Cronopios del autor: Gracias por leerme.
ADVERTENCIA: Yaoi.
Descarga de responsabilidad: Ya lo saben, Haikyuu! no es mío, ojalá lo fuera.
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Las mil plumas del cuervo
Por St. Yukiona.
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Último verano
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Secó su sudor con la manga de su mano y detuvo su bicicleta mientras que se recargaba contra el poste de luz donde habían pegado un póster de alguna banda local que iba a tener un concierto en el teatro municipal. Algunas chicas que también hacían el mismo recorrido giraron su miraron y rieron entre ellas mientras seguían pedaleando, en otros tiempos quizás se hubiera puesto coqueto solo para aumentar el fanservice pero no en ése momento; de hecho, a él no le importó, ese tipo de situaciones o eran algo en lo que realmente se fijara o su malhumor lo estaba superando al punto que ignoraba todo lo que ocurría a su alrededor, algo sumamente peligroso considerando su estatus dentro de su trabajo actual.
Bebió un poco de agua de la cantimplora que había Tobio para él en el aeropuerto de Tokio porque tenía grabados de hojitas de árbol y gruñó porque creyó que era muy mono el termo, aún ahora maldecía porque Tobio tenía buen gusto y eso le enfadaba aún más de lo que ya estaba.
Recordaba la discusión sobre el hijo que de pronto Shoyo había decidido querer tener, tomándose con ligera conciencia su condición. ¿Cómo se permitía bromear con eso? ¿Cómo se atrevía a jugar con su propia condición y bromear de forma tan infantil? Un hijo era una bendición y todo lo demás, pero ¿Para qué llevar un niño al mundo si al final lo ibas a dejar atrás?, lo ibas a dejar de lado, porque Shoyo era egoísta y se estaba yendo de a poco. Mordiendo sus labios luchando por no llorar ahí mismo en medio de la calle de una ciudad ha la que no conocía.
Un hijo abandonado crecía con tantas inseguridades y temores y demonios y de todo, era una miscelánea de trastornos que tarde o temprano se manifestaban sin importar cuánto amor y cariño se vertiera en él. Sin importar que tuviera una madre fantástica, inteligente y bonita y una hermana mayor genial. Siempre había un vacío que parecía hacerse grande y no dejaba de arder por completo.
Él lo sabía, y lo sabía de sobra.
¿Para qué tener un hijo? ¿Para hacerlo sufrir? ¿Para probar qué? ¿Qué las minorías tenían derechos y poder tener una razón por la cual luchar? Oikawa se sentía aún ofendido a pesar de que ya había pasado poco más de una semana desde el incidente y no tenía clara su cabeza.
Alzó la mirada y se dio cuenta que justo frente a él había una iglesia. ¿Era esa una señal? Negó y volvió a montar su bicicleta, aún le faltaba un kilometro y sus piernas se lo iban a agradecer cuando tuviera que jugar un set completo contra la escuadra defensora del título, porque si había sido contratado por un equipo no fue por mera casualidad ni caridad, y él tenía que demostrar que valía cada centavo invertido, quería enseñarle a Shoyo que si lo estaba dejando en Japón era por algo mayor a ellos, estaba siguiendo su sueño y su motor para seguir adelante era precisamente la parte del sueño del rematador que llevaba en sus hombros, aunque éste dijera estupideces como: "Quiero tener un hijo".
No sólo era su sueño, era algo más que ello. Había facturas que pagar y cosas que comprar así que... no sólo era el sueño que había tenido toda la vida, cuándo los sueños se volvían responsabilidad era el momento en que uno sabía que había madurado para volverse en el adulto que siempre soñó, independientemente de los problemas y los excesos que venían acompañando la madures.
Las campanas de la iglesia sonaron y Oikawa decidió ponerse los audífonos donde resonaba alguna banda japonesa de rock, se llamaba Black Unicorn y le gustaba mucho, cantaban canciones bastante buenas, todas en inglés. Con el bajo y la guitarra se sofocaron los sonidos del repique de metal.
Él no rezaba.
Oikawa no sabía cómo hacerlo. Jamás lo había hecho desde que era un niño. No servía de nada, y las cosas no cambiarían ahora que era un adulto. Desde que era un niño recordaba ser el único al que los dioses jamás habían escuchado. Cuando les suplicó que su padre no se fuera los dioses se lo arrebataron, cuando volvió a pedir que no se llevaran a sus abuelos los dos huyeron una noche dejando sus cuerpos atrás, ahora que pensaban quitarle a Shoyo dudaba que los dioses de buenas a primeras le fueran a mirar.
Si los dioses querían su oración no debían de esperar que ahora lo empezará a hacer, con Shoyo era igual. A él tampoco lo habían escuchado. ¿O sí? ¿Qué demonios? Era obvio que no, si lo hubiesen escuchado hacía muchos años el pelirrojo hubiera acentado un parteaguas para jugar volley en la técnica área pero en cambio pasaba sus días supirando mirando por la ventana y jugando a hacer una vida futura, luchando contra un cáncer que no daba tregua y pensando si era mejor quitarse la vida.
