Descarga de responsabilidades: Haikyuu!, no me pertenece a mí -obvio-. Le pertenece a la gente que lo hace (?

Advertencia: No beteado.

.

.

El circo de las rarezas

St. Yukiona

.

.

5.- El conejo del sombrero

Era casi primavera, y Shoyo se detuvo a analizar este detalle cuando un día después de estar haciendo recepciones junto con Ennoshita y Sugawara se sentó en las escaleras de la entrada secundaria del gimnasio. Cerca de la entrada lateral del gimnasio había un limonero que daba de estos frutos gordos y verdes, caían al piso cada tanto y uno que otro alumno robaba unos cuantos –decían que eran amargos pero con miel sabían deliciosos-, el resto los recogía el conserje, no obstante, el limonero daba unas pequeñas flores blancas que hacía resplandecer destellos de color entre las hojas verdes y nutridas, el detalle le hacía sonreír cada tanto; no se había percatado pero desde que Natsu había crecido él se había vuelto muy sensible con respecto a ese tipo de cosas. Su hermana le hacía ver el mundo a través de sus ojos y era maravilloso. Era su segunda primavera en Karasuno y sentía que el cuerpo le brillaba junto con ese bonito limonero. Secaba su sudor con una toalla, su respiración ya se había regularizado pero la transpiración seguía recorriendo mares por su rostro y su espalda, la camisa se le pegaba a la piel y aunque era incómodo tenía que aguantase, tuvo el impulso de quitarse la camisa para refrescarse pero sería regañado tal como Daichi regañaba a Tanaka.

En breves semanas los de tercero se despedirían para siempre del equipo y después recibirían a los chicos de nuevo ingreso, ellos estarían en segundo y volvería a comenzar el conteo regresivo hacia los torneos, un perfecto ciclo sin fin. El corazón le latía acelerado al saber qué estrategia iban a utilizar ahora que la estrella no estaría, ni el confiable colocador o la fuerte recepción del capitán. Los tres que se graduaban dejaban un hueco que difícilmente lograrían llenar pero que tratarían con todas su fuerzas de regar esa semilla que habían plantado el año anterior. Sacrificar un par de partidos para ver cuál era la mejor forma de jugar valdría la pena, pero al final tendrían que remontar y volver a la cima. Lo había platicado con Shiiro seriamente sobre el asunto de que sus senpais se iban.

—Lo más probable es que terminen metiendo la pata y pierdan la mitad de sus partidos hasta que vuelva a ocurrir un milagro para que logren sobrellevar esa pérdida, sacarse un as bajo la manga o al conejo del sombrero —soltó sin escrúpulos el moreno bebiéndose una cerveza. Ese día Hinata comía sandía que el propio Shiiro había comprado. Aunque estaba enfadado con lo que el mayor decía Hinata seguía escuchando—. El problema con equipos como Karasuno es que no tienen una forma de juego sólida, por eso el que tres jugadores se vayan es como un apocalipsis pero… ¿sabes qué? —se flexionó el mayor mientras que recargaba sus antebrazos de sus rodillas para mirar más de cerca al menor—. Al maldito demonio… hay que romperles el culo y seguir adelante.

"Romperles el culo y seguir adelante" Hinata no tenía idea de lo que eso significaba pero suponía que algo importante si Shiiro se lo estaba diciendo. Secó un poco más de su sudor y cuando estuvo a punto de incorporarse sintió una patada en su espalda que lo hizo por poco rodar.

—¿Qué demonios estás haciendo? Te estoy esperando para que sigamos practicando —gruñó Kageyama que no tenía un rostro menos fatigado que el propio. Al parecer ambos habían tenido la misma preocupación pero mientras Hinata se desahogaba hablando con Shiiro, Kageyama aumentaba en un 200% su régimen de entrenamiento hasta el punto de dejarlo pálido del agotamiendo.

—¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Recepciones? ¿Saques? —interrogó Hinata mientras se incorporaba y se estiraba, dejó la toalla y el bote de agua contra la pared. Kageyama enarcó la ceja con curiosidad, autentica y genuina curiosidad.

