukishima y los del Karasuno se veían realmente entretenidos. Makki y Matsun estaban en su propio asunto.
—Si te trata mal, entonces habré tenido razón de mis suposiciones que Oikawa es una basura humana y tendré motivo para molerlo a golpes —afirmó el moreno y el pelirrojo soltó una carcajada.
Shoyo se recargó de Iwaizumi e Iwaizumi por algún motivo que no comprendió abrazó fuerte a Shoyo.
—Cuidaré de Tooru-san, te lo prometo.
—Sé qué lo harás pero...
—Si la caga seguramente la remediará, es inteiligente pero sus procesos son lentos... no lo castigues tanto Iwaizumi.
—Tú no te castigues tanto, Hinata.
La canción se ahogó con la música y los ojos verdes se unieron a los avellana mientras que el mayor despeinaba escandalozamente al otro que chilló aunque éste ruido fue más bien un gorgojeo.
—No se te ocurra morirte, enano del Karasuno.
Shoyo no pudo evitar reír entretenido nuevamente acomodándose el cabello rojo otra vez en su lugar, es decir, en ninguna parte en particular y Oikawa salió disparado a la pista mientras hacía una microrabieta.
—Ya bailaron mucho, ya bailaron mucho —se quejó una vez más y empujando a Iwa-chan de Sho-chan, apañándoselo todo para sí, abrazando a Hinata del mismo modo en que Iwaizumi lo hiciera y el moreno puso los ojos en blanco exasperado, el resto divertidos por la actitud infantil que el gran Rey de la cancha seguía teniendo.
—Y la reina se quedó con los dos reyes al final —siseó Tsukishima con la mirada curiosa enarcando la delgada ceja bebiendo su botella de agua mineral. Odiaba beber.
Kageyama decidió no responder a la aseveración y en cambio fijó su atención en Iwaizumi que se sentaba con la expresión más desdichada que había tenido en toda su vida, pero antes de que su trasero tocara el asiento Kageyama se incorporó.
—Baile conmigo, Iwaizumi-senpai —pidió en una reverencia total y el bar enteró se quedó en un silencio sepulcral mientras que Iwaizumi parpadeaba confundido incluso Shoyo y Oikawa se quedaron en total estupefacción, aunque el pelirrojo comprendió la idea de Kageyama y sonrió.
Fue un poco más complicado amoldarse a Kageyama porque Kageyama era alto, más alto que él, y aunque su cuerpo era esbelto, era difícil acomodar sus manos, con Shoyo por algún motivo había sido sencillo, casi fácil. Pero con Tobio seguramente se veía rídiculo.
—Es que espero que estén sacando foto —dijo burlón Oikawa que bailaba con Hinata.
—Oikawa-san —se quejó Shoyo.
Iwaizumi soportaba y Tobio fingía total comodidad.
—Que de verdad te ves estúpido, Iwa-chan. Esto será muerte social —insistía, riendo a carcajadas hasta que Shoyo se detuvo y Oikawa se dio cuenta que Iwaizumi le ofrecía la mano.
—Ven a que te veas estúpido conmigo, me lo debes después de tantas estupideces que hice por ti —esa fue su forma de decirle: Baila conmigo y el resto prefirió girar la mirada para otro lado.
Tooru miró a Shoyo quien colocaba sus manos detrás de su espalda y sonreía amablemente afirmando, después miró a Tobio que desviaba su mirada hacia cualquier otro lado y su mano se deslizó sobre la del moreno.
Bailaron en silencio lo que restó de la canción mientras Kageyama hacía lo propio con Shoyo, que sin mucha complicación se recargó contra Tobio, éste le acobijó con amor, con el calor que siempre tenía dispuesto para él. Dejaron que Oikawa tuviera su momento e hiciera de él lo que mejor le pareciera.