Shoyo no lo decía, pero Oikawa lo había pillado varias veces serios mirando los medicamentos con esa sombra reptando por detrás de él. Adicional los comentarios desagradables sobre "morir pronto", porque esos comentarios bañados de "broma" siempre llevaban una parte de realidad y a Oikawa y a Kageyama les sabía mal pensar que cuando se iban a dormir la idea de morir le rondaba a la cabeza a Shoyo. Ciertamente la depresión se había mantenido a raya porque Shoyo era un sol grande y radiante pero... pero esa idea estaba ahí, y trataban de aplacarla con besos y experiencias. Un puto día a la vez.
Su negativa de querer tener un hijo no era sólo egoísmo, ni algo imposible con los sueldos de Oikawa y Kageyama en conjunto, pero sabía que el querer tener un hijo de pronto sólo era un parche que Hinata quería poner sobre la herida que supuraba tristeza, desesperación, soledad y depresión, y un hijo tenía que ser algo más que eso.
—¿Quieres adoptar? ¿Crees que nos van a dar un niño? Shoyo, somos tres hombres viviendo en un apartamento, no te ofendas pero lo que hacemos para el resto de las personas moralistas es una "porquería".
Shoyo abrió mucho los ojos y apretó los labios con fuerza.
—¿Crees que lo que estamos haciendo es una "porquería", Tooru? —preguntó irritado y Kageyama se mantuvo en silencio mirando el rostro de uno y luego el del otro, siempre que había discusiones el tercero que no estaba involucrado solía quedarse callado porque de opinar probablemente iba a terminar mal. Tomar partido era jugar sucio, y era mejor ser neutral. Ser Suiza y no tener inclinación por ninguno de los dos.
—¡Ay por Dios! —bufó Oikawa revoloteando las manos y negando—. Claro que no pienso que sea una porquería... no estaría aquí si pensará eso —refutó y enseguida arremetió—. Pero tampoco pienso que podamos adoptar.
—Yo no hablo de adoptar, Tooru —dijo en un hilo de voz Shoyo y mojó sus labios—. Estaba pensando en... tú sabes, embarazo invitro, un vientre en alquiler.
Kageyama miró con mayor sorpresa a su pareja y luego al otro, pero seguía sin opinar porque Oikawa se estaba poniendo rojo y estaba a punto de estallar, como un bonito globo que es acariciado por la cabeza de un alfiler. Justo así.
—¿Y qué hacemos, Shoyo? Tomamos el semen de los tres y lo revolvemos en un tubo de ensayo y "sorteado" —añadió irónico Oikawa mientras que Kageyama miraba atónito al castaño y después al pelirrojo.
—No, estúpido. Mi ADN es defectuoso —declaró Shoyo mientras tomaba su abrigo—. Tomaré aire —resolvió en un suspiro mientras que caminaba a la salida dando zancadas.
El par se quedó en silencio y el tema no se volvió a tocar, ni siquiera cuando Shoyo regresó con los ojos llorosos pidiendo perdón a Oikawa y a Kageyama, declarando estar confundido, declarando amarlos, declarando querer estar con ellos para siempre pero al mismo tiempo no privarlos de algo que era natural.
Shoyo estaba confundido y era mejor si sencillamente empezaba a ir a terapia lo cuál resultaba bastante confuso porque recién había sido dado de alta de las terapias que las sesiones para combatir el cáncer requerían, pero los tres acordaron que mientras Oikawa estuviera fuera, Shoyo iba a asistir nuevamente para buscar una solución a esa ansiedad y tristeza que llevaba arrastrando.
...
La vida era sencillamente miserable, más de lo que debía ser, de hecho, en una escala del 1 al 10 Iwaizumi sentía que estaba en el -1000, así de miserable era: tenía un carácter que más allá de hacerlo rechazado lo volvía algo así como popular, como una especie de animal de circo al que todos señalaban y querían estar cerca para tomarse selfies –aborrecía con toda su morena existencia esas putas mierdas, le recordaban a lo fastidiosa que había sido su vida durante la preparatoria a lado de Oikawa-, odiaba que su madre se hubiera decidido casar por segunda vez con el patán de Koji y se negaba en exceso en cambiarse el apellido, otra vez, él ya era todo un adulto en toda regla (con un hijo y una exmujer bastante fastidiosa).
Miró el teléfono y tenía tres llamadas de su madre. Seguía insistiendo con lo mismo.
—¿Madre? —murmuró apenas contestaron del otro lado.
—¿Ya lo pensaste? Míralo por el lado positivo, si te vuelves... —Iwaizumi colgó de inmediato mirando hacia un árbol que tenía frente a él.
Iwaizumi le gustaba tal y como estaba, no pensaba hacerlo, no pensaba cambiarlo. Su papá se había largado a la mierda por solo una razón y no lo culpaba, por el contrario, cualquiera hubiera tomado sus cosas para huir con una esposa que sólo sabía gritar desde que llegaba hasta que se iba al trabajo, así que no culpaba ni a su padre ni a su madre, el apellido Iwaizumi se quedaba.
Quizás todo lo anterior era lo más fácil de sobrellevar, el verdadero infierno era su idea de "emprendedor", que en sí el negocio no era malo en lo absoluto, pero si era una patada en los huevos. Cuando un día le dijo a Matsukawa y a Hanamaki la idea que tenía estaba tan emocionado porq eu sería "lo único bueno que tenía en su vida", pero la realidad era totalmente distinta ahora que tenía un negocio que crecía y prometía convertirse en consorcio en todo Tokio, algunos supuestos expertos proyectaba que si se manejaba bien la situación y con una buena inversión no sería algo local si no nacional e incluso internacional.