—¿Quieres practicar saques? —preguntó evidenciando su sorpresa y Hinata solo bufó ofendido arrebatándole el balón que traía en sus manos, botándolo en el piso para desentumir un poco los músculos de su espalda que por la relajación de breves segundos habían terminado por empezar a hormiguear, debía de ponerlos en funcionamiento para que la maquinaría volviera a andar—. ¿Por voluntad propia? —insistió Kageyama creyendo que se trataba de un sueño o parte de una alucinación producida por una contusión debido a recibir otro balón con la cabeza.

Hinata no solía rehuir al trabajo, al contrario era la clase de loco que sí le decías: diez vueltas, daba veinte si con eso podía subir de nivel, sin embargo, el hecho que Hinata por propia voz pidiera practicar saques era algo digno de ver, sobre todo porque la mitad de los saques terminaban en la red y Kageyama no paraba de gritarle lo inútil que era, Tobio trataba de ser amable como le pedía Sawamura, pero era inevitable no gritarle pues algo que para él era sencillo al parecer a Hinata se le complicaba hasta la muerte. El equipo completo se había acostumbrado a esas retas, aunque seguía llamando la atención lo masoquista que era Hinata a ponerse de cara al malhumor del armador.

—Vale, practiquemos saques —gruñó Tobio ante el desplante de Hinata.

Para su sorpresa de 10 saques, sólo 3 quedaron atrapados en la red, el resto pasó la división y uno, hasta tuvo cierto baile aéreo que lo hacía parecer como un saque flotante. Tobio entrecerró la mirada. Algo andaba diferente con su as.

.

La primavera acentuó con más fuerza, y sin darse cuenta los árboles de cerezo habían brotado, dejando caer las flores como confetí vivo y aromático. Koichi sonrió al ver en el hombro de Daichi una sakura que quitó con cuidado antes de abrazarse de su amigo, del otro lado un apenado Asahi y la tríada sonreía con el sentimiento a flor de piel hacia la cámara. Los tres sostenían sus documentos de egreso de la preparatoria. Poco después se incorporaron Tanaka y Nishinoya que no paraban de berrear mientras se aferraban a Asahi. Tsukishima había ido más temprano a felicitar a los senpais por sugerencia de Tadashi, mientras que Hisoka, Kageyama y Hinata fueron en cuanto éste último terminó sus exámenes. Un extraño sentimiento lejano a él lo embargo cuando fue tiempo de despedirse en la hora del club. De pronto fue más real todo el asunto que los senpais ya no estarían ahí, ahora el confiable Ennoshita asumía el puesto como capitán y Tanaka como segundo al mando, aunque éste compartía la batuta con Nishinoya y todo parecía ser bastante animado, aunque en quien más parecía recargarse el nuevo capitán era en Kageyama y Tsukishima.

Un día, dos semanas después de que los de tercero habían partido, Hinata se encontraba en el patio –como era regular—, el balón botaba de un lado al otro, eran pases sencillos nada fuera del otro mundo. Durante la hora que llevaban haciendo el ejercicio el menor explicaba a Shiiro la inseguridad que sentía en sus propias habilidades debido a que él se convertiría en senpai y sería una especie de figura en la cual los otros debían/podían apoyarse.

—¿Entonces estás triste? —preguntó Shiiro sin comprender ni un pico lo que Hinata le trataba de transmitir. El balón golpeó en sus antebrazos y voló hacia los antebrazos de Hinata que devolvió la recepción.

—No. Sólo que… ¿y sí es cómo tú dices? —cuestionó deteniendo el balón, Shiiro incorporó su postura y torció los labios, sacó del bolsillo del short que usaba un cigarrillo que encendió en dos pasos, dio una larga calada mirando al menor—. Y si terminamos jodiendo todo lo que hemos hecho y… en vez de "partir culos" nos "parten el culo a nosotros" ¿Qué tal si pasa eso?

—¿Eres estúpido o qué? —cuestionó con el cigarrillo entre sus labios terminando de encenderlo.

—¿Qué?