Las miradas de los exestudiantes de Seijou no se encontraron en ningún momento, y cuando la canción terminó. Hajime se negó en dejar ir a Tooru. Sus manos parecían haber sido hechas para sostener ese cuerpo aunque igual fuera más alto que él. Los angostos hombros caídos y la extraña pero preciosa curvatura en su cintura, esbelta formaba una figura prodigiosa y la palma se acomodaba perfectamente en la cadera que sobreslaía apenas un poco, el pantalón de vestir ajustado que llevaba el castaño hacía total justicia a ese cuerpo cuidadosamente diseñado para el deporte que practicaba y la camisa color vino se entallaba bastante bien.
No lo dejó ir, y la siguiente canción los cogió desprevenido.
—Joder —murmuró Hajime.
—¿Qué pasa, Iwa-chan? ¿Ya te dio suficiente vergüenza el estar junto a mí porque yo parezco un príncipe y tú un pordiosero, Iwa-chan? —preguntó burlón, aunque no lo decía enserio, Iwa-chan se veía guapo con sus vaqueros y su camisa de vestir, le sentaba bien ser adulto, quizás era el que mejor se veía, ni siquiera Matsukawa con su barba cuidada en el mentón parecía tan confiable como Iwaizumi con su peinado de siempre y su gesto de te patearé el culo hasta la muerte.
—La canción, estúpido, una canción que ninguna de tus exnovias podría dedicarte... —resolvió el moreno.
My funny valentine
Sweet comic valentine
You make me smile with my heart
Your looks are laughable
Unphotographable
Yet youre my favourite work of art
Mientras bailaban y escuchaban la canción, porque obviamente los años en USA adiestraron ese oído suyo y el inglés era algo natural para dar entrevistas a reporteros de otras partes del mundo, aunque no diera muchas últimamente pero esperaba empezar a darlas pronto. Rió bajito junto con Hajime cuando reconoció la canción y afirmó, era totalmente cierto.
Is your figure less than greek
Is your mouth a little weak
When you open it to speak
Are you smart?
—¿Eso qué quiere decir, Iwa-chan? —preguntó con una sonrisa coqueta el castaño—. ¿Qué te gustó mucho? ¿Qué me quieres mucho? ¿Qué te arripientes por no haberme pillado antes?
Hajime rió cantarín otra vez y la risa varonil de Oikawa le estremecía el cuerpo por completo, incluso podía imaginar que los hombros se le enrojecían de la vergüenza y ante el arrebato que era escuchar esa risa, debería ser totalmente ilegal, por completo, y tuvo envidía de quienes escuchaban esa risa constantemente.
—Cállate, Shittykawa.
Y Oikawa también recargó su sien contra el rostro del contrario, desde ahí pudo ver a Kageyama y a Hinata observarles con cierto gesto curioso que se debatía entre la sorpresa y la dicha.
But dont change a hair for me
Not if you care for me
Stay little valentine stay
Each day is valentines day
—Iwa-chan.
—¿Hmp?
—De haber nacido chica... ¿Crees que tú... y yo... —A Iwaizumi no le gustó el rumbo que cogía esa pregunta y suspiró.
—No, Oikawa, probablemente hubiera nacido yo siendo el gay... —cortó y a Oikawa no le quedó más que bufar ofendido.
—Iwa-chan.
—¿Ahora qué?
—Quizás esa canción nadie me la dedicará pero... esa si que te la dedicó yo a ti...
Iwaizumi no supo como responder eso, y en lugar de dar alguna respuesta constipada y llena de saña, apretó más la cintura donde su mano se había acomodado, Oikawa sintió ese agarre y sonrió.
Is your figure less than greek
Is your mouth a little weak
When you open it to speak
Are you smart?
—Igual jamás hubiera funcionado pero por algún motivo mágico o místico... definitivamente hubiera estado para siempre a tu lado si ningún idiota te hubiera durado —respondió con voz suave Iwaizumi.
—¿Cómo almas gemelas?
—Hmp —afirmó otorgando la razón y Oikawa sonrió enorme.
—Somos almas gemelas.