—Una tienda jugos.
—¿Una tienda de jugos? —preguntó Hanamaki cuando Iwaizumi les contó, bebía una cerveza.
—Sí, sí —reforzó la idea asintiendo con la cabeza el moreno—. Una modesta tienda de jugos... compraré las frutas directamente con los granjeros de las inmediaciones de la ciudad y adicionaré los jugos con proteínas, calcio y esas cosas.
—Recuerda que los esteroides son ilegales en muchos deportes —bromeó Matsukawa y Hanamaki soltó una carcajada.
—No, no pondré esteroides... aunque no es ilegal venderlos y si el cliente lo quiere pues... —Iwaizumi alzó los hombros en un gesto que decía: "No será mi puto problema", los otros dos se quedaron fríos y después empezaron a reír.
—¡Ala! ¡Señor todo perfección! ¡Vaya giro que tiene la historia! —bromeó fuertemente Hanamaki.
—Oikawa estaría muy triste si te escuchará hablar —secundó Matsukawa a lo que Iwaizumi restó importancia bufando.
Y fue así como un modesto kiosko que servía jugos naturales adicionado con vitaminas, calcio y demás suplementos deportivos (y legales) se volvió una locura, sobre todo porque Iwaizumi pasaba a las 4:00 am por las frutas (una o dos canastas, pues odiaba desperdiciar alimentos), a las 6:00 am abría el local y todos los corredores y deportistas que iban a aquel parque pasaban por su jugo vitaminado, pronto el parque de tener una población de unos veinte o treinta corredores a lo largo del día se volvió en un sitio en el que transitaban entre 50 o 60 personas sólo por la mañana.
La caja o dos cajas de fruta que compraba se volvió toda la batea de su camioneta de carga. Zanahorias, toronjas, naranjas, melones. A Matsukawa, su ahora socio, se le había ocurrido introducir smothies y batidos lo cual atrajo no sólo a deportistas si no a escolares que temprano pasaban por un desayuno rápido y justo después de la escuela regresaban por helado, porque claro Hanamaki sugirió hacer helado casero.
Fue todo un show, una travesía, un horrible proceso el aprender a hacer helado casero pero Hanamaki se había ofrecido a hacerlo diariamente en la noche cuando regresaba del trabajo, un dinero adicional jamás iba demás y lo necesitaba pues quería invertir sus ganancias en un curso que se daría en París, y aunque la estética donde trabajaba le pagaría las seis mensualidades del curso así como el material que se iba a requerir él tenía que costear el viaje de ida y vuelta así como su estancia, alimentos y demás, y no era precisamente barato.
El éxito del negocio fue tal que Iwaizumi logró ver su inversión en el menor tiempo del que creía, lo cual era sorprendente. Envió una fotografía de su primer cheque libre con ganancias nada despreciables a Oikawa que ya estaba en Italia, amenazándolo que debía de volver en cuanto pudiera para ir a celebrar juntos. Y todo parecía perfecto, ideal salvo por un pequeño detalle. El problema era lidiar con un cliente en especifico, uno que llegaba cada maldito miércoles, viernes, sábado y domingo a las 7.15 am en punto y no movía su perfecto y trabajado trasero sino hasta las 10.15 am que era cuando el local comenzaba a dejar de vender jugos naturales y el menú cambiaba a emparedados y comida ligera pero saludable, hasta la noche que volvía a cambiar de rubro y se dedicaba a la venta de café y pan integral. (Todo eso idea de los otros dos inversionistas, molestos y jodidos socios), Iwaizumi sólo cubría el turno matutino, y por las noches pasaba a recoger las ganancias del día así como los libros y archivos de compra-venta, a finales de año necesitaría ya un contador que llevara las finanzas y probablemente contratarían a alguien que se hiciera cargo de todo lo demás.
Suspiró profundamente esa mañana tras recibir un mensaje de Oikawa, escueto pero conciso: "Odio todo, Iwa-chan", "Todo está mal, Iwa-chan", "Pero ganamos y me van a pagar". Oikawa tenía una de sus fuertes crisis existenciales y Hajime se lamentaba no estar cerca, sabía con lujo de detalle, gracias a Oikawa, toda la situación detrás de Hinata y sus repentinas ganas de tener un hijo, así como el Punto de vista de su amigo, no quería meterse en algo que no era su asunto, tampoco quería aconsejar a Oikawa pues sí a él se lo preguntaban diría: No tengas hijos. Amaba a su hijo, el pequeño Tooru era una monada y todo lo demás, pero la madre del niño era un asunto a parte.
—¿Otra vez peleaste con tu esposa, Iwa-chan? —preguntó aquel cliente mientras que Iwaizumi suspiraba por octava vez en el día buscando paciencia.
—Kuroo-San —rezó en voz baja—. Le he pedido varias veces no me llame de esa manera —masculló mientras que se acercaba al de cabello oscuro.