—Te tienen a ti, con eso debería bastar para que les rompas el culo a todos —resolvió con la misma confianza que una madre tenía sobre su hijo, por un instante la contradicción atacó su rostro pues él no era la clase de persona que apoyaba a otros, no sabía cómo hacerlo, y cuando estuvo a punto de restarle importancia a lo que había dicho con algún comentario mordaz se detuvo al ver el rostro iluminado del menor. Dio otra larga calada y carraspeó aclarando su garganta—. ¿No me has jodido todas estas semanas y hasta has limpiado mi jodido patio para que te entrenara y de eso modo hicieras morder el polvo a todos?

—Sí.

—Entonces… debes de ganar y reventarle los cojones a cualquier cabrón que se plante al frente, o me sentiré muy enojado porque me hiciste gastar mi jodido tiempo.

Tiró el cigarrillo pisándolo con su sandalia de pata de gallo y se preparó.

—Venga. ¿Has estado practicando las colocaciones? —preguntó y Hinata negó mientras lanzaba el balón—. Pues lo vamos a hacer hoy… —Shiiro recibió el balón y lo envió de vuelta de forma limpia hacia el lugar donde estaba Hinata, éste por un instante dudó pero al siguiente segundo, con pasos torpes y aún indecisos alzó sus manos buscando poner el balón para el que un día fue el as. Cerró los ojos asustado para no ver su desastre provocando que el balón le cayera de lleno en el rostro derribándolo de lleno al piso. La mejilla roja como un tomate y las líneas del balón Mikasa.

Basta decir que Shiiro por poco y se orina encima de la risa, y que se dobló de tal forma que tuvo que sostenerse de la pared, después reprendió a Hinata tanto que se quedó sin voz, lo obligó a ir por una cerveza para refrescarse la garganta y volverlo a regañar. Después de eso ambos volvieron a retomar el entrenamiento.

Muy a pesar de que el resto de la tarde siguió burlándose sobre lo estúpida de la escena, Hinata se fue con una sonrisa en el rostro. El Pequeño Gigante confiaba en sus habilidades, sí su ídolo confiaba en él, entonces no tenía por qué temer, sólo seguir mejorando y buscar apabullar la inseguridad que lo atacaba. Buscar pulir y aprender lo que el veterano le quería transmitir.

.

—¿Qué? —preguntó Kageyama al día siguiente cuando Hinata se apareció frente a él de forma suplicante con un parche en su mejilla, el cual no dejó pasar por alto.

—Que si me enseñas a colocar.

—¡¿Ah?! —Tobio no parecía comprender, pero en lugar de tratar de comprender o escuchar palabra por parte del mayor sólo sentía enojarse más y más, hasta que lo cogió del cuello y estuvo a nada de dejarle la otra mejilla también herida pues él tradujo ese arranque como una especie de burla hacia su persona.

El tema quedó de algún modo zanjado pero rumbo al final de la practica Tobio pilló a Hinata buscando hacer un ejercicio especial para colocar. Adicional a eso, había observado con especial atención al pelirrojo notando como sus saques habían mejorado indiscutiblemente, ya no eran lamentables y sus salvadas no titubeaban, eran impecable y Nishinoya lo felicitaba continuamente, usaba su altura no sólo para ganar ventaja en velocidad sino en impulso. Estaba utilizando la cabeza como motor y no solo la pasión como combustible.

Además de eso, habían cosas que no cuadraban del todo. Por ejemplo la herida en su mejilla, todos se preocuparon al ver llegar a Hinata con una herida en el rostro, sin embargo cuando Tobio preguntó directamente sobre ella, el pelirrojo sólo respondió que había estado corriendo con el equipo de futbol de la escuela y un balonazo le había pegado. Conociendo a Hinata aquello era algo probable, así que no se le cuestionó más. Tobio no quedó satisfecho, y Shoyo lo sabía pero decirle que entrenaba con Shiiro sería riesgoso, después de todo Tobio no tragaba en lo mínimo al exjugador del Karasuno, había sido firme y puntual al advertirle que no se acercara a él. Así que de ese modo el propio Tobio quedaba en una incertidumbre que lo alentaba a crear toda clase de teorías sobre el comportamiento extraño que había estado teniendo el pelirrojo en los últimos meses.

.