—Sí —no opuso resistencia y Tooru flipaba entre enojado y emocionado porque eso no estaba dentro de los planes y esperaba algún golpe o mínimo resistencia por parte del moreno pero sonrió complacido, sonrió ante el dócil y amable trato de esas manso.
—Amo a Shoyo.
—Lo sé... y él te ama a ti.
—Síp.
—Entonces no al vayas a cagar.
Se separaron y se miraron a los ojos. Iwaizumi hizo su mano puño y Oikawa sonrió grande, superior, casi como un dios saludando a su más más ferviente seguidor. Respondió al llamado de ese gesto único de ellos.
But dont you change one hair for me
Not if you care for me
Stay little valentine stay
Each day is valentines day
Makki y Matsun se sonrieron entre ellos y bebieron sus respectivas bebidas, de alguna manera era triste, era como haber leído un libro interesante y al llegar a la última hoja los protagonista no quedaron juntos, algo así como Rayuela, algo así como el Quijote o algún cuento de Murakami, Spunik, mi amor, sí ese, pensó también Shoyo, porque aunque Oikawa era suyo. SUYO. Esperaba con el corazón emocionado un arrebato de pasión de esos dos. Pero al final, era cierto que el amor se demostraba de diferentes maneras, había distintos contenedores y el amor de Iwaizumi y de Oikawa petenecía a algo fuera de ese mundo, era algo no terrenal y tangible, mucho menos carnal ni humano.
Shoyo había descubierto que a veces se necesitaba envejecer para comprender sentimientos que durante la adolescencia se sentían dolorosos y lejanos, y era sanos retomarlos para cerrar los ciclos. Jamás lo iba a decir en voz alta pero la muerte lo aterraba, con el tiempo se volvió en una feliz constante que sería irreversible cuando el momento llegará y por eso era mejor hacer todo lo que se debía de hacer para no dejar pendientes ni arrepentimienos. Lidiar con errores y decisiones apresuradas que seguramente acabarían en desastre era algo que quería hacer para no arrepentirse cobardemente. Entendía a su hermana, a su nuevo hermano y a todos esos que se tiraban al mundo sin pensar, apoyaba los saludos y despedidas de los añejos amantes que nunca fueron como Oikawa e Iwaizumi aunque doliera un poquito el corazón, porque todos eran humanos y el corazón solo era un músculo que si no latía reventaba y cada latido podía ser dedicado a una persona diferente cada vez, porque lo que importaba era lo que estaba ahí al llegar el anochecer cuando girara su cuerpo y abrazará el cuerpo a su lado. Era estúpido pretender vivir la vida sin tomar riesgos para no salir herido. Al final uno siempre termina herido, pero las heridas, todas sin escepción, valían la pena.
Si en aquel momento él hubiera tenido el coraje de decirle a Kageyama el terror que sentía por todo lo que su relación iba a desatar probablemente el resultado que actualmente vivía sería totalmente distinto, pero el hubiera no existía y tenían lo que tenían y con eso era suficiente. Abrazar su presente fuertemente para que el futuro no se les escapara de las manos. Sonrió a Kageyama que le miraba como si fuera un pequeño bicho antes de regalarle una pequeña sonrisa.
Cuando llegó el tiempo de despedirse Nishinoya ayudaba a la novia de Asahi con éste que se había excedido en los tragos pero era uno de esos borrachos alegres. Tanaka y Ennoshita no paraban de reir muy a su manera por la situación mientras que Tskushima caminaba con Yamaguchi y Yachi que habían regresado después de haber terminado por tercera vez, el pasado de Tadashi con sus relaciones con personas de su mismo sexo o la "época de probar" –como le gustaba llamar a ella—eran constante focos de pelea, sin embargo ahora parecían ir más en serio.
Iwaizumi y Oikawa se quedaron conversando un poco más Makki y Matsun con ellos. Kageyama y Hinata se despedían de todos, el pelirrojo con una sonrisa más grande que la del propio cumpleaños. En un momento se quedaron solos y el pelirrojo pudo recargarse de Kageyama mientras éste le sostenía por completo.