—Oh, Iwa-chan suena cercano, considerando que eres el mejor amigo de uno de mis mejores amigos es como si fuéramos casi hermanos —sentenció el susodicho—, además... no tengo a quién más contarle que Sussie Lee y yo tenemos problemas, Iwa-chan... —susurró ese cliente que no era ni más ni menos que un jugador profesional, y no cualquiera, sino uno seleccionado imagen de una línea de ropa deportiva, de una línea casual y de varias marcas de artículos deportivos y comerciales. Era un jodido dios e Iwaizumi sólo quería molerle la sonrisa a golpes, ese era el problema del odio hacia su negocio.
Ese maldito bastardo era el infierno mismo, y sólo le quedaba sonreír, soportarlo y sonreír.
—Qué desgracia... —respondió Hajime.
—¡Es en serio! Tenemos problemas... —insistió el jugador mientras que jugaba con su jugo verde que siempre tomaba e Iwaizumi ya le había servido, lo bebió tan rápido que a Hajime le pareció que Kuroo proyectaba quizás un vaso de alcohol en aquella bebida vitaminada, ahora quedaban las eses de la bebida y Kuroo se. negaba a acabárselo hasta no haber terminado de contagiar con su miseria al resto de los consumidores que como no queriendo la cosa escuchaban lo que una celebridad como Kuroo Tetsuro tenía para decir.
—¿Sí? ¿Cuál es el problema esta vez? —preguntó el moreno mientras pelaba las naranjas y se apresuraba en dejarlas a parte, ya se había acostumbrado como no queriendo la cosa y Kuroo era demasiado listo, dejaba de presionar cuando sentía encendido su alerta de peligro.
—Bueno, al parecer ya no le gusto. Ya no desea acostarse conmigo —La voz impregnada en aquella voz fue tal que sintió cierta miseria el moreno, alzó por un momento la mirada y juró, por lo más sagrado de esa vida, que eran sus malditas nuevas zapatillas Acsis para jugar los fines de semana al volley, que el rostro de Kuroo era legítimamente triste.
—Probablemente esté cansada y por eso no desea acostarse contigo, Kuroo-san —infirió Hajime volviendo su mirada a su trabajo en un intento por hacer sentir mejor al otro.
—No, Iwa-chan, no es así, es que sencillamente no quiere acostarse conmigo, siempre tiene excusa, todos tienen excusas para no acostarse conmigo —se quejó con los labios hechos un mohín tristezón.
—¿Por qué dices eso?... —se quedó un momento callado y negó—. Espera... ¿intentaste acostarte con alguien más que no era Sussie Lee? —frunció el ceño Iwa-chan.
—¿Eso está mal?
—¡Claro! ¿Por qué crees que se molesto, Sussie Lee? —bufó el moreno guardando los gajos en agua para que no se echaran a perder tan rápido, ahora sacaba los melones para pelarlos también—. Es asqueroso.
—Pero... pero... es una necesidad regular además si Sussie Lee no quiere acostarse conmigo de alguna manera debo de sacar las necesidades, no puedo ir a los partidos así como así, masturbarme no va conmigo...
—Suenas igual a Oikawa —sentenció Hajime.
—¿De verdad? ¿Crees que soy igual que él? Aunque él es un buen setter y yo soy rematador nuestras dos posiciones no se parecen, oye Iwaizumi, ¿Tú no tienes necesidades? Porque yo sí y es triste... necesito desahogarme, pero Sussie Lee no quiere —se quejó e Iwaizumi puso los ojos en blanco fastidiado pues el moreno no sólo estaba molestándolo a él si nollamando la atención de los otros clientes y de sus dos empleados, una chica y un chico de temprana edad que eran estudiantes y trabajaban a medio tiempo, eran bastante movidos hasta que llegaba Kuroo Tetsuro.
Era curioso porque según lo que sabía por parte de Daichi, otro de los compañeros de Kuroo, y por parte del propio Oikawa, Tetsuro era una persona juguetona pero bastante seria y centrada. Kuroo le recordaba un pelín a Oikawa y eso era lo que le llamaba la atención, lo que le hacía soportarle aún en plena incomodidad.
—Ya me acostaré yo contigo, Kuroo-san, ahora por favor lárgate de mi trabajo que estás jodiendo la productividad.
Los ojos de Tetsuro se iluminaron y más pronto que tarde rió con autentica felicidad, se incorporó sin esperar mucho y dejó buena propina en la barrita donde Iwaizumi pelaba melones, Hajime no hizo ningún comentario y sólo observó como el moreno se iba brincando por la calle.
—¿Así que te vas acostar con Oikawa-san? —susurró Maki mientras dejaba una reja de naranjas frescas a un costado del moreno. Éste ni siquiera chistó.
—¿Quién no ha soñado con acostarse con un sensual jugador de volley? —soltó sincero sin una pizca de vergüenza en sus palabras, el amigo del moreno parpadeó confundido y rió entretenido, Hajime era la clase de tipo bruto y sincero que soltaban todo sin filtro, en medida se parecía a Oikawa pero menos roto. Despeinó a su compañero y le deseo éxito en el futuro. Una jugada inesperada pero Hajime hacía mucho tiempo había sido predecible, estaba camino a un nuevo futuro y Makki como Matsun esperaban encontrara la felicidad muy pronto.
...
Amantedelvoley09 ha subido un vídeo nuevo.