La invitación por parte de Kageyama lo tomó desprevenido. Totalmente fuera de lugar. Fue justo después de su primer viernes en la universidad cuando su teléfono sonó en un mensaje. Le pidió a las amables chicas con las que había empezado a platicar que le esperaran un momento antes de ir a los dormitorios del recinto. El mensaje, para sorpresa suyo, era de Kageyama. No dudó en abrirlo. Enseguida una ansiedad terrible lo atacó, pues supuso que algo muy grave tuvo que haber pasado como para que el propio Kageyama por necesidad contactara con él, o quizás era Hinata mandando mensaje desde el celular de Tobio. Pero no, en realidad sí era el armador:

"Necesito hablar"

Escueto y directo, no cabía duda que se trataba de Kageyama Tobio.

Gracias a dios, Koichi contestó casi de inmediato el mensaje con un: "Nos vemos mañana c:". Resultó que el mayor viajaría de Sendai a casa para visitar a sus padres el fin de semana, como era la primer semana lejos del hogar no conocía a muchas personas así que se había visto desprovisto de planes con sus compañeros o con Sawamura o con Asahi: El primero estaba en Tokio y se le complicaba viajar ese fin de semana y Asahi le tocaba trabajar hasta el martes. Así que verse con su kohai le iba perfectamente.

El lugar seleccionado era una cafetería rustica que estaba a veinte minutos de la preparatoria. Se sorprendió mucho al ver a Kageyama usando una ropa diferente a la deportiva que había usado en citas que no tenían que ver directamente en el club. Tobio llevaba unos jeans, una sudadera –de volley—pero adicional una chaqueta oscura. Zapatillas deportivas y un bolso que cruzaba su pecho. Del cierre del bolso un pequeño peluche de la mascota de la Federación de volley, un souvenir que Hinata le había regalado en el torneo anterior.

—Kageyama-kun —saludó el mayor haciendo señas desde una mesa cercana a un ventanal.

—Sugawara-san —Kageyama relajó el gesto tenso con el que había entrado a la cafetería aunque su rostro seguía siendo confuso, algo le preocupaba. Koichi tenía muy buen ojo y podía por lo menos predecir cuando algo no pintaba bien.

Lo bueno que tenía Kageyama a diferencia de otras personas es que no se necesitaba raspar mucho como para saber las cosas cuando estaba dispuesto a hablar. No se le tenía que rogar o manipular, quizás no podía expresar con palabras exactas sus sentimientos y pensamientos pero podía abrirse y dejarse a leer siempre que estaba en condiciones de compartir, tal como en ese instante en que después de los saludos correspondientes, hacer el pedido y responder las preguntas por rigor de "¿Son fuerte los universitarios?" llegaron al tema principal, mismo que soltó sin más:

—Creo que Hinata quiere cambiar de equipo —contó Kageyama seriamente clavando sus ojos azules en los contrario.

Koushi no pudo evitar verse sorprendido –casi perplejo—, aunque enseguida recordó que Tobio era la clase de persona que hablaba sin filtro de por medio, todo lo que pensaba se vertía en el discurso que expresaba con ese gesto serio dándole importancia hasta las cosas mínimas, y que muchas veces no eran tal como él las percibía. Tobio podía ser un adolescente muy listo y suspicaz, un genio en la cancha, pero para cosas más banales carecía de total entendimiento. Así que suspiró y trató de no perder la calma y sondear la situación.

—¿Se quiere cambiar de equipo? ¿Planea irse para el Shiratorizawa? —jugó el del lunar para beber de su té mientras esperaba alguna respuesta, a Kageyama le costó medio segundo comprender a que se refería y negó estupefacto primero con la cabeza, después habló en un jadeó.

—¡No! —Tobio se sonrojó y desvió la mirada al instante—. Quiero decir, no… no se iría con ellos… no podría, no lo permitiría —el modo en que lo dijo, con la intensión de quien puede asesinar a alguien sin dudarlo, y aunque no debía ser correcto, a Koushi le parecía tierno, sobre todo si se trataba de Hinata de quien hablaba, lo continuar ladeando el rostro. Tras un segundo en que aclaró su garganta haciendo que el sonrojo pasará, Kageyama siguió—… él al parecer va a dejar de jugar voleibol, ha estado entrenando en el equipo de futbol en vacaciones y ahora estas dos semanas también ha estado desapareciendo, él…

—¿Se ha presentado a los entrenamientos?

