Cronopios del autor: Gracias por leerme.

ADVERTENCIA: Yaoi.

Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, Haikyuu! no es mío, ojalá lo fuera.

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Las mil plumas del cuervo

Por St. Yukiona.

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Apéndice tres: Blue skies.

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—¿Se encuentra Shoyo-kun? —preguntó alguien a la puerta. Kageyama asomó la puerta por un costado de Oikawa incorporándose como resorte para quedar a su lado. El chico que estaba parado en el umbral de aquel apartamento sonrió aún más nervioco de lo que había estado segundos antes cuando al tocar la puerta una hermosa aparición le abrió.

—¿Uh? —Oikawa ladeó el rostro recargándose de un costado del marco de la puerta. Kageyama quedó del otro lado sin comprender muy bien porque de pronto Tooru adoptaba la actitud que Kuroo-san llamaba como: "Diva perra", sin embargo, algo en él se emocionaba un montón cuando le tocaba ver los desplantes del castaño. Sobre todo cuando aplicaba esa incómoda actitud frente a un chico atractivo que de buena gana preguntaba relajadamente por "Shoyo-kun".

—Busco a Shoyo-kun —repitió la otra persona con calma y lentitud entre palabra y palabra. Como si el par frente a él fuera un par de idiotas que no entendieran japonés, pero era obvio que conocían el idioma, porque el chico conocía a ambos de vistas, Shoyo le había hablado de ambos en varias ocasiones, de hecho el 90% de las veces en que Shoyo estaba enfadado era por culpa de ese par y ahora comprendía porqué. Eran un dúo bastante particular, atractivos, pero particular.

Oikawa catalogaba al chico como un simplón, común y hasta corriente. ¿Quién salía a la calle usando sandalías y calcetas? Pff.

—¡Kaoru! —gritó Shoyo desde el fondo del corredor y todos giraron hacia allá la mirada. Antes de que pudieran decir algo el pelirrojo ya había empujado a Oikawa y a Kageyama para abrazar de forma muy efusiva al que iba de visita.

—Shoyo-kun —saludó del mismo modo. Se cogieron de las manos para verse de frente.

—No sabía que ibas a volver tan pronto —señaló emocionado el pelirrojo y el otro rió cantarín.

—Ni yo, Senikov-san te manda saludos —dijo el tal Kaoru y a Kageyama le dio hurticaría al pensar en que Senikov era Hanzel, y él odiaba a Hanzel caso contrario con Oikawa, que aunque estaba tranquilo porque el tipo conocía a Hanzel, y Hanzel era un buen amigo, seguía sin agradarle la cercanía entre el muchacho ese y su Shoyo.

—¿Cómo está? —preguntó y el parloteó de ambos comenzó—. Demonios —interrumpió Shoyo revisando su móvil—. Acompáñame por mi medicamento, ya lo tienen listo.

—Oh... —Kaoru alzó la mirada al par que no se había apartado de la puerta. Shoyo siguió la mirada de su amigo y bufó ofendido girando el rostro.

—Vamos, no te preocupes —señaló altivo dejando a Oikawa y a Kageyama con un gesto de estupefacción.

—Oi —llamó Kageyama.

Hinata se giró y le sacó la lengua empujando a Kaoru por la espalda para que se apresurara en su andar, el dúo no pudo hacer nada, y cuando reaccionaron las puertas del elevador ya se habían cerrado.

...

Las siguientes dos horas Oikawa zapateó por todo el apartamento mientras que Kageyama veía la repitición de un partido de las nacionales de preparatoria de ese año, le gustaba ver a los adolescentes jugar, aunque aparentaba más enteresa y tranquilidad, se encontraba igual de irritado que el propio Oikawa, después de todo Shoyo había desaparecido con un desconocido y no había sido digno de mandar un mensaje o una llamada. Por eso en cuando la puerta se abrió, Oikawa estuvo como resorte frente a la misma con sus manos sobre la cadera y un puchero en sus labios. Kageyama, se incorporó lo mejor que pudo en el sofa esperando verse "sereno". Mientras que Tooru optaba por mostrar su enojo, Tobio era más "indiferente". Sin embargo ni una ni otra estrategía sirvió pues Hinata pasó de largo ignorando olímpicamente a Oikawa, y después a Kageyama. Fue a la cocina dejó sus medicinas en la repisa donde las solía colocar, ese rincón que se había vuelto una especie de farmacia en su domicilio, pequeño y para nada discreto, cualquiera que entrará de pronto sin saber pensaría que ahí vivían adictos en lugar de un paciente de cáncer. Shoyo suspiró a la escena, tomó uno de los frascos al que le quedaban poco menos de cinco pastillas, dejó una partada y las otras cuator las vertió en el contenedor del mismo nombre recién adquirido.