—No tuviste que haber forzado hasta este punto, Shoyo —se quejó Kageyama pues a pesar de que estaba cansado hasta la extenuación el pelirrojo se negó a abandonar el bar antes de que el resto se marchara.
—Pero tenemos un montón de fotos con todos ¿No? —señaló Shoyo sin dejar de sonreír.
Kageyama cubrió el cuerpo delgado y frágil del exrematador con los extremos de su gabardina mientras lo pegaba aún más contra él.
—Sí... fue el mejor cumpleaños de todos —afirmó mirando sobre la cabeza de Shoyo imaginándose un cumpleaños donde Shoyo no estuviera y no le gustó la visión, cerró sus ojos y enterró su rostro en el cuello ajeno. El mayor temblaba ligeramente y Kageyama no podía dejar de pensar en un pequeño gato.
El cuarteto del Seijou salió poco después, primero Iwaizumi que se despidió solemne de los otros dos, Makki y Matsukawa también, Makki más animado y efusivo con el pelirrojo mientras le pedía una fotografía por décima vez.
—Es que una de mis compañeras ama tu blog, está como enamorada de ti —dijo sonriendo el de cabellos naranja que ahora se dedicaba al mundo de los peinados y los cortes de cabello en una estética reconocida en el distrito de Roppongi.
Shoyo posó con una sonrisa deslumbrante al teléfono de Makki, había hecho lo mismo con Ennoshita y con Nishinoya, aunque éste más para su propio Insta que por otra cosa. Era común desde un tiempo a la fecha que las personas lo detuvieran en la calle para tomarse fotografía con él, sobre todo en las tiendas deportivas donde iba de vez en vez a hacer alguna compra sobre todo para su canal de YouTube que superaba los quinientos mil suscriptores y subiendo. Sus días en el hospital habían servido para grabar dos vídeos sobre medicina en el deporte y se revolucionó el mundo entre sus seguidores.
Todos se despidieron y quedó únicamente el trío en el estacionamiento del Blue cat, el bar. Hinata volvía a estar pegado a Kageyama que lo protegia del frío y Oikawa observaba entretenido, en un arranque de locura y amor abrazó al bulto que eran Tobio y Shoyo mientras que reía hundiendo su rostro en ellos.
.
—El blog de Hinata-san es genial —dijo sincero alguien—. Ayer subió un vídeo donde explica el saque con salto y el saque que hace es brutal.
—Mi sobrino se vio todos los vídeos y le ha enviado unos mil correos, el pobre le ha contestado todos, es genial.
—Hahaha, qué celos —respondió alegremente otra persona.
El ruido de los casilleros después de una practica era sordo y apresurado, algunos reían y otros conversaban tranquilamente sobre ir a comer yakisoba al salir del gimnasio. El entrenamiento había sido bastante ameno, todos hacían lo que tenían que hacer y había funcionado de manera adecuada. Aunque por algún motivo el aura alrededor de Atsumu y Tobio era bastante denso, incómodo, de hecho parecía como si ambos estuvieran enfadados pues ni siquiera la mirada se dirigían.
—¿Hinata? ¿Hinata Shoyo? ¿El del cáncer? —masculló otra persona—. ¿El gay?
Oikawa se tensó en su lugar pero siguió amarrando sus agujetas. Kageyama cerraba su casillero, quizás lo hizo con más fuerza de la debida.
—Ala, escuché que el cáncer de garganta también da por el virus del papiloma —dijo alguien lo suficiente fuerte como para que se escuchará.
—¿Papiloma?
—Ya sabes... por hacer mamadas, seguramente desde mocoso le gustó mamar pija... —rezó antes de que Oikawa se tirará sobre su compañero de equipo y Kageyama no se quedará atrás dándole semejante golpiza al tío que había hablado en primer lugar.
Ambos fueron suspendidos para el último partido de la selección y fue la despedida de Oikawa, oficialmente de su mayor sueño. Lo había cumplido, había gobernado y ahora regresaba a las grandes ligas.