—Como siempre.

—¿Ha asistido a las juntas de reclutamiento para los de primer año?

—Sí.

—¿Ha cumplido con tu estándar de rendimiento físico?

—Desde luego.

—¿Entonces cuál es el problema, Kageyama-kun? —cuestionó el ahora universitario jugando con su tenedor sobre el pastel que Kageyama había pagado. Metió un pedazo a su boca y meditó sobre las veces en que Daichi se había puesto "misterioso", o en las que incluso él, se había puesto distante pero que tenía que ver con cuestiones más bien personales—. ¿De verdad crees que Hinata de pronto iba a dejar de jugar voleibol?

Kageyama se quedó callado observando la malteada que había pedido. Lo frío de la bebida hacía sudar el vidrio produciendo que gotitas pequeñas de agua resbalaran hasta su base delgada.

—Entonces… ¿Por qué se está mostrando tan distante? —encontró las palabras adecuadas y eso sorprendió a Sugawara quien daba por hecho que ese par iba a terminar la preparatoria y se darían cuenta de sus sentimientos ya entrados en la vejez cuando seguramente seguirían luchando por intentar jugar a pesar de sus cuerpos seniles—. Es decir… —el mayor no lo interrumpió—. No ha faltado a un solo entrenamiento, y sigue siendo el mismo en la cancha pero… no, no es el mismo en la cancha… es diferente, tiene un aura distinta, es como si de pronto no se sintiera cómodo estando ahí o… —los ojos azules se desviaron hacia el servilletero cuadrado de la mesa y apretó la quijada, no podía encontrar una explicación a su sentir, hasta que Koushi habló.

—¿Fuera de lugar?

—Sí —alzó enseguida la mirada—. Es como si estuviera fuera del lugar todo el tiempo. Osea, no es que no esté jugando mal, pero… ha mejorado demasiado y es como si él no fuera consciente de ello, de pronto juega con los de futbol todos los días que tiene libre y…

—Kageyama eres un genio en lo que haces —alagó sin pensarlo y Tobio ni se inmuto o avergonzó como si estuviera acostumbrado a recibir ese tipo de palabras—. Durante todo el tiempo que has estado con Hinata tú siempre has sido el que ha cargado con la mayor parte del peso en cuanto las jugadas y los ataques se refiere, quizás ahora que Hinata te está quitando un poco de ese peso te sientes contrariado —tocó su labio con su dedo y sonrió—. Probablemente Hinata esté probando con alguna técnica nueva, algún entrenamiento distinto, ustedes dos tontos del volley siempre han destacado por innovar y traer a juego cosas que recogen de por ahí… entrenamiento con los chicos de futbol. Quizás un movimiento de pie del que antes no se había percatado —dijo Suga y Tobio torció los labios—. ¿No entrenó por su cuenta con Ukai-sensei?

—Sí pero Ukai-sensei murió y…

—Ukai-sensei no es el único entrenador que existe en la prefecutra, Kageyama-kun.

Y aunque Suga tenía razón, la idea de tener que tragarse esa como la realidad absoluta no le gustó para nada, pues si no era con Ukai-sensei, entonces… ¿con quién mierda entrenaba ese enano? Por más que dijera que era con el equipo de futbol algo no cuadraba del todo y no daba una explicación. Aunque esperó que Koiichi lograra disipar esa creciente inseguridad sólo resultó con un temor mayor al que ya había tenido antes, pues las posibilidades de que Hinata estuviera viendo a ese adicto, prepotente e irritante del pequeño gigante aumentaron al diez mil por ciento. Hinata no lo sabía, pero estaba en peligro a lado de esa basura que algún día fue un as pero ahora, ni la sombra de aquella grandeza.

.