"¿Dónde rayos te has metido? Es probablemente la pregunta que todos tienen para mí y bueno, la verdad es que como pueden ver... estamos en un hospital... —suspiró con una sonrisa casi derrotada—, otra vez... Y la verdad es que hoy nos someteremos a un tratamiento que promete aliviar por lo menos un poco más todo el desastre que esto ha dejado, quisiera agradecer muchísimo a todos los que han estado apoyando el canal, así como aquellos amantes del voley que me han seguido desde el blog "sonrió grande". Son unos geniales... no estoy muy seguro en cuánto tiempo vuelva a grabar un vídeo porque desconozco el tiempo de recuperación pero si todo sale como espero a mediados de año estaremos volviéndonos a ver las caras... Recuerden siempre pueden seguir mis redes sociales aunque... será como una deprimente bitácora de un enfermo de cáncer... así que si quieren también puedes des-seguirme... "se quedó pensando". ¿Existe esa palabra?"
La risa cantarina es contagiosa a pesar de que a ese punto más de la mitad de los subscriptores tienen un nudo en la garganta y algunos más sensibles tienen los ojos hinchados de llanto porque Shoyo no luce como el Shoyo de hace dos vídeos, su canal es un registro de lo que de pronto el cáncer te hace.
"Sin embargo no puedo ir sin darles información útil" sentenció mientras que sonreía lo mejor que podía. "Y hablaremos de esta sección que ustedes ya conocen, que les encanta y a mí también, sobre todo a las señoritas que son... los traseros de la semana" y se empezaba toda una serie de tres vídeos recopilaciones de vídeos enfocados al trasero de chicos, porque hacerlo con chicas era misógino, le daba placer a su público y la gente le tomaba con humor. El vídeo finalizó con el trasero de Oikawa Tooru durante el último partido con el Ravella.
Iwaizumi vio el vídeo con un suspiro prolongado porque Hinata se despidió como solía hacerlo y de ese vídeo habían pasado dos semanas, los comentarios preguntándose por la salud de Hinata y otros más ofreciéndole apoyo llenaban la caja de comentarios. Dejó de lado cualquier tipo de especulación.
—¿No has sabido nada? —cuestionó directamente a Kuroo que tenía al frente suyo.
El jugador de volley negó.
—Lo último que me supe es que ya eran las últimas exfoliaciones —sentenció firmemente el capitán de la selección mientras que jugaba con su jugo verde, se lo tomaba a sorbos pequeños—. Es lo que salió en la última biopsia... la otra es que se le estirpe las cuerdas —señaló su garganta—, pero ni Kageyama-kun ni Oika'a-san desean —dijo, torció los labios el moreno—. Deberías de saber más tú al respecto... eres amigo cercano de Oika'a-san —y hubo una sonrisa pícara por parte del jugador profesional.
—Sí, pero no solemos hablar sobre el enano —contestó—. No es que no me interese pero... pienso que cada vez que Shittykawa tiene desesperación, hablar del enano solo hará que se desespere más...
—¿Hace dos o tres meses se fue, no? —preguntó con curiosidad.
Iwaizumi asintió
—Tres y medio —corrigió casi de inmediato.
Kuroo silbó.
—Eso ya es mucho tiempo, ¿siguen juntos?
Iwaizumi volvió a asentir—. En dos semanas son las finales, esta semana tienen la semi-final de la copa Europea, si todo sale bien, irán a la final y en tres semanas estará de regreso a Italia, después vendrá a Japón quizás por dos o tres semanas hasta que inicie la nueva temporada —explicó el moreno.
—¿Osea que no vendrás a trabajar? —interrogó Kuroo ahora bebiendo su jugo.
Hajime pareció un poco contrariado y torció los labios con algo de duda.
—¿Por qué no habría de venir a mi trabajo?
—No lo sé... porque tu mejor amigo viene a Japón después de tres meses de no verse —sentenció el otro y Hajime lo sopesó antes de negar.
—Tendrá sus cosas por hacer con Kageyama y el enano.
—Ya, estás celoso.
—¿Qué dices? —dejó de picar pepinos el moreno. Kuroo sonrió de medio lado.
—Estás celoso, de otra manera no cortaras esos pobres vegetales con el odio con que los cortas ni estarías apretando el cuchillo con ganas de enterrárselo a alguien.
—A alguien no, sólo a ti, en el cuello y después cortarte la puta lengua.
—Repítelo y deja que lo grabo de vuelta, así tendrán material para cuando hagan un vídeo de youtube rehaciendo la secuencia de acontecimientos antes de mi atroz asesinato... ya sabes esos vídeos...
—Sí, sé de cuales, a Oikawa le molan un montón.
—¿Conoces a Dross?
Iwaizumi negó.
—Hay un español que se llama "Tri-Line", me lo ha pasado Oikawa y son una pasada sus vídeos, entretenidos para antes de dormir —dijo con la mirada clavada en el pepino otra vez y la cabeza en otras.
—¿Osea que admites que ves vídeos de crímenes violentos y sucesos inexplicables antes de dormir? —preguntó Kuroo e Iwaizumi alzó el rostro para verle la cara pero solo se encuentra con la cámara del moreno apuntándole el rostro.
—¡Qué te den! —respondió intentando atrapar el teléfono pero Kuroo es más rápido y se apartó riendo.