Bebió el compromiso y un enorme vaso de agua. Cuando se giró encontró la estampa de Oikawa con las manos en la cadera mientras zapateaba de un lado con el pie.

—¿Y bien? —habló primero el castaño.

—¿Sí? —ladeó el rostro Shoyo mientras se recargaba de la barra aún con el vaso entre sus manos—. ¿Sucede algo?

—No lo sé, dímelo tú... —y enarcaba ligeramente su ceja, alzando el mentón de forma altanera, colocando ese gesto de superioridad y que a Shoyo ya le causaba risa pues había visto lo mejor y lo peor de ese hombre como para que un gesto como ese lo intimidara, así que fácil se le hizo caminar hacia la habitación pasando por el lado de Tooru, empujándolo brevemente.

La discusión del "hijo", no había acabado precisamente bien, y había desembocado en una situación bastante complicada, de ahí el enojo entre Hinata y Oikawa, y Kageyama al quedar en medio era una especie de punto neutro pero con el cual Shoyo también se enojaba por no apoyarlo directamente. Por otro lado, el moreno se asomó por el borde del sillón para ver el trasero firme de Shoyo presumiendo esos jeans con los que había salido y le hacían ver mejor que nada su figura poco descuidada, Oikawa también salió para verlo y ambos acordaron que ver a Shoyo andar por ahí contoneando el trasero y sabiéndose todo poderoso con dos hombres a su merced los excitaba más que cualquier otra cosa.

Tanto para Oikawa como para Kageyama estaba claro que su felicidad residía entre las suaves manos de Shoyo, en su honesta mirada y a veces torpes movimientos, en la paciencia con que los trataba aunque a veces era un testarudo de primera (como la cuestión del hijo). Tanto Oikawa como Kageyama, estaban seguros que si ese sol se apagaba sus días jamás volverían a tener luz.

A Kageyama durante mucho tiempo la gente le había recalcado que era solo un monstruo sin corazón ni escrúpulos, un rey dictador que le gustaba someter, él no se daba cuenta, sólo actuaba por actuar, pero la gente a su alrededor se alejaba cada vez que él creía que se acercaba a su meta y llegó un momento en que empezó a creer que de verdad era esa persona terrible, sintiéndose miserable y desesperado sin embargo fue Hinata que con sus atenciones le hizo ver que también era un ser humano, un hombre con demasiados miedos y que tenía como único propósito proteger un sueño puro y sincero, era un hombre capaz de amar algo más allá que su pasión aunque no lo admitiera con la misma libertad que muchos otros lo admitían. En el fondo Kageyama seguía siendo censurado por sus propios perjuicios que lentamente y con paciencia el mayor (y también Oikawa aunque no quisiera aceptarlo) ayudaba a quitarlos, no obstante, no se podía vaciar el mar de la noche a la mañana. Ni mucho menos era de esperarse que de pronto todos esos rasgos horribles y malas costumbres del Rey autoritario desaparecieran como por arte de magia. Así como Oikawa aún tenía esos guiños de prepotencia y arrogancia, Kageyama era incapaz de ver como alguien que no era él recibía atenciones de la persona que era el objeto de su adoración. Así que estuvo de acuerdo en sentir celos del chico con el que Shoyo había salido antes.

Oikawa caminó por el pasillo siguiengo de cerca de Shoyo hasta que llegó a la habitación que compartían, y se empezó a quitar las botas dejándolas acomodadas a los pies de la cama, alzó la mirada enarcando la ceja curioso.

—¿Por qué tienes esa cara, Oikawa-san?

—¿Cuál cara, Chibi-chan? —soltó casi chirriante evitando tensar más sus puños porque estaba seguro que iba a romperse algún ligamento. Suspiró y bajó la mirada, algunos mechones del cabello siempre bien acomodados cayeron sobre su rostro pues Oikawa los había despeinado con la intención de restarle la rigidez que la cera para cabello dejaba. Siempre se le veía pulcro al colocaador, incluso esos días en que estaba de descanso, en realidad el cabello lo tenía algo largo pero debido al peinado lucía siempre de una forma profesional y elegante. No obstante, una chispa salvaje brilló en ese rostro que mostró una sonrisa casi animal mientras que acortaba la distancia para arrancar de las manos la chamarra que Shoyo se quitaba, la dejó caer al piso, sin esperar escuchar una sola de las palabras del menor lo empujó hacia la cama y Shoyo rebotó en el colchón.

—¡Kageyama! —gritó Shoyo mientras que gemía asustado y divertido porque Oikawa estaba sobre él sacándole la ropa en un desordén propio de un arranque infantil y sin sentido—. ¡Tobio! —lo volvió a llamar y la garganta le ardió pero valió la pena porque pronto los gritos fueron sofocados en el instante en que .