Ese día, a diferencia de otros –a diferencia de siempre—Shiiro parecía estar de buen humor. Sin chistar ni que Akiteru hubiera tenido que insistir mucho salieron los dos juntos a comer, para variar Shiiro invitaba. El día anterior se encontró con una de sus amigas y aunque al rubio no le hacía la mínima de gracia, le satisfacía saber que el moreno no consumió alcohol ni una pizca de droga. Porque sí, Shiiro ocasionalmente caía en droga. "¿Cómo planeas volver a jugar si usas drogas? Darás positivo en el antidoping y hasta la cárcel irás a parar" le decía constantemente cuando encontraba residuos de la aludida en algún rincón de la casa. "El detalle es que no volveré a jugar" y se iba por ahí revoloteando ignorando algo tan sencillo como los sentimientos de desolación que dejaba en el rubio.

Cuando Akiteru estaba en la preparatoria debía de admitirlo, se sintió sinceramente abrumado, desolado, frustrado. Aunque una parte de él al ver volar a Shiiro lo hacía desear seguir luchando para alcanzar una cima que con los años se volvió más y más lejana. Admiraba mucho a la estrella, admiraba a Shiiro, lo hacía hasta el punto que esa admiración se convirtió en inevitable gusto y después en un amor que creyó unilateral. Ahora que caminaba a su lado, que Shiiro parecía retorcerse y hablar sólo por hablar, como una maquina reluciente diseñada sólo para hablar, se daba cuenta que todo había valido la pena, que no estaba solo en ese barco y eran dos en lugar de un solo tripulante.

Quizás Shiiro no lo decía con palabras, pero su cuerpo que sabía ganar le hablaba en secreto. Sus manos se rozaban y las miradas furtivas que pillaba por parte del moreno le hacían sentirse amado.

Él se había convencido que una vez terminará la universidad comenzaría a trabajar como ingeniero para alguna empresa, se iría a Fukuoka seguramente o a Osaka donde el campo laboral estaba incrementando para los ingenieros, o con mucha suerte alguna empresa extranjera lo llevaba con él, conociendo a Shiiro ni siquiera lo iría a despedir al aeropuerto, y aunque le aliviaba, le dolía saber, que Shiiro estaría donde lo iba a dejar. No era como si de pronto el moreno fuese a irse también a otra parte del mundo y tuviesen que terminar la extraña relación que tenía. Akiteru estaba bien con saber que a Shiiro le gustaba sentir su cuerpo y se estremecía cuando sin avisarle le tomaba la mano y la apretaba, con eso le bastaba, siempre pensó en que pudo ser peor. Por otro lado, el deseo de volver a verlo triunfar también reptaba, andaba por ahí silencioso rondando cada vez que veía en la televisión algún partido oficial de alguno de los equipos universitarios grandes. Imaginando que ese que remataba con la playera número diez era Shiiro, nadie más que él. Pero así como a al propio Akiteru la cima se le alejaba, a Shiiro se le alejaba y no hacía absolutamente nada por detener su caída.

Shiiro tenía sus razones, sus razones personales, íntimas, privadas por las cuales no podía poner un pie en la cancha, y era justamente por ese pie. No lo iba a admitir pero su condición lejos de mejorar había empeorado, tuvo que haber tomado un receso mucho antes pero en aquel entonces su deseo de victoria era mayor, mucho más complejo que su capacidad para amarse. Cada salvada, cada golpe recibido, cada uno de los esfuerzos sobre humanos que hacía en la cancha era un castigo para su cuerpo, el volley era un deporte para los gentes altos, pero él había hecho sus alas de sudor, lágrimas y sangre, y ahora, la vida se le drenaba.

—¿Cómo vas con Shoyo-kun?

—¿Con Hinata? —preguntó Shiiro mientras caminaban hacia su casa. Akiteru tenía que regresar a los apartamentos de su universidad—. Bien. Está aprendiendo a sacar con salto.

—¿Le estás enseñando tu saque especial?

—Sí, el bloqueo con lectura y la manipulación del balón en el aire —explicó como cualquier cosa mirando los aparadores frente a los que pasaban.

—Shiiro-sensei —bromeó el rubio—. Aunque… reconozco que serías magnifico dando clases, Shiiro.