—Dame más material, necesitamos más material —dijo y de pronto Iwaizumi se ha saltado la barra para empezar a perseguirlo. Las maldiciones se volvieron risas y los dos empleados del moreno ven un poco sorprendidos y de buen humor como su jefe siempre estricto y serio se relaja, juega con un amigo.
...
Kuroo veía con ojos risueños al moreno que le persiguió y su cara de furia incontenida hasta los últimos momentos que duró el vídeo, guardó el teléfono apenas la enfermera se retiró.
—Muchas gracias por acompañarme, Kuroo-san —murmuró Hinata en la cama del hospital.
—Que va, pequeñajo —rezongó el moreno—. Después del vídeo tan chulo que me has hecho y todos esos acercamientos y momentos de apreciación a mi glorioso trasero es lo menos que puedo hacer —dijo.
Desde lo ocurrido en la preparatoria Kuroo había sido uno de los inesperados aliados y amigos que Shoyo había logrado afianzar más y más, ciertamente la relación entre Kuroo y Shoyo siempre había sido ligeramente dispersas y con quien mantenía la amistad era con Kenma, el amigo de la infancia de Tetsuro, sin embargo y sin oposición o resistencia, Kuroo y Shoyo se habían hecho íntimos al grado de mensajearse varias veces al día.
Ese día en particular, después del casi asesinato de Kuroo a manos de Iwaizumi, se había ofrecido a acompañar a Shoyo a su revisión rutinaria en el hospital pues Kageyama había tenido concentración.
La voz no le sonaba ni peor ni mejor al menor, sólo desgastada, la misma sensación que quedaba atrás después de una noche muy loca de un poderoso concierto, justo igual al que Oikawa reseñaba de Los Ángeles, ese primer concierto donde descubrió que quería estar a lado de Shoyo. Kuroo le sonrió con nostalgia y cariño antes de acercarle el vaso del agua porque debía ser incómodo, bastante, el que te estuvieran metiendo la mano a la garganta y jugando con ella dentro (de modo figurativo, pero a Kuroo así le había parecido).
—¿Tienes hambre después de esto? —cuestionó Shoyo y Kuroo negó.
—Me duele y ni siquiera me lo han hecho a mí —dijo el moreno y Shoyo rió de forma ronca.
—Venga, vamos por un helado.
—¿Y puedes comer eso? —preguntó con incertidumbre el jugador, la enfermera que ayudaba a Shoyo a ponerse de pie asintió mirando al acompañante.
—¿Ves? —secundó Shoyo mientras cooperaba para que le quitaran la bata de hospital quedando desnudo de la parte superior. Kuroo pudo ver los huesos de las costillas que se le marcaban al menor, debido a los tratamientos que había estado llevando el comer o retener comida era cada vez más difícil el menor, y aunque los exámenes salieran positivo, le estaba costando mucho trabajo al menor ganar peso. Por otro lado, tanto Kageyama como la familia de Hinata había exigido que lo empezará a tratar un nutriólogo especialista pues no querían que Shoyo tuviera que pasar por más tratamientos dolorosos.
Kuroo no rezongó, por el contrario, le pareció agradable ver la ilusión y la emoción del pelirrojo. Lo ayudó a ponerse la camisa y después salieron de la consulta, con el pelirrojo recargado de él, pues aún se sentía un poco mareado.
—¿Estás seguro que no quieres ir a descansar a casa? —cuestionó con curiosidad el moreno.
Shoyo negó.
—Estará sola, no soy bueno estando solo —explicó.
—Me quedaré contigo... es más... ¿por qué no vienes a quedarte a mi departamento?
—No quisiera incomodar —murmuró el pelirrojo.
—Venga, será divertido, así haré que Kenma vaya, seguro se emociona y se va con nosotros, rentamos unas películas, comemos lo que sea que podamos comer y no sea tan deprimente y hasta te dejaré grabar un vídeo en plan "Cribs' Kuroo Tetsuro".
—Ahora me chantajea un gato pulgoso.
—Más respeto, pequeñajo que te recuerdo que os patee el trasero varias veces a los cuervos y a ti durante toda la preparatoria.
—Hasta que te ganamos en las nacionales que al final fue el partido que más importo.
Kuroo infló las mejillas y soltó el aire, ambos empezaron a reír. Llegaron al auto del pelirrojo y esperó a que el moreno subiera.
—Vale.
—¿Vale?
—Vale, me quedó en tus casa... sólo le avisaré a Kageyama y a Oikawa.
El par se sonrió mientras avanzaban lentamente por la salida del estacionamiento del hospital. Los resultados de la revisión se daría a conocer en dos días más, Kageyama terminaba la concentración en una semana, así que Kuroo se volvería a ofrecer a regresar con él, no le molestaba, al contrario, se sentía útil y necesitado.
...
Como Kuroo había predicho, Kenma no tardó ni una en llegar hasta el apartamento de Kuroo en uno de los vistosos barrios residenciales de la ciudad cuando se enteró que Shoyo iba a pasar a con él la noche, en parte quería ver a su amigo pero al mismo tiempo cuidarlo de su amigo de la infancia, pues conocía a Kuroo y no le tenía confianza en lo más mínimo lo que se tradujo como un enojo momentáneo por parte del acusado que fingió sentirse ofendido hasta que la sopa de soja con tofu estuvo lista y todos comieron. Kuroo acompañó la sopa con unos trozos de carne y obligó a Kenma a comer al menos más vegetales, Shoyo se tuvo que conformar solo con la sopa pues era lo único que podía pasar después de la revisión, aún le causaba un poco de asco el tener que tragar.