Kageyama llegó poco después, sin embargo antes había pasado a la cocina por un pote de yogurt, y lo comió recargado en el umbral de la puerta de la habitación, observando como Shoyo enrojecido hasta la muerte luchaba débilmente contra Oikawa que a pesar que sus manos estaban siendo firmes y querían arrasar, eran amables al despojar del cuerpo del pelirrojo la ropa que de pronto era una plaga que infectaba la carne de su joven pareja al mismo tiempo que un beso se desbordaba de placer y enojo constipado, porque Oikawa estaba celoso y Kageyama estaba disfrutando aunque no estaba metido en el medio, claro que estaba excitándose sin embargo su yogurt tenía prioridad.

Tooru desocupó su boca apenas cuando el aliento hizo falta y pronto Oikawa tiró de la camisa que usaba el menor para dejarle desnudo el torso y empezó a tirar del chaleco que él estaba usando, se desesperó al momento de quitarse la camisa, dejó la travesía para tomar de nueva cuenta la boca abandonando el cuello que había estado mancillando a base de besos y mordidas suaves, tenues. Apretones en el muslo ajeno, masajeando el trasero con la otra mano y apegándolo a él, a la erección que crecía contra su pantalón.

—¿Quién era ese tipo, Sho-chan?—preguntó con voz ronca, profunda, con una cadencia propia de la lujuria mientras mordisqueaba la oreja, y volvía a hacer poema de dientes y labios en el cuello, sorbiendo con un poco más de fuerza y mordiéndole sin medirse cada vez que Shoyo intentaba decir algo. Restregándose con anhelo contra su entrepierna, impaciente, quería poseerlo y marcarlo como suyo.

Las palabras de Shoyo quedaron a media voz cuando fue acorralado de aquel modo, ¿acaso había hecho algo malo sin notarlo? El color se agolpó de pronto en sus mejillas cuand notó como Kageyama reía entretenido, estaba disfrutando un castigo que no se merecía, pero al ver el gesto obsceno del moreno al relamer de sus labios un poco de aquello que comía y teniendo a Oikawa en sus hombros recorriéndolos por completos, su cuerpo se rindió de inmediato ante la tormenta que Tooru era en esos momentos y que seguramente Tobio aumentaría en breves segundos cuando le diera la gana.

Si Tooru era un huracán pues Shoyo quería estar en medio del desastre y ser un desastre también.

Los roces en su entrepierna lo hicieron temblar suavemente de ansiedad y las imágenes de la noche anterior vinieron a golpear su cabeza en esos momentos excitándolo de un modo distinto al de las acciones propiamente tal. Buscó los ojos del colocador y estiró las manos para alcanzar su rostro correspondiendo a sus nuevos besos ansiosos. En otra ocasión Tooru lo habría tomado de aquella forma solo provocado por la idea primaria de poseer lo que otros querían y él poseía, ahora era más que nada un arranque desenfrenado de marcar como suyo aquello que otros deseaban y que ese sentimiento de celos lo hacía comportarse como un adolescente en plena pubertad. No iba a mentir diciendo que no se sentía molesto porque lo estaba, estaba aún muy enojado con Oikawa, pero fuera de ello se sentía especialmente complacido de aquel ataque de celos tan repentinos, pues a pesar de que su cuerpo había dejado de tener probablemente ese regusto delicioso que el deporte dota y quizás su rostro no era el mismo de siempre gracias al paso de la enfermedad, los celos de Oikawa mostraban que aún seguía provocándolo, que aún le seguía queriendo.

—¿Quién era? —preguntó Kageyama de pronto a su lado, se había recostado sobre su vientre para alcanzar la oreja ajena y azuzarle al oído con mejor alcance. ¿En qué momento se había acercado? Shoyo gimió bajito pues Oikawa mordisqueaba uno de sus pezones haciendo que el otro endureciera, los dedos del castaño masajeaban su entrepierna.

—Es un compañero... me ayuda... con la edición—se estremeció por el ronroneo de aquella voz masculina y sedosa en su oreja junto a aquellos mordiscos e intentos ansiosos de marcarlo de inmediato, de que en su piel quedase todo rastro de que Shoyo era en cuerpo y alma de otra persona, de dos personas más.