—Claro y dos clases después tendré al montón de mamás lloricas jodiendo porque maltrate a sus retoños… Hinata porque tiene algo mal en la cabeza… —alzó los hombros—. Es un desquiciado igual que tú.

—Bueno, ambos vemos algo en ti que tú mismo no puedes ver.

El moreno enarcó la ceja y no quiso seguir por el lado filosófico porque no le iba muy bien el asunto.

—Como sea —Shiiro le restó importancia y siguió andando, faltaba relativamente para llegar a su hogar.

—¿Ya pensaste en que harás? —cuestionó Akiteru pues veía con buenos ojos pequeños pero significativos cambios en la actitud del que una vez fue el as de Karasuno, quizás ni siquiera él lo notaba pero él si percibía como ya se bañaba diario y se esforzaba por mantener una imagen al menos presentable, desde que había mencionado que Hinata lo veía como su héroe algo en Shiiro había cambiado y Akiteru agradecía a los dioses la existencia de la naranja hiperactiva, quizás un día de esos le llevaba kikomans para agradecerle aunque en realidad Akiteru y Hinata sólo habían hablado en un par de ocasiones.

—¿Por qué suenas como un padre de pronto preguntándome qué mierda haré?

—Pues, no sé. Hinata en algún momento dejará de frecuentarte porque se ocupara con la universidad o… algo, y sería buen momento para que tú.

—No voy a volver a jugar —punto.

El rubio torció los labios y suspiró.

—No me daré por vencido.

—Si lo hicieras dejarías de gustarme grandote imbécil.

Una sonrisa se dibujó en la penumbra de la derrota y detuvo de la mano al moreno malhumorado para atraerlo hacia él, rodear con su mano la cintura que empezaba a perder grasa y su lengua se hundió en la boca cálida llena de mescolacha de la comida ingerida y el tabaco rezagado. El sabor de Shiiro. Al margen del pórtico de la casa de Shiiro mientras que el rubio suspiraba sobre los labios del moreno el mundo parecía girar lento para los amantes, ambos se miraron a los ojos y enseguida se fijaron que nadie hubiera visto, se rieron cómplices al ver que su atroz travesura no tenía espectadores, aunque enseguida Shiiro empujó a Akiteru que no soltó ni siquiera así al contrario. Alaciando hacia atrás el cabello rebelde y revuelto del más bajo.

—Debo de volver al campus así que… no puedo quedarme.

—No te preocupes —murmuró Shiiro mirándolo a los ojos—. En un rato más seguro llega Hinata así que no la pasaré solo mucho rato.

—Supongo que está bien entonces —un poco indeciso el rubio se flexionó una vez más y besó la frente sobre la ceja del contrario.

Shiiro lo apartó pues ya había tenido suficiente muestras de afecto y permitió que se alejara, enseguida giró sobre sus talones para caminar con el corazón hinchado de la emoción contenida cuando notó que detrás del pilar cercano a la puerta se encontraban unos tenis escondidos.

—¿Hinata? —preguntó el moreno y el pelirrojo se asomó sonrojado.

—Lo lamento… llegue un poco más tarde y…

El mayor miró hacia donde se había ido Akiteru y le chifló algo en la cabeza, estuvo a punto de abrir la boca pero Hinata negó con la cabeza de forma violenta.

—¡No diré nada! ¡No te preocupes! ¡No vi nada malo! ¡Es decir yo… está bien! —Shoyo no quería hacer contacto visual con el mayor pero fallaba rotundamente en mantener un color natural en sus mejillas que delataban la vergüenza y el bochorno que estaba experimentando, de por sí las muestras de afecto eran algo que lo ponían inquieto, ahora entre dos hombres y uno de esos hombres siendo Shiiro la cosa se ponía un poco peor.

—Tranquilo… no me importa que lo comentes —dijo Shiiro sentándose en las escaleras del pórtico. Invitó a Hinata a sentarse a su lado. Sacó un cigarrillo encendiéndolo—. Pero sí perjudicaría a tu amiguito ese… el fideo parado, el hermanito de Tsukishima.

—¡Oh! ¡Kei!

—Sí, escuché que es bastante sensible con estas y otras cosas —contó Shiiro. Hinata se sentó a su lado aún inseguro. Abrazaba su mochila de práctica—. Así que… te agradecería un poco de discreción —dijo con calma.