.
Shoyo ni siquiera se molestó en tocar el tema en su blog semanal porque hablar del tema y decir: "No se sabe los motivos de la pelea en vestidores" era una mentira, y a él no le gustaba mentirle a sus seguidores, por otro lado en casa, se mantuvo el asunto como tema tabú, aunque tuvo que cambiarle las curitas a Kageyama del rostro y a Oikawa le tuvo que poner varias veces la crema corporal para el dolor de la espalda ante los golpes que se había llevado. Como era de esperarse el partido amigable de la selección sin Kageyama y sin Oikawa tuvo como único titular a Miya, fue un partido sufrido pero de algún modo consiguieron funcionar y ganar, al terminar el partido la televisión fue apagada por Shoyo que se puso de pie y caminó hasta el frente para sentarse en la mesa.
—Oikawa-san.
—Sí, Hinata-san.
—No te puedes meter en problemas en Italia... ¿Lo entiendes verdad? —la voz ronca por las exfoliaciones hacía que sonara más como la de un locutor de ultratumba que narraba historias de terror a media noche y te cagabas del miedo porque el tono era bastante acorde. Según las seguidoras la voz que dejaba atrás la huella del cáncer era sin duda alguna lo que más vendía.
—Sí, Hinata-san —respondió solemne Tooru.
—Kageyama-san.
El moreno miró confundido y después afirmó.
—Sí.
—¿Qué harás ahora que terminó la temporada de juegos amistosos? Quedan seis meses para la preselección de juegos oficiales? —Shoyo se cruzó de brazos sobre el pecho.
—Osaka Blazer Sakai me ha hecho una propuesta —dijo y los ojos de Oikawa junto con los de Shoyo se abrieorn grandes, ese era un gran equipo—. Sin embargo los rechacé porque tu tratamiento es en Tokio, así que F.C. Tokio no se quejó cuando les dije que quería ser parte de su cuadrilla.
—¡Pero el F.C. Tokio es pésimo! No han ganado desde hace... ¿cuántos años? Osea, nunca un solo campeonato, sólo un... campeonato ridículo de artículos domésticos... y perdieron en la Copa del Emperador... ¡¿Quién pierde la Copa del Emperador por una pendejada como bola al aire que cae fuera porque el rematador no la supo colocar?! ¡¿Dime quién?! —gimió Oikawa desesperado, Hinata no dejó de ver a los ojos a Kageyama y suspiró, veía esa extraña resolución en la mirada de su exarmador. Dialogar con él sería inútil.
—Bueno... al menos con Kageyama no tendrán ese problema —dijo sonriendo lo mejor posible.
—¡Y lo apoyas! —vociferó Oikawa.
—Supongo que debo de tener un aliado para la siguiente cosa de la que quiero hablarles .
Oikawa se sentó nuevamente y Kageyama también.
—No permitiré que te saquen la garganta, Shoyo —fue firme Oikawa aunque enargúmeno por la estúpida, según él, decisión del moreno.
—No es sobre eso... al contrario —El pelirrojo mordisqueó sus labios—. Quiero que tengamos un hijo.
.
.
.
Cronopios del autor: Me muero. Dos capítulos y nos despedimos, pero bueno no hablemos de cosas tristes y mejor veamos el lado positivo... No hay, no existe. Hahaha. Este capítulo me gustó mucho por algún motivo, y a ustedes ¿les gustó el capítulo? Espero que sí porque lo hice con mucho cariño.
No he terminado la sesión de preguntas y respuestas de Kageyama, sin embargo el próximo capítulo que suba a Wattpad será una "apéndice especial", así que aquí les va una pregunta especial.
¿Qué le preguntarías a Oikawa Tooru?
Espero de todo corazón que todos estén muy bien. Muchas gracias por regalarme un pedacito de su vida para leer la historia y nos estamos leyendo muy pronto.
Saludos.
St. Yukiona
Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.