Shoyo sonrío de medio lado con un dejo de malicia y se relamió los labios en un gesto felino casi hambriento mientras miraba los ojos de Tooru y después de reojo veía los de Tobio cogiendo el rostro de ambos con cada mano, acariciándolos lentamente—amo sus celos...—se inclinó en la cama hacia arriba en dirección al oído derecho de Tooru, mordiendo el lóbulo de éste suavemente y rozando con su lengua su cuello perfumado con aquella esencia que Shoyo solía disfrutar en silencio mientras a veces le correspondía doblar sus camisas—son adorables...—se dejó caer de nuevo en la cama con aquella sonrisa de juego y desafío mientras sus manos iban hacia el bajo vientre del mayor en donde había dejado marcas de mordida y besos la noche anterior, en la que hubo juegos obscenos bajo las sábanas, sus dedos descendieron más hasta que alcanzó al erección ajena por sobre el pantalón y frotó esta con su palma acercándose a besar el torso desnudo de su pareja—¿acaso crees que podría ir tras alguien que no fueras tú o Kageyama? ¿Me crees tan necesitado de más? —soltó una risa leve mientras mordía sin piedad el hombro derecho del mayor al mismo tiempo que su mano se colaba hábil por debajo de los pantalones de su pareja hasta su palpitante erección rozándola descaradamente con sus dedos— imposible... ustedes son todo para mí—alejó sus labios del otro.

—Creo que me acabo de correr... —azuzó Kageyama mirándose los pantalones.

A veces, Kageyama y Oikawa olvidaban que si se lo proponía, Shoyo podía ser literalmente una perra que los mantenía comiendo de la palma de su mano.

Después de algunos minutos Oikawa ocupaba la boca de Kageyama mientras Shoyo mantenía entre sus manos ambos miembros frotando uno contra el otro al ritmo del movimiento de sus deseos, era demasiado estimulante ver a ambos entregarse en un beso desesperado al tanto él jugaba con ellos, sin pregutar relamió de arriba abajo ambos miembros y Kageyama terminó por recargarse de Oikawa al tanto éste no perdía tiempo en mordisquear uno de los hombros del moreno sabiendo lo sensible que era en aquella zona. Sin embargo poco le duró a Hinata el gusto de ver cuando fue el propio Kageyama el que lo atrajo del cabello hasta su altura para besarle, el sabor de Oikawa aún recidía en esa boca y la saliva de los tres ahora se combinaba. Si algo había aprendido a hacer Kageyama era a besar, y lo hacía de forma fantástica, aunque esa maravillosa práctica de rompió en el instante en que sintió a Tooru pasear su húmeda lengua entre sus glúteos, los cuales separó para acariciar lentamente el área, dejando una estela mojada que lo hizo gemir sobre los labios de Tobio que disfruto la reacción de primera mano.

El pelirrojo dejó sus manos sobre el hombro y el pecho de Tobio, sus rodillas hundidas en el colchón temblaba mientras que Oikawa seguía jugueteando de forma arriesgada, introduciendo sus deseos de a poco y haciendo que el exrematador perdiera de a poco los estribos dejando escapar jadeos que para Kageyama Tobio eran música, apartó las manos de Shoyo de él, provocando que éste cayera de bruces a la cama donde apretó las sábanas, suspirando sonoramente, cerrando los ojos y abriéndolos acongojados en el instante que el glande de Oikawa se abría lentamente pasó en él, sentía el frío de la losión con la que solían humectarse y lubricar al tiempo que se forzaba su intimidad al recibir a la hombría que de a poco encontraba su camino en su interior.

Estaba en las nubes.

Tobio acarició el cabello pelirrojo y Shoyo le regaló una mirada suplicante, hambrienta, el moreno guió el rostro del mayor hacia su erección la cual desapareció en la boca de Hinata produciendo un efecto de placer automático en el moreno.

...

Cuando la mano les alcanzó en la cama, Shoyo se encontraba sobre el pecho de Kageyama, y a éste lo abrazaba Oikawa, los dos rematadores se encontraban durmiendo y sus ojos no lograban a verlos por la posición en que estaba, sin embargo podía sentirlos respirar con la tranquilidad de quién está agotado y descansando. El calor de esos tres cuerpos era a veces sofocante pero en instantes como esos en que podía ver desde su posición el hermoso cielo azul de un día nuevo, era un calor perfecto. Un calor agradable.

Un calor que lo acompañaría a donde fuera que terminarán sus días, en esa cama o en la de un hospital.

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Gracias por leer.

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Cronopios del autor: Mazapanes. Me merezco su desprecio completo hahaha, pero no he encontrado momento ideal como para publicar el siguiente capítulo y hace días estaba escuchando la canción en la que está basado este apéndice y dije: Hmp... un poquito de "vida cotidiana" no le hará mal a nadie. Hehehe. Creo que adicional a los capítulos que faltan y el epílogo, les haré un apéndice más. ¿Qué diferencia hay entre los capítulos y los apéndices? Que los apéndices son escenas más "pequeñas" que no tienen una justificación como tal en el fic. Aunque es de peso. Aunque en este caso fue capricho mío introducir un poco de "pimienta" al trío hahaha, adoro ver celoso a Oikawa y a Kageyama. Los celos no son buenos pero... todos los hemos sentido en algún momento. Espero lo hayan disfrutado.

En fin, muchas gracias por leer y estamos viéndonos.

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St. Yukiona.

Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.