Shoyo miró lo calmado que estaba Shiiro, y como se estaba tomando la molestia de razonar con él sin recurrir a modos violentos o gritos o insultos como normalmente lo hacía. Entendió entonces el menor que el tema que trataban, lo que habían visto y el hermano de Tsukishima eran cosas importantes para Shiiro, detalles que no había pensado que existían en alguien tan libre y salvaje como Sakurai Shiiro, el Pequeño Gigante. Siempre lo había idializado como un dios, un númen, pero se daba cuenta que había mucha humanidad en él.

—Entiendo… —masculló el número 10 del Karasuno, no le habían quitado aún el número, esperaba que no lo hicieran—. No diré nada… —prometió—. Pero… ¿sales con el hermano de Tsukishima?

—Salir —meditó la palabra lo que resto el cigarrillo antes de afirmar suavemente—. Algo así.

Si Akiteru lo escucha seguro moría de emoción. Aunque si Akiteru hubiera visto el auto que se estacionó casi justo después de que una risa aperlada se escuchara por parte del moreno, quizás también habría muerto pero de una emoción diferente, muy distinta a la de alegría y regocijo. Probablemente hubiera sido una emoción de pánico y horror como la que inundo el rostro del Pequeño Gigante cuando al alzar la mirada notó un auto negro estacionarse, y detrás de ese otro más. Sus labios se entreabrieron dejando ir el cigarrillo al cual le quedaban dos caladas más de vida, pero antes de que Hinata dijera o pudiera procesar lo ocurrido era jalado de la mochila para que se incorporara y ambos entraran a la casa.

Se escucharon algunas detonaciones de armas y enseguida hubo mucho movimiento, violento y rápido movimiento. Más detonaciones que hicieron que el corazón se le parara a Hinata que era empujado por un hoyo en la barda trasera de la casa donde solía entrenar cada tarde. Se arrastró por ahí y sentía como Shiiro lo apremiaba a que se diera prisa.

El mundo se cayó de su órbita y él quedó en ella sin saber cómo seguir rotando.

.

Cronopios del autor: Después de casi un año por fin actualizo, no me maten pero pasaron muchas cosas y bueno. Volveré a ser activa en este fic y en otros más, sólo denme mi tiempo. Me mudé de casa así que todo está nuevecito, y... ¡sé que todo quedó muy WTF?! pero prometo que tiene explicación. Muchas gracias a los lectores maravillosos que se han tomado la molestia de contactarme por fb para preguntarme si seguiría el fic, incluso los que mandaron mp, son increíbles, los amo de verdad. Si me quieren seguir pueden dar like a mi página: "St. Yukiona", es mi blog personal subo de todo, así que está cool.

¡Gracias por leer! ;u;

Ahora los review:

Kamira: Conmigo se debe de saber dos cosas: que amo mucho que te tomarás el tiempo para escribirme tus bellas palabras, agradezco que leyeras mi historia de verdad, esto lo hago por hobby y amor al fandom, y por amor a las demás fans que como yo disfrutamos tanto de esta serie, y la segunda cosa es que no abandono nada, voy lento, pero segura. Espero esta vez no tardar tanto y aún andes por ahí y me quieras acompañar en este viaje. Muchas gracias por tus bonitas palabras. -inserte corazón-

Yukie: Sigue enamorada de mí, amo que la gente me ame, un día te voy a robar (?. Hahaha. Bueno después de un año espero no haber perdido el toque y si lo perdí pues a luchar para buscarlo. ¡Claro que te dedicó un post! Te dedicaría toda mi biblioteca pero de a poco para después: BUM (?, en fin, en fin. Akiteru y Shiiro son especiales, tienen una relación interesante, siempre imaginé al Pequeño Gigante como un tsundere de primera hahaha, creo que me siento satisfecha hasta el momento por como va quedando todo. Muchas gracias por tus palabras, hermosa, seguimos en contacto, lamento mucho la espera. De verdad.

Les dejó amor, mis mazapanes hermosos y nos estamos viendo

St. Yukiona.