La noche pasó bastante serena.
Para vergüenza de Shoyo, Kuroo insistió revisar la plataforma de YouTube y ver todos los vídeos que hablaban sobre los vídeos de Shoyo como: "Piña Kawaii reaccionando al vídeo de AmanteDelVolley09", o cosas por el estilo, algunos eran amables y lo idolatraban, otros eran haters y a Shoyo en lugar de desmotivarlo le daba risa. Kuroo lo grabó riéndose y haciendo bromas. Cuando los tres se aburrieron decidieron ver una película, pues aunque Kenma, que era jugador de ESports a esas alturas, quería jugar Kuroo y Shoyo sabían que la partida se volvería interminable y quedarían aplastados, así que prefirieron ver una película. Y cuál más si no la favorita de Kenma: "Final Fantasy: Advent children", donde Kuroo no comprendió la mitad de lo que pasaba.
—¿Pero para qué quieren coger a todos esos niños? ¿Es una suerte de Michael Jackson? —preguntaba en reiteradas ocasiones y Shoyo junto a Kenma sólo podían pegarle con la almohada para que se callara, y donde definitivamente se calló sólo para descontrolarse fue el momento en que Sephiroth apareció después de haber evolucionado en el cuerpo del otro tío de cabello blanco, Kuroo chilló emocionado y empezó a cantar la canción del villano haciendo que Shoyo se partiera de la risa porque Kenma se le fue encima para callarle sofocándole con una almohada en la cara.
Lamentablemente, aunque ganaba más que cualquiera de los de la generación, los ESport habían dejado un estado escuálido y sin fuerza en Kenma que cedió en el manoteo haciendo que un deportista ELITE le sometiera sin problema. Shoyo siguió riéndose grabando la pelea hasta que su celular, que tenía en la mano, empezará a sonar.
+39
Era la lada y a Shoyo no le dio buena espina desde ese punto, respondió en inglés porque esa lada no era japonesa, y reconocía la construcción de un lugar bastante alejado. Enseguida le respondieron, era una mujer con voz estoica y una pronunciación bastante limpia para hablar en inglés del mismo modo. Kuroo y Kenma pararon su épica pelea para ver a Shoyo al que el rostro le cambió en dos segundos. Las cosas escalarían al grado que el pelirrojo saliera corriendo pidiéndole a Kuroo que lo llevara a su casa para coger dinero, su pasaporte y ropa.
Debía ir a Italia a la brevedad.
...
Porque obviamente, todos tienen un montón de accidentes dramáticos e impresionantes que dejan acongojados el corazón de quién escuchaba o sabía de ellos. Pero sólo a él le pasaba algo tan básico y vergonzoso como intoxicarse por comida del avión, y no cualquier comida, un maldito pudín, y uno de plátano ¿Qué podía ser más vergonzoso que quedar inconsciente, intoxicado por un pudín en mal estado? Nada, sólo casi haber muerto pues los médicos afirmaron, después que pudo haber muerto. De verdad, casi haber muerto.
¡Por un maldito pudín!
Hubo rumores de todo tipo pues al ser algo que ocurrió en el aire se complicó bastante al no tener los servicios médicos necesarios, sólo los de emergencia, así que a la llegada del equipo donde trabajaba Tooru como armador, una ambulancia lo esperaba. ¿Qué más llamativo que una ambulancia en plena pista de aterrizaje? Sólo una detención por drogas en pleno aeropuerto o una amenaza terrorista, así que, como abejas atrapadas por el polen de las flores, los reporteros y columnistas atestaron la sala de espera del aeropuerto desde donde se podía apreciar como bajaban entre dos compañeros al grandulón japonés y era puesto en una camilla.
La fotografía del rostro verdoso de Oikawa que dio la vuelta al mundo y con residuos de vomito en su ropa, porque lo habían hecho vomitar, solo hizo que Kageyama y Shoyo se alarmaran mucho más de lo que ya se encontraban tras la llamada de la enfermera que había sido la designada en dar información sobre el paciente.
Tardaron al rededor de doce horas, casi catorce con los trámites de migración y el traslado al hospital, catorce horas tediosas y tortuosas donde Shoyo no paró de aferrarse a la mano de Kageyama que no lucía ni de pizca mejor. Oikawa había despertado a lapsos, y su condición fue bastante crítica debido a que no se le había prestado de forma rápida la atención médica correspondiente, sin embargo lo que le habían auxiliado sirvió para mantener vivo al armador. A ratos parecía despertar pero era parte de las pequeñas alucinaciones que llegó a tener en sus estados de inconsciencia.
En todo el tiempo, desde que Shoyo y Kageyama llegaron se habían separado de su compañero. Fue rumbo al medio día del siguiente día que el mayor de los tres abrió los ojos con somnolencia y se quejó. Kageyama fue el primero en notarlo. Enarcó la ceja asegurándose de que no había sido sólo un reflejo de su propia imaginación y su deseo porque el mayor despertará ya, pero fue claro cuando Oikawa abrió los ojos sin lograr enfocar nada y los volvió a cerrar con pesadez.
—Despertó —murmuró Tobio haciéndose a un lado porque Shoyo se lanzó contra el castaño, llorando sin poder evitarlo.
Oikawa exaltado miraba confundido para todos lados. Un techo blanco, una cortina, luz inreflecta y austera. Tenía esa sensación de haber dormido mucho tiempo sobre una misma posición. Oikawa asustado tendió su mano como pudo, con esfuerzo sublime, hacia la espalda de la persona que estaba abraza a él, no necesitaba esforzarse en saber quién era porque el olor a eucalipto y menta de su shampoo lo delataba. Cerró los ojos, ante el contacto. La otra mano libre fue apretada por alguien más que estaba ahí, Tobio.
—¡Sí tienes algún problema ven a hablar con nosotros! ¡No te lo quedes callado! — gimió el cuerpo que aún convulsionaba en llanto sobre él. La otra persona que le sostenía su mano apretó un poco más el agarre secundando las palabras desesperados de quien había hablado.
Oikawa cerró los ojos una vez más, agotado.
Quizás era muy pronto para darse por vencido, había tenido una especie de sueño, revelación o poltergeist, él tan fan del tema, donde había visto su futuro, y quería que ese futuro donde Shoyo estaba vivo, fuera real. Era demasiado pronto para vencerse junto con Shoyo, por esa extraña familia .
—Siempre te he dicho que vayas ha hacerte un maldito chequeo de las alegrías —dijo entre sollozos Shoyo que no paraba de abrazarle. Tobio lo apoyó y Oikawa sólo pudo sonreír débilmente.
...
—Uno de los dos se debe de quedar con él —sentenció Shoyo mientras tomaba un té desde un vaso térmico. Kageyama afirmaba.
—Tú tienes que regresar para los estudios.
—Los puedo pedir por correo electrónico y que aquí los revisen, tú en cambio debes de volver para terminar la concentración y prepararte para el partido que tienes en una semana.
Kageyama suspiró profundamente rascándose la nuca, él bebía un vaso de leche caliente con miel, era primavera pero la provincia italiana era más bien fría a esa hora de la noche. Los dos se encontraban en un rincón del hospital mientras Oikawa dormía ya más estable y con mejor aspecto.
—Entonces... ¿te quieres quedar tú?
Shoyo asintió, miró hacia la ventana.
—Nunca he estado en Italia —dijo—. Al menos no por turismo, y cuidar de Oikawa no será gran cosa...
Kageyama rascó su nuca otra vez y bufó mirando para todos lados buscando otra solución sin encontrarla realmente, no le quedaba más que aceptar el trato que el mayor le estaba ofreciendo, mordió su labio levemente.
—Me llamarás todos los días para decirme cómo están, ¿vale?
Shoyo sonrió suavemente y se acercó a besarle los labios discretamente, con sencillez y rapidez para no ser pillados, pues desconocían el trato a las personas homosexuales como ellos, además, por ahí deambulaban paparazzis deportivos que esperaban una nota, y ellos no querían ser esa nota.
—Vale, me gusta cuando te pones ansioso y te preocupas por nosotros.
—siempre me pongo ansioso, y siempre me preocupo por ustedes... sobre todo por ti, aunque... después de esto empiezo a creer que ya no soy el otro idiota de esta relación... —comentó con ironía el moreno—. ¿Quién demonios se intoxica con un pudín?
Los dos rieron bajito y con desgana. Sus manos se entrelazaron brindándose calor y después silencio viendo el cielo violeta que les regalaba esa hora del día. Era cierto que Kageyama se quedaba un poco inquieto pero para Shoyo era una oportunidad de pasar un verano en la campiña italiana, compartir con una de las personas que más amaba un verano, probablemente su último verano.
A Kageyama le dedicaría el otoño, y los tres compartirían el invierno.
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Anotación: El sueño de Oikawa lo pueden encontrar en el libro de mi perfil de Wattpad "Las plumas del cuervo", el oneshot se llama "Aún no es tiempo".
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Cronopios del autor: Lamento mucho, mucho la última publicación y el tiempo de espera entre ella y esta entrega pero mil cosas pasaron. Viajes, trabajo, inseguridad por no poder darles algo que merezca la pena (y lo lamento mucho) y familia, básicamente lo de una vida normal. Ahora mismo tengo hambre y siento que el capítulo no estuvo tan pro, pero espero de todo corazón les haya gustado. Disfruté un montón escribirlo.
¿La buena noticia? Es que el otro capítulo ya va por la mitad (lo borré y lo escribí otra vez, y el resultado me pareció más propicio, considerando que es el final). ¡Sí! El siguiente capítulo es el final y dios, estoy temblando.
Muchas gracias por todo el apoyo que me han dado, el amor, haber compartido el fic y sobre todo, los mensajes que me llenan el alma. ¡Les mando besos!
¡Nos estamos leyendo muy pronto!
St. Yukiona.
Quien los ama de corazón, pulmón y páncreas.
(Por cierto, ¿Ya me siguen en mis redes sociales? Facebook donde comparto cositas de anime: /tiayukiona y mi Insta donde les platico de mis viajes: Styukionna, espero me sigan y poder compartir más tiempo juntos. ¡Saludos y besotes, Mazapanes!).
